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JC

La Voluntad Libre del Espíritu Santo

John 3:8
Joel Coyoc May, 27 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 27 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about being born again?

The Bible teaches that being born again is essential to see and enter the kingdom of God (John 3:3, 5).

In John 3:3, Jesus emphasizes to Nicodemus that 'unless one is born again, he cannot see the kingdom of God.' This new birth is not a mere religious experience but a spiritual transformation brought about by the Holy Spirit's sovereign will. Jesus reiterates the necessity of this new birth by stating in verse 5 that 'unless one is born of water and the Spirit, he cannot enter the kingdom of God.' This signifies that a spiritual cleansing and renewal are required for salvation, which can only be accomplished through the work of the Holy Spirit.

John 3:3, John 3:5

How do we know the Holy Spirit's will is free?

The Bible illustrates that the Holy Spirit operates freely like the wind, which blows where it wishes (John 3:8).

John 3:8 states, 'The wind blows where it wishes, and you hear its sound, but you do not know where it comes from or where it goes. So it is with everyone who is born of the Spirit.' This analogy presents the sovereignty of the Holy Spirit in effecting spiritual rebirth; just as we cannot control or predict the wind, we also cannot dictate the Spirit's actions. The Holy Spirit works according to divine will, freely bestowing new life to those ordained for salvation. This underscores the theological principle of irresistible grace, emphasizing that salvation is initiated by God's sovereign choice rather than human decision.

John 3:8

Why is the new birth important for Christians?

The new birth is essential for Christians as it is the means by which they are made alive spiritually and can enter the kingdom of God (John 3:3).

The necessity of the new birth cannot be overstated; it is foundational for anyone who desires to see and enter the kingdom of God. As stated in John 3:3, without being born again, one cannot perceive spiritual truths or engage with God's kingdom. This regeneration by the Holy Spirit transforms the believer from spiritual death to life, granting them a new nature that desires to seek God and live according to His will. The new birth is an act of God's grace that instills faith, enabling the believer to embrace Christ as Savior and to reject sin, bringing them into a new relationship with God.

John 3:3, John 3:5

How does the Holy Spirit grant faith?

The Holy Spirit produces faith in the heart of those chosen for salvation (Ephesians 2:8-9).

Faith is described as a gift from God, not something that can be manufactured by human effort. Ephesians 2:8-9 teaches us that we are saved by grace through faith, and this is not of ourselves; it is the gift of God. The Holy Spirit plays a critical role in this process, as He works sovereignly to give life and faith to the spiritually dead. The Spirit opens the eyes of the heart, allowing individuals to see Christ for who He truly is—precious and worthy of trust—liberating them from their former state of rebellion and unbelief. This divine action affirms the historical Reformed understanding of total depravity and the necessity of regeneration.

