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JC

2''parte) La base solida de la gran promesa

Romans 8:28-30
Joel Coyoc November, 20 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc November, 20 2022
Estudios en Romanos

El sermón de Joel Coyoc, titulado "La base sólida de la gran promesa", aborda la doctrina de la predestinación y la justificación por la fe, basándose en Romanos 8:28-30. Coyoc argumenta que la promesa de que "todas las cosas ayudan a bien" se aplica específicamente a aquellos que aman a Dios, quienes son los llamados conforme a Su propósito. La argumentación se apoya en la enseñanza de que la obra de la salvación es completamente de Dios: Él predestina, llama, justifica y glorifica. Además, el predicador enfatiza la importancia de comprender la justificación como el acto por el cual Dios declara justo al pecador, únicamente a través de la fe en Cristo, y no por obras humanas. La relevancia de esta enseñanza radica en ofrecer seguridad a los creyentes de que Dios está en control de su salvación, enfatizando que aquellos a quienes llama, Él también los preserva y promete llevarlos a la gloria.

Key Quotes

“La promesa de que todas las cosas obran para bien no es para todos, sino para aquellos que aman a Dios.”

“La justificación es un acto divino, y no puede ser alcanzada por obras, sino solo por la fe en Jesucristo.”

“La obra de salvación del pecador es obra de Dios de principio a fin.”

“Si Dios te ha dado el don de la fe y te está salvando hoy, la prueba de eso es que hoy amas lo que antes aborrecías.”

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en la carta del apóstol Pablo a los romanos. En su capítulo 8. Romanos capítulo
8. Dice la Palabra de Dios, ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu. Porque la ley del Espíritu de
vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la
muerte. Porque lo que era imposible para
la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando
a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado,
condenó al pecado en la carne. Para que la justicia de la ley
se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne,
sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne,
piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu,
en las cosas del Espíritu. Porque lo ocuparse de la carne
es muerte, pero lo ocuparse del Espíritu es vida y paz. por cuanto
los designios de la carne son enemistad contra Dios, porque
no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden, y los que
viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros
no vivís según la carne, sino según el Espíritu. Si es que
el Espíritu de Dios mora en vosotros, y si alguno no tiene el Espíritu
de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros,
el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el Espíritu
vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de Aquel que
levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó
de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos,
deudores somos no a la carne, para que vivamos conforme a la
carne. Porque si vivís conforme a la
carne, moriréis, mas si por el Espíritu hacéis morir las obras
de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados
por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis
recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor,
sino que habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos
Abba Padre. El Espíritu mismo da testimonio
a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también
herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si
es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él
seamos glorificados. pues tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria
venidera que en nosotros ha de manifestarse, porque el anhelo
ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de
los hijos de Dios. Porque la creación fue sujeta
a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó
en esperanza. Porque también la creación misma
será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa
de los hijos de Dios. porque sabemos que toda la creación
gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora,
y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos
las primicias del espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros
mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. porque en esperanza fuimos salvos,
pero la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que alguno
ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos,
con paciencia lo aguardamos, y de igual manera el Espíritu
nos ayuda en nuestra debilidad, pues que hemos de pedir como
conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por
nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones
sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la
voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los
que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Esto es, a
los que conforme a su propósito son llamados. porque a los que
antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme
a la imagen de su hijo, para que él sea el primogénito entre
muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos
también llamó, y a los que llamó, a éstos también justificó, y
a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues,
diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién
contra nosotros? el que no escatimó ni a su propio
hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. ¿Cómo no nos
dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos
de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún
el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito,
por causa de ti somos muertos todo el tiempo. Somos contados
como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas,
somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por
lo cual, estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni
ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir,
ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos
podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor
nuestro. Amén. Estamos meditando ya por tercera
ocasión en los versículos empezamos el el domingo pasado, el miércoles Y sabemos que a los que aman
a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme
a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció,
también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen
de su hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
y a los que predestinó, a éstos también llamó, y a los que llamó,
a éstos también justificó, y a los que justificó, a éstos también
glorificó. Estábamos meditando sobre la
promesa de promesas, la promesa más grande, la promesa, si pensamos
en un edificio alto a la que no se le puede añadir un bloque
más. Todas las cosas obran para bien. ¿De quiénes? De aquellos
que aman a Dios. Y esos que aman a Dios son aquellos
que aman a Dios porque Dios les amó primero. ¿A quiénes? Dice,
a los que conforme a su propósito son llamados. Los que aman a
Dios son aquellos que han sido llamados conforme al propósito
de Dios. No conforma al propósito nuestro.
