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JC

2''parte) La base solida de la gran promesa

Romans 8:28-30
Joel Coyoc November, 27 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc November, 27 2022
Estudios en Romanos

En el sermón titulado La base sólida de la gran promesa, el predicador Joel Coyoc aborda la doctrina de la glorificación y la seguridad eterna, centrando su discusión en Romanos 8:28-30. Coyoc argumenta que la salvación es completamente obra de Dios, quien, en su amor eterno, predestina, llama, justifica y glorifica a sus elegidos. Se enfatiza que esta cadena de la salvación es inquebrantable y que la seguridad de la salvación no se basa en la obediencia humana, sino en la soberanía y gracia de Dios. Los versículos de Romanos 8 son utilizados para demostrar que todos los aspectos de la salvación y glorificación están asegurados por el pacto nuevo, donde Dios garantiza la obediencia de sus hijos. La relevancia práctica de esta doctrina radica en la certeza de que quienes son llamados por Dios tienen la seguridad de ser glorificados y transformados en la imagen de Cristo.

Key Quotes

“Dios mismo es la roca. La promesa descansa sobre la obra misma de Dios.”

“La salvación es del Señor. Dios no simplemente está ofreciendo salvación, sino que Él salva.”

“La seguridad eterna se basa en el juramento del nuevo pacto de Dios de que Él causará la obediencia que Él requiere en aquellos a quienes Él ha llamado y justificado.”

“Creer en el Señor Jesucristo y solamente en el Señor Jesucristo, confiar en su obra completa, y su obra completa incluye el hecho de darnos un corazón nuevo."

Sermon Transcript

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estamos gracias a Dios por por
los jóvenes que pueden cantar y por todos los jóvenes que participan
y los hermanos que participan en el culto y vamos a abrir nuestra
Biblia en Romanos capítulo ocho es una bendición cuando podemos
cantar canciones o himnos que son escriturales que son tomados
de la misma dice la Palabra de Dios, ahora
pues ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús. los que no andan conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu. Porque la ley del Espíritu de
vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la
muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil
por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne
de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. para que la justicia de la ley
se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne,
sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne
piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu,
en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne
es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto
a los designios de la carne, son enemistad contra Dios, porque
no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. Y los que
viven según la carne, no pueden agradar a Dios. más vosotros
no vivís según la carne, sino según el Espíritu. Si es que
el Espíritu de Dios mora en vosotros, y si alguno no tiene el Espíritu
de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros,
el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el Espíritu
vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que
levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó
de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos,
deudores somos no a la carne, para que vivamos conforme a la
carne. porque si vivís conforme a la
carne, moriréis, mas si por el espíritu hacéis morir las obras
de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados
por el espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis
recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor,
sino que habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos
Abba Padre. El Espíritu mismo da testimonio
a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también
herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si
es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él
seamos glorificados. Pues tengo, por cierto, que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria
venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo
ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de
los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada
a vanidad por causa del que la sujetó en esperanza, porque también
la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción
a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos
que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto
hasta ahora. Y no sólo ella, sino que también
nosotros mismos, que tenemos las primicias del espíritu, nosotros
también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción,
la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos,
pero la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que alguno
ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos,
con paciencia lo aguardamos, y de igual manera el Espíritu
nos ayuda en nuestra debilidad, pues que hemos de pedir como
conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones
sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los
que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a
los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que
antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos conforme
a la imagen de su hijo, para que él sea el primogénito entre
muchos hermanos. Y a los que predestinó a éstos
también llamó, y a los que llamó a éstos también justificó, y
a los que justificó a éstos también glorificó. ¿Qué pues diremos
a ésto? Si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros? El que no descatimó ni a su propio
Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos
de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún
el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito,
por causa de ti somos muertos todo el tiempo, somos contados
como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas,
somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por
lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles
ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo porvenir,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada, nos
podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor
nuestro, amén. Hemos estado meditando ya por
varios cultos, los versículos del veintiocho al treinta, la
gran promesa, la y estamos usando la figura de un gran edificio
que no puede ser aumentado. Todas las cosas ayudan a bien.
