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Viviendo en santidad a la mesa del Rey

Daniel Fernandez February, 22 2026 Video & Audio
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Daniel Fernandez February, 22 2026

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Si no fuera por la misericordia del Señor, si no fuera por el pacto de amor que hemos estado viendo en este domingo y en el domingo anterior, si no fuera por la muerte sustitutoria de Jesucristo, seguiríamos en tinieblas, seguiríamos ocultos, escondidos, como Mefiboset, como vimos en la mañana en Lodebar, seguiríamos bajo juicio, separados de la presencia del Gran Rey.

Sin un pacto eterno, Desde el momento en que Adán pecó y se escondió de la presencia de Dios, ahí hubiese acabado la historia para nosotros. Tendríamos condenación eterna. No habría redención, no habría sustitución, no había esperanza, pero hubo un pacto eterno que por su bendita misericordia aplicó a su descendencia.

Esperamos el día glorioso en que ese pacto finalice y podamos ver al Señor cara a cara. Antes de seguir avanzando también tenemos que recordar que la palabra de Dios no son historias aisladas. Vimos la semana pasada el caso de Saúl en su incapacidad con la ley. Vimos el caso de Jonatán con David en el pacto que ellos tuvieron. Vimos en la mañana Mefiboset cuando Dios confirma el pacto. Y, repito, no son historias aisladas. Ese es el mensaje del Evangelio. Son tres historias, pero el mensaje es solamente uno. Es el mensaje de la cruz.

Primero el hombre bajo la ley, el pacto de amor, y ahora que el Señor ha llamado a Mefiboset desde el Odebar, ahora tiene él una vida delante del Rey. Vamos a ver como de Lodebar nos lleva a la mesa del rey, nos llevó de una tierra árida, sin esperanza, sin pan, nos llevó de un lugar sin futuro, sin palabra, en un lugar donde Mefiboset vivía con un terror porque lo que él merecía era la muerte por ser descendiente de Saúl. Recordemos que lo que le correspondía a todos los descendientes de un rey que perdía el trono, el nuevo rey acababa con toda la descendencia y es lo que nosotros merecíamos por ser descendientes de Adán. Al igual que Mefiboset, él heredó de su padre maldición, él heredó de su padre juicio y es lo que nosotros heredamos de Adán. Él vivía terriblemente atormentado en Lodebar pero Dios tiene la iniciativa y llama a Mefiboset y lo trae hacia él.

Vimos que Mefiboset no tenía nada que hacer. Mefiboset estaba lisiado de las dos piernas. Vimos que estaba él oculto, temeroso. Vimos que él no merecía nada. Él no tenía nada que ofrecer. Él vivía lejos del rey, lejos del palacio, y no podía estar ante la presencia del rey.

Ahora, con el pacto de amor y extraído a la mesa del rey, Este mismo Mefiboset goza de la presencia del rey para comer de su mesa para siempre. Pero hay algo que no debemos de olvidar y que no debemos de suavizar, que Mefiboset sigue lisiado de ambos pies. Mefiboset sigue dependiendo completamente del rey. Mefiboset sigue sin poder valerse por sí mismo. Si el señor, si el rey no lo sostiene, Mefiboset no tiene nada para sostenerse a sí mismo. Mefiboset no se puede servir a sí mismo.

Él sólo come de lo que el rey en su misericordia le pone en la mesa. Y recordamos la escritura gloriosa cuando en Salmos nos dice, Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis aguciadores. Es el mismo Señor, es el mismo Rey de reyes que nos saca de de Lodebar que nos lleva a su presencia y es el mismo que pone ante nosotros la mesa en presencia de nuestros angustiadores. Y vimos igual una verdad incómoda, que aún estando en la presencia del rey, estando a su mesa, Mephiboset es engañado.

Siba lo engaña, el mismo Siba lo traiciona y el mismo Siba lo acusa ante el rey. Y esto no es un detalle secundario que se le escapó al escritor. Este no es una nota al margen. Este es algo profundo que el Espíritu Santo nos quiere enseñar, el que inspiró las Sagradas Escrituras y que quiso registrar.

Porque así como Mefiboset, que estando a la mesa del Gran Rey, nosotros, a los que Dios nos ha llamado, nos ha sentado a su mesa, podemos ser engañados. Nosotros también somos engañados muchas veces, El enemigo anda como león rugiente buscando a quien devorar y ataca a todos los que están sentados a la mesa del rey de alguna manera. La escritura es clara, nuestro acusador es mentiroso, es padre de mentira y corre a acusarnos delante de Dios porque la mayor parte de las veces tristemente las acusaciones son ciertas. Pecamos, caímos, y aún estando a la mesa del rey nos desviamos pero gloria a Dios que el pacto no se invalida el pacto no se invalida por nosotros no está condicionado al que recibe el pacto está condicionado por el que prometió el pacto y fiel es al que prometió él no sostiene por la obediencia perfecta del hombre lisiado Él nos sostiene por la constancia del caído.

