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JC

Las Palabras de Cristo

John 6:53-71
Joel Coyoc August, 2 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc August, 2 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about Jesus being the bread of life?

Jesus declared Himself as the bread of life, emphasizing that only by partaking in Him can one have eternal life.

In John 6:51-58, Jesus identifies Himself as the bread of life, stating that those who eat His flesh and drink His blood have eternal life. This signifies a deep spiritual union and total reliance on Christ for spiritual nourishment. His repeated emphasis on this metaphor illustrates the exclusivity of His claim: only by fully accepting and believing in Him can one attain eternal life. This point is crucial as it transcends physical needs, pointing to the soul's ultimate satisfaction and divine sustenance through Jesus.

John 6:51-58

How do we know the resurrection is guaranteed for believers?

The guarantee of resurrection is assured for those who partake in Christ's body and blood, as stated by Jesus himself.

Jesus explicitly indicates in John 6:54 that 'whoever eats my flesh and drinks my blood has eternal life, and I will raise him up on the last day.' This promise serves as a foundation for the believer's hope in resurrection. The act of eating and drinking symbolically represents the faith and acceptance of Christ's sacrifice and thus secures the believer's place in eternal life. Therefore, communion with Christ provides not only spiritual sustenance but also the assurance of resurrection on the day of judgment, which underlines the weight of believing in Him.

John 6:54

Why are the words of Jesus described as revealing?

The words of Jesus reveal the true state of hearts, whether they accept or reject Him.

The words of Jesus serve as a mirror reflecting the spiritual condition of individuals. In John 6:64, He acknowledges that there are some who do not believe. His teachings expose the depths of human depravity and the necessity of divine intervention in drawing individuals to Him (John 6:65). The response to His teachings reveals what is truly in the heart; those who murmur against His hard sayings indicate an unregenerate heart, while those who acknowledge Him as the source of life reflect a heart transformed by God’s grace.

John 6:64-65

How does Jesus provide true satisfaction for believers?

Jesus provides true satisfaction as He is the only source that fully fulfills spiritual hunger and thirst.

In John 6:35, Jesus states that 'whoever comes to me shall not hunger, and whoever believes in me shall never thirst.' This points to a profound truth: only through Christ can one's deepest longings be satisfied. Unlike physical food which ultimately leaves us wanting more, the spiritual nourishment from Jesus fills and satisfies the soul. Believers are invited to continually feast upon His words and the reality of His presence, allowing them to find ultimate joy and peace in communion with Him. The sufficiency of Christ proves that no earthly pleasures can compare to the satisfaction found in a relationship with Him.