Ephesians 2:8-9, John 1:12-13

Sermon Transcript

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capítulo tres evangelio según
San Juan en su capítulo tres vamos a leer la palabra de Dios
dice había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo un principal
entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y
le dijo, ¿Rabí? Sabemos que has venido de Dios
como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces
si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo, de
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo, ¿Cómo puede
un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda
vez en el vientre de su madre y nacer? Respondió Jesús, de
cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del
espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido
de la carne, carne es, y lo que es nacido del espíritu, espíritu
es. No te maravilles que te dije,
os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere
y oye su sonido, mas ni sabes de dónde viene ni a dónde va.
Así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo
y le dijo, ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo,
¿Eres tú maestro de Israel y no sabes esto? De cierto, de cierto
te digo, que lo que sabemos, hablamos, y lo que hemos visto,
testificamos, y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas
terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el hijo
del hombre que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, Así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga
vida eterna. Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree no es condenado,
pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído
en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación,
que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz, porque sus obras eran malas. porque todo aquel
que hace lo malo aborrece la luz y no viene a la luz para
que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad
viene a la luz para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Después de esto vino Jesús con
sus discípulos a la tierra de Judea y estuvo allí con ellos
y bautizaba. Juan bautizaba también en Enón
junto a Salim porque había ahí muchas aguas y venían y eran
bautizados, porque Juan no había sido aún encarcelado. Entonces
hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de
la purificación. Y vinieron a Juan y le dijeron,
Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán,
de quien tú diste testimonio, bautiza y todos vienen a él. Respondió Juan y dijo, No puede
el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo. Vosotros
mismos me sois testigos de que di que yo no soy el Cristo, sino
que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa es el
esposo, mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye,
se goza grandemente de la voz del esposo, así pues este mi
gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero
que yo mengüe. El que de arriba viene es sobre
todos, el que es de la tierra es terrenal, y cosas terrenales
habla. El que viene del cielo es sobre
todos, y lo que vio y oyó esto testifica, y nadie recibe su
testimonio. El que recibe su testimonio es
de a testigua que Dios es veraz, porque el que Dios envió las
palabras de Dios habla, pues Dios no da el espíritu por medida. El Padre ama al Hijo y todas
las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo
tiene vida eterna, pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá
la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. El versículo ocho
dice, el viento sopla donde quiere y oye su sonido, mas ni sabes
de dónde viene ni a dónde va. así es todo aquel que es nacido
del espíritu vamos a meditar este versículo y lo vamos a hacer
con el tema la voluntad libre del espíritu santo la voluntad
libre del espíritu santo el domingo en la noche estábamos mirando
algunos pasajes y llamando la atención pero este versículo el versículo
ocho es un versículo muy importante en este en este capítulo y es
el mostrar siempre hablamos de la gracia soberana de Dios y
bueno Dios es Dios Padre Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y
este versículo específicamente está enfatizando ese hecho de
