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JC

Benedicto de Cristo

John 7:19-24
Joel Coyoc August, 12 2020 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc August, 12 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about fulfilling the law?

The Bible states that no one fulfills the law, as all have sinned and fall short of God's glory.

In John 7:19, Jesus asserts that 'none of you keeps the law,' highlighting the universal inability of humanity to satisfy God's righteous demands. This sentiment is echoed throughout Scripture, as Paul writes in Romans 3:10-12, declaring that 'there is no one righteous, not even one; there is no one who understands; there is no one who seeks God.' The law was given to reveal our sinful nature and incapacity to achieve righteousness on our own. It serves as a mirror, reflecting our need for salvation through Christ, who perfectly fulfilled the law in our stead.

John 7:19, Romans 3:10-12

How do we know Jesus is the fulfillment of the law?

Jesus is recognized as the fulfillment of the law through His life, death, and resurrection, which accomplished what the law could not.

Jesus explicitly fulfills the law by living a sinless life and embodying its perfect requirements. In Matthew 5:17, He states, 'Do not think that I have come to abolish the Law or the Prophets; I have not come to abolish them but to fulfill them.' Throughout His ministry, He demonstrated His authority over the law, often correcting misinterpretations held by the religious leaders of His time. The Apostle Paul further affirms this in Romans 10:4, stating, 'Christ is the culmination of the law so that there may be righteousness for everyone who believes.' His fulfillment of the law brings about a new covenant, where believers are justified by faith, not by works.

Matthew 5:17, Romans 10:4

Why is understanding our inability to keep the law important for Christians?

It is vital for Christians to comprehend our inability to keep the law to fully appreciate the grace afforded to us through Christ's sacrifice.

Recognizing our inability to keep the law is crucial for grasping the essence of the Gospel. As stated in Romans 3:20, 'Therefore no one will be declared righteous in God’s sight by the works of the law; rather, through the law we become conscious of our sin.' Understanding this helps dismantle any sense of self-righteousness and leads us to the grace of God, wherein there is forgiveness and redemption. Moreover, it fosters humility, as we are reminded that our salvation depends solely on Christ's sacrifice and God's mercy, not our own efforts. This perspective is echoed in Ephesians 2:8-9, where salvation is described as a gift, ensuring that no one can boast about their works.

