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El hombre natural

1 Samuel 9
Daniel Fernandez February, 15 2026 Video & Audio
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Daniel Fernandez February, 15 2026

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Les invito a ver sus Biblias en 1 Samuel 9. 1 Samuel 9. Voy a dar lectura a todo el capítulo 9 y hasta el versículo 1 del capítulo 10. Deimare de Samuel 9 y el versículo 1 del capítulo 10. Dice la palabra de Dios. Había un varón en Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Ceror, hijo de Becorat, hijo de Afía, hijo de un Benjamita. Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él, de hombros arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo.

Y se habían perdido las asnas de Cis, padre de Saúl, por lo que dijo Cis a Saúl su hijo, Toma ahora contigo algunos de los criados, y levántate y ve a buscar las asnas. Y pasó el monte de Fraín, y de ahí a la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Salim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron. Cuando vinieron a la tierra de Suf, Saúl dijo a su criado que tenía consigo, Ven, volvámonos porque quizá mi padre, abandonada la preocupación por las asnas, estará congojado por nosotros.

Él respondió, He aquí ahora hay en esta ciudad un varón de Dios que es hombre insigne. Todo lo que él dice acontece sin falta. Vamos pues allá. Quizá nos dará algún indicio acerca del objeto por el cual emprendimos nuestro camino. Respondió Saúl a su criado. Vamos ahora. ¿Pero qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado y no tenemos que ofrecerle al varón de Dios. ¿Qué tenemos? Entonces volvió el criado a responder a Saúl, diciendo, He aquí, si hay en mi mano, la cuarta parte de un ciclo de plata. Esto daré al varón de Dios, para que nos declare nuestro camino.

Antiguamente en Israel, cualquiera que iba a consultar a Dios decía así, Venid y vamos al vidente, porque al que hoy se llama profeta, entonces le llamaba vidente. Dijo entonces Saúl a su criado, Dices bien, anda, vamos. Y fueron a la ciudad donde estaba el varón de Dios. Y cuando subía por la cuesta de la ciudad, hallaron unas doncellas que salían por agua a las cuales dijeron, ¿está en ese lugar el vidente? Ellas respondiéndoles dijeron, sí, él o ahí delante de ti.

Date prisa, pues porque hoy ha venido a la ciudad en atención a que el pueblo tiene hoy un sacrificio en el lugar alto. Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al lugar alto a comer. Pues el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, por cuanto él es el que bendice el sacrificio. Después de esto comen los convidados. Subid, pues, ahora, porque ahora le hallaréis. Ellos entonces subieron a la ciudad, y cuando estuvieron en medio de ella, Eaquí Samuel venía a ellos para subir al lugar alto.

Y un día antes que Saúl viniese, Jehová había revelado al oído de Samuel, diciendo, Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará mi pueblo de mano de los filisteos, porque yo he mirado a mi pueblo por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo, He aquí, éste es el varón del cual te hablé, éste gobernará mi pueblo. Acercándose, pues, Saúl a Samuel en medio de la puerta le dijo, Te ruego que me enseñes dónde está la casa del vidente. Y Samuel respondió a Saúl diciendo, Yo soy el vidente, Sube delante de mí al lugar alto, y come hoy conmigo, y por la mañana te despacharé.

Y te descubriré todo lo que está en tu corazón y de las asnas que se te perdieron hace ya tres días. Pierda el cuidado de ellas porque se han hallado. ¿Mas para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel sino para ti y para toda la casa de tu padre? Saúl respondió y dijo, ¿no soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel, y mi familia no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?

Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, lo introdujo a la sala y le dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres. Y dijo Samuel al cocinero, trae acá la porción que te di, la cual te dije que guardase esa parte. Entonces alzó el cocinero una espaldilla con la que estaba sobre ella y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo, he aquí lo que estaba reservado, ponlo delante de ti y come. Porque para esta ocasión se te guardó cuando dije, yo he convidado al pueblo, y Saúl comió aquel día con Samuel.

Y cuando hubieron descendido del lugar alto de la ciudad, él habló con Saúl en el terrado. Al otro día madrugaron, y al apuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo, levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel, y descendieron ellos al extremo de la ciudad, dijo Samuel a Saúl, Di al criado que se adelante, y se adelantó el criado.

