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Lo que Jesus Hizo

John 13:3-5
Joel Coyoc January, 17 2021 Video & Audio
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Joel Coyoc January, 17 2021
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about Jesus washing the disciples' feet?

The Bible illustrates Jesus washing His disciples' feet as a profound act of service and humility, embodying His love for them.

In John 13:3-5, Jesus demonstrates His authority and love by washing His disciples' feet, an act typically reserved for the lowest servant. This pivotal moment underscores not only Christ's humility but also His role as a servant leader. By performing this act, Jesus teaches His disciples the importance of serving one another in love, reflecting the character of His kingdom, where the greatest is the one who serves. Through this act, He exemplifies the sacrificial love that defines the relationship between Him and His followers.

John 13:3-5

How do we know that Jesus' authority is true?

Jesus' authority is established through His divine nature and His fulfillment of God's plan, which is clearly depicted in the Gospel of John.

Jesus' understanding of His authority is evident in John 13, where He acknowledges that all things have been given to Him by the Father. His claim of sovereignty is backed by His identity as God, as described in passages such as John 1:1, which states that the Word was God. Through His actions and teachings, Jesus consistently affirms His divine authority and purpose. The narrative reveals that His authority comes not only from being the Son of God but also from His willingness to serve, illustrating the paradox of leadership in His kingdom.

John 13:3-5, John 1:1

Why is servant leadership important for Christians?

Servant leadership is crucial for Christians as it reflects Jesus' example and fosters humility and love within the community.

The concept of servant leadership is foundational in Christian living, as modeled by Jesus during the Last Supper. In John 13, Jesus not only washes His disciples' feet but also teaches them that true greatness comes from serving others. This principle is vital in fostering a community defined by love and humility. The Apostle Paul echoes this sentiment in Philippians 2:3-4, urging believers to act without selfish ambition and to look out for the interests of others. By embodying servant leadership, Christians contribute to a more harmonious and Christ-centered community, reflecting the character of Christ and fulfilling the command to love one another.

John 13:3-5, Philippians 2:3-4

How does Jesus demonstrate love for His disciples?

Jesus demonstrates love for His disciples by serving them, exemplified in His humble act of washing their feet.

In the act of washing His disciples' feet, Jesus exhibits profound love and humility. This display of service is not merely an act of cleanliness but a powerful illustration of the sacrificial love He embodies. He instructs His disciples to love one another as He has loved them (John 13:34), setting the standard for how they should relate to one another. This teaching emphasizes that love is not just a feeling but an action demonstrated through serving others. Furthermore, this service points to the ultimate sacrifice He would make on the cross, showcasing that true love often involves personal cost and humility.

John 13:3-5, John 13:34

What does it mean to be washed by Christ?

To be washed by Christ signifies being cleansed from sin through His sacrificial act, ensuring one's participation in His grace.

Jesus' response to Peter in John 13 highlights the theological significance of being 'washed' by Him. While the physical act of washing feet illustrates humility, the deeper meaning relates to the cleansing from sin through Christ's sacrifice. When Jesus tells Peter that unless He is washed, he will have no part with Him, it not only emphasizes the necessity of Christ's redemptive work but also the importance of authentic faith and participation in His grace. Believers are called to understand that this washing represents a vital spiritual cleansing that comes through faith in Christ, ensuring fellowship with Him.