¿A quién? A los que aman a Dios. ¿A quién? A los que conforme a su propósito
son llamados. Y estábamos mirando que todo
gran edificio necesita un fundamento sólido, fuerte, grande. Entre más alto sea el edificio,
más necesaria se hace una gran cimentación. Y estábamos mirando
acerca de cuando dice el versículo treinta, treinta, a los que predestinó,
a estos también llamó, a los que llamó, a estos también justificó,
y el miércoles empezamos a estudiar a los que justificó, a estos
también glorificó, a los que justificó, a estos también glorificó. Es la misma obra de Dios, es
Dios mismo, la misma persona de Dios, el cimiento de esta
promesa. Esta promesa descansa sobre la
obra misma de Dios. Dios mismo es la roca. El Salmo
18, versículo 30, dice, Él es escudo para todos los que se
refugian en Él, porque ¿Quién es Dios sino sólo el Señor? ¿Y
quién es una roca sino nuestro Dios? Y el propósito de que podamos
estar Haciendo énfasis en esto, es necesario que nosotros podamos
tener la seguridad bíblica. Este pasaje está hablando de
la seguridad eterna. La seguridad eterna de la salvación
es abundantemente enseñada en toda
la Escritura. El apóstol Pablo es bastante
específico al llamarnos y recordarnos que Dios está obrando, haciendo
una obra, donde todas las cosas que vienen a nuestra vida obran
para nuestro bien. Él está explicándonos que ese
bien es hacernos conforme a la imagen de su Hijo. Dice, porque
a los que antes conoció, versículo veintinueve, también los predestinó
para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para
que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y después él
va diciendo, a los que predestinó, a esos también llamó, a los que
llamó, a esos también justificó, y a los que justificó, a estos
también glorificó. Estábamos mirando cuatro preguntas
el miércoles, respondimos tres. Y para los que no estuvieron
el miércoles, vamos a hacer un repaso rápido antes de llegar
al último punto. La primera pregunta es, ¿qué
sucede cuando Dios glorifica a un ser humano? La segunda es,
¿quiénes son los que Dios glorificará? La tercera es, ¿cómo es esto
un cumplimiento del nuevo pacto que Jesús certificó con su sangre? Y la cuarta pregunta es, ¿qué
sucede cuando alguno trata de aferrarse a la certeza de la
glorificación mientras rechaza la soberanía de la gracia? ¿Qué
es lo que sucede cuando Dios glorifica a un ser humano? Lo
que sucede es que compartimos la gloria de Jesús. Él nos da primeramente una parte
de Su gloria y de la gloria de Su Hijo. Cuando Dios glorifica
a Sus hijos, nos hace partícipes de Su gloria. Romanos 8, 17 dice,
si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos
con Cristo, con tal que padezcamos con Él para que también seamos
glorificados con Él. Glorificado con Él, cuando Dios
glorifica a sus hijos, les hace algo como lo que hizo con Jesús
cuando lo exaltó a su diestra por encima de todo principado
y autoridad. Él nos da una parte de esa gloria.
Romano 5,2 dice, por medio de Cristo hemos obtenido acceso
a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en nuestra
esperanza de la gloria de Dios. En primera de Pedro 5,1 dice
la Escritura, así que exhorto a los ancianos entre vosotros,
como anciano, yo también anciano y testigo de los padecimientos
de Cristo, que somos participantes de la gloria que ha de ser revelada. Colosenses 3,4 dice, cuando Dios
glorifica a un ser humano, le concede el privilegio de contemplar
su infinita belleza y asemejarse a Él tanto como pueda una criatura. Colosenses dice, cuando Cristo
en nuestra vida se manifieste, entonces también vosotros seréis
manifestados con Él en gloria. Esa es la esperanza del creyente.
Primera de Juan, capítulo tres, el apóstol Juan dice, amados,
ahora somos hijos de Dios, Aún no se ha manifestado lo que hemos
de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes
a Él porque le veremos tal como Él es. Y es lo mismo que Pablo
está diciendo aquí. Dice que a los que antes conoció,
también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen
de su Hijo. Al final, la consumación de nuestra
glorificación es cuando Dios nos va a dar un cuerpo glorificado,
un cuerpo glorioso. Más específicamente, cuando Dios
glorifica a una persona, le da a esa persona un cuerpo nuevo
y glorioso. Mismo Romanos, capítulo 8, versículo
21, dice la creación, porque también la creación misma será
libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa
de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación
gime a una y a una está con dolores de parto hasta ahora. y no sólo
ella, sino que también nosotros mismos que tenemos las primicias
del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Y aquí está hablando justo de
lo que va a hacer el Señor de darnos un cuerpo glorificado.
