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JC

Los Que Antes Conoció

John 4:43-54
Joel Coyoc June, 17 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc June, 17 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about predestination?

The Bible teaches that predestination is God's sovereign choice to select certain individuals for salvation before the foundation of the world.

In the context of biblical teaching, particularly Romans 8:28-30, predestination is presented as God's gracious and sovereign decree whereby He chooses individuals to be conformed to the image of His Son, Jesus Christ. This choice is not based on foreseen faith or actions but solely on God's sovereign will. Ephesians 1:4-5 further emphasizes that believers were chosen in Christ before the foundation of the world, reflecting that salvation is entirely of God's grace. Thus, the essence of predestination is tied to God's compassion and purpose in salvation, not to any merit on the part of the individuals chosen.

Romans 8:28-30, Ephesians 1:4-5

How do we know that salvation is entirely by grace?

Salvation is defined as a gracious gift from God, not based on human effort or merit, but solely through faith in Christ.

The doctrine of grace in salvation is a central tenet of Reformed theology. Ephesians 2:8-9 highlights that we are saved by grace through faith, and this is not of ourselves; it is the gift of God. This means that human works cannot contribute to our salvation, as it would negate the grace of God. Romans 3:23-24 echoes this by stating that all have sinned and fall short of the glory of God and are justified freely by His grace through the redemption that is in Christ Jesus. Therefore, the Scripture clearly affirms that salvation is a divine initiative rooted in God's mercy and love, making it entirely His work from beginning to end.

Ephesians 2:8-9, Romans 3:23-24

Why is understanding the sovereignty of God important for Christians?

Understanding God's sovereignty reassures Christians that He is in control of all aspects of life, including salvation.

The sovereignty of God is foundational to Reformed theology and provides immense comfort to believers. Scripture reveals that God is in control of all creation, working all things according to His will (Ephesians 1:11). This assurance means that nothing happens outside of His divine plan, including personal trials and the dynamics of salvation. Romans 8:28 assures us that God works all things for good for those who love Him, pointing to His ultimate authority over our lives. Recognizing His sovereignty helps Christians trust in His perfect plan during difficult times and cultivates a deep sense of worship, as we acknowledge His unfathomable wisdom and goodness in all circumstances.

