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JC

Dios Envio A Su Hijo

John 3:18-21
Joel Coyoc May, 31 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 31 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about being born again?

The Bible teaches that being born again is essential to see and enter the kingdom of God (John 3:3).

In John 3:3, Jesus states, 'Unless one is born again, he cannot see the kingdom of God.' This indicates that the new birth, or regeneration, is a supernatural work of the Holy Spirit that transforms the heart of a sinner. It signifies the beginning of a spiritual life that enables a person to respond to God’s call in faith. Without this new birth, one remains spiritually dead and unable to comprehend or appreciate the things of God, thus highlighting its indispensable nature for salvation.

John 3:3

How do we know God sent His Son to save us?

The Bible confirms that God sent His Son, Jesus, to save the world and not to condemn it (John 3:17).

John 3:17 states that 'God did not send His Son into the world to condemn the world, but that the world through Him might be saved.' This verse encapsulates the essence of God's redemptive plan. Jesus' coming was rooted in divine love and mercy rather than judgment. This reflects God's desire for all people to be saved, showcasing His initiative in salvation. The mission of Jesus was to reconcile sinners to God, demonstrating that the work of salvation is wholly due to God's grace and not human merit.

John 3:17

Why is the concept of condemnation important for Christians?

Understanding condemnation is crucial as it highlights the gravity of sin and the need for salvation through Christ.

The concept of condemnation is pivotal because it establishes the dire state of humanity due to sin. According to John 3:18, 'He who believes in Him is not condemned; but he who does not believe is condemned already, because he has not believed in the name of the only begotten Son of God.' This reveals that all humanity is under the righteous judgment of God due to the fall. Recognizing this reality compels Christians to appreciate the grace offered through Jesus Christ, who bears the wrath we deserve. It instills urgency in evangelism and fosters gratitude for being saved from condemnation.

John 3:18

What does it mean to believe in Jesus according to the Bible?

To believe in Jesus means to trust in Him for salvation and to accept His sacrifice for our sins.

Biblical belief in Jesus goes beyond mere intellectual agreement; it is a deep-seated trust and reliance on Him as the Savior. As stated in John 3:36, 'He who believes in the Son has everlasting life; and he who does not believe the Son shall not see life, but the wrath of God abides on him.' This indicates that true belief involves acknowledging Christ's divinity and His redemptive work on the cross. It evokes a personal response that leads to spiritual transformation, resulting in new life and assurance of eternal salvation.

John 3:36

Why is it important that Jesus came to fulfill God's will?

Jesus' fulfillment of God's will is vital as it confirms His role as Savior and illustrates God's redemptive plan.

The necessity of Jesus fulfilling God's will is grounded in the principle of obedience and submission to the Father. As He stated, 'I delight to do Your will, O my God' (Psalm 40:8). This underscores that His mission on Earth was not merely about preaching or performing miracles but centered on the sacrificial act of atonement. His obedience to the point of death showcases the seriousness of sin and the lengths to which God was willing to go to secure our salvation. It exemplifies the perfect harmony between divine justice and mercy, making Him the ultimate sacrifice for sin.

