Bootstrap
JC

En quien confiamos

1 John 5:5-8
Joel Coyoc November, 21 2021 Video & Audio
0 Comments
JC
Joel Coyoc November, 21 2021
Estudio de las Cartas de Juan

El sermón "En quien confiamos," predicado por Joel Coyoc, se centra en la doctrina de la fe en Jesucristo como esencial para la salvación y la vida cristiana. Coyoc argumenta que creer en Jesús no es simplemente aceptar hechos históricos, sino implica una confianza profunda en su persona y obra redentora, sosteniéndose en 1 Juan 5:5-8 como base bíblica. A través de sus palabras, destaca la importancia del testimonio del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en la confirmación de la divinidad de Cristo, así como el llamamiento a una vida de obediencia como evidencia de una fe auténtica. La aplicación práctica de esta doctrina revela que una verdadera confianza en Cristo transforma la vida del creyente, llevándolos a vivir en acto de fe y obediencia frente a las adversidades del mundo.

Key Quotes

“Creer es confianza; por lo tanto, no es simplemente aceptar hechos como reales, sino confiar plenamente en ese algo que es cierto.”

“La fe salvadora es la fe que cree a Dios, no solo en Dios.”

“Quien confía en Cristo no haya mérito en sí mismo; el que confía en Cristo puede ser misericordioso con otros.”

“Nuestra confianza tiene que estar en el hecho de que esa justicia es la justicia del Señor Jesucristo.”

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
en su capítulo cinco dice la palabra de Dios todo
aquel que cree que Jesús es el Cristo es nacido de Dios y todo
aquel que ama al que engendró ama también al que ha sido engendrado
por él En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando
amamos a Dios y guardamos sus mandamientos. Pues este es el
amor a Dios, que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos
no son gravosos. Porque todo lo que es nacido
de Dios vence al mundo, y esta es la victoria que ha vencido
al mundo nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo,
sin el que cree que Jesús es el hijo de Dios? Este es Jesucristo
quemido mediante agua y sangre. No mediante agua solamente, sino
mediante agua y sangre. El Espíritu es el que da testimonio,
porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio
en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos
tres son uno. Y tres son los que dan testimonio
en la tierra, el espíritu, el agua y la sangre, y estos tres
concuerdan. Si recibimos el testimonio de
los hombres, mayor es el testimonio de Dios. Porque este es el testimonio
con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el
Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a
Dios le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio
que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y este es el testimonio,
que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la
vida, el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Estas
cosas os he escrito a vosotros, que creéis en el nombre del Hijo
de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que
creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza
que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad,
Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye,
en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones
que le hayamos hecho. Si alguno viera a su hermano
cometer pecado que no sea de muerte, pedirá y Dios le dará
vida. Esto es para los que cometen
pecado que no sea de muerte. El pecado de muerte por el cual
yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado, pero
hay pecado no de muerte. Sabemos que todo aquel que ha
nacido de Dios no practica el pecado, pues aquel que fue engendrado
por Dios le guarda y el maligno no le toca. Sabemos que somos
de Dios y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos
que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para
conocer al que es verdadero. Y estamos en el verdadero, en
su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la
vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Como saben, pues llevamos ya
algún tiempo estudiando primero San Juan y ahora la primera carta
escrita por el apóstol Juan. Y vamos a meditar los versículos
del 5 al versículo 8 que dicen, ¿Quién es el que vence al mundo
sin el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo
que vino mediante agua y sangre. no mediante agua solamente, sino
mediante agua y sangre, y el Espíritu es el que da testimonio,
porque el Espíritu es la verdad, porque tres son los que dan testimonio
en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos
tres son uno, y tres son los que dan testimonio en la tierra,
el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan. Y nuestro tema esta noche es
¿En quién confiamos? ¿En quién confiamos? Más que una pregunta, una afirmación,
una afirmación que está basada en algunas cosas que el apóstol
Juan va a explicar acerca de ¿Quién es aquel en quien confiamos?
Y si usted mira y va subrayando
al leer Primera de Juan o el Evangelio de Juan, usted va a
notar que algo que es abundante es la fe y el amor. El apóstol va haciendo énfasis
en la fe, desde que empezó ha estado haciendo énfasis en lo
que es, lo que hemos visto y oído anunciamos, dice para que también
vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión es
verdaderamente con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Y él va hablando
de dar testimonio y va haciendo énfasis en la importancia que
tiene el poder creer. Y creer es una palabra recurrente
tanto en el Evangelio de Juan como en la primera carta y aún
en la segunda y tercera carta de Juan. Y es importante que
nosotros podamos comprender qué es lo que la Escritura dice cuando
se refiere a creer. Justamente en nuestro tema está
implícita el término o el verbo creer, en quien confiamos, porque
yo creo que en todos los tiempos, pero más ahora, ha habido siempre
la tentación de poder pensar que creer es simplemente aceptar
ciertos hechos como ciertos. Dice un Un pastor dice que él
estaba, bueno, un predicador, un maestro bíblico, dice que
él estaba predicando de visita en una iglesia en Alaska, cuando
de pronto él se dio cuenta que entró un hombre grande de cuerpo
y se sentó en la parte de atrás y traía un sobre muy grande en
su mano. Y dice él que él se dio cuenta
que traía una cara triste, como él nunca había visto una persona
tan triste. Y él, como es su costumbre, él
predicó el Evangelio. Y al final la gente se retiró
y este hombre permaneció en su lugar y al final le dijo, necesito
hablar con usted, le dice. Y él dijo, pues, yo nunca he
ido a una iglesia, nunca he leído una Biblia. Es la primera ocasión
que estoy en una iglesia porque estoy viniendo del doctor. He
vivido toda mi vida en un rancho, dice. Fui al doctor y me dio
este sobre y yo estoy muy triste, estoy preocupado porque estoy
muriendo. Dijo el doctor que me quedan tres semanas de vida
y voy a morir y tengo miedo. Por primera vez tengo miedo que
voy a morir. Y el predicador, el maestro bíblico
lo escuchó y después de escucharlo le dijo, ¿sabes qué? Le dice, ¿escuchaste lo que prediqué?
