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Donnie Bell

El leproso limpiado

Luke 5:12-14
Donnie Bell January, 28 2009 Audio
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The leper cleansed

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Estamos muy contentos de tener
aquí con nosotros, Pastor, nuestro hermano, Donny Bell. Es un muy
querido amigo y un hermano que lo conozco, nos conocemos de
mucho tiempo. Y él me conoce a mí más tiempo
que yo lo conozco a él. Pero el Señor nos ha traído a
la misma familia, mismo amor. Él me conoció a mí antes que
yo lo conocía a él. No sé si tiene sentido eso. I'm
saying about you is that you know me longer than I know you. When the Lord hadn't called me,
there wasn't any love. Does that make sense? You know me longer than I know
you. Pero estamos gracias a Dios por que él está aquí. Brother,
we're thankful to have you here with us. You come and preach
to us. Estoy muy agradecido a Dios de
estar aquí en Mérida para adorar con ustedes nuevamente. Maravilloso
ver a hermano Walter y hermana Betty, hermano Cody, Wina y algunos
de ustedes que los conozcan. Vamos a abrir nuestras escrituras
en esta noche a Lucas capítulo cinco. Voy a predicar lo que prediqué
a nuestra congregación en la casa ya el domingo de la mañana. Vamos a leer versículos doce al versículo 14. Sucedió que
estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de
lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra
y le rogó, diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. Entonces,
extendiendo él la mano, le tocó, diciendo, Quiero, sé limpio,
y al instante la lepra se fue de él. Y él le mandó que no lo
dijese a nadie, sino ven, le dijo, muéstrate al sacerdote
y ofrece por tu purificación según mandó Moisés para testimonio a ellos. Quiero traer un mensaje esta
noche y le llamo el título es El leproso limpiado. Nuestro Señor Jesucristo es tan
lleno de compasión, de misericordia, de gracia y de piedad, pero aún así, sin Su poder como
Dios, ninguno de estos atributos gloriosos
no serían de ningún provecho. No nos beneficiarían espiritualmente
y tampoco nos beneficiarían eternamente. ¿De qué serviría tener piedad,
misericordia y gracia si no tiene el poder para dárnoslos? Él es
misericordioso, pero también necesitamos su poder. para que
Él pueda dar esta misericordia y para sostenernos por medio
de esta misericordia. No significa nada que Dios nos
ame si no tiene poder para manifestarnos ese amor. Esto no solamente nos muestra
que Dios es hombre, sino que Jesús es hombre, pero también
es Dios con poder para manifestar. Lo que estoy diciendo es que
donde sea que esté la presencia de nuestro Señor, ahí está el
poder de Dios mismo. Y vemos esto aquí en este leproso,
en este caso de este leproso que está siendo sanado, limpiado. Primero, notemos o vemos que
este hombre está en una condición de mucha miseria. Nos dice allá en versículo doce,
un hombre lleno de lépera, lleno de esta lépera. No tenía meramente
una mancha, no tenía meramente una llaga en una parte de su
cuerpo, pero estaba lleno. Y la lepra es una enfermedad
muy, muy terrible. Y este hombre allí ha llegado
a su etapa final. Estaba lleno de lepra. Y la lepra,
conocemos en las Escrituras, es tipo del pecado. Y como la lepra, obra muy lentamente. Comienza con apenas una manchita. Y así es como es el pecado. Nuestros niños nacen. Y como
van creciendo, por ese pecado que está en ellos, empiezan a
mentir. empiezan a llorar y a ser egoístas,
y van a llegar al punto de robar y también van a quebrarte el
corazón. Y conforme van yendo los años,
más pecado se va manifestando. Así como la lepra comienza con
una cosa muy pequeña, pero cuando llega a su etapa y están llenos
de ello, sólo hay una cosa que se puede hacer, que es que uno
haga un milagro. y cure esa lepra, y que quite
el pecado del hombre, y comienza allá en la sangre. Si nosotros
heredamos esta enfermedad nuestro padre y nuestra madre, hasta
allá nuestro padre Adán, Y el pecado afecta el corazón. Porque del corazón proceden los
