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JC

Venir A Cristo

John 6:44-47
Joel Coyoc July, 26 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc July, 26 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about coming to Christ?

The Bible teaches that no one can come to Christ unless the Father draws them (John 6:44).

The Bible clearly states that the ability to come to Christ is not initiated by the individual but is a divine work of the Father. In John 6:44, Jesus says, 'No one can come to Me unless the Father who sent Me draws him.' This emphasizes that coming to Christ is a grace-filled act orchestrated by God. Those who respond to this invitation are recognizing the initiative of the Father, who turns the hearts of the spiritually dead towards the Savior.

John 6:44

How do we know that no one can come to Christ without the Father?

Jesus explicitly states in John 6:44 that no one can come to Him unless drawn by the Father.

The declaration made by Jesus in John 6:44 is foundational to understanding the necessity of divine intervention in the salvation process. Jesus highlights that the condition for coming to Him is not rooted in human effort or decision but is contingent upon the Father's action. This element of divine sovereignty is pivotal in Reformed theology, affirming that those who come to faith do so because the Father has actively drawn them. The analogy of being spiritually dead illustrates that without God's grace, one cannot choose to seek Him.

John 6:44, Ephesians 2:1

Why is it important for Christians to understand that coming to Christ is an act of God?

Understanding that coming to Christ is initiated by God fosters humility and gratitude in our faith.

For Christians, recognizing that the act of coming to Christ is entirely an act of God's grace helps to cultivate a deep sense of humility and appreciation for salvation. When we acknowledge that it is not our own merit that brings us to Christ, we can avoid pride and self-reliance. Ephesians 2:8-9 emphasizes that 'for by grace you have been saved through faith, and that not of yourselves; it is the gift of God, not of works, lest anyone should boast.' This truth reminds believers to give all glory to God for their salvation, reinforcing the essence of the Gospel that it is not based on human achievement but on divine mercy and grace.

Ephesians 2:8-9, John 6:44

What is the blessing of coming to Christ?

The blessing of coming to Christ includes receiving eternal life and spiritual transformation.

The blessings of coming to Christ are profound and transformative. Firstly, believers are promised eternal life, as stated in John 6:47, 'He who believes in Me has everlasting life.' This assurance of eternal life is a core component of the believer's faith. Secondly, coming to Christ leads to a spiritual transformation where one begins to reflect the character of Christ. This process aligns with the promise articulated in Romans 8:29, where God predestines believers to be conformed to the image of His Son. As we come to Christ, we gain access to a relationship with the Father, experiencing both His love and the work of the Holy Spirit in our lives, molding us into the likeness of Christ.