John 6:35

Sermon Transcript

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Buenos días, hermanos. Vamos
a abrir nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan. Capítulo seis del Evangelio de
San Juan. Dice la palabra de Dios Después
de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud porque
veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió
Jesús a un monte y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús
los ojos y vio que había venido a él gran multitud, Dijo a Felipe,
¿de dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, Aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos. ¿Mas qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo, haced recostar
la gente. Y había mucha hierba en aquel
lugar y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes. Y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado,
dijo a sus discípulos, recoged los pedazos que sobraron, para
que no se pierda nada. Recogieron pues, y llenaron doce
cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron
a los que habían comido. Aquellos hombres, viendo la señal
que Jesús había hecho, dijeron, éste verdaderamente es el profeta
que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús, que iban
a venir para apoderarse de él, y a ser rey, volvió a retirarse
al monte él solo. Al anochecer, descendieron sus
discípulos al mar, Y entrando en una barca, iban cruzando el
mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no
había venido a ellos. Y se levantaba el mar con gran
viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar, y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas él les dijo, Yo soy,
no temáis. Ellos entonces con gusto le recibieron
la barca, la cual llegó enseguida a la tierra a donde iban. El
día siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias, junto al lugar donde habían comido el pan después
de haber dado gracias el Señor. Cuando vio, pues, la gente, que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en la barca
y fueron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, De cierto, de cierto os digo, que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan
y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre.
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿Qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito, pan del cielo
les dio a comer. Y Jesús les dijo, De cierto,
de cierto os digo, No os dio Moisés el pan del cielo, Mas
mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios
es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron, Señor, danos siempre
este pan. Jesús les respondió, yo soy el
pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá
hambre y el que en mí cree no tendrá sed jamás. Mas os he dicho
que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre
me da vendrá a mí. Y al que a mí viene, no le echo
fuera, porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre,
el que me envió, que de todo lo que me diere, no pierda yo
nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la
voluntad del que me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo
y cree en Él, tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día
postrero. Murmuraban entonces de él los
judíos, porque había dicho, yo soy el pan que descendió del
cielo. Y decían, ¿no es este Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues
dice éste, del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo, no
murmuréis entre vosotros, Ninguno puede venir a mí, si el Padre
que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, de cierto, de cierto os digo, si no coméis
la carne del hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera
comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne
y bebe mi sangre en mí permanece y yo en él. Como me envió el
Padre viviente y yo vivo por el Padre, así mismo el que me
come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió
del cielo, no como vuestros padres comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchos
de sus discípulos dijeron, dura es esta palabra, ¿quién la puede
oír? Sabiendo Jesús en sí mismo, que
sus discípulos murmuraban de esto, les dijo, ¿esto os ofende? Pues que si vierais al Hijo del
Hombre, subiera donde estaba primero. El espíritu es el que
da vida. La carne para nada aprovecha.
Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero
hay algunos de vosotros que no creen, porque Jesús sabía desde
el principio quiénes eran los que no creían y quién le había
de entregar. Y dijo, por eso os he dicho que
ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del Padre. Desde
entonces, Muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban
con él. Dijo entonces Jesús a los doce,
¿queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro, Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna,
y nosotros hemos creído y conocemos que Tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente. Jesús le respondió, ¿no os he
escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era
uno de los doce. Vamos a meditar los versículos
del cincuenta y tres hasta el versículo setenta y uno y voy
a dar lectura a tres versículos, no a los, no del cincuenta y
tres al setenta y uno, que es el versículo sesenta, el versículo
sesenta y tres y el versículo sesenta y ocho. Dice, al oírlas,
muchos de sus discípulos dijeron, dura es esta palabra. ¿Quién
la puede oír? 63. El espíritu es el que da
vida. La carne para nada aprovecha.
Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 68. Le respondió Simón Pedro,
Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Y nuestro tema hoy es las palabras
de Cristo, las palabras de Cristo. Este pasaje nos enseña las palabras
de Cristo, qué es lo que dijo Cristo, cuál era el contenido
de sus palabras, el contenido de sus mensajes. Este pasaje
también nos enseña a qué es verdaderamente las palabras de Cristo. También
nos enseña las respuestas, nos enseña que las palabras de Cristo
son reveladoras, las palabras de Cristo son reveladoras y las
palabras de Cristo pues son palabras de Dios porque Él es Dios hecho
hombre, porque en el principio era el verbo y el verbo era con
Dios y el verbo era Dios. Todas las cosas por Él fueron
hechas y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Cristo
es Dios hecho hombre, es el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo, es la palabra la palabra viviente del Señor Jesucristo
que tomó forma humana. Y hay un versículo interesante
en 2 Corintios 4, 6 que dice, porque Dios que mandó que de
las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció
en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo. Porque Dios que mandó que de
las tinieblas, Dios con el poder de su palabra hizo la creación.
Dios con el poder de su palabra ha hecho una nueva creación en
el corazón de su pueblo escogido. Los ha hecho nacer de nuevo por
su palabra que es poderosa. Ahora, ¿qué es lo que dice este
pasaje acerca de las palabras de Cristo? En primer lugar, lo que nos dice
es que las palabras de Cristo nos dicen que únicamente, y es
importante, únicamente comiendo su carne y bebiendo su sangre,
el señor enfatiza demasiadas veces porque es de suma importancia
el hecho de comer su carne y beber su sangre y él lo va repitiendo
y lo va repitiendo y lo va repitiendo lo necesario que es de comer
su carne y beber su sangre y nos va enseñando qué es lo que ocurre,
su enseñanza, su palabra dice qué es lo que ocurre al comer
su carne y beber su sangre. Lo primero que el Señor Jesús
nos dice en el versículo cincuenta y tres, dice, Jesús les dijo,
de cierto, de cierto os digo, o sea, de verdad, de verdad te
estoy diciendo, si no comes la carne del hijo del hombre, si
no coméis la carne del hijo del hombre y bebéis su sangre, y
muy importante, dice, no tenéis vida en vosotros. Únicamente
comiendo la carne de Cristo y bebiendo su sangre se puede tener vida. Única y exclusivamente. No existe
otra manera. Toda persona que nace en este
mundo nace muerto espiritualmente. Es un hombre natural que no percibe
las cosas del espíritu. Tiene vida física y nada más. pero no tiene vida. Desde que
nace, lentamente está muriendo. Día tras día nacemos. y lentamente vamos muriendo,
muriendo hasta que llega el momento que Dios ha determinado el límite
de nuestros días y de ahí el hombre no puede pasar. Pero única
y exclusivamente comiendo la carne de Cristo y bebiendo su
sangre se puede tener vida. Y comer la carne es el hecho
de que Cristo sea uno. de tener una total confianza
de, así como el alimento entra a nosotros y es absorbido por
nuestro cuerpo y llega a ser parte de nuestro cuerpo en los
nutrientes, es la figura que se utiliza para hablar de lo