entendiste lo que prediqué y él dijo sí sí entendí y normalmente
muchos predicadores hubieran dicho bueno si escuchaste lo
que prediqué y entendiste pues tú crees entonces lo que tienes
que hacer tú tienes que repetir esta oración y capaz si que lo
hubiera hecho repetir una oración porque tendemos a pensar que
es asentir intelectualmente, creer es asentir intelectualmente
con algunos conceptos que se aceptan como ciertos. Pero este
maestro bíblico dice que notaba que el hombre decía, entendí,
pero no había nada más que un asentimiento intelectual. Y él
le dijo, hombre, este señor le dice, Te quedan tres semanas
de vida y yo debo tomar un vuelo para regresar a los Estados Unidos,
pero voy a hacer esto, voy a cancelar mi vuelo y yo me voy a quedar
contigo y vamos a estudiar la escritura o hasta que te mueras
o hasta que Dios te salve. Y dice él que se empezó a reunir
con este hombre y empezaban a estudiar, a estudiar quién es Dios, quién
es Cristo, qué es lo que Cristo hizo, y estudiando el Evangelio
de Juan varias veces, y primera de Juan, y orando con este hombre,
y después de explicarle, entendiste, y el hombre decía, sí entendí,
pero no había nada más que un asentimiento intelectual, y él
estaba orando hasta que un día le dice, vamos a leer Juan 3, 16 le dice al hombre
y el hombre le dijo, pastor ya lo leímos muchas veces, no importa,
le dice lo vamos a leer otra vez. De pronto estaban leyendo
el pasaje cuando este hombre empezó a temblar y a decirle,
soy salvo, soy salvo. Y el maestro le dice, cómo sabes,
no lo has visto, no lo has leído. Quizá había algo diferente, había
no simplemente un asentimiento intelectual con algo que es verdadero. Dios, el Espíritu Santo, había
aplicado la palabra al corazón de este hombre y había algo que
es confianza. Él estaba confiando. Cristo me
ha salvado. Yo puedo morir ahora porque Cristo
me ha salvado. Soy salvo por lo que Cristo hizo.
No lo has visto que está aquí y el hombre estaba con una emoción
de su corazón. Y no quiere decir que todos los
eventos de salvación son idénticos. Pero no hay prisa por simplemente
decir ciertas verdades y apurarse a decirle a una persona, ¿lo
crees? Entonces repite esta oración. Confiar. Confiar es un asunto
importante. Ese verbo que se maneja ahí como
creer es confianza. Y yo creo que en todos los tiempos
ha habido la inclinación a pensar que simplemente es aceptar hechos
como reales. ¿Por qué pienso que no sólo es
de este tiempo? Porque aún en la escritura, Santiago
escribió, tú crees que Dios es uno, bien haces. Los demonios
también creen, pero no hay para ellos salvación. Lo importante
es, lo que implica este verbo es más que simplemente creer
que algo es cierto, sino es confiar plenamente en ese algo que es
cierto. Es necesario entender lo que la Escritura enseña acerca,
como un hecho histórico acerca del Señor Jesucristo, pero el
creer, el confiar va mucho más allí, dice la Escritura, que no es simplemente aceptarlo
como lo aceptan los demonios. Creer es aceptar el hecho y reconocer
todo lo histórico acerca de Cristo, pero implica profundamente el
hecho de confianza, de descansar plenamente en su persona y obra
de redención en la cruz, lo cual se refleja en una vida que obedece.
Si nosotros recordamos lo que ha estado diciendo Juan, hay
maneras de poder captar que una persona está verdaderamente confiando.
Y una persona que está confiando en Dios, solamente confiamos
en Dios porque conocemos a Dios, No se puede confiar en alguien
a quien no se conoce. Cristo ha venido para dar a conocer
a Dios. Él es la imagen misma de su substancia.
