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La Voluntad del Padre

John 6:34-40
Joel Coyoc July, 26 2020 Video & Audio
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Joel Coyoc July, 26 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about the will of the Father?

The Bible teaches that the will of the Father is paramount, as evidenced in John 6:37-40 where Jesus emphasizes He came to do the Father's will.

In John 6:37-40, Jesus states, 'All that the Father gives me will come to me, and whoever comes to me I will never cast out.' This clearly indicates that the will of the Father is that those He has chosen will ultimately come to Christ. It establishes the foundation of our salvation not on human will or effort, but solely on God's sovereign choice and initiative. The passage reveals that the Father has a deep and intentional will pertaining to salvation that involves giving a specific people to the Son, ensuring that none are lost. This focus on divine sovereignty underscores God's ultimate authority and purpose in the redemptive plan.

Additionally, the theological implications are profound; as sovereign grace believers affirm, salvation is rooted in God's will, and not in human decision-making. The importance of understanding the Father's will is crucial for believers to rest in the assurance that their salvation is secure, as it is solely based on God's loving choice rather than transient human actions or faith. This is essential to affirming God's sovereignty and the nature of His grace.

John 6:37-40, Ephesians 1:4-5

How do we know God’s will is irresistible?

God's will is shown to be irresistible as all who are chosen by the Father will inevitably come to Christ, according to John 6:37.

The concept of irresistible grace asserts that when God chooses to save someone, that person will come to salvation in Christ. In John 6:37, Jesus states, 'All that the Father gives me will come to me.' This clearly reveals that those whom God has predestined for salvation cannot resist His will. This is further echoed in passages like Romans 9:19, which questions, 'Who can resist His will?' Since God's choices are based on His infinitive wisdom and sovereign power, it stands to reason that His elected ones will certainly respond to His call.

This idea of irresistibility also provides believers with profound comfort; it reassures them that their faith and salvation are ultimately secured by God’s immutable will. When confronted with doubts and uncertainties, believers can find solace in knowing that they are part of God's chosen, and their salvation is not merely at the whim of their efforts but anchored in God's steadfast love and purpose. Thus, His will is not just sovereign, but it acts with absolute effectiveness, culminating in the glorification of His grace.

John 6:37, Romans 9:19, Psalm 115:3

Why is understanding God’s will important for Christians?

Understanding God's will is vital for Christians as it offers assurance in their salvation and emphasizes God's sovereignty.

For believers, grasping the nature of God's will is integral to their faith journey. The assurance that salvation is rooted in the Father's choice rather than human merit or decision-making is profoundly liberating. When Christians understand that their relationship with Christ is secured by God's sovereign will, they can approach their faith with confidence and hope. This understanding fosters humility, as it reminds them that any good they possess comes not from themselves but entirely from God's grace.

Moreover, acknowledging God's sovereign will allows Christians to find peace amid trials and tribulations. Knowing that all things ultimately serve God's purposes equips them to endure difficulties, trusting that He is working for their good (Romans 8:28-30). Furthermore, it compels believers to share the Gospel with confidence, understanding that those who are meant to come to Christ will do so as they proclaim His truth. Ultimately, recognizing and embracing the will of God enriches their relationship with Him and nourishes their spiritual lives.

