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Jose Dzul

La lepra de Naaman

2 Kings 5:1-14
Jose Dzul December, 4 2022 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul December, 4 2022

En la prédica "La lepra de Naaman," Jose Dzul se centra en la lepra de Naaman como un símbolo del pecado y el estado caído de la humanidad. Utilizando el relato de 2 Reyes 5:1-14, Dzul argumenta que el pecado, al igual que la lepra, desfigura y separa al hombre de Dios, evidenciando la gracia soberana de Dios cuando Naaman, un pagano, es sanado. Los versículos tales como 2 Reyes 5:8-10, donde Eliseo da la orden de lavarse en el Jordán, son utilizados para resaltar la necesidad de obediencia frente a las instrucciones de Dios. Dzul enfatiza que la salvación no se basa en nuestros méritos ni en rituales, sino en la gracia y misericordia soberana de Dios, esencialmente reflejando la doctrina reforma de la justificación por fe.

Key Quotes

“La lepra es típico del pecado. La lepra es una enfermedad del cuerpo, una enfermedad física. El pecado es peor, es peor que la lepra.”

“Dios dice de quien yo quiera tener misericordia. No depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

“Las obras no pueden salvarnos. Nuestras obras de justicia no pueden justificarnos, ni santificarnos, ni quitar, ni lavar nuestros pecados.”

“Si estás sin Cristo en esta mañana, tienes una lepra en tu corazón. Esa lepra te impide creer en el Señor, amar al Señor.”

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Quiero que veamos en el Antiguo
Testamento en Segunda de Reyes capítulo cinco. en segunda de reyes capítulo
5 voy a leer estos versículos versículo
1 hasta 14 Nahamán, general del ejército
del rey de Siria, era varón grande delante de su señor y lo tenía
en alta estima porque por medio de él había dado Jehová salvación
a Siria. Era este hombre valeroso en extremo,
pero leproso. y de Siria habían salido bandas
armadas, habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una
muchacha la cual servía a la mujer de Naamán. Esta dijo a
su señora, si rogase mi señor al profeta que está en Samaria
Él lo sanaría de su lepra. Entrando Nahamán a su Señor,
al Rey de Siria, le relató diciendo, Así, así ha dicho una muchacha
que es de la tierra de Israel. Y le dijo el rey de Siria, anda,
ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió pues él, llevando
consigo diez talentos de plata y seis mil piezas de oro y diez
mudas de vestidos. Y tomó también cartas para el
rey de Israel que decía así, cuando llegue a ti estas cartas,
sabe por ellas. que yo envío a ti mi siervo Nahamán
para que lo sanes de su lepra. Luego que el rey de Israel leyó
las cartas, rasgó sus vestidos y dijo, soy yo Dios que mate
y de vida para que este envíe a mí a que sane un hombre de
su lepra, Considerad ahora y ved cómo busca ocasión contra mí. Cuando Eliseo, el varón de Dios,
oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a
decir al rey, ¿por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí
y sabrá que hay profeta en Israel. Y vino Namán con sus caballos
y con sus carros y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero
diciendo, ve y lávate siete veces en el Jordán y tu carne se te
restaurará y serás limpio. Y Namán se fue enojado diciendo,
y aquí yo decía para mí, Saldrá él luego, y estando en pie, invocará
en nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el
lugar, y sanará la lepra. Habana y Farfar, ríos de Damasco,
no son mejores que todas las aguas de Israel. Si me lavaré
en ellos, no seré tan bien limpio. Y se volvió y se fue enojado. Más sus criados se le acercaron
y le hablaron, diciendo, Padre mío, si el profeta te mandara
alguna gran cosa, ¿no la haríais? ¿Cuánto más, diciendo, lávate
y serás limpio? Él entonces descendiendo, Él
entonces descendió y se zambulló siete veces en el Jordán conforme
