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JC

La Satisfaccion del Alma

John 6:41-52
Joel Coyoc July, 29 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc July, 29 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about soul satisfaction?

The Bible teaches that true satisfaction of the soul comes only from Jesus Christ.

According to Scripture, the satisfaction of the soul can only be found in Jesus Christ, as articulated in John 6:35, where Jesus declares, 'I am the bread of life. The one who comes to me will never be hungry, and the one who believes in me will never be thirsty.' This points to the spiritual nourishment that Christ provides, emphasizing that earthly things cannot fill the void created by sin. Jesus explicitly teaches that we should seek the food that endures to eternal life, which He alone can provide (John 6:27). Our souls crave something far greater than mere physical sustenance; they yearn for the life-giving presence of Christ. As believers, we are reminded that despite life’s trials, our deepest satisfaction lies in our relationship with Him.

John 6:35, John 6:27

How do we know Jesus is the source of true satisfaction?

We know Jesus is the source of true satisfaction through His Word and the fulfillment of God's promises.

The assurance that Jesus is the source of true satisfaction comes from the fulfillment of prophetic Scripture and His declarations in the New Testament. As highlighted in John 6:33, 'For the bread of God is that which comes down from heaven and gives life to the world', Jesus’ identity as the bread of life fulfills the promises of God to provide for His people. This is reinforced by the disciples' response to Jesus, which reflects their recognition of His divine authority and power. Believers can experience transformation and lasting satisfaction through faith in Him, as He offers a relationship that meets our deepest needs. Additionally, the Apostolic teachings further affirm that Christ is sufficient for every aspect of life, ensuring that through Him, our souls find lasting fulfillment.

John 6:33, John 6:35

Why is soul satisfaction important for Christians?

Soul satisfaction is vital for Christians as it leads to a joyful and fulfilling life in Christ.

For Christians, soul satisfaction is paramount since it shapes our worldview and our daily lives. When we are satisfied in Christ, we experience the profound joy expressed in Psalm 16:11, 'In your presence, there is fullness of joy; at your right hand are pleasures forevermore.' This satisfaction lays the foundation for worship, as an unsatisfied soul often seeks fulfillment in things that cannot provide real sustenance, leading to despair. A fulfilled soul, however, enables us to love God fully, engage in healthy relationships with others, and respond to life's challenges with hope and resilience. Moreover, an understanding of Christ's role as our source of satisfaction encourages us to abide in Him and focus our energies on spiritual growth and discipleship.

Psalm 16:11, John 6:35

What does Jesus mean by saying He is the bread of life?

Jesus referring to Himself as the bread of life means He provides the spiritual sustenance necessary for eternal life.

When Jesus describes Himself as the 'bread of life' in John 6:35, He is making a profound statement about His role as the essential source of spiritual nourishment for humanity. Just as bread is a staple food for physical sustenance, Jesus is indicating that He is indispensable for spiritual life and eternal salvation. This metaphor aligns with the Old Testament symbolism of manna, which sustained the Israelites in the wilderness but was temporary and ultimately led to physical death. Jesus contrasts this with Himself, emphasizing that those who partake of Him will never hunger spiritually or suffer separation from God, as He offers eternal life and a restored relationship with the Father. Understanding this aspect of Christ leads us to recognize that true fulfillment and life are found solely in Him.

