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JC

No Puedes Venir a Cristo

John 6:61-65
Joel Coyoc August, 2 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc August, 2 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about coming to Christ?

The Bible teaches that no one can come to Christ unless the Father draws them (John 6:65).

In John 6:65, Jesus explicitly states, 'No one can come to me unless the Father who sent me draws him.' This highlights the sovereign grace of God in salvation, indicating that the initiative belongs to God. The inability of man to come to Christ on their own is a fundamental aspect of Reformed theology, affirming that spiritual life must first be granted by the Father. The drawing of the Father is not a universal call but rather a specific, effective calling that results in true belief and coming to Christ.

John 6:65

How do we know that God's grace is sovereign?

God's sovereignty in grace is evidenced throughout Scripture, particularly in Romans 9:15-16 which states God has mercy on whom He wants.

The evidence of God's sovereign grace is scattered throughout Scripture. For instance, in Romans 9:15-16, Paul writes, 'For he says to Moses, I will have mercy on whom I have mercy, and I will have compassion on whom I have compassion.' This indicates that God's choice to show mercy is purely based on His sovereign will, not on human action or merit. This teaching is consistent with Reformed theology which emphasizes that salvation is entirely God’s work, accomplished through Christ without any contribution from the sinner. The doctrine of election further supports this, showing that grace is not offered to everyone equally but given to those whom God has chosen.

Romans 9:15-16

Why is understanding total depravity important for Christians?

Total depravity teaches that humanity is completely unable to save themselves and is in need of God's grace for salvation.

Understanding total depravity is crucial for a Christian’s faith as it underscores the complete inability of man to achieve righteousness apart from God's grace. Since Adam's fall, all humanity is born in sin, actively inclined towards evil, and incapable of seeking God or saving themselves. This reality is articulated in passages such as Ephesians 2:1-3, which declare that we were once dead in our transgressions and sins. Recognizing our total depravity leads to a deeper appreciation for grace, emphasizing that salvation is a divine gift rather than a human achievement. It places the focus squarely upon Christ as the only hope for redemption and illustrates the need for reliance on the Holy Spirit to regenerate the heart.

Ephesians 2:1-3

What does the Bible say about the necessity of faith to be saved?

Faith in Christ is essential for salvation, as indicated in John 6:40, where Jesus states that belief in Him leads to eternal life.

The necessity of faith for salvation is a core tenet of Christian theology, particularly within the Reformed framework. John 6:40 states, 'For this is the will of my Father, that everyone who looks on the Son and believes in him should have eternal life.' This verse emphasizes that faith is not merely an option but a requirement for receiving salvation. Salvation is rooted in faith—a trust and reliance upon Jesus Christ for eternal life. It is essential to understand that even this faith itself is a gift from God, reinforcing the concept of grace being the driving force behind salvation. Without faith, individuals cannot experience the saving power of the gospel.

John 6:40

Why is it important that Christ is the only mediator?

Christ is the only mediator because He fully satisfies God's justice and is the sole means of reconciliation between God and humanity.

The exclusivity of Christ as the only mediator is fundamental to the Reformed understanding of salvation. In 1 Timothy 2:5, the Bible asserts, 'For there is one God, and there is one mediator between God and men, the man Christ Jesus.' This demonstrates that no other person or deed can bridge the gap caused by sin. Christ's unique role as the God-man is vital because He can fully represent both God and humanity. His perfect life and sacrificial death provide the atonement necessary to satisfy divine justice, allowing for reconciliation with God. This truth emphasizes the importance of relying solely on Christ for salvation, rejecting any attempts to add human effort as a means to earn favor with God.