Mas espérate un poco para que te declare la palabra de Dios. Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo, ¿no te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? Esta mañana, hermanos, quiero hablarles de el fracaso del hombre natural.

Sabemos que toda la palabra de Dios, todo lo que se ha escrito, dice la Biblia que todo se ha escrito para nuestra enseñanza. Dicen, porque las cosas que se escribieron antes para nuestra enseñanza se escribieron a fin de que por la paciencia y la consolación de la escritura tengamos esperanza. Y cuando empecé a estudiar esta parte de Saúl y más adelante con Natán, el pacto que hace con David, descendiente de Jonatán, empiezo a ver cómo en toda la escritura se cumple lo que Jesús les dijo en el camino de Maús cuando él había resucitado. Dicen Lucas, y comenzando desde Moisés y siguiendo por los profetas, les declaraba todas las escrituras lo que de él decían.

Siempre tenemos que recordar, hermanos, que toda la palabra de Dios, de Génesis, Apocalipsis, hay un solo tema. Y ese es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Hay leyes, hay ordenanzas, claro, pero el punto principal es el plan eterno de Dios para los que Él eligió desde antes de la fundación del mundo.

Y en este caso de Saúl, quiero hablar de él, sobre cómo Saúl fue puesto en un lugar de honor como rey. El Señor lo escogió como rey. Él estuvo al lado de Samuel, que fue el profeta de Dios, consagrado a Dios, quien escuchaba la voz de Dios y quien no solamente escuchaba la voz de Dios, sino que temblaba ante la voz de Dios.

Y en su contraparte vemos a un Saúl que pese a que Dios lo puso en este lugar, su corazón nunca fue convertido. La historia de Saúl no fue escrita simplemente para mostrarnos el fracaso de un rey de la antigüedad, sino fue escrito para enseñarnos que si la obra de Dios no está en el corazón del hombre, todos nuestros esfuerzos son vanos. Si bien la ley nos muestra nuestro pecado, nunca puede cambiar nuestro corazón. No puede reformar, no puede santificar, Lo único que puede hacernos es mostrar nuestra incapacidad y nuestro pecado. Saúl es un relato incómodo para muchos religiosos que intentan siempre cumplir leyes, las ordenanzas y fracasan porque su corazón no está convertido. Vemos a un Saúl que siempre intentó agradar a los hombres verse ante los hombres como una persona consagrada, verse ante los hombres como alguien de autoridad. Y vemos a un rey Saúl que es según la carne. Vamos a ver 1 Samuel 8, 19 y 20. Dice la palabra de Dios.

Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel y dijo, no, sino que habrá rey sobre nosotros y nosotros seremos también como todas las naciones y nuestro rey nos gobernará y saldrá delante de nosotros y hará nuestras guerras. En el relato bíblico vemos a un pueblo cansado del gobierno de Dios, cansado de lo que Dios había designado para el pueblo y pidiendo un rey como las otras naciones. según sus propios pensamientos para ser igual que las otras naciones. Querían a alguien que los representase en las guerras, a alguien que saliera delante de ellos comparándose con las otras naciones y desechando a Dios que gobernaba directamente a través de los profetas. Y Dios les concede el deseo de su corazón. Tristemente, Dios les concede el que tengan a un rey y no lo hace para bendición del pueblo, lo hace para que ellos se corrijan, que ellos vean que la obra de Dios a través de Samuel y a través del gobierno que él había establecido era lo mejor, pero pues ellos querían ser como las otras naciones.

En el relato bíblico vemos que Dios les concede y en el capítulo número 9 pues Dios elige a Saúl, él es ungido y es puesto. Y en todo el relato nunca vemos que diga la palabra de Dios que Saúl fue transformado, que Saúl fue cambiado a su corazón, únicamente Dios le dio el rey que el pueblo demandaba para su propia mentalidad. Vemos en Hechos 13, 21. Luego pidieron rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.

Tal como Dios utilizó a Ciro, tal como Dios utilizó a Faraón, tal como Dios utilizó a Nabucodonosor, Dios les dio un rey para su disciplina y no para bendición. El pueblo quería a Dios, el pueblo quería y Dios les dio lo que bien les parecía al pueblo, dejándoles a la dureza de su corazón. para mostrar que aún teniendo la ley y habiendo tenido la oportunidad de estar al lado de hombres consagrados como Samuel, tener esa posición de privilegio no garantizaba un cambio de corazón, no garantizaba una transformación. Y con todo esto, definitivamente el fracaso estaba asegurado.