Y no podemos confiar si no le conocemos. Y no le podemos amar
si no le conocemos. Pero una persona que confía se
nota el reflejo de su confianza en una vida de obediencia por
saber que Él le ha amado Y nos es fácil asentirse intelectualmente
con algo y aceptarlo como un hecho, pero ante las circunstancias
de la vida, actuar de una manera que no sea consistente. Es fácil
aquí sentados decir que Cristo es el Señor, pero ¿qué sucede
cuando el doctor te da un diagnóstico que no es el que esperas? ¿Qué
sucede cuando de pronto se descompone el auto en el mes de mayo a la
una del día? ahí en la calle a cincuenta y
ocho entre cincuenta y nueve y sesenta y uno donde bueno antes
estaban los camiones de todos los que venían al norte y además
está descompuesto el aire acondicionado y tienes hambre y tienes tres
o cuatro niños peleando en el asiento de atrás poder seguir
sosteniendo como aquí Cristo es el Señor poder seguir creyendo
en verdad y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas
les ayudan a bien el hecho de tener hambre el hecho de que
hubo un accidente atrás y vas a estar tal vez dos horas atrapado
en el tránsito y que Dios deliberadamente hizo que se echa a perder el
aire acondicionado y vas a perder quizá un negocio que ibas a cerrar. y poder recordar y confiar. Esto
ayuda para mi bien. Sabemos que a los que aman a
Dios todas las cosas les ayudan a bien. El poder recordar como
Job que al final de cuentas Dios es la causa primaria de todas
las cosas. Job sabía algo. Si bien el diablo
era quien estaba causando males, pero él sabía que detrás de todo
el diablo es diablo de Dios. Porque de él, por él y para él
son todas las cosas. Y poder reflejar confianza confianza
y poder actuar en congruencia, en consecuencia. La desconfianza es evidente en
una vida que no es consistente con el Evangelio. La desconfianza
es evidencia de un pobre conocimiento de quién es Dios y recordemos
que el que no confía en Dios no le conoce y el que no le conoce
no ama porque Dios es amor. Nuestro texto nos regresa a un
asunto central la fe que vence al mundo, la fe plena, y el apóstol
Juan, guiado por el Espíritu Santo, nos va a enseñar tres
cosas acerca de aquel en quien confiamos. Es bien importante
el asunto de confiar, hermanos. Quiero ser insistente en ese
asunto de confiar. No es simplemente que creemos
que Jesús nació en un pueblo de Belén y que es un hecho histórico
y que Él cumplió las profecías del Antiguo Testamento, sino
es confiar plenamente en el Señor Jesucristo, creer quién es Él,
pero algo que se refleja en el hecho de que yo no confío en
nada ni en nadie, sino solamente en Cristo y en su obra perfecta
en la cruz. Y aquel en quien confiamos es
un asunto de vital importancia porque ahí radica todo lo que
es nuestra relación con Dios, nuestra relación con el prójimo,
nuestra relación con el mundo. dice por lo menos tres cosas
nuestro pasaje en quien confiamos es en Jesús el hijo de Dios en
que confiamos es en Jesucristo que vino mediante agua y sangre
y en quien confiamos es Jesucristo a quien respalda testimonio en
el cielo y testimonio en la tierra dice el versículo cinco quien
es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el hijo
de Dios y es interesante que está constantemente, constantemente
y continuamente está entrelazado a las verdades que Juan nos está
enseñando. Es interesante que tenemos que
considerar aún el versículo 4, porque ahí empieza a hablar del
que vence al mundo. Dice, porque todo el que es nacido
de Dios vence al mundo y esa es la victoria que ha vencido
al mundo nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo
sino el que cree que Jesús es el hijo de Dios? Y hermanos,
el que vence al mundo no es simplemente aquel que cree si Jesús nació
en un pueblo de Belén, si Jesús murió en una cruz y lo acepta
como un hecho real. No es simplemente aquel que tiene,
que se ha leído libros como evidencias, que exige un veredicto y sabe
que en verdad, sino confía plenamente en lo que Cristo ha hecho en
la cruz. La confianza, la confianza plena en el Señor Jesucristo
y en su obra es fundamental. El poder confiar en la obra del
Señor Jesucristo, el poder confiar en su resurrección gloriosa,
el poder confiar en que Él fue al Padre para enviar al Espíritu
Santo y aquellos que han creído han sido sellados con el Espíritu
Santo de la promesa. Note que el que vence al mundo
o la victoria sobre el mundo no es algo No vencemos al mundo
por algo que hacemos, sino vencemos al mundo por quienes somos. El
versículo cuatro dice, ¿Quién es el que vence al mundo? No
es el que hace tal o cual cosa, sino el que vence al mundo es
el que ha nacido de Dios. Pero el que ha nacido de Dios,
ha nacido de Dios porque Dios le ha dado fe para confiar en
el Señor. Dios le ha dado fe no para creer
en Dios, sino para creerle a Dios. La fe salvadora es la fe que
cree a Dios. Dice, Y este es un asunto que
para Juan es sumamente importante. Juan habla constantemente acerca
de la fe y de la fe en el Hijo de Dios. Dice, ¿Quién es el que
vence al mundo, señor? El que cree que Jesús es el Hijo
de Dios. Y Juan ha dedicado todo el evangelio
de Juan justamente para este asunto que es de trascendental
importancia. El versículo treinta y treinta
y uno del capítulo veinte de Juan recuerde que es el propósito
por el cual Él ha escrito este Evangelio, dice, hizo además
Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos,
las cuales no están escritas en este libro, pero éstas se
han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Hemos creído
que Jesús es el Hijo de Dios y estamos confiando plenamente
en el Hijo de Dios. Está mi confianza totalmente
en el hecho de que Cristo, el Hijo de Dios, Él es el camino
y no hay otro camino. Si por ahí en algún lugar tienes
confianza en algo más, arrepiéntete. Jesús es el camino, es la verdad
y es la vida. Nadie viene al Padre si no es
por el Señor Jesucristo. Confiar en que no hay otra opción,
en que es una mentira los que dicen todos los caminos llevan
a Roma. Puede ser que todos los caminos,
y así era en el Imperio Romano. En el Imperio Romano efectivamente
todos los caminos llevaban a Roma. Pero cuando hablamos de asuntos
espirituales es una total mentira que todos los caminos todos los
caminos te van a llevar a Roma, pero no al cielo ni al Padre.
El único camino es el Señor Jesucristo. Confiar en eso, confiar que cuando
Dios lo dice, eso es contundente. No importa cuánta gente se esté
apurando a decir, no, lo importante es que creas, lo importante es
que tengas fe en lo que quieras, le puedes llamar Dios, Ser Supremo.