Romans 8:28-30, John 6:44

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Juan Capítulo 6 Dice la Palabra de Dios Después
de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias,
y le seguía gran multitud porque veían las señales que hacían
los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte
y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la
fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos y
vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe, ¿de
dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, haced recostar la gente Y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces cuanto querían.
Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos, recoged
los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron,
pues, y llenaron doce cestas de pedazos que de los cinco panes
de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres,
entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron que
verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.
Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él
y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo. Al anochecer
descendieron sus discípulos al mar, y entrando en una barca,
iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no
había venido a ellos. Y se levantaba el mar con un
gran viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas él les dijo, Yo soy,
no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
la barca, la cual llegó enseguida a la tierra donde iban. El día
siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias, junto al mar, donde habían comido el pan, después
de haber dado gracias el Señor. Cuando vio, pues, la gente, que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas
y fueron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, De cierto, de cierto os digo, que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan
y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú, para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto. Como está escrito, pan del cielo
les dio a comer. Jesús les dijo, De cierto, de
cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre
os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel
que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron, Señor,
danos siempre este pan. Jesús les dijo, Yo soy el pan
de vida, el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí
cree no tendrá sed jamás. Mas os he dicho que aunque me
habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da vendrá
a mí, y al que a mí viene no le echo fuera, porque he descendido
del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esa es la voluntad del Padre que me envió que de todo lo que
me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día
postrero. Y esa es la voluntad del que
me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo y cree en Él,
tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Vulguraban
entonces de él los judíos, porque había dicho, yo soy el pan que
descendió del cielo. Y decían, ¿no es este Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues
dice éste, del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo, No
murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí si el
Padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de él viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús le dijo, De cierto, de
cierto os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre
y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come
mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré
en el día postrero. Porque mi carne es verdadera
comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne
y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él. Como me envió el
Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así mismo el que me
come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como vuestros padres comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchas
de sus discípulos dijeron, dura es esta palabra. ¿Quién la puede
oír? Sabiendo Jesús en sí mismo, que
sus discípulos murmuraban de esto, les dijo, ¿esto os ofende? Pues que si vierais al Hijo del
Hombre subir a donde estaba primero. El Espíritu es el que da vida.
La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros
que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio
quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar.
Y dijo, por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no
le fuere dado del Padre. Desde entonces, muchos de sus
discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. Dijo entonces
