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Paul Mahan

Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina - Parte 1

Paul Mahan February, 25 2013 Audio
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Preachers Class 2013

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Es mi gran placer estar aquí
con ustedes este mañana. Gracias a Dios por ustedes, por
todas las iglesias en Yucatán, toda la iglesia en Yucatán. Mi padre, señor Intervalle, manda
saludos. Ahora hermano David y yo no nos
sentimos capaces ni nos sentimos indignos para enseñar a predicadores.
Algunos de ustedes, hermanos, tienen más edad que nosotros
y han estado predicando más años que nosotros. Pero así como él
citó, la necesidad nos es impuesta. El hermano Walter, el hermano
Cody, nos pidieron que hagamos esto. Así es que lo hacemos. ¿Pero quién es suficiente? Pero nuestra suficiencia es el
Señor. Y Pablo le dijo a Timoteo, no
dejes que ningún hombre te menosprecie por tu juventud. Dije, las cosas
que tú has oído, las cosas que tú has aprendido, esto enseña
a hombres fieles, que también para que ellos enseñen a otros.
Yo tuve el gran privilegio de sentarme en una clase como esta
para predicadores, y mi maestro fue el hermano Henry Mahan, y
yo anhelaba, ansiaba eso. Yo tuve un gran privilegio de
oírle a él que él enseñe. Así es que meramente les estoy
diciendo lo que yo aprendí de la palabra de Dios por medio
de un pastor fiel y un maestro. Y ustedes tienen lo mismo, los
hombres fieles. Estamos aprendiendo juntamente.
Sabemos todos en parte. Las cosas con las que yo quiero
tratar son cosas que yo necesito. Yo no los enseño porque los sé
perfectamente. Yo quiero aprenderlos por mí
mismo. Quiero decir esto antes de comenzar.
Cada predicador debiera leer Primera y Segunda Timoteo y Tito
constantemente. Son las instrucciones de un anciano
y el predicador, Pablo, el apóstol, a dos jóvenes predicadores. Y es una fuente rica de información. Ahora, lo que yo quiero tratar
es el versículo 16. TEN CUIDADO DE TI MISMO Y DE
LA DOCTRINA, PERSISTE EN ELLO, PUES HACIENDO ESTO TE SALVARAS
A TI MISMO Y A LOS QUE TE OYEN. Así como dijo nuestro hermano
David, esta es una responsabilidad muy seria. Este versículo nos dice que si
tú haces esto, tú te salvarás y aquellos a los que tú predicas
se salvarán. Eso es cosa seria, no es así. Yo quiero ser salvo. Yo quiero saber que soy salvo. Yo quiero a las personas a quien
yo les predico, yo quiero que ellos sean salvos. Pablo dijo,
es por esto que yo predico. Él dijo, hermanos, el deseo de
mi corazón, mi oración a Dios. Para Israel es que sean salvos. Nosotros predicamos para glorificar
a Dios y predicamos para que los hombres sean salvos. Cuando yo oigo la predicación,
yo quiero ser salvo y soy salvo. Hermano David predicó ayer en
la mañana sobre la mujer que tenía esa enfermedad por 18 años. El Señor me salvó. De nuevo. Salve la salvación. Qué maravilloso. Ahora, estas dos cosas dicen. Ten cuidado de ti mismo y de
la doctrina. Él dijo, continúa o persiste
en ello, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que
te oyen. Ahora, yo no tengo que decirles
esto, que nosotros no nos salvamos a nosotros mismos, pero no lo
acabo yo de decir. Tenemos que hacer que esto sea
claro cuando predicamos, dividir correctamente las escrituras
en versos como estos, la que la gente a menudo no entiende
Pedro predicó el Pentecostés en Hechos 2, 40 y dijo sáldense
de esta generación perversa Usted sabe que Él no está predicando
salvación por obras. Esta es la razón por la cual
nosotros, predicadores, tenemos la necesidad de poder acomodar
las cosas correctamente en las Escrituras, acomodando lo espiritual
con lo espiritual. No nos salvamos a nosotros mismos. Y nadie es salvo por el hecho
de que nosotros estamos predicando. ¿Dónde está la salvación? Es
del Señor. Es Su voluntad. Es Su poder. Es Su palabra. La sangre de Cristo. La justicia
de Cristo, el Espíritu Santo haciendo la obra, no tiene nada