Si fuera conforme al propósito nuestro, es muy probable que
nosotros estaríamos ahora quizá viendo la televisión. El ejemplo más claro es el apóstol
Pablo. Su propósito de él era ir a Damasco y destruir la iglesia.
Pero Dios lo llamó conforme a su propósito. Dios lo salvó conforme
a su propósito. Dios obró su llamamiento eficaz. Y el miércoles estábamos mirando
lo que es una base sólida para esta promesa. Y seguimos con
la base sólida para la promesa. Estuvimos el miércoles meditando
acerca de lo que es la predestinación, el hecho de que Dios dentro de
toda la humanidad perdida, que únicamente merece condenación,
dentro de una humanidad que lo único que hace es rechazar a
Dios. Dios eligió un pueblo en Cristo Jesús, un pueblo por el
cual el Señor Jesucristo vino a morir. Él vino a salvar a su
pueblo de sus pecados. A lo largo de toda la Escritura
vamos a ver constantemente que aquellos que creen son los que
han sido ordenados para salvación, Aquellos que creen son aquellos
que han sido escritos en el libro de la vida del Cordero desde
antes de la fundación del mundo. Aquellos que creen es porque
son ovejas del Señor, contrario a lo que muchas veces la gente
supone. Hay gente que cree que cuando
alguien creen en el Señor Jesucristo en ese momento, Dios saca su
lápiz y apunta su nombre en el libro de la vida. Pero la Biblia
dice que sus nombres, aquellos cuyos nombres están escritos
en el libro de la vida del Cordero desde antes de la fundación del
mundo. Y otra creencia popular es que,
pues, las cabras o cabritos se convierten en ovejas. Y la verdad
es que Dios tiene un pueblo que ha amado, y esas son sus ovejas.
Y a su debido tiempo, esas ovejas, dice el Señor Jesús, mis ovejas,
oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida
eterna. Es obra de Dios la salvación
de un pecador de principio a fin. Dice la Biblia, hablando de Lidia,
la vendedora de púrpura, que estaba escuchando la predicación
del apóstol Pablo, y Dios abrió su corazón para que ella creyese
el evangelio. cuando pensamos en esta gran
promesa de promesas, esta promesa que a mí me emociona cuando pienso
en esa promesa, en la promesa de todas las cosas obran para
nuestro bien, nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras
dificultades, nuestras enfermedades, un motor descompuesto, la lluvia
en el momento menos esperado, una devaluación de la moneda,
una enfermedad, cualquier cosa, dice, todas las cosas obran para
bien. Ya vimos también que el bien,
este es uno de los pasajes que quizás se utilizan más para consolar,
pero el bien no es cualquier cosa que nosotros queramos poner,
el bien es ser conformado a la imagen de Su Hijo. El bien es
ser glorificado. El bien es ser más como Cristo. Ese es el bien. Ser, crecer cada
día. en la gracia y el conocimiento
de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Ver cada día ahora
oscuramente como a través de un espejo y siendo transformados
de gloria en gloria. Y mirar nuestra realidad con
expectativa, como lo hacía el apóstol Juan. Amados, ahora somos
hijos de Dios. Aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser. Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos
semejantes a Él. ¿Por qué? Porque le veremos ya
no como a través de un espejo, sino le veremos tal como Él es. Y al Dios que vamos a ver en
el cielo es el Señor Jesucristo. A Dios nadie le vio jamás. El
unigénito Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado
a conocer. Dice, vimos su gloria, gloria
como del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.
Dice, y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros.