John 6:47, Romans 8:29

Sermon Transcript

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Buenas tardes, hermanos. Vamos
a abrir nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan, en su capítulo seis. Dice la Palabra de Dios, después
de esto Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. y le seguía gran multitud porque
veían las señales que hacían los enfermos. Entonces subió
Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús
los ojos y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe,
¿de dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, Haced recostar la gente, y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces cuanto querían.
Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos, recoged
los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada, recogieron
pues y llenaron doce cestas de pedazos que de los cinco panes
de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres
entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron, éste
verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
Pero entendiendo a Jesús que iban a venir para apoderarse
de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. Al anochecer,
descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca,
iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no
había venido a ellos, y se levantaba el mar con un gran viento que
soplaba. Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas él les dijo, Yo soy,
no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
en la barca, la cual llegó enseguida a la tierra adonde iban. El día
siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después
de haber dado gracias el Señor. Cuando vio pues la gente que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas
y fueron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, ¿Rabí, cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, De cierto, de cierto os digo, que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan
y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿Qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito, pan del cielo
les dio a comer. Y Jesús les dijo, de cierto,
de cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas
mi padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios
es aquel que descendió del cielo. y da vida al mundo. Le dijeron,
Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo, yo soy el pan
de vida. El que a mí viene, nunca tendrá
hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he
dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre
me da, vendrá a mí. y al que a mí viene, no le echo
fuera, porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre
el que me envió, que todo lo que me diere, no pierda yo nada,
sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad
del que me ha enviado, que todo aquel que ve al Hijo y cree en
Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban entonces de él los
judíos, porque había dicho, yo soy el pan que descendió del
cielo. Y decían, ¿no es este Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice este, del cielo
he descendido? Jesús respondió y les dijo, no
murmuréis entre vosotros, ninguno puede venir a mí, si el padre
que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día postrero.
Escrito está en los profetas, y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, de cierto, de cierto os digo, Si no coméis
la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera
comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne
y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él. Como me envió el
Padre viviente y yo vivo por el Padre, Asimismo, el que me
come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como vuestros padres comieron
el maná y murieron. El que come de este pan vivirá
eternamente. Estas cosas dijo en la sinagoga
enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchos de sus discípulos
dijeron, ¡dura es esta palabra! ¿Quién la puede oír? Sabiendo
Jesús en sí mismo, que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo,
¿esto os ofende? Pues que si vierais al Hijo del
Hombre, subirá donde estaba primero. El Espíritu es el que da vida,
la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida, pero hay algunos de vosotros que no
creen. Porque Jesús sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar. Y dijo, por eso os he dicho que
ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del Padre. Desde
entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban
con Él. Dijo entonces Jesús a los doce,
¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro, Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna,
y nosotros hemos creído, y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente. Jesús le respondió, ¿no os he
escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque éste era el que le iba a entregar y era uno
de los doce. Vamos a editar los versículos
del 44 al 47. Ninguno puede venir a mí Si el Padre que me envió no le
trajere, y yo le resistiré en el día posterero. Escrito está
en los profetas, y serán todos enseñados por Dios. Así que todo
aquel que oyó al Padre y aprendió de él, viene a mí. No que alguno
haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, este ha visto
al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Y el tema de esta tarde
es venir a Cristo. Venir a Cristo. Venir a Cristo
es un asunto de la mayor importancia. El mismo Señor Jesús dijo, venid
a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Vivimos en un mundo agobiado,
agobiado por el pecado. Vivimos como hombres trabajados
y cansados por el pecado, esclavos del pecado, y se hace necesario
y de vital importancia venir al Señor Jesucristo. El pasaje
que vamos a meditar nos enseña tres cosas acerca de lo que es
venir al Señor Jesucristo, y este pasaje nos enseña La predicación del Señor Jesucristo
era muy distinto a lo que se ha vuelto popular de la predicación
en nuestro día. El poder confrontar a la gente
con su realidad, el poder mostrar a la gente que no hay nada de
mérito en ello. sino todo el mérito, toda la gloria en la salvación
de un pecador es a Dios toda la gloria, porque no hay mérito
para el hombre. La salvación, sólo por gracia,
es una obra que trae toda la gloria a Dios. Y las cosas que
nos enseña es, nos enseña, en primer lugar, quiénes son los
que vienen a Cristo. También nuestro pasaje nos enseña
cómo es que vienen a Cristo y nos enseña la bendición de venir
a Cristo. ¿Quiénes vienen a Cristo? ¿Quiénes
vienen a Cristo? Lo primero que el pasaje nos
enseña aquí dice, ninguno puede venir a mí. Los que vienen a
Cristo. La pregunta, la respuesta, la
pregunta, ¿Quiénes vienen a Cristo? Y la respuesta es, la Biblia
dice, ninguno puede venir a Cristo, nadie. puede venir a Cristo.
Y eso hace totalmente distinta la predicación. Esta predicación
se parece más a la predicación de Ezequiel predicando a los
huesos secos. Y el Señor preguntándole si iban
a vivir, y él respondiendo siempre, Señor, Tú lo sabes. Y el Señor
mandándole que siguiera predicando. Y el Señor es el que hacía la
obra. Una predicación que capta la
realidad de la escritura, que enseña que todo nacido de Adán
está muerto espiritualmente. Está muerto en delitos y pecados.
Una predicación que hace oídos atentos a la verdad que dijo
el Señor Jesucristo. De cierto, de cierto te digo
lo que es nacido de la carne, carne es. Te es necesario nacer
de nuevo. predicamos a personas muertas
y no apelamos a la voluntad de las personas porque no tienen
voluntad, están muertas. La Biblia con toda claridad,
el Señor Jesucristo con todas sus letras dice ninguno puede
venir a mí. ninguno puede venir a Cristo. ¿Sabe? Es bien importante que
la Iglesia del Señor pueda comprender esta realidad, porque si no comprendemos
esta realidad, no podemos adorar a Dios como es debido. Pero la
Iglesia del Señor rinde gloria y adoración a Dios porque entiende
verdaderamente que toda la gloria, la adoración, la honra es del
Señor, que Él es digno de recibir nuestra adoración. Por eso Juan
habla con sorpresa y dice, mirad cuál amor nos ha dado el Padre,
porque no hay mérito en nosotros, nosotros venimos, no hay nada
que felicitarnos. Adoramos a Dios porque no es
de nosotros el que hayamos venido. Cristo dijo, ninguno puede venir
a mí. ¿Quiénes vienen a Cristo? Ninguno
viene a Cristo por sí mismo. Absolutamente nadie que ha venido
a Cristo en esta tierra ha venido por sí mismo. Aunque mucha predicación
haga énfasis en esto y parece y apele a la voluntad de la gente,
es predicación mentirosa y totalmente falsa. ¿Sabe? No hay necesidad
de decir por última vez. Voy a volver a repetir. ¿Quién
quiere tomar su decisión? No tiene ni un sentido. La gente
no tiene poder de decisión. Está muerta en sus delitos y
pecados. Y no puede venir al Señor Jesucristo. Ninguno puede venir a mí. La
Biblia hace énfasis de esto en la Escritura cuando describe
al ser humano nacido de Adán. Nacimos así, dice Romanos 1.30,
describiéndonos murmuradores, detractores, aborrecedores de
Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males,
desobedientes a los padres. aborrecedores de Dios. No venimos
a Cristo. Ninguno puede venir a mí porque
aborrecemos a Cristo, porque aborrecemos a Dios. Esa es la
naturaleza del hombre que ha nacido de Adán. No queremos que
nadie gobierne sobre nosotros. El bebé lo demuestra desde su
más tierna edad. Dios ha puesto autoridad sobre
él en sus padres y no puede articular palabras pero le molesta que
