Bootstrap
JC

El Juez Justo

John 5:30
Joel Coyoc July, 5 2020 Video & Audio
0 Comments
JC
Joel Coyoc July, 5 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about Jesus as the just judge?

The Bible teaches that Jesus is the just judge who acts in perfect unity with the Father, ensuring true justice.

In John 5:30, Jesus affirms, "I can do nothing by myself; I judge only as I hear, and my judgment is just, because I seek not to please myself but him who sent me." This statement highlights the authority of Christ as the just judge, appointed by the Father to administer justice. The concept of justice originates from the nature of God, and the Son embodies this attribute as He executes judgment. Unlike human judges influenced by personal interests or biases, Christ’s judgment is rooted in His perfect understanding of truth and righteousness. He listens to our words and actions, which serve as the revelation of our hearts, demonstrating that His judgment is not merely external but deeply personal and accurate.

John 5:30, Psalms 139:4, John 3:36

Why is recognizing Jesus as the judge important for Christians?

Recognizing Jesus as the just judge provides Christians with assurance that ultimate justice will prevail.

Understanding Jesus as the just judge instills hope in believers, affirming that true justice will be served despite the world's injustices. As articulated in John 5:22-23, 'Moreover, the Father judges no one, but has entrusted all judgment to the Son, that all may honor the Son just as they honor the Father.' This acknowledgment reassures Christians that their grievances and injustices will not be overlooked, for they have a righteous advocate who represents them before God. Furthermore, it emphasizes the need for repentance and faith in Christ, as He judges not only our actions but our very hearts as well. His coming judgment is a call to live righteous lives, reflecting the attributes of our just God.

John 5:22-23, Romans 2:6, Hebrews 9:27

How does Jesus demonstrate perfect justice according to Scripture?

Jesus demonstrates perfect justice by knowing our hearts and judging based on truth rather than appearances.

According to scripture, Jesus exemplifies perfect justice because He discerns the heart of man, contrasting with human judges who often assess based on external appearances. In Isaiah 11:3-4, it is prophesied that the Messiah will not judge by what His eyes see or what His ears hear, but with righteousness, He will judge the needy. This prophetic insight reveals the nature of Christ’s judgment, one that is deeply compassionate yet undeniably just. In our words, whether spoken publicly or whispered in secret, He listens and knows our true intentions. This underscores the importance of aligning our inner convictions with God's will, as our words ultimately reflect our belief systems. Only through repentance and faith in Jesus can we stand confident in His just judgment.

