Dios garantiza la salvación a su pueblo a través de su misericordia y la obra redentora de Jesucristo.
La salvación de los elegidos de Dios es asegurada por su rica misericordia y la mediación de Jesucristo. Como se detalla en Efesios 2, cada creyente era antes muerto en delitos y pecados, pero Dios, en su gran amor, brinda salvación al dar vida a los muertos espirituales a través de Cristo. La obra redentora de Jesús es el único medio eficaz para la salvación, asegurando que aquellos que creen en Él no sean condenados, sino que tengan vida eterna.
La historia de Noé y su familia, quienes fueron salvados en el arca, sirve como analogía de cómo Dios preserva a su pueblo en medio del juicio que viene. Al igual que en los días de Noé y Lot, la salvación es válida únicamente para aquellos que están en Cristo. Esto nos lleva a una comprensión profunda de la soberanía de Dios en la elección y el otorgamiento de la fe, enfatizando que no es por obras, sino por la gracia de Dios que somos salvos. Así, la seguridad de nuestra salvación proviene de la fidelidad de Dios, que guarda a su pueblo mientras ejecuta juicio sobre la maldad.
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