mamá le ponga el gorrito para protegerlo del sereno y se lo
quita y mamá lo vuelve a poner y él se lo vuelve a quitar y
va mostrando cada vez más indignación. Imagínese si esa escena fuera
Si ese bebé tuviera la fuerza de un muchacho de 18 años, sería
una tragedia el desenlace de esa escena. Desde esa tierna
edad está mostrando su insumisión. Dios, dice la Biblia, el que
resiste a las autoridades superiores, a Dios resiste, porque Dios ha
establecido la autoridad. Aborrecedores de Dios, dice la
escritura, como está escrito, no hay justo ni a uno. No hay
quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron,
aún así hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no
hay ni siquiera uno. Por eso dice Jesús, ninguno puede
venir a mí. Pero ¿quiénes vienen a Cristo
entonces? Sigue diciendo, ninguno puede venir a mí si el Padre
que me envió no le trajere. Alabamos a Dios. A Dios la gloria. A Dios el mérito. Nos ha humillado. Nos ha mostrado que no venimos
a Él porque somos inteligentes. No se nos presentó ese evangelio
que parece de oferta y parece de alguien que está vendiendo
algo. No, no ese es el evangelio. Un evangelio que nos agarró en
humillación y nos mostró cuán desviados estábamos. Nos mostró
cuán buen concepto teníamos de nosotros mismos. Y entonces adoramos
a Dios porque quienes vienen a Cristo vienen aquellos que
el Padre trae. Vienen aquellos que el Padre
trae. Ninguno puede venir a mí si el
Padre que me envió no le trajere. y nos gozamos de adorar al Señor
porque Él nos trajo. Venimos a Cristo porque a su
debido tiempo Él nos trajo. Él nos atrajo con lazos de amor.
Venimos a Cristo y adoramos a Dios porque podemos decir hoy, bueno
me es haber sido humillado. Antes que fuera humillado, descarriado
andaba. Antes que fuera humillado, pensaba
que el mérito está en el hombre. Pensaba que si Dios me eligió
fue porque vio y acechó los corredores de la eternidad y vio a aquellos
que iban a creer, entonces nos eligió. Eso es mentira. Eso pone mérito en el hombre.
Dios no salvó porque íbamos a creer. Dios dio a los que iban a creer
porque Él les dio la fe para creer, porque Él les dio vida
cuando estaban muertos en delitos y pecados, porque Él los trajo,
los atrajo al Señor Jesucristo y los trajo con lazos de amor. También nos enseña el versículo
que Vienen a Cristo, dice versículo 45, escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de él, viene a mí. Vienen aquellos que han
sido enseñados por el Padre. Vienen aquellos que han sido
enseñados por el Padre. Esos son los que vienen a Cristo.
¿Sabe? Toda esa gente leía la misma
ley de Moisés. Todos ellos tenían acceso a la
escritura. Todos ellos tenían acceso a maestros. Nicodemo era un maestro que no
sabía cosas que el Señor Jesús le estaba diciendo y no las sabía
aún porque aún no lo había enseñado el Padre. Pero gracias a Dios
el Padre le enseñó y él salió y dejó de ser un discípulo temeroso
y secreto porque el Padre le enseñó y él vino al Señor Jesucristo. Felipe, Natanael, Juan, Andrés,
Pedro, leían la misma escritura que los otros judíos. Nicodemo
leía la misma escritura que los otros fariseos. La diferencia
es ellos fueron enseñados por el Padre, y por eso es que vinieron
al Señor Jesucristo. La otra cosa que nos enseña es
cómo es que vienen a Cristo. Aquellos que vienen, ¿cómo es
que vienen? Dice el versículo 45, escrito
están los profetas y serán todos enseñados por Dios. Así que todo
aquel que oyó al Padre y aprendió de él, viene a mí y serán todos
enseñados por Dios. ¿Cómo vienen a Cristo? Los que
vienen a Cristo, ¿cómo es que vienen? Vienen porque Dios el
Padre los enseña. Por eso es que vienen al Señor
Jesucristo y otra vez el mérito no está en el hombre. Podemos
tener todos la misma Biblia. Podemos tener la misma traducción
de la Biblia. Podemos ir a la misma sinagoga,
a la misma iglesia, a la misma denominación. ¿Tú lo sabes? Es
importante que Dios el Padre te enseñe. de Abraham vienen
a él aquellos que Dios ha enseñado y dice que así está escrito en
los profetas y el profeta Isaías en el versículo trece del capítulo
cincuenta y cuatro dice que serán sus hijos enseñados por Dios
y hablando de los hijos pues los hijos está hablando a Israel
y los verdaderos hijos de Abraham el verdadero Israel son los que
son de la fe y quienes son los que son escogidos en Cristo desde
antes de la Dios les enseña en su debido
tiempo, Él les enseña y eso es una respuesta al cómo es que
vienen a Cristo. Vienen a Cristo porque Dios el
Padre les enseña. El versículo también dice, así
que todo aquel que oyó al Padre. ¿Cómo vienen a Cristo? Vienen
a Cristo porque oyen a Dios, oyen a Dios. Nuestra oración y la oración
de cada uno de nosotros debe ser que Dios, el Padre, que Dios
