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JC

El Pan

John 6:25-59
Joel Coyoc July, 22 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc July, 22 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about Jesus being the bread of life?

Jesus declares Himself as the bread of life, emphasizing that only He can satisfy spiritual hunger and grant eternal life.

In John 6:35, Jesus states, 'I am the bread of life; whoever comes to me shall not hunger, and whoever believes in me shall never thirst.' This declaration signifies that physical sustenance is temporary, whereas spiritual nourishment from Christ leads to eternal life. Jesus contrasts the manna provided during the Exodus with Himself, identifying as the true bread from heaven (John 6:51), which signifies His role in providing not just life, but eternal life for all who believe in Him.

John 6:35, John 6:51

How do we know that faith in Christ is necessary for salvation?

The Bible teaches that salvation is through faith alone in Jesus Christ, emphasizing grace over works.

According to John 6:29, Jesus answers the question of what actions are needed for salvation by stating, 'This is the work of God, that you believe in him whom he has sent.' This affirms that faith, not works or personal merit, is essential for salvation. The overarching biblical theme is that we cannot earn our way to God; rather, it is His grace through faith that brings about salvation (Ephesians 2:8-9). This belief aligns with the sovereign grace of God, showcasing that salvation is a gift from God, given freely and not based on human effort.

John 6:29, Ephesians 2:8-9

Why is understanding Jesus as the bread of life important for Christians?

It emphasizes the need for spiritual nourishment and reliance on Christ for eternal life.

Recognizing Jesus as the bread of life is crucial for Christians as it acknowledges our dependence on Him for spiritual sustenance. In John 6:48-51, Jesus clarifies that while physical bread satisfies temporary hunger, He provides everlasting life to those who partake of Him spiritually. This understanding encourages believers to seek not merely material provisions but to find their ultimate satisfaction and identity in Christ alone. By embracing Jesus as the bread of life, Christians grasp the depth of their need for Him in every aspect of their lives: spiritually, emotionally, and physically.

John 6:48-51

What does working for the food that endures mean?

It refers to seeking spiritual nourishment through faith in Christ rather than focusing solely on physical needs.

In John 6:27, Jesus instructs us to 'not labor for the food that perishes, but for the food that endures to eternal life.' This statement encourages believers to prioritize their relationship with Christ and spiritual growth over material concerns. The food that endures represents faith in Jesus, which leads to eternal life. While it’s necessary to work for physical sustenance, it is critical to realize that true fulfillment comes from knowing Christ and receiving His grace. Working for this spiritual food means engaging in practices that foster faith, such as prayer, reading Scripture, and fellowship with other believers.

