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El Deleite de Cristo

Joel Coyoc June, 21 2020 Video & Audio
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Joel Coyoc June, 21 2020
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about Jesus' delight?

Jesus' delight is found in doing the will of the Father, as He expressed that this is His true sustenance.

In John 4:34, Jesus states, 'My food is to do the will of Him who sent me and to accomplish His work.' This highlights that Christ's true delight comes from fulfilling His Father's will, which was His primary mission on earth. His delight was not merely in physical sustenance but in spiritually nourishing Himself through obedience to God. This aspect of His life is essential for believers to understand, as it reveals the heart of Christ's mission and the joy He takes in obedience and service.

Moreover, this delight in doing the Father's will was rooted in His love and commitment to God's glory. Hebrews 10:7 confirms this, echoing the sentiment of the Psalmist when the Messiah said, 'I have come to do Your will, O God.' For believers, following Christ's example, finding joy and satisfaction in doing God's will is of utmost importance, as it aligns us with the purpose for which we were created—glorifying God through our lives.
How do we know that Jesus is the true source of joy?

Scripture reveals that Jesus is the source of true joy by stating that in His presence there is fullness of joy.

In the presence of Christ, believers discover a joy that transcends worldly satisfaction and temporary pleasures. Psalm 16:11 articulates this beautifully: 'In Your presence is fullness of joy; at Your right hand are pleasures forevermore.' This demonstrates that the ultimate source of joy is not found in material possessions or earthly delights but in a relationship with Christ. His delight is the only true delight capable of fulfilling the longings of the human heart.

Furthermore, Jesus' promise in John 15:11, 'These things I have spoken to you, that my joy may be in you, and that your joy may be full,' emphasizes that belonging to Him and abiding in His love results in complete joy. This gives Christians assurance that the aim of our spiritual lives should focus on knowing Christ more intimately, ultimately leading us to a deeper and more sustained joy.
Why is it important for Christians to seek the delight of Christ?

Pursuing the delight of Christ aligns our hearts with God’s purpose and leads to true satisfaction.

For Christians, seeking the delight of Christ is paramount because it shapes our understanding of what true fulfillment and purpose are. Colossians 3:2 instructs believers to 'Set your minds on things that are above, not on things that are on earth.' This directive encourages us to prioritize spiritual realities over temporal concerns. When we delight in Christ, we find ourselves better equipped to fulfill His commands and reflect His glory in the world.

Moreover, delighting in Christ leads to transformative outcomes in our lives, as seen in Romans 12:2: 'Do not be conformed to this world, but be transformed by the renewal of your mind.' As we embrace and seek what delights Him, we are renewed in our understanding, leading to a Christ-like character and actions that resonate with His love and truth. Ultimately, this pursuit draws us closer to God’s intended design for humanity, reminding us that true joy is found solely in Him.

Sermon Transcript

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Buenos días, hermanos. Vamos
a abrir nuestra Biblia en el Evangelio de San Juan. Le vamos a dar lectura al capítulo
cuatro. Dice la Palabra de Dios, cuando
pues el Señor entendió que los fariseos habían oído decir, Jesús
hace y bautiza más discípulos que Juan, aunque Jesús no bautizaba
sino sus discípulos. Salió de Judea y se fue otra
vez a Galilea, y le era necesario pasar por Samaria. Vino pues
a una ciudad de Samaria llamada Sicara, junto a la heredad que
Jacob dio a su hijo José, y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces
Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era
como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar
agua y Jesús le dijo, dame de beber. Pues sus discípulos habían
ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le
dijo, ¿cómo tú siendo judío me pides a mí de beber que soy mujer
samaritana? porque judíos y samaritanos no
se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo, si
conocieras el don de Dios y quién es el que te dice dame de beber,
tú le pedirías y él te daría agua viva. La mujer le dijo,
señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo. ¿De dónde pues tienes el agua
viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro
padre Jacob que nos dio este pozo del cual bebieron él, sus
hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo, cualquiera
que bebiere de esta agua volverá a tener sed. Mas el que bebiere
del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que
yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
La mujer le dijo, Señor, dame esa agua para que no tenga yo
sed ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo, ve, llama a tu
marido y ven acá. Respondió la mujer y dijo, no
tengo marido. Jesús le dijo, bien has dicho,
no tengo marido, porque cinco maridos has tenido y el que ahora
tienes no es tu marido. Esto has dicho con verdad. Le
dijo la mujer, Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros
padres adoraron este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el
lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo, mujer, créeme
que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis
al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis. Nosotros adoramos lo que sabemos,
porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene,
y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores
busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le
adoran en espíritu y en verdad, es necesario que adoren. Le dijo
la mujer, sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo.