Según los ojos de la carne podemos ver a un Saúl que de hombros hacia arriba sobrepasaba a todos. que era hermoso, dice la Biblia, era físicamente imponente, era un líder nato, era popular y era el perfecto a la vista de los hombres para salir delante de las otras naciones y representar al pueblo. Pero sabemos que Dios no mira lo que está por fuera, sabemos que Dios mira el corazón y el corazón de Saúl nunca fue transformado. En el trasfondo de Saúl hay algo terrible que menciona la Biblia, que él venía de una de las tribus de Benjamín.

¿Y por qué digo terrible? Porque esa tribu estuvo a punto de ser extinta. Esta tribu se conoció por un gran pecado, por ocultar el pecado, por no hacer justicia a los que cometieron pecado. Y todas las otras tribus pelearon contra Benjamín y estuvo a punto de desaparecer la tribu. De ahí es de donde venía Saúl. Y esto no es coincidencia. A pesar de que todas las otras tribus pelearon en un tiempo contra Benjamín, Dios sacó a Saúl de Benjamín para ponerlos por rey según la dureza de su corazón.

Dice en 1 Samuel 9.21 primera de Samuel nueve veintiuno Saúl respondió y dijo no soy yo Benjamín de la más pequeña de las tribus de Israel y mi familia no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín ¿Por qué me has dicho cosa semejante? y vemos a la palabra de Dios que él fue tomado de Benjamín de esa tribu donde cada quien hacía lo que bien le parecía. Vemos en la palabra de Dios en jueces 21 que era tal el pecado de Benjamín que ya no seguían reglas, cada quien según su propia mente hacía lo que mejor le parecía a cada quien, no se sujetaban a la autoridad, no se sujetaban a la ley. En jueces 21-25 Dice, en esos días no había rey en Israel. Cada uno hacía lo que bien le parecía.

Desde sus orígenes hasta el final de la vida sobre la tierra de Saúl, lo único que hubo fue algo externo. Nunca fue transformado por la obra de Dios. Salió de una tribu que era terrible en su pecado ante Dios, que no se sujetaba, y a este fue el que Dios puso sobre Israel como rey.

Y esto nos hace pensar muchas veces en la persona que nada más conoce la palabra de Dios, ve las obras de Dios, se maravilla, pero que tristemente nunca son quebrantados, que Dios nunca hizo una obra en ellos. leemos hechos 8, 14, 22 hechos 8 del 14 8.14 al 22 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recaído la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan, los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo, porque aún no había descendido sobre ellos, sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón, que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo, Dadme también a mí este poder para que a cualquiera que yo impusiera las manos reciba el Espíritu Santo.

Entonces Pedro le dijo, tu dinero perezca contigo porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tu parte ni suerte en este asunto porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete pues de esa tu maldad y ruega a Dios si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu pecado. Como Saúl, Hay religiosos que tienen una obediencia externa, tienen una religión externa, tienen una actividad que les gusta ser visto por los hombres, pero no tienen el fruto del amor de Dios en sus corazones y no aman la obra de Dios. Se imponen a sí mismos reglas, normas que nunca se les demandaron, se ponen cargas que únicamente son para ser vistos del pueblo.

Me recuerda esto al fariseo puesto en pie que oraba consigo mismo, que decía, Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aún como este publicano. Ayuno dos veces a la semana y doy diezmo de todo lo que gano. O sea, ¿mis obras me pueden justificar ante Dios? De ninguna manera. Y vemos a un hombre Saúl tal como el fariseo, esforzándose cada día por cumplir una ley, una ordenanza y por la dureza de su corazón destinado al fracaso. Regresamos en Samuel 13, primera de Samuel 13. Desde el versículo uno dice la palabra de Dios.

Ahí había ya reinado Saúl un año y cuando hubo reinado dos años sobre Israel, escogió luego a tres mil hombres de Israel, de los cuales estaban con Saúl, dos mil en Mictmás y en el monte de Betel, y mil estaban con Jonatán en Gabá de Benjamín, y envió al resto del pueblo cada uno a sus tiendas.