John 6:27

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestra Biblia
en el Evangelio de San Juan. Capítulo 6. Dice la Palabra de Dios. Después
de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea al de Tiberias. y le seguía gran multitud porque
veían las señales que hacían los enfermos. Entonces subió
Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús
los ojos y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe,
¿de dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, Hacé recostar la gente, y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces cuanto querían.
Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos, recoged
los pedazos que sobraron para que no se pierda nada. Recogieron,
pues, y llenaron doce cestas de pedazos que de los cinco panes
de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres
entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron, éste
verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él
y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. Al anochecer
descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca
iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no
había venido a ellos, y se levantaba el mar con gran viento que soplaba.
Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a
Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca y tuvieron
miedo. Mas Él les dijo, Yo soy, no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
en la barca, la cual llegó enseguida a la tierra donde iban. El día
siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había allí más que una sola barca y que Jesús no había entrado
en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.
Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde
habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. Cuando vio pues la gente que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, Entraron en las barcas
y fueron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, ¿Rabí, cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, de cierto, de cierto os digo, que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comiste pan y os
saciasteis. Trabajar no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos?
¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná
en el desierto, como está escrito, pan del cielo les dio a comer.
Y Jesús les dijo, de cierto os digo, no os dio Moisés el pan
del cielo, mas mi padre os da el verdadero pan del cielo, porque
el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron, Señor, danos siempre
este pan. Jesús les dijo, yo soy el pan
de vida. El que a mí viene nunca tendrá
hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. Mas os he dicho
que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre
me da vendrá a mí, y al que en mí viene no le echo fuera. Porque
he descendido del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad
del que me envió. Y esa es la voluntad del Padre,
el que me envió, que todo lo que me diere no pierda yo nada,
sino que lo resucite en el día postrero. Y esa es la voluntad
del que me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo y cree
en Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los
judíos, porque había dicho, Yo soy el pan que descendió del
cielo. Y decían, ¿no es este Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice este, del cielo
he descendido? Jesús respondió y les dijo, No
murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios éste ha visto al Padre.
De cierto, de cierto os digo, el que cree en mí tiene vida
eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, De cierto, de cierto os digo, si no coméis
la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el día postrero,
porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre en mí permanece y yo en él. Como me envió el Padre viviente
y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá
por mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como vuestros padres, comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchos de sus discípulos
dijeron, ¡dura es esta palabra! ¿Quién la puede oír? Sabiendo
Jesús en sí mismo, que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo,
¿esto os ofende? Pues si vierais al Hijo del Hombre,
subir adonde estaba primero. El Espíritu es el que da vida.
La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros
que no creen, porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran
los que no creían y quién le había de entregar. Y dijo, Por
eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado
del Padre. Desde entonces muchos de sus
discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. Dijo entonces
Jesús a los doce, ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió
Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna, y nosotros hemos creído, y conocemos que Tú eres
el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús le respondió, ¿no os he
escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era
uno de los doce. Amén. Vamos a meditar los versículos del 25 hasta el 59 y el tema