Ephesians 1:11, Romans 8:28

Sermon Transcript

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Buenas tardes, hermanos. Vamos
a abrir nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan, en su
capítulo cuatro. Evangelio de San Juan, capítulo
cuatro. La Palabra de Dios dice, cuando
pues el Señor entendió que los fariseos habían oído decir, Jesús
hace y bautiza más discípulos que Juan, aunque Jesús no bautizaba,
sino sus discípulos. Salió de Judea y se fue otra
vez a Galilea, y le era necesario pasar por Samaria. Vino pues
a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que
Jacob dio a su hijo José, Y estaba allí el pozo de Jacob, entonces
Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era
como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar
agua, y Jesús le dijo, dame de beber, pues sus discípulos habían
ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le
dijo, ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber que soy
mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no
se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo, Si
conocieras el don de Dios, ¿y quién es el que te dice, dame
de beber? Tú le pedirías, y él te daría
agua viva. La mujer le dijo, Señor, no tienes
con qué sacarla, y el pozo es hondo, ¿de dónde pues tienes
el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus
hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo, Cualquiera
que bebiere de esta agua volverá a tener sed, mas el que bebiere
del agua que yo le daré no tendrá sed jamás. sino que el agua que
yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo, Señor, dame
esa agua, para que no tenga yo sed ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo, ve, llama a tu
marido y ven acá. Respondió la mujer y dijo, no
tengo marido. Jesús le dijo, bien has dicho,
no tengo marido. Porque cinco maridos has tenido,
y el que ahora tienes no es tu marido. Esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer, Señor, me parece
que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este
monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se
debe adorar. Jesús le dijo, Mujer, créeme,
que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis
al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis. Nosotros adoramos lo que sabemos,
porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene,
y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad. Porque también el Padre tales
adoradores busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le
adoran en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Le dijo
la mujer, sé que ha de venir el Mesías llamado el Cristo.
Cuando él venga, nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo,
yo soy el que habla contigo. En esto vinieron sus discípulos
y se maravillaron de que hablaba con una mujer. Sin embargo, ninguno
dijo, ¿qué preguntas o qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó
su cántaro y fue a la ciudad y dijo a los hombres, venid.
Vete a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho, ¿no será
este el Cristo? Entonces salieron de la ciudad
y vinieron a él. Entretanto los discípulos le
rogaban diciendo, ¡Rabí, come! Él les dijo, yo tengo una comida
que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían
unos a otros, ¿le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo,
mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe
su obra. ¿No decís vosotros, aún faltan
cuatro meses para que llegue la ciega? He aquí os digo, alzad
vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para
la ciega. Y el que ciega recibe salario,
y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce
juntamente con el que ciega. porque en esto es verdadero el
dicho, uno es el que siembra y otro es el que ciega. Yo os
he enviado a cegar lo que vosotros no labrasteis, otros labraron
y vosotros habéis entrado en sus labores. Y muchos de los
samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra
de la mujer que daba testimonio diciendo, me dijo todo lo que
he hecho. Entonces vinieron los samaritanos
a él y le rogaron que se quedase con ellos y se quedó allí dos
días. Y creyeron muchos más por la
palabra de él. Y decían a la mujer, ya no creemos
solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído y
sabemos que verdaderamente este es el salvador del mundo, el
Cristo. Dos días después, salió de allí
y fue a Galilea. porque Jesús mismo dio testimonio
de que el profeta no tiene honra en su propia tierra. Cuando vino
a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas
que había hecho en Jerusalén en la fiesta, porque también
ellos habían ido a la fiesta. Vino pues Jesús otra vez a Caná