Cuando Él venga, nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo,
yo soy el que habla contigo. En esto vinieron sus discípulos
y se maravillaron de que hablaba con una mujer. Sin embargo, ninguno
dijo, ¿qué preguntas o qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó
su cántaro y fue a la ciudad y dijo a los hombres, venid,
vete a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será
este el Cristo? Entonces salieron de la ciudad
y vinieron a él. Entretanto los discípulos le
rogaban diciendo, Rabí, come. Y él les dijo, yo tengo una comida
que comer que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían
unos a otros, ¿le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo,
mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe
su obra. ¿No decís vosotros aún faltan
cuatro meses para que llegue la ciega? He aquí os digo alzad
vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para
la ciega. Y el que ciega recibe salario y recoge fruto para vida
eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que ciega. Porque en esto es verdadero el
dicho, uno es el que siembra y otro es el que ciega. Yo os
he enviado a cegar lo que vosotros no labrasteis. Otros labraron,
y vosotros habéis entrado en sus labores. Y muchos de los
samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra
de la mujer que daba testimonio, diciendo, Me dijo todo lo que
he hecho. Entonces vinieron los samaritanos
a él, y le rogaron que se quedase con ellos, y se quedó allí dos
días. creyeron muchos más por la palabra
de él y decían a la mujer, ya no creemos solamente por tu dicho,
porque nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente
este es el salvador del mundo, el Cristo. Dos días después,
salió de allí y fue a Galilea, porque Jesús mismo dio testimonio
de que el profeta no tiene honra en su propia tierra. Cuando vino
a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas
que había hecho en Jerusalén en la fiesta, porque también
ellos habían ido a la fiesta. Vino, pues, Jesús otra vez a
Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y
había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. Este cuando oyó que Jesús había
llegado de Judea a Galilea, Vino a él y le rogó que descendiese
y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. Entonces Jesús
le dijo, Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El
oficial del rey le dijo, Señor, desciende antes que mi hijo muera.
Jesús le dijo, Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra
que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos
salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo, Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué
hora había comenzado a estar mejor, y le dijeron, Ayer a las
siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que
aquella era la hora en que Jesús le había dicho, Tu hijo vive. y creyó él con toda su casa. Esta segunda señal hizo Jesús
cuando fue de Judea a Galilea. Vamos a meditar en los versículos
del veintisiete al treinta y ocho. dice estos versículos en esto vinieron sus discípulos
y se maravillaron de que hablaba con una mujer Sin embargo, ninguno
dijo, ¿qué preguntas o qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó
su cántaro y fue a la ciudad y dijo a los hombres, venid,
ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho, ¿no será
este el Cristo? Entonces salieron de la ciudad
y vinieron a él. Entretanto, los discípulos le
rogaban diciendo, rabí, come. Él les dijo, yo tengo una comida
que comer que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían
unos a otros, ¿le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo,
mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe
su obra. ¿No decís vosotros, aún faltan
cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo, alzad
vuestros ojos y mirad los campos porque ya están blancos para
la ciega. Y el que ciega recibe salario y recoge fruto para vida
eterna. Para que el que siembra goce
juntamente con el que ciega, porque en esto es verdadero el
dicho, uno es el que siembra y otro es el que ciega. Yo os
he enviado a cegar lo que vosotros no labrasteis. Otros labraron