Felipe diciéndole, muéstranos al Padre y nos basta. Hace tanto
tiempo que estoy contigo y no me has visto. Y cuando pensamos
en esta gran promesa de saber que el sufrimiento del Señor
Jesucristo le da sentido al sufrimiento de sus redimidos, cuando pensamos
en esta gran, gran, grandísima promesa, nosotros tenemos que
descansar sobre una base sólida. Y la frase que vamos a meditar
está en el versículo 30, donde dice, a estos, a los que predestinó,
a estos también llamó, a los que llamó, a estos también justificó,
a los que llamó, a estos también justificó. La justificación,
el llamado y la justificación, la predestinación, el llamado,
la justificación, a los que llamó a estos también
justificó, es bien importante entender el asunto de la justificación
por la fe sola en la obra del Señor Jesucristo. Es bien importante
que nadie se confunda y nadie crea que tiene una gran esperanza
de que todo está obrando para su bien si él no ha entendido
efectivamente lo que significa la justificación por la fe sola. Y quisiera leer algunos versículos Romanos capítulo 3, versículo
28. Quisiera que pudiera buscarlo
en su Biblia y seguir con la vista. Romanos 3, 28 dice, Concluimos, pues, que el hombre
es justificado por fe sin las obras de la ley. A los que llamó,
a estos también justificó. Concluimos, pues, que el hombre
es justificado por fe sin las obras de la ley. Romanos capítulo
4, versículo 4 al 5 dice, pero al que obra no se le cuenta el
salario como gracia, sino como deuda. Mas al que no obra, sino
cree en aquel que justifica limpio, su fe le es contada por justicia. Voy a leerlos nuevamente. El
primer versículo es 3.28 que dice, concluimos pues, que el
hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. cuatro
cuatro cinco pero el que obra no se le cuenta el salario como
gracia sino como deuda más el que no obra sino cree en aquel
que justifica limpio su fe le es contada por justicia santiago
2 20 al 24 dice, ¿Mas quieres saber, hombre
vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por
las obras Abraham, nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac
sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente
con sus obras y que la fe se perfeccionó por las obras? Y
se cumplió la escritura que dice, Abraham creyó a Dios y le fue
contado por justicia y fue llamado amigo de Dios. estamos claros con lo que estamos
leyendo. En el siglo XVI, Dios salvó a
un hombre que toda su vida estuvo orientado a pensar que él tenía
que hacer algo para alcanzar el favor de Dios. Él había sido
educado en un contexto donde todo era obrar para ser salvo,
hacer buenas obras para ser salvo. Se buscaba muchas cosas que hacer
para ser salvo. Algunos esperaban llegar a la
ciudad de Roma y poder tocar alguna reliquia. Decían que ahí
había espinos de la corona del Señor y si tú tocabas un espino
de esos y cosas de ese tipo. Y este hombre estudiando la epístola
del apóstol Pablo a los romanos, Dios iba hablando y él iba mirando
cómo la justicia de Dios se revela por fe y para fe. No obstante,
toda su vida en esclavitud, toda su vida sin entendimiento de
la gracia de Dios, hasta que llegó aquel momento en que Dios
lo llamó eficazmente por su espíritu. Definitivamente este hombre era,
de los que dice aquí, a los que predestinó, a estos también llamó. Y él tuvo algo que había anhelado
siempre, llegar a la ciudad de Roma. Y estando en la ciudad
de Roma, él empezó a subir de rodillas una escalinata donde
dicen algunos que subió San Pedro. Aunque es muy probable que históricamente
San Pedro nunca estuvo en Roma. Pero algunos han inventado que
él estuvo allí. Y mucha gente va y hace subir esos escalones
de rodillas. Y él estaba allí subiéndose escalones
de rodillas cuando de pronto él en su mente empezó a resonar
el versículo que dice, el justo por la fe vivirá. Justificados
pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo. Y en ese momento ese hombre se
puso de pie y él dijo, ¿qué es lo que estoy haciendo? No tengo
que estar haciendo esto. El justo por la fe vivirá. Justificados
pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo. Pasó el tiempo y este mismo hombre
iba creciendo en la gracia y de pronto llega al libro de Romanos,
de Santiago, a la carta del apóstol Santiago. Y él empieza a tener
algunos conflictos en su corazón al punto de que él llegó en desesperación
y él agarró esa carta y se fue a un río que estaba allí en Alemania
y tiró la carta al río. Hermanos, en la Escritura no
hay ninguna sola contradicción. No necesitamos armonizar los
pasajes de Romanos y Santiago porque no se contradicen. ambos
están escribiendo y tratando situaciones distintas que se
estaban dando dentro de las correspondientes iglesias. Y, en verdad, no hay
ningún conflicto en estos dos versículos. Años después, Dios
le dio entendimiento a Martín Lutero, y él entendió que, pues,
no había por qué arrancar de la Biblia el libro de Santiago
y echarlo al río, porque no está enseñando otra manera de ser
justificado distinta a la que está enseñada en toda la Escritura.