El pacto permanece porque fiel es el Señor. Esto no significa que no debamos de ser constantes ni que no debamos de guardarnos, pero sí que debemos recordar que debemos regresar al Señor que nos sostiene y recordar una verdad que necesitamos grabar en el corazón. Vivimos ante el Señor todo el tiempo. no solamente los domingos, no solamente cuando hay culto, no solamente cuando hay una música suave y tenemos la Biblia abierta en casa, no solamente cuando estamos en este edificio.

Vivimos delante del Señor cuando tomamos decisiones grandes, cuando tomamos decisiones pequeñas, aún a veces, aunque a veces pensamos, y pues creo que nadie lo dice, Porque una vez que salimos de estas cuatro paredes ya no estamos ante el Rey. Y eso es una mentira. Esta es una mentira, es un engaño del maligno. Estamos ante el Gran Rey a cada día, a cada hora, a cada momento de nuestra vida. Y el Señor está presente en todo ese tiempo. Pero al mismo tiempo se compadece de nosotros porque se acuerda que estamos lisiados de ambos pies. Recuerda que somos débiles, que somos dependientes y que aún estamos en la carne.

Y ya no tenemos que vivir en temor por esto. Ya no debemos de vivir en temor al juicio porque el juicio ya fue pagado, ya cayó sobre nuestro bendito sustituto en la cruz. No debemos de tener temor a la condenación porque no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. No debemos de tener temor al hombre porque el Señor es nuestro refugio.

Pero seguimos estando sentados a la mesa del Rey y estar sentado a la mesa del Rey implica santidad. No perfección porque no vamos a ser perfectos mientras estemos en este cuerpo. No ausencia del pecado porque vamos a seguir siendo pecadores hasta que Dios nos llame a su presencia. Pero sí una vida gobernada por el amor y la gratitud. Gracias a Dios tenemos una libertad para adorarle, para obedecerle, para amarle, para edificar y una libertad para honrar al Rey de Reyes que nos ha invitado a su mesa. Vamos a leer en segunda de Samuel capítulo 19. Segundo libro de Samuel capítulo 19. Voy a dar lectura del versículo 1 al versículo número 30. Segundo libro de Samuel 19 del 1 al 30. Dice la palabra de Dios. Dieron aviso a Joab.

He aquí el rey Yorah, y hace duelo por Absalón. Y se volvió aquel día la victoria en luto para todo el pueblo, porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey tenía dolor por su hijo. Y entró el pueblo aquel día en la ciudad escondidamente, como suele entrar escondidas el pueblo avergonzado que ha oído de la batalla. Mas el rey, cubierto el rostro, clamaba en alta voz, Hijo mío Absalón, Absalón hijo mío, hijo mío. Entonces Joab vino al rey en la casa y dijo hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos que hoy han librado tu vida y la vida de tus hijos y de tus hijas y la vida de tus mujeres y la vida de tus concubinas amando a los que te aborrecen y aborreciendo a los que te aman porque hoy has declarado que nada te importaban tus príncipes y siervos pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón viviera aunque todos nosotros estuviéramos muertos entonces estarías contento levántate ahora Levántate pues ahora y ve afuera y habla bondadosamente a tus siervos.

Porque juro por Jehová que si no sales, no quedará ni un hombre contigo hasta esta noche. Y esto te será peor que todos los males que te se ha sobrevenido sobre desde tu juventud hasta ahora. Entonces se levantó el rey y se sentó a la puerta y fue dado aviso a todo el pueblo diciendo, he aquí el rey está sentado a la puerta y vino todo el pueblo delante del rey.

Pero Israel había huido cada uno a su tienda. Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus de Israel, diciendo, El Rey nos ha librado de manos de nuestros enemigos, y nos ha salvado de manos de los filisteos. Y ahora ha huido del país por miedo de Absalón. Y Absalón, a quien habíamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla.