que ver con nosotros. Entonces, ¿qué es lo que está
diciendo Pablo? Bueno, agradó a Dios por la locura
de la predicación, salvar a los creyentes. A salvar a los creyentes. Dios sí utiliza la predicación,
pero no es nosotros, y no es nuestra habilidad de poder predicar,
sino es el mensaje que nosotros predicamos. Como dijo el hermano
David, eso es lo que él estaba diciendo todo el tiempo. Predica a Cristo, vas a salvarte
a ti mismo, y vas a salvar a aquellos que te oían. Yo necesito oír
a Cristo, Y el pueblo necesita oír a Cristo. El Padre manda
o demanda eso. La Palabra lo enseña. Sí, utiliza nuestra predicación
para salvar al pueblo. La fe viene por el oír. ¿Cómo van a oír sin un predicador? ¿Cómo van a predicar si no fueron
enviados? Así que aquí está el punto. Nadie
es salvo por un predicador falso. Nadie es salvo bajo un falso
profeta. Nadie es salvo bajo una doctrina
falsa. El pueblo, la gente necesita
saber que la persona a quien están oyendo es un verdadero
hombre de Dios. Yo quiero saber eso. Yo quiero saber eso. Yo quiero
saber eso. ¿Me envió Dios a mí? Es el Evangelio
que yo predico. ¿Es la verdad? Así es que dice
allá, ten cuidado, pon diligencia. ¿Se acuerdan cuando el apóstol
Pedro dijo que pongamos diligencia para hacer que nuestro llamamiento
sea seguro? Porque si hemos sido llamados
a predicar, debemos poner diligencia, ser diligentes para hacer este
llamamiento. Si eres de Dios, si Dios te envió
para llamar a su pueblo fuera, como dijo el hermano David, no
hay un llamamiento entonces más grande en el mundo. De ser llamado
hijo de Dios, Es un llamamiento celestial.
Mirad cual amor nos ha dado el Padre. Nos ha dado el Padre. Que seamos llamados hijos de
Dios. Y luego que Dios nos utilice
a nosotros. Que Dios nos utilice a nosotros
para salir y llamar al resto de sus hijos. ¡Qué maravilloso! ¡Qué llamamiento tan alto! Así
es que dice, continúa. Continúa o persiste en estas
cosas para hacer tu llamamiento seguro. Continúa o persiste en
predicar el Evangelio. No te detengas. ¿Qué tan a menudo tenemos la
tentación de ya dejar? ¿Qué tan a menudo? Ya lo voy a dejar. No soy bueno. No soy un buen
predicador. No estoy viendo el fruto que yo
quiero ver. Pero no, no dejes. Continúa, persiste. Continúa
creciendo en la gracia. Nosotros necesitamos crecer.
Y dice allá, te salvarás a ti mismo. Es decir, vas a tener una seguridad
personal. Que el Señor ha hecho una obra
en tu corazón. Que el Señor te ha llamado a
ti para predicar. Y si predicas el Evangelio, te
vas a salvar de la culpabilidad El Señor le dijo a Ezequiel,
adviérteles, y no se vuelven. Estás libre de ellos. Pero si
no les adviertes, entonces tú eres culpado. A los ancianos de Épsis, Pablo
les dijo, no he dejado de advertir a todos, día y noche, con lágrimas,
Con lágrimas, hay una llave allá. Te advertir con lágrimas. Sálvate de la culpabilidad. Predica
la verdad. Pablo dijo, yo estoy libre de
la sangre de todos los hombres. No he dejado de declararles todo
el consejo de Dios. Y vas a salvar a aquellos que
te oyen. ¿Qué significa que vas a salvar
a aquellos que te oyen? ¿Qué te dice eso que debemos
hacer? Una cosa. Es una cosa, es lo que estaba
diciendo hermano David. Somos predicadores. Eso es lo
que hacemos. Nada más. predicadores. Le dijo a Timoteo, predica la
palabra, predica la palabra. Dios salva a personas en oír
su palabra. Van a ser salvos aquellos que te oyen predicar
a Cristo. Queremos que la gente oiga a
Él. Queremos que la gente vea a Cristo. No queremos que la gente sepa
cuánto conocemos nosotros. Queremos que conozcan a Él. No
queremos que nos vean a nosotros. Queremos que vean a Él. Y van a ser salvos si predicamos
a Cristo. Dios ha prometido esto. Pero bueno, la primera cosa que
dicen aquí, es ten cuidado de ti mismo. Porque es imposible
que las personas nos oigan a nosotros y no nos vean. Es imposible para la gente que
crean lo que nosotros decimos, si no vivimos lo que decimos.