No necesitamos armonizarlas porque armonizan. ¿Qué es el problema
que el apóstol Pablo está abordando? El problema que el apóstol Pablo
está abordando es exactamente el problema que Martín Lutero
tenía, y que la mayor parte de los hombres tienen, de creer
que hay algo que tienen que hacer para ser justificados, para ser
declarados justos delante de Dios, para ser mirados justos
y sin falta y sin pecado delante de Dios, se piensa que hay algo
que se tiene que hacer. El joven rico vino y su pregunta
fue, maestro bueno, ¿qué bien debo hacer para heredar la vida
eterna? y no se podía hacer, no hay nada
que hacer para tener una herencia. Lo que hay que hacer es ser de
la familia para que puedas tener derecho a la herencia. Y Pablo
está enfocando el asunto en no nos equivoquemos con algo que
hacer para ser justificados. No se es justificado, no se obra
para ser justificado. Por el contrario, Santiago está
abordando otro problema. personas que dicen pues yo creo
en Dios y ya con eso de creer en Dios está todo bien yo sé
algunas cosas algunos hechos acerca de Dios y yo creo esos
hechos pero simplemente en un asentimiento en un asentimiento
intelectual y hermanos no hay ninguna situación de conflicto
entre estos dos pasajes ambos están apuntando a qué es la fe
verdadera El apóstol Pablo está hablando, el hombre dice, concluimos
pues que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Y el hombre es justificado por
fe sin las obras de la ley porque nadie es capaz de cumplir la
ley. La ley es una unidad total en su conjunto y quien quebranta
uno de los mandamientos ha quebrantado toda la ley. Ahora, después él
dice, pero al que no obra no se le cuenta el salario como
gracia, sino... pero al que obra no se le cuenta el salario como
gracia, sino como deuda, mas al que no obra, sino cree en
aquel que justifica el impío, su fe le es contada por justicia. Ambos, tanto Santiago como Pablo,
toman el ejemplo de Abraham, como un hombre que fue justificado
por la fe, y no hay ningún conflicto. Hay
algo que es bien importante que entender y es, hermano, dice
Santiago, vamos a Santiago capítulo 2 Santiago está abordando el tema
de gente que cree que la promesa que todas las cosas obran para
su bien y que él puede estar lleno de esperanza, pero está
tomando la fe con liviandad, sin un entendimiento verdadero
de lo que es la fe. Y el apóstol Santiago dice en
versículo 19, tú crees que Dios es uno, bien haces, también los
demonios creen y tiemblan. ¿Tú sabes algunos hechos acerca
de Dios? ¿Tú crees en Dios? ¿Tú crees en el Señor Jesucristo?
¿Tú crees que Cristo de verdad vino a esta tierra, nació, murió
en la cruz? ¿Tú crees que una persona puede
ser salvo por creer en el Señor Jesucristo? ¿Tú crees esas cosas? ¿Sabes? Una de las cosas que
es muy cierta es El diablo y los demonios saben eso. Porque ellos
saben de historia. Y ellos creen eso. Pero lo creen
como simplemente cosas en un conocimiento intelectual. Y aquí
Santiago está tratando con ese tipo de fe que no es la fe salvífica. dice más quiere saber hombre
vano y qué es lo que sucede cuando una persona cree así una persona
cree así y esa persona puede hacer cosas religiosas una persona
cree así y puede recitar credos una persona cree así puede recitar
conceptos correctos del evangelio pero cuando se trata de la vida no hay vida no se trata simplemente
de ser ortodoxos en el credo El Evangelio es vida. La fe verdadera
da vida. Y la fe verdadera es don de Dios. Y no se trata de creer que Dios
es uno, y de creer verdades acerca de Dios. La palabra clave está
en el versículo 22, dice, ¿no ves que la fe actuó juntamente
con sus obras y que la fe se perfecciona por
las obras? 23. Y se cumplió la Escritura
que dice, Abraham creyó a Dios. Crees en Dios, crees en Cristo. Pero Abraham hizo algo. Creía
en Dios. Es bueno que creas en Dios. Pero
hay algo que sucedió en Abraham por la obra de la gracia de Dios,
y es que Abraham creyó a Dios. Es muy distinto creer en Dios,
creer en Cristo, creer las verdades del Evangelio, y otra muy distinta
es creer a Dios, creer a Cristo, creer a las verdades del Evangelio. Uno puede creer en Dios. Los demonios creen, pero no hay