que Dios el Espíritu Santo tiene también cuando hablamos de la gracia
soberana es pues es el Dios trino el Espíritu Santo hay una voluntad
libre del Espíritu Santo y ese versículo hace referencia muy
clara a ello y antes de entrar propiamente a mirar lo que Dios
quiere enseñarnos a través del versículo ocho es importante
que traigamos a nuestra mente algunas cosas importantes que
versículos previos nos han dejado claro, porque son importantes
de poder tenerlas claras, frescas, son necesarias, que dado que
nuestro corazón es engañoso y perverso, y dado que hay un Dios que habla
y que habla verdad, pero no es el único que está hablando. Hay
voces e imágenes de consejo falso. Es bien importante poder recordar
voces que dicen cosas contrarias, pero escuchar la verdad y por
la gracia de Dios, por la obra del Espíritu Santo, esa verdad
pueda obrar en el corazón de aquellos que Dios ha elegido
soberanamente para salvación. Y empezando en el versículo 1
y 3, lo que nos dice este pasaje es lo que estudiamos el domingo,
que él era un hombre que era religioso. Dice la Biblia, ahí
había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal
entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y
le dijo, Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro,
porque nadie puede hacer estas señales que tú haces si no está
Dios con él. Respondió Jesús y le dijo, de
cierto, de cierto te digo que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios. Nicodemo era un hombre religioso. pero había un pero muy grande
no había nacido de nuevo y eso nos enseña de que uno puede ser
profunda y fervientemente religioso pero no haber nacido de nuevo
el versículo dos Nicodemo le dice sabemos que has venido de
Dios como maestro porque nadie puede hacer estas señales que
tú haces si no está Dios con él y aquí la verdad importante
es que Uno puede ver la obra de Dios en Jesús sin haber nacido
de nuevo. Él veía la mano de Dios en Jesús. Dice, nadie puede hacer las cosas
que tú haces si no está Dios con él. Podía verla, había recibido
una fuerte impresión, había sido religiosamente impresionado fuertemente,
pero no había nacido de nuevo. lo otro que nos deja claro este
pasaje es que hay algo que es necesario el señor Jesús cuando
habla de esto de este algo lo hace poniendo sumo énfasis cuando
dice de cierto de cierto te digo que el que no naciere de nuevo
y después en el versículo siete no te maravilles de que te dije
os es necesario nacer de nuevo la verdad que Dios nos enseña
aquí es que es posible que no es posible ver ni entrar al reino
de Dios si no se ha nacido de nuevo. En versículo tres dice
de cierto de cierto te digo que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios y después le dice No te maravilles de que te dije,
es necesario nacer de nuevo, dice, desierto, desierto, te
digo, el que no naciera de nuevo no puede ver el reino de Dios.
Versículo cinco, desierto, desierto, te digo que el que no naciera
de agua y del espíritu, que es una referencia a nacer de nuevo,
no puede entrar en el reino de Dios. lo que se está estableciendo
claro es nacer de nuevo es una necesidad para poder ver y entrar
en el reino de Dios o en otras palabras quedar fuera del alcance
de la ira de Dios es necesario no es algo opcional es necesario en el versículo cinco Jesús deja
claro Otra vez, la necesidad del nuevo nacimiento y la necesidad
de una limpieza que sólo puede ser provista por la sangre del
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Dice, de cierto,
de cierto, te digo, el que no naciera de agua y del espíritu.
Y aquí es el nuevo nacimiento que está mostrándose. Algunas
personas creen ver una referencia al espíritu, perdón, al bautismo. al bautismo en agua, sin embargo
es más bien una referencia a un pasaje en Ezequiel que habla
del grado de inmundicia, el grado de corrupción que requiere una
limpieza y ahí hace referencia como ser lavados o rociados con
agua limpia. El agua no puede quitar esa clase
de corrupción. El bautismo no quita absolutamente
ningún pecado, como ningún sacrificio del Antiguo Testamento quitó
nunca ningún pecado. El bautismo es testimonio de
que se ha nacido de nuevo. Si alguien viene a las aguas
del bautismo sin haber nacido de nuevo, no sirve de nada. Es necesario nacer de nuevo. Es necesario. En el versículo