y vosotros habéis entrado en sus labores. Vamos a meditar estos versículos
y el tema es el deleite de Cristo, el deleite de Cristo. ¿Por qué
el deleite de Cristo? Hay varias cosas que Dios ha
provisto al hombre para que disfrute, una de ellas es es un deleite
tener buena salud, es un deleite estar saciado de sed cuando se
tiene mucha sed, es un deleite poder saciarnos de alimento cuando
hay hambre, y específicamente cuando pensamos en la cuestión
de la comida y de ser saciados de alimento, mucho de nuestra
vida gira alrededor de la comida, La Biblia dice que el hombre
trabaja porque pues su boca le estimula para saciar su hambre. Y si analizamos nuestra vida,
pues gira alrededor de tres veces que comemos al día y algunos
más veces. Y mucho de nuestro trabajo pues
está enfocado a la cuestión de conseguir el alimento físico. Un asunto importante de esto
es que Dios pudo habernos hecho como las vacas. Las vacas comen
pasto y más pasto, y con eso tienen para estar bien. Bueno,
se les da un poco de sal y algún otro complemento alimenticio,
pero básicamente no hay gran variedad en su comida. Pero Dios
quiso hacer en el hombre algo distinto. El hombre, si pensamos
sólo en la cocina yucateca, cuánta variedad hay y podemos comer
frutos, frutas de diferentes sabores. Podemos comer cocina,
sólo en nuestro país, una gran variedad de platillos y poder
experimentar deleite. Y si pensamos en la cocina internacional,
pues es innumerable. Cómo Dios quiso dotarnos de un
deleite en el comer. Y es importante que podamos reflexionar
y damos gracias a Dios porque aquellos a quienes Cristo nos
ha dado vida podemos reflexionar en que nuestras necesidades temporales
y materiales apuntan a una realidad mayor. Y aquí el Señor Jesucristo
está, el pasaje está narrando cuando sus discípulos se van
justamente a comprar de comer. Y ya estudiamos todo el encuentro
de la mujer samaritana con el Señor Jesucristo. Cuando ellos llegan, ellos insisten
en algo con el Señor. La mujer termina de hablar, se
va, deja el cántaro, y ellos empiezan a insistir en algo con
el Señor, y es que dice el versículo, el versículo 31. Entre tanto,
los discípulos le rogaban diciendo, Rabí, come. Los discípulos estaban
enfocados en una cuestión legítima, comer para alimentar su cuerpo.
Uno de los deleites de la vida es cuando participamos del alimento. Y, sin embargo, el Señor hace
referencia a algo usando una realidad temporal para enfatizar
que había algo en el cual Él hallaba deleite, mayor deleite
que el que se puede hallar cuando abunda la comida y la bebida. Uno de los salmos dice, dice,
alegría mi corazón mayor que la de ellos cuando abunda su
grano y el grano hace referencia que había para hacer el pan y
su mosto. Sin duda, la alimentación del
cuerpo físico nos nutre y nos trae un disfrute, un deleite,
pero el señor está comparando aquí que él tenía un deleite
mayor, hay algo mayor. Y el deleite de Cristo, este
versículo nos enseña una primer cosa, que es, el deleite de Cristo
no era conocida por sus discípulos. Y el Señor se los dice con todas
sus letras, les dice, entre tanto los discípulos le rogaban diciendo,
Rabí, come. Él les dijo, yo tengo una comida
que comer que vosotros no sabéis. Cristo hallaba su mayor deleite,
y su mayor deleite era algo Pues que Él está diciendo al Señor
Jesús, ustedes no saben cuál es mi mayor deleite. ¿Cuál es la razón que los discípulos
no sabían? Los discípulos hasta ese momento
habían tenido cierto grado de luz. El Señor está obrando en
sus discípulos. Unos han visto con mayor claridad,
otros no han visto tan claro. Natanael ha visto y ha dicho
que eres el Cristo, eres el Rey de Israel. Felipe trajo a Natanael,
pero va a pasar el tiempo y Felipe va a terminar diciendo, muéstranos
al Padre y nos basta. A Nicodemo. Nicodemo, Dios está obrando en
su vida y está trayendo luz. Muchas veces nosotros pensamos
que aquella gente que vivió en ese tiempo fueron más privilegiados
que nosotros y en cierto modo tuvieron un privilegio, pero
tenemos un mayor privilegio y tenemos una mayor responsabilidad porque
tenemos mucha más luz que la que ellos tenían en ese momento.