Isaiah 11:3-4, John 5:30, Matthew 12:34

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
Vamos a abrir nuestras Biblias
en el Evangelio de San Juan en su capítulo cinco. Dice la palabra de Dios. Después
de estas cosas, había una fiesta de los judíos y subió Jesús a
Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de
la puerta de las ovejas, un estanque llamado en hebreo Bethesda, el
cual tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de
enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del
agua. Porque un ángel descendía de
tiempo en tiempo al estanque y agitaba el agua, y el que primero
descendía al estanque, después del movimiento del agua, quedaba
sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un
hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando
Jesús lo vio acostado y supo que llevaba ya mucho tiempo así,
le dijo, ¿Quieres ser sano? Señor le respondió al enfermo,
No tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua,
y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús
le dijo, levántate, toma tu lecho y anda. Y al instante aquel hombre
fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo, y era día de reposo
aquel día. Entonces los judíos dijeron a
aquel que había sido sanado, Es día de reposo, no te es lícito
llevar tu lecho. Él les respondió, el que me sanó,
él mismo me dijo, toma tu lecho y anda. Entonces le preguntaron,
¿quién es el que te dijo, toma tu lecho y anda? Y el que había
sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado
de la gente que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús
en el templo y le dijo, mira, has sido sanado, no peques más
para que no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue y yo aviso
a los judíos que Jesús era el que le había sanado. Y por esta
causa los judíos perseguían a Jesús y procuraban matarle porque hacía
estas cosas en el día de reposo. Y Jesús les respondió, mi padre
hasta ahora trabaja y yo trabajo. Por esto los judíos aún más procuraban
matarle. porque no sólo quebrantaba el
día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio
Padre, haciéndose igual a Dios. Respondió entonces Jesús y le
dijo, De cierto, de cierto os digo, no puede el Hijo hacer
nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre, porque todo
lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. Porque
el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que Él hace,
y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros
os maravilléis. Porque como el Padre levanta
a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que
quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga,
sino que todo juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo
como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra
al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo,
el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna,
y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De
cierto, de cierto os digo, viene la hora, y ahora es cuando los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren
vivirán. Porque como el Padre tiene vida
en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo. Y también le dio autoridad de
hacer juicio por cuanto es el Hijo del Hombre. No os maravilléis
de esto, porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros
oirán su voz. Y los que hicieron lo bueno saldrán
a resurrección de vida, mas los que hicieron lo malo a resurrección
de condenación. No puedo yo hacer nada por mí
mismo, según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo porque no
busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.
Yo doy testimonio acerca de mí mismo. Si yo doy testimonio acerca
de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que
da testimonio acerca de mí, y sé que el testimonio que da de mí
es verdadero. Vosotros enviasteis mensajeros
a Juan, y él dio testimonio de la verdad. Pero yo no recibo
testimonio de hombre alguno, mas digo esto para que vosotros
seáis salvos. Él era antorcha guardia, y alumbraba,
y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz. Mas
yo tengo mayor testimonio que el de Juan, porque las obras
que el Padre me dio para que cumpliese, las mismas obras que
yo hago dan testimonio de mí que el Padre me ha enviado. También
el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Nunca habéis
oído su voz, ni habéis visto su aspecto, ni tenéis su palabra
morando en vosotros, porque a quien él envió, vosotros no creéis. Escudriñad las Escrituras, porque
a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas
son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir a mí para
que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo,
mas yo conozco que no tenéis amor de Dios en vosotros. Yo
he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís. Si otro viniera
en su propio nombre, a ese recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer,
pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la
gloria que viene del Dios único? No penséis que yo voy a acusaros
delante del Padre. Hay quien os acusa, Moisés, en
quien tenéis vuestra esperanza. Porque si creyéseis a Moisés,
me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis
a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?" Versículo 30. No puedo yo hacer nada por mí
mismo. Según oigo, así juzgo, y mi juicio es justo, porque
no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió la
del Padre. Vamos a meditar este versículo
y lo vamos a hacer con el tema, el juez justo. En la traducción 1960 que hemos
leído dice, no puedo yo hacer nada por mí mismo, según oigo
así juzgo y mi juicio es justo porque no busco mi voluntad sino
la voluntad del que me envió, la del padre. Voy a leer el versículo
en una otra traducción que dice, yo no puedo hacer nada por mi
propia cuenta, juzgo sólo según lo que oigo y mi juicio es justo,
pues no busco hacer mi propia voluntad, sino cumplir la voluntad
del que me envió. El juez justo. Estábamos estudiando la semana
pasada que el padre ha dejado todo juicio al hijo. y solemos los hombres hablar de
justicia y algunas veces intentamos expresar cosas que en verdad
son justas pero desde nuestra perspectiva muy equivocada solemos
llamarle que no son justas y en el fondo el hombre anhela justicia
y justicia habrá porque hay un juez justo, hay un juez justo
y habrá justicia, se hará justicia. El ser humano fue creado a imagen
y semejanza de Dios y fue creado para reflejar la gloria de Dios.
Sin embargo, este que debía de ser un mundo lleno de justicia
porque el hombre es imagen de Dios y uno de los atributos de
Dios es justamente que él es justo. Sin embargo, estamos en
un mundo lleno de injusticia a consecuencia del pecado del
hombre, ya que la Escritura dice con toda claridad por cuanto
todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios, están incapacitados
de reflejar la gloria de Dios para la cual fueron creadas.
Y dice la Escritura que a consecuencia de eso no hay justo ni a un uno. Sin embargo, hay un juez justo. Y cuando pensamos en todas las
todas las vocaciones que Dios ha dado, No importa cuáles sean,
todas apuntan hacia aspectos del carácter de Dios. En el mundo
se hace necesario y hay juzgados, hay tribunales donde se han puesto
a personas que ocupan lugar de juez. Tristemente quizá muchos
de ellos ocupan ese lugar solamente por el dinero que se puede pagar
y no les pasa por la mente que son jueces porque existe un verdadero
juez, un juez que es justo y que ellos son llamados a representar
al impartir justicia y si no les pasa por la mente de todos
modos un día van a estar ante el juez justo para rendir cuentas
de la manera en que le han representado porque hay un juez justo y mucha
gente piensa que en su anhelo y su deseo de justicia piensa
que no habrá justicia, pero los creyentes tenemos la certeza
de que justicia habrá, a pesar de que somos injustos, a pesar
de que no hay justo ni a un uno, nuestra injusticia Nuestra injusticia
ha sido castigada, se ha hecho justicia para nuestra injusticia. En el Señor Jesucristo se ha
hecho justicia para nuestra injusticia. Y Él es juez justo. Y en este
versículo, Lo primero que sigue enfatizando el Señor Jesucristo
aquí en este pasaje es su unidad con el Padre. Cristo es uno con
el Padre. Y aquí Él lo muestra en el hecho
de que tienen un solo propósito. Dice, yo no hago nada por cuenta
propia. La traducción que nosotros tenemos
dice, no puedo yo hacer nada por mí mismo. o no hago nada
por mi propia cuenta, porque Él siempre ha actuado desde la
eternidad en perfecta unidad de propósito con el Padre. El
Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han actuado siempre en
perfecta unidad de propósito. Ellos son de la misma substancia. Ellos son Dios en tres personas. difieren en las funciones, pero
no en el propósito. Y por eso el hijo está diciendo
aquí, y enfatizando otra vez, que tiene un único propósito
con el padre. Ellos han actuado siempre de
esa manera. Nunca ha actuado por su propia
cuenta. Juan cuando empieza a escribir
dice en el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el
verbo era Dios. Todas las cosas por él fueron
hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Cuando
nosotros miramos en el Antiguo Testamento dice la Biblia en
el principio creó Dios los cielos y la tierra y la tierra estaba
desordenada y vacía y el Espíritu de Dios se movía sobre la paz
de las aguas y ahí está presente El Padre se menciona al Espíritu
y de repente dice y dijo Dios sea la luz y ahí está el verbo
que se hizo carne, ahí está la palabra viviente actuando. Cuando llegó el momento de crear
al hombre, dice la escritura, dijo Dios, hagamos al hombre
conforme a nuestra imagen, según nuestra semejanza. Y ese hagamos
implica el que hubo un solemne consejo divino, el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo. Y ellos siempre han actuado así,