asuntos del hombre, y de ahí viene el pecado. Alguna gente piensa, bueno, sabe,
yo soy bastante bueno. Tal vez no sea yo perfecto. Tal vez haya yo hecho algunas
cosas malas, pero el hecho del caso es este que todos nuestros
mejores actos es como trapo de inmundicia. Hay un hombre en
nuestra congregación ahora. Él se está muriendo de cáncer. Y él dice, yo no necesito a Cristo. Él nunca ha tenido necesidad
de Cristo. Porque dice él, yo siempre he
sido un buen hombre toda mi vida. Pero yo le dije en tu corazón
el mero hecho de que tú piensas que eres suficientemente bueno,
que piensas que Dios te va a aceptar sin Cristo. que él piensa que él es lo suficientemente
bueno, perfecto suficientemente perfecto, que Dios lo va a aceptar
por sí mismo. Él está engañado en sí mismo
y no hay ninguna esperanza para Él. Y la enfermedad que tiene en
su corazón de pecado es peor que cualquier cáncer que pueda
tener. Bueno, ellos tenían lugares designados
para los leprosos colombianos. Y en la Escritura nos dice que
los leprosos tenían que andar con la mano cubriendo la boca
y clamando, inmundo, inmundo, para que se quitara la gente
de enfrente de ellos. Porque él era inmundo, era hasta
sucio. Y si él tocaba a cualquier persona, esa persona llegaba
a ser contaminada. Y nuestro pecado contamina a
todos los que están alrededor de nosotros. Así es que los leprosos eran
considerados muertos y mortíferos. Y así como tenían lugar para
los leprosos, Dios tiene un lugar para todo pecador que rehúsa
venir a Cristo. No viene para ser limpiado. Pero vean qué visión
tan hermosa y preciosa vemos allá en versículo 12. Este hombre que estaba lleno
de lepra, pero dice allá, el cual, yendo a Jesús. Dice, yendo
a Jesús. Eso es lo que necesitamos. Necesitamos una visión de Cristo. Este hombre tenía una enfermedad
que era incurable que lo separaba de la sociedad, pero él vio al
Señor Jesús. Algunos querían ver al Señor
Jesús por mera curiosidad. Algunos querían verlo meramente
para atentarle. Y saqueo ese hombre que era bajo
de estatura. Él subió un árbol sicomoro para
ver al Señor. Y esta aquí está el Señor Jesucristo
viniendo y este hombre lo ve. Aquí está la luz alumbrando en
un lugar de tinieblas. Y él no tenía ninguna esperanza
de una cura, de un alzamiento. Y así como este hombre no podía
curarse de la lepra, nosotros no podemos quitarnos el pecado. Aquí está él en su oscuridad,
pero ahí viene a él la luz. Sin lugar a duda, él había oído
de las obras maravillosas de nuestro Señor. Él había oído que Él había sanado
a otros lepores, que Él hizo que los codos hablaran, Él causó
que los mudos pudieran hablar. Él nunca le había visto y nunca
había orado. Pero ahora él ve aquel de quien
había oído. Estos ojos que en un momento
estaban llenos de desesperación. Ojos que no tenían esperanza. Ahora él ve a una persona viviente. Él no vio una iglesia. Él no
vio una doctrina. Él no vio a un predicador, él
vio a un hombre vivo. Un hombre con poder, con amor
y con compasión. Él ve a esta persona. Ahora lo
está viendo. Él había creído el reporte que él había oído.
Ahora en fe, es vuelta a la vista. Oh, escuchen esto. Aquí está un hombre lleno de
lepra, y aquí está un hombre lleno de compasión. Aquí está
un hombre que es impotente, y aquí hay un hombre que es omnipotente.
Aquí hay un hombre que no tiene esperanza, y aquí está un hombre
que es nuestra esperanza mismo. Luego vean qué posición toma
este hombre, el cual viendo a Jesús se postró con el rostro en tierra. Eso es lo que le ocurre a todos
los que ven al Señor Jesucristo. Viendo la cara del Señor Jesucristo,
viendo la cara de Dios, siempre hace que nosotros escondamos
la nariz. Y se ahí dijo, yo vi al Señor,
yo vi a Jehová levantado. alto y sublime, y su gloria llenaba
el templo. Él no hizo como hacen las personas
hoy día, gritan Aleluya y aplauden. Él dijo, ¡Ay de mí! Cuando ves al Señor Jesucristo
en su santidad, no puedes más que ver también tu pecado. ¡Ay
de mí! ¿Has visto al Señor Jesucristo
y has dicho, ay de mí? Estoy muerto. Y todos alrededor de mí están
muertos. No hay ninguno que pueda ayudarme.