Dice, libertad gloriosa de los hijos de Dios, se refiere a la
libertad del gemido que proviene de la gloria de nuestros nuevos
cuerpos. Por ahora gemimos esperando la redención de nuestros cuerpos,
pero entonces nuestros cuerpos serán gloriosos como el cuerpo
resucitado del Señor Jesucristo. filipenses capítulo 3 versículo
20 y 21 dice voy a leer otra traducción tal vez no va a coincidir
con lo que tienen ustedes en la 60 dice nuestra comunidad
está en los cielos Bueno, nuestra Biblia dice, nuestra ciudadanía
está en los cielos, dice, y de ella esperamos a un Salvador,
el Señor Jesucristo, que cambiará nuestro cuerpo humilde, el cuerpo
de nuestra humillación, dice la sesenta, para que sea como
el cuerpo glorioso por el poder que le permite sujetar todas
las cosas a sí mismo. Así, así es con la resurrección
de los muertos, lo que se siembra es perecedero, lo que se levanta
es imperecedero, se siembra en deshonra, se resucita en gloria. No habrá más dolor cuando Dios
glorifica a sus hijos, no habrá más dolor, no más frustración
con la debilidad y el cansancio, no más discapacidades, no más
sillas de ruedas, muletas, aparatos ortopédicos, alergias, adicciones
o enfermedades. Todo el mundo fuerte, todos radiantes
con la belleza del Señor Jesucristo. Versículo veintinueve dice, nos
predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su hijo. Lo que
pasa cuando Dios glorifica a uno de sus hijos o glorifica a sus
hijos, nos da la belleza interior de la santidad. Cuando Dios glorifica
a sus hijos, les da una belleza interior llamada santidad. Esto
comienza con un proceso en esta vida es el crecimiento en la
gracia. Antes bien, crecer en la gracia
y el conocimiento de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
En la medida que conocemos a Cristo, somos transformados de gloria
en gloria cada vez siendo hechos a la imagen de su Hijo. Todas
las cosas están obrando para que nosotros crezcamos en la
semejanza del Señor Jesucristo. Esto va a culminar cuando lleguemos
a su presencia. ya sea en nuestra muerte o en
su segunda venida. Corintios, primera, segunda de
Corintios 3, 18 dice, y nosotros todos, a cara descubierta, contemplamos
la gloria del Señor. y somos transformados a su semejanza
de un grado de gloria a otro porque esto viene del señor que
es el espíritu así que segunda de corintios 4 16 17 dice aquí
así que no nos desanimemos aunque nuestra naturaleza exterior se
está desgastando aunque este tabernáculo dice las 60 se va
desgastando Nuestra naturaleza interior se renueva cada día
porque esta leve aflicción momentánea nos prepara un eterno peso de
gloria más allá de toda comprensión y de toda comparación. Hermanos,
Pablo dice que lo que nosotros sufrimos de aflicción aquí es
una leve tribulación momentánea, que no tiene punto de comparación
con aquel momento cuando seamos hechos conforme a la imagen del
Señor Jesucristo. Pablo dice claramente que la
glorificación ha comenzado dentro de nosotros cuando le damos nuestra
atención a Cristo. La máxima bíblica no es ver para
creer, sino ver para llegar a ser. Ver para llegar a ser. Amados,
ahora somos hijos de Dios. Aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos
semejantes a Él. ¿Por qué? Porque le veremos tal
como Él es. Mirad a Cristo con mirada fija
y seréis semejantes a Él de un grado de gloria a otro. Tu naturaleza
interior será renovada todos los días. Ese es el proceso,
y todas las adversidades de la vida te irán preparando un eterno
peso de gloria, más allá de toda comparación. Esa es la consumación
de nuestra glorificación. En resumen, cuando Dios nos glorifica,
comparte su propia gloria con nosotros, nos da un cuerpo nuevo
y glorioso, e imparte la belleza interior de la santidad, el cual va a tener su realización
plena, cuando veamos al Señor en su gloria. Cuando no recuperemos
lo que perdió Adán, sino tengamos algo mucho mayor que lo que perdió
Adán. Algo que me gusta siempre recordar es, Adán podía pecar
o no pecar. Caídos en Adán, sólo hay una
cosa que podemos hacer y es pecar, y nada más que pecar. pero en
Cristo, Él nos va a llevar no a donde estaba Adán, que podía
pecar o no pecar, sino a no poder pecar. Ahora, la segunda pregunta
es, ¿quiénes son los que Dios glorificará? La respuesta está
clara en el texto. A los que de antemano conoció,
los predestinó. A los que predestinó, los llamó.
A los que llamó, los justificó. A los que justificó, los glorificó. Es necesario que podamos ver
con claridad, aquí hay una cadena, una cadena que tiene eslabones
que no pueden romperse. Es una cadena forjada en el propósito
eterno de Dios, en su amor eterno, en su elección soberana de gracia
en el Señor Jesucristo, a los que antes conoció también los
predestinó, a los que predestinó, a esos también llamó, a los que
llamó, también justificó, a los que justificó, también los glorificó. Ninguno, ninguno de los que él
conoció de antemano, dejará de ser glorificado. Nadie por el
cual Cristo murió, terminará jamás en el infierno. Los jóvenes
cantaron romanos que dice, ¿Quién nos podrá separar aflicción,
espada, nada nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo
Jesús. Mis ovejas, hoy mi voz, las conozco y me siguen. Yo les
doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las puede arrebatar
de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor
que todos y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El punto de la cadena es certeza,
confianza, seguridad y seguridad. El punto es que Dios no sólo
ofrece salvación, sino que Él salva. Dios no simplemente está
ofreciendo salvación, sino Él salva. La salvación es del Señor. El Señor salva. Llamará su nombre
Jesús, dice Mateo 1.21. ¿Por qué? Porque Él salvará a
su pueblo de sus pecados. Los que Él ha predestinado son
salvos. Es como si se estuviera ya consumado. Es por eso que incluso la obra
futura de Dios de glorificar a su pueblo se pone en tiempo
pasado en el versículo 30. es ya consumado el Señor Jesús
dijo en la cruz consumado es y por eso Pablo dice a los que
justificó también los glorificó en la mente y el propósito eterno
de Dios ya está hecho dice La respuesta entonces a la segunda
pregunta es que todos los que sean efectivamente llamados,
es decir, todos los que hayan sido vivificados y capacitados
para creer, por lo tanto hayan oído la palabra de absolución,
justificación, serán glorificados. Se hace en la mente de Dios. Y la tercera pregunta es, ¿cómo
es esto un cumplimiento del nuevo pacto? Recuerde que Jesús en
la última cena dijo, esta copa es el nuevo pacto en mi sangre.