Ahora quiero detenerme aquí. Que alguien más tome mi lugar. Es imposible. No van a oir lo
que nosotros decimos. Dice, ten cuidado de guardarte a ti
mismo. Guardate a ti mismo. Verde dice versículo doce. Ninguno
tenga poco tu bendud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,
en conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Ser ejemplo. ¿Hay alguna persona aquí que
piensa que es un buen ejemplo de estas cosas? Yo le dije a un predicador joven,
una vez. Le dije, lee eso. En verdad quieres
hacer esto? Pero eso es lo que dice. Esto me convenció a mí. Me llenó de convicción a mí. Yo no les enseño esto. No les enseño esto porque yo
soy ejemplo. Pero sí quiero ser ejemplo. Entonces dice, ten cuidado de
ti mismo. Ahora, el fin, el gran fin de
la predicación es la salvación. La predicación no es un trabajo,
no es un empleo, es un llamamiento. La predicación no es una Yo, yo recuerdo como un predicador
joven, y sigo pensando de esta manera de vez en cuando. Pienso,
después de que prediqué, espero que haya hecho una buena tarea,
o espero que haya hecho bien. Pero eso no es el propósito,
¿no es así? La predicación es llamada una carga por el Vapadapa.
Si lee allá en Jeremiah, en Isaías, Era el peso, la carga de la palabra
de Dios. Era una carga. Es un deseo de glorificar a Dios. De predicar su verdad. Especialmente
cuando la gente está mintiendo acerca de Dios. Y que gente oiga
esa palabra. que el Señor los salve ahí. Tenemos esa carga de la Palabra
de Dios. Y cité al apóstol Pablo. Él dijo,
el deseo de mi corazón es que las personas, la gente sea salva. Dios ha prometido utilizar esta
predicación. Y dice ya en nuestro texto, serás
salvo. Salvarás a los que te oyen. La
predicación de la Palabra. El Señor va a utilizar esto para
salvar a personas. Su Palabra no regresará a el
vacío. Esa es la promesa de Dios. los arminianos discuten si tu crees que solamente los
escogidos van a ser salvos entonces porque estas predicando no es
lo que dicen ellos bueno la predicacion es el medio Dios ha prometido utilizar la
predicación. Nos predicamos porque Dios nos
mandó, nos dijo que lo haga. Él dijo, id y predicar, y yo
los voy a traer. Yo los voy a salvar. Nada más.
Nada más. Así como Moisés levantó la serpiente
del desierto, así también el Hijo del Hombre en ese año que
se ha levantado, para que todo aquel que viera al Hijo y crea
en Él, tenga vida eterna. El predicador tiene un solo propósito,
de señalar al Señor Jesucristo, para pecadores que están muriendo.
Tenemos el mismo mensaje. No estoy diciendo ninguna otra
cosa sino lo que dijo el hermano David hace un momento. No estoy
diciendo nada que el hermano Cody, el hermano Walter, hermano José, hermano el pastor
Steve y todos los hermanos de los Estados Unidos tenemos un
mensaje. A menudo he pensado que sería
una buena cosa para que dos predicadores que tomen el mismo texto Y que
los dos prediquen ese texto. Que a la boca de dos o tres testigos
que se estableciera el asunto. Él ya dijo la misma cosa. Y yo lo estoy diciendo otra vez.