siga enseñándonos, que continúe enseñándonos. Porque si una vez
hemos venido a Cristo, hemos de seguir viniendo a Cristo. Es necesario seguir viniendo
a Cristo. Entonces es necesario seguir
siendo enseñados por Dios. Clamemos a Dios que Él nos enseñe. Que no aprendamos la enseñanza
de un hombre, de cualquier hombre que separe en este lugar. Los
hombres que separen en este lugar son simples instrumentos. No
te conformes con aprender sólo de un hombre. Que nuestra oración
a Dios cuando vienes a la iglesia sea, Señor, enséñame. Señor, guárdame de sólo escuchar
la voz de un hombre. Concédeme escuchar tu voz. Dame oídos para oírte. Porque
dice Así que todo aquel que oyó al Padre y aprendió de Él, viene
a mí. ¿Y cómo vienen? Hay algo que
tiene que ser así. Dios es el maestro de los maestros. Si hay maestros terrenales es
porque hay un verdadero maestro. Y sabe, si Dios te enseña, es
imposible que no aprendas. Dice, ¿cómo vienen? Vienen porque
Dios les enseña y vienen porque aprenden. Cuando termina el versículo
dice, y aprendió de él, que oyó al Padre y aprendió de él, viene
a mí. vienen porque aprenden de él,
porque Dios es el maestro de los maestros, porque han visto
a Dios como el maestro, no a Moisés como el maestro. Si usted se
fija, los judíos no pasaban de decir cuánta fe tenían en Moisés
y cuánto mérito le daban a Moisés. Pero sabe, Moisés fue un instrumento
de Dios. Nada más fue un instrumento de
Dios. Y muchos se quedaron con Moisés. pero Dios a sus escogidos, aquellos
que muchas veces eran tratados como malditos porque no conocer
la ley, por aquellos que creían conocer la ley, a ellos, como
dice el Señor Jesús, te alabo Padre porque escondiste estas
cosas de los que parecen muy brillantes e inteligentes y lo
enseñaste a los niños. Dios enseña a su pueblo escogido. Dios enseña a lo vil y a lo menospreciado
de este mundo. Es interesante poder escuchar
palabras de Jesús cuando habla a los fariseos, aquellos que
se creían, que se sabían la ley y se atrevían a referirse a otros
como malditos. Cuando les dicen Juan 5, 37 y 38, también el Padre
que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis oído su voz, ni
habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra morando en vosotros,
porque a quien él envió, vosotros no creéis. Sabe, qué duro, pero
era la realidad. No has escuchado su voz. No significa
que no estudies la Biblia. Jesús les dijo eso después que
les dijo a ustedes, escudriñan la escritura. Ustedes no son
superficiales. Ustedes se ponen y están diligentemente,
pero ustedes no quieren venir a mí. ¿Sabe? No haber oído la
voz de Dios no significa que no tienes una Biblia. No significa
que no vas a una iglesia y no significa que no escuchas predicaciones.
Clamemos a Dios que podamos escuchar la voz de Dios. Y la tercera cosa es la bendición
de venir a Cristo. La bendición de venir a Cristo. Versículo 46 dice, no que alguno
haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto
al Padre. No que alguno haya visto al Padre,
sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. La bendición
de venir a Cristo es la bendición de ver a Dios. La bendición de
ver al Padre en la faz de Jesucristo. Dice Felipe, muéstranos al Padre
y nos basta. Hace tanto tiempo que estoy contigo
y no me has visto. Si hemos venido a Cristo, tenemos
la gran bendición de haber visto al Padre en la faz de Jesucristo. Vimos su gloria, gloria como
del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. Ahora
vemos oscuramente, dice el apóstol Pablo, como a través de un espejo,
pero un día vamos a ver cara a cara. ¿Sabe? Dios nos está
transformando y clamemos a Dios que siga revelándonos al Señor
Jesucristo. Sigamos escuchando la voz de
Dios que llama y nos dice, puesto los ojos en Jesús, No nos distraigamos
viendo a nuestros hermanos. No nos distraigamos viendo a
nuestra esposa, a nuestros hijos. Si nos distraemos allí, seguramente
nos vamos a empezar a sentir mejores que ellos. Si nos distraemos
allí, seguramente no vamos a vernos como el primer y más grande pecador
de nuestra casa. Si nos distraemos allí, no vamos
a poder ayudar a nuestro hermano a sacar la paja de su ojo, y
lo vamos a golpear con nuestra viga, porque vamos a estar siempre
creyendo que es mi hermano, es mi hijo, es mi vecino, es el
hermano en la iglesia el que trae la viga, cuando el que trae
la viga soy yo. Sabe, que sigamos viendo a Cristo,
porque cuando veo a Cristo voy a poder decir, palabra fiel es
esta y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino
al mundo a salvar a los pecadores, y voy a tener bien claro, el
primer pecador en mi casa soy yo. Cristo Jesús vino a salvar
a los pecadores. Que Dios me haga ver a Cristo,
para que viendo a Cristo pueda ver cuán necesitado estoy del