a la palabra del varón de Dios y su carne se volvió como la
carne de un niño y quedó limpio. Hoy en esta mañana quiero que
meditemos sobre esta historia, la lepra de Namán, la lepra de
Namán. La lepra es típico del pecado. La lepra es una enfermedad del
cuerpo, una enfermedad física. El pecado es peor, es peor que
la lepra. El pecado está en el corazón
y es más horrible que una lepra en el cuerpo. El profeta Isaías
dice que desde la planta del pie hasta la cabeza está lleno
de lepra, del pecado. No hay en nosotros por naturaleza
cosa buena, sino todo es hinchazón y podrida llaga, que no tiene
curación por el hombre, por el hombre. Ahora, la lepra de Namán,
Namán era un hombre gentil. Él no es judío. Era un hombre
gentil. Él vivía en Siria. Era un gran
hombre, un general, un gran policía. era un hombre valiente, era un
hombre estimado por el rey de Siria y por el pueblo, porque
había ganado muchas batallas defendiendo a la nación de Siria. Por tanto, Namán era un hombre
gentil y era un hombre idólatra. Él no conocía al Dios vivo y
verdadero, él tenía sus propios dioses en su casa, como cualquier
persona en este mundo que no cree a Dios. En su casa tiene
sus ídolos, sus dioses, en quien está creyendo. Así era Namán,
era un hombre gentil, un pagano, un idólatra. Pero este hombre,
este hombre Namán, Este hombre en la mano, hayo gracia. Hayo gracia ante los ojos de
Dios. Qué precioso. Qué precioso cuando un hombre
malo como yo, como usted, haya gracia ante los ojos de Dios. Aunque la maldad es mucha, pero
la gracia es sobreabundante. es sobreabundante. Y en el Nuevo
Testamento este hombre namán es mencionado por el Señor Jesucristo. Este hombre namán halló gracia
soberana de Dios, misericordia soberana de Dios. En Israel había
muchos leprosos como namán. Estaban muriendo de esa enfermedad
llamada lepra. y Dios pasó por alto a esos judíos
del pueblo de Israel y vino a dar misericordia a este hombre gentil
e idólatra que es Naamán sanándolo de su lepra cuando Jesús mencionó
esto a los judíos ellos se molestaron cómo es posible que Dios haya
dejado a su pueblo morir con lepra y venir a un hombre gentil
e idólatra darle misericordia. Esa es la misericordia soberana
de Dios. Es la misericordia soberana de
Dios. Dios mismo dice yo voy a tener
misericordia de quien yo quiera tener misericordia. Dios dice
de quien yo quiera tener misericordia. Yo me compadezco de quien yo
quiera compadecerme. No depende del que quiere ni
del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. El Dios de
las Santas Escrituras es soberano con su gracia y misericordia. Si has hallado gracia ante los
ojos de Dios, qué bueno, hermano. Eres bendecido con bendición
eterna del Señor. No porque tú lo mereces, no porque
tengas algún mérito humano, sino es por la gracia soberana de
Dios. Ahora, vamos a ver algunas cosas
en esta historia. Lo primero que vemos aquí es
que este hombre, Namán, estaba enfermo de lepra y una muchacha
de Israel fue llevada a Siria cuando el pueblo de Dios fue
capturado. Y esta muchacha estaba trabajando
en la casa de Namán. La muchacha sabía de este varón
de Dios llamado Eliseo, que Dios le había dado poder para hacer
milagros físicos. Y esta muchacha dijo, si mi señor
Namán rogase al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de
su lepra. La esposa de Namán se lo contó
a él y él fue al rey de Siria para decírselo. Pero lo que notamos
aquí es que esta muchacha fue una muchacha usada por Dios como
testigo, que testificó del varón de Dios llamado Eliseo. el varón de dios o eliseo es
típico del señor jesucristo es un tipo del señor jesucristo
y esta muchacha está dando testimonio del varón de dios cristo es el
varón de dios ahora jesús dijo antes de que él vaya a la gloria
el hijo y yo me voy Pero a ustedes no los voy a abandonar, no los
voy a dejar. No se van a quedar huérfanos.