Romans 3:20, Ephesians 2:8-9

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Buenas tardes, hermanos. Vamos
a abrir nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan en su capítulo 7. Dice la Palabra de Dios Después
de estas cosas, andaba Jesús en Galilea, pues no quería andar
en Judea, porque los judíos procuraban matarle. Estaba cerca la fiesta
de los judíos, la de los tabernáculos, y le dijeron sus hermanos, sal
de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean
las obras que haces. Porque ninguno que procura darse
a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate
al mundo. Porque ni aún sus hermanos creían
en él. Entonces Jesús les dijo, Mi tiempo
aún no ha llegado, mas vuestro tiempo siempre está presto. No
puede el mundo aborreceros a vosotros, mas a mí me aborrece, porque
yo testifico de él que sus obras son malas. Subid vosotros a la
fiesta. Yo no subo todavía a esa fiesta,
porque mi tiempo aún no se ha cumplido." Habiéndoles dicho
esto, se quedó en Galilea. Pero después que sus hermanos
habían subido, entonces él también subió a la fiesta. no abiertamente,
sino como en secreto. Y le buscaban los judíos en la
fiesta y decían, ¿dónde está aquel? Y había gran murmullo
acerca de él entre la multitud, pues unos decían, es bueno, pero
otros decían, no, sino que engaña al pueblo. Pero ninguno hablaba
abiertamente de él por miedo a los judíos. Mas a la mitad
de la fiesta subió Jesús al templo y enseñaba. Y se maravillaban
los judíos diciendo, ¿Cómo sabe este letras sin haber estudiado? Jesús les respondió y dijo, Mi
doctrina no es mía, sino de Aquel que me envió. El que quiere hacer
la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios o si
yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta,
su propia gloria busca. Pero el que busca la gloria del
que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. ¿No os dio Moisés la ley y ninguno
de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme? Respondió
la multitud y dijo, Demonio tienes, ¿quién procura matarte? Jesús
respondió y les dijo, una obra hice, y todos os maravilláis. Por cierto, Moisés os dio la
circuncisión, no porque sea de Moisés, sino de los padres. Y
en el día de reposo circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre
la circuncisión en el día de reposo, para que la ley de Moisés
no sea quebrantada, os enojáis conmigo, porque en el día de
reposo sané completamente a un hombre, No juzguéis según las
apariencias, sino juzgad con justo juicio. Decían entonces
unos de Jerusalén, ¿no es éste a quien buscan para matarle?
Pues mirad, habla públicamente y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido
en verdad los gobernantes que éste es el Cristo? Pero éste
sabemos de dónde es, mas cuando venga el Cristo nadie sabrá de
dónde sea. Jesús entonces enseñando en el
templo al sola voz y dijo, A mí me conocéis y sabéis de dónde
soy, y no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero,
a quien vosotros no conocéis. Pero yo le conozco, porque de
él procedo y él me envió. Entonces procuraban prenderle,
pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora.
Y muchos de la multitud creyeron en él y decían, el Cristo cuando
venga hará más señales que las que éste hace. Los fariseos oyeron
a la gente que murmuraba de él estas cosas. Los principales
sacerdotes y los fariseos enviaron algo a Siles para que le prendiesen.
Entonces Jesús dijo, todavía un poco de tiempo, estaré con
vosotros e iré al que me envió. Me buscaréis y no me hallaréis,
y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir. Entonces los
judíos dijeron entre sí, ¿a dónde se irá éste que no le hallemos?
¿Se irá a los dispersos entre los griegos y enseñará a los
griegos? ¿Qué significa esto que dijo,
me buscaréis y no me hallaréis, y a donde yo estaré vosotros
no podréis venir? En el último y gran día de la
fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo, Si alguno
tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice
la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto
dijo del Espíritu que había de recibir los que creyesen en Él.
Pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había
sido aún glorificado. Entonces, algunos de la multitud,
oyendo estas palabras, decían, verdaderamente, éste es el profeta. Otros decían, éste es el Cristo.
Pero algunos decían, de Galilea ha de venir el Cristo. ¿No dice
la Escritura que del linaje de David y de la aldea de Belén,
de donde era David, ha de venir el Cristo? Hubo entonces disensión