Tal vez pudiéramos hacer eso mañana en Tecate. Pero yo voy
primero. Eso sí le pasó a mi papá una
vez. Una hermana estaba practicando antes de él, y tomó su mismo
texto. Pero el Espíritu de Dios está
presente. Y está trayendo cosas viejas, cosas antiguas y cosas
nuevas. Dios ha prometido utilizar la
predicación. Nuestro Señor dijo, id y predicad.
Yo estaré con vosotros. Yo haré que ustedes sean pescadores
de hombres. A mí me gusta pescar. Yo voy a pescar de a menudo. Y hay veces yo no saco ninguna
cosa. No es así en la predicación. Nosotros no sabemos lo que está
haciendo el Señor. Así como dijo el hermano David,
estamos sembrando la semilla. Salió el sembrador a sembrar.
Nosotros no sabemos dónde está cayendo esta semilla para que
ninguna carne se gloríe en su presencia. Somos como aquel que lanzó una
flecha a la aventura. ¿Se acuerdan de la historia de
Ahab? Hay un hombre allá al otro lado,
no había ningún tiro en esa batalla. Y había un hombre al otro lado
que tenía Un arco y flecha eran nuevecitos
y no se le presentó la oportunidad de dispararlo. Has estado de cacería a Helio
y no viste ninguna cosa, así que disparas a un árbol. Eso es lo que él hizo. Yo quiero disparar en esta flecha.
Lo disparó. Le pegó. Le pegó acá. Nosotros sabemos lo que está
haciendo Dios. Es por eso que tiramos tantas
flechas. Por eso usamos la palabra de
Dios. Él ha prometido que esta palabra
no regresará a él así. Sino que hará. Las flechas del
Rey son pilosos en el corazón de su pueblo. ¿Y cuántas veces ha usted tomado
puntería sobre uno? Dice, Gilberto necesita esta
flecha. Y le disparó a él, y ni le tocó
la flecha. Él le pegó a la otra. ¿Por qué? Nosotros no nos gloriamos. A
Dios sea la gloria. Bueno, yo voy a detenerme porque
no cumplí nada. Me acuerdo de la historia de
Juan Warburton. Juan Warburton platicó una vez. Así como muchas veces cuando
nosotros predicamos, nos sentimos como un total fracaso. Él estaba avergonzado de sí mismo. Él pensó que él estaba nada más
murmurando. Estaba leyendo nada más sus notas. ¿Cuántas veces hacemos eso? Y
él terminó, y el dice que salio corriendo
del edificio y dice que una mujer lo comenzó a perseguir ella me
va a regañar por ser predicador tan malo por mi ella lo alcanzo
y le digo hermano El Señor habló a mi corazón. Dice que los dos se cayeron ahí
mismo. Así es que nosotros no sabemos.
Pero el Señor ha prometido. Bueno, y por qué comienza aquí
con nosotros y no doctrina, allá en el texto versículo dieciséis. La razón es ésta, que nos está
diciendo a nosotros, primero asegúrate que tú eres
un creyente, que Dios te envió a ti. o no va a bendecir tu predicación. La doctrina no es de menor importancia, pero un profeta falso, Dios no
va a utilizar un profeta falso. Quiero que veamos esto, Jeremias
capítulo 23. Yo dije esta cosa. Que Dios nunca ha salvado a una
persona mediante un falso profeta. Esto es verdad. Bueno, ¿hay una
escritura que declara eso? Bueno, escuchen, antes de que
digamos algo, más vale que la Palabra de Dios lo diga. Ahora,
Jeremías 23, 32, y aquí dice Jehová, Yo estoy contra los que profetizan
sueños mentirosos y los que cuentan y hacen errar a mi pueblo con
sus mentiras y con sus lisonjas. Y yo no los envié ni les mandé
y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová. Ningún provecho. Subraya eso. Balaam, él predicó la verdad, pero nadie fue salvo en su predicación. Él no era salvo. Judas Iscariote,
ninguno de los otros apóstoles, sospecharon de él en su predicación. Estamos hablando de eso. Así es que debemos decir nosotros
como el resto de los apóstoles. Cuando dijeron Dios, uno de ustedes
me va a negar. Señor, soy yo. Dice, ten cuidado de ti mismo. Significa ser vigilante, ser
cuidadoso. No nos dice acaso, examinaos
a vosotros mismos, si estas en la fe. David dice, medita tu
corazón. ¿Creo yo en este Evangelio? Vas a predicar algo que crees. Cuando predicas con convicción,
eso significa que algo te convence a ti. La palabra de Dios te convence
a ti de tu propio pecado. Y no es tan sencillo. No vas a predicar con convicción,
sino acerca del pecado, si no estás convencido. ¿He visto la gloria de Cristo?