No, hermano, mi amigo, la Biblia es contundente y es necesario
confiar, depositar la confianza plenamente en quien es Jesucristo,
y Jesucristo es el único camino para llevarnos a tener una relación
con Dios. Dice la Biblia también porque
no hay otro nombre dado a los hombres bajo el cielo en que
podamos ser salvos, sino solamente en el nombre del Señor Jesucristo,
es confiar quién es Él. Él es el camino, Él es la verdad,
Él es la vida, Él es el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo
Testamento, Él es el Hijo de Dios, Él es el Eterno Hijo de
Dios, 100% Dios que tomó forma humana. caminó en el polvo de
esta tierra. Él dejó su trono voluntariamente
y nació de una virgen y nació y vivió una vida sin pecado.
Él es la simiente de la mujer prometida en Génesis capítulo
tres versículo quince. Él es nuestro sacerdote, él es
nuestro profeta, él es nuestro rey, él es el cordero, él es
la propiciación por nuestros pecados, él es el cordero de
Dios que quita el pecado del mundo, Él es el pastor que llama
a sus ovejas, pero Él es el pastor que pone su vida por sus ovejas.
Él es el único en quien el Padre tiene complacencia. Y la única
manera de tener contento al Padre es estar en el Señor Jesucristo. Se requiere una justicia mayor
que la de los escribas y fariseos. Y nuestra confianza tiene que
estar en el hecho de que esa justicia es la justicia del Señor
Jesucristo. Confiar que Él es el único que
ha cumplido la ley. Si allá en lo hondo de tu corazón
crees que tú cumples la ley, recuerda aquel joven rico, que
viene a preguntarle al Señor qué tiene que hacer para ser
salvo. Y el Señor le dice, ¿sabes los mandamientos? Y él pregunta,
¿cuáles? Y él se apura a decir, todo esto lo he guardado desde
mi juventud. Creer que Jesús es el Cristo es creer que yo
no he guardado la ley. Lo que yo he hecho todos los
días de mi vida es quebrantar toda la ley de Dios. Que la única
persona que ha cumplido la ley completamente es el Señor Jesucristo.
poder confiar en que Él vivió, como dice la Escritura, una vida
sin pecado, tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado,
y confiar en Él, confiar que Él cumplió la ley por mí. Es interesante que el Señor Jesucristo
se circuncidó y los creyentes gentiles Y ya ningún creyente,
sea gentil o de donde sea, no requiere ser circuncidado porque
Cristo hizo la circuncisión en favor de su pueblo. Que Cristo
cumplió toda la ley, que Cristo después murió como si no hubiera
cumplido la ley por causa de que yo no cumplí la ley. Dice
la Biblia que el castigo de nuestra paz fue sobre él y por su llaga
fuimos nosotros curados. Confiar en eso, confiar nada
más en el Señor Jesucristo, no pretender poner nada sino solamente
confiar en el Señor Jesucristo, en lo que Él ha hecho. Y ese
es el corazón del Evangelio. Ese es lo que establece la Escritura
en cuanto a en quién confiamos. Confiamos en Jesús, el Hijo de
Dios, el cumplimiento de todo el Antiguo Testamento, el cumplimiento
de las profecías. Y nuestra confianza está puesta
en Él. confiamos en él y por lo tanto
hemos sido justificados dice justificados pues por la fe tenemos
paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo y Juan
capítulo diecisiete es un capítulo entero que va hablando acerca
de quién es el Señor Jesucristo y qué es lo que implica el creer
en el Señor Jesucristo dice Juan capítulo diecisiete quiere buscarlo
y voy a lo vamos a leer pero quisiera mostrar algunas cosas Dice estas cosas habló Jesús,
y levantando los ojos al cielo dijo, Padre, la hora ha llegado,
glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique
a ti, como le has dado potestad sobre toda carne para que dé
vida eterna a todos los que le diste, y esta es la vida eterna,
que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo
a quien has enviado. Es bien importante esta declaración
de Jesús. Y esta es la vida eterna. Que
te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien
has enviado. Confiar Cristo mismo es la vida
eterna. Que vino a dar a conocer al Padre. Vino a glorificar al Padre. He
estado explicando glorificar es manifestar el carácter. Y
Cristo estuvo siempre manifestando el carácter de su Padre. Él mostró
que Él es Dios y da vida. Él mostró que Él es Dios y Él
perdona pecados. Él le dijo al paralítico, levántate,
toma tu lecho y anda. Y los religiosos dijeron, ¿quién
es este? Antes de decirle, le dijo, tus
pecados te son perdonados. Y ellos dijeron, ¿quién es este
que perdona pecados? Sólo Dios puede perdonar pecados.
Y él les mostró que él estaba mostrando el carácter de su padre,
porque él es uno con el padre, porque él es Dios. Y él les dijo,
pues, para que sepan que el Hijo del Hombre tiene potestad para
perdonar pecados, a ti te digo, levántate, toma tu lecho y anda.
Y él se levantó. ¿Y qué estaba haciendo? Mostrando
el carácter de su padre. Él podía ver a una persona y
decirle, como a la mujer samaritana le dice anda llama tu marido
y la mujer dice no tengo marido y el señor dice bien has dicho
no tengo marido porque cinco maridos has tenido y lo que ahora
tienes no es tu marido y la mujer se sorprende porque ella experimentó
lo mismo que experimentó el salmista cuando escribió el salmo 139
estaba experimentando porque cristo estaba mostrando el carácter
del padre Dice el salmista cuando empieza el salmo, dice, Señor,
Tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y
mi levantarme, mi andar y mi reposo. Aún no está la palabra
en mi boca y ya la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste.
Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí. Alto es,
no lo puedo comprender. ¿A dónde voy a huir de tu presencia?
No hay nada que se esconda de Dios. ¿Y sabe qué? Cristo estaba
delante de esa mujer mostrándole la gloria que el salmista había
visto por el Espíritu Santo al escribir el Salmo 139. Y ella
creyó en el Señor Jesucristo. Dice después, yo te he glorificado
en la tierra. Dice, he acabado la obra que
me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, gloríficame
tú al lado tuyo con aquella gloria que tuve contigo antes que el
mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del
mundo me diste. Tuyos eran y me los diste, y han guardado tu
palabra. Y ahora han conocido que todas las cosas que me has
dado proceden de ti, porque las palabras que me diste les he
dado, y ellos las recibieron. Y han conocido verdaderamente
que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Y estas cosas
se han escrito para que sepáis que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Y
aquí el Señor Jesús está hablando, orando al Padre, y hablando de
sus discípulos. Ya Judas no estaba, porque él
no era un verdadero creyente. Jesús está orando por aquellos
once que eran verdaderos creyentes, que habían conocido que Cristo
es el Cristo, el Hijo de Dios. Aquellos que estaban aún Dios
ya les había dado fe, pero aún no había sido confirmada su fe.
Cristo aún no había sido levantado en la cruz. Sin embargo, Él los
había elegido para salvación. Él les había dicho versículos
antes, no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo les elegí a
vosotros, y les he puesto para que vayan y lleven fruto. Y el
Señor, su obra es lo que garantizaba lo que Él iba a hacer, porque
Él iba a poner fe en ellos para confiar plenamente en el Señor
Jesucristo. Dice después, yo ruego por ellos,
no ruego por el mundo, sino por los que me diste porque tuyos
son, y todo lo mío es tuyo y lo tuyo mío, y he sido glorificado
en ellos, y ya no estoy en el mundo, mas estos están en el
mundo. Yo voy a ti Padre Santo, a los
que me has dado, guárdalos en tu nombre para que sean uno,
así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el
mundo, yo los guardaba en tu nombre. A los que me diste, yo
los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición
para que la escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti y hablo esto
en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
Yo les he dado tu palabra y el mundo los aborreció, porque no
son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los
quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo. santificarlos en tu verdad tu
palabra es verdad como tú me enviaste al mundo así yo los
he enviado al mundo y por ellos yo me santifico a mí mismo para
que también ellos sean santificados en la verdad y note después este
versículo dice más no ruego solamente por estos sino también por los
que han de creer en mí por la palabra de ellos y aquí está
incluyéndonos en su oración y note que está en el contexto de quién
es el que vence al mundo aquí es el señor está hablando de
aquellos que iba a dejar en el mundo Y el que vence al mundo
es el que ha nacido, es el que ha creído, es el que confía plenamente
en el Señor Jesucristo. Y dice, más no solamente ruego
por esto, sino también por los que han de creer en mí, por la
palabra de ellos. Aquellos que van a confiar en
que yo soy el Hijo de Dios. Aquellos que van a confiar que
yo soy el camino, la verdad y la vida. Aquellos que van a confiar
que yo soy su sacerdote, su profeta, y su rey. Aquellos que no tienen
otro lugar donde ir, sino solamente confiar en la justicia del Señor
Jesucristo. Dice, Padre, aquellos que me
has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo
para que vean mi gloria que me has dado. porque me has amado
desde antes de la fundación del mundo. Padre justo, el mundo
no te ha conocido, pero yo te he conocido, y esos han conocido
que tú me enviaste, y les he dado a conocer tu nombre, y lo
daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado
esté en ellos, y yo en ellos. Y hermanos, eso es algo que pesa
en el corazón de Juan, el hecho de confiar, y confiar con esa
fe que el Señor da, de poder confiar plenamente en el Señor
Jesucristo. La fe del creyente es una fe
preciosa porque es don de Dios. Pero en cuanto a que es, nuestra
fe está llena de agujeros y el clamor nuestro debe ser, creo,
ayuda a mi incredulidad. Que el Señor haga crecer cada
día nuestra confianza y que Dios nos ayude a no ceder al engaño
porque es sutil, hermanos. Y una manera de saber que estamos
confiando solamente en Cristo es la humildad. Hermanos, quien confía en Cristo
no haya mérito en sí mismo. Quien confía en Cristo puede
ser misericordioso con otros, porque sabe que si él no está
en algún pecado, es por la gracia de Dios que lo sostiene. Quien
confía en Cristo es aquel que se puede acercar y poder restaurar
a su hermano con una actitud de mansedumbre, porque se considera
a sí mismo, porque no confía en sí mismo. Los que confían
en sí mismos son arrogantes. Recuerde aquel Cuando Jesús contó
la historia, se la contó a aquellos que confiaban en sí mismos y
menospreciaban a otros. Y la historia que contó fue de
un hombre que entró y lloraba y decía, gracias, porque no soy
como los otros hombres. Y empezó a decir una lista de
las cosas que hacía. Hermanos, que Dios nos guarde.
Hay tanta gente que de pronto, escuchando, leyendo, llegamos
a engañarnos y a pensar de que tenemos algún mérito ante Dios
porque no fallamos. a ningún culto, porque siempre
llegamos temprano. Hermanos, que Dios nos guarde
de confiar en algo que hacemos. El Señor Jesucristo dice que
va a haber un día en que van a llegar personas que le van
a decir, Señor, en tu nombre profetizamos. ¿Y sabe qué quiere
decir eso? Va a haber predicadores que están
perdidos. porque están confiando en que
predicaban. En tu nombre profetizamos. Va a haber gente que puede hacer
milagros en nombre de Jesús. En tu nombre echamos fuera demonios.