Ellos no sabían cuál era el deleite del Señor Jesucristo, ¿Y cuál
es la razón que ellos no sabían? ¿Y cuál es la razón que aunque
nosotros tenemos mayor luz, y sin embargo la manera en que Dios
nos trae a luz es también gradual? Como dice la misma Escritura,
la luz de los justos es como la luz de la aurora, que va en
aumento hasta que el día es perfecto. Y a pesar de esa luz, nosotros
necesitamos escuchar, porque a pesar de que ya se nos trajo
luz, solemos olvidar, solemos, como dice Pablo, dice Temo, que
como la serpiente con su astucia engañó a la mujer, también vuestros
sentidos sean desviados de la sincera fidelidad a Cristo, y
en verdad solemos olvidar aquello que Dios ya nos está mostrando,
y ahí la necesidad de constantemente estar escuchando la palabra revelada
y poder estar escuchando el Evangelio, porque el Evangelio es esa luz
que resplandece, es esa luz verdadera que alumbra a todos los hombres
y necesitamos vez tras vez venir a esa luz. ¿Cuál era la razón
que ellos no sabían cuál era el deleite del Señor Jesucristo?
¿Cuál es la razón de que la humanidad no sabe cuál es el deleite del
Señor Jesucristo? Cuando ese deleite del Señor
Jesucristo es el deleite que debe experimentar
la humanidad, es el deleite que Adán y Eva hallaban en el Señor. ¿Cuál es la razón de que la humanidad
no sabe? Y la razón es el engaño del pecado,
el engaño del pecado que nos hace creer que nuestra realidad
es solamente material y física, y nos lleva a buscar deleite
en el aquí y ahora, y tristemente intentando de una manera frustrante
hallar en las cosas creadas lo que sólo Dios puede proveer. La razón es nuestra rebelión
contra su voluntad decretiva, que nos hace muertos en delitos
y pecados, con vida física, pero sin vida espiritual. Como Jesús
le dijo tanto a la mujer, los que adoran es necesario que adoren
en espíritu y en verdad. Si no naces de nuevo, no puedes
adorar, porque tienes vida física, pero no tienes vida espiritual.
Como el Señor le dijo a Nicodemo, lo que es nacido de la carne,
carne es. Lo que es nacido del espíritu,
espíritu es. Te es necesario nacer de nuevo. Es necesario nacer de nuevo.
Naces con vida física, pero naces muerto espiritualmente. Cuando
leemos el pasaje en Génesis capítulo 3, versículo 1, vemos la narración
de este hecho en el cual se perdió la razón del deleite verdadero
del hombre. Dice la Biblia así en Génesis
3, 1 al 9, Pero la serpiente era astuta más que todos los
animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo
a la mujer, Con que Dios os ha dicho, no comáis de todo árbol
del huerto, Y la mujer respondió a la serpiente, del fruto de
los árboles del huerto podemos comer, pero del fruto del árbol
que está en medio del huerto, dijo Dios, no comeréis de él
ni le tocaréis para que no muráis. Y ahí está la voluntad decretiva
de Dios. Dios había mandado al hombre
no tocar ni comer de ese árbol, porque el día que de él comieres,
ciertamente moriráis, moriréis. Dice, entonces la serpiente dijo
a la mujer, no moriréis, sino que sabe Dios que el día que
comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios. Y el
engaño del diablo y sus mentiras. Dios los había hecho a imagen
y semejanza de Dios. Les estaban ofreciendo algo que
Dios ya les había dado. Y dice, y vio a la mujer que el árbol
era bueno para comer y que era agradable a los ojos. Empieza
a cambiarse la mirada, empieza a buscar el deleite en la criatura. El deleite que se hallaba en
el creador empieza a mirar que el fruto era, dice, agradable a los ojos y árbol
codiciable para alcanzar la sabiduría. Y tomó de su fruto y comió, y
dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces
fueron abiertos los ojos de ambos y conocieron que estaban desnudos.
Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales, y oyeron
la voz de Jehová Dios que paseaba en el huerto al aire del día.
Y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios
entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre
y le dijo, ¿dónde estás tú? Esa es la razón por la cual los
nacidos de Adán no sabemos, y en ese momento sus discípulos, a
pesar de que tenían cierta luz, no sabían cuál era el deleite,
el deleite que debió experimentar el primer Adán, pero fracasó,
y el deleite que el segundo Adán estaba experimentando. Ese deleite de vivir en la voluntad
de Dios, ese deleite de cumplir la ley de Dios. Recordemos que
la ley de Dios es sus mandamientos, y sus mandamientos es la expresión
de su carácter, o sea, es su gloria. Se glorifica a Dios cuando
se vive en sus mandamientos. Otro pasaje que nos habla de
este asunto es Romanos 1.18-32 que dice, Porque la ira de Dios
se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de
los hombres, que detienen con injusticia la verdad. Porque
lo que de Dios se conoce les es manifiesto. pues Dios se lo
manifestó, porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad,
se hacen claramente visibles desde la creación del mundo,
siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que
no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios,
no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que
se embanecieron en su razonamiento, y su necio corazón fue entenebrecido,
oscurecido. Dice, profesando ser sabios,
se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible
en semejanza e imagen del hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos
y de reptiles. La idolatría, el buscar en las
criaturas lo que sólo se encuentra en Dios, el rendir el culto a
las criaturas antes que al Creador, dice, por lo cual también Dios
los entregó a la inmundicia en las concupiscencias de sus corazones,
de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que
cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando
culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito
por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó
a pasiones vergonzosas, pues aún sus mujeres cambiaron el
uso natural por el que es contra naturaleza. Y de igual modo también
los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en
su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con
hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó
a una mente reprobada, entenebrecida, su mente, su razonamiento. Dice,
Para hacer cosas que no convienen, estando atestados de toda injusticia,
fornicación, perversidad, avaricia, maldad, llenos de envidia, homicidios,
contiendas, engaños, malignidades, murmuradores, detractores, aborrecedores
de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males,
desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural,
implacables sin misericordia, quienes habiendo entendido el
juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte,
no sólo las hacen, sino también se complacen con los que las
practican. La lista final que describe al
hombre es un hombre que está todos los días haciendo todo
lo contrario a la ley de Dios. desobediente a los padres, lleno
de injusticia, de engaño. La ley de Dios, la gloria de
Dios, la ley es la expresión de su carácter. Llama al hombre
a no cometer adulterio, porque Dios es fiel. Llama al hombre
a hablar verdad, porque Dios es verdadero. Llama al hombre
a no robar, porque Dios es dueño de todas las cosas. Y cada uno
de los mandamientos de Dios Así como Adán y Eva se rebelaron
contra aquel mandamiento, no vas a comer ni lo vas a tocar,
porque día que comas de él, ciertamente morirás. Y toda su descendencia
nace muerta, aborrecedora de Dios, aborrecedora de la voluntad
de Dios, sin hallar deleite en Dios, buscando el deleite en
las cosas creadas antes que en el Creador. Esa es la razón por
la que los discípulos, a pesar de que habían tenido ya un encuentro
con el Señor Jesús, Dios los estaba trayendo, Cristo los estaba
trayendo gradualmente a la luz, y en ese momento Cristo les dice,
tengo una comida, tengo un deleite, hay algo en el cual se deleita
mi alma, y ustedes no saben, no lo conocen, no conocen el
deleite de mi alma. Pero la Escritura aquí nos enseña
también que el deleite de Cristo es revelado por él a los suyos. Cristo revela a los suyos cuál
es su deleite. Cuando el Señor les dijo una
comida que ustedes no saben, ellos empezaron a, en sus mentes,
empezaron a imaginar y empezaron a cuchichear entre sí y decían,
entonces los discípulos decían unos a otros, ¿le habrá traído,
versículo treinta y tres, alguien de comer? Quizá estaban pensando, bueno,
estamos apurados para que el maestro coma y resulta que ya
le trajeron su comida y él ya comió. Y el señor que conoce los corazones
y sabía que era lo que estaban cuchicheando, el señor dijo,
mi comida es que haga la voluntad del que me envió y que acabe
su obra. Cristo está revelando a los suyos.