Job dijo, yo he oído de ti con oído, pero ahora mis ojos te
ven y ahora me aborrezco y yo me
arrepiento en ceniza. Simón Pedro dijo, aparte de mí
Señor, soy un pecador. Cuando nosotros vemos a Cristo
en Su Señor, cuando vemos a Cristo en Su santidad, cuando vemos
a Dios en Su justicia, nos estamos maravillados que
Dios pueda Posiblemente hacer cualquier
cosa por nosotros porque somos tan pecadores. Lo único que podemos hacer es
caernos sobre nuestro rostro. ¿Por qué es así? La siguiente cosa nos dice por
qué. Este hombre se postró con el
rostro en la tierra. Y le rogó. Empezó a buscarle,
empezó a rogarle. Y la primera palabra saliendo
de su boca, vean qué era. Soberano. Todo poderoso. Jehová. Dios manifestaba a Dios. Señor, Él reconoció que
Él es todo y yo soy Él. Tú eres el que tiene la gloria.
Tú eres el que tiene la gloria. Yo soy el que estoy en el pecado.
Yo soy el que tiene el pecado. Dios, Señor, Si quieres. Tú eres el que tiene
la voluntad. Si tú quieres, yo estoy encerrado
a tu voluntad. Y nosotros como creyentes, cada
día oramos, Señor, hágase tu voluntad. Yo no quiero vivir fuera de la
voluntad de Dios. Señor, hágase Tu voluntad en
mi corazón, en mi vida, en la vida de mis hijos, en nuestras
iglesias. Hágase Tu voluntad y nos postramos
y nos sometemos a Su voluntad. Y aquí es donde comienza Si tú
quieres, yo estoy sujeto a tu voluntad. Tú puedes limpiarme.
Y si no, no quieres. Estoy en la misma condición que
estaba. Tú no me hiciste de esta manera. Mi pecado me hizo de esta manera. Mi rebelión me hizo de esta manera. Mi suciedad me hizo de esta manera. Tú no me debes nada. Así es que
si quieres, puedes limpiarme. Es como Mephibosheth, cuando
él fue traído a la presencia de David. Digo, Señor, ¿por qué
me dirías a un perro muerto como yo? Si quieres, puedes limpiarme,
sanarme. Puedes hacer que mi corazón sea
puro. Puedes hacerme una nueva criatura." Y es la oración que
hizo este hombre, nos dice algo acerca del conocimiento que él
tenía. Saben, cuando un hombre tiene un conocimiento correcto
de Cristo, lo que hace es que produce una
fe inteligente en Cristo, en su poder, en su habilidad. Él no dijo, El, este hombre me
dijo, Señor, si me das una oportunidad, y intentaré Yo voy a tratar de cooperar con
tu gracia. Ves, tú me diste mi libre albedrío. Bueno, si tú me tratas bien,
yo tal vez decida ser un cristiano. Ahí no hay fe involucrada en
ello. Esto deja todo en tus manos.
Este hombre conocía que todo estaba en las manos de Cristo. Su libre albedrío no tenía nada
que ver, su libre albedrío lo arruinó a él. Él dijo, si tú, si tú, Cristo,
Tú el que tienes el poder. Tú el que tienes la habilidad.
Si tú quieres. Tú puedes. Tú puedes. Hermano Cole me dijo que él habló
acerca de la necesidad de un predicador. Todo aquel que invocar
el nombre del Señor será salvo. ¿Y cómo van a invocar en el cual
no han creído? ¿Y cómo van a creer sin haber
que le prediquen? ¿Y cómo van a predicar si no
fueron enviados? La fe viene por el oír. Esto es maravilloso. ¿Saben?
Cuando un predicador está predicando, Y cuando Él pone a Cristo delante
de ti en las Escrituras, y Cristo es dado a conocer a tu
corazón, y tú dices, yo lo veo, yo lo necesito, y yo lo quiero, Puedes venir a Él sin mover un
músculo. Vienes en tu corazón, de tu corazón
a Él, y miras a Él, y lo abrazas a Él, y te sometes a Él. Y conforme haces esto, y conforme
Cristo es predicado a ti, Cristo conforme a las Escrituras,
Cristo conforme a las Escrituras es contestado, Cristo en tu corazón.