Psalm 40:8, John 3:16

Sermon Transcript

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100%
gracias a dios por por el himno
dice te lo amos oh dios con unánime voz pues en cristo tu hijo nos
diste perdón aleluya te alabamos oh cuán grande es tu amor aleluya
te adoramos bendito señor te lo amos jesús pues tu trono de
luz tú dejaste por darnos salud en la cruz te damos lo or santo
consolador que nos llenas de gozo y santo valor unidos, loat,
a la gran trinidad, que es la fuente de gracia, poder y verdad. Amén. Vamos a abrir nuestra Biblia
en Evangelio según San Juan, en su capítulo 3. Le vamos a
dar lectura al capítulo 3. Había un hombre de los fariseos
que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos, Este vino a
Jesús de noche y le dijo, Rabí, sabemos que has venido de Dios
como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces
si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo, de
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo, ¿Cómo puede
un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda
vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús, De
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido
de la carne, carne es, y lo que es nacido del espíritu, espíritu
es. No te maravilles de que te dije,
os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere
y oye su sonido, mas ni sabes de donde viene ni a donde va.
Así es todo aquel que es nacido del espíritu. Respondió Nicodemo
y le dijo, ¿cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo, eres
tu maestro de Israel y no sabes esto. De cierto, de cierto te
digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto testificamos,
y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales
y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijera las celestiales? Nadie
subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el hijo del hombre
que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar el mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree no es condenado,
pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación,
que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel
que hace lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz para
que sus obras sean reprendidas. Así que practica la verdad, viene
a la luz para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
Después de esto vino Jesús con sus discípulos a la tierra de
Judea, y estuvo allí con ellos y bautizaba. Juan bautizaba también
en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas, y venían
y eran bautizados, porque Juan no había sido aún encarcelado.
Entonces hubo discusión entre los discípulos de Juan y los
judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan y le dijeron,
Rabí mira, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien
tú diste testimonio, bautiza y todos vienen a él. Respondió
Juan y dijo, no puede el hombre recibir nada si no le fuere dado
del cielo. Vosotros mismos me sois testigos
de que dije, yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante
de él. El que tiene la esposa es el esposo. Mas el amigo del
esposo que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la
voz del esposo. Así pues este mi gozo está cumplido.
Es necesario que él crezca. pero que yo me engüe. El que
de arriba viene es sobre todos, el que es de la tierra es terrenal,
y cosas terrenales habla. El que viene del cielo es sobre
todos, y lo que vio y oyó esto testifica, y nadie recibe su
testimonio. El que recibe su testimonio es
testigo a que Dios es veraz, porque el que Dios envió, las
palabras de Dios habla, pues Dios no da el espíritu por medida. El Padre ama al Hijo y todas
las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo
tiene vida eterna, pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá
la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Este capítulo
tres nos muestra que la obra de salvación es obra del Padre,
del Hijo, del Espíritu. vamos a meditar versículos dieciocho
hasta el veintiuno y el tema es dios envió a su hijo dios
envió a su hijo es maravilloso el que podamos
mirar el gran amor de dios en el hecho de que él envió a su
hijo envió a su hijo a este mundo envió a su hijo que estaba en
la gloria, en el trono de gloria, que la Escritura nos dice que
fue enviado por el Padre, pero no fue como una obligación, no
fue que el Padre lo estaba obligando. La Biblia dice, hablando del
Señor Jesús, el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado y tu
ley está en medio de mi corazón. Dice la Escritura, que él se