y por eso él dice, no hago nada por mi propia cuenta. Y está
enfatizando y haciendo énfasis muy fuerte en algo que le había
quedado claro a las personas que estaban escuchando, pero
que causaba molestia en su corazón, porque su corazón es el corazón
de todo descendiente de Adán, aborrecedor de Dios. Alguien
que no quiere que Dios gobierne sobre él, alguien que no quiere
creer en Dios y a Dios como Dios se revela. Si no quiere tener
un concepto de Dios como él ha hecho en su propia mente que
está corrompida, en su propia mente dañada por haber caído
en el pecado, Cuando nosotros miramos pasajes
en el Antiguo Testamento que profetizaban acerca de la venida
del Señor Jesucristo, podemos mirar cómo en la obra de redención
está obrando conjuntamente el Padre, el Espíritu, el Hijo. Cuando se menciona que en este
mismo Evangelio, cuando Cristo fue bautizado, podemos ver ahí
a los tres las tres personas de la Divina Trinidad juntas. el Señor Jesucristo, el Hijo
siendo bautizado, el Espíritu Santo que posó sobre él en forma
de paloma, y la voz del cielo, del Padre que dijo, este es mi
Hijo amado, en quien tengo complacencia. Y lo mismo vemos cuando se leen
los pasajes de la profecía, y en Isaías 11, 2 al 5, hay un pasaje
que habla acerca del Señor Jesucristo, y menciona la presencia del Espíritu
Santo. Y es un pasaje que aparentemente
contradice el versículo que vamos a estudiar, pero en la Escritura
no hay tal contradicción nunca. Por el contrario, en lugar de
contradecir, es un versículo que respalda la enseñanza que
el Señor Jesús está diciendo. Y dice aquí en Isaías, y reposará,
está hablando del Señor Jesucristo, el vástago, el retoño de la raíz
de Isaí, que dice, y reposará sobre él el Espíritu de Jehová.
Espíritu de Sabiduría y de Inteligencia, Espíritu de Consejo y de Poder,
Espíritu del Conocimiento y Temor de Jehová, y ahí está el Hijo
sobre quien va a reposar el Espíritu, y está mencionando también al
Padre, dice, y le hará entender diligente en el temor de Jehová,
dice, no juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo
que oigan sus oídos, sino que juzgará con justicia a los pobres,
y argüirá con equidad por los mansos de la tierra, y herirá
la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios
matará al impío, y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad
ceñidor de su cintura. Y aquí está otra vez mostrándose
la perfecta unidad del Padre, el Hijo. Y bueno, aquí no está
haciendo énfasis en el Espíritu Santo, pero es un hecho de que
ellos moran en perfecta unidad. Y aquí lo que el Señor está haciendo
énfasis es aquello que es necesario para la salvación del hombre,
creer que Jesucristo es el Hijo de Dios. y para que creyendo
tengas vida en su nombre. Creer que Jesucristo es el Hijo
del Hombre, que es 100% hombre, que tomó forma humana, un cuerpo
físico que se cansaba, que sentía sed, que sentía las mismas tentaciones
y aflicciones que sufrimos, pero sin pecado y 100% Dios. aquel
en que mora corporalmente toda la plenitud de la deidad, aquel
que dice la escritura, empezando este evangelio, dice, y vimos
su gloria, gloria como del unigénito del Padre lleno de gracia y de
verdad. Poder mirar a aquel que le dice
a Felipe, muéstranos al Padre y nos basta, y le dice, hace
tanto tiempo que estoy contigo y no me has visto. El que me
ha visto a mí, ha visto al Padre. Yo y el Padre uno somos. y aquí
el énfasis es tenemos un solo propósito y ese propósito es
la gloria del Dios Trino, la gloria del Dios Trino, la obra
de redención y por sobre todas las cosas, su gloria, porque
el Señor ha hecho todo para su gloria. Después de hacer énfasis
en esto, el Señor menciona algo y dice, dice aquí Según oigo, así juzgo. Según oigo, así juzgo. Y aquí se nos está declarando
una verdad muy importante. El Señor Cristo oye nuestras
palabras. Cristo oye nuestras palabras.
Y el Señor, en los versículos que van a seguir, va a hacer
un juicio. No está hablando aquí del juicio
final, Pero está hablando de un juicio que el Señor va a emitir
contra estas personas que algunas veces hablaban en voz alta y
algunas veces murmuraban en su corazón. Pero ya sea que digas
tus palabras fuertes, desafiantes, o sea que las murmures entre
tus dientes, el Señor Jesús oye tus palabras. Y un asunto bien
importante con nuestras palabras es, no olvidemos que nada es
nuestro, ni siquiera nuestras palabras. Nuestras palabras son
prestadas. Nuestras palabras, las palabras
son de Dios. Un aspecto de ser imagen de Dios
es la capacidad que Dios nos ha dado para hablar. El hombre
habla porque Dios habla. Ni una otra criatura de Dios
ha sido dotada con el don del habla, sino solamente el hombre.
Eso quiere decir que las palabras son importantes, eso quiere decir
que las palabras son reveladoras, eso quiere decir que nuestras
palabras tienen valor, no porque son nuestras, porque son de Dios