En tu nombre hicimos muchos milagros. Pero Jesús va a decir, apartados
de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí. ¿Y cuál es el problema?
El problema es el error de confiar, no en Cristo y quién es Cristo,
sino confiar en algo que uno puede hacer. A veces, incluso
con buena intención, educando a nuestros hijos, decimos, hijo,
no hagas eso porque eso no agrada a Dios. Y no es que no enseñemos
a nuestros hijos a vivir en rectitud, pero hermanos, nada que yo haga
puede hacerme agradar a Dios. Solamente una cosa, que hayas
creído que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, que estés confiando
plenamente en Cristo, y que por lo tanto estés en Cristo, de
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Hermanos,
lo único que puede agradar a Dios es cuando Dios nos ve en Cristo.
Dice el Padre, dice, este es mi Hijo amado en quien tengo
complacencia. Y la única manera de que yo pueda complacer al
Padre es que me vea en su Hijo el Señor Jesucristo. Asegurémonos
de que estamos confiando plenamente en el Señor Jesucristo de que
mi confianza no está en absolutamente nada más que en Cristo. Asegurémonos,
hermanos, de que nuestra fe no es simplemente intelectual, no
es simplemente aceptar hechos, sino que estamos confiando en
lo que Cristo hizo en la cruz. está obrando confiamos en cristo
el hijo de dios no hay lugar para confiar en cristo como mucha
gente dice no yo si creo en cristo cristo fue un gran maestro o
cristo fue un hombre que vino a dejarnos un modelo de enseñanza
hermanos no hay opción para eso o cristo crees en él como el
hijo de dios o no hay lugar para creer de otra de otra forma en
él porque cristo incluso fue a la cruz. La razón de que sus
enemigos lo crucificaron fue porque él sostuvo hasta el final
que él es hijo de Dios. Cuando él sostuvo eso, el sacerdote
rasgó sus vestiduras y dijo, ¿qué más necesidad tenemos de
testigos? Él mismo ha blasfemado. y él
murió no por lo que hizo sino por sostener que él es el hijo
de Dios y él es el hijo de Dios y si no lo crees así pues no
lo puedes aceptar como un gran maestro porque sólo quedan dos
opciones o Cristo era un gran mentiroso o Cristo era alguien
que estaba trastornado mentalmente porque él sostuvo que él es el
hijo de Dios y él murió en la cruz y aún en la misma cruz él
clamó y dijo clamó a su padre diciéndole en tus manos encomiendo
mi espíritu la gente se burló de él diciendo se encomendó a
dios libre de él hermanos la prueba de que él es quien dijo
ser es que él no quedó en la tumba al tercer día él resucitó
y él vive él está sentado en su trono más de 500 personas
le vieron como el cristo resucitaba cristo vive confiamos en el Hijo
de Dios. Es lo mismo que Pablo dice cuando
dice, primeramente les he enseñado lo que asimismo recibí, que Cristo
murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras y que fue sepultado
y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Cristo
vive. ¿Estamos confiando en Él? ¿En
qué estamos confiando? Estamos en Cristo por causa de
que confiamos plenamente en su obra. confiamos en el Hijo de
Dios. Confiamos en Jesucristo que vino
mediante agua y sangre. Dice, este es Jesucristo que
vino mediante agua y sangre. No mediante agua solamente, sino
mediante agua y sangre. Y aquí Juan está repitiendo de
un lado y del otro porque él es repetitivo, porque lo que
él está diciendo es importante. Y Juan aquí está llamando la
atención a No creas en un Cristo que no es el Cristo. Juan está
retomando un mensaje con el cual inicia la carta. Juan está retomando
un mensaje que va contra el mensaje de los gnósticos, esos que negaban
que Jesús vino en carne. Esos que decían que Jesús no
tenía precisamente un cuerpo, que Jesús no murió en la cruz
porque ellos negaban, ellos enseñaban que el cuerpo es malo. El apóstol
Juan está retomando ese tema con el que empezó, porque él
dice, lo que hemos visto y oído, lo que palparon nuestras manos,
porque Cristo, el Cristo en quien confiamos, el Hijo de Dios, no
era un fantasma, sino era uno que tomó forma humana, uno que
se hizo como nosotros. Y Juan está retomando este asunto
acá y dice, Cristo que vino mediante agua y sangre. Y está también
refiriendo, en la ley, constantemente se mencionaba el agua, y la sangre,
y el agua que para los lavamientos que simbolizaba el poder presentarnos
limpios delante de Dios y la sangre que reconciliaba y justificaba. Y aquí él está retomando esta
verdad para recordar, confiamos en un Cristo que no es un fantasma,
confiamos en un Cristo que tomó efectivamente un cuerpo, confiamos
en un Cristo que es aquel que provee limpieza para su pueblo
en un sentido completo, confiamos en un Cristo que se hizo carne
y habitó entre nosotros, que tomó forma humana, que se identificó
totalmente con nosotros y Algunas personas a lo largo de
la historia han creído que, por ejemplo, cuando habla de que
vino mediante agua, está haciendo referencia al hecho de que Jesús
mismo se bautizó, y no se bautizó por causa de que Él tuviera pecado,
sino para identificarse plenamente con nosotros. Y la sangre habla del hecho de
que Él, como hombre humano, tenía sangre humana y esa sangre fue
la que fue dada en propiciación por nuestros pecados. También
es interesante que nos retoma, esto hace que pueda relacionarse
con algo que Jesús dijo, que el que no naciera de agua y del
espíritu, pero también es interesante que cuando pensamos en agua y
sangre recuerde que hay un momento en que Juan está escribiendo
