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La gracia que llama y restaura

2 Samuel 8-9
Daniel Fernandez February, 22 2026 Video & Audio
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Daniel Fernandez February, 22 2026

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Y antes de avanzar, es necesario detenerse un momento para reflexionar en la historia que hemos visto el domingo pasado, en la mañana y en la noche, porque no son historias aisladas. Confieso que hace muchos años yo leía las historias como de Saúl, la historia de Jonathan, la historia de David, y eran historias bonitas, podía yo sacar de ellas enseñanzas pero no la veía como una sola unidad.

Hoy vamos a ver cómo con Saúl lo que ya nos ha mostrado acerca de la ley, el corazón del hombre y la gracia que no nace del pacto. Vimos la semana pasada la figura del hombre natural en Saúl, del hombre religioso, del hombre que intenta relacionarse con Dios por medio de la ley, pero que su caída, su condición, su corazón no transformado, no se lo permite. Vimos a un hombre, Saúl, religioso, expuesto a la palabra de Dios, que sí escuchó al profeta. Él escuchaba a Samuel, pero él nunca pudo escuchar la voz de Dios.

Él conoció los mandamientos, Los mandamientos fueron claros, fueron directos, pero no los pudo cumplir. Tuvo rituales, privilegios espirituales reales, todos con una apariencia y siempre se trató de mostrar en el pueblo como religioso y consagrado a Dios. Su problema de Saúl no fue que no hubiera ley, no fue que no tuviera la palabra, que no tuviera ordenanzas, su problema fue que su corazón no fue convertido. Su obediencia fue externa, su religión fue visible a los hombres y su devoción fue aparente.

Saúl representa al hombre que confía en sí mismo, que se esfuerza por cumplir cada día las reglas, que se compara con otros y vive para ser visto. Es el hombre que puede pararse ante Dios y decir yo no soy como los otros hombres porque no ha sido quebrantado delante de Dios. Vemos que como Israel desechó el gobierno de Dios y pidió rey y si Dios le dio lo que ellos pidieron pero se los dio a manera de juicio. Dios escogió a Saúl no para transformarlo sino para que Israel aprendiera que es apartarse de Dios.

Y les concedió lo que deseaba su corazón. No fue la solución al pecado del pueblo, fue la demostración de que la carne no puede producir el reino de Dios. Al final Dios lo desecha, no por falta de actividad, no por falta de sacrificios, sino por falta de fe y de un corazón arrepentido. Y esto nos recuerda al Señor en su palabra cuando dice, nunca os conocí, apartados de mí, hacedores de maldad.

Luego vimos a Jonatán. Jonatán representa una figura de Cristo que por la incapacidad total del hombre, Dios en la eternidad tiene un pacto eterno con su Hijo Jesucristo para salvar a su pueblo. Es un pacto que por la incapacidad total del hombre para cumplir la ley, Dios tiene que hacer algo mucho más grande que la ley, un pacto que nace del amor. Vimos a un Jonatán que tenía derecho legítimo al trono, él era el hijo de Saúl, él tenía el linaje, él tenía la posición. Pero Jonatán entendió algo que es fundamental, el reino no se afirma por herencia humana o por esfuerzos humanos, sino por la elección divina. Teniendo esto claro en mente Jonatán por amor a su descendencia, una descendencia que él aún no veía, él se despoja de su manto, entrega la espada, entrega el arco, entrega el cinto.

Renuncia a pelear por lo que debía ser suyo. Y ya no era suyo porque su padre Saúl lo perdió todo. Él renuncia a defenderse, renuncia a su propia seguridad, y podemos observar cómo Juanatán apunta a Cristo Jesús. Cristo también se despojó. Cristo también renunció. Cristo también sufrió el desprecio del Padre. Él sufrió lo que nosotros debimos de haber sufrido en la cruz. Y al final, Dios, Jesucristo clama, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y no porque el Padre lo haya dejado de amar, sino porque veía en Cristo Jesús el pecado. Él experimentó el abandono, el castigo, la ira, el juicio que cada uno de nosotros merecíamos.

Ahora en esta mañana llegamos a la tercera clase y vamos a ver a un David que ya reina. que sus enemigos ya han sido derrotados, que el trono ha sido afirmado, y en este contexto lo que sigue es la confirmación del pacto. David se acuerda de ese pacto que hizo con Jonatán para preservar la descendencia de Jonatán. Vamos a leer 2 Samuel, en el capítulo 8, Segundo libro de Samuel. Voy a leer el capítulo 8 y el capítulo 9 para entender el contexto. Dice la palabra de Dios.