y por eso hemos de ser cuidadosos en la manera en que hablamos.
Las palabras son reveladoras y aquí Es interesante el poder mirar
que en diferentes, en Mateo capítulo 12 por ejemplo, se narra un pasaje
idéntico, no sé si es exactamente la misma situación que está narrando
Juan, probablemente no, pero hay muchas cosas idénticas en
ese pasaje. El sanar a una persona de enfermedad
oprimido por el demonio en el día de reposo. El ser juzgado
el Señor Jesús por haberlo hecho. el escuchar hablar a estas personas
algunas veces en voz alta y algunas veces murmurando y el Señor mostrando
que él escucha las palabras y sabe todo esto va haciendo énfasis
también en la perfecta unidad en la divinidad del Señor Jesucristo. El Salmo 139 es muy revelador
al respecto cuando dice hablando de en el Antiguo Testamento de
Dios el Padre que se había revelado al salmista y el salmista hablando
de él llega al versículo cuatro cuando dice antes dice aún no
está la palabra en mi lengua y aquí oh jehová tú la sabes
toda antes que yo diga lo que voy a decir el señor sabe lo
que voy a decir y no importa si lo grito o lo digo bajito
o no importa si lo escribo ahora por el celular y lo mando o lo
voy publicando en redes sociales no importa de la forma que lo
hagas antes que lo hagas el señor conoce lo que vas a decir el
señor oye tus palabras el señor oye tus palabras Dice otro pasaje, entonces fue
traído a él un endemoniado ciego y mudo, y le sanó de tal manera
que el ciego y mudo veía y hablaba, y toda la gente estaba atónita
y decían, ¿será éste aquel hijo de David? Mas los fariseos al
oírle decían, éste no echa fuera a los demonios, sino por Belzebú,
príncipe de los demonios. Sabiendo Jesús los pensamientos
de ellos, les dijo, todo reino dividido contra sí mismo es asolado,
y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanece. Mateo 12, 22, 25. Sabiendo Jesús
los pensamientos de ellos. No está aún la palabra en mi
boca, y aquí tú Jehová, la sabes toda. Sabe las palabras, no necesitamos
articularlas. solamente pensarlas y el Señor
las sabe, pero esas palabras son reveladoras. Esas palabras
revelan el corazón del hombre. ¿Qué clases de palabras tenían
estas personas? Una, pensaban. Sus palabras los exponían. Un
hombre se para 38 años de estar incapacitado. Una maravillosa
obra que muestra la gloria de Dios. Una obra dada para dar
testimonio de que Cristo es Dios, porque las obras que el Padre
le dio para ser las mismas dan testimonio acerca de Él. Un Señor
Jesucristo que hace obras, y había una multitud de enfermos, no
sanó a diez, sanó a uno. Porque no estaba haciendo su
voluntad, sino la voluntad del que le envió. Porque lo que estaba
buscando es mostrar su gloria. Y estos hombres piensan y algunos
dicen, y le dijeron de hecho al hombre, no te es lícito llevar
a tu lecho, estás quebrantando la ley. El hombre estaba obedeciendo
la palabra de Dios, pero a los ojos de ellos su corazón estaba
siendo revelado, un corazón legalista, un corazón que buscaba sólo el
espectáculo y el cumplimiento externo de los ritos religiosos. Y el Señor escuchó esas palabras. esas palabras y el Señor va a
emitir juicio porque Él oye cuando dice en Isaías que no argüirá
según dice el pasaje en Isaías No juzgará según la vista de
sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos. No hay ninguna
contradicción con lo que Jesús está diciendo en este momento.
El Señor está diciendo, no juzgará por la vista de sus ojos, no.
Porque el Señor no mira lo que mira el hombre, pues el hombre
mira lo que está delante de sus ojos. Pero Dios mira el corazón. ¿Sabe? Si el Señor Jesús hubiera
juzgado a esta gente, hubiera juzgado a esta gente por lo que
miraban sus ojos, pues estos señores hubieran salido muy bien,
porque toda la gente quedaba impresionada al juzgar sus acciones
por lo que veían sus ojos. El detalle es que Dios mira su
corazón y Dios no les estaba... Cristo no les estaba emitiendo
un juicio por lo que estaban mirando sus ojos. Hombres que
aparentemente eran rectos porque aparentemente guardaban el día
de reposo. hombres que aparentemente cumplían
la ley de Dios, aparentemente. Sin embargo, el Señor Jesús estaba
haciendo un juicio por lo que oían sus oídos. Y cuando dicen
Isaías, no por lo que oigan sus oídos, es que Jesús no te va
a juzgar por lo que vengan a cuchichear otros de ti, sino por tus propias
palabras. por las palabras que salen de
tu corazón. Él oye tus palabras y tus palabras
revelan tu corazón. Y su corazón de estos estaba
siendo revelado. Tienes demonio. Estás blasfemando
porque te haces igual que Dios. Y sabe, todas esas palabras estaban
reflejando nada más la dureza de su corazón. Y el Señor está
emitiendo juicio, el Señor les dice, ustedes conocen la Escritura,
y ustedes escudriñan la Escritura, pero ustedes no tienen la Palabra
morando en ustedes. porque yo conozco sus corazones
están exponiendo que aunque ustedes pueden citar el antiguo testamento