Voy a enviar el Espíritu de mi Padre. Hablando del Espíritu
Santo. Cuando Él venga, Él va a estar
con ustedes. Él va a estar con ustedes. El
Espíritu Santo ha sido enviado por el Señor Jesucristo. El Espíritu
Santo está ahora en este mundo. El Espíritu Santo está con nosotros
hoy en esta mañana. Ahora, vemos la labor del Espíritu
Santo en el libro de Juan capítulo 15. En el libro de Juan, capítulo
15, mira lo que el Espíritu Santo está haciendo hoy en día. Capítulo 15 del Evangelio de
Juan, en su versículo 26, dice así, Jesús dice, pero cuando venga
el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu
de verdad, el cual procede del Padre, Él dará testimonio acerca
de mí. El Espíritu Santo está. con nosotros,
con su pueblo, para dar testimonio del Señor Jesucristo. Así como la muchacha dio testimonio
del Varón de Dios, el Espíritu Santo está dando testimonio de
Cristo. Él no está dando testimonio de
sí mismo. El Espíritu Santo no está hablando
de sí mismo. no se está presentando a sí mismo
la misión del Espíritu Santo es presentar a Cristo mostrar
a Cristo al pueblo escogido de Dios dice y vosotros daréis testimonio
también porque habéis estado conmigo desde el principio capítulo
16 del libro de Juan versículo 13 Pero cuando venga el Espíritu
de verdad, Él os guiará a toda la verdad, porque no hablará
por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y
os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará. Cristo está diciendo que el Espíritu
Santo glorificará a Jesús. Él me glorificará porque tomará
de lo mío y os lo hará saber. La misión del Espíritu Santo
es dar testimonio de Cristo. Es dar testimonio de Cristo.
Ahora, el Espíritu Santo nos dice así, que el varón de dolores
el Varón de Dolores, que es el Mesías de Dios, que es el Cristo
de Dios, que Él fue herido por nuestros pecados, molido por
nuestros pecados. El castigo de nuestra paz cayó
sobre Él. La maldición de la ley cayó sobre
Él para que nosotros los que creemos en él fuésemos librados
de la maldición de la ley. El peso de la ley y de la justicia
de Dios cayó sobre el Señor Jesucristo para que nosotros fuésemos librados
de la condenación de nuestros pecados. Eso es lo que testifica
el Espíritu Santo entre nosotros hoy en esta mañana. Es lo que
Él nos está diciendo a través de Su Palabra. A través de Su
Palabra. y dice que por su llaga fuimos
curados. Por el sacrificio del Señor Jesucristo
somos curados de nuestros pecados, espiritualmente curados de nuestros
pecados. El Espíritu Santo testifica diciéndonos
que hay un solo Cordero el Cordero de Dios que quita o que puede
quitar el pecado de todo aquel que cree en el Señor Jesucristo
Dios el Espíritu Santo dice he aquí el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo Los corderos sacrificados bajo la ley en el
Antiguo Testamento nunca pudieron quitar un solo pecado de un hombre. Nunca. Por eso había esa repetición
día tras día de ofrecer sacrificios porque no tenían poder ni la
eficacia de quitar los pecados. Pero el Cordero de Dios, que
es el Señor Jesucristo, Él vino a este mundo para quitar la lepra
de nuestros pecados. Él es el único que puede quitar,
limpiar, lavar la lepra de nuestros pecados. y cuando somos hechos
limpios por la sangre del Señor Jesucristo somos justificados
delante de Dios santificados delante de Dios perdonados delante
de Dios por el sacrificio del Señor Jesucristo y es más entramos
a tener paz para con Dios ya no hay enemistad con dios sino
paz con dios versículo 4 al 7 en segundo de reyes dice así Entraron
a mano a su señor, le relató diciendo, Así, así ha dicho una
muchacha que es de la tierra de Israel, y del hijo el rey
de Siria, anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel. Salió
pues él llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil
piezas de oro, y diez muras de vestidos, Tomó también cartas