John 6:35, John 6:49-51

Sermon Transcript

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vamos a abrir nuestra biblia
en el evangelio de san juan evangelio de san juan en su capítulo
6 dice la palabra de dios después
de esto Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, al de Tiberias,
y le seguía gran multitud porque veían las señales que hacían
los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte
y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, la
fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos y
vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe, ¿De
dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, Haced recostar la gente, y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados. Asimismo de los peces, cuanto
querían. Y cuando se hubieron saciado,
dijo a sus discípulos, recoged los pedazos que sobraron, para
que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron
doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron
a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, viendo
la señal que Jesús había hecho, dijeron, este verdaderamente
es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús
que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a
retirarse al monte él solo. Al anochecer descendieron sus
discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el
mar hacia Capernaum, estaba ya oscuro, y Jesús no había venido
a ellos. Y se levantaba el mar con un
gran viento que soplaba, Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas Él les dijo, Yo soy,
no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
la barca, la cual llegó enseguida a la tierra donde iba. El día
siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias, junto al hogar donde habían comido el pan después
de haber dado gracias el Señor. Cuando vio pues la gente que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, Entraron en las barcas
y fueron a Capernaum buscando a Jesús, y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, ¿Rabí, cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, De cierto, de cierto os digo, que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan
y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal, pues, haces tú para que veamos y te creamos?
¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná
en el desierto, como está escrito, pan del cielo les dio a comer.
Y Jesús les dijo, de cierto, de cierto os digo, no os dio
Moisés el pan del cielo, mas mi padre os da el verdadero pan
del cielo. Porque el pan de Dios es aquel
que descendió del cielo y da vida al mundo. Jesús les dijo,
yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá
hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás. Mas os he dicho
que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre
me da, vendrá a mí, y al que a mí viene no le echo fuera.
Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino
la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre
el que me envió, que de todo lo que me diere, no pierda yo
nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esa es la
voluntad del que me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo
y cree en él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día
postrero. Murmuraban entonces de él los
judíos, porque había dicho, yo soy el pan que descendió del
cielo. Y decían, ¿no es este Jesús, el hijo de José, cuyo
padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice éste, del cielo
he descendido? Jesús respondió y les dijo, No
murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios Este ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré, Es mi carne
la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, De cierto, de cierto os digo. Si no coméis
la carne del hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, así mismo el que me come, él
también vivirá por mí. Este es el pan que desciende
del cielo. No como vuestros padres comieron el maná y murieron,
el que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga enseñando en Capernaum. Al oírlas muchos de sus discípulos
dijeron, dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? Sabiendo
Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo,
¿esto os ofende? Porque si vierais al Hijo del
Hombre, subirá donde estaba primero. El Espíritu es el que da vida.
La carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros
que no creen, porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran
los que no creían y quién le había de entregar. Y dijo, por
eso os he dicho, ninguno puede venir a mí si no le fuere dado
del Padre. Desde entonces hubo muchos de
sus discípulos. Desde entonces muchos de sus
discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él. Dijo entonces
Jesús a los doce, ¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió
Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna. y nosotros hemos creído y conocemos
que tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. Jesús le respondió,
no os he escogido yo a vosotros los doce y uno de vosotros es
diablo. Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque este era el que le iba a entregar y era uno
de los doce. Amén. Vamos a meditar varios versículos
de este capítulo seis, que son varios que están dispersos a
lo largo del capítulo seis, y el tema es la satisfacción del alma,
la satisfacción del alma. Damos gracias a Dios porque Dios
nos ha dado vida en Cristo, porque nos ha dado fe porque está hablando
a nuestros corazones a través de su palabra, porque se está
revelando cada vez a nosotros y nos está transformando a través
de revelarse a nosotros. Le vemos oscuramente como a través
de un espejo y somos transformados de gloria en gloria. Y hemos sido traídos al Señor con
lazos de amor y aún hay remanente de pecado. Aún vivimos en un
cuerpo que no es el cuerpo adecuado para la vida espiritual que nos
ha dado el nuevo nacimiento. Un cuerpo que muchas veces se
constituye en una fuente de tentación. Y es importante el poder pensar
en la cuestión de la satisfacción del alma. El hombre fue diseñado
a imagen y semejanza de Dios. El hombre Pecó. El hombre buscó en la creación,
en la criatura, lo que sólo Dios puede dar. Y el hombre fue destituido
de la gloria de Dios. Por cuanto todos pecaron, están
destituidos de la gloria de Dios. Habiendo sido atraídos hacia
el Señor Jesucristo, estamos siendo restaurados, no a lo que
Adán perdió, sino algo mucho más allí de lo que Adán perdió. Sin embargo, aún batallamos con
momentos de incredulidad en nuestra vida, con momentos en que nos
distraemos y solemos buscar satisfacción en algún otro lugar. Podemos pensar en cosas o frases
que muchas veces nosotros mismos hemos pensado en nuestro corazón
alguna vez. Estamos gracias a Dios porque
por su palabra Él nos va enseñando. Algunas veces solemos pensar
que los tiempos pasados fueron mejores. Y ese es un pensamiento
que revela insatisfacción en nuestra alma. Momentos en que
perdemos de vista quién, dónde es que puede estar satisfecha
el alma. Los tiempos pasados no son mejores,
porque la escritura dice, este es el día que hizo Jehová, nos
gozaremos y nos alegraremos en él. Hoy es el mejor tiempo, porque
hoy es el día que hizo el Señor, Podemos pensar en muchos otros
pasajes y vamos a ir descubriendo a lo largo de que meditamos la
palabra, como somos engañados frecuentemente pensando que necesitamos
de muchas cosas, pero necesitamos el evangelio, necesitamos la
gracia de Dios, esa es nuestra verdadera y real necesidad. Enfrentamos situaciones que pueden
que pueden golpear nuestras vidas. Pero el apóstol Pablo tiene un
pasaje en el cual él habla acerca de lo que es una persona que
por la gracia de Dios ha experimentado tener satisfacción en el alma.
El apóstol Pablo escribe y dice, como desconocidos, pero bien
conocidos, como moribundos, mas he aquí vivimos, como castigados,
mas no muertos, como entristecidos, mas siempre gozosos. El creyente
puede experimentar momentos de tristeza, por supuesto, pero
entristecidos, pero siempre gozosos. Dice, como pobres, mas enriqueciendo
a muchos, como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo. Y algunas
otras personas en la escritura que alguna vez exclamaron y nos
dejaron ver que su alma estaba satisfecha. María dijo, engrandece
mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Y esto habla de una expresión
de adoración que mostraba un alma satisfecha. Y damos gracias
a Dios porque nos recuerda acerca de la satisfacción del alma,
porque sólo así podemos adorar verdaderamente al Señor. Una
pregunta que surge es, ¿quién da la satisfacción del alma? Y el versículo 27 del capítulo
6 dice, trabajad no por la comida que perece, sino por la comida
que a vida eterna permanece. Y dice aquí, la cual el Hijo
del Hombre os dará. Y la respuesta de la Escritura
es, la satisfacción del alma la da el Señor Jesucristo, el
Hijo del Hombre. Dice, la cual el Hijo del Hombre
os dará. La satisfacción del alma no se
puede hallar, ni nadie la puede dar que no sea el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo es el que
da, y justamente cuando pensamos en esa oración de adoración de
María, que decía, engrandece mi alma al Señor y mi espíritu
se regocija en quién? En Dios, mi Salvador. Y estaba
refiriéndose justamente a aquel cuyo nombre es Jesús o Jehová
el Salvador, aquel que se llamará su nombre Jesús porque él salvará
a su pueblo de sus pecados. El Hijo del Hombre os dará esa
comida que a vida eterna permanece. La otra cosa que nos enseña muy
claro y que es un peligro que yo creo que siempre corremos,
es el de buscar en algún otro lugar que ciertamente puede ser
algo correcto, incluso algo provisto por Dios, pero que no es el lugar
ni ha sido el propósito de Dios que busquemos satisfacción a
nuestra alma en esos lugares o en esas personas. Dios puede
utilizar personas como medios, pero las personas simplemente
son personas, simplemente son instrumentos de Dios. El apóstol
Pablo decía tengan los hombres como administradores y nada más
que administradores. Y dice el versículo 32 Jesús les dijo, desierto, desierto,
os digo, no os dio Moisés el pan del cielo. El Hijo, ya vimos que es el que
da el pan de vida eterna o el pan del cielo, pero algo que
es contundente, que el Señor incluso dice dos veces, dice,
desierto, de verdad, de verdad te digo, no os dio Moisés el
pan del cielo. Y la Biblia enseña acá, Moisés
no dio ni da pan que puede satisfacer el alma. Moisés fue un siervo
de Dios, fue un tipo del Señor Jesucristo. Cuando se dijo del
Señor Jesucristo que iba a ser dado profeta como Moisés, pero
Moisés era un hombre. Moisés era un hombre también
necesitado del Evangelio. Era un hombre que también tuvo
que creer a Dios para experimentar salvación. Y muchas veces tendemos
el error de poner nuestra mirada en aquellos hombres que Dios
utiliza. Es interesante que algunas veces
uno escucha personas que te dicen, va a venir tal hermano que predica
de tal ciudad, y se hacen eventos en los que incluso a veces cobra
dinero y la gente se afana por ir. Y no es malo ir. puede ser
una bendición il. Sin embargo, muchas veces tendemos
a hacer distinciones como al final el mensaje es el mensaje
de Dios y lo puede predicar un pastor de Tecal, un pastor de Seyé o lo puede predicar un
pastor de alguna iglesia famosa Pero el punto está, no pongamos
los ojos en el mensajero. El mensajero es un instrumento. El mensajero nunca va a poder
dar satisfacción a tu alma. Cristo es quien da la satisfacción
de tu alma. No te distraigas con la persona
que Dios está utilizando. La persona que Dios está utilizando
es simplemente un instrumento en sus manos. Ahora, cuando pensamos
aquí en la mención que se hace de Moisés, también está dejando
algo implícito. Moisés es una referencia a la
ley. La ley no puede satisfacer el
alma y no lo puede satisfacer porque sencillamente el hombre
nace muerto en pecado y es incapaz, totalmente incapaz de cumplir
la ley. ¿Sabe? puede uno pretender cumplir
la ley, puede uno vivir una vida moralista y cumplir exteriormente
la ley, pero a lo largo de la historia se ha demostrado que
mucha de la gente que aparenta y muestra cumplir la ley, en
realidad es muy triste y doloroso, que muchas veces son los que
hacen cosas más aberrantes. a escondidas de la gente, viviendo
en presencia de la gente, aparentando una apariencia, dando la apariencia
de piedad, y el Señor condenó eso. Fuertemente, el Señor dijo