Esta es mi sangre del nuevo pacto que se derrama por muchos. ¿A
qué se refería? ¿Se refería a una promesa hecha
por los profetas Jeremías y Ezequiel? de que un día Dios haría un nuevo
pacto con su pueblo, que sería mejor que el antiguo pacto hecho
en el monte Sinaí. Yo le recomiendo que en casa
pueda leer Hebreos. El escritor del Epístolo de los
Hebreos escribe abundantemente acerca de un mejor pacto con
un mejor mediador y con mejores promesas. Y el antiguo pacto,
pues, dio lugar al nuevo pacto. Y es el nuevo pacto en que nosotros
vivimos. Lo recordamos cuando celebramos
la cena del Señor. ¿Y qué dice ese pacto? Dice,
y aquí vienen días, dice Jehová, en que haré con la casa de Israel
y con la casa de Judá un nuevo pacto. No como el pacto que hice
con sus padres cuando los tomé de la mano para sacarlos de la
tierra de Egipto. Mi pacto que ellos violaron,
siendo yo su marido, dice el Señor. Pero este es el pacto que haré
con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor.
Pondré mi ley dentro de ellos, y la escribiré en su corazón. Y yo seré su Dios, y ellos serán
mi pueblo. Y no enseñará más cada uno a
su prójimo, ni cada uno a su hermano, diciendo, conoce al
Señor. Porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos
hasta el más grande, dice el Señor. Porque perdonaré su iniquidad,
y no me acordaré más de su pecado. Jeremías 31, 31 al 34. También dice la Escritura en
Ezequiel 36, 26, 27, Y este es el nuevo pacto que dice, De modo que si alguno está en
Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, y aquí
todas son hechas nuevas. Este es el nuevo pacto. Dice, Dios nos asegura nuestra
salvación. Dios no asegura nuestra salvación
separándola de la obediencia, sino garantizando nuestra obediencia. Dios, esto es importante, Dios
no asegura nuestra salvación separándola de la obediencia,
sino garantizando nuestra obediencia. Entonces, la razón por la cual
el nuevo pacto es mejor, según Hebreos capítulo ocho, versículo
seis, es que el antiguo es que es mejor que el antiguo, es que
el nuevo pacto contiene una promesa de Dios, no sólo para bendecir
a aquellos que obedecen, sino que también para causar la obediencia. Haré que andéis en mis estatutos
y cuidéis de observar mis ordenanzas. Dios está escribiendo su ley
en el corazón de su pueblo. La ley ya no es algo que presiona
desde afuera, sino es algo que Dios está grabando en nuestro
corazón, un corazón que ya no es de piedras, sino es un corazón
nuevo, un corazón que porque somos hechos nuevas criaturas
en Cristo. Es la misma verdad que el apóstol
Pablo dice, porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús
para buenas obras, las cuales Él preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas. Y ahí está la obediencia del
nuevo pacto. Dice, Haré que andéis en mis caminos
y cuidéis de observar mis ordenanzas. Dios no asegura nuestra salvación
separándola de la obediencia, sino garantizando nuestra obediencia. Es lo mismo que el Señor Jesús
dice, mis ovejas, oyen mi voz, yo las conozco y me siguen. Una
oveja del Señor anda como oveja, y anda como el Señor. El que
dice que tiene comunión con Él, debe andar como Él anduvo. Y
es porque Él ha hecho una obra de gracia, hacerlo lo ha hecho
una nueva, una nueva criatura. La Seguridad Eterna que se enseña
tan claramente en la última frase del versículo 30 a los que justificó,
a estos también glorificó. No se basa en el hecho de que
la obediencia no es necesaria para la salvación, de modo que
puedes sentirte seguro si no vives en obediencia. No, al contrario,
la seguridad está en el hecho de que Dios produce nuestra obediencia. La Escritura dice que Él produce
en nosotros el querer como el hacer por Su buena voluntad.
La obediencia es necesaria. Él es fuente eterna de salvación
para todos los que le obedecen. Dice Hebreos 5, 9 y 12, versículo 12 y versículo 14.