de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaúm
un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Es de cuando
oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea. Vino a él y
le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto
de morir. Entonces Jesús le dijo, Si no
viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey
le dijo, Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo,
Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra
que Jesús le dijo y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos
salieron a recibirle y le dieron nuevas diciendo, Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué
hora había comenzado a estar mejor y le dijeron, Ayer a las
siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que
aquella era la hora en que Jesús le había dicho, Tu hijo vive. y creyó él con toda su casa.
Esta segunda señal hizo Jesús cuando fue de Judea a Galilea. Vamos a meditar los versículos
del 43 al 54. Y nuestro tema va a ser los que
antes conoció. Los que antes conoció. Cuando pensamos en esta expresión
que es tomada de otro lugar de la escritura, de Romanos 8, 28,
que dice que a los que antes conoció también los predestinó
para que fuesen hechos conforme a la imagen de su hijo. Damos
gracias a Dios porque en este pasaje, en estos versículos,
se muestra la condición de aquellos que antes el Señor conoció. Y damos gracias a Dios porque
la escritura no es... pues la escritura no es como
mucha gente pretende, que es como un manual, que publican
listas donde dice, si estás deprimido, ¿qué es lo que debes leer? Si
le pasa esto, ¿qué es lo que debes leer? La Biblia, más que
un manual, es la historia de la redención, y la Escritura
es aquella en que nuestra historia está, y es la gran historia de
la redención que le da sentido a nuestras historias. Es posible
vernos en la mujer samaritana, es posible vernos en el oficial
del rey que es el personaje que establece un diálogo con el Señor
Jesucristo en este pasaje. Y es bien importante que de la
Escritura, de la Palabra de Dios, podamos aprender qué es lo que
Dios dice acerca de aquellos que antes conoció. Y hay gente
que toma ciertos versículos de la Escritura y trata de explicar
qué es o quiénes son esos que antes conoció. Algunos toman
un pasaje que dice elegidos según la presencia de Dios Padre en
santificación del espíritu para obedecer y ser rociados con la
sangre de Jesucristo. Y es interesante que ese pasaje
solo dice elegidos por la presencia Y hay algunas personas que se
atreven a aumentar cosas que la Escritura no dice. Porque
en ninguna parte de la Escritura dice que Él los eligió a causa
de que iban a creer. Y eso es añadirle a la Escritura. Pero este pasaje en específico
ejemplifica quiénes son esos que antes conoció. nos muestra
que realmente no es que el Señor les conoció y les predestinó
por causa de que Él previó una fe que ellos iban a tener, ese
pasaje deja claro que no es así, no hay que añadir frases a los
versículos que los versículos no tienen, ni Romanos 8.28 ni
el pasaje en primera de Pedro tienen o implican de alguna manera
el hecho de que Dios les eligió porque Él vio los corredores
del tiempo y vio que ellos iban a creer. Por el contrario, toda
la escritura, y específicamente este pasaje, ilustra la historia
de personas y los capítulos que hemos estudiado hasta aquí y
hasta que terminemos el Evangelio de Juan, nos va a ilustrar quiénes
son esos que el Señor escogió y cuál es la causa de que Él
les escogió. Lo primero que nos enseña el
pasaje es, los que antes conoció podían estar en Nazaret, este
pasaje nos enseña que podían estar en Nazaret, podían estar
en Caná, podían estar en Capernaum. Y los cuatro capítulos anteriores
nos dicen que esos que él conoció podían estar en cualquier lugar
de la tierra. Dice la Biblia en el capítulo 1, a los suyos
vino y los suyos no le recibieron. Y si él está haciendo referencia
directa a Israel, pudieron estar en cualquier región de Israel.
Pero él vino no solo a Israel, sino vino a su tierra. Dice la
Biblia de Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los
que en él habitan. Así que esos que él escogió pudieron
estar en cualquier parte de la tierra. Y el señor se quedó dos
días con los samaritanos. Y si vamos viendo el viaje que
estaba haciendo el señor, pues él estaba yendo a Galilea. Y
un lugar que estaba antes de los mencionados es Nazaret, pero
interesantemente el Señor Jesús no fue a Nazaret, sino va a Cana. Interesantemente el versículo
44 dice, porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta
no tiene honra en su propia tierra. Si nosotros vemos esta mención