entre la gente a causa de él, y algunos de ellos querían prenderle,
pero ninguno le echó mano. Los alguaciles vinieron a los
principales sacerdotes y a los fariseos, y éstos les dijeron,
¿por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron,
jamás hombre alguno ha hablado como este hombre. Entonces los
fariseos les respondieron, ¿también vosotros habéis sido engañados?
¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes o de los fariseos?
Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es. Les dijo Nicodemo,
el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos, ¿juzga
acaso nuestra ley a un hombre, si primero no le oye y sabe lo
que ha hecho? Respondieron y le dijeron, ¿eres
tú también Galileo? Escudriña y ve, que de Galilea
nunca se ha levantado profeta. Vamos a meditar los versículos
del 19 al 24. Y nuestro tema esta noche es
veredicto de Cristo, veredicto de Cristo. Voy a leer los versículos
que vamos a meditar y lo voy a leer en otra traducción de
la escritura que dice, no les ha dado Moisés la ley a ustedes,
sin embargo, ninguno de ustedes la cumple. ¿Por qué tratan entonces
de matarme? Estás endemoniado, contestó la
multitud. ¿Quién quiere matarte? Hice un
milagro y todos ustedes han quedado asombrados. Por eso Moisés le
dio la circuncisión, que en realidad no proviene de Moisés, sino de
los patriarcas, y aún en sábado la practican. Ahora bien, si
para cumplir la ley de Moisés circuncidan a un varón incluso
en sábado, ¿Por qué se enfurecen conmigo si en sábado los sano
por completo? No juzguen por las apariencias,
juzguen con justicia. Veredicto de Cristo ¿Qué es un
veredicto? El diccionario dice que es la
decisión final pronunciada por un jurado sobre la inocencia
o culpabilidad de un acusado o sobre un hecho en un litigio. Y también dice que es el dictamen
o juicio emitido reflexivamente por una persona con autoridad. Dictamen o juicio emitido reflexivamente
por una persona con autoridad. En este pasaje podemos encontrar
que el Señor Jesucristo pronuncia un veredicto, y en realidad Él
es una persona que emite este veredicto de una manera reflexiva,
y Él es la persona con la mayor autoridad. Cristo emite un veredicto
sobre toda la humanidad, ya que a Él se le ha encomendado todo
juicio. En Juan 5.22.23 dice, Porque
el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al
Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El
que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. Además, el Señor Jesucristo conoce
perfectamente al hombre porque Él le creó. También en San Juan
capítulo 1.3 dice que todas las cosas por Él fueron hechas, y
sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En otros lugares de la Escritura
se nos muestra que Él tiene autoridad para dar un veredicto sobre el
hombre. Juan 2, 24-25 dice, Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos,
porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie
le diese el testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en
el hombre. Y en el Antiguo Testamento la
Escritura dice, Engañoso es el corazón más que todas las cosas,
y perverso. ¿Quién lo conocerá? Y la respuesta
es, yo Jehová que escudriño la mente, que pruebo el corazón
para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus
obras. En este pasaje, el Señor en su
veredicto nos dice por lo menos cuatro cosas acerca de la humanidad.
que intentamos desesperadamente cubrir, así como Adán y Eva intentaron
con hojas de higuera, sin embargo, es inútil intentar cubrir delante
de los ojos del Señor, porque todas las cosas están desnudas
ante sus ojos. Y estas cuatro cosas que el Señor
nos dice y que vamos a estudiar en el pasaje es, la número uno,
el Señor dice, ningún hombre cumple la ley. Este es un veredicto
que sale de la misma boca del Señor Jesucristo, que tiene toda
la autoridad para decirlo, y dice, ningún hombre cumple la ley. Después dice el Señor, todo hombre
está dispuesto a matar a quien yo no llene sus expectativas. Todo hombre no sólo no cumple
la ley, sino está dispuesto a matar a quien no llene sus expectativas,
incluso a Dios mismo. La otra cosa que dice el Señor
es, todo hombre está dispuesto a juzgar y a sentenciar sin tener
los elementos suficientes para hacerlo. Todo hombre está dispuesto
a juzgar y a sentenciar sin tener los elementos suficientes para
hacerlo. Y la cuarta cosa que dice el Señor es, todo hombre
se maravilla ante Cristo y sus obras, pero su naturaleza no
le permite ver quién en verdad es Cristo. El primer punto del
veredicto que dice el Señor es que ningún hombre cumple la ley.