para el rey de Israel que decía así, cuando lleguen a ti estas
cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Namán para
que los sanes de su lepra. Luego que el rey de Israel leyó
las cartas, rasgó sus vestidos y dijo, soy yo Dios que mate
y de vida para que este envíe a mí a que sane un hombre de
su lepra, considerad considerar ahora y ver cómo busca ocasión
contra mí. Ahora, lo que vemos aquí es que
Namán, él no fue al varón de Dios, él fue al Rey de Israel. Él tomó otro camino, otro rumbo. Él no obedeció. lo que escuchó,
sino que él se fue por otro camino. Ahora, podemos pensar que hoy
en día, mayormente en este diciembre, todas las ceremonias, todas las
tradiciones brotan, salen como una luz Y la gente, y la gente
hoy en día está ocupado, preocupado de ir a las tradiciones, a las
costumbres, a los ritos, a las ceremonias. El hombre natural, en vez de
venir a Dios, venir a Cristo para ser limpio, de su pecado,
va al hombre, al sacerdote, va al predicador, va a la religión. Ese es un camino
equivocado. Ese es el camino que es totalmente
equivocado. La Biblia dice, hay camino que
al hombre le parece correcto, pero el fin de ese camino es
muerte, es condenación para siempre, para siempre. Cada uno de nosotros que estamos
aquí en esta mañana no debemos poner nuestra confianza ni nuestra
esperanza en el hombre ni en la religión. No debemos
poner nuestra confianza ni nuestra esperanza en nosotros mismos.
Debemos poner toda nuestra confianza y toda nuestra esperanza en Cristo
Jesús, el autor y consumador de nuestra salvación. Cristo
es nuestra esperanza de gloria. No hay otra esperanza, sino Cristo
mismo. En ningún otro hay salvación
porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en
que podamos ser salvos. Todas las tradiciones, toda la
religiosidad del hombre es en vano. Es en vano. Una religión sin Dios es una
religión muerta, una religión vana. No debemos poner nuestros
ojos en la religión, sino poner nuestros ojos en Cristo. Cristo
dice, mirad a mí y sed salvos todos los términos de la tierra. porque yo soy Dios y fuera de
mí no hay otro no hay otro ahora versículo 8 al 10 dice así cuando Eliseo el varón de Dios
oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos envió a
decir al rey ¿por qué has rasgado tus vestidos? venga a mí ahora
y sabrá que hay profeta en Israel Y vino una man con sus caballos,
con su carro y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.
Entonces, Eliseo le envió un mensajero diciendo, ve y lávate
siete veces en el Jordán y tu carne se te restaurará y serás
limpio. El mensaje, el mandato, la orden
del varón de Dios Anamán es, ve y lávate siete veces en el
Jordán y tu carne se te restaurará y serás limpio. Siete, el número siete es el
número perfecto. Es el número perfecto. La obra de Cristo en su pueblo
escogido es una obra perfecta. La obra de Cristo en su pueblo,
escogido, es una obra perfecta. Todos aquellos que estamos confiando
en Cristo Jesús como nuestro Señor y Dios, como nuestro Señor
y Salvador, en Él, en Él somos perfectos. Somos perfectos. En Él somos justos. somos santos en el, no en nosotros. En nosotros estamos llenos todavía
de mancha, de pecado, pero en Cristo, como nuestro representante,
como nuestro fiador, como nuestra cabeza, en Él somos como Él es. Somos como Él es. Él es sin pecado. Él es perfecto, Él es santo,
nosotros en Él así somos como Él es. Ahora, el mensaje del Varón de
Dios dijo a a Namán, ve y lávate siete veces en el Jordán y vas
a quedar sano. Fue el mandato. Ahora, el Varón
de Dios, el Señor Jesucristo también, Él tiene un mandato
para pecadores que están aquí. Cristo Jesús, el Hijo de Dios,
tiene un mandato para ti. Él te manda, Él te ordena, Él
te dice, arrepiéntate y cree en el Señor Jesucristo y serás
salvo. Él no está hablando de obras.