de esta frase que el Señor Jesucristo dice, se encuentra en los cuatro
evangelios. Y en los otros tres evangelios,
cuando el Señor dice esto, lo dijo en Nazaret. Y lo dijo en
Nazaret por causa de que la gente le miraba, y la gente de Nazaret,
que era su tierra, Nazaret era su tierra, porque de ahí era
su familia. pero pues toda la tierra es su
tierra porque él todas las cosas por él fueron hechas y sin él
nada de lo que ha sido hecho fue hecho y el el señor si miramos
los otros pasajes en los que se menciona que usted lo puede
mirar luego en su casa que es Mateo trece cincuenta y siete
Marcos seis cuatro y Lucas cuatro veinticuatro los cuatro los otros
tres evangelistas mencionan que la razón era que se maravillaban,
porque evidentemente veían lo que el Señor estaba haciendo,
y el Señor mostraba las señales que daban testimonio de que Él
era no solamente el hijo de José de Nazaret, sino que Él era Dios
hecho hombre, que Él era el Cristo, que era el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. Pero a pesar de todo, el corazón
de las personas solía decir, después de que los evangelistas
decían que se maravillaban, pero terminaban diciendo, ¿y de dónde
tiene este esto? Pues no es ese el hijo del carpintero
que conocemos. Sí, mira cómo se viste, sencillo,
igual que nosotros. O sea, a pesar de todo, terminaban
porque su corazón era engañoso y perverso. No olvide que lo
menospreciaban y aún en un momento, en un momento, Nathanael que
era de Caná tuvo una acción de menosprecio, de subestimarle,
de Nazaret puede salir algo de bueno. Eso quiere decir que los que
antes conoció pudieron estar en cualquier lugar, pudieron
estar en Capernaum, pudieron estar en Nazaret, pudieron estar
en Caná de Galilea, estaban en Samaria, los que antes conoció,
en México, en Mérida, en los Estados Unidos y en cualquier
lugar del mundo, los que antes conoció pudieron estar ubicados
geográficamente en cualquier lugar de la Tierra. Ahora, lo siguiente que el pasaje nos
muestra es, los que antes conoció eran incrédulos, Y porque les
conoció, les reveló su realidad. Los que antes conoció eran incrédulos. No les conoció y les predestinó
por causa de que previó una fe en ellos. Los que antes conoció
eran incrédulos. ¿Y eran incrédulos por qué? Bueno,
vamos a ver primero aquí y después vamos a mirar qué dice la Biblia
acerca de todo ser humano que ha nacido de Adán. Dice el pasaje
Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido
el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial
del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este, cuando vio que Jesús había
llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese
y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. La gente de Caná, gente de Galilea,
habían estado allí cuando Jesús limpió el templo, cuando volcó
las mesas de los cambistas, y Juan menciona ahí que hizo otras señales,
que él no dice cuáles señales fueron, pero ellos vieron, y
ellos estaban hablando de lo que Jesús hizo, y esa comunicación
de la noticia llegó también a Capernaum, y este hombre cuando escuchó
que Jesús estaba viniendo, pues se movió de Capernaum a Caná
de Galilea, Y él fue y buscó a Jesús. Yo no pensaría que buscó
a Jesús porque tenía fe. Jesús, que conoce el corazón,
muestra que este hombre, al igual que todos nosotros, antes que
Él nos diera vida, éramos incrédulos. Jesús le dice, La respuesta de
Jesús a él dice, Jesús le dijo. ¿A quién se lo dijo? A ese oficial
que se había movido 25 kilómetros para ir a buscar a Jesús porque
su hijo estaba a punto de morir. Jesús le dijo, si no vieres señales
y prodigios, no creeréis. Si no vieres señales y prodigios,
no creeréis. ¿Sabe? Es probable que este hombre,
como muchos, viniera a Jesús porque tenía una necesidad temporal
y viniera además con la actitud de pensar que él merecía algo
de Dios, y si él era Dios, pues Dios debía hacer algo por su
hijo. Pero es muy probable que él vino con la actitud de mucha
gente que dice, bueno, Dios, si de veras existes, pues hazme
este milagro que necesito, resuélveme esta situación, Y desde que haya
esa implicación y el hecho de que Jesús le diga, si no vieres
señales, no creeréis, está dando Cristo mismo testimonio. Aquel que conoce el corazón engañoso
y perverso, está diciendo a este hombre que a ojos de hombres
puede parecer que tiene fe, le está diciendo, eres incrédulo,
tú no crees. Tú no crees lo que la Escritura
dice acerca de mí. Tú me estás buscando unos, esperaban
un Mesías que resuelva sus problemas políticos y que saque a los que
los oprimían. Otros buscaban un Mesías porque
les emocionó que les diera de comer. Y regresaron a buscarle