6, el Señor dice, lo que es nacido
de la carne, carne es, y lo que es nacido del espíritu, espíritu
es. Y aquí está haciendo un fuerte
énfasis otra vez el Señor Jesús de manera implícita en la necesidad
del nuevo nacimiento, recordándonos que nacemos de nuestros primeros
padres y nacemos como carne, nacemos como seres humanos inclinados
a lo terrenal, carne, y por lo tanto espiritualmente muertos,
muertos espiritualmente. ahora cuando llegamos al versículo
ocho el señor Jesús utiliza una palabra
que es la misma palabra para viento que se utiliza para el
espíritu en el idioma original que se utilizó para escribir
la Biblia y aquí el lo primero que el señor quiere enseñarnos
es la obra del espíritu y cómo es el obrar del espíritu El obrar
del espíritu dice la Biblia que es como el viento que oye su
sonido, pero no puedes ver de dónde viene, a dónde va. Dice, sopla de dónde quiere,
y ahí esa de dónde quiere, enfatiza el hecho de que hay una libertad
en el obrar del espíritu. Sopla de dónde quiere. El hombre
no tiene control sobre el actuar del viento. No podemos ver, pero
podemos, no podemos ver al viento, pero sí podemos ver, oír su sonido,
podemos experimentar sus efectos. Algunas veces una leve presión
sobre nuestra piel, algunas veces un rastro de destrucción. Pero
aunque no le vemos, él está obrando. Y obra de una manera libre. de esa manera libre es que obra
también el espíritu santo de Dios para obrar justo lo que
dice al finalizar así es todo aquel que es nacido del espíritu
para dar nuevo nacimiento el obra así con libertad con la
libertad soberana, de la gracia soberana de Dios. La misma verdad
que se ha enfatizado en Juan capítulo uno, versículo doce
y trece, cuando dice, más a todos los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos
de Dios, de nacer de nuevo, de nacer en la familia de Dios,
y dice, los cuales no son engendrados de voluntad de carne, ni de voluntad
de sangre, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquí está
haciendo referencia directa al espíritu, porque es el espíritu
el que da vida. Es la obra del Espíritu Santo
que da vida, y ese obrar del Espíritu Santo tiene una voluntad
libre porque es Dios mismo. Él hace todas las cosas conforme
al designio de su voluntad para alabanza de la gloria de su gracia. Él da vida no donde la gente
cree merecerlo, no a donde la gente cree que se debe de hacer,
o donde la gente quiere que se haga, se hace a donde él ha determinado,
conforme al designio de su voluntad, allí es donde el Espíritu Santo
obra y obra de una manera sobrenatural para producir el nuevo nacimiento. El nuevo nacimiento es es obra
total del del Espíritu Santo, él es el que regenera, él es
que nos da vida, porque dice la Biblia claramente que antes
estábamos muertos en delitos y pecados, no estábamos simplemente
con algo de imposibilidad o con alguna discapacidad, sino muertos,
muertos en delitos y pecados, y al muerto no se le puede hacer
recomendaciones, ni se le puede animar, ni sirve de mucho, muchas
cosas que uno pensaría hacer, pero el muerto tiene vida cuando
la voluntad libre del Espíritu Santo obra y lo hace por gracia. Después el versículo nos muestra
que la obra decisiva también no es la obra del hombre. la obra decisiva en la en el
nuevo nacimiento es la obra del espíritu santo y está enfatizado siempre en
la misma frase cuando dice de donde oye más ni sabes de dónde
viene ni a dónde va no hay algo que está reflejando fuertemente
ahí es el hombre no hace nada para que el viento sople el viento
sopla y nosotros o lo disfrutamos porque se puede disfrutar o nos
escondemos pero más no puede hacer el hombre La voluntad libre
del Espíritu Santo obra y el hombre no tiene control sobre
él. El Espíritu Santo obra en una multitud de personas y muchos
pueden estar escuchando, pero la Biblia dice que creen aquellos
que estaban ordenados para salvación. La Biblia dice que la fe, dice,
es don de Dios y es el don del Espíritu Santo. Dice la Biblia
que cuando describe el fruto del espíritu, el fruto del espíritu
es fe. El fruto del Espíritu es fe,
y es el Espíritu que produce fe en el corazón de aquellos
que Dios ha elegido para salvación. Y no depende de ellos. Es claro