que significa creer en el Señor Jesucristo. En el versículo 54,
el Señor lo vuelve a enfatizar y dice, el que come mi carne
y bebe mi sangre tiene vida eterna, única y exclusivamente. El que
come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna. Versículo
57, Jesús dice, como me envió el Padre viviente y yo vivo por
el Padre, asimismo el que me come Él también vivirá. No hay otra manera y Jesús lo
está repitiendo y repitiendo para dejarlo bien, bien claro
que no existe ninguna otra manera de poder tener vida espiritual. Versículo 58 dice el Señor Jesús,
este es el pan que descendió del cielo, no como vuestros padres
comieron el maná y murieron. El que come de este pan, hablando
de sí mismo, el que come de este pan vivirá eternamente. Estas son las palabras del Señor
Jesucristo y que se está tomando el tiempo de poner el punto y
volver a golpear y a golpear sobre la misma verdad importante. No es que tienes vida eterna
porque naces en determinada familia. No es que tienes vida eterna
porque practicas tal o cual religión, incluso Esta gente pues practicaba
una religión que estaba basada en el Antiguo Testamento. Incluso
si tu religión está basada en la Escritura, es única y exclusivamente
comer la carne y beber la sangre de Cristo. No hay otra manera. La otra cosa que Jesús va a decir
acerca, sus palabras están diciéndonos, es acerca de la garantía de resurrección. Sólo comiendo la carne y bebiendo
la sangre del Señor Jesucristo se puede tener garantía de resurrección. Versículo 54 dice el Señor Jesús,
el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y termina,
y yo le resucitaré en el día postrero. Y yo le resucitaré
en el día postrero. Solamente, únicamente, exclusivamente,
por comer la carne y vivir la sangre del Hijo de Dios, del
Señor Jesucristo, del Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo, hay garantía de participar de la resurrección de vida. Porque
todos van a resucitar. Sin embargo, aquellos que no
comen la carne y beben la sangre, van a resurrección de condenación. Pero aquellos que comen la sangre
y beben, comen la carne y beben la sangre del Señor Jesucristo,
van a tener una garantía dada por el mismo Señor Jesucristo
de resucitar para vida. Jesús también nos dice algo que
es maravilloso y es Únicamente comiendo la carne
y viviendo la sangre del Señor Jesucristo es que hay verdadera
satisfacción y nada más. Dice el versículo 55, porque
mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. ¿Sabe? Es la comida y la bebida
que el alma requiere. Es la que puede satisfacer todas
las necesidades del alma. Es aquella que puede satisfacer
la necesidad de gozo. Es aquella que puede satisfacer
la necesidad perdida al cometer pecado que es por cuanto todos
pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Y solamente
creyendo en el Señor Jesucristo, comiendo su carne y bebiendo
su sangre, puede haber satisfacción del alma, de hallar el lugar
de gozo, de poder reflejar la gloria de Dios, satisfacción
a la justicia que Dios demanda de mí. La satisfacción total
en todos los aspectos de mi vida se encuentra únicamente en las
palabras del Señor Jesucristo que expresan que Es en él que
se halla la verdadera satisfacción porque su carne es verdadera
comida y su sangre es verdadera bebida. No importa cuán sustanciosa
pueda ser tu comida material. No importa cuánto deleite o a
qué cosas puedas tener acceso, jamás van a satisfacer tu alma. Pensamos en cosas de belleza
en esta tierra y pensamos, por ejemplo, en la música. Pero la música no puede satisfacer
el alma porque es el eco de una melodía que nunca hemos escuchado.
¿Sabe la belleza del perfume de las flores? sólo es la esencia
de una flor que nunca hemos mirado. Sabe, es en el Señor Jesucristo
que se encuentra verdadera satisfacción del alma y el Señor Jesucristo
mismo lo está expresando aquí con sus palabras. Ahora, ¿qué son las palabras
del Señor Jesucristo? Las palabras del Señor Jesucristo
son poderosas porque son palabras de Dios mismo que se hizo hombre. El versículo 63 dice, el espíritu
es el que da vida, la carne para nada aprovecha. Las palabras
que yo se ha hablado son espíritu y son vida. Esta gente vivía
ocupada y haciendo memoria de cosas como que sus padres comieron
el maná pero de todos modos se murieron. Y al final de cuentas,