Y Jonatán atacó a la guarnición de los filisteos que había en el collado, y lo oyeron los filisteos. e hizo Saúl tocar trompeta por todo el país diciendo oigan los hebreos y todo Israel oyó que decía Saúl ha atacado la gobernación de los filisteos, y también que Israel se había hecho abominable a los filisteos, y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal. Entonces los filisteos se juntaron para pelear contra Israel treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo numeroso como la arena que está a la orilla del mar. Y subieron y acamparon en Mikmás al oriente de Betabén. Cuando los hombres de Israel vieron que estaba en estrecho, porque el pueblo estaba en aprieto, Se escondieron en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas. Y algunos de los hebreos pasaron al Jordán, a la tierra de Gad y de Galad, pero Saúl permanecía aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.

Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho. Pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. Entonces dijo Saúl, tráenme holocausto y ofrendas de paz, y ofreció el holocausto, Y cuando él acababa de ofrecer el holocausto, ve aquí Samuel que venía. Y Saúl salió a recibirle para saludarle. Entonces Samuel dijo, ¿qué has hecho?

Y Saúl respondió, porque vi que el pueblo se me desertaba y que tú no venías dentro del plazo señalado y que los filisteos estaban reunidos en Mismas. Me dije, ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal. Y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto.

Entonces Samuel dijo a Saúl, locamente has hecho, no guardaste el mandato de Jehová tu Dios que él te había ordenado, pues ahora Jehová te hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Ahí vemos a un Samuel esforzado por ofrecer sacrificio, esforzado porque el pueblo viera que se había ofrecido sacrificio. A un Saúl, perdón, que temía al pueblo porque se estaba yendo, que temía a los filisteos porque él confiaba en la fuerza del pueblo y el pueblo se le estaba desertando. Y lo único que tenía que hacer Saúl era confiar en la providencia de Dios. Era todo lo que tenía que hacer. Esperar en el tiempo de Dios. Él tuvo miedo porque vio que Samuel no llegaba, pero Dios tiene su tiempo.

No podemos adelantarnos en ninguna manera al tiempo de Dios. Muchas veces nos desesperamos porque queremos sin duda ver a nuestros hijos convertidos, queremos ver a nuestros familiares convertidos y muchas veces vamos con ellos con leyes y ordenanzas y con ataques y tratándoles de imponer reglas que ellos no pueden llevar. Pero tenemos que esperar en el tiempo de Dios. No podemos confiar en que nuestras palabras van a ser algo, sino confiar en que Dios con su palabra puede hacer la obra. Tenemos que esperar y no esforzarnos en la carne. Tenemos que esperar en Dios, no teniendo temor al hombre. No importa que el pueblo se vaya. Pensando en que Dios va a cumplir su promesa.

Ahí vemos a Saúl que dice, tú no venías en el plazo señalado, o sea, a mí ya me urgía que tú estuvieras acá y tú no estabas acá para apoyarme y yo me esforcé y ofrecí el sacrificio, pero no era el tiempo de Dios y no era lo que Saúl tenía que hacer. Ahí él no guardó el mandamiento de Dios y terminamos actuando locamente, como dice la palabra de Dios. Y ese actuar locamente nos lleva a perder todo. porque no tenemos la capacidad por parte de Dios para guardar sus mandamientos. Vemos en Saúl al hombre natural que todo lo que lo mueve son los designios de la carne que son enemistad contra Dios. Vemos en Romanos 8, 7 y 8. Romanos 8, 7 y 8 que dice ¿Por cuánto los designios de la carne son enemistad contra Dios?

Porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden. Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Vemos a un Saúl esforzado en la carne, pensando que con eso iba a conseguir el favor de Dios en el sacrificio. Pero esto no puede agradar a Dios. Si el Señor no hace una obra en el corazón, No nos podemos sujetar a Dios. No podemos agradar a Dios. Solo podemos agradar a Dios cuando estamos revestidos de su justicia.

Porque en realidad Dios no nos mira a nosotros. Dios mira la obra que está en nosotros. Cuando Él mira, vemos la sangre de Cristo que nos cubre. Él no mira nuestro pecado porque nuestro pecado ha sido clavado en la cruz. que ruega al Señor que en su misericordia que haga la obra en nosotros y que él nos ponga en las buenas obras que ha preparado de antemano.

