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JC

Los Que Vienen al Cordero

John 1:37-42
Joel Coyoc May, 10 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 10 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about the Lamb of God?

The Bible identifies Jesus as the Lamb of God who takes away the sins of the world, fulfilling the sacrificial system established in the Old Testament.

The term 'Lamb of God' is most prominently mentioned in the Gospel of John, particularly in John 1:29, where John the Baptist proclaims, 'Behold, the Lamb of God who takes away the sin of the world!' This declaration highlights Jesus' role as the ultimate sacrifice, whose shed blood brings redemption. Throughout the Old Testament, sacrifices pointed to this true Lamb, fulfilling God's plan for salvation. The imagery of the Lamb symbolizes not only sacrificial atonement but also the innocence and purity required to cover and cleanse sin.

John 1:29, Isaiah 53:7

How do we know that Jesus is the Messiah?

Jesus' fulfillment of Old Testament prophecies and His divine nature confirm His identity as the Messiah.

The identification of Jesus as the Messiah is rooted in the fulfillment of numerous prophecies found in the Old Testament. For instance, passages such as Isaiah 53 provide clear descriptions of a suffering servant who bears the sins of many, which Jesus perfectly embodies through His life, death, and resurrection. Furthermore, His divine nature as the Son of God, evidenced through miracles, teachings, and His resurrection, attests to His messianic role. Believers affirm this truth through faith, understanding that it is revealed by the Holy Spirit, enabling them to grasp the significance of Jesus' life and sacrifice.

Isaiah 53:5, John 3:16, Romans 1:4

Why is understanding the role of the Holy Spirit important for Christians?

The Holy Spirit is essential for revealing Christ to believers and empowering them for a life of faith.

Understanding the role of the Holy Spirit is crucial for Christians as He is the agent of transformation and illumination in the believer's life. In John 1:33, John the Baptist mentions that he came to baptize in water but that Jesus would baptize with the Holy Spirit. This underscores the Spirit's role in pointing us to Christ and enabling us to perceive our need for Him. Additionally, the Holy Spirit convicts individuals of sin, righteousness, and judgment (John 16:8), leading them to a saving faith in Jesus. Christian life and growth hinge on the Spirit’s presence, guiding believers in their walk with God and empowering them to witness effectively.

John 1:33, John 16:8, Acts 1:8

What does it mean to come to Christ as the Lamb of God?

Coming to Christ as the Lamb of God means recognizing Him as the only source of salvation and forgiveness for sin.

To come to Christ as the Lamb of God signifies acknowledging Him as the sole provision for our salvation. In John 1:37-39, when the disciples followed Jesus, it illustrates how they recognized their need and sought to stay with Him. This response is not just a one-time decision but an ongoing relationship characterized by faith, seeking, and communion with Christ. Understanding Jesus as the Lamb means accepting His sacrifice as the fulfillment of the Old Testament sacrificial system, realizing that His blood is necessary for our cleansing from sin. Believers are called to continually approach Christ, turning away from sin and embracing the grace and mercy He offers.

John 1:37-39, Hebrews 9:22

Why is the work of God essential in salvation?

God’s work in salvation ensures that all glory goes to Him, affirming that salvation is by grace alone.

The work of God in salvation is essential because it emphasizes that salvation is not of human effort but of divine initiative and grace. Ephesians 2:8-9 clarifies that it is by grace we are saved through faith, not of ourselves, lest anyone boast. This sovereign work underscores that no one can come to Christ unless the Father draws him (John 6:44). The complete reliance on God's action assures that all glory belongs to Him, which is a central tenet of Reformed theology. By seeing salvation as a work of God from beginning to end, believers are rooted in the assurance that their salvation is secure in Christ, not dependent on their merits but on God’s faithfulness.