Si has visto Su gloria, entonces es a Él a quien vas a predicar. Es así como sabes quién ha sido
enviado. Pero Juan dijo, hemos visto Su
gloria. Si has visto Su gloria, entonces
es a Él a quien vas a predicar. Él dijo, no podemos sino decir
las cosas que hemos visto y oído. ¿Qué viste, Pedro? Yo vi Su majestad. Yo vi Su gloria. ¿Qué oíste, Pedro? Yo oí Su palabra,
Su evangelio. ¿Necesito yo entonces este evangelio? No vas a predicar sin ningún
poder, a menos a que tú necesites el mismo evangelio, el mismo
evangelio que tú predicas a otros. Carlos Spurgeon, él dijo esto. Mejor vas a atender las necesidades
del pueblo de Dios, si tu tienes esas mismas necesidades que ellos
tienen. Vas a consolar al pueblo de Dios,
si tu necesitas ese consuelo. Vas a predicar mejor la salvación,
si tu necesitas esa salvación. Así es que la pregunta es, ¿lo
necesito yo? ¿Creo yo que este evangelio es
el único evangelio? Entonces, eso es lo que vas a
predicar. Y examinamos nuestras motivaciones
en la predicación. ¿Predico yo para la gloria de
Dios? Tenemos que poder decir esto.
Aunque nuestros corazones nos convencen, tenemos que poder decir del corazón
que queremos glorificar a Dios, no a nosotros mismos. Que nuestro propósito no es las
riquezas. No queremos el honor de los hombres. ¿Puedes decir eso? que hay una carga, un peso por
la Palabra de Dios. ¿Cuál es lo que dice en los Salmos
126? Salmo 126, he pensado a menudo
que si yo tuviera una escuela de pastores o predicadores, que
yo comenzaría con este versículo. Salmo 126, versículo 6. Irá andando y llorando el que
lleva la preciosa semilla, mas volverá a venir con regocijo
trayendo sus gavillas. Tenemos semilla preciosa, la
palabra preciosa de Dios, la preciosa palabra de Dios, la
sangre preciosa de Dios. Va andando y llorando con eso,
llorando. Ahora, nuestras lágrimas no saben. Nuestras lágrimas no tienen poder.
Tenemos que tener cuidado acerca de nuestra emoción. Tenemos que tener cuidado que
la gente no nos esté mirando a nosotros. Ah, y decir, es tan
tierno él. No queremos que ellos piensen
que nosotros somos tiernos. Nosotros queremos que ellos vean
al tierno Salvador. Pero lo que esto está diciendo,
que si nosotros no tenemos esta carga por la palabra de Dios,
quiero ponerlo en un sentido más positivo, que si tenemos
una carga, un peso, un anhelo, Es nuestro deseo ardiente, como
dijo el apóstol Paul, que Dios sea honrado y glorificado, y
que la gente oiga y crea esta verdad. Dice acá, volverá, vas a volver, vas
a traer tus gavillas con regocijo. ¿Qué tal si solamente son? ¿No sería eso maravilloso? Con
solo una persona. Juan Newton dijo esto. El autor de Maravillosa Gracia. Él es un predicador. Nunca me
voy a olvidar de leer esto cuando yo era un joven predicador. Él
dijo, vamos a exagerar grandemente nuestro valor si
no lo consideramos que no valga la pena que nosotros pasemos diez mil
años por un arma que Dios nos utilice a nosotros para la salvación
eterna de una persona salvación salvación salvación salvación
salvación salvación salvación salvación salvación salvación
salvación salvación salvación salvación salvación salvación
salvación salvación salvación salvación salvación Amo yo el Evangelio, la Palabra
de Dios, más que cualquier otra cosa. Amo yo leerlo, estudiarlo. Oí un predicador joven decir
una vez, él dijo, me gustaría ser un pastor, pero no me gusta
estudiar. Bueno, tú no eres llamado a predicar. Estudia, vea nuestro texto. Versículo
trece. Entretanto que yo voy, ocúpate
en la lectura, la exhortación y la enseñanza. Ocúpate, ocúpate
en la lectura. Amo yo la lectura de la palabra
en Dios, estudiar la palabra. Lee la palabra. Lee la palabra. Lee la palabra. Leer la palabra, sumerte en la
palabra. Moisés le dijo a Josué, medita
en ello día y noche. Que tu corazón esté lleno de ello. Ocúpate en
la lectura. Amas decirlo. Yo preferiría que alguien más
pratique. Pero si Dios pone algo en tu
corazón, no puedes esperar para decirlo. ¿No es así? Estamos alimentando a la gente.