como eran hombres naturales que no percibían las cosas del espíritu,
andaban solamente en lo superficial y el Señor les llama la atención
No te ocupes demasiado en las cosas de tu carne. La carne para
nada aprovecha. El espíritu es el que da vida.
Y aquí deja algo bien importante con respecto a sus palabras.
Las palabras que os he hablado son espíritu y son vida. ¿Sabes? Sus palabras son poderosas
porque son palabras de Dios. las palabras que él ha hablado
son aquellas por las cuales él constituyó el universo, las palabras
que él ha hablado y pone en semejanza a lo que sucede en el corazón
de los escogidos cuando él nos da vida, es prácticamente una
nueva creación, se necesita poder tan grande como el que se necesitó
para la creación, para dar vida a un muerto en delitos y pecados. Es un milagro más grande que
hacer llover maná del cielo. Ellos comieron pan milagroso
y de todos modos murieron. Eso es lo que son las palabras,
las palabras del Señor Jesucristo. Sus palabras son espíritu y son
vida. Y aquí quisiera hacer una mención a algo importante. Después
vamos a mirar que este pasaje nos enseña que las palabras de
Cristo son reveladoras. Y cuando miramos que las palabras
de Cristo son reveladoras, van a revelar lo que hay en el corazón
de las personas, van a revelar lo que Cristo ya sabía, van a
revelar cómo diferentes personas responden a las palabras de Cristo. Sin embargo, eso no quiere decir,
como mucha gente piensa hoy día y está de moda, mucha gente dice
hoy día, no hay tal cosa como verdad absoluta, tú tienes tu
verdad, yo tengo mi verdad y todos tienen su verdad. No existe. Eso es ridículo. Eso es necio. En verdad existe tal cosa como
la verdad absoluta. Las palabras del Señor son verdad. Dios es verdad. Cristo dijo,
yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Existen absolutos. No importa cómo tú lo veas. puedes
verlo y es muy probable que lo veas de manera equivocada porque
estás ciego espiritualmente y seguramente la manera en que percibes está
dictada por la naturaleza de tu corazón engañoso y perverso
pero no existe tal cosa como tú lo ves de una forma y yo lo
veo de otra forma Hay una sola forma. Y damos gracias a Dios
porque hay a quienes Dios ha querido revelarnos cuál es esa
forma y hemos podido ver la forma. ¿Sabe? Las palabras del Señor,
aunque hay diferentes respuestas, son verdaderas. No es mi verdad,
es la verdad absoluta aunque no lo aceptes. Hay y existe tal
cosa como la verdad absoluta. La palabra de Dios es verdad
absoluta. No importa si te enoja, como
le enojaba a los judíos en aquel entonces, siguió siendo verdad. No importa si lo crucificaron
al Señor Jesucristo, eso no cambió las cosas. Por el contrario,
confirmó que su palabra es verdad y que existe tal cosa como la
verdad absoluta. ¿Sabe? Las palabras del Señor
Jesucristo son espíritu y son vida, y son palabras verdaderas. Son palabras de vida eterna.
No importa si alguien las ve de una manera distinta, ¡qué
triste! damos gracias a Dios, nuestra
visión coincide con lo que Dios dice, no por nosotros, sino porque
Él ha querido abrir nuestros ojos. La tercera cosa que nos enseña
el pasaje es que las palabras de Cristo son reveladoras. Las
palabras de Cristo revelan lo que Cristo ya sabía. El versículo
64 dice así, Pero hay algunos de vosotros que no creen, porque
Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían
y quién le había de entregar. Las palabras de Cristo son reveladoras,
revelan lo que Cristo ya sabía. Nos revela, por ejemplo, si el
Padre no te ha traído a Cristo. Si el Padre no te ha traído a
Cristo, seguramente el versículo 65 dice, y dijo eso, y dijo, por eso os he dicho que ninguno
puede venir a mí si no le fuere dado del Padre. Y dijo, por eso
os he dicho, ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del
Padre. ¿Sabes? Las palabras de Cristo
y la manera en que respondes revelan si el Padre no te ha
traído al Señor Jesucristo. Puede que aún no te haya traído,
pero si te ha escogido en su debido momento, te va a traer.
Y puede ser que no te traiga, porque Dios tiene vasos de misericordia
y también tiene vasos para ir a que Él soporta con paciencia. Si el Padre no te ha traído a
Cristo, entonces vas a decir como en el versículo 60, al oírlas
muchos de sus discípulos dijeron dura es esta palabra, ¿quién
la puede oír? las palabras de Cristo son reveladoras