Él no está diciendo, haz obras para que tú seas salvo. Él no
está diciendo tienes que correr de Mérida a Tizimín para que
seas salvo. No. No. Nada de obras. Las obras no pueden salvarnos. Nuestras obras de justicia no
pueden justificarnos, ni santificarnos, ni quitar, ni lavar nuestros
pecados. Solamente Cristo y su sangre
nos limpia de todo pecado. Jesús dijo a sus discípulos,
vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. El que creyere
y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere será condenado. Dios te manda hoy en esta mañana
que tú te arrepientes y creas en Él de todo corazón. Si no
estás arrepentido de tus pecados, no estás creyendo en Cristo Jesús
como tu Señor y Dios debes de hacerlo. Tú eres responsable
delante de Dios de arrepentirte y creer en el Señor Jesucristo. Cristo dice, el que cree en mí
no es condenado. Pero el que rehúsa creer en mí
no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. Ahora, versículos 11 y 12, dice
así, Y Namán se fue, cuando Namán escuchó este mandato que tiene
que ir a lavarse en el río Jordán siete veces, zambullirse, y dice,
Namán se fue. ¿Cómo? contento, alegre, sonriendo,
enojado. Namán se fue enojado, diciendo,
He aquí, yo decía para mí, saldrá él luego, y estando en pie, invocará
en nombre de Jehová su Dios, alzará su mano y tocará el lugar,
y sanará la lepra. Y sanará la lepra. Habana y Farfar,
ríos de Damasco, no son mejores que todas las aguas de Israel. Si me lavaré en ellos, no seré
tan bien limpio. Y se volvió y se fue enojado. Namán se fue enojado. Ahora, lo que nos está diciendo
es que el hombre natural, El hombre natural que no conoce
a Dios ni cree a Dios tiene un corazón endurecido. Y a la vez ese corazón endurecido,
ese corazón endurecido es un corazón orgulloso. Namán era
un hombre orgulloso, altivo, vanaglorioso. Él le está diciendo,
él pensó, cuando salga el profeta me va a atender porque yo soy
un gran hombre, un hombre importante. Él ha oído de mí. y él me va
a atender como se debe, atender un hombre importante. El profeta
no salió, el profeta no salió, el profeta no puso su mano sobre
él, él le hizo una orden, le dio una orden, haz esto y vas
a quedar bien. no está contento, está enojado
porque es un hombre orgulloso. Un hombre orgulloso es una persona
que se cree mejor que otros. El orgulloso se cree mejor
que otros, más que otros. ¿Se acuerdan de aquel fariseo?
El fariseo estaba en el templo, se puso de pie para que toda
la gente lo viera y comenzó a orar, a decir, Dios te doy gracias
porque no soy como los otros hombres. Ahí está, la altivez,
el orgullo, La vanagloria. No soy como los otros hombres. Yo soy mejor que los otros hombres. Yo soy mejor que otras personas. Yo no soy como este publicano. ¿Este publicano es un ladrón?
¿Un adúltero? ¿Este ladrón es un mal hombre?
Yo no soy como él. ¿Por qué dijo este fariseo esto? Porque era orgulloso, vanaglorioso,
altivo en sí mismo. Una persona altiva, orgullosa,
es una persona que confía en sí mismo. como justo, como recto
delante de Dios. Hermanos, por naturaleza todos
nosotros somos iguales delante de Dios. Por cuanto todos pecaron,
estamos destituidos de la gloria de Dios. Pablo dice no hay ningún
hombre en este mundo mejor todos somos iguales delante de Dios
de pecadores de pecadores entonces Namán él se fue enojado vamos
a leer qué dice el libro de Jeremías capítulo cuarenta y tres Jeremías capítulo cuarenta y
tres Versículos 1 y 2. Aconteció que cuando Jeremías
acabó de hablar a todo el pueblo, el pueblo de Israel, todas las
palabras de Jehová, Dios de ellos, todas estas palabras por las
cuales Jehová, Dios de ellos, les había enviado a ellos mismos. Y dijo a Sarías, hijo de Osías
y Juanán, Hijo de Carea y todos los varones soberbios. Ahí está los varones soberbios,