Él dijo, apacentad mi grey. ¿Qué les alimentamos? El vaso
verde. Nosotros lo comemos nosotros
mismos, y les damos alimento a ellos. Es como una mujer que está cocinando
un alimento, y todo el tiempo que lo está cocinando, ella lo
está probando también. Ella dice, y es que probar esto... Y luego le damos demasiado. Amas la Palabra de Dios. Amas
predicarla. Amas hablar de ella. Hemos estado
sentados todo el tiempo que estamos acá. Hablando del Evangelio de
la Palabra. Estoy siempre pensando en la
Palabra de Dios. Meditando sobre ella. Eso es lo que necesitamos hacer. Ahora, pregunto, nuestra experiencia comprueba la Palabra de Dios
a nosotros. En el capítulo cuatro, bueno,
yo no he leído eso, pero dice que él tenía la expectativa y
la doctrina. Y luego dice allá en versículo
16, ten cuidado a ti mismo y de la doctrina. Yo oigo a estas
personas predicar la doctrina, la verdad, y regocija mi corazón. Yo amo oírlo. Usted oye, ama
oírlo. Tenemos que amar oírlo tanto
como lo decimos. No tiene que ser nosotros que
lo estamos diciendo. No hay lugar para celos entre
uno y el otro en la predilección. No hay. Cualquiera que esté predicando
la verdad, nos debemos regocijarnos en él. Conozco yo la verdad. Dice, ten cuidado a ti mismo. Conozco yo la verdad. Dios no
ha llamado a un hombre a predicar quien no conoce la verdad. Uno
que no está bien enterado de la verdad. Uno que no puede declarar
la verdad. Tienes que saber la verdad. ¿Reciben
provecho otros de mi predicación? Él dice, ten cuidado de ti mismo. ¿Reciben provecho otros de mi
predicación? Ahora, todos nosotros nos sentimos
indignos, unfit, que no somos capaces, no tenemos la habilidad,
somos el más pequeño, no somos dignos de ser llamados predicadores. Pero si Dios envía a un hombre
para predicar, va a haber fruto. Va a haber personas convertidas.
Cuando el Señor me envió a Rocky Mount, Virginia, hace 24 años,
yo estaba predicando allá por un tiempo, Y yo quería saber que yo fui
llamado a predicar. Y le pedí al Señor, salva a alguien
Gideon puso ya su manto, y le dijo a Gideon, te estoy llamando
para sacar a mi cuerpo. Él dijo, ¿quién soy yo? Él no
se sentía capaz. Bueno, el dijo, señor, si me
estás llamando, dale una señal. Y esta es la señal de un pastor
o predicador o maestro, va a haber fruto. Entonces dice, ten cuidado de
ti mismo, sobre tu propio corazón. Jorge, vamos a tomar un descanso
en este momento y regresamos en un momento para terminar.
Paul Mahan
About Paul Mahan
Paul Mahan has been pastor of Central Baptist Church in Rocky Mount, Virginia since 1989; preaching the Gospel of God's Sovereign Grace.

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Joshua

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