Evangelio, cuánto el Señor aún tiene que transformarme. Y cuando
veo a Cristo, Él me va transformando, transformando y me va llevando
a la esperanza más gloriosa que tiene alguien a quien Dios le
ha dado vida eterna. Dice la Escritura, amados, ahora
somos hijos de Dios. Y aún no se ha manifestado lo
que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste seremos
semejantes a Él. ¿Por qué? porque le veremos tal
como él es. Y sabe todo eso, trae gozo a
nuestro corazón, porque sabemos que a los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien. Todas las cosas. Cuando las cosas
no salen como lo hemos planeado, nos ayuda bien. Algunas veces
en nuestra incredulidad nos frustramos y queremos resolver todo a nuestra
manera y pecamos contra Dios. Pero el Espíritu Santo vuelve
a recordarnos todas las cosas. A los que aman a Dios, todas
las cosas les ayudan a bien. Esto es, a los que conforman
su propósito son llamados. ¿Y cuál es el bien? El bien es
hacernos conforme a la imagen de su Hijo. Ese es el más grande
bien que se le puede hacer a un Hijo de Dios. La bendición de
venir a Cristo es la bendición de ver al Padre. de ver a Dios
y poder ser transformado a la imagen del Señor Jesucristo.
Ver al Padre en la faz de Jesucristo. Nadie lo ha visto, pero el que
ha visto al que descendió del cielo, ha visto al Padre. Yo
y el Padre, uno somos. La bendición de venir a Cristo
es que Cristo A los que vienen a Él les garantiza resucitarlos
en el día postrero. A los que vienen a Él, la gran
bendición es la garantía de vida eterna, de resurrección, de participar
de la primera resurrección. Dice, no que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.
De cierto, de cierto os digo, el que en mí cree tiene vida
eterna. Y en el versículo 44, cuando termina el versículo,
dice, ninguno puede venir a mí si el padre que me envió no le
trajere, y yo le resucitaré en el día postrero. Y eso es algo
que Jesús ha repetido antes y va a repetir después, yo le resucitaré
en el día postrero. ¿Sabe? El gran yo soy. el Dios
hecho hombre, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo,
aquel que derramó su sangre para limpiarnos de nuestros pecados,
garantiza resucitarte en el día postrero, como una bendición
de venir al Señor Jesucristo. La bendición de venir a Cristo
es vivir con la bendita esperanza, vivir sabiendo que en verdad
cuando nuestros días terminen aquí, verdaderamente entraremos
en su reposo, en su descanso, que tenemos vida eterna, porque
dice él, de cierto, de cierto os digo, el que cree en mí tiene
vida eterna. Y fue lo que sucedió allá en
la cruz cuando murió en medio de los dos ladrones. Uno de ellos
vino a Cristo porque el Padre le trajo. El otro siguió burlando
a Cristo, aún allí estando crucificado. Y la respuesta de Jesús a ese
ladrón que el Padre trajo a Cristo fue, Él dijo, acuérdate de mí
cuando vengas en tu reino. Y Jesús le dijo, de cierto, de
cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Sabe,
Cristo resucitó de entre los muertos como testimonio de que
Él agradó al Padre. Y sabe, dado que Él resucitó
de los muertos, nosotros tenemos la esperanza bendita de la resurrección. Un día Cristo viene otra vez.
Es nuestra esperanza. Y Él va a venir y los que murieron
en Cristo, resucitarán primero. Luego nosotros, los que hayamos
quedado con vida, seremos arrebatados y transformados. y estaremos
siempre con el Señor. Y animémonos unos a otros con
estas palabras. Venir a Cristo es de la mayor
importancia. Cristo dijo, yo soy el camino,
yo soy la verdad, yo soy la vida. Nadie viene al Padre si no es
por mí. Solamente a través de Jesucristo se puede venir al
Padre. Solamente a través de Jesucristo
se puede tener vida eterna. Clamemos a Dios que nos siga
hablando, que sigamos escuchando su voz, que nos siga revelando
al Señor Jesucristo. Clamemos a Dios que no nos equivoquemos. No significa que tú lees la Biblia,
que estudias la Biblia, que escuchas predicaciones. Clama al Señor
que dé oídos espirituales para que le escuches con claridad.
Y estamos seguros de algo. Si eres una oveja de Cristo,
si el Padre Te inscribió en el libro de la vida del Cordero
desde antes de la fundación del mundo. Tal vez ahora, no hoy
estás, tal vez estás empezando a oír, vas a oír, porque dijo
Jesús mis ovejas oyen mi voz y yo las conozco y me siguen
y yo les doy vida eterna y adoramos a Dios por eso. toda nuestra
adoración a Dios. Nosotros no hemos hecho otra
cosa que aborrecer al Señor, pero Él nos trajo con lazos de
amor y por eso le alabamos y por eso decimos, mirad cuál amor
nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios. Amén.

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Joshua

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