En el sermón titulado "No ameis al Mundo," el predicador Joel Coyoc aborda el peligro que representa el amor al mundo en contraposición a la comunión con Dios. A partir de 1 Juan 2:15-17, se argumenta que el amor hacia el mundo y sus deseos es incompatible con el amor del Padre, resaltando que los deseos de la carne, de los ojos y la vanagloria de la vida no provienen de Dios, sino del mundo que está bajo la influencia del maligno. Coyoc utiliza la Escritura para enfatizar que al seguir a Cristo, los creyentes son llamados a morir al pecado y a los ídolos que surgen en el corazón humano, argumentando que solo mediante una relación auténtica con Cristo se puede resistir esta tentación del mundo. La importancia doctrinal radica en que los cristianos deben vivir en luz, lo que se traduce en un amor hacia los demás que refleja el amor de Dios, y deben estar en constante lucha contra el hedonismo y la búsqueda de gloria propia, reconociendo que su esperanza debe estar centrada en Cristo y no en el mundo.
“El que dice que está en la luz y aborrece a su hermano está todavía en tinieblas.”
“Si hemos creído en el Señor Jesucristo, si hemos dicho sí a Cristo, implica que se ha dicho no al mundo.”
“El amor del Padre no está en él si alguno ama al mundo.”
“El deseo de la carne, el deseo de los ojos y la vanagloria de la vida. ¿Cuántas veces estamos tan afanados en nuestra reputación?”
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