despojó a sí mismo, tomando forma de hombre, haciéndose semejante
a los hombres. Y estando en la condición de
hombre, se humilló hasta lo sumo, haciéndose obediente hasta la
muerte y muerte de cruz. Interesantemente, eso nos puede
llevar al cuadro aquel en que Dios le dice a Abraham que le
sacrificara a su único hijo. Y Isaac identifica algo. Él estaba familiarizado con ofrecer
un sacrificio al Señor. Y él se da cuenta que había todo
para el sacrificio, pero hacía falta el elemento principal. No había un cordero. Él dice,
padre, el fuego, la leña y el cordero. Y Abraham dice, Dios
se proveerá de cordero, hijo mío. El padre Abraham era un hombre
ya mayor de edad, ya bastante cansado. Y llega un momento en
que para Isaac queda muy claro que el cordero era él. Y usted puede imaginar un muchacho
adolescente y un anciano de muchos años. No se presentó ahí una
escena de lucha, de tener que obligarlo. Imagine un niño cuando
lo van a vacunar y llegan momentos en que se En tabla hay una lucha
entre el padre o la madre sujetándolo solo para una vacuna. Y estamos
hablando de niños de 6, 7 años y qué batalla que se arma ahí.
Isaac era mayor que eso, porque fue capaz de cargar la leña,
era un adolescente. Sin embargo, ilustrando el hecho
de que fue un deleite para el hijo someterse a la voluntad
del padre, no una obligación, sino un gozo, el hacer tu voluntad,
Dios mío, me ha agradado. Y él seguramente colaboró para
que el padre lo pudiera poner sobre el altar. El Señor Jesucristo
vino voluntariamente y muchas partes de la Escritura, si bien
es claro que le envió el Padre, Dios envió a su Hijo, también
es claro que fue algo en el cual el Señor halló deleite en hacer
la voluntad de su Padre. Algo que hizo de buena gana por
amor a sus escogidos, por amor a su pueblo, por amor a su Padre. Este pasaje nos dice la razón
por la cual Dios no envió a su hijo y la razón por la cual Dios
envió a su hijo. Dice, no envió Dios a su hijo
para condenar al mundo. No envió Dios a su hijo para
condenar al mundo. Dios había dicho a nuestros primeros
padres de un árbol que ellos no tenían que comer y les dijo
el día que de él comieres ciertamente morirás y Dios cumplió perfectamente
su palabra Adán y Eva murieron en ese momento espiritualmente
y la consecuencia de la muerte física a partir de ese momento
ellos empezaron a morir lentamente tal y como ocurre con nosotros,
nacemos en este mundo y empezamos a morir lentamente hasta que
llegue el momento en que nuestra vida sea terminada conforme a
lo que Dios ha diseñado para la vida de cada uno de los seres
humanos no envió Dios a su Hijo al mundo
para condenar al mundo porque el mundo ya estaba condenado. El mundo ya tenía lo que justamente
merecía, la condenación, la ira de Dios sobre este mundo por
causa de haber quebrantado la palabra muy clara de Dios marcando
cuál era la restricción que se tenía que cumplir para confirmar
la santidad con que Dios había creado al hombre. Sin embargo,
nuestros primeros padres pecaron. Y sin duda, si hubiéramos estado
ahí, habríamos hecho igual. No creo que habríamos hecho mejor.
Y Dios, por eso, no envió a su Hijo al mundo para condenar al
mundo. ya el mundo estaba experimentando
esa condenación. Esa condenación de vivir en un rechazo de Dios,
esa condenación de vivir de acuerdo a una naturaleza rebelde contra
Dios, una naturaleza que no se sujeta a la ley de Dios pero
que tampoco quiere sujetarse ni puede sujetarse a la ley de
Dios, una mente carnal que es enemistad contra Dios, una mente
que dice la Biblia que desde la más temprana edad es todo
designio del corazón del hombre es siempre hacer el mal. El hombre, Dios en diferentes
tiempos había traído juicio sobre la humanidad, pero desde aquel
momento en que esa condenación cayó sobre Adán y Eva, Dios por
gracia y por misericordia. por amor de su nombre, por el
cumplimiento de sus propósitos eternos, porque no es que el
hombre pecó y Dios entró en apuros pensando, ¿y ahora qué vamos
a hacer? Y entonces se le ocurrió. No, el plan eterno de Dios estaba
trazado. Los elegidos de Dios estaban
elegidos desde antes de la fundación del mundo. El Cordero de Dios
ya estaba destinado, dice la Escritura con toda claridad,
desde antes de la fundación del mundo. Y Dios empieza el desarrollo
de su plan y desde ese mismo momento empieza a mostrar las
figuras, las sombras de que él iba a mandar a su hijo al mundo.
Empieza a mandar cuando dice que en la simiente de la mujer
hace la promesa de que la simiente de la mujer iba a herir a la