Es triste que nos tengamos que esforzar en la carne y no esperemos en la obra de Dios, que estemos preocupados por tantas cosas y no estamos preocupados por buscar el favor de Dios. En la condición natural del hombre tendremos religión, Pero si Dios no obra de nosotros, únicamente habrá apariencia de piedad. Un intento burdo, despreciando la obra de la cruz, intentando por nuestras obras, por nuestras acciones, ser justificados.

Incluso teniendo temor al hombre. Teniendo temor, ¿qué pasa si me ve el pastor? ¿Qué pasa si me ven los hermanos? Y esa es nuestra preocupación. Y hermano, lo que tenemos que entender es que no estamos ante los ojos del pastor, no estamos ante los ojos de los hermanos, que toda nuestra vida transcurre ante los ojos de Dios. Cuando entendamos de que cada acción está ante los ojos de Dios es cuando vamos a verdaderamente obrar de acuerdo a la voluntad de Dios. Cuando no me preocupe si me va a haber algún hermano en la iglesia, que me preocupe que Dios desde la gloria me está viendo. En ese momento, es cuando vamos a hacer realmente la obra de Dios y Él va a obrar en tus corazones. Cuando el hombre está confiando en su propia carne, por más que el mandamiento sea bueno, que sea santo, que sea claro, que sea explícito, no lo va a poder cumplir.

Regresamos a la primera de Samuel 15, del 1 al 3. 1 Samuel 15, del 1 al 3. Después Samuel dijo a Saúl, Jehová que me envió a que te ungiese por rey sobre Israel, por su pueblo Israel, ahora pues está atento a las palabras de Jehová. Así ha dicho Jehová de los ejércitos, yo castigaré lo que hizo a Malek, a Israel a lo ponerse en camino cuando subían de Egipto. Ve pues y hiere a Malek.

Y destruye todo lo que tiene. Y no te apiades de él. Mata hombres, mujeres, niños, y aun a los de pecho, vacas, ovejas, camellos. Ahí vemos la ordenanza de Dios explícita. Ve, le decía, es una acción directa. La vemos detallada. Vemos que Dios manda un juicio contra Malek. Le dice, hiere, destruye todo. Habla de la totalidad. No te apiades de él. Hay una prohibición explícita. Mata desde hombres, niños, animales, un alcance absoluto.

No vemos problema de que Saúl haya malinterpretado la palabra de Dios. No vemos a un Saúl que diga, pues, no sé exactamente lo que Dios me mandó. Era claro todo lo que dijo. Y vemos que el problema no es el mandamiento, no es la orden, no es la ley, el problema está en el hombre. Saúl no falla por ignorancia, no falla por falta de información, no falla por circunstancias externas, falla porque no puede oír la voz de Dios. Dice la palabra de Dios, mis ovejas oyen mi voz y me siguen.

Pero Saúl no era de las ovejas del Señor. Leemos en 1 Samuel 15, 19. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que has vuelto al botín que has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? No has oído la voz de Jehová. Saúl no era de las ovejas. Si tú no estás oyendo el mensaje de Dios, Analízate. Ruega a Dios que haga la obra y que puedas escuchar la voz del Salvador. Luego vemos en el versículo 21. Más el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová, tu Dios en Gilgal.

Saúl nunca dijo Jehová mi Dios. Saúl no dijo Jehová nuestro Dios, Saúl le dijo a Samuel es Jehová tu Dios y ahí vemos a la persona que externamente trata de cumplir la ley que nunca tiene a Dios por su Señor, nunca tiene a Dios por su Dios, no tiene a Dios por su Salvador, no tiene a Dios por su esperanza. Dios puso a Saúl en una posición de honor sobre el pueblo pero todo era una obra de teatro, tratando de representar a un religioso, santo y adoso. Y lo más terrible viene al final, porque Dios lo abandona a su propia mente carnal. Leemos en primera de Samuel 16, 14. El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl. y atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

Hermanos, el juicio de Dios es inevitable. El juicio de Dios ya ha sido ejecutado. Hay una sentencia ejecutoria ya contra todos los que no creen a Dios, contra todos los que no creen a su Palabra. Tal vez soportemos domingo tras domingo estar escuchando lo mismo Tal vez tratemos de vivir a los ojos de los demás, viniendo cada domingo a la iglesia, tratando de hacer las obras, pero si Dios no abre en tu corazón, al final, hermano, al final, amigo, todo va a ser en vano. Nuestras reuniones en la iglesia no van a hacernos un lugar en las mansiones celestiales. Y recuerda que, ya sea que seas una oveja del Señor o no, solo estamos de paso en esta tierra. somos como la hierba del campo que florece por un breve tiempo y luego muere. Dios ya ha emitido una sentencia en Hebreos 9, 27 dice ahí de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez y después de eso el juicio. No hay más que eso.