a sepulcros blanqueados, dijo hipócritas que lávanos de afuera
del vaso y del plato, porque ellos estaban concentrados solamente
en impresionar al hombre, lo que el hombre podía ver. Pero
no olvidemos, vivir de esa manera, de ninguna manera puede traer
satisfacción al alma. Por el contrario, llega a ser
agobiante. gente que vive de sus interpretaciones
que hace la escritura y quiere imponer esas cosas a la vida
de otras personas y terminan esclavizados por sus mismas reglas
y leyes, engañados pensando que se cumple la ley solamente siendo
moralistas. Pero sabe, la moralidad es buena,
pero no puede satisfacer el alma. No dio ni va a dar ni dará pan
del cielo Moisés no dio ni dará pan del cielo la ley no es el
propósito de la ley ahora el versículo en esos versículos
que acabamos de leer el versículo termina diciendo
más mi padre os da el verdadero pan del cielo ya vimos en el
primer versículo que es el hijo dará el pan que permanece para
vida eterna. Y aquí dice que es el Padre,
dice, mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Moisés, cualquier
predicador, cualquier profeta de cualquier tiempo, no puede
dar satisfacción al alma. Puede proclamar el Evangelio,
pero él en sí mismo no puede de ninguna manera satisfacer
el alma. Cristo y el Padre son los que
dan la satisfacción al alma. Solamente en Dios se halla la
satisfacción del alma. Por eso María podía decir que
su espíritu se regocijaba en Dios su Salvador. Por eso el
salmista podía decir que en tu presencia hay plenitud de gozo.
Su alma estaba satisfecha en Dios. Delicias a tu diestra para
siempre. El padre es el que da el verdadero
pan del cielo. Y aquí el hecho de que el hijo
y el padre hagan lo mismo, enfatiza una verdad que le caía mal a
la gente que escuchaba. y es la verdad de que yo y el
Padre uno somos y ellos se enojaban y querían levantar piedras porque
no sólo quebrantaba el día de reposos, cuando decía yo y el
Padre uno somos se hacía igual a Dios y lo entendían y por eso
les daba mucho coraje, pero es bien importante que podamos entender
que Cristo es Dios hecho hombre, porque el alma puede hallar satisfacción
cuando puedes ver que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y
cuando creyendo en Él, tienes vida en su nombre. Ahora, ¿por qué es que el Hijo
es el que da el pan de vida? El versículo 27 lo dice con claridad
también, dice, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a
éste señaló Dios el Padre. Porque Dios el Padre lo ha designado
así. Dios el Padre ha designado que
sea Cristo, el Hijo de Dios, el que puede dar satisfacción
al alma, el que puede dar el pan que permanece para vida eterna. Pero aún más, no sólo es que
Dios, el Padre, ha designado a Cristo, no sólo es que Cristo
y el Padre dan ese pan de vida que satisface el alma, sino hay
otra pregunta que nos hacemos al leer este pasaje y es ¿Quién
es la satisfacción del alma? ¿Quién es la satisfacción del
alma? Ya no quién lo da, sino quién es. Y la Biblia nos contesta
y dice en el versículo 33. Porque el pan de Dios es aquel
que descendió del cielo y da vida al mundo. Porque el pan
de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. ¿Y quién es el que descendió
del cielo? El que descendió del cielo es el Señor Jesucristo.
Es el verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros. Él es
el pan del cielo. ¿Quién es el que da satisfacción
al alma? Solamente Cristo puede dar satisfacción al alma. Dice el versículo 35, Jesús les
dijo, yo soy el pan de vida. El que a mí viene, nunca tendrá
hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Y aquí está
hablando de satisfacción total. Ni hambre, ni sed. Yo soy el
pan de vida. Dice, el que a mí viene, nunca
tendrá hambre, y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Versículo 48, dice, yo soy el
pan de vida. El versículo 49 al 51 dice, vuestros
padres comieron el maná en el desierto y murieron. Este es
el pan que desciende del cielo para que el que de él come no
muera. Yo soy el pan vivo que descendió
del cielo. Si alguno comiere de este pan
vivirá para siempre. y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Y versículos 53 al 58,