Jesús a los doce, ¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió
Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna. Y nosotros hemos creído, y conocemos
que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús le respondió,
¿no os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es
diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era
uno de los doce. Amén. Vamos a meditar los versículos
del 37 al 40 que dicen todo lo que el Padre me da vendrá a mí
y el que a mí viene no le echo fuera porque he descendido del
cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad del que me envió
y esta es la voluntad del Padre el que me envió que de todo lo
que me diere no pierda yo nada sino que lo resucite en el día
postrero y esa es la voluntad del que me ha enviado que todo
aquel que vea al hijo y cree en él tenga vida eterna y yo
le resucitaré en el día postrero. El tema es la voluntad del padre,
la voluntad del padre y a manera de introducción quiero leer algunos
versículos que son versículos del mismo capítulo 6 de este
evangelio el primer versículo es el versículo 2 que dice y
le seguía gran multitud porque veían las señales que hacían
los enfermos El versículo 14 dice, aquellos hombres entonces,
viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron, este verdaderamente
es el profeta que había de venir al mundo. Versículo 26, respondió
Jesús y les dijo, de cierto, de cierto os digo, que me buscáis,
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis pan y os
saciasteis. Versículo 28. Entonces le dijeron,
¿qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Versículo 30, 31. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos?
¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná
en el desierto, como está escrito, pan del cielo les dio a comer.
Versículo 34. Le dijeron, Señor, danos siempre
este pan. Versículo 36. Mas os he dicho,
que aunque me habéis visto, no creéis. Versículo 41 al 42. Murmuraban entonces de él los
judíos, porque había dicho, yo soy el pan que descendió del
cielo. Y decían, ¿no es este Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice este, del cielo
he descendido? Estos versículos nos hablan de
una descripción de la gente que estaba siguiendo a Jesús y siguen
describiendo en términos generales a la humanidad, a una humanidad cuyo ídolo favorito es la comodidad,
cuyo mayor interés es tener una vida aquí más feliz y más cómoda. Todos los esfuerzos tecnológicos
de la humanidad se han enfocado en eso, en darnos una vida aquí
más confortable. cumpliéndose justamente lo que
dice la escritura cuando dice en el versículo sesenta y tres
y que en otros pasajes el señor ya había dicho que es necesario
nacer de nuevo el versículo sesenta y tres dice el espíritu es el
que da vida la carne para nada aprovecha las palabras que os
he hablado son espíritu y son vida y lo que el apóstol Pablo
dijo en Corintios cuando dice el hombre natural no percibe
las cosas del espíritu Porque las cosas del espíritu se han
de discernir espiritualmente. El hombre natural no percibe
las cosas del espíritu. Y por eso es que el hombre está
simplemente enfocado en sus necesidades de aquí y de ahora. Y el hombre
está interesado en Dios porque cree que Dios está para hacerle
la vida más feliz, más cómoda, más placentera. solemos ver a
Dios para que nos resuelva los problemas cuando no hay trabajo,
para que nos sane el cuerpo cuando estamos enfermos. Esa es normalmente
la actitud del hombre viendo a Dios para las necesidades temporales. Y todos esos pasajes van describiendo
en sí mismo a la gente. Y Cristo va diciendo que a pesar
de que le habían visto, no creían. Ahora, ¿Qué es lo que hace la
diferencia? Porque evidentemente, todos estos
pasajes describen a un tipo de gente, y el pasaje termina con
otro tipo de gente. Un tipo de gente que, pues dentro
de los discípulos, los discípulos no eran solamente los doce, esos
eran, había muchos más discípulos del Señor, pues un discípulo
es un seguidor, y había, podemos decir, una gran multitud, pero
llegó un momento crucial cuando Jesús empezó a proclamar la esencia
del Evangelio, y algunas personas dijeron, dura es esta palabra,
y muchos de sus discípulos le dejaron de seguir, y hubo una
diferencia entre la gran multitud, y por lo menos los doce, y algunos
más, porque hubieron más que los doce, que Jesús se viró y
les dijo ustedes también quieren irse y hubo una diferencia ellos
permanecieron y ellos permanecieron y Pedro expresó Señor a quien