está trayéndoles gradualmente a luz y a mayor luz y en este
momento el Señor Jesucristo les dice, mi deleite, mi comida,
lo que yo disfruto es hacer la voluntad del que me envió y que
acabe su obra. Ese es el deleite del Señor Jesucristo. Él está revelando a los suyos
y Él nos ha revelado y necesitamos constantemente volver a recordar
y volver a escuchar ¿Cuál era el deleite del señor Jesucristo? En el salmo cuarenta, versículo
ocho, que es un salmo profético, es un salmo que habla del señor
Jesucristo, al llegar al versículo ocho, el salmo dice, el hacer
tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y ahí podríamos podríamos
poner la palabra, el hacer tu voluntad me ha deleitado, mi
deleite está en hacer tu voluntad, y tu ley el carácter de Dios,
su gloria. Vimos su gloria, gloria como
del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Está en
medio de mi corazón. ¿Sabe? Era un placer, era un
deleite del Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo se deleitaba
en complacer al Padre, en hacer la voluntad del Padre. Así como
el Padre hallaba complacencia en su Hijo, este es mi Hijo amado
en quien tengo complacencia. El escritor del Nuevo Testamento,
en la Epístola de los Hebreos, explica el versículo que acabamos
de leer en el Salmo 48. En Hebreos 10, 7 al 10, dice
el escritor bíblico, Entonces dije, He aquí vengo, oh Dios,
para hacer tu voluntad, hablando del Señor Jesucristo. Como en
el rollo del libro está escrito de mí, diciendo, Sacrificio, ofrenda y holocausto
y expiaciones por el pecado no quisiste ni te agradaron, las
cuales cosas se ofrecen según la ley, y diciendo luego, de
aquí vengo Dios para hacer tu voluntad, quítalo primero para
establecer esto último. En esta voluntad somos santificados,
mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez
y para siempre. y está haciendo referencia a
ese salmo. Y el Señor Jesucristo hallaba deleite en hacer la voluntad,
la voluntad de su Padre. Ahí era su gozo, era su deleite.
Quiso bendecir a un pueblo con su deleite. No era su deleite
por causa del pueblo, sino por causa de su amor al Padre. Y
resultó en una bendición para su pueblo. Él siempre en la tierra
tuvo como prioridad hacer perfectamente la voluntad del Padre. La ley
estaba en medio de su corazón. ¿Sabe? Los discípulos no tenían
claridad. Los discípulos no sabían, pero
el Señor les está revelando a dónde está el deleite. Y el Señor les
está mostrando también que Él es el único capaz de deleitarse
en eso y poder llevar a su pueblo a la capacidad de poder deleitarse
en la voluntad del padre. Sin Cristo no hay posibilidad
de hacer la voluntad del padre. Sin Cristo no hay ser humano
que pueda cumplir la ley de Dios. Todos los nacidos en Adán, lo
único que hemos hecho es quebrantar todos los días la ley de Dios.