¿Por qué, pues, estáis callados respecto de hacer volver al Rey? Y el Rey David envió a los sacerdotes Sadog y Abiatar, Diciendo, hablad a los ancianos de Judá y decidles, ¿por qué seréis vosotros los postreros en hacer volver el rey a su casa, cuando la palabra de todo Israel ha venido al rey para hacerle volver a su casa? ¿Vosotros sois mis hermanos, mis huesos y mi carne soy? ¿Por qué, pues, seréis vosotros los postreros en hacer volver al rey? Así mismo diréis a Amasa, ¿no eres tú también hueso mío y carne mía? Así me haga Dios, y aún me añada, si no fuere general del ejército delante de mí para siempre en lugar de Joabá. Así inclinó el corazón de todos los varones de Judá, como el de un solo hombre, para que enviasen a decir al rey, vuelve tú y todos tus siervos.

Volvió pues el rey, y vino hasta el Jordán, y Judá vino a Gilgal para recibir al rey y para hacerle pasar el Jordán. Y Simeí, hijo de Jera, hijo de Benjamín, que era de Baurim, se dio prisa y descendió con los hombres de Judá a recibir al rey David. Con él venían mil hombres, de Benjamín, asimismo Siba, criado de la casa de Saúl, con sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales pasaron el Jordán delante del rey y cruzaron el vado para pasar a la familia del rey para hacerlo que a él le pareciera. Entonces, y mi hijo de Jera se postró delante del rey cuando él hubo pasado el Jordán, y dijo al rey, No me culpe mi señor de iniquidad, ni tenga memoria de los males que tu siervo hizo el día en que mi señor el rey salió de Jerusalén.

No los guardé no los guarde el rey en su corazón porque tu siervo porque yo tu siervo reconozco haber pecado y he venido hoy el primero de toda la casa de José para descender a recibir a mi señor el rey respondió a visay hijo de sarbia y dijo no ha de morir por eso si me y que maldijo al ungido de jehová david entonces dijo que tengo yo con vosotros hijos de sarbia para que hoy me seáis adversarios ha de morir hoy alguno en israel pues no sé yo que hoy Soy rey sobre Israel, y dijo el rey Asimeí, no morirás, y el rey se lo juró. También Mefiboset, hijo de Saúl, descendió a recibir al rey. No había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz. Y luego que vino él a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo, Mefiboset, ¿por qué no fuiste conmigo?

Él respondió, rey señor mío, mi siervo me engañó, pues tu siervo había dicho en Albar darme tu asno y montaré en él e iré al rey porque tu siervo es cojo, pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey, mas mi señor el rey es como un ángel de Dios, haz pues lo que bien te parezca, porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, Y tú pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho, pues, tengo aún para aclamar más al rey? Y el rey le dijo, ¿para qué más palabras? Yo he determinado que tú y Siba odividáis las tierras.

Y Mefiboset dijo al rey, deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en casa en paz. Hay algo muy revelador en esta en este relato con respecto a Mefiboset cuando el rey tuvo que salir para la guerra y Mefiboset ya no estaba comiendo junto con el rey. Hay algo revelador que dice que Mefiboset no se había cortado las uñas, no se había lavado los pies, no había arreglado su barba, no había lavado su ropa.

Y es como el Espíritu Santo nos muestra que esto es total dependencia a Dios. Metiboset, apartado del Rey, lo único que puede hacer es descuidar su vida. Cuando olvidamos que el Rey ya no nos ve, vivimos una vida descuidada, vivimos sucios, vivimos con los pies sucios, con las uñas largas, sin arreglarnos, sin vivir una vida de santidad porque pensamos el Rey ya no nos ve. Pero nuestro Dios, nuestro Padre sí, sí nos ve todo el tiempo. Gloria a Dios que esto no invalida el pacto. Pero esto nos muestra que sin el Rey no podemos vivir. que sin el Rey no podemos sustentarnos, que dependemos de estar en su presencia constantemente para vivir una vida de santidad.

Ahora vamos a leer en Según el de Samuel 19, ahí mismo en el 19, en el 26, 27 que dice, Y él respondió, Rey, Señor mío, mi siervo me engañó, pues tu siervo había dicho, Enalbárdame un asno y montaré en él, iré al rey, porque tu siervo es rojo. Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor, mas mi señor es rey, es como un ángel de Dios, haz con él, haz pues lo que bien te parezca. Vemos ahí cuando Mefiboset no estaba en la presencia del rey, fue acusado, fue engañado fue abandonado y es exactamente lo mismo que pasa con nuestro acusador. Somos muchas veces engañados y de inmediato somos acusados ante la presencia del Señor.

No debemos de olvidar que el Rey siempre mira y que aún sentados a la mesa del Rey, aún dentro de la congregación de los santos, aún habiendo sido llamados por gracia y aún habiendo sido restaurados y perdonados, como Mefiboset, en la iglesia muchas veces pueden surgir discusiones con los hermanos que están a la mesa igualmente invitados.