1 Timothy 2:5

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vamos a abrir nuestras biblias
en san juan capítulo 6 evangelio de san juan en su capítulo
6 la palabra de dios dice así después
de esto Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias,
y le seguía gran multitud porque veían las señales que hacía en
los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte
y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la Pascua, la
fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos y
vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe, ¿De
dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, Haced recostar la gente. Y había mucha hierba
en aquel lugar, y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces, cuánto querían. Y cuando se hubieron saciado,
dijo a sus discípulos, recoged los pedazos que sobraron, para
que no se pierda nada. Recogieron pues, y llenaron doce
cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada, sobraron
a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, Viendo
la señal que Jesús había hecho, dijeron, éste verdaderamente
es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús,
que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a
retirarse al monte él solo. Al anochecer, descendieron sus
discípulos al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el
mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no
había venido a ellos. Y se levantaba el mar con gran
viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas él les dijo, Yo soy,
no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
la barca, la cual llegó enseguida a la tierra a donde iban. El
día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después
de haber dado gracias el Señor. Cuando vio pues la gente que
Jesús no estaba allí ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron
a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro lado del
mar, le dijeron, ¿Rabí, cuándo llegaste acá? Respondió Jesús
y les dijo, De cierto, de cierto os digo, que me buscáis no porque
habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os
saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, esta
es la obra de Dios que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito, pan del cielo
les dio a comer. Y Jesús les dijo, de cierto,
de cierto os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas
mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios
es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron,
Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo, Yo soy el pan
de vida, el que a mí viene, nunca tendrá hambre, y el que en mí
cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho que aunque me
habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá
a mí, y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esa es la voluntad del Padre el que me envió, que de todo
lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en
el día postrero. Y esa es la voluntad del que
me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo y cree en él,
tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban
entonces de él los judíos, porque había dicho, yo soy el pan que
descendió del cielo. Y decían, ¿no es este Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues
dice este, del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo, no
murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si
el padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de Él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo." Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, De cierto, de cierto os digo, si no coméis
la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre en mí permanece y yo en él. Como me envió el Padre viviente
y yo vivo por el Padre, así mismo el que me come, él también vivirá
por mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como vuestros padres comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga enseñando en Capernaum. Al oírlas muchos de sus discípulos
dijeron, dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? Sabiendo
Jesús en sí mismo, que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo,
Esto os ofende. Pues que si vierais al Hijo del
Hombre, subir adonde estaba primero. El Espíritu es el que da vida,