y narrando y dice que estaba un soldado ahí y trajo una lanza
y traspasó el costado del señor dice y brotó agua y sangre dice
y el que lo vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero
y aquí el apóstol Juan está haciendo énfasis en que Cristo tenía una
identificación plena con nosotros. Está retomando el hecho de que
Cristo no era un fantasma, sino en verdad Él murió. Cristo no
simuló simplemente morir en la cruz, sino Él murió verdaderamente
en la cruz. Él invitó, Él tenía, Él comió
con sus discípulos después de haber resucitado. Él triunfó
sobre la muerte. Él murió y resucitó y en ese
hecho estaba Estaba mostrando en el brotar agua y sangre el
hecho también de que él proveía completamente para nuestra salvación. El agua para el lavamiento, la
sangre que es propiciación por nuestros pecados y no solamente
por los nuestros sino por los de todo el mundo. la salvación
completa. La salvación completa que incluye
el hecho de que Él nos salva de la presencia del poder del
pecado, de la pena del pecado y también de la presencia del
pecado. Él es la propiciación por nuestros
pecados. Juan dice, estas cosas les escribo
para que no pequéis, pero si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo, el cual es la propiciación
por nuestros pecados y no sólo por los nuestros, sino por los
de todo el mundo. Cristo vino mediante agua y sangre. Cristo se hizo hombre, se identificó
con nosotros. Él tenía que ser cien por ciento
Dios, cien por ciento hombre, y Él hizo la propiciación para
una salvación completa. Jesucristo en quien confiamos
es respaldo de un testimonio en el cielo y él dice en la biblia
versículo 7 porque tres son los que dan testimonio en el cielo
el padre el verbo y el espíritu santo hermanos cuando cristo
fue bautizado allí dice la biblia que se escuchó una voz del cielo
que decía este es mi hijo amado en quien tengo complacencia y
el Espíritu Santo posó sobre él en forma de paloma. Y Juan
el Bautista dijo que el que lo envió le había dicho, aquel que
vieres, que desciende sobre él el Espíritu Santo, este es el
Cristo, este es el ungido de Dios. Y hay un testimonio, el
testimonio del Padre, el testimonio del Espíritu Santo en aquel momento
en la tierra, el testimonio del Padre a lo largo de la historia
que ha quedado registrado por inspiración del Espíritu Santo
en la palabra escrita. Cristo, en quien confiamos, está soportado por el testimonio,
como decía la ley, de dos o tres testigos. No era simplemente
su palabra, sino soportado por el testimonio del Padre y del
Espíritu Santo. Y después dice, y tres dan testimonio
en la tierra. Y dice, el Espíritu, el agua
y la sangre. Y hace énfasis otra vez a la
obra de Cristo. Pero también hace énfasis en,
esto es algo continuo, que implica responsabilidad para los que
hemos creído. Y no solo responsabilidad, sino privilegio. Tres son los
que dan testimonio en la tierra, el Espíritu. Si usted recuerda
lo que leímos en el capítulo 17 de Juan, habla de cómo Cristo
hizo una sola cosa al tiempo que estuvo acá y es glorificar
a Dios. Y glorificar a Dios era estar
dando testimonio de Dios a través de sus labios, pero a través
de su carácter de vida, de lo que Él hizo. Estuve citando hace
un rato las cosas que Jesús hizo que mostraban el carácter del
Padre. El Espíritu Santo sigue dando testimonio en la tierra
a través de aquellos que hemos creído. A través de aquellos
que por haber creído y nacido de Dios, vencemos al mundo. No
estamos sometidos al mundo, amando al mundo. Y aquí está hablando
no de la creación, sino del sistema de valores que es opuesto al
Señor, que Juan ha dicho en Primera de Juan, no améis al mundo ni
las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor
del Padre no está en él. Hermanos, quienes hemos creído
y confiamos y estamos confiando en el Señor Jesucristo, tenemos
el privilegio de que el Espíritu Santo siga dando testimonio a
través de nosotros. Tenemos el privilegio de ser
luz del mundo. Tenemos el privilegio de ser
sal. Tenemos el privilegio de, dice el Señor Jesucristo, así
alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras
buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Tenemos el privilegio de dar testimonio con la vida de Cristo
fluyendo en nosotros. Tenemos el privilegio de dar
testimonio a través de pasar por las aguas del bautismo. Cuando
nos bautizamos estamos dando testimonio de lo que Cristo ha
hecho internamente en nuestro corazón. sigue dando testimonio por su
sangre porque su sangre sigue siendo poderosa para salvar porque
su sangre sigue siendo la propiciación por nuestros pecados y hermanos
cuando confesamos nuestros pecados estamos haciendo aún una proclamación
del evangelio cuando confesamos nuestros pecados a dios y cuando
confesamos nuestros pecados unos a otros y estamos dando todo
el mérito y toda la gloria al señor una de las cosas que nos
puede evitar confesar nuestros pecados mutuamente. Entendamos que es confesar nuestros
pecados mutuamente, no es ir y confesarle a cada quien el
pecado, sino si yo peco contra mi hermano, voy a mi hermano
y le pido perdón. ¿Y qué es lo que nos evita hacer
eso? Algo que nos evita hacer eso
es falta de estar confiando en Dios. Es no tener plena confianza
en lo que Cristo ha hecho. Cuando yo tengo plena confianza
en lo que Cristo ha hecho, no tengo miedo de mostrarme como
soy. Intento taparme. ¿Qué cosas hacemos
cuando no reconocemos pecado y no venimos confesando pecado?