es el pan o la comida. nuestras vidas giran en torno
bastante a la comida. La Biblia dice que dice que el alma del que trabaja,
dice que trabaja porque el alma del que trabaja, trabaja para
sí, porque su boca le estimula. Pues mucho de nuestra vida gira
alrededor de tres comidas, por lo menos, y pues mucho del trabajo
de casa. gira alrededor de ello, de pensar,
de planear qué es lo que vamos a desayunar, lo que vamos a almorzar,
lo que vamos a cenar. A los hombres de familia que
son proveedores también, pues si hacemos un estimado, un buen
porcentaje de los ingresos se destinan a la comida. Y la comida
es un asunto importante de la vida, es... Alguien ha dicho
que comer es uno de los placeres de la vida y creo que es cierto. Dios pudo habernos hecho como
las vacas que comen pasto y más pasto y más pasto y con eso,
bueno, se les da una que otra vitamina, pero no hay tanta variedad
en lo que estos animales, por ejemplo, comen. Pero Dios ha
querido bendecir al hombre dándole, en el Edén le dijo que podía
comer de todos los frutos que habían allí con excepción de
uno. Y si tan solo pensáramos en la
variedad de sabores que podemos disfrutar al comer frutas. Pero
pues Dios nos ha privilegiado con el hecho de comer de tanta
variedad de sabores. Sin embargo, hay algo que es
importante en la cuestión de la comida, y es, tanto la comida
como algunas otras cosas que Dios nos ha hecho disfrutar en
esta tierra, son figuras que apuntan a realidades superiores. Ninguna no es nuestra comida la mayor necesidad, no es la
satisfacción que nos da la comida el mayor deleite que podemos
tener, Cuando pensamos, por ejemplo,
en cuestión del hecho de tener vida como familia, matrimonios,
todas ellas son figuras que apuntan a realidades mayores, a realidades
espirituales. Y cuando nosotros pensamos en
la cuestión de la comida, el Señor dice aquí claramente
que él recibió a esta multitud que había hecho un trabajo. Esa
multitud había hecho un trabajo y el trabajo fue ese día. Yo pienso que muchos de ellos
se habían levantado quizá más temprano que lo de siempre y
llegaron para encontrar a Jesús en el lugar donde habían tenido
pan y pez gratis y en abundancia porque se les repartió cuanto
quisieran hasta que estuvieran satisfechos. Llegaron allí, se
dieron cuenta que Jesús no estaba, se subieron a las barcas y hubo
que remar. Y remaron y estaban haciendo todo un trabajo. Y el
Señor, llegan al Señor y el Señor les dice, cuando ellos hacen
su pregunta, ¿cuándo llegaste aquí? El Señor les dice, ustedes
no me están buscando porque vieron la señal y creyeron. Ustedes
me están buscando porque comieron pan y se saciaron. Y el Señor
dice algo claro aquí, trabajar no por la comida que perece,
sino por la que a vida eterna permanece. Y aquí se nos deja
algo claro, que hay dos clases de comida, hay dos clases de
pan y Claramente el Señor dice que
hay una comida que es perecedera, una comida que perece, que es
temporal, que es para el sustento físico del hombre, para sustentar
el cuerpo del hombre. Y el Señor no está de ninguna manera
ni diciendo que hay que trabajar para obtener ese pan y obtener
la vida eterna. Tampoco el Señor está diciendo
que no tienen que trabajar por esa comida física. La Biblia
dice claramente que el que no provee para los suyos, ¿y cómo
va a proveer trabajando? Dice, es peor que un incrédulo
y ha negado la fe. Ahora, algunas cosas nos enseña
la escritura en cuestión de la comida que perece. Y la primera
cosa que enseña la Biblia es que la comida que perece requiere
de un trabajo que se ha hecho duro por el pecado. La comida
que perece requiere de un trabajo que se ha hecho duro por el pecado. Y es pertinente el hecho de escuchar
la palabra del Señor que dice, no trabajes por la comida que
perece. Si bien hay que trabajar, en
sí mismo el trabajo no es una maldición. Dios había dado trabajo
para hacer al hombre aún antes de la caída. Lo que la caída
hizo fue agravar el trabajo del hombre. El Señor dijo al hombre
en Génesis 3, 17 al 19, Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer,
y comiste del árbol que te mandé diciendo, no comerás de él. Y
qué interesante que es que la caída del hombre gira en torno
a la comida. El buscar en la comida material,
en la comida perecedera y temporal, una satisfacción espiritual.
El buscar en lo material y temporal lo que solo Dios puede dar. El
buscar en la criatura lo que solo Dios puede proveer. Dice,
Obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol que te mandé
diciendo, no comerás de él, maldita será la tierra por tu causa.
Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos
y cardos te producirá y comerás plantas del campo. Con el sudor
de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque
de ella fuiste tomado, pues polvo eres y al polvo volverás. En 2 Tesalonicenses 3, 10 al
12, el apóstol Pablo dice, Porque también cuando estábamos con
vosotros os ordenábamos esto, Si alguno no quiere trabajar,
tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre
vosotros andan desordenadamente no trabajando en nada, sino entremetiéndose
en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos
por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente,
coman su propio pan. Hemos de trabajar para procurar
el sustento material, pero hemos de cuidar de no concentrarnos
tanto en la obtención del alimento material. Dice, la otra cosa
que la escritura enseña es, el alimento material, el alimento
temporal, el alimento perecedero, Dios lo provee. Y Dios ha decidido
dar provisión de este pan, bendiciendo la obra que el hombre hace. Ese
trabajo duro que el hombre hace, que se ha dificultado por la
caída, Dios lo bendice. Dios lo bendice y depende totalmente
de Dios, porque dice la Escritura también, si bien el apóstol Pablo
está hablando en el sentido espiritual, está utilizando una figura de
lo que es la agricultura, y él dice en 1 Corintios 3, 6 al 7,
yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo ha dado Dios.
Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que
da el crecimiento. Y el hombre trabaja, siembra,
pero al final Dios da la lluvia y puede haber mucha lluvia y
Dios puede mandar la plaga y se come la planta. Depende de Dios
y Dios bendice el trabajo. Aún la comida temporal es una
provisión milagrosa de Dios, y muchas veces hemos perdido
de vista eso. A pesar de que es resultado de
nuestro trabajo, nuestro esfuerzo, está el milagro de Dios al hacer
que la tierra produzca, al hacer prosperar el trabajo del hombre.
La otra cosa que nos enseña claramente la Escritura es El pan que perece,
la comida temporal, rica y variada que Dios nos ha dado el privilegio
de disfrutar, no es lo único ni el más importante pan que
el hombre necesita. En Deuteronomio 8.3 dice la Escritura,
Y el Señor Jesús, cuando fue tentado en el desierto por el
diablo, diciéndole que convirtiera las piedras en pan cuando él
había ayunado durante cuarenta días, El Señor le respondió y le dijo,
ante las palabras del enemigo que le decía, si eres hijo de
Dios, manda que estas piedras se conviertan en pan, justamente
el Señor Jesús citó el pasaje que acabamos de leer en Deuteronomio,
y Él le respondió y dijo, escrito está, no sólo de pan vivirá el
hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces, si bien es mucho, abarca mucho de nuestra vida, el tener
pan material. Y si bien es necesario trabajar
por ese pan material, no es ni el más importante, ni el más
necesario. Ahora, el Señor dice, trabajen
no por la comida que perece, sino por la que a vida eterna
permanece. Habían hecho un trabajo para
buscar continuidad en garantizar que ellos tuvieran pan material,
pan temporal, que de todos modos Dios lo da, y evidentemente ellos estaban
buscando lo que tenemos que reconocer todos. Creo que nuestro ídolo
favorito es nuestra comodidad, porque cuando Jesús les empieza
a hablar del pan y hacer el contraste con el maná, igual que como cuando
aquella mujer samaritana le dijo, señor, pues dame esa agua para
que yo no tenga que venir al pozo a sacarla. Y igual ellos
le dicen al señor, pensando siempre con su idea en el pan temporal,
pensando que lo más importante y el único pan que se necesita
es el pan material, le dicen a Jesús, ellos también, señor,
danos siempre este pan. Y pues ellos Ese día trabajaron
con tal de quererse garantizar el tener el pan temporal y tenerlo
asegurado, y de una manera gratis. Pues, sentaditos en el pasto,
dice la Biblia, que había mucha hierba verde, y se sentaron en
grupos allí, y pues, sin tener que ir a romper la tierra, a
sudar, a tener que enfrentar los espinos, las plagas. Pues
ellos se querían asegurar de tener pan así, fácil. Y el Señor
les llama a trabajar, no en el sentido de que ellos tenían que
obrar para tener ese pan, sino que no valía la pena aquel esfuerzo
que ellos habían hecho, tratando de buscar algo que de todos modos
Dios ya lo tenía garantizado para ellos. Y el Señor habla
entonces del pan que permanece para vida eterna.
Y algunas cosas que Dios dice, que el Señor Jesucristo dice
aquí en este pasaje es, este pan, el pan perecedero requiere
un esfuerzo del hombre, pero de todos modos Dios lo da. El
pan que permanece para vida eterna no requiere de un trabajo u obras
del hombre, requiere fe en Jesucristo. Dice el Señor ahí, trabajad no
por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna
permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste
señaló Dios el Padre. La cual el Hijo del Hombre os
dará, porque a éste señaló Dios el Padre. Y en el versículo 29
respondió Jesús y les dijo, y ellos estaban con la idea de que había
una obra que tenían que hacer. Y le preguntan, ¿cuáles son las
obras de Dios? Le dicen en el versículo 28,
le dicen, Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner
en práctica las obras de Dios? Y ellos pensando en que había
un trabajo u obras que hacer, y el Señor les deja claro que
este pan que permanece para vida eterna, no requiere de un trabajo
o de obras sino requiere fe en el Señor Jesucristo porque en