cuando dice la Escritura, no depende del que quiere, ni del
que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Dios es el que produce el querer
como el hacer por su buena voluntad. Dios es el que da vida al que
está muerto. No es decisiva la voluntad del
hombre. No es el hombre el que tiene
el control en su salvación, en su nuevo nacimiento. Es absolutamente
la obra del Espíritu Santo. La obra del Espíritu Santo lo que solemos mencionar como
la gracia irresistible. Y Dios obra a pesar de quienes
somos, porque al final de cuentas, todos nacidos de Adán somos iguales
unos que otros, aborcedores de Dios, endurecidos de corazón,
que en cierto momento ponemos resistencia, pero a sus elegidos
la obra del Espíritu Santo se ve en una gracia que llega al
momento en que vence la resistencia del corazón. Y esto lo podemos
mirar en el apóstol Pablo, por ejemplo. Esto lo podemos mirar
en Nicodemo. El Señor Jesús le dice, le dice en el versículo 11, de
cierto, de cierto te digo, lo que sabemos, hablamos, y lo que
hemos visto, testificamos, y no recibís nuestro testimonio. ¿Por
qué le dijo eso el señor a Nicodemo? Porque hasta ese momento él no
estaba recibiendo el testimonio. Sin embargo, Dios fue haciendo
una obra y llegó el momento en que el Espíritu Santo, la decisión
final no fue de Nicodemo. La decisión final llegó un momento
en que la acumulación de la predicación de la palabra, porque él fue
expuesto a la palabra, el señor le predicó, y él pasó el tiempo,
y uno puede decir que humanamente hablando sí hubo una resistencia,
pero al final la gracia irresistible de Dios, la obra del Espíritu
Santo que no depende del hombre, venció su corazón. Venció su corazón mostrándole
atractivo a aquel que vemos sin hermosura. en aquel en que no
hallamos atractivo para desearle, en aquel al que menospreciamos.
En nuestra naturaleza lo que hacemos es menospreciarle, ocultar
de él el rostro. Así como en ese tiempo se le
menospreciaba por ser nazareno, por ser galileo, exactamente
lo mismo hace el hombre en su pecado. Hay momentos de nuestra
vida en que hemos mostrado enojo ante el verdadero evangelio.
no nos ha gustado el verdadero evangelio y si dios nos hubiera
dejado así seguiríamos rechazando hasta que esa obra poderosa que
no depende no es no es mi voluntad la que hace la diferencia lo
que hace la diferencia es el espíritu santo que infunde vida
da el nuevo nacimiento, abre los ojos y entonces empieza a
ver, nos hace ver a Cristo como el tesoro, como lo valioso, como
el único medio de salvación. Por eso el apóstol Pablo llega
a decir, todo lo que para mí era ganancia, todo aquello que
para mí era valioso, hermoso, valorable, loable, ahora para
mí es basura. Sabe, antes todo eso para él
era detestable, al punto de que él lo mostraba con toda su energía.
Él no se conformaba con perseguir a la iglesia de Jesucristo en
Jerusalén, sino él quería llegar. Jesús le dijo a sus discípulos
que tenían que ir hasta lo último de la tierra y él quería ir atrás
de ellos igual hasta lo último de la tierra. Él tenía cartas
de las autoridades y se iba a las ciudades extranjeras. Y ocupado
en eso, el Espíritu Santo soberanamente, libremente. Pablo no era la voluntad
de Pablo que hizo la decisión. La voluntad de Pablo era llegar
a Damasco, entrar a las casas y arrasar con la iglesia. Esa
era la determinación de él. Pero lo que fue determinante
es la obra del espíritu al darle vida. Salió de Jerusalén a Damasco
muerto en delitos y pecados. Salió de Damasco carne, lo que
es nacido de la carne, carne es, pero el espíritu en el camino
a Damasco le dio vida, le abrió los ojos, le abrió los ojos y
él pudo ver a Cristo, no como un hombre que amenazaba a destruir
todo aquello que para él era valioso, sino como aquel que
verdaderamente es valioso, aquel que verdaderamente es un tesoro,
que es precioso, que es hermoso, que no hay nada que se compare
con él, aquel que es de valor infinito, y todo lo que antes
era precioso ahora para él es basura, con tal de conocer a
Cristo Jesús mi Señor. Y empieza a ver que lo que era,
según él, justicia, no es otra cosa que trapos de inmundicia.
Y él ya no quiere más ser hallado así, sino él quiere ser hallado
vestido en la justicia de Cristo que es por la fe. Esa es la gracia