iremos tú tienes palabras de vida eterna Ahora, es bien importante
que la escritura aquí nos muestra qué es lo que hace la diferencia
y es bien importante que nosotros podamos escuchar una y otra vez
qué es lo que hace la diferencia. En un tiempo estuvimos descritos
y algún Después de haber venido a Cristo, batallamos con momentos
de incredulidad, con momentos en los cuales somos atrapados
y pensamos que nuestras necesidades son las necesidades de aquí y
de ahora. Vivimos enfocados en momentos de incredulidad, en
que desesperamos, en que perdemos la perspectiva de que Dios está
en control de todas las cosas y está obrando todas las cosas
para nuestro bien, como dice la Escritura. Y es importante poder recordar,
poder tener claridad, qué es lo que hace la diferencia. ¿Y
qué es lo que hace la diferencia? Bueno, este pasaje nos enseña
qué es lo que hace la diferencia. Y justo el tema de hoy es lo
que hace la diferencia. Lo que hace la diferencia es
la voluntad de Dios. La diferencia la hace la voluntad
de Dios, la voluntad del Padre. De ninguna manera la diferencia
la hace la voluntad o decisión del hombre, ya que el hombre
está muerto en delitos y pecados. Este pasaje nos muestra que en
su voluntad el padre eligió una esposa para el hijo. Muchas veces
nos hemos enfocado y la cultura evangélica en general se ha enfocado
en mirar como uno de los pasajes más preciosos y en verdad es
precioso Juan 3.16 que dice porque de tal manera amó Dios al mundo
que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él
cree no se pierda más tenga vida eterna pero estos pasajes hablan
de una belleza particular una belleza muy sublime que es la
belleza del hecho de que no ver el hecho de que Dios dio a su
hijo sino el hecho de lo que Dios le ha dado a su Hijo. El ver a los escogidos de Dios
como un regalo del Padre para el Hijo, un regalo de amor del
Padre para su Hijo, un regalo de amor que Dios en su voluntad
decidió desde la eternidad hacer a su Hijo, escogiendo una esposa,
una esposa para Él, Eligió un pueblo en Cristo para darle como
regalo a Su Hijo, el pueblo al que Él hizo especial. Y esto
es importante, un pueblo al que Él hizo especial. No nos confundamos. No es que nos escogió porque
éramos especiales. No es que Cristo vino a morir
por lo valioso que éramos. Caímos. a tal profundidad, y
estábamos totalmente sin valor, miserables. Él nos hizo especiales
en Cristo. Él nos ha dado el valor. No es
al contrario. Pensarlo al contrario no es lo
que enseña la Escritura, incluso es herejía. La Escritura dice, bendito sea
el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con
toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para
que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor, habiéndonos
predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo,
según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de
su gracia, en la cual nos hizo aceptos en el Amado. Según el
puro afecto de su voluntad. La diferencia es la voluntad
del Padre, no es mi decisión, no es mi inteligencia, no es
absolutamente nada en mí. Y eso es importante que no perdamos
de vista. porque corremos el peligro de
volvernos gente arrogante, gente soberbia. El mérito de que haya
una diferencia entre nosotros y el resto del mundo no es mérito
nuestro, es toda la gloria de Dios que hace todas las cosas
para la alabanza de la gloria de su gracia. Y es importante
prestar atención porque a lo largo de los tiempos el hombre
se ha confundido y se ha equivocado, y la dureza de su corazón lo
ha llevado a torcer la escritura para su propia perdición. El
pueblo de Israel, un pueblo que Dios eligió. Dios le dijo que
su padre era amorreo. Y le dijo, cuando naciste, estabas
ahí tirada en tus sangres. Nadie te hació, nadie te limpió.
Dios te vio y te dijo, vive. Y te hizo un pueblo hermoso.
Y Dios repitió muchas veces al pueblo de Israel cómo tenía que
tratar a los extranjeros, porque extranjero fuiste en la tierra
de Egipto. Pero, ¿sabe? se torcieron en su corazón, en
la dureza de su corazón y la arrogancia de su corazón les
hizo ver a las otras naciones como gente despreciables, hablando
de los gentiles como perros, sintiéndose ellos superiores
porque eran elegidos y eran elegidos no por causa de ellos, sino por
causa del que hace todas las cosas según el designio de su
voluntad para el alabanza de la gloria de su gracia. Hoy los
que somos salvos en Cristo Jesús Si en verdad el Señor nos ha
salvado, no tenemos ni una razón para ser arrogantes. Podemos
ver al apóstol Pablo, lejos de arrogancia, tenía un deseo en