la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado
son espíritu y son vida, pero hay algunos de vosotros que no
creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los
que no creían y quién la había de entregar. Y dijo, por eso
os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le fuere dado
del Padre. Desde entonces muchos de sus
discípulos volvieron atrás y ya no andaban con Él. Dijo entonces
Jesús a los doce, ¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió
Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna. Y nosotros hemos creído, y conocemos
que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Jesús les
respondió, ¿no os he escogido yo a vosotros los doce, y uno
de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era
uno de los doce. Amén. Vamos a meditar los versículos
del sesenta y uno al sesenta y cinco. Dice Jesús muy consciente, voy
a leer una traducción Otra traducción del pasaje de los dos primeros
versículos que dice Jesús muy consciente de que sus discípulos
murmuraban por lo que les había dicho les reprochó. ¿Esto les
causa tropiezo? ¿Qué tal si vieran al hijo del
hombre subir a donde estaba antes? Y en la traducción 1960, dice,
sabiendo Jesús en sí mismo, que sus discípulos murmuraban de
esto, les dijo, esto os ofende, pues que si vierais al Hijo del
Hombre, subid a donde estaba primero, que el Espíritu es el
que da vida. La carne para nada aprovecha.
Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros
que no creen, porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran
los que no creían y quién le había de entregar. Y dijo, por
eso os he dicho que ninguno puede venir a mí si no le fuere dado
del Padre. El tema que vamos a meditar hoy
es, no puedes venir a Cristo. Ninguno puede venir a mí si no
le fuere dado por el Padre. El Señor Jesús conoce el corazón
del hombre. La Biblia lo enseña claramente
y el Evangelio de Juan lo narra en varias ocasiones como Él sabía
de lo que estaban cabilando, murmurando en sus corazones.
Él no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio de
lo que estaba en el interior de las personas. La Biblia nos
dice con toda claridad, engañoso y perverso es el corazón del
hombre más que todas las cosas. ¿Quién lo conocerá? Y la respuesta
es, yo Jehová. Y el Señor Cristo que es Dios
conoce el corazón y él sabía lo que estaba sucediendo en el
corazón de sus discípulos. Es muy probable que cuando aquí
el apóstol Juan escribe y dice, sabiendo Jesús en sí mismo que
sus discípulos, está hablando ya del círculo más íntimo de
sus discípulos. A esos que después él les dijo,
ustedes también se quieren ir y Este pasaje nos muestra qué es
lo que impide que una persona pueda venir a Cristo. Y por lo
menos hay tres cosas que nos muestra el pasaje y es lo que
el Señor Jesús estaba hablando es el Evangelio verdadero. Y
el Señor dice en el versículo 61, sabiendo Jesús en sí mismo
que sus discípulos murmuraban de esto. murmurar del evangelio
verdadero. Una costumbre, una característica
natural, una cualidad natural de los nacidos de Adán es murmurar
de Dios, murmurar del evangelio verdadero. Y sabe, el evangelio
verdadero presenta a Cristo como aquel que es necesario. a Cristo
como aquel que es el único camino a través del cual se puede llegar
al Padre, que es el único medio a través del cual se puede tener
vida eterna. El Evangelio verdadero presenta
al Señor Jesucristo y a Dios el Padre como el corazón y el
centro del Evangelio, un Evangelio que no está centrado en el hombre
sino centrado en Cristo y en Dios el Padre, que es Cristo
el Evangelio mismo y que quita todo lugar para el mérito al
hombre. El Evangelio de esa, ese Evangelio
verdadero es un Evangelio que en el corazón de aquellos que
hemos nacido muertos en delitos y pecados nos hace murmurar. Usted y yo Yo puedo recordar
y yo me imagino que muchos de nosotros podemos recordar tiempos
en que murmurábamos acerca del Evangelio verdadero y a lo largo de la escritura podemos
ver en el pueblo de Israel y en diferentes lugares de la escritura
como la gente caída, la gente que Dios no ha dado aún vida,
y muchas veces aún nosotros, después de haber sido tocados
por la obra del Señor, que seguimos viviendo en un cuerpo que no
es apto para la vida espiritual, volvemos a caer en el engaño