Pero Cristo tenía como el gozo de su corazón y cumplió la ley. Cumplió tanto La ley con sus
mandamientos preceptivos, muy conocidos como los diez mandamientos,
que los nacidos en Adán lo único que hacemos es quebrantarlos
todos los días de nuestra vida. Él los cumplió a perfección,
pero cumplió también la ley ceremonial. Él era el cordero. Y él quería
cavar la obra que el padre le dio para que hiciese. Y él en
la cruz dijo, consumado es. Y en esa voluntad que él cumplió
es que el pueblo de Dios es santificado, una vez y para siempre. Ahí está el verdadero deleite,
en hacer la voluntad de su padre, de una manera perfecta, porque
él le creyó a su padre sin nada de incredulidad. Él, estando
ahí en aflicción, clamó al Señor y le dijo, Padre, si es posible
que pase de mí esta copa, pero no se haga lo que yo quiero,
sino hágase, hágase tu voluntad. Cuando Él enseñó a orar a sus
discípulos, les dijo, Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
sea tu nombre, venga tu reino, sea hecha tu voluntad como en
el cielo, así también en la tierra. Y el propósito de la oración
para el creyente es no imponer la voluntad humana a la voluntad
de Dios. No es la oración una herramienta para intentar forzar
a Dios a hacer algo que nosotros queremos que él haga. La oración
es para alinear nuestros corazones con su voluntad, porque su voluntad
es buena, es agradable y es perfecta. Lamentablemente mucha gente que
no les ha resplandecido la luz de Dios, creen que su voluntad
es la que es buena, agradable y perfecta, porque sus oraciones
intentan imponer a Dios que Dios haga lo que ellos quieren, antes
que expresar el deseo de su corazón y decir, eso es lo que deseo,
pero no se haga lo que yo quiero, sino hágase tu voluntad. Dice el Señor después, No decís
vosotros, aún faltan cuatro meses para que llegue la siega. He
aquí os digo, alzad vuestros ojos y mirad los campos que ya
están listos para la siega. El deleite de Cristo es abrir
los ojos de los suyos a la realidad espiritual. Cristo les enseña
su voluntad, pero Cristo les revela su persona. Y Cristo les
se deleita en abrir los ojos de su pueblo a la realidad espiritual. Recuerde que el Dios de este
siglo ha cegado el entendimiento de los incrédulos. Y muchas veces,
como creyentes que ya tenemos cierta luz, somos afectados por
las mentiras del diablo, por el mundo y sus atractivos, por
los deseos de nuestra carne. y tendemos a desviar nuestra
vista. El Señor dice a sus discípulos,
alza en sus ojos. El apóstol Pablo dice a los creyentes
en Colosés capítulo tres, si pues habéis resucitado con Cristo,
alza tus ojos. Dice, poned la mira en las cosas
de arriba, no en las de la tierra, porque habéis muerto con Cristo
y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Somos llamados
a levantar nuestros ojos y poder mirar. Poder mirar la realidad
de un mundo espiritual, la realidad de que nuestra vida no consiste
solamente de qué es lo que tenemos que comer. Jesús dijo a aquellos
que le estaban siguiendo, trabajen, no por la comida que perece,
sino por la comida que a vida eterna permanece. Y Cristo es
el pan de vida. El deleite verdadero está no
en tener los más suculentos manjares que podamos probar en esta tierra.
Puede haber escasez y probablemente la haya. Pero, ¿sabe? Dios abre
los ojos a los suyos. Y los suyos, cuando sus ojos
han sido abiertos, pueden cantar con el salmiste y decir, diste
alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abunda su
grano y su mosco. Los suyos pueden cantar con el
salmista, en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a
tu diestra para siempre. Podemos cantar con el profeta,
aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto, aunque
las vacas sean quitadas de los corrales y las ovejas de la majada,
con todo yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi
salvación. Alcemos nuestros ojos. Nuestra
realidad no es simplemente, no es tan mal que disfrutes de una
buena comida. Si Dios lo ha provisto, demos
gracias a Dios y disfrutémosla. Aún bien importante es recordar
que si comemos o bebemos o hacemos cualquier otra cosa, Hagámoslo
todo en el deleite verdadero que es la gloria de Dios. Mostrar
su carácter. Mostrar el carácter de Dios porque
somos imagen de Dios. Y si estamos en Cristo, esa imagen
que se perdió en Adán está siendo restaurada por Cristo en nosotros.