simiente de la serpiente en la cabeza. seguidamente el señor
hace una ropa adecuada para ellos porque ellos se hicieron ropas
de higuera y el señor provee de un vestido adecuado que es
provisto por la muerte de un cordero inocente con el cual
su piel sirve para hacer ropas que puedan ser adecuadas para
cubrir su vergüenza y Dios desarrollando la historia de la redención va
trayendo cada vez más claridad y más figuras y más figuras hasta
completar todo el plan profético en el Antiguo Testamento, desde
Moisés, que la ley está llena de tipos del Señor Jesucristo.
En la vida de Abraham podemos ver también cómo está lleno y
podemos ver con claridad que Dios eligió a Abraham no porque
Abraham tuviera algo de especial. La Biblia dice, no te eligió
Dios por ser alguien especial. Tu padre era un adorador de ídolos,
era un pagano. Y Dios, siendo así como era,
le eligió por causa del amor de su nombre. Y lo eligió a pesar
de ser insignificante, porque Dios se agrada de elegir lo vil
y lo menospreciado para poder mostrar su gloria. Y Dios va
desarrollando y se va profetizando, y todo lo que se profetizaba
hablaba de la gracia que ha sido revelada a nosotros. La Biblia
dice que los profetas intentaban saber qué persona y qué tiempo,
pero les fue manifestado que era para nosotros, y dice cosas
en las cuales anhelan mirar los ángeles. Dios cumplió su palabra. Llegó el tiempo y Cristo nació,
nació bajo la ley, nació de mujer, la simiente de la mujer, y no
para condenar al mundo. El mundo ya estaba condenado. Aquí también nos deja claro para
qué es que Dios sí envió a su Hijo. Dios sí envió a su Hijo
para que el mundo que merecía condenación, esos que Él eligió
que no eran distintos de los demás, sin igual que los demás,
igual rebeldes contra Dios, igual con un corazón inclinado a hacer
toda iniquidad y a ofender a Dios y a no querer que Él reine sobre
ellos, Dios les eligió no por nada en ellos mismos. Él vino
Él vino a salvar al mundo y específicamente Él vino con el propósito eterno
que Dios había revelado de salvar a su pueblo de sus pecados. Ese
pueblo que está conformado por gente de todo linaje, lengua,
pueblo y nación. Razón por la cual somos mandados
a proclamar este evangelio hasta lo último de la tierra. Porque
el Señor tiene pueblo en todo linaje, en toda lengua, en todo
pueblo. en toda nación. Y aquellos que
él ha amado con amor eterno, a su debido tiempo, Dios va a
obrar por su espíritu, y ante la predicación del evangelio,
les va a dar vida en Cristo Jesús. Dios, dice, envió para salvar
al mundo, para salvar a su pueblo, para salvar a sus escogidos. El sacrificio de Cristo es suficiente
para salvar a todo el mundo, por supuesto que es. Sin embargo, no es eso lo que
vemos en la escritura que Dios tenía como propósito. Si ese
fuera el propósito de Dios el sacrificio de Cristo es suficiente
y más que suficiente y no sólo para este mundo aún para diez
o cien o un millón de mundos porque Él es Dios que se hizo
hombre Él es infinito sin embargo el propósito de Dios es salvar
a su pueblo de sus pecados salvar a su pueblo de sus pecados y
damos gracias a Dios porque es así y nos gozamos ahora que Dios
nos ha permitido entender porque Después la escritura dice en
qué consiste la condenación. Y la condenación dice, y esa
es la condenación que la luz vino al mundo y los hombres amaron
más las tinieblas que la luz. Antes de ver en qué consiste
la condenación, Dios envió a Zilco al mundo para salvar a su pueblo
de sus pecados. Y después nos deja claro aquí
cómo él salva a su pueblo de sus pecados. Y dice, el que en
él cree, no es condenado. El que en él cree, no es condenado. Cristo vino para salvar al mundo. El que en él cree, no es condenado. Estando ya en condenación, dice
la escritura con claridad, Dice, ahora pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús. Nacimos condenados, porque
nacimos muertos en delitos y pecados, y porque la paga del pecado es
muerte, y porque lo único que hemos hecho todos los días de
nuestra vida es pecar, es quebrantar la santa ley de Dios, es lo que
hemos hecho todos los días de nuestra vida. Sin embargo, en Cristo no hay
condenación. Y en Cristo no hay condenación
no porque Dios decidió hacerse al desentendido o poner bajo
la alfombra lo que hemos hecho mal, sino porque Dios ha hecho
justicia, porque la condenación que corresponde a su pueblo ha
sido cargada en el Cordero de Dios, en el Hijo de Dios. Dios
envió a su Hijo al mundo. Dios envió a su Hijo al mundo