La seguridad eterna se basa en el juramento del nuevo pacto
de Dios de que Él causará la obediencia que Él requiere en
aquellos a quienes Él ha llamado y justificado. Voy a repetir
esto. La seguridad eterna se basa en
el juramento del nuevo pacto de Dios de que Él causará la
obediencia que Él requiere en aquellos a quienes Él ha llamado
y justificado. Algo que sería bueno que nosotros
pudiéramos aprender es si alguien le preguntara, cualquier persona
le preguntara y le hiciera esta pregunta, ¿sabe ¿Cómo sabe que
irá al cielo cuando muera? Lo cual es lo mismo que, ¿Cómo
sabe que todas las cosas obran juntas para su bien? ¿O cómo
sabe que será glorificado? La verdad es, por la palabra
de Dios, nuestra respuesta sería triste, si nuestra respuesta
es, sé que voy al cielo porque oré una vez y le pedí a Jesús
que entrara en mi corazón. Esa es una respuesta triste,
muy triste. En cambio, la respuesta que da
toda la gloria a Dios y que refleja un entendimiento del Evangelio
es, sé que voy al cielo porque Dios
me escogió para los suyos. En el primer caso, la seguridad
descansa en el hombre. En el segundo caso, toda la seguridad
está en Dios como la Escritura lo enseña. Sé que voy al cielo
porque Dios me escogió para los suyos y me predestinó para la
gloria. Él ha dado testimonio de esto
en mi vida al llamarme efectivamente a salir de la rebelión y la incredulidad,
y al darme la declaración de absolución en Su Palabra, estoy
justificado, mi pecado pasó a Cristo, Su justicia pasó a mí. Lo voy
a repetir. Una respuesta que pone todo el
mérito y toda la gloria a Dios es, sé que voy al cielo porque
Dios me escogió para los suyos y me predestinó para la gloria. Él ha dado testimonio de esto
en mi vida al llamarme efectivamente a salir de la rebelión y la incredulidad
y al darme la declaración de absolución en su palabra. Estoy
justificado. Mi pecado pasó a Cristo. su justicia
pasó a mí. Cantamos el himno que dice maravilloso
es el gran amor dice en una de las estrofas dice no temo nunca
la condenación Jesús es mi señor y yo suyo soy es para siempre
mi salvación vestido en su justicia voy dice y ahora mi confianza
descansa en el juramento del pacto de Dios de que él me hará
caminar en su voluntad el que no escatimó a su Hijo, sino que
lo entregó por mí. ¿No hará Él en mí lo que es agradable
delante de él? Por su Espíritu me hará cumplir
el justo requisito de la ley. El pecado no tendrá dominio sobre
mí, porque ahora estoy bajo el gobierno de la gracia soberana,
y esa gracia reina por la justicia para vida eterna. El Padre lo planeó hace siglos,
el Hijo lo compró hace siglos, el Espíritu lo está provocando
hoy en mi corazón. Él es quien obra en mí el querer
como el hacer por su buena voluntad", dice Filipenses 2, versículo
13. Filipenses 1.6 dice, y el que comenzó en mí esta obra,
la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Es tan seguro
como el juramento y el poder del Dios soberano, y por tanto
sé que voy al cielo, porque a los que justificó, a estos también
glorificó. Espero que eso da alegría a nuestro
corazón. Saber toda nuestra seguridad
está basada en el Señor. Nuestra salvación es su obra
de principio a fin. Si dependiera de nosotros, pues
es asunto perdido. Hace mucho que estaría perdido.
Ahora, la cuarta pregunta que no respondimos el miércoles es
Puedes mantener la certeza de la gloria, pero rechazar la gracia
soberana. Puedes mantener la certeza de
la gloria, pero rechazar la gracia soberana. Hay tanta gente que
cuando se habla de la soberanía de Dios, dicen amén a todos,
excepto en un asunto, en un asunto donde se enojan, y es cuando
la gracia soberana que elige al pecador y cuando podemos pensar
en esto tenemos que pensar en dos, hay dos posturas en cuanto
a esto y yo quisiera enseñar por qué Un tiempo creí, y no
solo creí, enseñé algo que no es la verdad de Dios. Y gracias
a Dios, porque Cristo murió por mis pecados. Él ha sido castigado
por yo predicar un evangelio que no es el evangelio. La Biblia,
eso es algo grave. La Biblia dice, si alguno predica
un evangelio diferente, sea anatema. Y en verdad que estábamos bajo
maldición, pero Cristo llevó nuestra maldición. Quisiera que pudiéramos pensar
en dos posturas. Una postura que es gracia soberana,
que esto es lo que la Biblia presenta de Génesis a Apocalipsis. En la gracia soberana, el creyente
confía. Gracia soberana, creyente que
confía. La otra postura es gracia asistente,
y el creyente es el soberano. Gracias, asistente, creyente,
soberano. Quiero que me sigan el hilo en
postura bíblica, Paulina, del apóstol Juan, del señor Jesucristo,
del apóstol Pablo. Gracias, soberana, creyente,
que confía. Segunda postura, gracias, asistente,
creyente, soberano. Y vamos a mirar seis diferencias
y similitudes entre estas dos posturas. Lo que queremos decir
con gracia soberana y creyente que confía es que la gracia es
un poder soberano que logra toda la salvación, venciendo la resistencia
de nuestra voluntad y haciéndonos amar y confiar en Jesucristo. La gracia es un poder soberano
que logra toda la salvación, venciendo la resistencia de nuestra
voluntad y haciéndonos amar y confiar en Jesucristo. Uno de los más
sobresalientes ejemplos de esto es el apóstol Pablo. Es bien
clara la gracia soberana. Esa gracia que había elegido
a Pablo en Cristo desde antes de la fundación del mundo, por
el puro afecto de su voluntad para la alabanza de la gloria
de su gracia. Pablo no tenía la intención de creer. El propósito
de Pablo no era convertirse de Saulo de Tarso al apóstol Pablo.