Después de esto, aconteció que David derrotó a los filisteos y los sometió Y tomó David a Metek, Amá, de mano de los filisteos. Derrotó también a los de Moab y los midió con cordel, haciéndolos tender por tierra. Y midió dos cordeles para hacerlos morir y un cordel entero para preservarles la vida. Y fueron los moabitas siervos de David y pagaron tributo. Asimismo derrotó David a Adad Eser, hijo de Ereob, rey de Soba. Al ir éste a recuperar su territorio al río Éufrates.

Y tomó David de ellos mil setecientos hombres de a caballo, y veinte mil hombres de a pie, y desjarretó David los caballos de todos los carros, pero dejó suficientes para cien carros. Y vinieron los sirios de Damasco para dar ayuda a Dade ser rey de Soba, y David hirió a los sirios veintidós mil hombres. Puso luego David guarnición en Siria de Damasco, y los sirios fueron hechos siervos de David sujetos a tributo, y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue.

Y tomó a David los escudos de oro que traían los siervos de Adá de Ser, y los llevó a Jerusalén. Asimismo, de Beta y de Berotay, ciudades de Adá de Ser. Tomó el rey David gran cantidad de bronce. Entonces, oyendo Toy, rey de Amad, que David había derrotado a todo el ejército de Adá de Ser, envió Toy a Joram, su hijo, al rey David para saludarle pacíficamente Y para bendecirle, porque había peleado con Hadad Eser, y lo había vencido, porque Toy era enemigo de Hadad Eser, y Joran llevaba en su mano utensilios de plata, de oro y de bronce, los cuales el rey David dedicó a Jehová con plata y el oro que había dedicado a todas las naciones que había sometido, de los sirios, de los moabitas, de los amonitas, de los filisteos, de los amalecitas y del botín de Hadad Eser, hijo de Reob, rey de Soba.

Así ganó David fama cuando regresaba de derrotar a los sirios. Destrozó 18.000 Edomitas en el Valle de la Sal, y puso guarnición en Edom, por todo Edom puso guarnición. Y todos los Edomitas fueron siervos de David, y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue. Y reinó David sobre todo Israel, y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo.

Y Joab, hijo de Sarbia, era general de su ejército, y Josafat, hijo de Aliud, Era cronista. Isadog, hijo de Aitob y Aimeleg, hijo de Abiatar, eran sacerdotes. Seraía, ser escriba. Benahía, hijo de Joyad, estaba sobre los ereteos y peleteos. Y los hijos de David eran los príncipes.

Dijo David, ¿ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl que se llamaba Siba, el cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo, ¿eres tú Siba? Y él respondió, tu siervo. El rey le dijo, ¿No ha quedado nadie en la casa de Saúl a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey, Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó, ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey, He aquí está en casa de Maquir, hijo de Amiel, en Lodebar.

Entonces envió el rey David y le trajo a la casa de Maquir, hijo de Amiel, de Lodebar, Y vino Mefí Boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David, Mefí Boset, y él respondió, He aquí tu siervo. Y le dijo David, No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre, y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinando se dijo, ¿Quién es tu siervo para que mires a un perro muerto como yo?

Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Saúl, y le dijo, Todo lo que fue de Saúl y de toda tu casa yo lo he dado al hijo de tu señor. Tú, pues, le labrarás las tierras, tú con tus siervos y tus siervos, tus hijos y tus siervos, y almacenarás los frutos para que el hijo de tu señor tenga pan para comer. Pero Mefibosed, el hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Y tenía Siba quince hijos y veinte siervos. Y respondió Siba al rey, conforme a todo lo que ha mandado mi señor el rey a su siervo, así lo hará tu siervo.

Mefiboset dijo al rey, comerá a mi mesa como uno de los hijos del rey. Y tenía Mefiboset un hijo pequeño que se llamaba Micaiah. Y toda la familia de la casa de Siba eran siervos de Mefiboset. Y moraba Mefiboset en Jerusalén porque comía siempre a la mesa del rey y estaba aliciado de ambos pies.