Y allá en el versículo 19, el Señor dice, no os dio Moisés
la ley, y dice el Señor, y ninguno de vosotros cumple la ley, ¿por
qué procuráis matarme? Y con todas sus letras el Señor
afirma, dentro de esta pregunta hay una
afirmación. La pregunta es si Moisés dio la ley, pero el Señor
dentro de esa pregunta afirma que ninguno cumple la ley. No hay ninguna persona que cumpla
la ley. Y es importante prestar atención
a esto porque mucha gente en todos los tiempos ha pensado
que cumple la ley. Podemos recordar a aquel joven
rico que se acercó al Señor Jesús y le dijo qué tenía que hacer
para heredar la vida eterna. Y el Señor le dijo, los mandamientos
sabes. Y él preguntó, ¿cuáles mandamientos?
Y el Señor le empezó a decir, y él dijo, ah, todo eso lo he
guardado desde mi juventud. Él pensaba que cumplía la ley.
Y saben, muchos de nosotros podemos pensar que cumplimos la ley,
pero el Señor dice en forma de veredicto, y con toda la autoridad,
porque Él conoce al hombre, porque Él no mira lo que está delante
de sus ojos, pues Él mira el corazón. Y con toda autoridad,
el Señor dice, no te engañes, ninguno de vosotros cumple la
ley. Este es el veredicto de Aquel
ante cuyos ojos todas las cosas son visibles. Por lo tanto, escuchemos y oremos a Dios que
nos dé oídos. para oír siempre con mucha atención
lo que Jesús dice, y sobre todo lo que dice acerca de nosotros
como descendientes de Adán, como nacidos de Adán. No perdamos
atención, no olvidemos lo importante que es escuchar cuando Cristo
dice, ninguno de vosotros cumple la ley. El apóstol Pablo, que él consideraba que cumplía
la ley y que era celoso, se encuentra con el Señor Jesucristo, cree
en el Señor Jesucristo, y dice la Biblia que el evangelio que
él predicaba no lo aprendió de hombre alguno, sino el mismo
Señor le enseñó. Y dentro de lo que él enseñó,
él escribe en la epístola a los romanos sobre esta verdad que
el Señor está diciendo, que ningún hombre, nadie en la humanidad
cumple la ley, y él escribió allí en Romanos capítulo 3, versículo
nueve en adelante dice que pues somos nosotros mejores que ellos
y aquí el señor Jesucristo está hablando a los judíos y el apóstol
Pablo está hablando a los judíos y preguntándoles somos nosotros
mejores que los que los gentiles dice en ninguna manera pues ya
hemos acusado a judíos y a gentiles que todos están bajo pecado como
está escrito no hay justo ni a un uno Ser justo es conformarse
a la ley de Dios, cumplir la ley de Dios. Pero Jesús dice,
ninguno cumple la ley. Y el Señor Jesús le enseñó a
Pablo, no hay justo ni a un uno. Dice, no hay quien entienda,
no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a unas se
hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no
hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta,
con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo
de sus labios. Su boca está llena de maldición
y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar
sangre. Quebranto y desventura hay en
sus caminos, y no conocieron camino de paz. No hay temor de
Dios delante de sus ojos, pero sabemos que todo lo que la ley
dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca
se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Ya que por las obras de la ley,
ningún ser humano será justificado delante de él. ¿Por qué? Porque
ningún ser humano cumple la ley, ningún ser humano es capaz de
cumplir la ley. Porque por medio de la ley es
el conocimiento del pecado, siendo justificados gratuitamente por
su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien
Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre,
para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto
en su paciencia los pecados pasados. ¿Quién le enseñó esto al apóstol
Pablo? El mismo Señor Jesucristo. El mismo Señor Jesucristo le
enseñó este veredicto que pesa sobre toda la raza humana. Ninguno
de vosotros cumple la ley. Y aún cuando estamos en Cristo,
hemos de recordar que ninguno de nosotros cumple la ley. Por
eso se hace necesario estar en Cristo. Porque Cristo es quien
ha cumplido la ley en favor de su pueblo. Y no olvidemos algo. Todas las veces, después de haber
venido a Cristo cuando pecamos, quebrantamos la ley de Dios.
¿Sabe? Cuando quebranto la ley, ese
soy yo. Pero cuando hay una buena obra,
cuando hay justicia, esa es la vida de Cristo en mí. ¿Sabe? No perdamos de vista esto, porque
corremos el peligro de volvernos arrogantes, pensando que nosotros
sí cumplimos la ley. lo que hacemos bien, lo que hacemos
con rectitud, si Cristo está en tu corazón, es la vida de