John 13:8-10

Sermon Transcript

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Buenas noches, hermanos. Vamos
a abrir nuevamente nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan,
en su capítulo trece. San Juan trece. Dice la palabra
de Dios, antes de la fiesta de la Pascua, para que pasase de este mundo
al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo,
los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo
ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón,
que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas
las cosas en las manos y que había salido de Dios y a Dios
iba, se levantó de la cena y se quitó su manto y tomando una
toalla se la ceñó. Luego puso agua en un lebrillo
y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugarlos
con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón
Pedro y Pedro le dijo, Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió
Jesús y le dijo, Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, más
lo entenderás después. Pedro le dijo, no me lavarás
los pies jamás. Jesús le respondió, si no te
lavaré, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro, Señor, no
solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo,
el que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está
todo limpio, y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque
sabía quién le iba a entregar, por eso dijo, no estáis limpios
todos. Así que después que les hubo
lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa y les dijo,
¿sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y
señor y decís bien porque lo soy. Pues si yo el señor y el
maestro he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado para
que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de
cierto os digo, el siervo no es mayor que su señor, ni el
enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciéreis. No hablo de todos,
no hablo de todos vosotros, yo sé a quienes he elegido, mas
para que se cumpla la escritura, el que come pan conmigo levantó
contra mí su calcañar. Desde ahora os lo digo antes
que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. De cierto,
de cierto os digo, el que recibe al que yo enviare, me recibe
a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió. Habiendo
dicho Jesús esto, se conmovió en espíritu y declaró y dijo,
de cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar.
Entonces, los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién
hablaba. Uno de sus discípulos, al cual
Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. A este, pues,
hizo señas Simón Pedro para que preguntase quién era aquel de
quien hablaba. Él, entonces, recostado cerca
del pecho de Jesús, le dijo, Señor, ¿quién es? Respondió Jesús,
a quien yo diera el pan mojado, aquel es. Y mojando el pan, lo
dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. Y después del bocado,
Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo, lo que
vas a hacer, hazlo más pronto. Pero ninguno de los que estaban
a la mesa entendió por qué le dijo esto, porque algunos pensaban,
puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía, compra lo
que necesitamos para la fiesta, o que diese algo a los pobres.
Cuando él pues hubo tomado el bocado, luego salió y era ya
de noche. Entonces, cuando hubo salido,
dijo, Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús, ahora es glorificado
el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es
glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y
enseguida le glorificará. Hijitos, aún estaré con vosotros
un poco. Me buscaréis, pero como dije
a los judíos, así os digo ahora a vosotros. a donde yo voy, vosotros
no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy,
que os améis unos a otros como yo os he amado, que también os
améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois
mis discípulos, si tuvierais amor los unos con los otros. Le dijo Simón Pedro, Señor, ¿a
dónde vas? Jesús le respondió, ¿a dónde
yo voy? No me puedes seguir ahora, más
me seguirás después. Le dijo Pedro, Señor, ¿por qué
no te puedo seguir ahora? mi vida pondré por ti", Jesús
le respondió, ¿tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto
te digo, no cantará el gallo sin que me hayas negado tres
veces. Vamos a meditar los versículos
del 13 al 20. y estamos en el contexto ya de