Vimos en el capítulo 8, victoria tras victoria, tal como Cristo Jesús venció en la cruz y todos los enemigos ya fueron puestos bajo sus pies. Vimos en el capítulo 8, versículo 15, que dice que David administraba justicia y equidad a todo su pueblo, tal como nuestro Rey de Reyes administra justicia y equidad a todo su pueblo. Y ya vemos en el capítulo 9 cómo David nos predica el Evangelio. En el versículo 1 dice, ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl a quien yo haga misericordia por amor de Jonatán? David no buscó algún mérito en Mefiboset. David no preguntó si ha portado bien Mefiboset. David no preguntó cómo era su condición física de Mefiboset. David sólo preguntó ¿Quién hay sobre quien yo pueda extender mi gracia y misericordia?

Porque esto nos enseña que la elección de Dios no depende de nosotros, no depende del que recibe, sino depende del que prometió. Y dice la Biblia que el fiel es el que prometió. Entonces, con base a ese pacto fiel, Dios extiende su misericordia sobre sus hijos, tal como David lo hizo con Nefibosete. Pero tenemos que ver cuál es la condición de Mephiboset y qué es lo que representa en la Biblia. Leemos en 2 Samuel 4. 2 Samuel 4, versículo 4.

Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó, y mientras iba huyendo apresuradamente se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset. Mefiboset no nació cojo.

Mefiboset cayó, y en su caída quedó lisiado de ambos pies, tal como nosotros cuando caímos por el pecado de nuestro padre Adán quedamos totalmente imposibilitados y es relevante ver el nombre de Mephiboset que significa de la boca de la vergüenza o también significa el que es dispersado por la vergüenza esa vergüenza que sufrimos nosotros por el pecado que nos alejó de Dios Mephiboset como nieto de Saúl lo único que heredó fue la maldad, lo único que heredó fue haber perdido su movilidad, perdió el acceso al palacio, perdió la posición, vivió escondido y perdió poder estar ante la presencia del rey. Tal como nosotros cuando cayó Adán, fuimos privados de lo mejor que puede existir, que es estar ante la presencia del rey. Así como Adán vivió físicamente pero muerto espiritualmente, incapaz de venir por sí solo a la presencia del gran Rey.

Vamos a leer en Génesis 2, 8. Génesis 2, 8. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén al oriente, y puso ahí al hombre que había formado. Perdón. 2, 8 al 10. Perdón, es el 3. Énesis 3, 8 al 10. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día, y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios, entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre y le dijo, ¿dónde estás tú? Y él respondió, oí tu voz en el huerto y tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí. Tal como nuestros primeros padres, Mefiboset vivía aislado. La primera consecuencia del pecado fue el miedo y quedó ajeno de las bendiciones del rey y sin acceso al gran rey.

Regresamos a 2 Samuel 9.4. Entonces el rey le preguntó, ¿dónde está? Y Siba respondió al rey, aquí está en casa de Makir, hijo de Amiel, en Lodebar.

Vamos, en la Biblia no es coincidencia los nombres que se utilizan. Según los lingüistas, lo de bar significa un lugar sin pasto, un lugar de no palabra. Es un lugar desierto, es un lugar sin provisión, es un lugar sin revelación de Dios y representa el estado del hombre alejado de Dios, sin esperanza, sin vida, sin comunión, alejado del Rey y con miedo. Es un lugar árido, un desierto donde no hay sustento y no hay pan.

Pero la maravilla de la gracia de Dios es que hay un pacto eterno que el Señor hizo con su Hijo para salvar a su descendencia, como Juan Atán hizo un pacto con David para salvar a su descendencia. Y en ese pacto eterno es el Rey que tiene que venir por nosotros. porque nosotros vivimos con miedo de la presencia de Dios. Oímos su voz y tuvimos miedo y nos escondimos, dice la Biblia. Tenemos nuestros pies lisiados y eso no nos permite movernos hacia el Señor porque la herencia de nuestro pecado fue precisamente esa incapacidad, fue la muerte.

En la antigüedad, cuando un rey perdía el trono, lo que sucedía era que el sucesor mataba a toda la descendencia. Eso era lo primero que el nuevo rey hacía. Vamos a ver algunos ejemplos de esto que les estoy diciendo. En Primera de Reyes 1528, Primera de Reyes 15-28 Lo mató pues Baza en el tercer año de Haza rey de Judá y reinó en lugar suyo y cuando él vino al reino mató a toda la casa de Jorobuán sin dejar alma viviente de los de Jorobuán hasta arraerla conforme a la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías, Silonita. En Segunda de Reyes, este lo puede leer ahí en casa, habla de Atalía que ella usurpa el trono y lo que Atalía hace igual es destruyó toda la descendencia real.