Su propósito era pasar a la historia como el judío que acabó con el
cristianismo. Sin embargo, La gracia soberana
obró en Él, venció toda resistencia. La gracia irresistible, el llamamiento
eficaz del Espíritu Santo, y Él creyó en el Señor Jesucristo,
y confió en el Señor Jesucristo, y amó al Señor Jesucristo. Ahora,
¿qué queremos decir con gracia asistente y creyente soberano? Lo que queremos decir es que el papel de Dios en la conversión
es dar cierta convicción y alguna iluminación, pero no vencer toda
resistencia, no llamar eficazmente, sino dejar el final en la decisión
de la persona. El voto final es del hombre.
El señor parece alguien que está vendiendo o parece un político
haciendo campaña, donde al final la decisión final está en las
manos del electorado. Dice, Dios asiste, Él hace rodar
la pelota, pero el santo es el creyente soberano, en que su
conversión es decisivamente, no totalmente, tal vez ni siquiera
mayoritariamente, sino decisivamente su propia obra. Dios brinda asistencia
general a la persona y luego les permite emitir el voto decisivo. incluso cuando se predica y se
predica cosas tristes como Dios, Cristo está tocando a la puerta
de tu corazón. Él quiere salvarte. y Él te puede
salvar si tú se lo permites. Esa no es, esa no es la verdad
de Cristo el Salvador. Él vino a salvar a su pueblo
de sus pecados. Él en la cruz consumó la obra
y Él dijo, consumado es. Mis ovejas oyen mi voz, yo las
conozco y me siguen y yo les doy vida eterna. ¿Y de qué formas
la van a oír? Algunos la van a oír estrepitosamente
como le sucedió al apóstol Pablo. En algunos casos el Señor va
a ser drástico como lo hizo con el apóstol Pablo. En otros casos
va a ser quizá gradual como la luz de la aurora que va en aumento
hasta que el día es perfecto. Dios tiene maneras distintas
de actuar con cada uno de sus ovejas. Cuando pensamos en esta postura
donde el creyente, la gracia es una gracia asistente y el
creyente soberano, lo que distingue a una persona de otra no es la
obra de Dios, sino la sabiduría personal, el coraje, la virtud,
o lo que sea que hace que una persona abrace a Cristo, mientras
que otras que tuvieron la misma ayuda, no lo hacen. Es más, incluso
después de que alguien da el voto final, según a favor de
Cristo, se baja el predicador y empieza a felicitar felicidades,
como si hubiera algo por lo cual felicitar, en lugar de dar toda
la gloria a Dios porque ha hecho un milagro de resucitar a un
muerto. Nos pasamos felicitando a gente que ni siquiera sabe
qué es lo que ha hecho. Y la diferencia está, de hecho,
hay gente que cuando está hablando dice, la decisión más inteligente
que puedes hacer es recibir a Cristo en tu corazón. Pero no se trata
de inteligencia. El hombre no está atontado. El hombre está muerto. Él nos
dio vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados. Ahora,
la palabra de absolución. Ambas posturas están de acuerdo
en que por la fe una persona escucha la palabra de absolución,
o sea, es declarado justo. Justificado. Ahora, la conexión entre la justificación
y la glorificación. En ambas posturas están de acuerdo
en que aquellos a quienes Dios justificó seguramente también
nos llevará a la gloria final. En otras palabras, ambas teologías
creen en la seguridad eterna para el creyente justificado.
Nadie que haya llegado a la fe en Cristo y al disfrute de la
justificación puede perderse jamás. Ambos aparentemente están
sosteniendo la seguridad eterna. Ahora, ¿qué pasa con el crecimiento
en gracia? ¿Qué pasa con el proceso de crecer
a la imagen del Señor Jesucristo? Yo espero que ninguno de los
que estamos aquí está... Estoy enseñando esto, hermanos,
porque lo que está en juego es de eternidad. Hay personas que dan una enseñanza que dice que
hay tres tipos de personas. Hay una persona natural, ese
hombre natural es cualquier persona en el mundo, ese no ha creído
en el Señor Jesucristo. Y después nos dan la imagen del
cristiano carnal y el cristiano espiritual. el cristiano se dibuja
un corazón y en el corazón se pone una sillita
que es el trono y dice el cristiano carnal cristo no está en el trono
de su vida el yo está en el trono de su vida cristo no tiene acceso
a todas las áreas de su vida él es salvo si él se muere él
va a ir al cielo aunque viva como el diablo Prácticamente,
lo que se está diciendo es, hay una seguridad de la salvación,
pero, ¿dónde queda el nuevo pacto que dice que el Señor va a garantizar
su obediencia? ¿Dónde está el nuevo pacto del
Señor Jesús que dice, mis ovejas, oyen mi voz, yo las conozco y
me siguen? Y se justifica en un versículo
que no tiene nada que ver con... Pablo jamás enseñó que hubiera
tres tipos, dos tipos de creyente. Y después, según está el creyente
espiritual, que ese sí, Cristo está en el trono de su vida,
y tiene acceso a todas las áreas de su vida. Pero la Escritura
dice que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y
creyeras en tu corazón que Él le levantó de los muertos, serás
salvo. Entonces, no puede ser una persona
que Cristo no es el Señor en su corazón y ser salvo. Ahora, ¿qué sucede con el proceso
de crecimiento en gracia? los que creemos la enseñanza
de la escritura de la gracia soberana y el santo que confía
creemos la verdad de Dios que dice que el que comenzó en vosotros