Cristo que se está haciendo manifiesta, no soy yo. Recuerdo algunas veces, alguno
de mis hijos decía, eres bueno, y yo decía a mis hijos, yo no
soy bueno, es Dios quien hace la diferencia. Al que ustedes ven que se enoja
rápido, que maltrata, ese soy yo. Pero cuando las cosas son
distintas, esa es la vida de Cristo en mí. No pensemos que
es de nosotros que cumplimos la ley. Ninguno de nosotros cumple
la ley. El hombre está muerto en pecados
y sólo Cristo es quien le capacita. Y lo más triste es Esta gente
pensaba que cumplía la ley, pero en realidad lo que ellos cumplían
eran las interpretaciones que le habían dado a la ley. Y al
igual, hoy mucha gente religiosa se ha encargado de hacer interpretaciones
de la ley que ellos pueden cumplir, pero no están cumpliendo en verdad
la ley de Dios, sino están cumpliendo las interpretaciones o las tradiciones
de los ancianos, que es muy distinto a cumplir la ley de Dios. Y el
veredicto del Señor, bien importante de escuchar, porque si estás
pensando que cumples la ley, te estás engañando. Aquel que
es la verdad, aquel que conoce al hombre, porque él creó al
hombre, dice, ninguno de vosotros cumple la ley. Él en su palabra
dice, no hay justo ni a un uno. Ni siquiera uno, Isabel Pasaje
hace sumamente énfasis en esa verdad total que es ningún hombre
cumple la ley porque ningún hombre es capaz de cumplir la ley. Dios
dio la ley para que el hombre fuera confrontado con su incapacidad
de cumplir la ley. La segunda parte del benedicto
es, todo hombre está dispuesto a matar a quien no llene sus
expectativas, incluso a Dios mismo. Dice el Señor Jesús, después
de afirmar, de preguntar, ¿no os dio Moisés la ley y ninguno
de vosotros cumple la ley? Y pregunta, ¿por qué procuráis
matarme? ¿Por qué procuráis matarme? En
el corazón del hombre, desde que el pecado entró al mundo,
hay algo que hemos hecho exitosamente.
Y lo que hemos hecho exitosamente es guerra, pelear, matar. Entró el pecado y se cometió
el primer homicidio. Caín mató a su hermano. ¿Y sabe
esta gente? El Señor Jesús, que conoce los
corazones, hizo la pregunta, ¿por qué procuráis matarme? En
el capítulo 5, Ellos se enojaron cuando Cristo sanó a aquel paralítico
y le dijo que tomara su lecho y anduviera. Y el Señor dice
allí en el capítulo 5, versículo 18, Por eso los judíos
aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de
reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre,
haciéndose igual a Dios. El versículo 7 cuando empieza,
perdón, el versículo 1 del capítulo 7 dice, después de estas cosas,
andaba Jesús en Galilea, pues no quería andar en Judea porque
los judíos procuraban matarle. ¿Y sabe por qué escribió esto
el apóstol Juan? Porque esto es verdad y porque
el Espíritu Santo vino y le enseñó toda la verdad. La verdad era
que los judíos, los líderes religiosos, tenían la intención y había un
complot para matar al Señor Jesús. Sin embargo, el Señor Jesús plantea
la pregunta y la multitud, la multitud es la que responde a
la pregunta. Y probablemente esa multitud
no sabía del complot, pero hay algo que el Señor Jesús sí sabía,
que aún esa multitud que en ese momento no estaba haciendo parte
del complot, también procuraba matarle. Porque esa es la actitud
y es algo a quien el Señor dice que el hombre está dispuesto.
¿Están dispuestos a matar? Tal vez la multitud no sabía
que había un complot de los líderes para matar a Jesús. Ellos respondieron
y podemos deducir que quizá no lo sabían porque dice, respondió
la multitud y dijo, demonio tienes, ¿quién procura matarte? Pero
ellos no se habían dado cuenta de la disposición a asesinar
en todos los nacidos de Adán, incluido ellos y a nosotros. Esa es la razón por la cual atacamos
a quienes atentan He mencionado otras veces que muy probablemente
nuestro ídolo favorito es nuestra comodidad. Y muchas veces respondemos
con ataques verbales a aquellos que atacan nuestra comodidad. Dice, y Jesús dijo, oíste que
fue dicho a los antiguos, no matarás. Y a cualquiera que matare
será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera
que se enoje contra su hermano será culpable de juicio. Y cualquiera
que diga necio a su hermano será culpable ante el concilio. Y
cualquiera que le diga fatuo quedará expuesto al infierno
de fuego. ¿Sabe? La gente pensaba que cumplían
la ley porque no eran capaces de quitar la vida física a una
persona, pero ¿sabe cuántas veces matamos a las personas con las
expresiones de nuestras palabras? Palabras que hieren, palabras
que matan. Es muy común que personas calumnin
a sus adversarios y destruyan su reputación, y es el equivalente