su corazón de que su gente, que no tenía entendimiento, y que
él no tuvo entendimiento un tiempo, clamaba para que Dios les diera
entendimiento, mirando a sus compatriotas, descendientes físicos
de Abraham, pero mirando a los gentiles, decía, hay de mí sino
predicar el Evangelio, porque me es impuesta necesidad, y sentía
compasión en su corazón, no sentía superior, él podía ver y decir
con claridad que la diferencia era la voluntad del Padre, la
diferencia entre él y el resto era Dios que es rico en misericordia,
porque antes éramos lo mismo que los demás, hijos de ira.
Eso es lo que hace la gran diferencia, la gran diferencia la hace la
voluntad del Padre. Juan capítulo 1 versículo 12
al 13 dice más a todos los que le recibieron bueno el versículo
11 dice algo importante dice a lo suyo vino y los suyos no
le recibieron más a todos los que le recibieron dice a los
que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos
de Dios los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de
carne, ni de voluntad de varón. No es la voluntad del hombre,
no es la decisión del hombre. La diferencia es, dice, ni de
voluntad de varón, sino de Dios. La diferencia no es que un día
tomamos una decisión. Si todo dependiera de nuestra
decisión, seguiríamos perdidos. Porque la decisión de la carne
es aborrecer a Dios. Porque la mente carnal es enemistad
contra Dios y no se somete a la ley de Dios, ni tampoco quiere.
Este pasaje nos enseña por lo menos tres cosas en cuanto a
la voluntad de Dios. La primera es que la voluntad
de Dios es irresistible. La segunda es que la voluntad
de Dios fue la meta de Cristo en la tierra. Y la voluntad de
Dios el Padre, este pasaje nos describe cuál es su voluntad. ¿Saben? Nos gozamos de poder
de que Dios nos revele y nos muestre su voluntad. Nos gozamos
de poder saber que la voluntad de Dios es buena, es agradable
y es perfecta. Y dice el versículo 37, todo
lo que el Padre me da vendrá a mí. Todo lo que el Padre me
da vendrá a mí. En su voluntad escogió un pueblo
en Cristo. Su voluntad es irresistible.
No puede ser resistida. Todo aquel que eligió en Cristo
antes de la fundación del mundo, a su debido tiempo, Dios lo va
a traer al Señor Jesucristo. Podemos mostrar alguna resistencia
por algún tiempo, pero si Dios te ha elegido en Cristo, va a
llegar el momento en que Él por la proclamación del Evangelio
Proclamamos el Evangelio, proclamamos a Cristo. ¿Quién es Dios? ¿Quién es Cristo? ¿Qué es lo
que hizo Cristo? ¿Quién es el hombre y cuál es
su necesidad? Y no apelamos a la voluntad del hombre, porque la
diferencia la hace la voluntad de Dios. ¿Sabe? Si Dios la ha
elegido en Cristo, usted, aunque esté resistente ahora, un día
el Señor le va a traer con lazos de amor. Su voluntad es irresistible. Todo lo que el Padre me da vendrá
a mí. Y eso nos da paz y eso nos hace
mantenernos proclamando el Evangelio. Proclamamos el Evangelio con
la claridad de que no estamos buscando multitudes. Proclamamos
el Evangelio sabiendo que estamos proclamando en medio de un campo
de huesos secos. Pero aquellos que el Padre ha
elegido en Cristo les va a dar vida y su voluntad no puede ser
resistida todo lo que el padre me da vendrá a mí dice la biblia
en romanos capítulo 9 versículo 19 al 23 pero me dirás porque
pues sin culpa y dice porque quien ha resistido a su voluntad
Porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Más antes, oh hombre,
¿quién eres tú para que altercas con Dios? Dirá el vaso de barro
al que lo formó, ¿por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad
el alfarero sobre el barro para hacer de la misma masa un vaso
para honra y otro para deshonra? Y que si Dios queriendo mostrar
su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los
vasos de ira preparados para destrucción y para hacer notoria
las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de
misericordia que él preparó de antemano para gloria, vasos de
misericordia. La diferencia la hace su voluntad.
¿Quién ha resistido a su voluntad? Y él ha preparado vasos de misericordia
según el designio de su voluntad para alabanza de la gloria de
su gracia. No por nada en mí. Merezco la
misma condenación que merece todo descendiente de Abraham.
Merezco su justa ira. Pero él ha querido por el puro
afecto de su voluntad, escogernos en Cristo Jesús. Y nadie puede
resistir su voluntad. Su voluntad es irresistible.
La Biblia dice en el Salmo 115, versículo 3, nuestro Dios está
en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho. Nuestro Dios está en los cielos. Todo lo que quiso ha hecho. No,