y revelan, si el padre aún no te ha traído a Cristo escuchas
la palabra de Cristo y te parece duro, esto es duro, es duro que
sólo en sus palabras hay vida, yo pensé que también podía ver
en mi religión o porque mi papá es tal o porque yo procuro ser
moral, y te parece duro, te molesta, piensas que eres mejor de lo
que Dios dice y te parece duro, pues yo soy buena persona pero
Dios dice eres depravación total, tus pensamientos son de continuo
solamente el mal, lo que yo demando no es tu mejor esfuerzo sino
es perfección, lo único que mereces de mí es condenación y tú piensas
que mereces y te parece duro y respondes como esta gente dura
es esta palabra, ¿quién las puede oír? no soportas oírlas. Las palabras de Cristo son reveladoras. Dice el versículo 66, desde entonces
muchos de sus discípulos volvieron atrás, volvieron atrás Desde
entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás. Las palabras
de Cristo son reveladoras. ¿Sabe? Volvieron atrás porque
no hallaban satisfacción en Cristo. Y las palabras de Cristo estaban
revelando, su satisfacción no estaba en el Señor Jesucristo,
su satisfacción estaba en que Cristo les hiciera la vida aquí
más feliz y cómoda, que les diera pan y pescado gratis sentados
en el pasto sin tener que trabajar y comieran hasta que se llenaran.
que tuvieran un rey que resolviera sus problemas políticos y echara
a los romanos, eso es lo que ellos estaban buscando, ellos
estaban equivocados de pensar que teniendo esas cosas iba a
haber satisfacción, no hallaban satisfacción en Cristo, las palabras
de Cristo Cuando Cristo habló de lo que verdaderamente es importante,
y dónde se encuentra lo que en verdad es importante, entonces
volvieron atrás, porque no había satisfacción para ellos en el
Señor Jesucristo. Las palabras de Cristo estaban
revelando a dónde estaba su satisfacción, a dónde estaba su gozo, a dónde
estaba su tesoro, y volvieron atrás. Las palabras de Cristo, dice
el versículo 66, otra cosa que sucedió, dice, desde entonces
muchos de sus discípulos, y la parte final dice, ya no andaban
con Él, dejaron de venir a Cristo. Dejaron de venir a Cristo porque
en verdad nunca habían venido a Cristo. Nunca habían venido
a Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
A Cristo, el Dios hecho hombre. ¿Sabe? Ellos estaban detrás de
un Cristo que conocían a su papá y a su mamá, que eran José el
Carpintero. Ellos habían venido a un Cristo
que era el profeta que había de venir, pero al final, un profeta
humano. Ellos habían venido a Cristo,
a ese Cristo que le decían, como le llamamos, Rabí. Vienes de
Dios, pero al final eres un rabío, eres un maestro humano. Nunca
habían venido a Cristo, a aquel verbo que se hizo carne, aquella
luz verdadera que alumbra a todos los hombres, a aquel que es el
pan de vida, aquel que es el cordero de Dios que quita el
pecado del mundo, aquel que es Dios hecho hombre. Versículo 64. Dice, pero hay algunos de vosotros
que no creen, porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran
los que no creían y quién la había de entregar. Las palabras
de Cristo son reveladoras y estaban revelando quién era un incrédulo. ¿Quién era un hombre natural?
Un hombre que no percibía las cosas del espíritu. Un hombre
que estaba centrado solamente en los asuntos de la carne, aunque
la carne para nada aprovecha. Y que no le daba valor a las
palabras del Señor Jesucristo, que son espíritu y son vida.
Y que simplemente terminaba diciendo, duras son estas palabras. ¿Quién
las puede oír? Yo no las puedo oír, mejor me
voy, mejor lo dejo de seguir. Y sabe, por último el Señor Jesús
nos da un ejemplo. El ejemplo es, termina diciendo
en el versículo 70 al 71, Jesús le respondió, no os he escogido
yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo. Hablaba
de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque este era el que le iba
a entregar y era uno de los doce. Sabe, hubo muchos que físicamente
se fueron y dejaron de seguir a Jesús. Judas aparentaba que
seguía, hasta el final él seguía. ¿Sabe? Seguir a Cristo, hallar
satisfacción en Cristo, comer su carne y beber su sangre, es
algo que sólo el Padre da. Y en este caso, Judas era un
vaso para ir. ¿Y sabe qué importante que es
que la Palabra de Cristo rebele? Porque no significa que dentro
del círculo de la gente que sigue a Cristo no tengas un cargo. Judas era el que administraba