lo que es la institución de la cena del señor, Juan no narra
propiamente la institución de la cena, sino lo que el apóstol
Juan narra es lo que ocurrió posterior a la cena del señor
y dice el versículo 2, y cuando cenaban,
como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote,
hijo de Simón, que le entregase, ya habían cenado. Lo que no se
había hecho era propiamente la institución de la cena, de lo
que es Cuando él partió el pan y repartió el vino, eso fue hasta
que Judas, el señor, prácticamente lo echó del lugar, le dijo lo
que vas a hacer, hazlo pronto. Y quisiera que pudiéramos meditar
en algunas cosas que ocurren después entre lo que es propiamente
la cena y la institución de la cena del señor. Y quisiera que pudiéramos pensar
en ello. Vamos a estudiar varias veces varios de los versículos.
Uno, poder mirar qué es lo que Jesús hizo. Y quisiera hoy que
nuestra atención pueda estar en lo que Jesús hizo. Después,
si Dios quiere, el miércoles vamos a estudiar acerca de lo
que Jesús dijo. En lo que vamos a meditar hoy
empieza primero con el versículo tres que dice, sabiendo Jesús
que el Padre le había dado todas las cosas en las manos y que
había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena, se
quitó su manto y tomando una toalla se la ciñó. Sabiendo Jesús
que el Padre le había dado todas las cosas en las manos y que
había salido de Dios y a Dios iba. El Apóstol Juan está dejando
muy claro aquí algo acerca del Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo
tenía muy claro su posición de autoridad. Ya Él ha escrito antes
que toda autoridad, todo juicio se había entregado al Hijo, para
que todos honren al Hijo así como honran al Padre. toma el tiempo para escribir
y para dejar claro algo que era sumamente claro para el Señor
Jesucristo y era que él sabía con suma claridad cuál era su
posición de autoridad. En otros pasajes se dice que
el padre dice al hijo, siéntate a mi diestra hasta que ponga
a tus enemigos por estrado de tus pies. Y enfatizando su posición
de autoridad como hijo de Dios, como Dios que tomó forma humana,
Y después dice, no sólo que deja clara su posición de autoridad,
sino también dice, sabiendo que había salido de Dios y a Dios
iba. Sabiendo su origen, él pues él
es Dios. El apóstol Juan ha escrito en
el principio era el verbo y el verbo era con Dios y el verbo
era Dios. Todas las cosas por él fueron
hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En base a dejar claro su posición
de autoridad, su identidad como Dios, su origen en Dios y su
destino otra vez a Dios, a una posición de exaltación con Dios,
el Señor Jesucristo empieza a… se pone en acción. No quisiera
usar la palabra actuación, el Señor no estaba actuando, pero
Él estaba haciendo una representación de algo que
era propiamente su carácter. El Señor Jesús es llamado por
el profeta Isaías como el siervo del Señor. Y Él tomó forma de
siervo, dice el apóstol Pablo. Dice en los evangelios también
que el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir
y para dar su vida en rescate por muchos. El apóstol Pablo
cuando habla de, no exactamente de lo que va a ocurrir que está
narrando el apóstol Juan, pero esto que va a narrar el apóstol
Juan es en una forma de ilustrar de manera objetiva lo que representa
toda la obra de redención que el Señor hizo por servicio primeramente
a su Padre. platicando hoy un poco con Israel
y a veces nosotros solemos pensar mucho en el amor de Dios y el
amor de Cristo para con nosotros y en verdad que el Señor nos
ama, en verdad que la Biblia dice mirad cuál amor nos ha dado
el Padre, pero a veces escapamos de pensar y se nos escapa un
poco la cuestión del amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Pudiéramos pensar que Todo esto,
el hijo, el padre presenta en el profeta Isaías al hijo como
su siervo. Dice, mi siervo, mi siervo en
que mi alma tiene complacencia. Y pudiéramos pensar que todo
ocurre en función de Dios mismo, del amor del padre al hijo, del
amor del hijo al padre. y no hacer tanto énfasis, aunque
no está mal, yo pienso y creo que el amor de Dios hacia nosotros
es una consecuencia del amor perfecto, del amor intenso, indescriptible
entre el padre y el hijo. Y, por así decirlo, nos salpica
al pueblo de Dios. no caer en el error que muchas
veces se ha hecho de hacer un evangelio donde el hombre es
el centro. El hombre no es el centro. A