Ephesians 2:8-9, John 6:44

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Vamos a abrir nuevamente nuestra
Biblia allá en el Evangelio de San Juan, en su capítulo 1. Evangelio de San Juan, capítulo
1. La Palabra de Dios dice, en el
principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo
era Dios. Este era en el principio con
Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada
de lo que ha sido hecho fue hecho. En él estaba la vida, y la vida
era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece,
y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado
de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para
que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por
él. No era él la luz, sino para que
diese testimonio de la luz, aquella luz verdadera que alumbra a todo
hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo
por él fue hecho, pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino,
y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron,
a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos
hijos de Dios. Iguales no son engendrados de
sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino
de Dios. Y aquel verbo fue hecho carne,
y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito
del Padre lleno de gracia y de verdad. Juan dio testimonio de
él y clamó, diciendo, Este es de quien yo decía. El que viene
después de mí es antes de mí, porque era primero que yo. Porque
de su plenitud tomamos todos y gracia sobre gracia. Pues la
ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron
por medio de Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás. El
unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado
a conocer. Este es el testimonio de Juan
cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas
para que le preguntasen, ¿tú quién eres? Confesó y no negó,
sino confesó, yo no soy el Cristo. Y le preguntaron, ¿qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo, no soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió,
no. Le dijeron, pues ¿quién eres?
Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices
de ti mismo? Dijo, yo soy la voz de uno que
clama en el desierto. Enderezad el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías. Y los que habían sido enviados
eran de los fariseos. Y le preguntaron y le dijeron,
¿Por qué pues bautizas si tú no eres el Cristo, ni elías ni
el profeta? Juan les respondió diciendo,
Yo bautizo con agua, mas en medio de vosotros está uno a quien
vosotros no conocéis. Este es el que viene después
de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar
la correa del calzado. Estas cosas sucedieron en Betávara,
al otro lado del Jordán donde Juan estaba bautizando. El siguiente
día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo, He aquí el Cordero
de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien
yo dije, Después de mí viene un varón, el cual es antes de
mí, porque era primero que yo. Y yo no le conocía, mas para
que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con
agua. También dio Juan testimonio diciendo,
vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció
sobre él. Y yo no le conocía, pero el que
me envió a bautizar con agua, aquel me dijo, sobre quien veas
descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza
con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio
de que este es el Hijo de Dios. El siguiente día otra vez estaba
Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba
por allí, dijo, He aquí el Cordero de Dios. Le oyeron hablar los
dos discípulos, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viendo
que le seguían, les dijo, ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron, Rabí,
que traducido es Maestro, ¿Dónde moras? Les dijo, Venid y vet. Fueron y vieron dónde moraba,
y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían
oído a Juan y habían seguido a Jesús. Este halló primero a
su hermano Simón y le dijo, hemos hallado al Mesías, que traducido
es el Cristo, y le trajo a Jesús. Y mirándole, Jesús dijo, tú eres
Simón, hijo de Jonás, tú serás llamado Cephas, que quiere decir
Pedro. El siguiente día quiso Jesús
ir a Galilea y halló a Felipe y le dijo, sígueme. Y Felipe
era de Bethsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló
a Natanael y le dijo, hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés
en la ley, así como los profetas, a Jesús, el hijo de José de Nazaret. Natanael le dijo, ¿de Nazaret
puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe, ven y ve. Cuando
Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él, He aquí
un verdadero israelita en quien no hay engaño. Le dijo Natanael,
¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo, Antes
que Felipe te llamara. Cuando estabas debajo de la higuera,
te vi. Respondió Natan a él y le dijo,
Raví, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel. Respondió
Jesús y le dijo, porque te dije, te vi debajo de la higuera, crees,
cosas mayores que estas verás. Y le dijo, de cierto, de cierto
os digo, de aquí en adelante veréis el cielo abierto y a los
ángeles de Dios que suben y descienden sobre el hijo del hombre. Amén. Vamos a meditar los versículos
del 37 al 42, versículos 37 al 42 y el tema es los que ven al
Cordero, los que ven al Cordero. Una frase que se repite varias
veces es, no le conocían, yo no le conocía, está entre ustedes
que no conocen. Y se va repitiendo muchas veces
la frase, no le conocían. Y Juan mismo dice, yo no le conocía. ¿Y quiénes son los que conocen
o los que ven al Cordero? y damos gracias a Dios porque
no hay duda de que la salvación de un pecador es obra de Dios
de principio a fin. En la salvación de un pecador,
toda la gloria es para Dios. Dios ha hecho todo para su gloria,
y uno de los actos donde mayormente se refleja la gloria de Dios
es en la salvación de un pecador. A a lo suyo vino, los suyos no
le recibieron, y estaba en entre el pueblo de Israel, entre un
pueblo que había escuchado mucho acerca del Cordero, todo el Antiguo
Testamento habla del Cordero. Gente que estudió y que sabía
datos y que incluso esos mismos datos les hicieron ir y cuestionar
a Juan el Bautista, que eran datos que derivaba de la misma
escritura que abundantemente da testimonio del Cordero que
había de venir, desde que el hombre pecó hubo el sacrificio
de un cordero y en distintas ocasiones Dios a través de sombras
y a través de profetas y a través de Moisés y a través de los salmos
va dando testimonio vez tras vez acerca del cordero que había
de venir. Sin embargo, Juan, algo que tenemos
que notar es Los que ven al Cordero, sin lugar a dudas, le ven por
obra del Espíritu Santo. Juan dice, yo no le conocía,
pero el que me envió a predicar, el que me envió a dar testimonio,
me dijo, sobre quien veas descender el Espíritu y que desciende sobre
él, este es el que bautiza con el Espíritu Santo, este es el
Cordero. Y Juan vio el Espíritu Santo. ¿Cómo es que Juan vio al Cordero? Por obra del Espíritu Santo.
por obra de Dios, por obra de Dios Padre, Dios Hijo, y Dios
Espíritu Santo. Es toda la gloria de para Dios
en la salvación de un pecador. Nadie le puede ver si no es por
obra del Espíritu Santo. Y tiene que ser así, no muerto en delitos y pecados. El pecador es ciego espiritual,
el pecador es sordo espiritual, y por más que está el testimonio
de Dios, porque él nunca se ha quedado sin testigo, proclamando,
proclamando, proclamando, el hombre dejado a sí mismo jamás
vería al Cordero. Uno puede ver ahora que Dios
ha abierto sus ojos, es tan claro, es tan evidente. Bueno, no es
así. Es así porque Dios ha obrado
y nos ha extendido gracia y misericordia. De lo contrario, es interesante
que multitudes salían, multitudes escuchaban, pero es interesante
que yo no sé cuánta gente habría ese día, pero ese día Juan Juan
ya había visto antes al Cordero, y desde antes él estaba, porque
era enviado de Dios, constantemente, persistentemente proclamando
el único mensaje, el único mensaje que es el Evangelio, que es Cristo
Jesús, que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Y sale otro día, y ese día estaban dos discípulos con él, y yo creo
que aparte de esos dos discípulos había más gente. Sin embargo,
Él dice, he aquí el Cordero de Dios, y Dios en su misericordia
obra, el Espíritu Santo obra, y estos dos discípulos, en lugar
de escuchar simplemente a un hombre, en lugar de escuchar
el llamamiento general que todos estaban escuchando, Dios les
da oídos por el Espíritu Santo, les da ojos, ellos escuchan a
alguien más que a Juan, ellos escuchan la voz de Dios, y entonces
ven al cordero. La obra del Espíritu Santo está
totalmente presente. De lo contrario, no le habrían
visto. De lo contrario, hubieran quedado
igual que muchos otros. Dios tuvo misericordia de muchos, debiendo condenar a todos. Dios ha dado gracia especial
a una multitud que nadie puede contar, debiendo condenar a todos. ¿Sabe Dios es quien merece toda
la gloria, por eso la Escritura dice al que nos lavó, al que