las finanzas. No significa que físicamente
no sigas siguiendo y estés en reuniones o en un círculo de
personas. Nadie puede venir a mí si no
le fuere dado por el Padre. Y sabe, Judas seguía. pero no se le había revelado
Cristo. En contraste, seguimos viendo que sus palabras
son reveladoras. El versículo 65 dice, vamos antes
de empezar, qué es lo que revela de las otras personas recordemos
el versículo que dice, y dijo, por eso os he dicho que ninguno
puede venir a mí si no le fuere dado del Padre. ¿Por qué repito
este versículo? Para que no perdamos de vista
que lo que revela de unas personas hace contraste con lo que revela
de otras personas. Pero el mérito no está en las
personas, el mérito está en Dios que eligió, en Dios que nos trae
al Señor Jesucristo y dijo, por eso os he dicho, ninguno puede
venir a mí si no le fuere dado del Padre. No nos sentimos mejores
que aquellos otros. porque estábamos igual. Nos mantuvimos
igual hasta que Dios misericordiosamente hizo la diferencia. revelan, sus palabras revelan
y revelan si has sido traído por el Padre. Versículo 68, dice
Pedro, le respondió Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes
palabras de vida eterna, las mismas palabras que unas personas
dijeron, duras son estas palabras, ¿quién las puede oír? Y aquí
alguien a quien le dijeron, bienaventurado eres, porque esto no te lo reveló
carne ni sangre sino mi padre que está en los cielos sino aquel
que es rico en misericordia y simón está diciendo se está revelando
su corazón y se revela que sus palabras al igual que con Simón,
cuando sus palabras te son lo que en realidad son, palabras
de vida eterna, no es que Pedro las percibía así, Pedro las percibía
así, no porque era la verdad de Pedro, Pedro lo percibía así
porque el padre le había querido revelar la verdad absoluta, y
la verdad absoluta es que las palabras de Cristo son palabras
de vida eterna, no porque Pedro era más inteligente, porque el
Padre le trajo al Señor Jesucristo, no porque ninguno de nosotros
sea más inteligente, es porque el Padre ha querido revelarnos,
es porque el Padre ha querido abrir nuestros ojos, el Padre
ha querido mostrarnos y hacernos percibir la verdad y entonces
estamos viendo las palabras de Cristo como lo que en realidad
son palabras de vida eterna. Versículo 68 dice, le respondió
Simón Pedro, Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de
vida eterna. Damos gracias a Dios porque a
los otros no les tuvieron que preguntar si se querían ir, se
fueron. El Señor se voltea, contrario a lo que mucha gente, muchos
predicadores pudieran hacer hoy. ¿Sabes? El Señor Jesús le dice
a la gente, no puedes, no puedes venir a mí. El Señor Jesús se
voltea y le dice a la gente, ¿te quieres ir? Pues están abiertas
las puertas, adelante, puedes irte. Pero ¿sabes? Las palabras
de Cristo son reveladoras. y revelan que si el Padre te
ha traído a Cristo, entonces no sólo percibes las palabras
de Cristo como lo que en realidad son, sino no hayas satisfacción
fuera de Cristo. ¿Sabe por qué no se fue Pedro?
Porque no había satisfacción para Pedro fuera del Señor Jesucristo. ¿A quién iremos? Si voy, Pedro
tenía esposa. Y Pedro, pues si voy con mi esposa,
mi esposa no tiene satisfacción para mí. a mis hijos no tiene
satisfacción para mí. Mi trabajo, mi profesión, nada
puede satisfacer mi alma. Señor, no tengo a dónde ir. Mi
religión no puede satisfacer mi alma. Mi linaje, el ser descendiente
de alguien no puede satisfacer mi alma. ¿Sabe? ¿A quién iremos? No hay a dónde ir. El que ha
probado la benignidad del Señor, aunque le pregunten si quieres
irte también, Dice la Escritura, hablando justo de las palabras
de Cristo, mismo el apóstol Pedro escribe, dice, Desead como niños
recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella
crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad
del Señor. Digamos, gracias a Dios, porque
el Padre nos ha traído a Cristo. y nos ha revelado que no hay
otro lugar donde ir, nos ha enseñado que el gozo no está en que las
cosas salgan como las planeamos, el gozo no está en que las personas
hagan las cosas como nosotros queremos, el gozo está en tu
presencia y plenitud de gozo, delicia hasta tu diestra para
siempre, allí es donde se encuentra el gozo. Cuando no hayamos satisfacción
en ningún otro lugar, no importa si escasea el pan físico o el