y Jesús les dijo, ustedes me están buscando porque ustedes
comieron pan y llenaron su estómago. Trabajen no por la comida que
perece, sino por la que a vida eterna permanece. Había incredulidad
en su corazón. No creer en Cristo como él es,
es ser un incrédulo. Creer en un Cristo como tú te
imaginas es ser un incrédulo. Fe es creer en Cristo como Él
se ha revelado. Y Jesús que ve el corazón, dice
la escritura, engañoso y perverso es el corazón del hombre más
que todas las cosas. ¿Quién lo conocerá? Y contesta,
yo Jehová, que escudriño la mente. El Señor estaba ahí y estaba
viendo a ese hombre y el Señor le estaba declarando y le estaba
revelando su realidad. Aquellos que Él conoció eran
incrédulos, éramos incrédulos, pero porque Él los conoció nos
reveló nuestra realidad. Cristo vio su corazón incrédulo
que venía con la condición de ver una señal, un prodigio para
creer. Es notorio a lo largo de la escritura,
a lo largo de lo que estaba ocurriendo en esos cuatro capítulos que
llevamos que no todos los que vieron las señales creyeron.
Es notorio que Dios fue haciendo una obra en cada uno y algunos
pudieron decir tú eres el Cristo, tú eres el Rey de Israel, otros
les tomó tiempo, Nicodemo, aún lo dejamos ahí después de hablar
con Jesús y vamos recorriendo y vamos a dar cuenta que Dios
va trayendo más luz Pero al fin y al cabo, aquellos que antes
conoció eran incrédulos. Y la razón de la incredulidad
es que la Biblia dice que estábamos muertos sin delitos y pecados.
Y un muerto no puede ni siquiera creer, no tiene la capacidad
de absolutamente nada. Un muerto no tiene capacidad
de absolutamente nada. Y Cristo le habló y le mostró su
condición. Pero es interesante algo que,
para mostrarle su condición, Cristo hizo algo. Cristo le habló. Y no olvidemos algo. Las palabras
de Cristo, dice este mismo Evangelio, mis palabras, las palabras que
os he hablado, son espíritu y son vida. Cristo se dignó, por misericordia
y por gracia, hablarle a este hombre. que no merecía y no merecíamos
nadie de los nacidos de Adán, ni siquiera que el Señor nos
escuche. Sin embargo, muchas veces nos presentamos con exigencia
a Dios. Él estaba urgido y estaba haciendo
presión para que el Señor Jesús descendiera. Él venía con la
idea de que Jesús iba a caminar 25 kilómetros e iba a ir a su
casa. Él traía su propia forma de pensar
qué es lo que Cristo iba a hacer. Pero es el Señor Jesucristo le
habla, le mira su corazón, le habla con palabras que son espíritu
y son vida y le revela su condición de incrédulo, su corazón de incrédulo. Su corazón de incrédulo que le
buscaba solo por tener un bien temporal, usualmente En nuestra
ceguera espiritual pensamos, los hombres pensamos que Dios
solo está allí para hacer nuestra vida más cómoda. Usualmente queremos
que Dios cambie nuestras circunstancias, que Dios nos dé un jefe más comprensivo,
que Dios nos dé un clima más tranquilo, que Dios nos dé una
esposa más comprensiva o un esposo más amoroso o unos hijos más
obedientes. Y usualmente estamos buscando
y viendo el problema fuera de nosotros. pero Dios habla a nuestra
incredulidad y muestra que es nuestra incredulidad nuestro
problema. Ahora, después de que Cristo le habló, Cristo le muestra
su gloria. Cristo no sólo le está hablando,
Cristo le está mostrando su gloria. Hay algo que empieza a abrir
sus ojos, Cristo le ha hablado y por sus palabras, recuerde
que la fe viene por el oír y por oír la palabra de Dios y Cristo,
al mostrarle lo que hay en su corazón, le estaba mostrando
algo mucho más grande. Cristo le estaba mostrando su
gloriosa omnipresencia, como hizo con Natanael cuando le dijo,
antes que Felipe te llamara cuando estabas debajo de la higuera,
te vi. Como le hizo a la mujer samaritana cuando le dijo, bien
has dicho no tengo marido cinco maridos has tenido y la mujer
tenía bien claro algo he visto a alguien que es hombre pero
es omnisciente sabe todas las cosas me dijo todo lo que he
hecho y este hombre Empieza a ver fe, porque Dios
le está dando fe. Porque Cristo le está hablando
palabras que son espíritu y son vida. Y Cristo le está abriendo
sus ojos porque antes le conoció. No le conoció por causa de su
fe. Este hombre tiene fe porque antes le conoció el Señor y el
Señor le está dando la fe. La fe es don de Dios. La fe no
es nuestra. La Biblia dice claramente que
el fruto del Espíritu es, dentro de la descripción del fruto del
Espíritu es, amor, gozo, paz, paciencia, fe. Fe es un aspecto
del fruto del Espíritu. Fe es don de Dios. Por gracias
soy salvos por medio de la fe. Y esto no es de vosotros. pues
es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe. Y Cristo