nos lavó de nuestros pecados con su sangre, a él sea la gloria. ¿Sabe? Ven, los que ven al Cordero,
evidentemente le ven porque hay una obra del Espíritu Santo,
una obra del Espíritu Santo que utiliza el mensaje que se está
proclamando. Ellos están muertos, Pero viven. porque Dios les da oídos para
oír. Viven Dios a través de darles
oídos. Abre sus ojos. Entonces, ven
al Cordero, al Cordero de Dios. Abre sus ojos para poder verle.
Y es interesante que lo que ellos, Dios, el Espíritu Santo, utiliza
la proclamación de Cristo y este crucificado. Cristo crucificado
es el Cordero de Dios. Esa frase que Juan estaba diciendo
lleva una carga sumamente fuerte. Todo el Antiguo Testamento está
en, He aquí el Cordero de Dios. El día anterior había dicho y
dijo, He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Esta vez sólo dijo, He aquí el Cordero de Dios. Pero el hecho
de que quita el pecado del mundo estaba implícito. Estaba implícito
el hecho de que Él es el Cordero, cuya sangre es la única que puede
traer propiciación de pecados. Estaba implícito el hecho que
es Aquel cuya sangre nos limpia de todo pecado. Si confesamos
nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda maldad. La sangre de Jesucristo,
su hijo, nos limpia de todo pecado. ¿Sabe? Esta frase es tan poderosa,
el cordero de Dios, he aquí el cordero de Dios, que está el
capítulo prácticamente en esa frase está Isaías cincuenta y
tres, que dice, ¿Quién ha creído a nuestro anuncio y sobre quién
se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo no hay parecer en él ni hermosura,
le veremos más inatractivo para que le deseemos. Sabe, si el
Espíritu Santo no obra, no es atractivo el cordero, no hay,
no le deseamos, pero sabe, el Espíritu Santo nos da ojos y
le vemos atractivo, le vemos como la necesidad, como la necesidad
que llevaba la gente a ir a buscar comida porque Jesús les dio de
comer, ¿Sabe? Se dan cuenta de que la necesidad
es más apremiante que simplemente tener para comer diario. Y por
eso Jesús les dice, ustedes me están buscando, no porque vieron
la señal y creen, sino porque comieron y se saciaron. Trabajen,
no por la comida que perece, sino por la que a vida eterna
permanece. Y esa comida es el Cordero de Dios. Esa comida es
el Señor Jesucristo. Dice, despreciado y desechado
entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto,
y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no
lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos
por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue
por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo
de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros
curados. Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas, cada cual se apartó por su camino. Mas Jehová cargó
en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él y afligido, no
abrió su boca. Como cordero fue llevado al matadero,
y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado,
y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra
de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. ¿Y sabe? Ahí está, he aquí, el Cordero
de Dios. esa parece muy simple pero es
un mensaje poderoso ¿Sabe? Es el mensaje que el hombre necesita,
es el mensaje que Dios da oídos a su pueblo para oír y es a través
de ese mensaje que el Espíritu Santo obra y da vida a aquellos
que están muertos en Dios le da entendimiento de algo.
Los que ven al cordero entienden que ese cordero es la única provisión
a su necesidad. Los que ven al cordero, Dios
les hace entender algo. Él es mi necesidad. ¿Sabe? Él es mi única posibilidad de
salvación eterna. Él es el camino, él es la verdad,
él es la vida. No hay otra manera de ir al padre.
Los que ven al cordero, entienden que no hay otra cosa que necesitemos
sino su limpieza, la limpieza que puede dar su sangre, su a
su perdón el que sea nuestro abogado y sabe cómo podemos ver
esto dice la Biblia que estos discípulos cuando huyeron a Juan
entonces empezaron a seguir a Jesús y sabe por qué les seguían a
Jesús porque Dios le dio entendimiento.
No podemos dejar que él se vaya. No podemos quedar sin seguirle.
Él es la puerta. Él es el pan que descendió del
cielo. Él es aquel único sacrificio que hace perfectos para siempre
los santificados. No podemos dejar que él se vaya
sin seguirle. Tenemos que seguirle. ¿Sabe? Aquellos que ven al Cordero entienden
que él es su única La Biblia que ellos le empezaron
a seguir y Jesús volteó y cuando vio que le seguían les dijo,