no es la manera de proclamar el evangelio diciéndote Jesús
está en la puerta de tu corazón y quiere entrar. Ábrele porque
te está, quiere salvarte. Si Cristo quiere salvarte, es
porque esa es la voluntad del Padre. Porque Dios te ha dado
a Cristo desde antes de la fundación del mundo. Porque tu nombre está
escrito en el libro de la vida del Cordero desde antes de la
fundación del mundo. Y sabes, si Cristo quiere salvarte,
Cristo te salva. Si ha sido dado a Cristo por
el Padre, no importa cuánto te estés resistiendo, llegará el
momento en que el Señor te va a salvar, te va a traer con lazos
de amor. ¿Sabe? El apóstol Pablo salió
para Damasco con un corazón endurecido persiguiendo al Señor Jesucristo
aunque él pensaba que perseguía a la iglesia pero cuando él se
encontró con Cristo y le preguntó ¿Quién eres, Señor? Y Jesús no
le dijo, yo soy Jesús si estás persiguiendo a mi iglesia. Dijo,
yo soy Jesús a quien tú persigues. Y sabe, él fue atraído con lazos
de amor. Él resistió, resistió hasta que
llegó aquel momento en que el Señor, dado que Pablo había sido
dado a Cristo, el Señor le salvó. La diferencia, la diferencia
fue la voluntad del Padre, no fue la voluntad de Pablo, no
fue la decisión de Pablo. Ese día Pablo no se levantó pensando
hoy He decidido recibir al Señor Jesucristo. Hoy voy a tomar mi
decisión por Cristo. Esa no fue la intención de Pablo.
Él se levantó ese día y era un día más y no era suficiente matar
a los creyentes en Jerusalén, en Judea, sino había que ir hasta
el extranjero. Pero ese día el Señor le salvó. Él fue salvo porque esa era la
voluntad del Padre. Él vino al Señor Jesucristo.
¿Por qué? Porque no se podía resistir la
voluntad de Dios. Como dice claramente el pasaje,
todo lo que el Padre me da vendrá a mí. Pablo no lo sabía, nosotros
no lo sabíamos, pero ya habíamos sido dados a Cristo. Este pasaje nos muestra también
que la meta del Señor Jesucristo en la tierra fue la voluntad
del Padre. Dice, después de que dice, todo lo
que el Padre me da vendrá a mí, y es precioso lo que viene después,
dice, y al que a mí viene, no le echo fuera. ¿Por qué? porque
he descendido del cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad
del que me envió y muchas otras veces en este evangelio el señor
ha dicho que él tenía una comida que ustedes no conocen y esa
comida es hacer la voluntad de su padre y él tenía como meta
de su Nadie que viene al Señor Jesucristo
será rechazado, porque por la voluntad del Padre ya ha sido
dado al Señor Jesucristo como parte del pueblo escogido, como
parte de la esposa del Cordero. Y sabe, el Señor no le rechaza,
porque dice, porque he descendido del cielo
no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y qué precioso y qué aliento, qué ánimo, de poder saber que
no somos rechazados. No es, otra vez aquí enfatiza,
no es por mérito en mí que no soy rechazado, es por la voluntad
del Padre, porque es la voluntad del Padre que no sea yo rechazado. Y Cristo se deleita en hacer
la voluntad de su Padre. ¿Sabe? En realidad no había razón
para que sea aceptado. En realidad hay toda la razón
para que yo sea consumido, no aceptado. El Señor Jesucristo
me acepta porque se deleita en hacer la voluntad del Padre.
Él descendió del cielo para hacer la voluntad de su Padre. Y esa
voluntad está expresada en toda la Escritura. Cuando dice, llamará
su nombre Jesús, ¿por qué? Porque la voluntad del Padre
es que Él salvará a su pueblo de sus pecados. Por eso se llamará
su nombre Jesús. Y ese era el deleite del Señor
Jesucristo. Por eso el Señor Jesucristo,
cuando miraba la expectativa de la cruz y estaba en agonía,
el Señor decía, Padre, si es posible que pase de mí esta copa,
pero no se haga lo que yo quiero, sino hágase tu voluntad. Y la
voluntad del Padre es que Él es el Cordero de Dios, el Cordero
perfecto que quita el pecado de su pueblo. La voluntad de
Dios es que todo su pueblo, con toda la humanidad, se descarriaron.
Dice, todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó
por su camino, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Sabe, él se deleitó en hacer
la voluntad del Padre. Él dijo, no se haga lo que yo
quiero, hágase tu voluntad, y se hizo su voluntad. El Salmo 48,
que dice, anunciando la actitud que tendría
el Señor Jesucristo, el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha
agradado y tu ley está en medio de mi corazón. Sabe qué consuelo
y qué paz y qué gozo es para el creyente saber, no soy rechazado,
no porque hay mérito en mí, no soy rechazado por todos los méritos
del Señor Jesucristo, no soy rechazado por la voluntad del