soberana de Dios. le resistimos, pero si Dios en
su voluntad libre y soberana, Dios el Espíritu Santo, Dios
el Padre, nos han elegido para salvación y nos han entregado
a Dios el Hijo, desde antes de la fundación del mundo, vence
nuestro corazón con lazos de amor. Nadie viene a Cristo pateando
y venimos atraídos por lazos de amor. Dios, el Espíritu Santo,
obra y nos hace venir a Él con alegría, con gozo, con esperanza. Ante todo esto viene una pregunta.
¿Cómo es que se responde ante esto? Ante el hecho de la voluntad
libre del Espíritu Santo. Ante el hecho de la gracia soberana
de Dios. Ante el hecho de la gracia irresistible
de Dios. Y hay dos maneras en que podemos
responder. Una es amenazado, sentirnos amenazados
por sentir que no tenemos el control. Caídos en Andán nos gusta sentir
y creer que tenemos el control. Nos gusta creer que el hecho
de poder ser salvos es un asunto que pues yo tomo la decisión
y depende de mí. Y todo esto ocurre porque estando
muertos en pecados también estamos ciegos. Y en esa ceguera pensamos
que nosotros podemos definir qué es justicia. Recuerdo de
las primeras veces que recuerdo haber escuchado el evangelio
verdadero, siendo muy joven, adolescente, me sentía amenazado. Y ahora puedo ver que algo que
no veía en ese tiempo, no veía yo mi puño levantado al cielo
diciendo, resistiendo a Dios, diciendo eso no es justo. ¿Por
qué Dios hace eso? ¿Por qué? ¿Cómo pude ver que
yo no puedo definir lo que es justo. ¿Cómo yo puedo decir qué
es justo y qué no es justo si soy totalmente injusto? Si nací
en delitos y pecados. Y, ¿sabe? Dios empieza a mostrar,
cuando da vida, cuán uno está lleno de soberbia, tratando de
creer en un Dios que trata de justificar con lo que lee en
la Biblia, pero que uno quiere acomodar para que sea un Dios
que a uno le gusta, un Dios que que yo puedo manejar, un Dios
sobre el cual yo soy, prácticamente yo soy el que tengo la soberanía,
porque quiero que Él se acomode a cuáles son mis conceptos de
justicia, y yo quiero que Dios sea así como yo pienso que es
justo. Pero, ¿sabe?, cuando Dios da vida, Dios nos hace mirar,
uno humilla, humilla y nos hace ver que yo no puedo definir lo
que es justo, porque yo no conozco nada de justicia siendo totalmente
injusto. Dice la Biblia que estando atestado
de injusticia. Y empiezo a mirar que lo único
que hay en mí es inclinación a hacer lo malo. Y Dios me empieza
a mostrar que una sola cosa merezco de Dios y esa una sola cosa es
condenación. Condenación total es todo lo
que merezco de Dios. Pero Dios empieza a obrar en
mí y empieza a mostrarme que en esa desesperación Él ha dado
un cordero, Él ha hecho una obra. Y abro mis ojos y Cristo empieza
a ser distinto para mí. Empiezo a ver que yo no soy tan
bueno como pensaba. Dios me empieza a mostrar que
el primer pecador en mi casa no es mi esposa. El primer pecador
en mi casa no son mis hijos. El primer pecador en mi familia
no son mis hermanos. O en la iglesia no son los otros
hermanos. Dios empieza a mostrarme que soy el primer pecador. Dios
me empieza a mostrar que yo traigo una viga en el ojo. Cuando yo
me acostumbraba a ver vigas en los ojos de otras personas. Pero
es... el Espíritu Santo que hace una
diferencia y hace la diferencia de cambiar ese sentido de estar
amenazado al hecho de sentirse estimulado y venir corriendo,
corriendo desesperado como un mendigo al Señor Jesucristo. Y sabe, cuando llega ese momento
en que el Señor Jesús confronta a Nicodemo y le va hablando de
cómo es el obrar del Espíritu Santo y le va mostrando, sabes,
tú no tienes el control de ello. Y Dios le va mostrando y Nicodemus
se sorprende y le pregunta cómo puede ser hecho eso. Y el Señor
le dice, eres tú maestro en Israel y no sabes esto. Y sabes, es
interesante que si el Señor le dijo eso es porque es algo que
está en el Antiguo Testamento. Es algo que Dios había dado a
su pueblo elegido en el Antiguo Testamento. Abraham creyó a Dios
y le fue contado por justicia. Experimentó un nuevo nacimiento. Y en ese punto en que se puede
responder con desesperación, Dios, el Señor Jesucristo, cambia
la mirada de mirarse a uno mismo y le llama la atención a Nicodemo haciéndole mirar que hay algo