el versículo treinta y dos veintinueve les dice respondió Jesús y les
dijo esta es la obra de Dios que creáis en el que él ha enviado
es la obra de el pan que permanece para vida eterna no requiere
de trabajo No requiere del obrar del hombre, sino requiere creer
en el que el Padre ha enviado, en el Señor Jesucristo. En el
versículo 32, Jesús les dijo, Jesús les dijo, de cierto, de
cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre
os da el verdadero pan del cielo. Y todo está en relación a dar,
a la generosidad de Dios, a lo que dice en Efesios cuando dice
que es por gracia, no por obras. Dios da el pan y el requisito
es fe en el Señor Jesucristo, no obras. La obra de Dios es
que creas en el que Él ha enviado. en el Señor Jesucristo. La otra
cosa que el Señor enfatiza mucho en este pasaje y que pone mucho
peso en la cuestión de la gracia, de que es verdaderamente la gracia,
y es este pan que permanece para vida eterna, Dios lo provee por
su gracia soberana. Dios lo provee por su gracia
soberana. Si no es gracia soberana en verdad,
no es gracia. y el señor en este pasaje el usa el grado máximo de repetición
en la costumbre judía para expresar a lo que es sumamente importante. El grado máximo de repetir es
repetir tres veces. Y es interesante que el Señor
Jesús repite tres veces este aspecto de que Dios provee el
pan que da vida eterna y lo provee por gracia soberana. Lo dice
en el versículo 37 cuando dice todo lo que el Padre me da vendrá
a mí. Y al que a mí viene, no lo echo
fuera. En el versículo cuarenta y cuatro,
Jesús lo vuelve a repetir y dice, ninguno puede venir a mí si el
padre que me envió no le trajere y yo le resucitaré en el día
postrero. Y en el versículo sesenta y cinco,
el Señor Jesús dice y dijo, por eso os he dicho que ninguno puede
venir a mí si no le fuera dado del padre. Y lo enfatiza en los
versículos 45 al 46 con otras palabras cuando dice, escrito
está en los profetas y serán todos enseñados por Dios. Así
que todo aquel que oyó al padre y aprendió de él viene a mí.
No que alguno haya visto al padre, sino aquel que vino de Dios.
Este ha visto al padre. Serán todos enseñados por Dios. ¿Quiénes son esos todos? Todos
los escogidos. ¿Sabe? Todos ellos habían leído
el mismo Antiguo Testamento. Todos ellos habían leído los
mismos escritos de Moisés, los mismos salmos y los mismos profetas.
Todos ellos hablaban porque hablaron preguntándole a Juan el Bautista
y reflejaban conocimiento. Pero ¿sabe? No a todos ellos
los había enseñado el Señor. sino sólo aquellos que el Padre
había escogido en Cristo desde antes de la fundación del mundo.
Ellos oyeron a Dios, fueron enseñados por Dios y es por eso que ellos
podían ver que Cristo era verdaderamente el Hijo de Dios, era verdaderamente
el profeta como Moisés, era verdaderamente Dios hecho hombre, era verdaderamente
el que vino a salvar a su pueblo de sus pecados. El apóstol Pablo en el capítulo
9 de Romanos versículo 1 al 17
deja muy claro lo que Cristo está diciendo aquí y lo explica
con toda la claridad. que dice, Verdad digo en Cristo,
no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu
Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón,
porque desearé yo mismo ser anatema, separado de Cristo por amor a
mis hermanos. los que son mis parientes según
la carne, que son israelitas, de los cuales son la adopción,
la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas,
de quienes son los patriarcas, de los cuales según la carne
vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito
por los siglos. Amén. No que la palabra de Dios
haya fallado, porque no todos los que descienden de Israel
son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos, sino
en Isaac te será llamada descendencia. Esto es, No los que son hijos
según la carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos
según la promesa son contados como descendientes porque la
palabra de la promesa es ésta. Por este tiempo vendré y Sara
tendrá un hijo. Y no solo esto, sino también
cuando Rebeca concibió de uno de Isaac, nuestro padre, pues
no había aún nacido, ni había hecho aún ni bien ni mal, para
que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no
por las obras, sino por el que llama. Se le dijo, el mayor servirá
al menor, como está escrito, a Jacob amé, mas a Esau aborrecí. ¿Qué pues diremos? Que hay injusticia
en Dios en ninguna manera. Pues a Moisés dice, tendré misericordia
del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me
compadezca. Así que no depende del que quiere
ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque
la escritura dice a Faraón, para esto mismo te he levantado, para
mostrar en ti mi poder, para que mi nombre sea anunciado por
toda la tierra. Así que no depende del que quiere
ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Y no
depende del que quiere porque nadie quiere. Nadie quiere. Dice
la Biblia, no hay quien busque a Dios. No hay justo ni a uno. Dice la Biblia que el hombre
es aborrecedor de Dios. No hay quien busque a Dios. Por