Jesús les dijo, de cierto, de cierto os digo, si no coméis
la carne del hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el día postrero,
porque mi carne es verdadera comida, Y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre
viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también
vivirá por mí. Este es el pan que descendió
del cielo, no como vuestros padres comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. ¿Quién es la satisfacción
del alma? Cristo Jesús es la satisfacción
del alma y no hay lugar ni persona que pueda satisfacer el alma
si no es el Señor Jesucristo. Y es interesante que aquí el
Señor retoma algo que los judíos trajeron a la mesa de discusión. El hecho de que Moisés les había
dado pan, y tú qué señal haces, a pesar de que habían visto la
señal, a pesar de que comieron a sus anchas y todavía se recogió
doce cestas de pedazos, le seguían preguntando cuál era la señal
que hacía. Y Jesús toma dos veces y dice,
no se los dio Moisés, y no como vuestros padres que comieron
el maná y murieron. y aquí es el no confundir la
persona y el poder mirar luces que nos muestran aquí el engaño
del corazón que es engañoso y perverso más que todas las cosas en el
libro de números si uno va leyendo todo el libro de números y va uno sumando La cantidad de gente que iba
muriendo del pueblo de Israel, si no me equivoco da 603,550
que murieron. Y es interesante que algunos
de ellos murieron después de haberse comido un banquete, un
banquete en el desierto. porque ellos se quejaron contra
el Señor, porque ellos estaban mostrando, Egipto es un tipo
del mundo y el Señor los había sacado de Egipto, y sentían en
su corazón un vivo deseo por la comida que se comía en Egipto,
sentían un vivo deseo por el pescado y decían cosas mentirosas,
decían que ellos comían el pan de balde, comer el pan de balde
es... pues en realidad los que comieron pan de balde son los
que fueron a escuchar al Señor Jesús, ellos comieron pan de
balde sin hacer nada, en Egipto no comían el pan así, en Egipto
tenían que hacer su tarea y les daban limpias, no hacían la tarea
y les daban pescado que estoy seguro que no era de la mejor
calidad, ni como ellos lo estaban vislumbrando, pero ¿sabe? suele
ser que nuestro corazón nos engaña y solemos... hay muchos dichos
que dice el pueblo como dicen que en el campo del vecino la
hierba se ve más verde o cosas de ese tipo que hablan de un
corazón engañoso solemos muchas veces ver mejor las cosas que
otros tienen y ¿sabe que es tan terrible y tan triste? El pan
que comían en el desierto era pan milagroso. Y saben, dicen
ellos, fastidio tiene nuestra alma de este pan liviano. El
corazón engañoso y perverso se fastidia hasta del milagro de
Dios. Y se queja del milagro de Dios.
Fastidio tiene nuestra alma. Y dicen, danos carne, que queremos
comer carne. Y el Señor dijo, van a comer
carne. y no lo van a comer un día ni
dos días hasta que les salga por las narices. Y cuando Dios
hizo traer las codornices y se levantaron y estaban apurados
y el que menos agarró, agarró hasta diez montones. Dice la
Biblia que estaban todavía ahí comiendo cuando el pueblo empezó
a morir porque se encendió la ira de Dios. Comieron pan milagroso. Su alma El alma no puede ser
satisfecho, ni siquiera con los milagros de Dios. Cristo, Dios
es quien satisface el alma. Esta gente acababa de comer pan
milagroso, pero no había satisfacción en su alma. No veían al Señor
Jesucristo. Saben, las cosas no son muy distintas
hoy. Aún estando en Cristo, muchas
veces nos distraemos, muchas veces nos quejamos, Me quejo. Doy gracias a Dios porque me
muestra y me trae arrepentimiento. Y me muestra que de aquellas
cosas que me quejo, ahí no está la satisfacción de mi alma. No
puedo disfrutar los regalos de Dios. El maná era un regalo de
Dios y les fastidiaba. ¿Y por qué? Por causa de un corazón
sin satisfacción. Es interesante que esta gente
en el desierto tenía de comer. Era un milagro que tuvieran de
comer en el desierto. Y tenían de comer alimento que
les estaban nutriendo para lo riguroso que era vivir en el
desierto. Sin embargo, estaba la queja ante el Señor. pero