que el Espíritu Santo le puede hacer ver. y la solución no está
dentro de él, sino está en mirar a Cristo. Y le hace referencia
a algo que Nicodemo sabía y había estudiado en la Biblia, a la
ocasión que Dios estaba juzgando a su pueblo, y el juicio era
que eran mordidos por serpientes y morían. Y Dios le dijo a Moisés
que hiciera una serpiente de bronce y la pusiera en un asta,
y aquel que mirara a esa serpiente a pesar de ser mordido, no iba
a morir. Y lo que había que hacer era
mirar, mirar a la serpiente. ¿Sabes? Y había algo que podía
ser precioso de ver al experimentar la mordedura y sentir que te
ibas a morir, era ver a la serpiente y experimentar la salvación de
la muerte física. Y el Señor le dice, ¿sabes? Así
como eso quiso Moisés, así es necesario que el Hijo del Hombre
sea levantado. para que todo aquel que en él
cree no se pierda, más tenga vida eterna. El Señor Jesucristo
nos trae al punto de cómo es el que es nacido del Espíritu
y cómo Dios hace esa obra. Y Dios quita la ceguera de nuestros
ojos y nos permite ver a Cristo como alguien precioso. Nos permite
ver a Cristo levantado como nuestra Pascua. Nos permite ver a Cristo
colgado en el madero derramando su sangre en propiciación por
nuestros pecados. Así es lo que hace la voluntad
soberana del Espíritu Santo. El Espíritu Santo abre los ojos
de aquellos por los cuales Cristo murió, les humilla. les lleva a ver su desesperación,
les lleva a ver su necesidad, les lleva a ver toda su equivocación.
¿Sabe? Primero, les da vida. Antes de
tener vida, no sabemos que estamos equivocados. Creemos tener toda
la razón en lo que pensamos. Antes de tener vida, tristemente
pensamos tener vida. Pero ¿sabe? lo que es nacido
de la carne, carne es, y es necesario nacer de nuevo, y el nacer de
nuevo no es algo que está en nuestro control, lo cual nos
debe llevar a aclamar al Señor, aclamar por su gracia y su misericordia,
nos debe llevar a aclamar al Espíritu Santo que abra nuestros
ojos, que nos dé vida y nos dé fe para creer, nos dé arrepentimiento,
que nos haga poder mirar, no dentro de nosotros, sino al Señor
Jesucristo y verle precioso, verle como aquel que vale mucho
más que cosas corruptibles como oro y plata, y ver su sangre
preciosa con la cual él compró a los suyos, con lo cual él redimió
a su pueblo, con el cual él hizo la limpieza que dice ahí en Ezequiel
que va a lavar con agua limpia, como una figura de una limpieza
profunda, que no hay agua ni jabón que pueda hacer, sino la
sangre de Jesucristo, su Hijo, la cual nos limpia de todo pecado. El Espíritu Santo, siendo Dios
en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tienen una
voluntad libre y soberana en la salvación, y es fundamental
su obra. predicamos el evangelio y Dios
sabe quiénes van a escuchar, y dentro de aquellos que van
a escuchar, Dios tiene aquellos que ha preparado para salvación,
y no porque lo merecen, no porque son mejor que otros, somos todos
pecadores, merecedores únicamente de condenación. Pero por gracia,
Él ha elegido. Y en ese momento preciso, Él
da vida. Da nuevo nacimiento. Nos hace
estar en Cristo. Y dice la Escritura, si alguno
está en Cristo, nueva criatura es. Nos quita todos los conceptos
equivocados de quién es Cristo, de quién es Dios. obra en nuestro
corazón dándonos fe para poder creer en Dios como se ha revelado
en la escritura, en Cristo como se ha revelado en la escritura,
en ese Cristo que vino a salvar a su pueblo de sus pecados, en
ese Cristo que no vino a hacer posible la salvación sino vino
a asegurar la salvación de su pueblo, en ese Cristo que en
la cruz dijo consumado es porque la obra de salvación para su
pueblo está completa, no hay nada más que añadirle. Si estás
pretendiendo hacer algo más, estás ofendiendo a Dios porque
no estás valorando en su justa medida. Clama al Señor. Clama al Señor que Cristo pueda
ser precioso y puedas ver que en él está todo lo que se necesita
para la salvación y para la vida. Todas las cosas que pertenecen
a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder
para que participemos de la naturaleza divina. No hace falta nada. Pero es necesario nacer de nuevo. Amén.

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Joshua

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