está aquí mostrándole, mostrándole, y es impresionante que es lo
que él está viendo, lo que él está viendo, lo que él está viendo
es lo que dice la escritura en el Salmo ciento treinta y nueve,
que dice, ojo va, tú me has examinado y conocido, tú has conocido mi
sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos,
has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te
son conocidos, pues aún no está la palabra en mi lengua, antes
que él dijera, señor, anda a ver mi hijo que se está muriendo,
el señor ya sabía, Dice, he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
Detrás y delante me rodeaste y sobre mí pusiste tu mano. Tal
conocimiento es demasiado maravilloso para mí. Alto es, no lo puedo
comprender. ¿A dónde miré de tu espíritu
y a dónde huiré de tu presencia? Si subiera a los cielos, allí
estás tú. Y si en el Seol hiciera mi estrado, he aquí, allí tú
estás. Si tomare las alas del Alba y
habitar en el extremo del mar, aún allí me guiará tu mano. Sabe, es impresionante el poder
cuando Cristo muestra yo te conozco, eres pecador y no nos queda otra
que clamar como Pablo cuando dijo,
palabra fiel es esta y digna de ser recibida por todos, que
Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores de los cuales
yo soy el primero. Y algo que Dios está mostrándome
cada día, qué importante es recordar eso, qué importante es recordar
en casa ¿Quién es el primer pecador en casa? Yo soy el primer pecador
en casa. Yo soy el que necesito la salvación
de Cristo. Yo soy y Él me conoce. No hay necesidad de tratar de
echarle la culpa a otro porque Él me conoce. No está la palabra
en mi lengua y ya sabe qué voy a decir y sabe con qué intención
la voy a decir. Él me conoce totalmente. Él conoce
mi incredulidad. Él conoce que me cuesta creer
que todas las cosas obran para bien de aquellos que le aman.
Sabe que aún de eso tengo mis dudas. Él me conoce y Él me conoció
y me predestinó, no por causa de mi fe, a pesar de mí, él me
eligió. Y la Escritura dice con toda
claridad, dice, conforme al que hace todas las cosas, conforme
al designio de su voluntad. No tiene nada que ver. Este hombre,
aparentemente, cuando uno empieza a leer, uno piensa, este es un
hombre que tiene fe, por eso vino a buscar a Jesús. Pero Jesús
dice con todas sus letras, si no ves señales y prodigios, no
vas a creer, no crees, necesitas ver. Y hay gente que vio y a
pesar de ver, no cree. Faraón vio señales y prodigios
y su corazón se endureció. Muchos otros fariseos, aparte
de Nicodemo, aparte de Pablo, vieron señales y prodigios y
no creyeron. Aquellos que Dios escogió pueden
estar en Nazaret. En su momento, los hermanos de
Jesús no creían. Pero en el momento que Dios había
determinado, Jacobo, el hermano de Jesús, Santiago, había sido
escogido por Dios y creyó que Jesús no era nada más su hermano
en la carne. Dios le mostró también su incredulidad. Y es notorio cómo él escribe
una carta que habla acerca de la fe. ¿Y qué es la fe? Los que antes escogió pueden
estar en cualquier lugar, pero el Señor les muestra su realidad,
porque les conoció, les habla y les muestra su realidad. Cristo
le muestra a este hombre, no sólo que él le conoce a profundidad,
Cristo le muestra su soberanía sobre la vida y la muerte. Cristo
le dice, y él seguía insistiendo, que él fuera, pero Cristo no
va. Cristo le dice, vete, tu hijo vive. Y él se fue. Él pudo haber llegado como en
seis horas caminando. No sabemos por qué no fue así
de rápido, pero él llegó y después preguntó. Bueno, antes que él
preguntara, los siervos salieron a decirle que su hijo vive. Y
su hijo vive porque Cristo le estaba mostrando, yo soy, yo
soy el Dios de Abraham, yo soy el Dios de Jacob, yo soy Dios,
no soy Dios de muertos, sino Dios de vivos. Cristo le estaba
mostrando lo que se iba a mostrar en su resurrección, yo soy el
que vivo y estuvo muerto, más allá de aquí, que vivo por los
siglos de los siglos. El que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá. Cristo le mostró a él que es
soberano en la vida, en la muerte, y está mostrando a todos que
él es soberano en la salvación de pecadores. Este hombre, al
igual que nosotros, no era merecedor de absolutamente nada más que
la justa ira de Dios. Porque era un incrédulo, porque
era un aborrecedor de Dios, porque era un ciego que no podía ver
su condición de pecador, de incrédulo, de rebelde contra Dios. Pero
Cristo le conoció y por eso Cristo le mostró quién era Él. Él pudo
ver su realidad. Él pudo ver la incredulidad de
su corazón. Pudo ver su rebelión contra Dios.
Y Cristo misericordiosamente le muestra su soberanía sobre
la vida y sobre la muerte. Cristo, ese muchacho que estaba