a matar a las personas. La Biblia nos muestra que posteriormente
esta multitud también estuvo dispuesta a matar a Cristo. Lucas
13, 18 dice, más toda la multitud, ya no sólo los líderes, sino
más toda la multitud dio voces a una diciendo, fuera con este
y suéltanos a Barrabás. Y ellos pidieron la muerte del
Señor Jesucristo. Y si hubiéramos estado presentes
allí, hubiéramos hecho exactamente lo mismo. ¿Sabe? El hecho de
rechazar al Señor como se presenta en la Escritura y de sustituirlo
por ídolos es la actitud del corazón de aborrecer y de destruir
y de matar al Dios verdadero. Pero es un engaño, es una necedad.
Por eso la Biblia dice, al que niega la existencia de Dios,
la Biblia no lo llama ateo, le dice necio, dice el necio en
su corazón. ¿Sabe? A partir de 1870 se hizo más evidente algo que
ha habido desde toda la historia. La disposición de matar al que
no llena sus expectativas. ¿Sabe? Esos judíos líderes querían
matar a Cristo porque no llenaba sus expectativas, porque no se
sometía a sus caprichos, porque hacían las cosas mostrando su
soberanía y ellos querían un Cristo o un Mesías que ellos
pudieran manipular. Ellos querían a un Cristo que
quitar al imperio romano y les mantuviera a ellos sus privilegios.
Y dado que Cristo no llenaba esas expectativas, entonces ellos
estaban dispuestos a matarle. Decía yo que más o menos en 1870
se hizo más evidente lo que siempre ha estado, el hecho de desear
matar a Dios mismo. Y hubo filósofos alemanes que
declararon que Dios había muerto. Y es el resultado de hoy día
de la gente rechazar a Dios porque no quieren vivir bajo la norma
moral de Dios. El hombre está dispuesto a eso,
a matar a Dios mismo. Y es... nosotros lo podemos ver
como nuestra sociedad hoy día vive en verdad su vida sin temor
a Dios, como si Dios estuviera muerto, pero Dios está vivo. Y Dios lo sabe, a Dios no le
ha tomado por sorpresa. Dios se lo declaró. A la gente
quizá le tomó por sorpresa y le dijeron, ¿Quién procura matarte?
Tienes demonio. Pero Jesús se los dijo porque
el Señor Jesús conoce el corazón. ¿Sabe? Toda actitud que nos lleva
a definir de otra manera a Dios, a rechazar el Evangelio verdadero
porque quita lugar al mérito, es una actitud, un intento del
corazón de aborrecer el Señorío de Cristo, de querer matar al
Señor mismo. Esa es la realidad de la humanidad. La tercera cosa que el Señor
dice en su veredicto es que todo hombre está dispuesto a juzgar
y a sentenciar sin tener los elementos suficientes. Hemos
de ser muy cuidadosos, hermanos. No olvidemos, nosotros no reaccionamos
a los hechos. Nosotros damos, reaccionamos
a la interpretación que le damos a los hechos. Y no olvidemos
algo. Nadie de nosotros tiene todos
los elementos en todas las circunstancias para emitir un juicio que sea
correcto. Así que no nos apresuremos a
juicio. El único que tiene todos los
elementos en todas las circunstancias para dictaminar algo es Dios
mismo. ¿Sabe? Estas personas estaban
dispuestas a juzgar. Y dice, El pasaje dice que acusaron
al Hijo de Dios, a Dios hecho hombre, de estar endemoniado.
Ahí dieron un veredicto. Juzgaron y dieron un veredicto.
Cristo dijo algo que era verdad porque Él los conocía. Y aunque
ellos no sabían del complot de los líderes, Cristo conocía que
aunque ellos no lo sabían, ellos también estaban dispuestos a
matar al Señor Jesús y quedó probado. El día de la crucifixión,
ellos, la multitud, junto con los líderes, pidió la muerte
de Cristo. Sin embargo, sin tener todos
los elementos, juzgaron la situación y terminaron diciéndole a Cristo,
¿Quién procura matarte? Lo que pasa es que estás endemoniado.
Y qué tremendo, qué tremendo y qué triste que es cuando la
gente, cuando nosotros mismos en algunos momentos hemos emitido
juicios que nos llevan incluso a juzgar al mismo Señor Jesucristo.
Y saben, aquí estaban juzgando al Señor Jesucristo y dictaminando
que Él estaba endemoniado. El Señor Jesús después sigue
diciendo, por cierto, Moisés dio la circuncisión, no porque
sea de Moisés, sino de los padres. Y en el día de reposo circuncidáis
al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión
en el día de reposo, para que la ley de Moisés no sea quebrantada,
os enojáis conmigo, porque en el día de reposo sané completamente
a un hombre. No juzguéis según las apariencias,
sino juzgad con justo juicio. sólo Cristo puede juzgar con
justo juicio, porque sólo Él glorificó siempre a Su Padre,
porque Él es el único justo, todos los demás son injustos,
no hay justo ni a uno, y si somos todos injustos, ¿cómo pretendemos