Padre. porque el Padre me dio al Señor
Jesucristo desde antes de la fundación del mundo y es la razón
por la cual no soy rechazado. Es la razón por la cual soy invitado
a acercarme confiadamente al trono de la gracia para hallar
el oportuno socorro. Esa es la razón, no está en mí. La única persona que agrada al
Padre es el Señor Jesucristo. El Padre se complace al ver a
su Hijo. Doy gracias a Dios y damos gracias
a Dios porque hemos sido hallados en el Señor Jesucristo, vestidos
de su justicia, y el Señor nos ve a través del Señor Jesucristo
y queda complacido. Ahora, ¿en qué consiste la voluntad
del Padre? Dice el versículo 39, y esa es
la voluntad del Padre el que me envió, que todo lo que me
diere no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
La voluntad del Padre es que Cristo no pierda nada de lo que
el Padre le da. La voluntad del Padre, y se hace
mucho énfasis en esto, y eso también consuela el corazón del
creyente. ¿Sabe? La seguridad eterna de
nuestra salvación es por causa de la voluntad del Padre. No
es por mi persistencia, no es por mi dedicación o por mi consagración,
no es por nada absolutamente que dependa de mí. Si fuera así,
pues ya estaría todo perdido. Sabe, soy tan inconstante, soy
tan propenso a pecar, pensaba yo esta semana en una persona que en una poesía
un himno escribió y escribió algo que le doy gracias a Dios
que me hace recordar y es dice este himno yo lamento el tiempo
que he gastado dice los deleites que he No importa cuan legítimo sea,
ni gozo debe ser buscado en el Señor, porque es en su presencia
donde hay plenitud de gozo. Y sabe, no depende de mí, depende
de la voluntad del Padre, de mi seguridad, de la salvación.
Sabe, depende del hecho de que Dios dice que la voluntad del
Padre es que Cristo no pierda nada de lo que el Padre le ha
dado y nada va a perderse. Porque el Señor Jesús dijo en
la cruz, consumado es y la obra de salvación de aquellos que
el Padre le ha dado al Hijo está completa. No le hace falta nada.
Cristo terminó esa obra en la cruz del Calvario. Nuestra salvación
es completa. Y por eso la Escritura abundantemente
habla de una seguridad eterna, que lejos de hacernos orgullosos,
nos hace humildes. Porque no depende de nosotros.
Depende totalmente de la voluntad del Padre. Depende totalmente
de la obra del Señor Jesucristo. Una obra perfecta, una obra completa,
una obra que Él ha prometido y ha dicho estando persuadido
de esto que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará
hasta el día de Jesucristo cuando podemos pensar en pasajes cuando
dice el Señor Jesús que sus ovejas dice no perecerán jamás dice
mi padre que me las dio es mayor que todos y nadie las puede arrebatar
de la mano de mi padre yo y el padre uno somos Nadie nos excluye
a nosotros mismos. Ni siquiera yo mismo puedo arrebatarme
de la mano del Padre. ¿Sabe? No perecerá jamás. Por eso el Señor dice, y no borraré
su nombre del libro de la vida. El lápiz del Señor no tiene borrador.
Porque Él no se equivoca, no necesita borrar. Por eso no va
a borrar, porque los que Él ha puesto allí, están allí. Y están
allí desde antes de la fundación del mundo. No es cuando creímos. Es aquellos cuyos nombres están
escritos en el libro de la vida desde antes de la fundación del
mundo. ¿En qué más consiste la voluntad
de Dios? Dice que todo aquel que ve al
Hijo y cree en Él tenga vida eterna. y sea resucitado en el
día postrero. Y aquí vuelve a enfatizar la
seguridad de la salvación, pero aquí enfatiza algo importante,
que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él. ¿Saben? Ellos veían
las señales y veían la comodidad que les podía dar la señal. Ellos
veían la señal, pero después le decían a Jesús, ¿y qué señal
haces? Ellos veían la señal, pero el
Señor les dijo, aunque ustedes me han visto, no creen. ¿Qué
hace la diferencia? La voluntad del Padre. La voluntad
del Padre es que nos ha dado a Cristo. La voluntad del Padre
es que ha decidido darnos vida por su palabra, por la proclamación
del Evangelio, porque sus palabras son espíritu y son vida. Y a
través de esa proclamación, Él ha decidido darnos vida y darnos
fe. ¿Sabes? Creo, no es mérito mío. Yo no puedo decir a alguien Si
Dios lo salva, te felicito, has tomado la mejor decisión de tu
vida. ¿Sabes? Eso es contrario a la Escritura.
Alabamos a Dios porque te ha dado vida. Alabamos a Dios porque
te ha dado el don de la fe. ¿Sabes? La voluntad del Padre
es que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él, Pedro había visto
al hijo. Nosotros, dice versículo 68,