Es como un espejo esto. Cristo en esto es Cristo en tu
corazón. Es por eso que puedes decir amén. Conforme va la predicación, la
fe la acompaña y tú dices amén. Así es. Si tú quieres, puedes. Y esta es la razón por la cual
tan pocos vienen a Cristo. No conocen, no saben nada de
lo que es el pecado. No saben nada de su pecado. Es porque Cristo no les es presentado
correctamente. Allá en casa, en los Estados
Unidos, Todos los predicadores dicen, Dios te ama, y Cristo
murió por ti, y Él quiere estar en tu corazón si tú lo aceptas.
Entonces, que si Dios te ama, Cristo murió por ti, y Cristo
te ama. Entonces, ¿de qué te tienes que
preocupar? Nunca vas a saber algo de lo
que es el pecado. Pero Cristo vino a salvar a pecadores. No es un asunto del cielo y el
infierno. La pregunta o el asunto es Cristo
y el pecado. Cristo vino a salvarnos del pecado,
y este hombre con su lepra es como nosotros, lleno, lleno de
ello. Bueno, este hombre tenía una
gran necesidad, un gran deseo, de ser hecho limpio. Y Él, cuando vino a Cristo, Él
confesó esta necesidad. El mero hecho de que Él vino, eso
estaba confesando su necesidad. Y Él pide al sanamiento personal,
límpiame a mí. La salvación es una cosa personal. La salvación está entre tú y
Dios, tú y Cristo. Ahora vean lo que pasa en versículo
13. Vean esta salvación perfecta, instantánea. Entonces, extendiendo
Él la mano, le tocó diciendo, yo quiero,
sé limpio. Yo quiero, sé limpio. Eso es lo que me pasó a mí un
día. Eso es lo que han pasado a ustedes. Nunca me olvidaré el día que yo, primera vez que busqué
al Señor. Esta es la manera que yo sentí en lo que pensaba yo en mi mente. Yo me sentí como un perro sucio,
sarnoso, y todo mi pecado estaba delante de mí. Y yo pedí al Señor, y le dije,
Señor, tienes misericordia de mí. Yo sé que no tengo ni el derecho
de pedirte, y estoy avergonzado hasta de pedirte, pero yo no
puedo seguir ni un paso más. Mi pecado me está matando. Estoy
avergonzado, apenado, pero si tú quieres, Por favor, por favor, ten misericordia
de mí. El peso se había quitado. La culpa se había ido. La vergüenza
se había ido. Y abrí la Biblia. Y leí cosas que ni sabía que
existían. Dios te ayude a ti a hacer la
misma cosa. Señor, si tú quieres, den misericordia
de mí. Él lo tocó y diciendo, quiero
ser limpio. Todo Toda la salvación, todo el poder,
toda la limpieza está unido a la voluntad del Señor Jesucristo. Todo está atado a esto. La salvación está en la voluntad
de Cristo. La redención está en la voluntad
de Cristo. La limpieza está en la voluntad
de Cristo. Vean esto, Él le tocó. ¿Saben qué es esto? Aquí está la misma, la santidad
misma de Dios. Dios que es santo, santo, santo. Está tocando a este hombre. Y lo tocó en toda su inmundicia. Y lo tocó por medio de Cristo. Si tú y yo tocáramos a ese mismo
leproso, nosotros seremos constituidos inmundos. Pero Cristo lo tocó y en ninguna
manera está contaminado por ese tocar. Él nos toca a nosotros. Él no está contaminado por tocar
a nosotros. Es más, por el tocar, nuestra
sociedad nos deja a nosotros. ¿La luz que alumbra las tinieblas
es afectada por las tinieblas? No, es la oscuridad la que es
afectada. Tú alumbras la luz en la oscuridad. La luz afecta la oscuridad. La
oscuridad no afecta la luz. El que tomó nuestro pecado, él
no puede ser pecador. Santo, sin mancha, puro, separado de pecador. Más sublime
que los cielos. Si él fuera pecador en cualquier
punto, no podría entonces salvarnos de nuestro pecado. Y él fue pecador
solamente por imputación. Así como Él tomó el lugar de
este leproso, Él tomó nuestro lugar allá en la cruz. Y Él tomó
nuestro pecado en Su cuerpo allá en la cruz. Y llevando nuestro pecado en
Su propio cuerpo allá en la cruz. Él los cargó y los quitó. Ahora bien, ¿qué palabras de
seguridad le da al Señor? Él dice, Señor, si quieres, puedes
limpiarme. El Señor le da seguridad. Él dice, quiero, sé limpio. El predicador no le tuvo que
decir que estaba limpio. Él no tenía que ir ante los diáconos
y ser inspeccionado para saber si estaba limpio. Él no tenía
que ir a un sacerdote. Y cuando Él te toca, cuando Él
te limpia por medio de Su sangre, cuando Él hace eso, Él te da
seguridad en Su Palabra. Su Palabra y Su Poder van juntamente. Ahora vean esta salvación tan
plena, tan completa. La última parte del versículo
13. Y al instante, la lepra se fue de él. Así se fue. Algo que había tenido
toda su vida se fue inmediatamente. ¿Dónde crees que se fue esa lepra? Creo que ni le importaba a ese
hombre. Sólo estaba agradecido que ya
no estaba con él. Él tenía el gozo de la salvación. Él estaba limpio. Ahora puede andar y estar con
su familia. Ahora puede adorar a Dios. Ahora puede gozarse y deleitarse
en Cristo. Puede entrar en el templo y adorar.