¿qué buscáis? Y ellos le dijeron, Rabí, ¿dónde
moras? ¿dónde te hospedas? Jesús les
dice, vengan y vean. Pero dice ahí, y se quedaron
con él aquel día porque era como las cuatro de la tarde. y se
quedaron con él, no fue algo así corriendo, no fue el repetir
una oración y después decirte, bueno, una palmadita en tu espalda,
qué bueno que hiciste esta oración, ahora te vas a ir al cielo, ¿sabe? Ellos entendieron, él es nuestra
necesidad, hemos de seguirle, pero ¿sabe qué? Necesitamos estar
con él, y los que ven al cordero desean estar con él. conocerle
mejor. Desean la comunión con él. Y
saben, ellos se quedaron con él aquel día. Y me imagino que
habrá sido una charla larga. Y yo me imagino al Señor abriéndoles
la Escritura. Y qué maravilloso es ver al Cordero. Entender, él es nuestra necesidad. En un mundo engañoso que muchas
veces nos hace creer que necesitamos muchas cosas. Cristo es lo que
necesitamos. Cristo que es el Cordero de Dios.
Cristo que es la gracia de Dios. Cristo que nos ha sido hecho
sabiduría, santificación, redención. Él es mi necesidad. Él es el
pan que descendió del cielo. Él es el agua de vida. Él es
el que ha cargado mis rebeliones, mis pecados, él es el que ha
sufrido mi castigo, él es el que ha comprado paz para mí,
él es el autor y el consumador de nuestra fe. ¿Sabe? Los que
ven al cordero. Otra cosa que nos enseña este
pasaje es los que ven al cordero no son rechazados. Qué maravilloso
es ver que ven al cordero y Dios obra y porque Dios obra es que
ellos es que ellos han tenido oídos, han sido abiertos sus
ojos, han visto al cordero, han visto su necesidad, pero se les
ha dado también el deseo de seguirle, el deseo de conocerle, el deseo
de estar con él, y empiezan a ir y Jesús se vuelve y les mira,
y le dice, ¿qué buscáis? Y no hay reproche, no hay rechazo.
Y ellos dicen, maestro, ¿dónde moras? y el señor no los corre,
el señor vengan y vean. Y el señor, alguien contaba de
una persona que algunas veces la gente iba a su casa y se alargaba
la la plática y cuando la gente parecía que no pensaba irse pues
él solía decir bueno antes que se vayan vamos a hacer una oración
y la gente entendía que pero no hay algo así ellos se quedaron
con él aquel día porque eran como las cuatro de la tarde y
el señor les recibió y sabe el señor está ejemplificando aquí
algo que él dijo más adelante nadie viene a mí si el padre
no le trae y al que a mí viene, no le echo fuera. Sabes, no tienes
que temer de ser rechazado. Nadie que venga al Señor Jesucristo,
nadie a quien Dios ha abierto sus ojos, nadie que Dios está
poniendo el deseo de venir a Cristo, está dando entendimiento, y aunque
quizá no tengas todavía toda la claridad, yo soy seguro que
todavía no tenían toda la claridad, por el testimonio de la escritura
sabemos que Dios se va revelando a los suyos gradualmente el apóstol
Pablo dice ahora vemos oscuramente como a través de un espejo y
somos transformados de gloria en gloria cada vez Dios va trayendo
mayor luz mayor luz y sabe aunque no veían claro Dios ya había
empezado una obra Dios ya les había dado vida había empezado
a latir su corazón y sabe no hay que si eso está ocurriendo
en ti no tienes que temer ser rechazado Cristo está mostrando
aquí con su ejemplo de ternura que él les amaba y él les recibe
no le molesta que le siga y él lo dijo después con toda claridad
nadie viene a mí si el padre no le trae, y al que a mí viene,
no le echo fuera. No tienes que hacerte preguntas
como a veces solemos hacernos, a veces preguntamos, ¿será que
Dios me ha elegido? Esa no es la pregunta. Si Dios
te está trayendo, si Dios te está dando oídos, ven confiadamente,
acerquémonos confiadamente al trono de la gracia. Si Dios está
obrando en ti, puedes venir confiadamente. Si Dios está dándote oídos, y
sabes, clama a Dios, que te dé oídos, para no oír simplemente
a un hombre, para no oír simplemente a un hombre, sino que Dios te
dé oídos, para que a través de los enviados de él, le oigas
a él, para que oyendo su voz que manda que la luz resplandezca
de las tinieblas en tu corazón, tus ojos sean abiertos y puedas
ver a Nadie que vea al Cordero jamás
será rechazado. Dice después el pasaje. Les dijo Benito y Benito fueron
y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día porque era como
la hora décima. Andrés, hermano de Simón Pedro,
era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido
a Jesús. Este halló primero a su hermano
Simón y le dijo, hemos hallado al Mesías, que traducido es el