de memoria, ustedes no creen lo que están citando. Ustedes
dicen que creen a Moisés, pero ustedes no creen a Moisés. La
palabra de Dios no mora en ustedes. Y sabe todo eso estaba siendo
revelado por las palabras que ellos estaban pronunciando. Las
palabras son reveladoras. Nuestras palabras revelan lo
que hay en nuestro corazón. Y sabe, ante todo esto, hemos
de ser también cuidadosos. Hermanos, la Escritura dice,
uno solo es el juez. Y ese uno solo que es el juez,
que puede salvar y perder, es el Señor Jesucristo. Por eso
la Escritura dice, no murmuréis los unos a los otros, porque
si murmuras no eres hacedor de la ley, si no eres juez, uno
solo es el juez. No juguemos. Esa gente jugó a
algo peligroso, jugó a ser Dios, a asumir el lugar de juicio que
solo le corresponde a Dios, llenos de un corazón duro. ¿Y sabe qué? Estaban juzgando y aún condenando
al mismo Dios de la gloria. Pero uno es el dador de la ley
que puede salvar y perder. Ese es el Señor Jesucristo. ¿Sabe? Nuestras palabras reflejan nuestro
corazón. En ese mismo pasaje de Mateo
capítulo 12, el Señor Jesucristo llega a un momento en que le
dice a esta gente, les dice palabras muy duras. Y son palabras
que no podemos decir nosotros. Nosotros no podemos hablar, aunque
hay gente que se atreve a hacer cosas así, hay cosas que sólo
el Señor Jesús podía hacer, porque el Señor mira el corazón. El
Señor les dice generación de víboras. Yo no soy llamado ni
autorizado para decirle a nadie que es una generación de víboras,
pero el Señor Jesús ve el corazón. Yo miro lo que está delante de
mis ojos. pero no puedo mirar el corazón.
Pero el Señor que mira el corazón les dijo, ¿cómo pueden ustedes
hablar lo bueno siendo malos? Y les dice aquí, de la abundancia
del corazón, habla la boca, las palabras son reveladoras. Y el
Señor oye nuestras palabras. Con nuestras palabras pensadas,
murmuradas o gritadas, expresamos nuestra incredulidad. Con nuestras
palabras revelamos nuestro corazón rebelde. Con nuestras palabras
revelamos nuestro corazón que a veces quiere tener control
de todo y jugamos a querer estar en el trono. Y la verdad es que
hay cosas que sencillamente no somos llamados a controlar, sino
simple y sencillamente a disfrutar del hecho de que Dios está en
el trono y gobierna todas las cosas. nuestras palabras, Dios,
Cristo, oye nuestras palabras. Y esa es una verdad muy, muy
importante. Cristo oye nuestras palabras. Nuestras palabras son importantes. Como creyentes se nos llama que
nuestras palabras sean sazonadas con sal para dar gracia a los
oyentes, a que no salga ninguna palabra corrompida de nuestra
boca. Y la verdad, hemos de reconocer ante esto nuestra necesidad del
Evangelio. He de reconocer, necesito que el Señor redima mis palabras,
mi corazón engañoso y perverso. Mis palabras son palabras idólatras,
son palabras que chantajean, son palabras que ofenden, que
hieren. ¿Por qué? Porque tengo un corazón engañoso
y perverso. De la abundancia del corazón
habla la boca. Dice el Señor después, Según oigo, así juzgo, y mi juicio
es justo. Cristo juzga por lo que oye en
nuestras palabras. qué bendición que ha llegado
un momento en que el juicio de Dios, de Cristo hacia nuestras
palabras nos ha revelado lo equivocado de nuestras palabras, nos ha
revelado lo equivocado en nuestras creencias, dado que nuestras
palabras revelan nuestro corazón, nuestras palabras al ser confrontadas
con el Señor Jesucristo, proclamando la verdad, diciéndonos la verdad,
hemos sido juzgados por Él y convencidos de pecado, de juicio y de justicia. Y hemos podido venir arrepentidos
al Señor Jesucristo. Cristo estaba juzgando las palabras
de esta gente. Sin embargo, respondieron de
acuerdo a su naturaleza, de la misma manera que habríamos pasado
toda la vida. Mucho tiempo respondí mal al
juicio del Señor Jesucristo hacia mis creencias y creía que lo
que creía estaba bien y lo que la palabra de Dios decía era
lo que estaba mal. Pero gracias a Dios, porque no
llegó un momento en que me volví más inteligente. No llegó ni
un momento en que, llegó un momento en que Él me dio vida. Llegó
un momento en que él me dio arrepentimiento y fe. No tienen nada que ver
conmigo. Soy igual de tonto que antes
de creer. Eso no ha cambiado. Lo que ha
cambiado es que Él me ha dado vida en Cristo. Todo el mérito
es del Señor Jesucristo. Y el Señor está aquí juzgando
las palabras de esta gente que persiste en mantenerse y en rechazar
un juicio que es justo. El Señor Jesucristo está dando
sentencia y dice, generación de víboras, ¿cómo podéis hacer
lo bueno siendo malos? Porque de la abundancia del corazón
habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro
del corazón saca buenas cosas, y el hombre malo del mal tesoro
saca malas cosas. Mas yo os digo que toda palabra
ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día
del juicio, porque por tus palabras serás justificado, y por tus