justificación para ellos. Justificados por la fe. Justificados
por la fe sola. Pero lo que Santiago está diciendo
aquí, la fe que es don de Dios, la fe que es el fruto del Espíritu
Santo, es una fe que se le da a alguien que está muerto, hermano
sabes un muerto no puede creer porque está muerto cuando dios
por la obra del espíritu santo por la proclamación del evangelio
le da vida el muerto oye y no podemos llegar a la conclusión
de que es primero yo creo que son cosas simultáneas que dios
obra dios le da vida le da fe dios le da la fe que salva, es
un don de Dios. La caída es tan grande que el
hombre cree en Dios, y qué bueno que cree en Dios. Es tan necio
no creer en Dios. Dice la Biblia, dice el necio
en su corazón, no hay Dios. Pero la cosa es clamar al Señor
para que te dé el don de la fe. Y en lugar de ser alguien que
simplemente cree en Cristo y cree ciertas verdades teológicas,
si es una persona que cree Dios, que crea al Señor Jesucristo,
que el Señor en verdad te dé vida por su espíritu. ¿Quién
es justificado? No simplemente cualquiera que
puede recitar el credo. o que puede hablar y decir cosas
intelectualmente acerca del evangelio, sino aquel que Dios le ha dado
la fe salvadora, esa fe que es don de Dios. Y aquí es un llamado
a ser cuidadosos, a no tener fe en nuestra fe. No es nuestra
fe que nos salva, es la fe del Señor Jesucristo. La fe del creyente
es preciosa porque es don de Dios, pero en cuanto que pertenece
al creyente está llena de debilidad. Y es la fe, el Señor Jesucristo
creyó a su Padre sin nunca dudar de su Padre. La gente, burlándose
de él, dijo, creyó a Dios, líbrele a él. Y él se mantuvo creyendo
a su padre. Y su padre le libró, cumplió
todas sus promesas. No permitió que su santo vea
corrupción. Al tercer día, él se levantó triunfante de entre
los muertos. Él nunca tuvo una sombra de duda. Él sabía que su padre es el ser
más digno de confianza. hermano, es creer a Dios, y lo
que Santiago está diciendo, si tú crees pero no pasa nada, es
que en realidad no has creído nada, si tú crees pero no hay
vida, es que te estás engañando, es que esta gran promesa de que
todo obra para tu bien, pues no es para ti, es que no hay
herencia para ti, es que es necesario clamar al Señor que Él sea el
que te dé arrepentimiento para vida. Si escuchas la voz de Dios,
clamar al Señor para que te dé arrepentimiento para vida, la
fe, el creer a alguien. Yo soy seguro, todos ustedes
creen en mí porque me ven aquí, pero si yo les digo ahora que
se está cayendo el techo, nadie me ha creído. ustedes me
creyeron claro que creen en mí es un hecho de la historia nací
el 22 de enero de 1970 vivo en mérida estoy vengo cada ocho
días y ustedes me ven algunos me han tocado y pues claro que
creen en mí como un hecho de la historia pero dije algo ahorita
y nadie se movió de su silla porque no me han creído la gente
cree en dios cree en cristo pero no hay vida porque la fe salvadora
y el obrar del evangelio es un milagro que dios obra la salvación
de un pecador es obra de dios y el clamor del corazón es dios
si me estás llamando dame fe para creer dame esa fe verdadera
hermano Todas las figuras, cuando hablan de lo que significa creer,
implican un asunto que es vida. Dice la escritura, por ejemplo,
yo soy la vid verdadera, mi padre es el labrador. Todo pámpano
que en mí no permanece, no lleva fruto. El que en mí permanece,
lleva fruto. La vida del creyente es fructífera.
Si alguien cree que esta promesa es de él, pero no hay vida, clama
al Señor que te salve. no es para ti esta promesa. es la vida de Cristo, estar en
Cristo, ser guiados por su espíritu, tener el espíritu de Cristo dando
testimonio a tu espíritu de que eres un hijo de Dios. Alguien
que se está deleitando cada vez en pensar, no en las cosas de
la tierra, sino en las cosas del espíritu. Alguien que está
ocupado en aquello que es vida y paz. Alguien que está haciéndose
evidente cada día, siendo un hacedor de la paz, como decíamos
en la mañana. Y es, no hace la paz para ser hijo de Dios, sino
porque es un hijo de Dios, hace la paz. La importancia de esto
es, hermanos, no poner los caballos, no poner la carreta delante de
los caballos. Es la fe salva. Es una obra sobrenatural de Dios.