trabajo, podemos exclamar con el profeta, aunque la higuera
no florezca ni en las vides haya fruto, aunque las vacas sean
quitadas de los corrales y las ovejas de la majada, con todo
yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación. Sabe que cada vez el Señor nos
haga probar su benignidad. Somos ovejas, torpes, a veces
nos perdemos, a veces intentamos buscar el gozo donde no está. ¿Sabe? El gozo está solamente
en el Señor Jesucristo. Somos uno de nuestros grandes
problemas que a veces somos fáciles de satisfacer. Detalles de la
vida nos quitan el gozo porque creemos que el gozo está en que
todo salga como yo lo he planeado. y frecuentemente Dios se encarga
de que las cosas no salgan como lo he planeado, para que yo aprenda
a mirar el gozo está, la satisfacción está en el Señor Jesucristo. Es lo único que puede satisfacer
toda necesidad de mi alma, como toda demanda que Dios hace para
mi alma. Dios demanda de mí santidad y
Cristo ha ganado santidad para mí. Dios demanda para mí justicia
y Él me ha vestido de su justicia. Demanda perfección y Él ha sido
perfecto. Demanda que cumpla su ley y Él
ha cumplido por mí. Sólo Cristo. Y por eso Pedro
no tenía dónde ir. Porque Dios lo había mostrado.
No hay satisfacción fuera del Señor Jesucristo. Las otras personas dejaron de
seguir a Cristo. Pero sabe, si el Padre te ha
traído a Cristo, y has venido a Cristo, has visto al Cordero
de Dios, has visto a Dios hecho hombre, te has visto a ti mismo,
seguirás viniendo a Cristo. Batallarás quizá con la incredulidad,
y no quizá, seguramente. El apóstol Pedro es el ejemplo,
el primer ejemplo es Judas. El Apóstol Pedro es el ejemplo
de alguien que se lanzó al agua y de pronto se estaba hundiendo
y gritó, Señor, sálvame. Y el Señor le salvó. El Apóstol
Pedro tuvo miedo al hombre, tuvo temor de una sirvienta. No era
un soldado que lo estaba amenazando. Era una criada que dijo, esto
también era de ellos. Y negó al Señor Jesús. Pero,
¿sabe? En medio de sus batallas, Él
siguió viniendo al Señor Jesucristo vez tras vez. Continuó viniendo
al Señor Jesucristo porque Él había visto al Señor Jesucristo.
Había visto la gloria del Padre en la faz del Señor Jesucristo.
Porque Dios había mandado que la luz resplandeciese en su corazón.
Y a pesar de sus luchas, Hay un contraste entre aquel que
es un hombre natural e incrédulo, y un creyente que está en una
batalla continua con la incredulidad, pero viniendo otra vez al Señor
Jesucristo, porque sabe que no hay otro lugar a donde ir, que
el único lugar a donde ir, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna. Y la Escritura nos recuerda,
aquellos que hemos sido bendecidos de esa manera, no es por nosotros. nadie viene a mí si no le fuere
dado por el Padre. ¡Bienaventurado eres, Simón!
No es que eres más inteligente, es que mi Padre ha querido revelártelo. No es porque eres muy listo,
es que el Padre le ha placido revelarle eso a los niños, a
aquellos que el mundo desprecia. Lo vil y lo menospreciado de
este mundo ha elegido Dios para avergonzar a lo grande de este
mundo. y damos gracias a Dios por ello.
Las palabras de Cristo son reveladoras. Nuestra oración es que si aún
estás en la categoría donde dices, dura es esta palabra, donde no
pasas de percibir que es dura, porque va en contra de lo que
tú crees en tu cabeza, nuestra oración es que a su debido tiempo,
si el Padre te ha elegido en Cristo, puedas ser transformado,
se te puede dar vida, vista y puedas dejar de ver las palabras de
Cristo como duras y Dios te haga ver sus palabras como son, en
verdad palabras de vida eterna, palabras que dicen que sólo comiendo
a Cristo y bebiendo de Cristo hay vida eterna, que sólo comiendo
y bebiendo de Cristo hay satisfacción y que Dios nos guarde de desviarnos
Y si nos desviamos, que Dios nos vuelva a traer como a Pedro.
Y podamos seguir hallando nuestro gozo en el Señor Jesucristo.
Nuestra satisfacción total en el Señor Jesucristo. Porque fuera
del Señor Jesucristo no hay esperanza alguna. Fuera del Señor Jesucristo,
Dios el Padre es fuego consumidor. Sabe que el Señor te traiga al
Señor Jesucristo. Que el Señor te dé oídos y puedas
oír y puedas decir con nosotros y con Pedro ¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Amén.

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Joshua

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