eso venimos a él, porque el Padre nos trae soberanamente. ¿Sabe? Eso quita todo lugar para el
orgullo del hombre. ¿Es que acaso la mujer samaritana
era más inteligente o era mejor que los otros? No. Dios tuvo
misericordia de ella. ¿Es que dentro de los fariseos
era mejor Nicodemo? ¿O era mejor el apóstol Pablo?
De ninguna manera. El Señor tuvo misericordia. Estaban igualmente aborrecedores
de Dios, igualmente muertos en delitos y pecados. En Efesios
el apóstol Pablo dice que éramos lo mismo que los demás y la diferencia
lo hizo la gracia y la misericordia, pero Dios que es rico en misericordia. Y el Señor aquí enfatiza bastante
el hecho de que Dios provee este pan para vida eterna por gracia
soberana. La otra cosa que nos enseña este
pasaje es que este pan de vida eterna, esta comida que permanece
para vida eterna, Dios la provee por la obra perfecta de Cristo. En el versículo 27. Dice, trabajad no por la comida
que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece,
la cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios
el Padre. Dios la provee por la obra perfecta
de Cristo. ¿Por qué? Porque Él es Dios hecho
hombre. Porque Él es el único que dice
la Biblia con toda claridad, dice, porque he descendido del
cielo, no para ser mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esa es la voluntad del Padre en el que me envió, que todo
lo que me diere no pierda yo nada, sino que lo resucite en
el día postrero. ¿Por qué Dios lo provee por la
obra perfecta de Cristo? Porque Él es el cumplimiento
de la ley a todo aquel que cree. Él es el que hizo siempre la
voluntad del Padre. La voluntad del Padre está expresada
en la ley y el Señor hizo siempre, siempre cumplió la ley de Dios,
no sólo los diez mandamientos, aún la ley ceremonial. Él es
el Cordero perfecto. El Cordero Perfecto que se demandaba
para el sacrificio. Cristo es el Cordero Perfecto. Cristo es el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo. Siempre agradó al Padre. Siempre
se deleitó en hacer la voluntad del Padre. hizo una obra perfecta. Él es
el único que trae complacencia al Padre. Por eso Dios provee
este pan para vida eterna a través de la obra perfecta de Cristo
Jesús. Por eso es que no es la obra
o el trabajo que el hombre puede hacer. No es por obras, sino
es por la gracia de Dios. La cuarta cosa respecto a esto
es que Jesús estaba hablando de ese pan y algo chocó en ellos
cuando Jesús dijo con toda claridad que Él es Cristo, es el pan que
da vida eterna. En el versículo 51, el Señor
Jesús dice, yo soy el pan vivo que descendió del cielo. Si alguno
comiera de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré
es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Cristo
es el pan que da vida eterna. Cristo es el pan que da vida
eterna. Damos gracias a Dios porque hasta el día de hoy, hablando
del pan, hablando del pan material, pues, Podemos decir Dios ha sido
fiel y no ha faltado ni un día. Pero damos gracias a Dios porque
cada día nos está enseñando a hallar la satisfacción más profunda
en el Señor Jesucristo. Y Cristo es ese pan. ¿Y qué significa
el poder tener ese pan? Cristo es el que ha sido señalado.
y significa el hecho de llegar a ser uno con el Señor Jesucristo,
la figura del que no comiere ni carne. Comer del Señor Jesucristo,
cuando nosotros comemos una comida, esa comida llega a ser parte
de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo absorbe los nutrientes,
da satisfacción y salud a nuestro cuerpo. Y creer en el Señor Jesucristo
es comer del Señor Jesucristo, es creer en Él, es confiar en
Él, es que Él sea parte nuestra. Y hemos de reconocer que a pesar
de que hemos venido a Cristo y a pesar de que Dios nos ha
hecho probar Su benignidad, pues muchas veces nos desviamos y
volvemos a intentar, como Adán y Eva, buscar en lo físico, en
lo material, Por bueno que sea, nunca nos puede satisfacer. Pero,
¿sabe? La verdadera satisfacción y la
vida eterna está en comer del Señor Jesucristo. Y es bien importante
poder entender algo. Esta gente entendió bien y esta
gente se horrorizó de lo que dijo el Señor Jesucristo. Algo
muy importante es no nos engañemos pensando que aquí está hablando
de un rito, aquí de ninguna manera está hablando de un rito o una
ceremonia, alguna iglesia ha tratado de mostrar que comer
del Señor Jesucristo es participar de una ceremonia, y de que el
pan que se da en la Eucaristía se convierte en la carne, y el
vino se convierte en la sangre. ¿Sabe? Cuando Cristo habló de
este pasaje, no estaba hablando de la Santa Cena, o de la Cena
del Señor, porque aún no la había instituido. De ninguna manera es verdad que
venir y comer de la cena del Señor puede darnos. Eso no es
lo que está diciendo aquí Cristo, que es comer su carne y beber
su sangre. Comer su carne y beber su sangre
es el hecho de venir a él con fe, buscando la satisfacción,
creyendo que él es la satisfacción no solo de nuestra alma, sino
la satisfacción que demanda la justicia de Dios. Creer en Cristo
es el poder tomar, comer su carne, y beber su sangre, es el poder