Algunas cosas que solemos hacer es, sí me enojé y te maltraté,
pero es que tú... Y, ¿sabe? Eso no es reconocer
pecado. Pero es que tú comenzaste, es que tú me haces enojar. Es
que tú... Eso es lo mismo que tratar de
taparnos con hojas de higuera. Pero cuando yo creo que toda
mi salvación está en Cristo, que Él ha provisto una justicia
que no es mi justicia, cuando yo estoy confiando, yo puedo
venir y decir, sabes qué, yo he pecado contra Dios. No amé
a Dios y su gloria, y por lo tanto, fracasé en amarte. Por
eso te he maltratado verbalmente, por eso te he ofendido. Y poder
confesarnos nuestros pecados, poder ir a nuestros hijos en
humildad y decir, hijo, perdóname, me equivoqué. Y la verdad que
Dios nos ayuda a analizar en nuestro corazón muchas veces
nuestras equivocaciones o nuestros pecados contra nuestros hijos,
contra nuestras esposas, contra nuestro semejante es porque muchas
veces estamos confiando en alguien más que en Dios. ¿En quién confiamos? Confiamos en Jesucristo, aquel
que tiene un testimonio en el cielo, que tiene un testimonio
en la tierra. y aquel que los creyentes que
hemos creído, que confiamos, tenemos el privilegio de seguir
siendo sus testigos, de que sigamos dando testimonio por la obra
del Espíritu Santo en la tierra. a través de nuestro, si has creído
en el Señor Jesucristo, dar testimonio en las aguas del bautismo. Si
has creído en el Señor Jesucristo, dar testimonio porque estás confiando
que no hay mérito en ti. Que puedes decir cuando alguien
te dice, ah, qué buena persona eres. Hermanos, el que está en
Cristo y confía en Cristo no se la cree. El que está en Cristo
y confía en Cristo dice, eso que salió bien, ese no soy yo.
Cuando tú veas que yo respondo con amor ante la agresión, o
cuando yo no me enojo tan rápido, ese es Cristo en mí. Es la obra de Su Espíritu en
mí. Cuando tú veas que yo me enojo rápido, ese soy yo y necesito
arrepentirme. Cuando tú veas que soy impaciente,
que me falta misericordia, ese soy yo. Cuando sale la vida de
Cristo, ese es Cristo, ese es el Espíritu Santo, esa es la
esperanza de gloria. Eso es un indicativo de que he
sido injertado en la vid verdadera. y cuando me doy cuenta que he
pecado me doy cuenta porque es el Espíritu Santo obrando y vengo
otra vez al Señor Jesucristo sin temor me acerco al Señor
Jesucristo porque además sé que Él me conoce tal cual soy pero
no sólo sé que me conoce tal cual soy sino que Él ha hecho
propiciación por mis pecados y que la sangre de Jesucristo
Su Hijo me limpia de todo pecado y lejos de negar que hemos pecado
El que dice que no tiene pecado hace a Dios mentiroso, dice Juan.
¿Y cuántas veces cuando echamos culpas estamos diciendo yo no
he pecado? O sea, fue mi esposa, fue mi hijo, fue mi patrón. Ellos
me hacen enojar, los hijos me ponen tenso y vamos echando
culpas. Hermano, nadie nos puede hacer
pecar. pecamos porque empezamos a buscar,
a confiar, a esperar en alguien más que en Dios. No olvide la
conclusión de la epístola, hijos guardados de los ídolos, tenemos
un corazón idólatra y nuestra esperanza es Cristo, confiar
plenamente en Cristo y clamar al Señor que nos guarde de simplemente
ser religiosos, que nos guarde de simplemente tener conceptos
correctos en nuestra cabeza, Es correcto ser ortodoxos, pero
es necesario que Dios lleve esa ortodoxia a una confianza plena.
A que así como si yo les dijera, hermanos, se está cayendo el
techo, nadie de ustedes me creyó. Porque si ustedes me hubieran
creído, nadie estuviera sentado en su silla. Bueno, que Dios
nos haga ir al punto de que cuando creemos lo que Dios dice y le
creemos a Dios, confiamos y nuestra vida vive en consecuencia. Y
hermanos, no es algo que hacemos, sino es lo que Dios ha hecho
en nosotros. Es el que ha nacido de Dios.
Y recuerde que los que han nacido de Dios no lo son por voluntad
de carne, ni por voluntad de sangre, ni por voluntad de varón,
sino de Dios. Y si Dios está hablando a tu
corazón, clama al Señor que te salve. Clama al Señor que te
dé fe para creerle a Él. Clama al Señor que te dé arrepentimiento
para vida. Es tal la afectación de la caída
que el hombre sin Cristo ni puede creer, ni quiere creer, ni siquiera
puede arrepentirse, pero clama al Señor. Si Él te está hablando,
clama al Señor. porque si él te está llamando
es que el Padre te está trayendo a Cristo. Nadie viene a mí si
el Padre no le trae. Y al que a mí viene, no le echo
fuera. Y si Dios está llamando, ven al Señor Jesucristo. Clama
al Señor Jesucristo que te dé fe. Clama al Señor Jesucristo
que se te rebele. Clama al Señor Jesucristo que
haga una obra sobrenatural, que te haga nacer de nuevo. Vamos
a orar.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!

Joshua

Joshua

Shall we play a game? Ask me about articles, sermons, or theology from our library. I can also help you navigate the site.