del pecado y caer en murmuración acerca de la forma en que Dios
obra. Recuerde que María y Arón murmuraron
de cómo Dios obraba a través de Moisés y eso fue algo que
Dios consideró de gravedad y fueron heridos con lepra. Pero aquí
los discípulos estaban murmurando acerca del evangelio verdadero,
de este evangelio que presentaba A Cristo como el verdadero pan
y el que da verdadera satisfacción al alma. A Cristo como aquel
que es necesario comer su carne y beber su sangre para tener
vida eterna. A Cristo que es necesario comer
y beber su carne para poder participar de la primera resurrección que
es la resurrección de vida. A Cristo aquel que puede llevarnos
a estar delante del Padre y tener plenitud de gozo. Cristo totalmente
necesario e indispensable. Cristo no es un accesorio. Muchas veces hay gente evangélica
que conoce a gentes que comúnmente hablamos se les ve como buenas
personas y dicen cosas como mi vecino es tan buena persona que
solo le falta Creer, o como dicen en la falsa religión, recibir
a Cristo. Como si Cristo fuera un adornito
más. Cristo es todo. Cristo es necesario
e indispensable. Cristo no es un accesorio. Cristo
es todo. En Él es que estamos completos. Él es nuestra sabiduría, Él es
nuestra redención, Él es nuestra paz, Él es nuestro Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo. Él es todo lo que el creyente
necesita y si no está Cristo, y si te causa murmuración el
hecho de pensar en lo indispensable que es Cristo, no puedes venir
a Cristo. y ninguno puede venir a Cristo.
Todos hemos pasado por tiempos en los cuales murmurábamos del
Evangelio verdadero, murmurábamos del Obrar de Dios. Intentábamos
decir que ese Evangelio que escoge a unos no es justo. Nosotros,
nacidos en injusticia, atestados de toda injusticia intentando
definir lo que es justo. No podemos nosotros definir lo
que es justo cuando no conocemos qué es la justicia. Y nos causaba
molestia, nos causaba enojo. despreciábamos incluso a gente
que predicaba el verdadero evangelio. Así como estas personas estaban
despreciando al Señor Jesucristo y decían, dura es esta palabra,
este evangelio es duro, no soportamos oírlo, mejor nos vamos a otro
lugar donde nos den lo que nos gusta. ¿Sabe? No se puede venir
a Cristo mientras está en esa condición y nadie puede. Ninguno
puede venir a Cristo, dice, ninguno puede venir a mí si no le fuere
dado por el Padre. Dios hizo provisión para esas murmuraciones
que podemos tener acerca del Evangelio verdadero. Allí en
Romanos capítulo 8, versículos del 24 en adelante, dice la Escritura
así, dice No los que son hijos según la
carne son los hijos de Dios, sino los que son hijos según
la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra
de la promesa es ésta. Por este tiempo vendré y Sara
tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también
cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre. Pues
no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal. para
que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no
por las obras, sino por el que llama, se le dijo, el mayor servirá
al menor, como está escrito, a Jacob amé, a Esaú aborrecí. ¿Qué pues diremos? ¿Que hay injusticia
en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés
dice, tendré misericordia del que yo tenga misericordia y me
compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere
ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque
la escritura dice a Faraón, para eso mismo te he levantado, para
mostrar en ti mi poder y para que mi nombre sea anunciado por
toda la tierra. De manera que de quien quiere
tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. Pero
me dirás, ¿por qué puedes sin culpa? Porque ¿quién ha resistido
a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién
eres tú para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro
al que lo formó, por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad
el alfarero sobre el barro para hacer de la misma masa un vaso
para honra y otro para deshonra? ¿Y qué si Dios queriendo mostrar
su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los
vasos de ira, preparados para destrucción y para hacer notoria
las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de
misericordia que él preparó de antemano para Gloria, a los cuales