la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. El
creyente empieza quizá como un niño que empieza a dar sus primeros
pasos, pero si Dios ha empezado una obra, él se va a ir afirmando,
él va a crecer en conocer al Señor Jesucristo, él va a hacerse
cada vez parecido al Señor Jesucristo. No ocurre con la misma velocidad
en todos, pero si es creyente, va a crecer a la imagen del Señor
Jesucristo. Dios es el que produce en nosotros
el querer como el hacer por su buena voluntad. El apóstol Pablo
dice, he trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no
soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. Ya no vivo
yo, sino Cristo es quien vive en mí, y lo que ahora vivo en
la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se
entregó a sí mismo por mí. El crecimiento en gracia es la
obra de Dios que vencerá mi propia tendencia a pecar. Si Dios te
ha salvado, Su gracia te está hoy enseñando a decir no a los
deseos pecaminosos. La segunda posición, gracia asistente,
el creyente soberano, No le dio a Dios el derecho de vencer la
resistencia en la conversión, y tampoco le da ese derecho en
el crecimiento en la gracia. Dios ayudó con alguna convicción
de pecado y alguna iluminación, pero no transgredió el territorio
soberano de la autodeterminación humana. Por lo tanto, este es
también su papel en el crecimiento en gracia. Puede ayudar con empujones. recordatorios y cosas por el
estilo pero la causa final y decisiva de la del crecimiento en gracia
es el poder de autodeterminación de la voluntad humana en el primer
caso que es gracias soberana creyente que confía dios me hace
caminar decisivamente sus estatutos y en la otra posición sugiere
que caminar en sus estatutos dios sólo sugiere caminar en
sus estatutos pero proporciona el impulso inicial, pero la decisión
al final es del creyente. Ahora, la certeza del crecimiento
en gracia. La posición de la gracia asistente
y el santo, el creyente soberano,
sólo puede tratar el crecimiento en gracia como posible, pero
no segura. El crecimiento en gracia se deja
en manos del creyente autodeterminado y se le niega a Dios el derecho
de vencer la rebelión del creyente. Así que no hay seguridad de que
la voluntad autodeterminada del creyente, de hecho, tenga inclinaciones
santas. Puesto que Dios no hace que el
creyente quiera y haga su buena voluntad, no hay garantía de
que el creyente progrese en su crecimiento en la gracia. entonces
pues no hay la certeza de que haya un crecimiento en gracia
y crecer en gracia hermanos es crecer a cómo es cristo y cómo
es cristo cristo es cristo es santo y nuestra vida tiene que
ir pareciendo cada vez si algo es bello en el señor jesús es
la hermosura de su santidad y nuestra vida tiene que parecer cada vez
al señor jesucristo ahora La Biblia enseña algo que es
contundente y es, dice la Biblia, sin santidad nadie verá al Señor. Y eso es contundente. Y por supuesto,
aquellos que Dios ha salvado, los ha justificado, los ha vestido
de la justicia del Señor Jesucristo, la santidad del Señor Jesucristo
le ha sido imputada. Y a pesar de que el creyente
no alcanza una santidad práctica perfecta en su vida, no obstante,
él está creciendo cada vez en gracia hasta que ve al Señor
Jesucristo y llega el momento en el cual él no podrá pecar
más. Ahora, santidad, crecimiento en gracia
y glorificación. Cuando pensamos en la gracia
asistente y el creyente soberano, Dado que la santidad real es
incierta en el cristiano convertido, pero la glorificación es cierta,
por lo tanto la santidad no es el camino necesario para la gloria.
Si la gloria está asegurada para ti sobre la base de tu acto de
fe inicial, o sea, porque hiciste una oración algún día, pero la
santificación no está garantizada. Entonces, la única forma en que
puedes mantener la seguridad es creer que la santidad no es
necesaria para la salvación final. Pero, oh, problema. La Escritura dice, sin santidad,
nadie verá al Señor. Eso es algo terrible, porque
miles de cristianos profesantes, note que estoy diciendo profesantes,
gente que se cree cristiana, creen hoy eso se aferran a la
doctrina de la seguridad eterna pero rechazan la soberanía de
la gracia que garantiza el crecimiento en la gracia y por lo tanto rechazan
la necesidad de la santidad y ponen en peligro sus almas porque la
escritura dice que hay una santidad sin la cual nadie verá al señor
hebreos 12 14 también puede ver en su casa gálatas 5 21 y primera
de corintios 6 10 Si esa santidad no es obra de
Dios, si no está asegurada para el creyente por el juramento
del pacto de Dios de obrar en nosotros lo que es agradable
a sus ojos, entonces no hay seguridad. Lo que estoy tratando de explicar
es que mucha gente quiere la promesa de los rascacielos de
Romanos 8, 28. Muchos quieren la preciosa realidad de la seguridad
eterna, pero no la quieren en los términos de Dios. Quieren
su seguridad y su soberanía. Quieren que Dios intervenga al
final de sus vidas con poder soberano y les dé gloria, pero
no quieren que intervenga ahora con su gracia soberana y los
haga santos. Si sólo el camino de la obediencia
conduce a la gloria, entonces la gracia soberana de Dios nos
mantendrá en ese camino. La gracia soberana de Dios nos
mantiene en el camino. Es la palabra del Señor Jesús
que dice, mis ovejas, oyen mi voz y yo las conozco y me siguen.