Cristo. ¿Sabe? Los que ven al Cordero, inevitablemente salen. y van
con los suyos como le dijo el Señor Jesús a un endemoniado
le dijo quería ir tras Jesús y Jesús no se lo permitió y le
dijo anda dice a los tuyos y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha
hecho contigo y sabe aquí vemos a Andrés exactamente haciendo
lo mismo sale y no puede resistir de ir a su hermano y decirle
sabes a quién hemos hallado sabe definitivamente Después de aquella
tarde, él tenía mucha más claridad. Dios había hecho crecer su fe.
Cristo se había mostrado más, porque él con seguridad va y
le dice a su hermano, ¿sabes a quién encontramos? Nos encontramos
al Mesías. Hemos estado con él. Con el Cristo,
con el ungido, con el prometido de Dios, con el Salvador de Israel,
su pueblo. Le hemos encontrado. ¿Sabe? El
que ha visto al Cordero no puede callarse. ¿Sabe? El que ha visto
al Cordero va a los suyos y les cuenta. El apóstol Juan mismo
cuando escribe la primera epístola de Juan dice, lo que hemos visto
y oído, lo que palparon nuestras manos tocante al verbo de vida,
eso os anunciamos para que también vosotros tengáis comunión con
nosotros. Nuestra comunión verdaderamente
es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. ¿Sabe aquellos que
ven al Cordero? no pueden evitar de dar testimonio
de aquel salvador, de aquel Cordero que es la necesidad del mundo,
el Cordero de Dios. Como consecuencia, los que ven
al Cordero son instrumentos en las manos del Redentor. Sabe
el privilegio de poder ver a su hermano, de ser usado para traer
a su hermano al Señor Jesús. Y sin embargo, No es la obra
del hombre. Dios puso en su corazón el deseo
de compartir y Dios le utiliza y su hermano viene al Señor Jesucristo
y el Señor Jesucristo le transforma. El Señor le cambia nombre. Y
eso es un símbolo externo de algo que Dios había hecho internamente. Dios le había cambiado el corazón
a Simón. Y por eso le cambió el nombre.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las
cosas viejas pasaron, y aquí todas son hechas nuevas. Y el
Señor dice, yo hago nuevas todas las cosas. Sabe, es el Señor,
es el Cordero, es el Cordero esa necesidad. Y sabe, solo podemos
ver la necesidad cuando Dios abre nuestros ojos, cuando Dios
en su misericordia nos da oídos para oír la proclamación del
evangelio. Y sabe, una de las cosas interesantes
es, más adelante Jesús dice, mis ovejas oyen mi voz y yo las
conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna y no perecerán
jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Y sabe, es maravilloso
poder mirar esa seguridad de que Dios hace a los oídos de
sus ovejas atractivo el evangelio. ¿Sabe? Las ovejas no tienen problema
de escuchar diario, he aquí el cordero de Dios, he aquí el cordero
de Dios, y lo necesitamos, necesitamos diario escuchar, he aquí el Que Dios ponga en nuestro corazón
de seguir escuchando. Él es nuestra necesidad. ¿Sabe?
Él no nos rechaza. Algo que tenemos que reconocer
humildemente, somos nosotros quienes nos desviamos. Somos
nosotros quienes nos distraemos. Somos nosotros quienes creemos
necesitar algo más e idolatramos a alguien más. Preferimos otras
cosas por el pecado que mora en nosotros. pero sabe ese cordero
sigue siendo la propiciación por nuestros pecados. Y si confesamos
nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados. Y sabe, puesto que hemos venido a Cristo, seguimos necesitando
escuchar del cordero y seguimos necesitando venir cada día al
cordero y darnos cuenta Él es el único que puede abrir nuestros
ojos y mostrarnos las cosas que hemos deseado más que a Él. Aquellos
placeres que hemos buscado sin incluirle a Él, o aquellos lugares
donde hemos buscado el deleite de nuestro corazón en lugar de
venir a Él, a ese Cordero que dice la Escritura que Él es la
fuente del gozo, que Él es nuestra necesidad. Y sabe, yo le animo. Si una vez ha venido a Cristo,
siga viniendo a Cristo. Si usted se da cuenta que ha
pecado y siente mal con Dios por su pecado, pero has venido
a Cristo, ven a Cristo. El Cordero de Dios quita el pecado. El pecado no es la razón para
no venir. El vino a salvar a su pueblo
de sus pecados. Palabra fiel es esta y digna
de ser recibida por todos. Que Cristo Jesús vino al mundo
a salvar a los pecadores. Si usted es pecador, venga Cristo. Si usted no es pecador, el Señor
no tiene nada para ofrecerle. Él vino a salvar a su pueblo
de sus pecados. Venga al Cordero de Dios. Él
es nuestra necesidad diaria. Amén.

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