los hombres soberbios, la gente soberbia. Y dijeron a Jeremías,
mentira dices. Esos soberbios dijeron, tú eres
profeta de Jehová, pero estás diciendo mentiras. Estás mintiendo. Ellos dijeron, No te ha enviado
Jehová nuestro Dios para decir, no vayáis a Egipto para morar
allí. El orgullo lleva al hombre a
la incredulidad, a ser incrédulo a Dios. Como este hombre, Namán,
él no creyó en las palabras del varón de Dios, por eso se fue
enojado. era increíble, era increíble. Ahora, la última parte, versículos
13 y 14 de Segunda de Reyes, dice, más sus criados, más sus
criados se le acercaron y le hablaron diciendo, Padre mío,
¿Cómo lo trataron con sus siervos? Ellos le dijeron, Padre mío,
con amor, con cariño, lo estaban tratando a este hombre por sus
trabajadores. Él les dijo, Padre mío, si el
profeta te mandara alguna gran cosa, una cosa más grande, ¿no
lo haríais? ¿Cuánto más diciéndote, lávate
y serás limpio? lávate y serás limpio? Entonces descendió, él entonces
descendió y se zambulló siete veces en el Jordán conforme a
la palabra del varón de Dios y su carne se volvió como la
carne de un niño y quedó limpio. Namán fue convencido y obedeció. Fue convencido y obedeció la
palabra del Varón de Dios. Un hombre como yo no puede convencer
espiritualmente a otra persona. Yo puedo hablar de la necesidad
de una persona. delante de Dios pero yo no tengo el poder yo
no tengo la capacidad de poder convencer a una persona
a que de sus ídolos yo no tengo el poder ni la capacidad Dios
dice abandona tus ídolos no lo sigas creyendo y yo repito esas
palabras pero yo no tengo ningún poder para convencer a una persona
de a tus tradiciones, de a tus costumbres, de a tus ritos, yo
no tengo ningún poder el Espíritu Santo ha venido en
este mundo y está con nosotros. Y es la única persona capacitada
para poder convencer al hombre de sus pecados. Es lo que dice
Juan Merrat, capítulo 16. En el libro de Juan, capítulo
16. Así como este hombre, Namán fue
convencido Por sus siervos, el Espíritu Santo también tiene
esa misión de convencer al pueblo de Dios. el pueblo que Cristo
ha salvado en la Cruz del Calvario. Dice así, capítulo 16, versículo
8, Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia
y de juicio, de pecado, por cuanto no creen en mí, incredulidad. de justicia por cuanto voy al
Padre y no me veréis más y de juicio por cuanto el Príncipe
de este mundo ha sido ya juzgado y ha sido vencido. El Espíritu
Santo es quien nos convence de nuestra necesidad espiritual. Cada uno de nosotros tenemos
una necesidad espiritual de ser limpios de pecado para que podamos
acercarnos a Dios. Si no somos limpios por la sangre
del Señor Jesucristo, no tenemos la capacidad, no tenemos el camino
abierto para acercarnos a Dios. Aunque ofrezcamos muchos sacrificios
religiosos, hagamos muchas cosas religiosas en este mundo, ese
no es el camino por el cual podemos acercarnos a Dios. Cristo y Su
sangre, Cristo y Su sacrificio es el camino que Él ha abierto
para que cada uno de nosotros podamos acercarnos a Él. ¿Cómo debemos acercarnos a Cristo? Por fe. Por fe en Él. ¿Cómo podemos recibir las bendiciones
de su redención consumada en la cruz? Por fe en Él. Recibimos todas esas bendiciones
que Él ha obtenido en la cruz del Calvario. Namán tenía lepra en su cuerpo. Usted, si está sin Cristo en
esta mañana, tiene una lepra en su corazón. Tiene una lepra
en su corazón. Y esa lepra le impide creer en
el Señor, amar al Señor, ver la gloria de Dios en la faz del
Señor Jesucristo. Cristo vino a este mundo para
quitarnos esa venda de nuestros ojos. Cristo y su Espíritu ilumina
nuestro entendimiento para que nosotros podamos ver la gloria
de Dios en la faz del Señor Jesucristo y gozarnos en Él con el gozo
del Espíritu Santo. Que Dios les bendiga.

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