veces la gente o grupos de gente van a la playa y miran la creación
y dicen, mira qué cosas ha hecho Dios para nosotros. Y bueno,
dice la Biblia que Dios ha hecho todo para su gloria. Y bueno,
nos da el privilegio de disfrutarlo, pero no nos equivoquemos. Dios
ha hecho todo para sí mismo. Y bueno, nos da el privilegio
de disfrutarlo, pero no es que lo ha hecho para nosotros. Es
la perfección del amor de Cristo por su Padre y del Padre por
su Hijo. Es esa perfección de amor que
escogió una esposa para su Hijo, la cual el Hijo compró por su
propia sangre. pero que el padre entrega al
hijo. Y en ese contexto está el contexto
de mostrar su carácter de siervo de Dios. El apóstol Pablo dice, nada hagáis
por contienda o por vanagloria, haya pues en vosotros el mismo
sentir que hubo en Cristo Jesús. ¿Sabe una de las cosas que es
importante para que podamos vivir de esa manera? Eso no es natural
en nosotros. ¿Sabe que es natural en nosotros
hacer todo por contienda o por vanagloria? Eso es natural en
nosotros. Muchas veces eso se ve, por ejemplo,
en las familias siempre es un problema, no siempre, gracias
a Dios no siempre, pero en muchas familias es un problema si los
padres empiezan a repartir los bienes y empiezan los problemas
entre los hijos. Solo Dios nos puede hacer tener
la visión, dijo Jesús, cuando aquel que llamó a sus siervos
a los siervos y los dio diferentes horarios y les pagó igual y entonces
hubo queja y Jesús dijo no me solicito hacer conmigo lo que
quiero y bueno lo que Dios le haya dado a los padres es de
los padres y que ellos hagan lo que quieran y debemos estar
pero sólo Dios puede hacer que entendamos eso ahora Lo natural
en nosotros es hacer todo lo contrario. Hacer todo por contienda
o por vanagloria. Eso es muy, muy natural en nosotros. Y justamente el Apóstol Pablo
llama la atención hacia lo que es el Evangelio. El Apóstol Pablo
después de decir, no hagas nada por contienda o por vanagloria,
sabiendo que eso es lo que vamos a hacer si no está el Evangelio,
dice, haya pues en vosotros el mismo sentir como en Cristo Jesús.
Y el apóstol Pablo empieza a decir, el cual siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios. Y lo que empieza a ocurrir en
este pasaje, llega un momento en la cena, en que el Señor Jesús
se levanta de su asiento en la cena. Dice, el Señor está haciendo. Y mirar qué es lo que está haciendo.
El Señor se levantó de la cena, dice, cuando empieza el versículo
4. El Señor, estar sentado a la mesa para cenar, pues es estar
en una posición de confort, estar en comodidad. Y sabe, el Señor
se levantó de la cena. Sabe, los discípulos de Cristo
no eran muy distintos a aquellos hermanos que en aquel entonces
Pablo estaba diciendo, nada hagáis por contiendo o por vanagloria.
Y tampoco eran muy distintos a nosotros. al inicio de esta
última semana, y quizá en otras ocasiones, había habido discusiones
entre ellos de quién iba a ser el mayor en el reino. Una madre
de dos de ellos vino a pedirle que uno de sus hijos se siente
a la derecha y el otro a la izquierda. Y pues los demás, nadie, no fue
su mamá a pedir un lugar, pero no estuvieron muy contentos de
que la mamá de estos hubiera tenido el atrevimiento. Jesús les dijo en esa ocasión,
y justo allí les dijo, como el Hijo del Hombre no vino para
ser servido, les dijo, en mi reino, que no es de este mundo,
no es como en los reinos de este mundo donde los grandes son los
que se señorean de los demás, Y sabe aquí el Señor va a ejemplificar
toda su obra de servicio como el siervo del Señor, el siervo
del Señor como nos muestra el profeta Isaías. Y quisiera leer algunos versículos
ahí del profeta Isaías. Dice la escritura, he aquí mi
siervo, yo le sostendré. El padre, Dios el padre, hablando
de Dios el hijo. Dice, he aquí mi siervo, yo le
sostendré. Mi escogido en quien mi alma
tiene contentamiento. He puesto sobre él mi espíritu.
Él traerá justicia a las naciones. No gritará ni alzará su voz,
ni la hará oír en las calles. No quebrará la caña cascada,
ni apagará el pábilo que humeare. por medio de la verdad traerá
justicia, no se cansará ni desmayará hasta que establezca en la tierra
justicia y las costas esperan su ley. El Isaías 53 que es el
evangelio allá en Isaías. Pero específicamente el versículo
11 dice, verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará
satisfecho por su conocimiento. Por su conocimiento justificará