palabras serás condenado. Saben, nuestras palabras reflejan
nuestro sistema de creencias. ¿Qué palabras estás hablando?
Estás hablando palabras que dicen que lo que Cristo no es suficiente.
Cuando tú te convences a ti mismo y convences a otro de que es
necesario cumplir con algún ritual para ser salvo, cuando estás
desesperado para que se bautice a una persona que se está muriendo,
que no se ha bautizado, o a un niño que no se ha bautizado,
por tus palabras vas a ser juzgado y vas a ser condenado. Esas palabras
de desesperación están revelando el sistema de creencias de tu
corazón. Sabes, cuando tú estás actuando y diciendo y modelando
y expresando que es necesario cumplir ciertos rituales, cuando
estás diciendo que es necesario ir y buscar el perdón en hombres,
cuando estás diciendo que Hay un corredentor con el Señor Jesucristo. Todas esas palabras son palabras
de incredulidad, son palabras malas de un corazón malo, de
un corazón idólatra, de un corazón que no le gusta a Dios como se
revela. Quiere un Dios al que él pueda
manipular, un Dios al que él pueda controlar, pero ¿sabes
qué? El Dios de la gloria no es así. Dios de la gloria está
en su trono. El Dios de la gloria es un Dios
que para llegar a él no hay ni un corredentor. Hay un solo Dios
y un solo mediador entre Dios y los hombres. Y ese es el Señor
Jesucristo y nadie más. No hay otro nombre dado a los
hombres en que podamos ser salvos. Nuestras palabras Cristo juzga nuestras palabras
y como creyentes deseamos que Cristo siga juzgando y confrontando
nuestras palabras. Como creyentes deseamos que Cristo
siga mostrando cuántas veces mis palabras están reflejando
rebelión a su santa ley. Cuántas veces mis palabras están
revelando mi incredulidad. mi credulidad de Dios para protegerme
en toda circunstancia, mi credulidad de la suficiencia de Dios para
proveer cualquiera que sea la situación que el mundo enfrente,
mi seguridad y mi confianza y mi paz de saber que Él está sentado
en el trono y que Él está gobernando. ¿Sabe? Todas esas palabras. Yo
quiero que la palabra de Dios, quiero que el Señor Jesucristo
juzgue me juzgue por mis palabras y me convenza de pecado, de justicia
y de juicio, y que pueda venir corriendo arrepentido al Señor
Jesucristo, creyendo que Él es mi provisión, que Él es mi protección,
que Él es mi Salvador, creyendo que no necesito aparentar absolutamente
nada, porque Él no mira lo que miran los demás. Ante Él no hay
secretos. Y tristemente, aún estando en
Cristo, a veces tendemos a querer cubrir lo que somos, culpando
a otros, no reconociendo, pero qué bendición que sus palabras,
mis palabras sean escuchadas por él, que la incredulidad de
mi corazón se pueda expresar ya sea en palabras audibles o
en murmuraciones y que su palabra traiga juicio a las mías y yo
puedo venir arrepentido. ¿Sabe? Lo necesitamos. Los creyentes
necesitamos seguir teniendo esa confrontación con el Señor Jesucristo
y viniendo otra vez. Si has venido al Señor Jesucristo
una vez, sigues viniendo a Cristo. ¿Sabe? Mis ovejas oyen mi voz. Vienen a mí. Y el que viene,
entra, sale, entra, viene y hallará pastos, dice, dice la Escritura. La otra cosa que dice aquí dice, y mi juicio es justo. Cristo
juzga con justicia. Cristo juzga con justicia. Sabe,
solo él sabe que es justicia. Es su carácter. Hacer justicia
no es lo que muchos de nosotros nos imaginamos que es justicia.
Tenemos ideas tan limitadas de lo que es justicia. Muchas veces
nos atrevemos a criticar a Dios mismo porque ha hecho una elección
de pecadores. y porque nos está salvando a
toda la humanidad, nos atrevemos a decir, eso no es justo. ¿Qué
sabemos nosotros de justicia? Habiendo nacido llenos, atestados
de injusticia. ¿Sabe? Justicia es actuar de
acuerdo a la voluntad de Dios. Y el Señor dice, mi juicio es
justo. ¿Por qué? ¿Por qué es justo mi juicio?
Dice, porque yo no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me dio.
¿Sabe? El Señor no tenía un compromiso con nadie más. El compromiso
del Señor no era muchas veces podemos decirle cosas bonitas
y juzgar a la gente injustamente, si el señor se hubiera parado
y le hubiera dicho, no, ustedes están bien, ustedes pues sí están
bien, ustedes dan mucho diezmo, pero el señor no tenía qué podía
llevar a alguien a hacer, eso lo hacían entre ellos demasiado,
Recuerde que Nicodemus tenía miedo. Al final Dios le dio vida
y él salió sin temor. Al final el Señor habla del temor
al hombre. Ellos vivían en temor unos a
otros y buscaban la gloria a los unos de los otros, reconocimiento.
Pero el Señor Jesús solo quería hacer una cosa, complacer al
padre, hacer la voluntad del padre. Entonces él no sentía
temor de quedar mal con alguien por decirle generación de víboras
y dice y estas cosas lo estoy diciendo para que ustedes sean
salvos y saben muchas veces parece que lo que dice el señor es ofensivo
y duele, pero sabe que es mejor que duela lo que el señor me