Y eso es lo que Cristo hizo por nosotros. Nuestros pecados han
sido quitados. Cristo los quitó. Él los llevó
en su propio cuerpo. Y Dios dice, donde esos pecados
son quitados, yo no me más me voy a acordar de ellos. Y si
Dios no se acuerda de ellos, ¿por qué tienes que acordarte
tú de ellos? Y si tiene un pecado a tu mente,
no es Dios que lo está haciendo, porque Él no se acuerda de ello. Es el diablo o tú, uno de los
dos. Yo voy a borrar tus transgresiones
como una gran nube. Voy a echarlos a mis espaldas. Los voy a echar en lo profundo
del mar. Los voy a poner donde ya nunca
más los voy a hallar. Y si Dios no puede hallar nuestros
pecados, ¿por qué los vas a buscar? Ese leproso limpio, yo tengo
que buscar dónde se fue mi lepra, tengo que saber dónde se fue
mi lepra. La sangre de Cristo es uno limpio
de todo pecado, todos nuestros pecados. Pero tú decides esto
para terminar. Yo amo eso. Dijo, mira, digo, anda y muéstrate
al sacerdote y ofrece por tu purificación según mandó Moisés
para testimonio a ellos. Ahora, ¿por qué Cristo, Nuestro
Señor, le diría a este leproso de ir al sacerdote y hacer un
sacrificio según Moisés? ¿Cómo para testimonio ha hecho?
¿Ven? Bajo la ley, cuando un leproso Cuando él iba para su purificación
llevaba un cantro de agua, hisopo y escarlata. Ponía el hisopo
y agarraban dos pajaritos. Y mataban uno de los pajarillos
y lo exprimían en sangre. Tenía cedro allá. Mataban ese
pajarito y lo exprimían en sangre allá. Y tomaban ese otro pájaro
que estaba vivo. Y lo remojaban en esa sangre.
En cedro. En la escarlata. Y el hisopo. Y luego soltaban
al pajarito. para mostrar que uno había muerto
para que el otro saliera libre. Cristo murió para que nosotros
vayamos libres. El agua y la sangre salió de
su costado y Él fue enviado para dar testimonio a ellos. El primer testimonio es éste,
que Cristo no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla. La ley nunca podía limpiar al
leproso. Lo único que podía hacer esa
ley era condenarlo por su lepra y pronunciarlo inmundo. Así es
que él envía al leproso otra vez a la ley, Y mientras él está
allá parado, ese sacerdote lo mira, lo examina,
y la ley que lo condenaba, ahora tiene que pronunciarlo limpio. La obra de nuestro Señor puede aguantar la inspección
más minuciosa de la ley. Si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros? ¿Quién puede acusar a los escogidos
de Dios? Mira en mi corazón. No vas a
encontrar allá nada más que santidad. Ven, ley, mira en mi mente. No vas a encontrar nada más que
pureza allá. Ven, ley, examíname de arriba
abajo. Y yo soy tan santo como el Hijo
de Dios. ¿Por qué? porque Cristo nos da una salvación
perfecta, libre y completa. Bendito sea su santo nombre.
Gracias.
Donnie Bell
About Donnie Bell
Donnie Bell is the current pastor of Lantana Grace Church in Crossville, TN.

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Joshua

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