mi siervo justo a muchos y llevará las iniquidades de ellos. Y sabe
el poder mirar el evangelio. El Señor está aquí ejemplificando
lo que hizo en una escala mayor. Ahí Él se levantó del lugar de
comodidad en la mesa. Los discípulos habían estado
apurados discutiendo quién iba a ser el mayor y era costumbre
que dentro de la servidumbre de una casa en ese contexto cultural,
los siervos no eran todos iguales, tenían categorías. Y había un
ciervo que era el ciervo que tenía la posición más baja. Y había un trabajo que le correspondía
hacer a ese ciervo que tenía la condición del ciervo de menor
rango. Y era que cuando había invitados
a una cena, a una comida, antes de comer debían lavar los pies
de los invitados. Y sabe, dice la Biblia aquí,
que ya habían cenado. Y resulta que los discípulos
todos comieron con los pies sucios. Y probablemente ninguno de los
discípulos habría tenido problema de lavar los pies a Jesús. En ese tiempo era también bastante
usual que hubiera maestros que tenían discípulos. Y algo que
estaba establecido dentro de las normas de costumbre de los
judíos era que ningún maestro podía exigir a sus discípulos
que le lavaran los pies. Así que si el maestro no podía
exigir a sus discípulos, no le estaba permitido, no era aceptable,
pues imagínese que el discípulo pues sea objeto de que el maestro
le lavara los pies. Ahora, todos ellos, si nosotros
nos podemos pensar un poco en cómo eran los caminos en ese
tiempo. Bueno, nosotros venimos hoy,
gracias a Dios, todos a la iglesia con zapatos cerrados, y no importa
si están baratitos los zapatos, pues están cerraditos. Además,
gracias a Dios, pues ni siquiera pisamos la calle. En la cochera
nos subimos al auto y se cerró el auto y ni el polvo entra.
Y venimos y estamos aquí. Pero ellos caminaban por caminos
polvorientos. Y la manera de servir la cena
no era, pues en una de nuestras cenas, pues eso queda muy escondida
porque está debajo de una mesa y nosotros nos sentamos en una
silla y ya no se ve mucho cómo está el pie. Pero ellos comían
en mesas chaparritas y recostados. Así que era muy fácil ver los
pies sucios, incluso no solo verlos, probablemente sentir
el olor desagradable de los pies sucios. Y sabe, probablemente
ninguno de ellos habría tenido problema en lavar los pies de
Jesús, pero lavar los pies de Jesús los comprometía a pues
que había que lavarle los pies a alguien más, y lo más seguro
es que ninguno estuvo dispuesto. Y todos comieron así, sin lavarse
los pies, hasta que el Señor Jesucristo dejó su asiento. Yo me imagino un momento de una
tensión incómoda. Hay algo que ellos tenían claro
y el Señor Jesús lo sabía, porque Jesús les dijo después, ustedes
me llaman a mí maestro y señor y decís bien porque lo soy. Ya
antes el apóstol Pedro, por ejemplo, había visto a Cristo en el monte
de la transfiguración. Ya antes él había hecho su confesión
de fe, tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente. Y de
pronto el maestro, el Señor, se levanta del asiento de incomodidad.
Y es un recordatorio, ¿sabe? El Señor estaba en un lugar de
comodidad que Él justamente merece porque Él es el Señor de la gloria.
Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. Porque la
Biblia dice, tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder,
la gloria, la victoria y el honor. Y como la adoración celestial
que dice que Él es digno de recibir la gloria, la honra y el honor,
y él dejó ese lugar de gloria. Él dejó su asiento de comodidad
en el trono. Después de que el Señor se levantó
de la cena, dice, se quitó su manto. Y sabe, él igual se quitó, se despojó,
dice el apóstol Pablo, dice, no se aferró a ser igual a Dios,
sino se despojó a sí mismo y tomó forma humana. dice que se quitó
el manto y tomó una toalla y se la ciñó. Isabel se vistió de
humildad, se vistió, era lo que tenía que tomar el siervo de
la condición más humilde y el Señor Jesús tomó esa toalla,
se ciñó, el Señor trajo un lebrillo puso agua y el señor comenzó
a lavar los pies de sus discípulos. Y sabe, todo es un cuadro de
cómo él dejó su gloria, cómo él nació en un pesebre, cómo
él vivió y padeció en todo según nuestra semejanza, con una vestidura
de humildad, con una... Siempre se nos ha compartido
el hecho de que, pues, No hay punto de comparación entre lo
que Jesús hizo. Si alguno de nosotros se volviera