Estos pasajes no tienen ni un conflicto. Están hablando de
realidades distintas en iglesias distintas. De asuntos que se
dan en diferentes tiempos, en diferentes personas. Personas
que creen que tienen que estar obrando para ganar su salvación.
Y personas que creen, pues porque yo creo en Dios, o porque yo
repetí tal día una oración, pues yo estoy yendo al cielo aunque
vivo como el diablo. Y eso es, son los distintos problemas que
está abordando Romanos. Pablo en la Epístola de los Romanos
y Santiago en su Epístola. No tomar a la fe como una cosa
ligera, de simplemente sentir verdades de una manera intelectual,
sino en realidad clamar al Señor para que eso que está en nuestro
conocimiento como algo académico pueda afectar en verdad nuestro
corazón, clamar que él nos dé vida por su espíritu. Cuando pensamos en el asunto de la justificación, Tenemos que pensar en Romanos
capítulo 5, versículo 1. Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Y aquí surge una pregunta. ¿Somos justificados por el acto
inicial de fe? debemos permanecer en la fe para
ser justificados somos justificados por nuestro acto inicial de fe
genuina o debemos permanecer en la fe para ser justificados
y aquí hermano es importante que nosotros podamos hacer énfasis
en algo que hemos escuchado la salvación es del señor la obra
de salvación de un pecador es obra de dios de principio a fin El ejemplo que tanto Santiago
como Pablo están utilizando de Abraham deja entender claro que
es necesario perseverar, pero la pregunta es, ¿somos justificados
por nuestro acto inicial de fe genuina o debemos permanecer
en la fe para ser justificados? Y aquí no debemos olvidar algo. Hermanos, la fe es don de Dios. La fe es
don de Dios. Y eso responde a la primera parte
de la pregunta. ¿Somos justificados por nuestro
acto inicial de fe genuina? ¿Somos justificados por el acto
inicial de fe genuina o debemos permanecer en la fe para ser
justificados? Cuando nosotros miramos el versículo
1, del capítulo cinco de romanos dice justificados pues por la
fe tenemos paz para con dios por medio de nuestro señor jesucristo
y el apóstol pablo está hablando que los creyentes aquellos que
dios les ha dado fe en el señor jesucristo no serán justificados
sino ya son justificados justificados pues por la fe tenemos paz para
con dios por medio de nuestro señor jesucristo Y no obstante,
el Señor Jesucristo dice en Marcos 13, 3, el que perseverare hasta
el fin, ese será salvo. El que perseverare hasta el fin,
ese será salvo. La obra de salvación del pecador
es obra de Dios de principio a fin. ¿Por qué es que perseveran
los creyentes? ¿Por qué aquellos que han creído
en el Señor Jesucristo son justificados? El versículo que estamos meditando
dice, a los que predestinó, a éstos también llamó, a los que llamó,
a éstos también justificó, a los que justificó, a éstos también
glorificó. ¿Se ha fijado quién es el que
lleva la acción? La acción es del Señor. El Señor
predestinó. El Señor llamó. El Señor justificó. El Señor glorificó. Ahora, por
supuesto que es necesaria la perseverancia. Y los creyentes
perseveran por una razón. Porque Dios persevera. El verdadero
creyente no va a perder la fe. Aquel que apostata de la fe,
sencillamente nunca tuvo fe. Nunca recibió el don de Dios.