estar haciendo juicios y dictando sentencias, si somos todos injustos. Y el Señor dice no juzguen según
las apariencias. ¿Sabe? Ellos, la ley decía que
el niño tenía que ser circuncidado al octavo día. Y si el octavo
día caía sábado, entonces había que circuncidarlo. ¿Sabe? En realidad, la ley, el punto
ahí con la ley de guardar el día de reposo, no era como ellos lo estaban
interpretando. Porque ellos también, el Señor
les dijo que desataban su animal para llevarlo a beber en el día
de reposo. Ellos incluso si al animal se les caía, pues lo levantaban
aunque fuera día de reposo. ¿Sabe? Ellos creían cumplir la
ley, pero estaban cumpliendo interpretaciones que procedían
de un corazón ciego, que procedían de un espíritu muerto, de gente
que sólo tenía una naturaleza física, pero muertos espiritualmente,
gente que no había nacido de nuevo. Y la ley no es sólo letra,
la ley tiene el espíritu de la ley. Ellos podían cumplir aparentemente,
impresionar a la gente, pero, ¿sabes? no tenían todos los elementos
y estaban juzgando al mismo Señor Jesucristo. Y a propósito de
ello, la Escritura nos dice, hermanos, no murmuréis los unos
de los otros. El que murmura del hermano, juzga
a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley. Pero si tú
juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo
es el dador de la ley que puedes salvar y perder. Pero tú, ¿quién
eres para que juzgues a otro? Y sabe, esta gente era bien peligrosa
emitiendo juicios contra el mismo Señor Jesucristo. Y sabe, muchas
veces la gente en sus interpretaciones religiosas de la Palabra de Dios
se atreve a emitir juicios de cosas que no necesariamente son
condenables. Y caemos en incluso dictar sentencia
sobre el mismo Señor Jesucristo. Que Dios nos guarde, que Dios
nos ayude, que Dios el Señor Jesucristo obre nuestro corazón
y podamos recordar, soy injusto, no cumplo la ley, no puedo emitir
juicios. La cuarta cosa que el Señor Jesucristo
dice en su dictamen es, todo hombre se maravilla ante mí,
o sea, todo hombre se maravilla ante Cristo y sus obras, pero
su naturaleza no le permite ver Todo hombre se maravilla ante
el Señor Jesucristo. La gente en todo el mundo habla
cosas elogiosas de Cristo, pero su naturaleza caída, su vida
simplemente física, sin naturaleza espiritual, el hombre natural
no percibe las cosas del Espíritu, no le permiten ver verdaderamente
aquello que verdaderamente es no sólo asombroso, sino aquello
que hizo a Pablo tener todas las cosas como pérdida. por tal de conocer a Cristo Jesús. ¿Qué es lo que la gente se maravilla
y no puede ver más que algunos, dice el pasaje, veían sólo a
un superhombre? Juan 7, 14, 15 dice, Mas a la
mitad de la fiesta subió Jesús al templo y enseñaba. Y se maravillaban
los judíos diciendo, ¿Cómo sabe este letra sin haber estudiado?
Lo único que podían ver quizá era un joven superdotado. Cuando
lo vieron cuando tenía 12 años, veían un superniño. Pero no pasaban
de ver un superniño o un superhombre que sin ir a una universidad,
sin estar con un maestro reconocido, sabía letras. Su naturaleza no les permitía
ver más que sólo eso. Veían más que a un hombre que
hace milagros y que según ellos y sus interpretaciones, hacía
milagros y violaba la ley. Dice el Señor Jesús en el versículo
21, Jesús respondió y les dijo, una obra hice y todos os maravilláis,
cuando levantó al paralítico. Estaban maravillados. Pero no
pasaban de ver, éste está violando la ley. El Señor estaba mostrando
su gloria y ellos sólo se maravillaban, éste tiene superpoderes pero
viola la ley. Pero su naturaleza no les permite
ver, no ven al único que ha dado la ley para mostrar la incapacidad
del hombre. Jesús les dijo, ¿no os dio Moisés
la ley? Y después les habla de la circuncisión
y le dice, ¿pero no se las dio Moisés? Es que Moisés ni les
dio el pan, ni les dio la ley, ni les dio la circuncisión. Era
el corazón idólatra que idólatraba a Moisés. Recordemos que incluso
Dios ocultó el cuerpo de Moisés, pero de todos modos estaba el
corazón idólatra. En lugar de ver la obra de Dios,
lo que Dios había hecho, se levantaba una posición especial al hombre.
Y ellos no lograban ver que en realidad estaba delante de ellos
aquel dador de la ley, que dio la ley para mostrar cuán incapaz
es el hombre de cumplir la ley. Su naturaleza no les permitía
ver al único capaz de hacer consistentemente la voluntad de Dios. Esto es
cumplir la ley. El Señor dijo que había descendido
no para hacer su voluntad, sino la voluntad del que le envió.
El Señor había dicho que su comida era hacer la voluntad del que