para morir en propiciación por nuestros pecados. Para eso vino
el Señor Jesucristo. No había otra manera de que pudiéramos
pagar la deuda, de que pudiéramos pagar la grave ofensa contra
Dios, sino solamente el Cordero perfecto, el Cordero sin mancha,
el cordero que no sólo era carne de nuestra carne, porque él se
hizo hombre. Y es, no sea vergüenza de llamarnos
hermanos, sino que era también 100% Dios y el Padre descargó
su ira sobre él. Y la manera en que él nos libra
de esa condenación es creyendo, dándonos fe para creer en el
señor Jesucristo. El que en él cree no es condenado. El que en él cree no es condenado. Creer en el señor Jesucristo
es creer a Dios. Dice la escritura hablando de
Abraham, creyó Abraham a Dios y le fue contado por gran parte de la gente cree que
Jesús es un ser histórico. La mayoría de la gente sabe que
contamos los años antes de Cristo, después de Cristo. Mucha gente
da testimonio y dice, bueno, sí, este Cristo fue un buen maestro,
un ejemplo de moral. Eso no es creer. no es creer que Dios existe eso
es algo que está sobreentendido y que a pesar de que muchos intentan
negarlo simplemente es la muestra de la naturaleza del corazón
del hombre que es rebelde contra Dios al punto de que Dios no
dice que haya ateos Dios dice dice el necio en su corazón no
hay Dios la escritura dice crees que Dios es uno bien haces, los
demonios también creen y tiemblan. Pero creer a Dios es necesario
para la salvación. Abraham creyó a Dios y le fue
contado por justicia. Creer a Dios es creer lo que
él ha dicho acerca de sí mismo. Creer que Dios es como él se
ha revelado a sí mismo. Creer a Dios es creer lo que
él ha dicho acerca del Señor Jesucristo. Y él ha dicho acerca
del Señor Jesucristo que Cristo es la única posibilidad de poder
llegar al Padre. Creer a Dios es creer lo que
él ha dicho acerca del ser humano. Y lo que él ha dicho acerca del
ser humano es que estamos muertos en delitos y pecados, que no
podemos ser capaces de hacer buenas obras, que nuestras buenas
obras sin Cristo son trapo de inmundicia. no hay capacidad
de hacer ninguna buena obra en el hombre que no está en Cristo.
Eso es lo que Dios ha dicho. Lo que Dios ha dicho acerca del
hombre es que es miserable, que le ha ofendido, que es rebelde
contra él y que Dios debe darle una sola cosa. Su venganza, su
ira, su condenación. Eso es creer a Dios. Creer a
Dios es venir corriendo desesperado, como un mendigo, sin nada que
ofrecer, y creer que solamente en Cristo hay salvación. El que
cree en él, dice, el que cree, el que en él cree, no es condenado.
Y se confirma lo que la escritura dice, ahora pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús. Y sabe, eso, eso es lo
que nos motiva a cantar el himno que escuchamos. porque debiendo
tener condenación en Cristo Jesús ya no hay condenación y no es
por nosotros, absolutamente por nada en nosotros. Es todo por
la obra perfecta del Señor Jesucristo. Es porque Él se deleitó en hacer
la voluntad de Su Padre. Es porque el Padre le envió a
este mundo y Él gustosamente vino. Y a pesar de que enfrentó
agonía, a pesar de que hubo luchas fuertes en su corazón, Él siguió
sujetándose al Padre. Él dijo, Padre, si es posible
que pases de mí esta copa, pero no se haga lo que yo quiero,
hágase tu voluntad. Y él fue obediente hasta la muerte
y muerte de cruz. Dios fue complacido. Y la prueba de que le trajo complacencia
es que al tercer día conforme a las Escrituras, el Padre le
levantó de los muertos y hoy él está sentado a la diestra
de Dios. Nuestra esperanza es que él viene
por nosotros. Viene por nosotros quienes nos
regocijamos en su gracia y en su misericordia, porque no es
algo que merecemos. no es algo que merecemos no somos
dignos pero él nos ha hecho dignos somos dignos de su condenación
pero él nos ha hecho dignos él ha provisto un vestido adecuado
para nosotros estando vestidos de vergüenza de condenación de
corrupción nos ha vestido de su justicia su obediencia ha
sido puesta porque yo soy incapaz de obedecer. Él ha pagado el
precio de mi ofensa. Él me ha redimido de la maldición
de la ley. Y queremos ser hallados en su
justicia. Dice después en qué consiste la condenación. Y la
condenación, dice, es que la luz vino al mundo y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz. La luz vino al mundo
y los hombres amaron más las tinieblas que la luz. Reflexiono
un poco en el tiempo cuando antes que Dios obrara en mí y me diera
vida, No es que no veíamos las luces. Justo ver las luces es
lo que nos enojaba. Me enojaba el pensar en el hecho