Dios es un Dios que todo lo que quiere, ha hecho. Y cuando Dios
determina que va a salvar a alguien, Él lo va a llamar eficazmente
por la proclamación del Evangelio. Él lo va a justificar. Y Él lo va a llevar a la gloria. El Señor Jesús en la cruz dijo,
consumado es. Y consumado es no es que su vida
estaba terminando y estaba consumada, sino estaba diciendo, consumada
es la obra que vine a hacer. ¿Y qué es la obra que Él vino
a hacer? Llamará su nombre Jesús porque Él salvará a su pueblo
de sus pecados. Y, hermanos, la perseverancia
es necesaria, pero los verdaderos creyentes perseveran porque Dios
persevera. Nuestra salvación es totalmente
dependiente de la obra de Dios. No obstante, somos llamados a
ser responsables en obrar en nuestra salvación, aunque tenemos
la certeza y la seguridad de que Dios persevera. Pero es importante
que no tomemos con liviandad, como cosa ligera, el hecho de
la fe. asegurarte de que tu fe en verdad es don de Dios, de
que en verdad se está haciendo una obra de gracia, que cada
día, yo no espero que todos crezcamos a la misma velocidad, y Dios
no tiene ese propósito. Pero la verdad que cada uno tenga
en su corazón la paz de saber que el Espíritu da testimonio
a tu espíritu de que eres hijo de Dios. Que en verdad estás
experimentando cada día el hecho de que has conocido a Dios y
has probado que Él es bueno. Estás cada día anheloso y deseante
de su palabra, alimentándote como un niño recién nacido. Que
cada día estás experimentando la vida del Señor Jesucristo.
que cada día hay una transformación y un crecimiento en la gracia,
que cada día estamos creciendo a la imagen de nuestro gran Dios
y Salvador Jesucristo. Hermano, nuestra salvación es
obra de Dios de principio a fin. Si Dios te ha salvado, Dios va
a llevar el buen término a la consumación de tu salvación.
Algo que es necesario asegurarnos es, dice la Biblia el que comenzó
en vosotros, la buena obra la perfeccionará hasta el día de
Jesucristo. ha comenzado Dios una obra en tu corazón, asegúrate
que tu salvación se está obrando por Dios, y que no es tu propia
obra, porque si no es obra de Dios, no va a llegar a buen término.
Dios no deja lo que empieza a medias, estando persuadido de esto, que
el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará
hasta el día de Jesucristo. Dios va a hacer todo lo que tiene
que hacer, y Él va a glorificar a aquellos que predestinó. Nadie
por quien Cristo murió va a terminar en el infierno. Él es un Salvador
exitoso. Ninguno de los que mediste se
perdió, sino el hijo de perdición. mis ovejas oyen mi voz y las
conozco y me siguen y les doy vida eterna y no perecerán jamás
ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi padre que me las dio
es mayor que todos y nadie las puede arrebatar de la mano de
mi padre. El apóstol Pablo cierra el capítulo ocho justamente con
con lo mismo. El apóstol Pablo termina diciendo,
dice, ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica,
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún
el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos podrá separar
del amor de Dios? ¿Quién nos podrás, nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? ¿Quién? Nadie puede separarnos del amor
de Dios que es en Cristo Jesús, porque Él nos guarda. Él no nos
va a dejar huérfanos. Él nos ha dado su espíritu. Él
va a cumplir su promesa. Él está pasando en medio del
horno de la aflicción para hacernos crecer a su imagen, para que
podamos conocerle mejor. Pero qué importante es asegurar
que nuestra fe, en verdad, es una fe que es más preciosa que
el oro. Ya en primera de Pedro, Segunda de Pedro. Hablando acerca de la misma verdad,
Pedro dice en capítulo uno, segunda de Pedro dice, como todas las
cosas que pertenecen a la vida y a la piedad, nos han sido dadas
por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que
nos llamó por su gloria y excelencia. por medio de las cuales nos ha
dado preciosas y grandísimas promesas para que por ella llegases
a ser participantes de la naturaleza divina, ser como Cristo, llegar
no a lo que Adán perdió, mucho más de lo que Adán perdió, Adán
podía pecar o no pecar, cayó en pecado y lo único que puede
hacer quien ha nacido de Adán es pecar, pero en Cristo es ser
como Él es, no poder pecar más, dice habiendo huido de la corrupción
que hay en el mundo a causa de la concupiscencia, vosotros también
poniendo toda diligencia en esto, en esto mismo, y aunque la obra
de salvación y la consumación y la glorificación es obra de
Dios, a los que llamó, a los que predestinó, llamó, a los
que llamó, justificó, a los que justificó, glorificó, no obstante,
somos llamados en responsabilidad humana, y aquí dice la Biblia,
Vosotros también, poniendo toda diligencia en esto mismo, añadid
a vuestra fe virtud, a la virtud conocimiento, al conocimiento
dominio propio, al dominio propio paciencia, a la paciencia piedad,
a la piedad afecto fraternal, al afecto fraternal amor. Hermano,
implica una responsabilidad, pero todo lo que está diciendo
Pablo es algo que sucede, porque hay vida. una vida que se está
transformando, una vida que está creciendo cada día a la imagen
de Cristo, añadiendo a la fe virtud, a la virtud conocimiento,
al conocimiento dominio propio, al dominio propio paciencia,
a la paciencia piedad, a la piedad afecto fraternal, al afecto fraternal
amor. Porque si esas cosas están en
vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto. Soy la vid verdadera y mi Padre
Salvador, el que en mí permanece, lleva fruto. El que no permanece
es inútil, y esa es una característica de alguien que no es creyente.