gusano, de todos modos nosotros somos criaturas y el gusano es
criatura, pero sabe que Él es el Creador. Y Él no es tan humillante
el que uno de nosotros se convierta en gusano, con el punto de humillación
entre que el Señor de la gloria tomara forma humana. se hiciera
hombre, se hiciera uno de nosotros, se identificara con nosotros,
y sabe que él hiciera la provisión, trajo el agua, sabe que él dio
su sangre, él dio su sangre, él trajo el agua para lavar los
pies, pero no sólo él proveyó la sangre, sino él mismo nos
lavó, dice en la adoración de los Celestial dice al que nos
amó y nos lavó de nuestros pecados, no simplemente dio su sangre,
él nos lavó en su sangre, él estaba allí representando su
obra delante de los ojos, estaba proclamando el evangelio en una
forma gráfica ante los ojos de sus discípulos. ¿Sabe? La única
cosa que nos puede hacer a no hacer nada por contienda o por
vanagloria es justamente el clamar al Señor para que nos haga ver
la magnitud de la humillación del Señor Jesucristo. ¿Sabe? El hecho de que el Señor dejara
su trono de gloria, un lugar que le correspondía por derecho,
que voluntariamente tomara forma humana y que voluntariamente
no sólo tomara forma humana sino voluntariamente tomara la forma
humana y estuviera dispuesto a cargar mi pecado y recibir
la maldición del padre el juicio de dios por causa de mi pecado
y de los pecados de su pueblo sabe que proveyera lo que se
necesitaba para limpiar su sangre y que él mismo la vara a su pueblo
y él lavó los pies de sus discípulos. Nadie decía nada hasta que llegó
don Pedro y el apóstol Pedro pues él dijo tú me lavas los
pies y después él dijo no me vas a lavar los pies jamás. ¿Quién era el Apóstol Pedro. El Señor Jesús le dijo, si no
te lavo, no tendrás parte conmigo. Y acá es bien importante que
podamos notar lo que el Señor está comunicando. El señor cuando le dijo a Pedro,
si no te lavo no tendrás parte conmigo, no estaba hablando exactamente
de lo que iba a hacer a lavarle los pies, porque sabe a Judas
le lavó sus pies y Judas no tuvo parte porque el señor estaba
hablando de lavar el cual no se hace con agua. ¿sabe? del labar donde él proveyó, ¿con
qué labara? proveyó su sangre, sin derramamiento
de sangre no hay remisión de pecados y si nos ponemos a pensar
quién era Pedro, pues Pedro era un discípulo que había visto
el monte de la transfiguración y había visto al Señor Jesucristo,
pero ¿sabe qué? no era suficiente eso, no es
suficiente alguna experiencia religiosa, es necesario que Cristo
te lave y Cristo debía lavar y ya había lavado al apóstol
Pedro, porque le dijo después el Señor, no solo mis pies. Dice
Pedro, bañame Señor. Y él le dice, el que ya está,
dice el Señor, el que está lavado no necesita sino lavarse los
pies, pues está todo limpio y vosotros limpios estáis, aunque no todos. ¿Sabe? El Señor está dejando
claro algo aquí, no importa de qué nación, no importa qué cosas
hayas visto, no importa, recuerde que Pedro caminó sobre el mar,
nada de eso era trascendente para tener parte con Cristo.
Lo que es trascendente e importante para tener parte con Cristo es
que seas lavado en la sangre del Cordero. no es cumplir con
algo externo, el señor estaba haciendo mucho más que… hay gente
que ha tomado este lavamiento de los pies como algo que se
ha vuelto una ceremonia, hay grupos religiosos que cada año
traen pobres y un sacerdote hace, ahí efectivamente hacen una actuación,
actúa. Pero no es eso lo que el Señor
Jesús estaba haciendo. ¿Sabe? El Señor estaba ejemplificando
cómo es el carácter de su reino, cómo es el carácter de Cristo. Estaba ejemplificando su amor
servicial por su Padre y como una consecuencia, como un resultado
también a su pueblo. Estaba ejemplificando el amor
de Cristo a su iglesia. Y cuando pienso en todo esto,
necesito el Evangelio. Yo pienso que si hubiera estado
en el lugar del Señor Jesús, recuerde que el Señor sabía que
se aproximaban las 24 horas. Cuando muchas veces experimento
estar cansado, ¿sabe en quién empiezo a pensar? Pero el Señor Jesús estaba a
punto de enfrentar una agonía tremenda. Una agonía terrible. A él no le iba a tomar por sorpresa
eso. Él sabía exactamente todo lo que venía en las horas siguientes.
Pero sabe que en todos esos momentos el Señor Jesús estaba desbordando
su amor por su Padre. En todos esos momentos estaba
mostrando su amor por su Iglesia. Y sabe, hermanos que somos esposos,