a punto de morir, no murió por esa enfermedad. Pero ese muchacho
que estaba a punto de vivir, si usted lo va a buscar hoy a
Capernaum, no está. Porque no murió por esa enfermedad,
pero murió. Pero él vive. La muerte segunda
no tiene potestad. Dice la Biblia, creyó él y creyó
toda su casa. El más grave problema que esta
familia tenía no era que uno de sus hijos muriera por alguna
enfermedad que no se podía curar. El más grave problema que esta
familia tenía era que ese muchacho y toda la familia muriera, y
muriera incrédula, muriera sin creer que Cristo era el Mesías
prometido, que Cristo era el Salvador, el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo, que Cristo es aquel que a los
que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos
conforme a la imagen de su Hijo, y que los conoció y los conoció
de cualquier lugar, de todo linaje, lengua, pueblo y nación. Y que
si no fuera porque Él les conoció, le hubieran rechazado como en
Nazaret, le hubieran rechazado como en todo Israel, y le hubieran
rechazado como nosotros le rechazamos antes que Él nos atrajera así
con lazos de amor. Hasta antes que Él misericordiosamente
nos hablara palabras que son espíritu y son vida, y nos hiciera
ver quiénes somos realmente, nos hiciera dejar de ver que
somos personas que estamos buscando a Dios y empezamos a ver que
por el contrario somos aborrecedores de Dios. Dejamos de creer que
éramos personas que teníamos fe y Él nos mostró que creíamos
en un Dios o en un Cristo de nuestra imaginación, pero incrédulos
para con el Dios del cielo y para con Cristo que se hizo carne
y habitó entre nosotros. increíbles para con el Dios verdadero
y el Cristo verdadero, creyentes de un Dios y un Cristo de nuestra
imaginación, que no tienen nada que ver con la Escritura. El
Cristo de la Escritura es un Cristo que ha escogido un pueblo
para sí, porque si no hubiera escogido un pueblo para sí, sencillamente
todos iríamos al infierno, aborreciendo el don de Dios, aborreciendo
el hecho de que Cristo vino a morir en la cruz Así, a pesar de eso,
y con toda esa responsabilidad, iríamos al infierno. Porque muertos
en delitos y pecados, habríamos actuado de acuerdo a nuestra
naturaleza, y nuestra naturaleza es aborrecer a Dios. Pero Dios,
que es rico en misericordia, nos dio vida juntamente con Cristo. El Señor hace un contraste. En Samaria, el Señor no hizo
alguna sanidad. No narra el apóstol Juan. Sin embargo, escucharon la palabra. En ese lugar, misericordiosamente,
Dios hizo una señal, la segunda señal en Cana de Galilea. Las
palabras del Señor son espíritu y son vida. Y hay algo que es
muy importante de reflexionar y es... En términos humanos podríamos
pensar que en Samaria no hizo alguna señal. Pero en Samaria
dio vida a un montón de muertos en delitos y pecados, y eso es
más grande que sanar a un enfermo. El enfermo, al final de cuentas,
se murió. Pero ¿sabe qué? Todos aquellos
que pasaron de muerte a vida por el testimonio de la mujer
y por oír la palabra misma de Cristo, el Cordero de Dios, viven
para siempre. Ellos pasaron de muerte a vida,
pasaron de la potestad de las tinieblas a la luz. Fueron nuevas
criaturas, fueron hechos adoradores que pueden adorar al Padre en
espíritu y en verdad. Y sabe, eso es más grandioso.
Que el Señor abra nuestros ojos y aprendamos a valorar y a sorprendernos
de milagros que tienen un alcance mucho mayor del que
nuestra pobre mente terrenal cree que es milagro. Mucha gente
está esperando ver cosas como que se multiplique el dinero,
que se levante el paralítico. Dios lo puede hacer y lo hace
cuando eso es lo que le da mayor gloria, porque es el mismo de
siempre. Pero no Dios hace siempre lo
que es el antojo de la gente. Dios es soberano y cuando a él
le place hacerlo, él lo va a hacer. Damos gracias a Dios porque a
los que antes conoció no fue por nada en ellos. No fue por
nuestra fe porque íbamos a creer. Creemos porque Él nos dio fe.
Creemos porque Él nos dio vida. Creemos porque Él nos amó con
amor eterno. Creemos porque Él nos escribió
en el libro de la vida del Cordero desde antes de la fundación del
mundo. Y eso nos lleva a decir Toda la gloria a Dios. Toda la
gloria a Dios por nuestra salvación. Nuestra salvación es toda obra
de Dios de principio a fin. Es toda obra de Cristo de principio
a fin. Él dijo, consumado es. Y Él nos
dio salvación completa. Nos vistió de su justicia. Ven
al Señor Jesucristo. Clama al Señor Jesucristo. Hay
incredulidad. Clama al Señor Jesucristo. que
te dé fe, que te dé fe para creer. La fe es don de Dios. Ven al
Señor Jesucristo. Amén.

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Joshua

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