podemos mirar hombres que por la gracia de Dios les mostró
dónde está la satisfacción del alma. Y esos hombres podían decir,
aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto, aunque
las vacas sean quitadas, los corrales y las ovejas de la majada,
con todo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi
salvación, aunque no haya maná en el desierto. ¿Sabe? El Señor
dice, el que en mí cree no tendrá hambre ni tendrá sed jamás. Y
el apóstol Pablo puede decir, en todo y para todo estoy enseñado.
así para tener abundancia como para padecer necesidad y dice
él con todas sus letras así para estar satisfecho como para tener
hambre todo lo puedo en Cristo que me fortalece y sabe poder
por la gracia de Dios cuando miramos satisfacción en Dios
y en el Señor Jesucristo podemos aprender tu misericordia es mejor
que la vida experimentar la misericordia de Dios es mejor que tener comida
abundante todos los días en la mesa. De nada sirve vivir y comer
la mejor comida en esta tierra si no has probado el pan que
descendió del cielo, si no has sido Cristo parte de ti, porque
cuando participas de un alimento él se integra a tu cuerpo. Habla
de permanecer, son las mismas imágenes de la vid, el comer
su carne y beber su sangre que es verdadera bebida. El poder Que Dios abra nuestros
ojos y nos permita ver al Señor Jesucristo y poder hallar satisfacción
en el Señor Jesucristo. Al final, allí gira la esperanza
del creyente. Al final, estamos esperando ese
momento en que le veamos, porque el conocimiento de Dios incluso
dice, es la vida eterna. Conocer al Dios verdadero en
Jesucristo, esa es la vida eterna. Ahora, ¿cuál es el alcance de
esa satisfacción del alma? Y en versículos dice aquí 32,
33, porque el pan que de Dios es
aquel que descendió del cielo y da vida al mundo, y da vida
al mundo. Por el contexto general de la
escritura y por el contexto de la epístola, entendemos que ese
mundo es el mundo de los escogidos, porque delante del trono del
Cordero habrá de todo linaje, de toda lengua, de todo pueblo
y nación. No está aquí diciendo que vino
a ser posible la salvación de todo el mundo. Y por supuesto
que Cristo es suficiente para satisfacer a todo el mundo si
ese hubiera sido su propósito. Él es infinito y Él vale más
que toda la humanidad y Él puede traer satisfacción al alma de
absolutamente todo el mundo si ese fuera su propósito. Pero
él, en su propósito, fue salvar a los que el Padre le dio. Salvar
al mundo de sus escogidos, que pertenecen a todo linaje, lengua,
pueblo y nación. Y ese es el alcance de la satisfacción
que él puede dar. Pero damos gracias a Dios porque
en especial es para el mundo de sus escogidos. ¿Cuál es la bendición del alma
satisfecha? El alma satisfecha tiene gozo,
puede ser que esté triste, dice la escritura que cuando un familiar
muere, el señor le lleva, no dice que no nos entristezcamos,
dice no nos entristezcamos como los que no tienen esperanza y
Pablo en el pasaje que leíamos al principio dice entristecidos,
pero siempre gozosos. La bendición de tener el alma
satisfecha es estar en la presencia de Dios donde hay plenitud de
gozo y delicias a su diestra para siempre. La bendición de
estar con el alma satisfecha es la bendición de poder amar
a Dios con toda el alma, la mente y las fuerzas, y entonces poder
amar al prójimo como a uno mismo. La bendición del alma satisfecha
es que Dios me muestra cuando he pecado contra Él, y vengo
arrepentido, y voy y pido perdón a mi hermano, a mi esposa, a
mi hijo, a mi hija. Eso es una bendición. En lugar
de intentar echarle la culpa y decirle, no, pues te maltraté
porque te portas mal, empiezo a mirar que lo maltraté porque
yo no estoy amando a Dios, lo maltraté porque amenaza a mis
ídolos, entonces, por eso es que lo maltraté. Pero qué bendición
es que el Señor a aquellos que hemos hallado, a aquellos que
hemos probado que el Señor es bueno, el Señor nos muestra cuando
estamos equivocados y nos hace venir a Él. La bendición de vernos
como el primer de los pecadores y poder venir a Cristo porque
hay una palabra fiel y digna de ser recibida por todos. Que
Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores de los cuales