también ha llamado, esto es a nosotros, no sólo de los judíos, sino también
de los gentiles. Dios previó que íbamos a murmurar,
y Dios dio una respuesta a esas murmuraciones. Dice, a Jacob
amé, a Esaú aborrecí, y de pronto nos molesta. Pero damos gracias
a Dios porque nos ha traído a Cristo, y ahora entendemos debió aborrecer
a los dos. Pero amó a Jacob. Jacob no era
mejor que Saúl. Jacob no merecía sino solamente
la justa ira de Dios al igual que Saúl. Pero el Señor le amó
como nos ha amado, mereciendo su ira y su condenación. Y sabe,
terminó nuestra murmuración porque el Padre nos trajo. Dice después, El Señor Jesús al final del versículo
dice, termina ese versículo 61 con una pregunta, ¿Esto os ofende? ¿Esto os ofende? No puedes venir a Cristo porque
te ofende el Evangelio de la gracia soberana. El evangelio
de la gracia soberana es ofensivo para aquel al que Dios no le
ha dado vida. Sabes, es un evangelio que es
tan atacado, un evangelio que es tan criticado y tan rechazado,
un evangelio al que mucha gente le pone un montón de apodos.
pero que es ese evangelio del cual el apóstol Pablo decía,
no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para
salvación a todo aquel que cree, al judío primeramente y también
al griego. Sabe, no puedes venir a Cristo
mientras te ofende el evangelio. El evangelio de la gracia soberana,
ese evangelio que sigue presentando a Cristo como indispensable y
muestra al hombre carente de mérito. al hombre no como un
hombre bueno que de vez en cuando hace cosas malas, sino como un
hombre que de continuo sus pensamientos son solamente el mal, de un hombre
que es no malo, sino depravación total, ¿sabe? un hombre que no
es capaz porque está muerto en delitos y pecados y a ese a ese
hombre le es ofensivo el evangelio verdadero el evangelio de la
gracia soberana mucha gente pretende estar proclamando un evangelio
que según ellos dicen es por gracia pero ponen mérito en el
hombre entonces no es por gracia sabe el evangelio de la gracia
soberana toda gloria a Dios en la salvación
de un pecador. No hay lugar para felicitarnos
por haber creído en Cristo, porque el Padre nos trajo. Hay lugar
para alabar al Señor y para dar toda gloria a Dios por haber
dado vida a un muerto, por haber abierto los ojos de un ciego,
por haberle dado oídos para oír esas palabras que antes parecían
duras y preguntábamos ¿Quién las puede oír? Y ahora las oímos
y son dulce a nuestro oído. Ahora las escuchamos y podemos
exclamar con Pedro ¿Quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna,
tú tienes palabras que satisfacen el alma, tú tienes palabras de
vida eterna, no hay otro lugar a donde podamos ir. Y el Señor dice algo aquí en
este pasaje que es después de terminar el versículo 61 donde El Señor sabía que murmuraban
y que les ofendía el Evangelio verdadero. Ese Evangelio que
dice que no puedes venir si el Padre no te trae. Porque queremos
creer que sí podemos venir. Hay gente que pretende decirle
a la gente, presentando el Evangelio como si fuera una venta, diciéndole,
te estoy llamando a que hagas la decisión más inteligente de
tu vida. No tiene nada que ver con inteligencia. tiene que ver con el obrar del
Espíritu Santo en el corazón del hombre. Pero el Señor después
les dice en el versículo 62, si esto les ofende, de esto murmuran,
dice, pues que si vieres al Hijo del Hombre subir a donde estaba
primero. Pues que si vieres al Hijo del
Hombre subir a donde estaba primero. Y aquí el Señor está diciendo
algo. El Señor está hablando de su gloria. Está hablando de
aquella gloria que le decía al Padre, gloríficame con aquella
gloria que tuve cuando estaba al lado tuyo. Y sabe, el Señor
está diciendo, no puedes venir a Cristo. Y no puedes venir a
Cristo y no puedes ver la gloria de Cristo. No puedes ver la gloria
de Cristo si el Padre no te trae a Cristo. Hay quienes han podido
ver la gloria de Cristo, pero no tiene nada que ver con quienes
la hemos visto. Tiene todo que ver con que el
Padre nos ha traído a Cristo. ¿Sabe? Felipe vio la gloria de
Cristo. y dijo que él era verdaderamente
el Rey de Israel. La mujer samaritana al final
vio la gloria de Cristo. No tenía nada que ver con ella.
Allá en las bodas de Caná, sus discípulos vieron su gloria y
creyeron. Al final, cuando Jesús le dijo