Y en el juicio vas a estar vestido de la justicia de Dios. ¿Vas a estar lavado por la sangre de Cristo? ¿O vas a tratar de justificarte por tus obras externas? Dice la palabra de Dios, el que cree en el Hijo tiene vida eterna, pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

Dice que ya está, no dice que va a estar. Si rehúsas creer en el Hijo de Dios, créeme que Dios está airado contigo. ¿Qué significa esto? Que ya no hay nada que se pueda hacer. Puedes rogarle a Dios por salvación. En Saúl se cumplió la sentencia de Dios. Dios lo abandonó. Dios retiró su espíritu. Él tuvo un corazón que nunca fue convertido, nunca fue transformado y por lo mismo nunca se rindió ante Dios.

Que amigo, yo te llamo a que dejemos de vivir en apariencias, que no nos engañemos con actividades religiosas, pero sí ruegale al Señor que en su misericordia quiera salvarte. Dice 1 Samuel 16, 7 Y Jehová respondió a Samuel, No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho. Porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos pero que va, mira el corazón. Si tienes un corazón que ha sido transformado, que ha sido cambiado por Dios, Dios va a ver un corazón cambiado en ti. Si no has sido transformado, Dios va a ver tu corazón, un corazón duro que no ha sido transformado. Saúl cuidó de su apariencia, cuidó de que el pueblo lo viera en el sacrificio, pero Dios miró al corazón y lo oyó vacío. Veamos Colosenses 2, 20 y 23. Colosenses 2, 20 y 23.

Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivieses en el mundo os sometéis a preceptos tales como no manejes, ni gustes, ni aun toques, en conformidad de mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen de la verdad cierta reputación de sabiduría, en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo, pero no tienen ningún valor, valor alguno contra los apetitos de la carne. Todas nuestras acciones externas, todo lo que para la sociedad es bueno, es sabio, si no hay un corazón arrepentido, no pueden luchar contra los apetitos de la carne.

Decía Pablo con Cristo, estoy juntamente crucificado, ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. lo que vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios. Ya no vivo para mí mismo, vivo por la fe de Cristo.

Y sé que todos tenemos luchas, todos tenemos dificultades, pero gracias a Dios tenemos un Dios que es misericordioso, que no únicamente nos ve, sino que nos sostiene. Veamos en Hebreos capítulo 4, Hebreos capítulo 4, del 13 al 16. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia, antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos a quienes tenemos que dar cuenta. Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda comparecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia para alcanzar mistericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Este es uno de los versículos favoritos que tengo porque si bien todas las cosas están desnudas ante sus ojos, toda mi vida está pasando delante de Dios a todo momento, Él se compadece. Dice el versículo 15 que Él se compadece de nuestras debilidades.

Él sabe lo que estábamos pasando, por qué lo pasó en la tierra. Él sabe ¿Cómo es la tentación del pecado? Porque él fue tentado. Él sabe lo que es tener hambre. Él sabe lo que es tener sed. Él sabe lo que es tener necesidad. Y tal vez yo no conozca tu necesidad. Tal vez no conozca tu dolor. Pero hay alguien que sí lo sabe. Y que se compadece. Y el llamado es acerquémonos pues confiadamente al trono de la gracia. Para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Hermanos, quiera Dios que esta palabra en esta mañana sea de bendición para ustedes. Para mí ha sido de bendición poder estar esta mañana ante ustedes, estudiar esta parte de Saúl y ver cómo las obras de la ley nunca pueden hacernos aceptos ante Dios, como si Dios no obra nuestros corazones, todo lo que yo haga externamente únicamente va a ser vivir en temor hacia el hombre, vivir pensando quién me ve, quién me escucha, y no teniendo un corazón arrepentido ante Dios. Y el llamado es, si tú no escuchas la voz de Dios, ruega a Dios y tal vez en su misericordia Él te salve. Si has escuchado la voz de Dios, sabe que Él tiene compasión de ti y sabe de tus dificultades. Vamos ahora.

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Joshua

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