Pueden surgir algunas divisiones, algunas búsquedas de beneficio propio. Y muchas veces esto no comienza con pecados visibles, sino con algo muy sutil y peligroso que es el descuido del corazón. La palabra de Dios dice, ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor. No hay que ocuparnos para ser salvos, sino porque el Señor ya nos llamó a su mesa y debemos de cuidar esa salvación. Ocupémonos porque sabemos que estamos delante del Señor y porque el Señor nos está viendo.

A veces empezamos a mirar a nuestro alrededor, empezamos a mirar A los otros empezamos a compararnos. Empezamos a murmurar. De la murmuración empieza la crítica. Viene el juicio. Y empezamos a medir a nuestros hermanos con nuestras propias reglas. Y olvidamos que estamos a la mesa del rey. Empezamos a murmurar y nos olvidamos que el rey nos está viendo, que vivimos delante de su presencia todo el tiempo. convertimos nuestra libertad en Cristo en esclavitud nuevamente. No esclavitud de la ley, sino esclavitud de nuestros propios deseos y nuestros propios pensamientos.

Vamos a leer 1 Corintios 10, 23 de cómo nuestro Hermano Pablo vivía en esa libertad que tenía viviendo a la mesa del rey. Todo me es lícito, pero no todo conviene. Todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busca su propio bien, sino el del otro.

Ahora vamos a Primera de Timoteo 4.4.

También nuestro hermano Pablo dice, porque todo lo que Dios creó es bueno y nada es de desecharse si se toma con acción de gracias. Hermanos, tenemos libertad en Cristo. Tenemos libertad. Dice la Biblia para comer carne, para comer vegetales. El problema no es la comida, el problema no es la bebida, el problema es nuestro corazón y la intención del corazón. y no permitamos que esas intenciones nos regresen a una esclavitud de la que el Señor nos ha librado.

Ahora leemos 1 Corintios 10, 31. Si pues coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. Recuerda, si comes o bebes, recuerda que estás a la mesa del Señor. No estás en tu propia mesa. Tienes que guardar la santidad de vida, que es por estar a la mesa del Señor. Regresamos en Romanos 14, 20 y 21.

No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias, pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece o se ofenda o se debilite.

¿Tienes tu fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come es condenado porque no lo hace con fe, Y todo lo que no proviene de fe es pecado. Hermanos, tenemos libertad, estamos a la mesa del Rey. No tenemos libertinaje, tenemos libertad. No es para gastar en nuestros propios deleites. Tenemos que recordar que el acusador sigue hablando.

Leemos en Apocalipsis 12.10 Entonces oí una gran voz en el cielo que decía, ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de Cristo, porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Ese mismo Siba que fue y engañó a Mefiboset, ese mismo Siba fue ante David y le dijo, Mefiboset quiere recuperar el reino, siendo una mentira. Y así es como nosotros estamos ante la mesa del rey y nuestro acusador nos acusa cada día. Y como les decía en la mañana, lo más triste es que siempre, casi siempre es verdad lo que acusa delante de nuestro padre.

Pero gracias a Dios sabemos que tenemos un abogado a Jesucristo el justo. Tenemos libertad en Cristo estamos a la mesa del rey y debemos de tener la debida santidad ante nuestro rey. No tenemos una excusa para pecar, pero tenemos un abogado para cuando caemos. El acusador puede hablar, pero el pacto habla más fuerte. El pacto no se invalida. Mientras el rey esté en el trono, la mesa no será retirada y el rey de reyes estará en el trono por toda la eternidad.

Así que, hermanos, tengamos confianza en esto. Vimos brevemente cómo Mefiboset, cuando fue engañado y se presentó delante de Dios nuevamente, lo único que Mefiboset quería era la presencia del Rey. El Rey le dijo que iban a partir la herencia entre Siba y Mefiboset. Y Mefiboset dijo que se lo quede el todo. Yo solo estoy feliz porque tú ya regresaste, porque puedo verte cara a cara.

Espero en el Señor que esa sea nuestra esperanza, que no permitamos que nuestra libertad sea cortada, pero recordemos en cada momento que nuestra libertad debe estar sujeta a la santidad del Señor. Y roguemos que el Señor obre nuestros corazones para que podamos vivir esa vida de santidad Y si en algún momento caemos como todo el tiempo lo hacemos, tengamos confianza de que tenemos ese abogado a Jesucristo el justo. Vamos ahora.

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