le envió, pero ellos no podían verlo. Su naturaleza no les permitía
ver la gloria como del unigénito del Padre. y aquel verbo fue
hecho carne y habitó entre nosotros y vimos su gloria, gloria como
del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. ¡Qué triste! Y el Señor está
diciendo esto y hacemos bien en prestar atención a lo que
Cristo está diciendo y clamemos al Señor para que haga una obra
en nosotros. Haga una obra en nosotros de
no estar engañados, de pensar que cumplimos la ley y que sigamos
viniendo al Señor Jesucristo. Haga una obra en nosotros de
tal forma que nos libre de juicios, porque en realidad tenemos aún
una naturaleza caída. Si ya estamos en Cristo, Dios
nos ha dado una vida nueva, una vida espiritual, pero habitamos
en un cuerpo que no es el adecuado para esa vida espiritual y que
se constituye en una fuente de tentación. y pidamosle al Señor que nos,
si ya hemos visto, sigamos viendo quién es el Señor Jesucristo,
que sigamos viéndole a Él como el dador de la ley, como el único
que ha sido capaz de cumplir la ley, que podamos verle a Él
como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y como el
apóstol Juan escribió en 20, 30, 31, que podamos ver que podamos ver que hizo además
Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos,
las cuales no están escritas en este libro, pero éstas se
han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. El veredicto
del Señor Jesucristo acerca de ti y de mí es absolutamente cierto,
por lo cual es necesario que clamemos, que clamemos a Él para
que nos siga atrayendo a venir. No es natural en nosotros venir
a Cristo. Nadie viene a mí si el Padre
que me envió no le trajere. Nadie viene a mí si no le he
dado del Padre. No es natural que vengamos a
Cristo y clamemos que el Señor nos siga atrayendo con lazos
de amor. Clamemos que el Señor siga abriendo nuestros ojos y
sigamos viendo al Señor Jesucristo. y sigamos viniendo al Señor Jesucristo,
clamemos al Señor para que abra nuestros ojos y no veamos a un
simple superdotado, a una persona que tiene conocimientos sin haber
estudiado, a una persona que tiene superpoderes y viola la
ley, o una persona que tiene superpoderes y puede hacer nuestra
vida más feliz y cómoda, que podamos ver en esas obras la
gloria del Señor Jesucristo, que podamos ver en esas obras
que Él es el Cristo, el Hijo de Dios, y entonces, contrario
a nuestra naturaleza, podamos tener vida eterna, vida en Su
nombre, que podamos ser atraídos al Señor Jesucristo, que podamos
confiar plenamente en Él, que dejemos de confiar en que cumplimos
la ley, que Dios nos guarde del peligro de la arrogancia, de
mirar a los demás como inferiores porque nosotros pensamos que
sabemos y cumplimos la ley. Los fariseos decían, esa gente
que no sabe la ley, maldita es, y qué fácil es caer en arrogancia,
pero sabe, somos, en verdad, incapaces de cumplir la ley.
Por eso Cristo vino. Por eso Cristo vino a cumplir
la ley en favor de su pueblo. Por eso Cristo vino para pagar
el castigo que merezco por fracasar en mí mismo en poder cumplir
la ley de Dios. ¿Sabe? Cuando podemos mirar así
y ver quién es Cristo, y ver quién es el hombre, le podemos
adorar de una mejor manera. Porque sabemos que cuando nosotros
hacemos algo que es de acuerdo a la voluntad de Dios, o que
es de acuerdo a la ley de Dios, no somos nosotros. Es su gracia. Es el Evangelio. Es la vida de
Cristo y es el poder del Espíritu Santo. Y que el Señor nos siga
atrayendo al Señor Jesucristo. Escuchemos bien. Escuchemos bien
la voz de Dios. Alguien más que simplemente un
superhombre. Él es todo lo que necesita el
creyente para poder presentarse ante Dios el Padre. Él es el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él es el dador
de la ley, pero Él es el que ha cumplido la ley en favor de
su pueblo. Él es aquel cuya sangre se ha
derramado para limpiarme de mi pecado. Él es aquel cordero que
ha provisto una ropa adecuada, no necesito tratar de cubrir,
no necesito tratar de ponerme hojas de higuera para mostrar
que soy bueno, para mostrar que yo sí cumplo la ley cuando lo
que estoy haciendo es cumplir interpretaciones que he hecho
de la ley. no es adecuada las hojas de la
higuera por eso murió el cordero para vestirnos de la justicia
y esa justicia es la justicia del señor Jesucristo por eso
la escritura dice justificados pues por la fe tenemos paz para
con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo amén

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Joshua

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