Dice la Biblia, a una se hicieron inútiles. Dice, no os dejarán
estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro
Señor Jesucristo, pero el que no tiene estas cosas tiene la
vista muy corta, es ciego habiendo olvidado la purificación de sus
antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto
más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo
estas cosas no caeréis jamás. Y hermanos, los hermanos lo hacen
y no caen. porque el Señor persevera a los
santos, porque Él les da vida eterna. Aquellos que en verdad
Dios les ha dado fe. Lo que nosotros predicamos del
Evangelio no es que cualquier persona que dice una oración
o que dice creer en Cristo es salvo una vez para siempre. Lo
que nosotros creemos, porque la Escritura enseña, es que aquel
que Dios llama eficazmente por la proclamación del Evangelio,
que aplique al Espíritu Santo a su corazón y lo salva, ese
es salvo y siempre salvo. Y ese está cada día siendo enseñado
por la gracia de Dios y está cada día aprendiendo a decir
no a la impiedad y a los deseos pecaminosos. Esa es la realidad,
es vida, es la vida del Señor Jesucristo. No es que Dios nos
guarde de ser personas simplemente espiritualoides y que haya en
verdad una obra de gracia en nuestro corazón. Hermanos, que
no nos ocurra lo que ocurre a personas. Hay personas que pueden venir
por la calle peleando con la familia y cuando pasa esa puerta
se transforma. Puede venir gritando, maltratando, cuando pasa ahí
hasta la voz cambia. Hablamos distinto acá adentro.
No es eso, hermano. Que oigamos la voz del buen pastor.
Que en verdad nos aseguremos que estamos en la fe. Que no
temos cosas a la ligera. Y podemos ser personas que decimos
creer el evangelio y creer en Dios. Pero si crees el evangelio,
si Dios te ha salvado, Dios está obrando tu crecimiento en gracia.
Antes bien, crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo. Hay una gran promesa y el cimiento
sólido de esa promesa es asegurarte de que en verdad Dios te ha dado
el don de la fe por lo cual estás justificado. culpa ha sido cubierta. Justificado es ser declarado
justo delante de Dios. Saber que puedes cantar con paz
en tu corazón y con gozo en tu corazón. Estoy bien con mi Dios. Gloria a Dios. Estoy bien con
mi Dios. De poder saber que todas las
cosas están en paz con Dios porque la sangre de Jesucristo, su Hijo,
efectivamente ha limpiado mi corazón de maldad. El saber y
pensar en lo que Cristo sufrió en la cruz por mí me lleva a
aborrecer el pecado que una vez amé. Si Dios te ha dado el don
de la fe y te está salvando hoy, la prueba de eso es que hoy amas
lo que antes aborrecías y aborreces lo que antes amabas. Hoy tienes
nuevos intereses, te interesan cosas que antes no eran de tu
interés y ahora tienes desinterés por las cosas que antes no tenías
interés Hay evidencias prácticas de la
vida. Y hermanos, si Dios te está hablando,
clama al Señor que te salve. Clama al Señor que te dé arrepentimiento
para vida y que te dé fe en el Señor Jesucristo. Y si has creído,
si has creído en el Señor Jesucristo, pues, Es necesario dar testimonio
público de tu fe en el Señor Jesucristo. ¿Y cómo se da testimonio
público de fe en el Señor Jesucristo? Mediante el bautizo. Dice la
Biblia, dice que el Evangelio se predique, dice, el que creyere
y fuere bautizado será salvo, pero el que no creyere será condenado.
No es creer más bautizarse, pero bautizarse es dar testimonio
público. Si tú has creído y no te bautizas,
eso no va a quitar tu salvación. Pero lo más natural es que una
persona que ha creído se quiera identificar públicamente a través
de dar un testimonio público en las aguas del bautismo. Vamos
a orar.

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Joshua

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