somos llamados al arrepentimiento, porque no somos llamados a amar
a nuestras esposas como creemos o como las fuerzas nos dan o
la inteligencia nos da. ¿Sabe? Esto que Jesús está haciendo,
aún en lo crítico, porque a veces me encuentro que cuando la situación
es crítica yo siento que estoy justificado, Pero no es así. Porque dice que soy llamado a
amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia y se entregó
a sí mismo por ella. ¿Sabe? No hay nada que me justifique. Lo que tengo que hacer es dar
gracias a Dios porque siendo un miserable que no puede hacer
lo que es llamado a hacer, Cristo lo ha hecho por mí. En Cristo
está el perdón por mi fracaso. En Cristo está la fuerza para
poder cada día, mostrar el carácter de Cristo. Es algo que tengo
que reconocer, no está en mí, que no nos sintamos nunca bien
de lo que hacemos, porque la medida no es si tu esposa sonríe
o no sonríe. La medida no es si tu esposa
te reclama o no te reclama. La medida es como Cristo amó
a su iglesia y se entregó por ella. Como Cristo estaba haciendo
allá al servir a sus discípulos, aún pensando en lo terrible que
venía, Él no estaba pensando en sí mismo. Estaba pensando
y movido por el amor de siervo para su padre y por el amor de
siervo para su iglesia. Y el poder mirar la necesidad
también de ser lavado en la provisión que Cristo ha hecho de su propia
sangre. El llamado a no confiar en si has estado tiempo cercano
con la gente de Cristo o con Cristo, como Judas lo estuvo. Judas no tuvo parte. Jesús dijo,
ya los que están, dice, el que está lavado no necesita sino
lavarse los pies, pues está todo limpio y vosotros limpios estáis,
aunque no todos. Y estaba haciendo una referencia
directa a Judas. que sabe no caer en el engaño
de pensar que se cumple con un rito externo y ya está hecho. Hay mucha gente que ha llevado
estas cosas a ritos externos. Sabe, la medida y la demanda
del Evangelio es alta. Por eso Cristo vino para satisfacer
la demanda. No es algo que usted y yo podemos
cumplir. No podemos cumplir nada de lo
que Dios demanda. Pero en Cristo está nuestra esperanza.
En Cristo está nuestra esperanza de perdón por el fracaso. En
Cristo está nuestra esperanza de victoria sobre el pecado.
En Cristo está mi esperanza de amar a mi esposa como Cristo
amó a la iglesia. En Cristo está la esperanza de
servir a mis hermanos como Cristo sirvió a los suyos. ¿Sabe? Es en Él donde está toda mi esperanza. Y hay un asunto importante. A
veces nos atemoriza pensar que la gente se va a pasar de lista
o los hermanos quizás se pasen de listos. Pero sabe que Juan
empieza diciendo de la identidad, la seguridad de la identidad
del Señor Jesucristo. Y sabe que con nosotros ocurre
igual. Que nuestra seguridad de identidad sea la que nos haga
servir por amor de Jesús. ¿Sabe? Nuestra identidad, nuestro
valor no está en función de lo que hacemos. no está en función
de lo que tenemos, está en función de en quién estamos. ¿Sabes? Si estamos en Cristo, hemos sido
revestidos de dignidad por causa del Señor Jesucristo. ¿Sabes? Somos sus amigos, somos sus hermanos,
somos coherederos con Cristo. Todo está ya hecho a favor de
nosotros por la obra de Cristo. ¿Sabes? Eso debe ahuyentar todo
temor. todo temor de pensar en lo que
puedan asumir los demás y tener la visión de poder dar un servicio
con un corazón de siervo por amor a Dios, por amor al Padre
en respuesta al amor de Cristo, en respuesta al amor de Cristo
dice la escritura el amor de Cristo nos constriñe dice pensando
que uno murió por todos y por todos murió para que los que
viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó
por ellos. Hermanos, que no nos preocupe
la actitud de los demás. Sabe que no nos preocupe de nuestra
esposa, de nuestros hijos, de los hermanos. Que nos preocupe
el que Dios, por su evangelio, produzca en nuestro corazón el
mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. que siendo en forma de
Dios no estimó el ser igual a Dios, como cosa que aferrarse. Que
en los momentos de mayor agonía, en esos momentos que son nuestros
momentos, que son infinitamente menores, jamás vamos a saber
qué es lo que oprimía, angustiaba, afligía al corazón de Cristo
en esos momentos. Nunca. nunca vamos a tener una
presión, de esas que yo personalmente reconozco que a veces tiendo
a justificar malas actitudes. Y sin embargo el Señor Jesús,