a Nicodemo en capítulo 3, dice, así como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida
eterna. Y Dios fue trayendo luz a Nicodemo
cuando al final Cristo fue levantado como Moisés levantó la serpiente.
Y él vio la gloria de Cristo. Y él dejó de ser un discípulo
secreto. Y él fue y pidió el cuerpo del
Señor para darle sepultura. Y el Señor está diciendo, no
puedes creer, no puedes venir a mí, no puedes ver mi gloria.
Si esto te ofende, pues qué si vieres al Hijo del Hombre a donde
estaba primero. Y tiene todo que ver con el hecho
de que Dios es el que da el don de la fe para creer, y para ver
la gloria de Dios es necesario creer. Dice Juan capítulo 11,
versículo 39 al 40, dijo Jesús, quitad la piedra. Marta, la hermana
del que había muerto, le dijo, Señor llene ya, porque es de
cuatro días. Jesús le dijo, no te he dicho
que si crees verás la gloria de Dios, no te he dicho que si
crees verás la gloria de Dios, pero no puedes creer si estás
murmurando, no puedes creer si el evangelio verdadero de la
gracia soberana te ofende. No puedes ver la gloria de Dios
a menos que el Padre te traiga a Cristo. Y cuando vengas a Cristo
entonces vas a ver la gloria de Dios. La gloria de Dios en
la faz del Señor Jesucristo. Aquel verbo que se hizo carne
y habitó entre nosotros y vas a poder decir con Juan, vimos
su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de
verdad. Damos gracias a Dios porque todo
esto nos lleva a reconocer cuán incapaces somos, totalmente incapaces,
para poder adorar a Dios por lo que ha hecho a favor de nosotros.
Hemos venido porque el Padre nos ha traído. Hemos venido porque
Él tuvo misericordia de nosotros, porque Él es rico en misericordia.
Y en la Escritura hay un ejemplo. Mientras unos fueron viniendo
más rápido, Dios tiene su tiempo y su forma de trabajar con cada
uno. Pero ninguno puede venir hasta que el Padre le trae. Y
quisiera yo leer un pasaje que ilustra mucho esto que dijo Jesús,
que si vierais al Hijo del Hombre, dice, pues que si vierais al
Hijo del Hombre subir a donde estaba primero. Y hay un pasaje
donde hay una situación muy similar a esta. que se da entre los judíos
y una proclamación del evangelio. Y ese pasaje está en Hechos capítulo
7, versículos 5, bueno, todo el capítulo 7, pero eso lo voy
a leer del 51 al 60. Y quiero leer este pasaje porque
este pasaje nos va a llevar a fijarnos mucho más que todo el mérito
de nuestra salvación es de Dios y nos va a llevar a ser más humildes
y a poder adorar de una mejor manera a aquel que nos amó y
nos lavó de nuestros pecados con su sangre. Nos va a llevar
a amar y a valorar más el hecho de que es el Padre que nos trajo
porque fue misericordioso con nosotros. Todo el capítulo 7
describe desde el capítulo anterior como el evangelio seguía haciendo
que la gente murmurara. El evangelio seguía causando
enojo, seguía ofendiendo a los nacidos de Adán que estaban muertos
espiritualmente, aquellos que no habían nacido de nuevo. Y
el instrumento que Dios utilizó para esta predicación es Esteban.
Interesantemente estaba ahí un joven, Saúl. que también, como
todos nosotros, tuvo su tiempo de murmurador contra Dios, contra
el actuar de Dios, contra el Evangelio Verdadero. Un tiempo
en que el Evangelio Verdadero le causó tal ofensa que él estaba
dispuesto a terminar con la Iglesia del Señor Jesucristo, no sólo
en Jerusalén, sino si era necesario, hasta donde fuera necesario, hasta que el Padre le trajo. La conclusión del sermón de Esteban
dice, a partir del versículo 51, duros le servís e incircuncisos
de corazón y de oídos. Vosotros resistís siempre al
Espíritu Santo, como vuestros padres, así también vosotros.
¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres y mataron a los
que anunciaron de antemano la venida del justo? de quien vosotros
ahora habéis sido entregadores y matadores, vosotros que recibisteis
la ley por disposición de ángeles y no la guardasteis. Oyendo estas
cosas se enfurecían en sus corazones y crujían los dientes contra
él. Pero Esteban lleno del Espíritu
Santo, puesto los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios
y a Jesús que estaba a la diestra de Dios. Lo que dijo Jesús a
los judíos ahí, pues que si vieres al Hijo del Hombre, subira donde
estaba primero. Y Esteban, terminando su predicación,