de que Dios es soberano en la salvación. No es que no lo veía. Pero esa es la condenación. La luz vino al mundo. Dios alumbra
y se muestra cómo es y el corazón rebelde muestra toda su dureza,
muestra todo su rechazo, muestra su obstinación a querer seguir
creyendo lo que él trae en su cabeza, que algunas veces lo
ha salpicado con un poco de versículos que ha acomodado a como él le
gusta, pero eso son tinieblas. Mientras yo esté viendo y creyendo
en un Dios, aunque yo tenga alguno que otro versículo por ahí que
me gusta y trate de explicar a los otros haciendo muchos malabares
y tratando de explicar y acomodar las cosas, esos son tinieblas. Pero, ¿sabe? Algo que deja claro
la escritura es la luz vino al mundo. No hay, así como la revelación
natural deja al hombre sin pretexto, aún más la revelación especial.
El hecho de que el Señor Jesucristo, el hecho de que Dios amó tan
grandemente al mundo y dio a su hijo unigénito, el hecho de escucharlo,
el hecho de que haya sonado en tus oídos es luz y sabe entre
esa luz el pecador responde con son locuras o eso es para gente
débil y miles de otras cosas que usted sabe cómo se responde
o a veces gritando no eso no es justo como si nosotros en
oscuridad y totalmente llenos de toda injusticia, pudiéramos
definir lo que es justicia. Cuando se revela la barrera a
justicia, el injusto se molesta e intenta en su oscuridad definir
qué es justicia. Damos gracias a Dios porque no
hay a nadie más a quien agradecer y a quien alabar. No es porque
soy listo, es porque Él tuvo misericordia de mí. Dice el pasaje allí en San Juan
capítulo nueve, versículo treinta y cinco al cuarenta y uno, hablando
del final del pasaje de aquel ciego que el Señor Jesús le había
devuelto la vista. Dice, oyó Jesús que le habían
expulsado y hallándole le dijo, ¿crees tú en el Hijo de Dios?
Respondió él y dijo, ¿quién es Señor para que crea en él? le
dijo Jesús, pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo, creo, Señor, y le
adoró. Dijo Jesús, para juicio he venido
yo a este mundo, para que los que no ven, vean, y los que ven,
sean cegados. Entonces, algunos de los fariseos
que estaban con él, al oír esto, le dijeron, ¿acaso nosotros somos
también ciegos? Jesús les respondió, si fuerais
ciegos no tendrías pecado, mas ahora porque decís vemos vuestros
pecados, vuestro pecado permanece. Esta es la condenación, que la
luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que
la luz. Cuando yo pienso en mi propia
experiencia y recuerdo aquel enojo, ese enojo era porque la
luz estaba alumbrando. Y por algún tiempo me gustó seguir
en mi oscuridad. Seguir pensando en un Dios como
el que yo me estaba imaginando. Seguir pensando en un Dios que
vino a hacer posible la salvación de toda la humanidad y al final
todo dependía de la decisión del hombre. Un Dios así como
algo democrático que nos gusta. Pero, ¿sabe? Hasta que Dios en
su misericordia, en su paciencia. Yo alabo a Dios porque desde
muy temprana edad, una que otra vez, me hizo escuchar el Evangelio
verdadero. Las veces que lo escuché hubo
indignación, amaba más las tinieblas. Y no es que estaba confuso, justo
la dureza de mi corazón respondía ante la claridad de eso que yo
no quería creer. Pero sabe, el Señor fue paciente,
paciente y en su debido tiempo, Dios hoy produce en mi corazón
adoración igual que la del ciego. Cuando Él le dijo, dice ahí, Dice, y le dijo, creo Señor,
y le adoró. Creo Señor, y le adoró. Luchamos hasta que Dios nos venció
con lazos de amor, hasta que Dios nos dio vida en Cristo y
nos dio fe para creer. Y entonces, podemos cantar unidos
loat a la gran Trinidad, que es la fuente de gracia y toda
verdad. y nos gozamos, nos gozamos de
poder saber que no tiene nada que ver con nosotros. No es porque
somos más listos o más inteligentes, es porque Dios tuvo misericordia,
es porque Dios nos amó con amor eterno, es porque Dios nos hizo
ser parte de aquellos que al ponernos en Cristo no hay más
condenación. No hay ahora pues ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús. Si Dios te está hablando,
si Dios se está manifestando, si Dios te está haciendo escuchar
y hay una reacción en tu corazón, eso es luz. y sabe nuestra oración
es que si Dios te ha elegido para salvación pronto puedas
venir a los pies de Cristo y puedas gozarte con el ciego y con todos
los ciegos a quienes Dios nos ha hecho ver y con todos los
muertos a quienes Dios nos ha dado vida en Cristo Jesús. Amén.

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