le respondió Simón Pedro, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna, versículo 69, y nosotros hemos creído y conocemos
que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. ¿Sabe? Dios
lo hizo. Pedro vio las mismas señales
que todos los demás estaban viendo. Felipe, Nicodemo, Tomás y en
diferentes tiempos Dios fue haciendo su obra con cada uno de ellos.
¿Sabe? Hubo quienes pues sencillamente
Dios los dejó responder de acuerdo a su naturaleza. hubo quienes
se les dejó depender de su voluntad y su voluntad fue seguir siendo
aborrecedores de Dios, pero sabe hubo quienes misericordiosamente
Dios en su voluntad les había dado al hijo y por tanto Dios
les había dado fe y la voluntad del padre es que todo aquel que
ve al hijo con ojos de fe, todo aquel que ve al hijo y cree en
él, todo aquel que al oír la escritura Juan dice que es el
propósito del Evangelio que él escribió, pero es el propósito
total de la Escritura. Las cosas que se han escrito,
se han escrito para que sepáis que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Y
esta es la voluntad del que me ha enviado, que todo aquel que
vea al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna. ¿Sabe? La voluntad
de Dios es que el que vea al Hijo y cree en Él, tenga vida
eterna. La voluntad de Dios es que la vida eterna se tenga,
no por hacer obras, porque la obra de Dios es que creas en
el que él ha enviado. La voluntad de Dios es que veas
a Cristo, veas al ver a Cristo cuán pecaminoso eres, cuán depravado
eres, cuán incapaz eres, y entonces fijes tus ojos en Cristo ver
a Cristo con ojos de fe, como el único medio de salvación,
como la única posibilidad de llegar al Padre, y entonces tendrás
vida eterna, como dice la Escritura, y es el testimonio que Dios te
ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene
al Hijo, tiene la vida. El que no tiene al Hijo, no tiene
la vida. Puedes tener tu Biblia, Pero
no dice el que tiene, la Biblia tiene la vida. Puedes tener tu
iglesia, puedes tener tu religión, puedes tener tus pensamientos,
tu filosofía, pero la Biblia dice con toda claridad, el que
tiene al hijo, no dice otra cosa distinta. Puede ser que tengas
tu bautismo, pero dice la Biblia, el que tiene al hijo tiene la
vida. No hay. otra manera y esa es
la voluntad del padre que el que vea al hijo y cree en él
tenga vida eterna y yo le resucitaré en el día posterior y cada vez
se acerca el día posterior pero damos gracias a dios porque tenemos
nuestra esperanza bendita saben nuestra vida puede ser no tan
feliz y cómoda nuestra vida puede terminar por alguna enfermedad
por no sé, no sé cómo Dios ha planeado que nuestra vida termine,
pero esa vez damos gracias a Dios porque tenemos esperanza, porque
Cristo es la resurrección y la vida, y porque la voluntad del
Padre es que el que en él cree tenga vida eterna y que Cristo
le resucite en el día postrero. Nos gozamos de que hoy estamos
en Cristo, no debido a nuestra voluntad o decisión, sino debido
a la voluntad del Padre Celestial. ¿Estás aún resistiendo la voluntad
del Padre? Nuestra confianza está en que
si el Padre te dio a Cristo desde la eternidad, Él te atraerá a
Cristo con lazos de amor. Porque su voluntad es irresistible. Porque es el deleite del Señor
Jesús. Él se ha deleitado en hacer la
voluntad del Padre. Y si tú vienes, no te va a echar
fuera porque Él se deleita en que aquellos que vienen, Él los
reciba con lazos de amor. los reciba y hago una obra de
transformación porque está transformando cada día su iglesia haciéndola
una iglesia hermosa sin mancha ni arruga ni cosa semejante para
presentársela a sí mismo y el llamado es ven al Señor Jesucristo. Solo en Cristo hay vida eterna
y la voluntad del Padre es el que mira a Cristo con ojos de
fe tenga vida eterna y que Cristo le resucite en el día postrero. Un día todos, ya sea por la enfermedad que sea, nuestra
vida va a terminar. Eso no es lo más triste. Lo más
triste es que nuestra vida termine y no tengamos parte en la primera
resurrección. Aquellos que tienen parte en
la primera resurrección, la segunda muerte no tiene potestad sobre
ellos. ¿Sabe? Es necesario nacer de nuevo.
Aquellos que nacen una sola vez van a morir dos veces. Muertos
físicos y muertos espirituales. Pero aquellos que por la gracia
de Dios y por la predicación del Evangelio nacen de nuevo,
no morirán eternamente. La voluntad del Padre es que
Cristo le resucite en el día postrero. Ven al Señor Jesucristo. Amén.

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Joshua

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