creer todo lo que la el padre dice acerca del Señor Jesucristo,
que él es el camino, que él es la verdad, que él es la vida,
que él es el cordero de Dios que quita el pecado del confiar en que no hay nada que
pueda hacer para poder obtener el favor de Dios. Sabe, nosotros
venimos y celebramos la cena del Señor como una conmemoración
o un recordatorio de lo que Cristo ha hecho. Pero sabe, si usted
no ha creído en el Señor Jesucristo, si usted no ha comido su carne
y su sangre como un acto de fe, de total confianza en lo que
Cristo ha hecho en favor de su pueblo, El comer pan, el pan
sigue siendo pan y el vino sigue siendo vino, que representan
y simbolizan la obra del Señor Jesucristo. El pan representa
su cuerpo que es partido por los pecados de su pueblo. El
pan está hablando y está proclamando el evangelio cuando es partido
y es repartido, es pasajes que podemos escuchar ahí, es que
él es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, que
todos nosotros nos descarriamos como ovejas y cada cual se apartó
por su camino, pero Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
Cuando pensamos en la copa, estamos pensando en esa sangre que es
la sangre de Jesucristo, su Hijo, la cual nos limpia de todo pecado.
Estamos pensando cuando dice la Escritura que sin derramamiento
de sangre no hay remisión de pecados y Cristo con un solo
sacrificio hizo perfectos una vez para siempre a los santificados.
Eso es poder comer la carne y beber la sangre de Cristo. Y es el
poder hallar nuestro gozo y nuestra satisfacción más profunda. Cuando
demos gracias a Dios en casa por nuestra comida. Recordemos
que eso puede ser muy delicioso y es bueno que demos gracias
a Dios por ello. Pero recordemos que eso apunta
a una realidad mayor. A que Dios obre en sus Por eso el apóstol Pablo podía
decir, después de haber hallado ese deleite en el Señor Jesucristo,
en todo y para todo esto era enseñado, así para tener abundancia,
como padecer hambre o estar saciado, para tener abundancia o padecer
necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece. ¿Y saben? No será más un problema. Contrario a esta gente que estaba
buscando tener comida fácil y cómoda en el Señor Jesucristo. El apóstol
Pablo podía gozarse. Como se gozó el profeta cuando
dijo, aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque
las vacas se han quitado, los corrales y las ovejas de la majada,
con todo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi
salvación. ¿Sabe? ellos por la gracia de dios habían
visto al pan que permanece para vida eterna y sabe no importa
si escaseaba el alimento material no importa si escaseaba el ese
alimento físico no importa si tu alimento que perece no es
quizá tan sabroso, podrás dar gracias a Dios por su provisión,
aunque no sean manjares, porque tienes un deleite más profundo
que es estar saciado del Señor Jesucristo. El poder ver que
Él es todo para nosotros como creyentes y que el Señor nos
haga poder hallar nuestro gozo, poder hallar nuestra delicia
en el Señor Jesucristo. Hemos de reconocer que de pronto
perdemos el gozo, de pronto nos desenfocamos, de pronto pensamos
que las cosas tienen que ser más felices y cómodas, o que
las cosas tienen que salir como las planeamos, pero que el Señor
nos ayude a poder, ya que hemos venido al Señor Jesucristo, porque
a Él ha señalado Dios el Padre para dar ese pan de vida, ya
que Él mismo es el pan de vida, que nosotros sigamos viniendo,
vez tras vez, con fe, confiando, que no es nuestra obra, es la
obra que Él ha hecho, es la obra perfecta del Señor Jesucristo,
que no es la obra que yo puedo hacer, y es interesante que el
Señor Jesús usa una figura cuando dice, no les dio Moisés el pan,
mi padre les da el verdadero pan del cielo, y haciendo el
contraste entre la ley, Moisés es la ley, ¿sabe? la ley no puede
darte vida, el verdadero pan del cielo que da vida, lo da
el Padre. Y no Moisés les dio el maná,
ni Moisés les dio vida eterna, pero ¿sabe qué? Dios les dio
maná, un pan, y hay una figura bien interesante aquí, es comer en el desierto, era una
figura del pan espiritual, porque en ese caso no importaba que
ellos se mataran trabajando o cultivando, era imposible que el desierto
les diera de comer. Y Dios estaba proveyendo por
gracia, sin tener que obrar un pan milagroso. Sabe, en este
mundo de seres caídos, esclavos del pecado, no importa cuánto
trabajes por el pan que permanece para vida eterna jamás será posible
la ley Moisés en el desierto no les dio el pan y en este mundo
estéril espiritualmente de gente que nace físicamente pero sin
vida espiritual por más que te esfuerces trabajando jamás podrás
tampoco producir pan que permanece para vida eterna. Ni se podía
producir el pan temporal en el desierto, ni en este mundo desierto
y sin vida espiritual se puede producir, sino sólo Dios lo da
y ese pan es el Señor Jesucristo. Él es el pan que descendió del
cielo. Ven y come por fe del Señor Jesucristo. Amén.

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Joshua

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