estaba ellos enojados, ofendidos, murmurando. Pero Esteban estaba
viendo al Hijo del Hombre a donde estaba primero. Dice, Esteban
lleno del Espíritu Santo, puesto los ojos en el cielo, vio la
gloria de Dios y a Jesús que estaba a la diestra de Dios y
dijo, he aquí veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre
que está a la diestra de Dios. Entonces ellos dando grandes
voces taparon los oídos y arremetieron a una contra él y echándole fuera
de la ciudad le apedrearon y los testigos pusieron sus ropas a
los pies de un joven que se llamaba Saulo y apedreaban a Esteban
mientras él invocaba y decía Señor Jesús recibe mi espíritu
y puesto de rodillas clamó a gran voz Señor no les tomes en cuenta
este pecado Y habiendo dicho esto, durmió. Y estaba Saulo
que también murmuraba y también le ofendía el Evangelio. Y sabe
que él no podía. Él no podía como nosotros no
pudimos. No podía venir a Cristo. Pero sabe, un día, él se levantó
con todo el enojo y con toda la ofensa que le causaba el Evangelio
y de la gracia soberana. El Evangelio que quitaba todo
lugar a las obras y él se levantó para ir y matar a esos cristianos
en el extranjero y Dios lo trajo a Cristo. Él pudo por fin venir
a Cristo. Iba en su caballo cuando de pronto
al mediodía le apareció una luz que era mayor que la luz del
sol y lo derribaron del caballo. y ahí entre el polvo de la tierra. Allí Él vino al Señor Jesucristo. Allí Él levantó sus ojos y dijo,
¿Quién eres, Señor? Y la respuesta fue, Soy yo Jesús
a quien tú persigues. Vio allí la gloria del Señor
Jesucristo. No la pudo ver cuando Esteban
la estaba viendo. No la pudo ver mientras estaba
murmulando del Evangelio Verdadero. No la pudo ver mientras estaba
ofendido por el mensaje del Evangelio Verdadero. Pero ¿sabe qué? Él
lo pudo ver. cuando el Padre le trajo al Señor
Jesucristo. Nadie puede venir a mí, ninguno
puede venir a mí si el Padre, si no le fue heredado por el
Padre. Sabe, damos gracias a Dios. Nosotros venimos porque el Padre
nos trajo. No hay lugar para el orgullo,
hay lugar para adorar a aquel que nos amó y nos lavó de nuestros
pecados con su sangre. Hay lugar para alabar al Padre
que nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo
para alabanza de la gloria de su gracia. Y damos gracias a
Dios porque cuando vemos la gloria de Dios. Cristo, su vida en nosotros
nos capacita para mostrar la gloria de Dios. ¿Sabe? Cristo,
Esteban estaba mostrando el carácter de Cristo. Muriendo y haciendo
cosas similares a Cristo porque la vida de Cristo estaba en él.
Porque el Espíritu Santo estaba en él, lleno del Espíritu Santo.
Y él dijo, vio la gloria de Dios y mostró la gloria de Dios. No
se puso a protestar, no se puso a quejar. oró por aquellos que
lo estaban matando. Y Él dijo, como el Señor Jesús,
encomiendo mi espíritu en tus manos, no les tomes en cuenta
este pecado. Es el Evangelio verdadero, el
que nos capacita para poder recuperar, no lo que Adán perdió, sino mucho
más ahí de lo que Adán perdió. En Adán perdimos la capacidad
de la gloria de Dios, por cuanto todos pecaron, están destituidos
de la gloria de Dios. Pero en Cristo no vamos a recuperar
lo que Adán perdió. Adán podía pecar o no pecar.
Sin Cristo sólo podemos hacer una cosa, pecar. Y nada más que
pecar. Y la paga del pecado es muerte. Pero en Cristo hay vida. Y una
vida que va más allá de lo que Adán perdió. el no poder pecar
y es nuestra esperanza. Ver a Cristo para ser hechos
como Él es y ya ser totalmente libres de la presencia del pecado
en nuestras vidas. Damos gracias a Dios porque sabemos
que no te estamos predicando para llamarte y como para ofrecerte,
darte una oferta. Proclamamos el Evangelio porque
si Dios te ha elegido Te va a atraer, no sé si como a Pablo, o como
a Tomás, o como a Nicodemo, o como a Marta, o como a Felipe. Dios
tendrá su forma muy particular de tratar contigo, pero Dios
te va a atraer. Te va a hacer dejar de murmurar
del Evangelio. Va a hacer que dejes de causarte
ofensa. Y sabes que con humildad vas
a venir corriendo al Señor Jesucristo y vas a poder tener la bendición
de unirte al coro de aquellos que podemos alabarle porque reconocemos
que toda la gloria en nuestra salvación es a Él. Amén.

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Joshua

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