yo soy el primero. El alma satisfecha vive así porque
porque ha sido vestido de la justicia de Cristo. El alma satisfecha
vive así porque sabe que lo que él requiere para presentarse
delante de Dios, él no lo tiene en sí mismo, pero le ha sido
provisto en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Aquel que encuentra satisfacción en Dios, aquel que encuentra
satisfacción en el Señor Jesucristo, sabe que todo lo que el Padre
requiere, el Padre lo ha provisto en el Señor Jesucristo. En el
Señor Jesucristo ha provisto para el alma satisfecha un cordero. un cordero que quita el pecado
del mundo. En el alma satisfecha hay satisfacción y hay gozo porque
sabe de una salvación segura. Engrandece mi alma al Señor y
mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. ¿Sabe? El alma satisfecha
Aunque puede haber tristeza, está gozoso porque sabe que si
bien hay cosas que pueden traer aflicción a su vida, cosas que
pueden terminar con su vida física, su vida espiritual está segura. Está más que segura. Y que lo
único que puede hacer la muerte es llevarlo a disfrutar a plenitud
de la presencia del Señor. Es lo único que puede hacer la
muerte sobre aquel que haya dado satisfacción en Cristo. Damos
gracias a Dios porque Cristo mismo es el que satisface el
alma, porque para el creyente Cristo es todo. Él es nuestra
justicia, Él es nuestra paz, Él es nuestro mediador, Él es
el que provee la sangre, que nos limpia de todo pecado. Él
es en quien tenemos perdón. Dice, la sangre de Jesucristo
su Hijo nos limpia de todo pecado. Él nos justifica para con el
Padre. Justificados pues por la fe tenemos
paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Él
es nuestro todo, Él es nuestro gozo. Eclamemos a Dios que nos
ayude a estar enfocados, a poder mirar que es allí donde está
el gozo, que lo que mi alma necesita no lo tiene mi hijo, no me lo
puede proveer mi hijo. Lo que mi alma necesita no lo
puede proveer mi esposa. Lo que mi alma necesita no lo
pueden proveer los hermanos de la iglesia. Lo que mi alma necesita
no lo puede proveer el pastor, ni el anciano, ni el diácono,
nadie. Lo que mi alma necesita solamente
está en el Señor Jesucristo que dice yo soy el pan de vida. El que en mí cree no tendrá hambre. y no tendrá sed jamás. ¡Qué bendición
de poder exclamar y poder decir que aunque vengan tiempos dificultosos,
nuestra alma está satisfecha! Y que aunque la higuera no florezca,
ni en las vides haya fruto, aunque las vacas sean quitadas, los
corrales y las ovejas de la majada, ¡con todo nos podemos alegrar
y gozar en el Dios de nuestra salvación! ¡Y qué bendición que
el Señor, cuando fallamos en hacerlo, nos muestre y podamos
venir en arrepentimiento y fe! confiados en el perdón que nos
da el Señor Jesucristo, clamando al Señor que cada día nos haga
poder crecer en amor por él, que cada día nos haga recordar
lo que necesitas soy yo. Yo soy la satisfacción de tu
alma. Yo soy el pan de vida. Yo soy el que descendió del cielo.
No como el que ve milagros, come milagros y se muere. Sabe que
Dios nos guarda de mirar milagros, de participar de milagros y lo
estamos. Lo estamos cada día. Trabajamos
y Dios provee y tenemos refrigeradores con comida, pero aún eso es un
milagro. O sea, no es igual en todas las
casas del mundo. Usted puede ir a muchas otras
casas en el mundo donde no está ni siquiera el refrigerador y
donde la gente tiene dificultades y aún así también están experimentando
milagros. Pero sabe que no nos contentemos
simplemente de ver milagros. sino que veamos que el Señor
quiera seguir mostrándonos al Señor Jesucristo, para que viendo
a Cristo podamos vernos y cuando nos veamos podamos seguir viniendo
al Señor Jesucristo otra vez y otra vez, porque entre más
vea a Cristo y más me vea, más voy a correr al Señor Jesucristo.
Oramos a Dios que siga trayendo a sus escogidos, a sus ovejas,
a través de la proclamación del Evangelio, de la verdad de que
únicamente es en Cristo que hay esperanza, que hay salvación
y que hay perdón. Amén.

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Joshua

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