Alguien que está siguiendo al Señor Jesucristo vive en santidad,
porque el Señor Jesucristo camina en santidad. que triste es que
una gran cantidad de personas no regeneradas estén tranquilas
dentro de las iglesias, pensando que están seguras sin la santidad. ¿Por qué? porque por generaciones
los maestros y pastores han estado diciendo que se puede tener la
seguridad de la glorificación sin necesidad de la santidad
y la biblia dice lo contrario la biblia dice sin santidad nadie
verá al señor pero la biblia dice que esa santidad la da el
señor jesucristo la obediencia es necesaria pero dios garantiza
la obediencia de aquellos de aquellos que están en el nuevo
pacto Y han estado diciendo esto porque han rechazado la enseñanza
bíblica de la gracia soberana, que es la única que explica cómo
el nuevo pacto, por un lado, puede dar la seguridad eterna
de la gloria, y sin embargo, por otro lado, hacer que esa
gloria dependa sobre la santidad práctica. Si la gracia de Dios
es soberana, no sólo cumple la promesa de gloria, sino que también
cumple las condiciones prácticas de esas promesas. Si sólo el
camino de la obediencia conduce a la gloria, entonces la gracia
soberana de Dios mantendrá infaliblemente a su pueblo en el camino para
que alcance la gloria prometida. A los que justificó, también
los santificó y por lo tanto los glorificó. Ser conformado
a la imagen de Cristo es crecer en santidad. Sin santidad, nadie
verá al Señor. No es porque nosotros obramos
que vamos a llegar a la gloria. porque vamos a llegar a la gloria
es que obramos, porque Dios nos ha dado un corazón nuevo, las
cosas viejas pasaron, no es poesía, es realidad, de modo que si alguno
está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron,
y aquí todas son hechas nuevas, no es poesía, es la realidad
práctica, no es saber citar verdades teológicas, es la vida del Señor
Jesucristo, Las ovejas viven como ovejas. Las ovejas oyen
la voz del Señor y siguen al Señor, y el Señor anda en santidad,
y sus ovejas andan en santidad. Sus ovejas pueden descarriarse.
Estas cosas les escribo para que no peguéis, pero si alguno
hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre a Jesucristo
el justo, el cual es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo
por los nuestros, sino por los de todo el mundo. hermanos poder
examinar dónde estamos qué es lo que estamos creyendo estamos
creyendo el evangelio que está en la escritura estamos creyendo
otro evangelio otro evangelio de evangelismo fácil creencia
fácil a una seguridad eterna basada simplemente en un acto
inicial de fe La prueba de que tú has sido salvado por el Señor
es que el Señor te está enseñando por su gracia a decir no a la
impiedad y a los deseos pecaminosos. La prueba de que el Señor te
ha salvado es que estás creciendo a la imagen del Señor Jesucristo.
La prueba de que un día creíste en el Señor Jesucristo es que
sigues creyendo en el Señor Jesucristo. La prueba de que un día veniste
al Señor Jesucristo es que sigues viniendo al Señor Jesucristo.
Creer en el Señor Jesucristo y solamente en el Señor Jesucristo,
confiar en su obra completa, y su obra completa incluye el
hecho de darnos un corazón nuevo en el cual el Señor está escribiendo
en nuestro corazón su ley y está Haciendo en nosotros, Él produce
en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad.
Y Dios es quien tiene toda la gloria en la salvación de un
pecador, porque es su obra de principio a fin. Hermanos, es
nuestra esperanza, aquel tiempo glorioso cuando seamos, veamos
al Señor Jesucristo y seamos como Él es. me emociona a mí
pensar en aquel tiempo glorioso cuando dice será la tierra llena
de su gloria cubrirá como las aguas cubren la mar y no haber
necesidad más de predicar y decirle a los hermanos conoce a dios
en cristo porque todos me conocerán Y no habrá más disposición para
la guerra, y la tierra estará llena de la gloria del Señor. Nosotros estaremos viviendo para
lo que fuimos creados, para mostrar consistentemente el carácter
de Dios, para mostrar su justicia, para mostrar su santidad, porque
vamos a ser como Él es. si no poder pecar, y qué gozo
y esperanza saber que no habrán más malas noticias, saber que
no habrá más dolor ni más llanto, porque todas las primeras cosas
habrán pasado, y el Señor enjugará la lágrima de los ojos de su
pueblo. Vamos a orar.

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Joshua

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