dice. al final él conoce mi corazón,
su juicio es justo, él no está buscando quedar bien conmigo,
él no está buscando que yo simplemente lo acepte porque me gusta lo
que él dice, él está buscando hacer lo único que él sabe hacer.
y él sabe decir la verdad porque él es la verdad. Él dice lo que
agrada al padre, el hacer la voluntad de su padre, dice el
hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado y tu ley está
en medio de mi corazón. El único compromiso del Señor
Jesucristo por ser uno con el padre era que se mantuvieran
así en perfecta unidad y siempre el padre hallando su complacencia
en el hijo y diciendo este es mi hijo amado en quien tengo
complacencia. a él oír. Y por eso el Señor
podía decir la verdad a cualquiera. Entre los fariseos trataban de
caerse bien siempre, trataban de que siempre unos hablaran
bien de otros. Al final cuando a Nicodemo el
Señor le dio vida, eso ya no le importó. No le importó que
lo criticaran, ya no le importó más que le dijeran eres un Galileo.
Mira bien la escritura y vas a ver que de Galilea nunca ha
salido un profeta. Todo eso fue sin importancia.
No le interesó más porque Cristo le había dado vida. Porque el
juicio del Señor Jesucristo, esas palabras duras fueron calando,
calando hasta que Dios en su misericordia dio vida a Nicodemo. Y esa gloria los unos de los
otros ya no interesaba. Esa gloria a los unos de los
otros ya era basura como decía el apóstol Pablo. Las cosas que
tenía como ganancia ahora son basura con tal el conocimiento
de Cristo Jesús mi Señor. ¿Sabe qué? Él es juez justo,
Él juzga justamente. Y sabe, escucha el juicio de
Dios. Escucha lo que Dios dice, cómo
Dios juzga tus creencias, cómo Dios juzga tu sistema de creencias
que se revela en tus palabras. Escucha con atención. Escucha
y clama al Señor que te dé vida para que un día puedas darte
cuenta que todo tu sistema de creencias ante el juicio del
Señor Jesucristo no es más que basura. Esa fue la conclusión
a que llegaron muchos de esos religiosos. Nicodemo, José de
Arimatea, el apóstol Pablo. Cuando vieron al juez justo cómo
estaba juzgando la incredulidad de su corazón, su corazón malo,
engañoso y perverso más que todas las cosas, y clamaron al Señor
Jesucristo y le reconocieron como el Hijo de Dios, Dios les
dio vida. Dios que es rico en misericordia
les dio vida. Nos llena de esperanza y de gozo
a los creyentes saber que hay un juez justo. Nos llena de gozo
y de esperanza saber que su juicio es verdadero y es justo, y que
Él nos confronta, y que Él en esa confrontación nos hace venir
en arrepentimiento y fe. El deseo de mi corazón es que
ahora, en este tiempo, puedas experimentar el juicio del juez
justo, y por su gracia y misericordia puedas venir a él en arrepentimiento
y fe, y que no tengas que enfrentarle el día en que él va a quebrantar
a las naciones con vara de hierro. Él viene otra vez, y no viene
otra vez en humillación, no viene otra vez a nacer un pesebre,
Él viene para cumplir todo lo que está escrito en las profecías
como en el Salmo 2, en Isaías 11 y en muchos otros pasajes.
Él viene para juzgar a sus enemigos. Él viene para hacer justicia.
Para su pueblo él ha ganado justicia. Ningún pecado quedará sin castigo,
porque el juez justo no tendrá por inocente al culpable. Sabe,
él va a pagar a cada uno según su obra. Sabe, los que hicieron
lo bueno, dice la escritura, saldrán a resurrección de vida.
Y lo bueno es creer en el Señor Jesucristo. Lo bueno es clamar
a Dios que te dé vida. Clamar al Señor que confronte
todo tu sistema equivocado de creencias y poder venir corriendo
a Él en arrepentimiento y fe. La voluntad de Dios es que todo
aquel que vea al Hijo y cree en Él tenga vida eterna. Es que
creas en el que Él ha enviado. Esa es la voluntad del Hijo de
Dios. Y sabe, va a llegar el día en que va a haber justicia.
Los pecados del pueblo de Dios han sido castigados en el Señor
Jesucristo. El castigo de nuestra paz fue
sobre Él. Aún esos remanentes de incredulidad,
de desesperación, de ansiedad han sido castigados en Cristo.
Y Él nos sigue atrayendo con lazos de amor. Sin embargo, aquellos
que persistan, como dice la Biblia, que creen en el Hijo tienen la
vida, pero el que rehúsa creer en el Hijo de Dios no verá la
vida, sino la ira de Dios está sobre él. ¿Sabe? Ellos van a
experimentar lo que dice el Salmo 2, cuando dice así, inflama de
pronto su ira. Y dice que no lo provoca esa
ira para que perezcas en el camino, pero termina diciendo el Salmo
2, bienaventurados los que en él confían. Y el deseo de nuestro
corazón es que seas bienaventurado, que puedas confiar en el juez
justo, que él sea tu abogado, que él sea la propiciación por
tu pecado, que él sea el que con su sangre limpie tus pecados.
Amén.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!

Joshua

Joshua

Shall we play a game? Ask me about articles, sermons, or theology from our library. I can also help you navigate the site.