Y esto era lo que nosotros merecíamos, merecíamos la muerte por ser descendientes del primer hombre, Adán, Pero, gloria a Dios que existe un pacto eterno. Gloria a Dios que hubo un Jonatán, un Cristo Jesús, que se despojó a sí mismo, que sufrió la vergüenza, sufrió la soledad por amor de su descendencia.

Mi Fibonacci se encuentra escondido en Lodebar, con mucho miedo de ser ejecutado por David. Estoy seguro que cuando David lo mandó a llamar, No, no me pude imaginar el terror que habrá sentido, porque lo que le correspondía era la justicia, lo que le correspondía era morir.

Pero la gracia redentora no busca, nos busca únicamente para ofrecer misericordia. Vemos a un rey David cómo toma la iniciativa. Y hermanos, quiero ser muy enfático con esto. Mephiboset no vino voluntariamente. Mefigocés dice en la Biblia que fue traído. Fue traído ante la presencia y así es como Dios nos atrae. Por nuestras propias fuerzas, hermanos, nosotros nunca vamos a correr hacia Dios. Siempre vamos a estar apartados.

Pero Dios nos trae y Dios nos dice no temas. Y la gracia siempre comienza así. El Señor es el que nos manda a llamar y lo primero que hace es quita el miedo, quita la condenación y te declara Haré contigo misericordia por amor de Jonatán. El Señor hace misericordia por amor a Su Hijo y Él borra nuestras rebeliones. Vemos Isaías 43.25 Isaías 43, 25. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo y no me acordaré de tus pecados. Hermanos, no depende de Mefiboset que tenga misericordia, depende del pacto. No fue por sus obras de Mefiboset, no es por nuestras obras, no fue por las Los méritos de Mefiboset no fue por nuestros méritos, fue por el pacto eterno.

Ahora regresamos a 2 Samuel 9, 6-7. según Esamuel 9, 6. Y vino Mefí Boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia y dijo a David, Mefí Boset, y él respondió, he aquí tu siervo. Y le dijo a David, no tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre, y tú comerás siempre a mi mesa. siempre a mi mesa. David le dice no temas, le restaura la herencia, restaura lo que Saúl perdió por su corazón no arrepentido y lo sienta a la mesa para siempre. Eso es la gracia divina. Dios acude hacia nosotros, somos sacados del Odebar, del lugar árido, el lugar sin pan, el lugar sin palabra, y por su misericordia ya no vivimos con miedo al juicio.

Y la pregunta es, ¿tuvo que hacer algo Mephiboset? La respuesta es no. Él solo tuvo que estar ante la presencia del Rey y el Rey le dio todo. Sin el pacto de Jonatán de David, ¿Era Mefiboset capaz de entrar en gracia con el rey? Si no hubiese existido ese pacto, lo que le correspondía era muerte. Nada más. Pero Jonatán, al igual que Cristo, Jonatán como figura de Cristo, se sacrificó por su descendencia tal como Cristo tuvo que cargar con el pecado de su pueblo.

Ahora vemos a un Mefiboset restaurado, gozando de la presencia del rey, comiendo a su mesa para siempre. Pero Mefiboset sigue cojo, sigue lisiado en los pies, sigue incapaz de valerse por sus propias fuerzas y sigue dependiendo del favor del rey para su sustento para siempre. Y así es como Dios hace con nosotros. Mientras vivimos en este cuerpo, tenemos que seguir viniendo a Dios, tenemos que seguir estando a su mesa y saber y recordar que estamos lisiados de los pies, que si no es por el favor del Rey, nuestra vida sería miserable. Dios nos sienta a la mesa, nos glorifica, nos adopta, nos perfecciona, pero estando a su mesa con humildad, dependemos del favor y de la misericordia del Rey.

Es importante recalcar la invalidez de Mefiboset, que al igual que nosotros seguimos viviendo en la carne hasta que Dios perfeccione su obra en la eternidad. Y mientras estamos en este cuerpo miserable, estando a la mesa del Rey dependemos de Él todo el tiempo y tenemos que recordar que nuestro pecado sigue delante de nosotros y nos impide hacer lo que realmente queremos y es importante también recordar que estando a la mesa del Señor seguimos siendo acusados cada día por el acusador que está día y noche delante del Padre acusándonos Y lo más terrible es que muchas de sus acusaciones son verdad. Vamos a leer en Segunda de Samuel 16, 1 al 4. Segunda de Samuel 16, 1 al 4.

Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí Siba, el criado de Amifiguset, que salía a recibirle con un par de asnos enalbardados, y sobre ellos doscientos panes, cien racimos de pasas, cien panes de higos secos y un cuero de vino.

Y dijo el rey a Siba, ¿qué es esto? Y Siba respondió, los asnos son para que monte la familia del rey, los panes y las pesas para que coman los criados, y el vino para que beban los que se cansen en el desierto. Y dijo el rey, ¿Dónde está el hijo de tu señor? Siba respondió al rey, He aquí, él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho, Hoy me devolverá la casa de Israel, el reino de mi padre. Entonces el rey dijo a Siba, He aquí, sea tuyo todo lo que tiene Melquivocet. Y respondió Siba inclinándose, Rey señor mío, haya yo gracia delante de ti. Vamos a ver a un Siba acusando a Mefiboset de que quería retomar el reino.

En ese relato, eso fue una mentira realmente. Pero cuando el acusador va delante de Dios a acusarnos, yo creo que el 100% de las veces es verdad. El 100% de las veces es nuestro pecado que está delante de nosotros y estamos siendo acusados día y noche. Pero, gloria a Dios que el rey conoce la verdad y el pacto permanece. Cristo no nos acusa. Cristo nos defiende. Cristo es nuestro abogado y Él está defendiéndonos. Vemos en Segunda de Samuel 19... Segunda de Samuel 19, 24. 24 al 30. Segunda de Samuel 19, 24. También Mefibosé, hijo de Saúl, descendió a recibir al rey.

No había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos. Desde el día en que el rey salió, hasta el día en que volvió en paz. Y luego que vino el rey a Jerusalén a recibir al rey, el rey le dijo, Mefiboset, ¿por qué no fuiste conmigo?

Él respondió, rey, señor mío, mi siervo me engañó. Pues tu siervo había dicho, enalbardame un asno, y móntame y montaré en él e iré al rey porque tu siervo es cojo. Pero él ha calumniado a tu siervo delante de mi señor el rey, mas mi señor el rey es como un ángel de Dios. Haz pues lo que bien te parezca, porque toda la casa de mi padre era digna de muerte delante de mi señor el rey, y tú pusiste a tu siervo entre los convidados a tu mesa. ¿Qué derecho pues tengo aún para aclamar más al rey? Y el rey le dijo, ¿Para qué más palabras? Yo he determinado que tú y Siba os dividáis las tierras. Y Mephigoset dijo al rey, deja que él las tome todas, pues que a mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa. Ahí vemos a un Siba engañando y luego acusando. Y nuestro pecado nos tienta y somos acusados ante Dios. Vemos a Mefiboset confesando fue engañado y que el deseo realmente era de haber estado con David.

Pero como estaba aliciado, él no podía. Tenía señales claras de un dolor de la separación que tuvo con el rey. Y es así cuando nos separamos de Dios. Hay un dolor en el corazón por la falta de la presencia del Señor. vemos a un corazón que ha entendido la gracia y que no quiere nada, no quiere sólo la presencia del Rey.

El 30 dice, deja que Él les tome todas, pues a mi Señor el Rey ha vuelto a casa en paz. Deja que Él se quede con todos, yo sólo quiero al Rey. Cuando alguien ha probado la gracia de Dios, las tierras pierden su valor, la herencia pierde su brillo y solo se quiere tener al Rey. Recordamos a nuestro hermano Pablo que decía, ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo mi Señor, por amor de lo cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganar a Cristo. El que ha entendido la gracia, lo único que quiere es seguir estando en la presencia del rey.

Hermano, recuerda, si estás a la mesa del rey no es por méritos propios, no es porque tú decidiste correr hacia él porque estabas lisiado de ambos pies, no es porque tú querías ver al rey porque tú vivías con miedo delante del rey, tú vivías con miedo en Lodebar, tú vivías escondido en un lugar donde no hay El Señor tuvo que mandar por ti, por un pacto, no preguntó por tus méritos, Él sólo cumplió el pacto de misericordia contigo.

Él es quien nos sustenta, Él es quien nos guarda, pero recordemos que aún estando a la mesa, hay quien nos acuse por nuestra incapacidad. Y amigos, si hoy oyes su voz, el Rey te llama para sacarte de lo debar. No tienes por qué tener miedo. Él te llama para sentarse a su mesa. Hay un pacto que se firmó desde la eternidad y ese pacto es inquebrantable. Gloria a Dios que no depende de los méritos del que recibe, sino depende del que prometió. Y fiel es el que prometió. Vamos ahora.

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Joshua

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