sabiendo perfectamente cada cosa que iba a atravesar, estaba entregado
en amor por los suyos, en amor a su Padre. Al servir a los suyos
estaba haciendo un servicio a su Padre. Sabe que podamos hacer
todo pensando que lo hacemos para el Señor y no para los hombres. Hermana, cuando tenga que lavar
los mismos trastes en el mismo fregadero, y a veces nadie dice
gracias, pero todo lo que hagáis sea de palabra, de hecho, hacedlo
todo en el nombre del Señor Jesús para la gloria del Señor, recordando
lo que Cristo hizo, recordando cómo Jesús ahí se levantó de
su asiento, Y uno pudiera pensar el choque que produjo eso en
los discípulos. Pero, ¿sabe? La más grande humillación
de Cristo ya había sido hecha. O sea, no fue cuando Él dejó
esa silla en la cena. Bueno, no era una silla, pero
su asiento en la cena. Sino fue cuando dejó su trono
de gloria. O sea, fue cuando se vistió de
debilidad humana, vistiéndose de siervo. Fue cuando Él dio
su propia sangre. proveyó para lavarnos y no sólo
eso, él nos lavó, él nos lavó, no él dio la sangre para que
tú te laves, él nos lavó, al que nos amó y nos lavó de nuestros
pecados con su sangre. La obra de limpieza de un pecador
es obra del Señor Jesucristo de principio a fin. No olvides
algo. No confíes en ceremonias externas. No confíes en el hecho de un
bautismo, de algo externo. No. Sabe, el Señor Jesús hizo
esto para dar enseñanza del carácter de su reino. Pero es necesario
ser lavado por Cristo. Ser lavado por Cristo. ¿Sabe? A Pedro cuando le dijo, si no
te lavo, no tienes parte conmigo. No estaba refiriendo exactamente
al hecho de lavarle sus pies, porque después le dijo, ya vosotros
estáis limpios. Y el que está limpio no necesita
sino lavarse los pies. Y otra cosa importante aquí con
la actitud de Pedro. Pedro fue lo suficientemente
humilde para darse cuenta de que pues de lo que estaba sucediendo.
Pero, ¿sabe? Pedro era lo suficientemente
orgulloso como para poder decirle al maestro y señor que eso tiene
que hacer. ¿Sabe? Reconoció humildemente
Pero después se atrevió a decirle, Señor, no solo mis pies, lávame
las manos y la cabeza. Y el Señor no aceptó el que él
le dijera cómo se tenían que hacer las cosas. Sabe que Dios
obre en nuestro corazón. y nos libre de ambas cosas, de
querer decirle al Señor cómo se tienen que hacer las cosas.
¿Sabe? En nuestra salvación, Dios ha
definido cómo se hacen las cosas. No te equivoques de ser sabio
y pensar cómo las cosas tienen que hacer en cuanto a tu salvación.
¿Sabe? Tu salvación es obra de Dios
de principio a fin. Cristo provee lo que necesitas
para limpiarte y ser presentado limpio delante de Dios y Él mismo
te lava. Dice un himno asallado en Cristo
plena salvación por la sangre que Cristo vertió Si no has hallado esa salvación,
clama al Señor Jesucristo. Si Él está hablando a tu corazón,
clama al Señor Jesucristo. Si esa figura de cómo Él dejó
su gloria conmueve tu corazón y el Señor está hablando a tu
corazón, ven al Señor Jesucristo. ¿Sabe? El Señor dice que puedes
venir al trono de su gracia. Dice la Biblia que nadie que
viene a Cristo va a ser echado fuera. Ven al Señor Jesucristo. ¿Sabe? Él está llamando a los
suyos por medio de la predicación del Evangelio. Y el mensaje es,
cree en el Señor Jesucristo. La Biblia dice, el que cree en
el Hijo tiene la vida. El que rehúsa creer en el Hijo
de Dios no verá la vida. La ira de Dios está sobre él. Y a los que estamos en Cristo,
no olvidemos, hermanos, seguir mirando a Cristo. Seguir mirando
a Cristo y poder seguir mirando cuánto necesitamos de Cristo. Necesitamos a Cristo. Cuando
pienso, por ejemplo, en si soy un buen esposo, la verdad es
que si el modelo es Cristo, no lo soy. Pero doy gracias a Dios
porque en Cristo está mi esperanza. porque no confío en lo que yo
hago, sino en lo que Cristo ha hecho por mí. Y sabe el poder,
la mejor cosa que por su gracia puedo hacer es reconocer que
soy pecador, es reconocer que siempre me tengo que arrepentir
del esposo que soy, porque el modelo es Cristo Jesús. Si no
has venido a Cristo, ven a Cristo. Si has venido a Cristo, sigue
viniendo a Cristo. Hermanos que somos, compartimos
el hecho de ser esposos. Sigamos viniendo a Cristo. Sigamos
viniendo a Cristo. Tenemos una responsabilidad,
amar a nuestras esposas como Cristo amó a la Iglesia. Amén.

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Joshua

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