Dice la Biblia, por cuanto todos pecaron, están destituidos de
la gloria de Dios, pero estando en Cristo hemos nacido de nuevo
y el Señor está capacitando y enseñando a su pueblo. El Señor está trayendo
luz y revelándose a nosotros para que en la medida que le
conozca, conozcamos, en la medida que crezcamos en conocerle a
él, vamos a crecer en conocer a nosotros mismos. y vamos a
mirar cuántas veces estamos buscando en un lugar equivocado, cuántas
veces estamos inclinados adorando lo equivocado y poder venir en
arrepentimiento y fe al Señor Jesucristo, poder mirar que hay
realidades mayores. Nuestra comida y el deleite de
una buena salud apunta a una realidad mayor. una realidad
de una salud espiritual plena sin ninguna contaminación de
pecado, el hecho de disfrutar de buenos alimentos y muchos
sabores de comida, el hecho de disfrutar, alimentarnos del verdadero
pan, del pan que descendió del cielo, del Señor Jesucristo. Dentro de esas realidades espirituales,
el Señor está diciendo, los campos están listos para ser cosechados.
Hay pueblo mío que está escuchando la predicación del evangelio,
que está escuchando la predicación de aquel que vino y se deleitó
perfectamente la voluntad del Padre. Ese pueblo que está en
frustración porque sabe que las cosas no están bien, porque Dios
le está siendo consciente de que hay una realidad mayor. y
quizá no sabe, pero algo que es seguro, aquellos que Dios
ha escrito en el libro de la vida del Cordero, a su debido
tiempo, va a escuchar el Evangelio, va a escuchar el Evangelio proclamado
por aquellos a quienes Dios ha mostrado la realidad espiritual,
la realidad espiritual de que tenemos una lucha que no es contra
carne y sangre, la realidad espiritual de que la vida no es aquí y ahora,
la realidad espiritual de que tú puedes tener todo resuelto
materialmente, pero es grave no tener resuelto la situación
espiritual. es grave el hecho de vivir tu
vida en este mundo simplemente teniendo vida física. Pero Dios
ha revelado a su pueblo para que ese pueblo proclame y aquellos
que están listos para ser cegados vengan al conocimiento del Señor
Jesucristo. El Señor Jesucristo mismo comparó
y sus palabras son vigentes. Le dice a sus discípulos en ese
momento, alcen sus ojos y miren que los campos están listos para
la ciega. Y el Señor narró que hubo un
hombre que plantó una buena semilla y mientras dormía en la noche,
un enemigo vino y sembró la cizaña. Y compara el fin del siglo con
la ciega. Al fin del siglo se va a quitar
la cizaña y se va a echar al fuego. y el trigo se va a poner
en el granero. Y sabe, hoy los campos también
están listos para la siega. Todos los acontecimientos que
están ocurriendo están indicando que Cristo viene pronto. Viene para tomar su trigo y guardarlo
en el granero y quemar la cizaña. El Señor no retarda su promesa.
Yo no puedo afirmar y decirte que Cristo va a venir en los
cinco próximos años o en diez. Pero algo que es seguro, la Biblia
dice, está establecido para los hombres que mueran una sola vez
y después de esto el juicio. Y si él viene en cinco o viene
en cien, yo soy seguro que antes de cien yo voy a estar ante él. Y usted va a estar ante él. Y
seguramente él viene pronto. Él no tiene prisa. No podemos
determinar cuánto es pronto. El calendario del Señor no se
parece al nuestro. Y nosotros estamos muy sujetos
al tiempo. Y algunos se impacientan y se
burlan de su promesa. Y dicen, siempre han dicho lo
mismo. Pero el Señor le responde y dice, el Señor no retarda su
promesa según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente
para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento. Y la pregunta es, ¿sigues sin
conocer el deleite de Cristo, que es el verdadero deleite que
puede existir? ¿Te ha revelado Cristo cuál es
su deleite? Si Cristo te ha revelado cuál
es su deleite, recuerda. Necesitas recordarlo otra vez.
Necesitas volverlo a recordar. Puedes recordar cómo Él se deleitó
en hacer la voluntad de Su Padre. Y el hecho de que Él haya hecho
la ley, su modo de vivir todos los días en un cumplimiento fiel
de la ley. El hecho de que él haya provisto
un sacrificio en cumplimiento de la ley ceremonial, que es
el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ese hecho
que ha traído contentamiento al padre, que le levantó de los
muertos, ha ganado para ti la posibilidad de que seas restaurado
al verdadero deleite. al deleite de hacer la voluntad
del Padre. Ha sido castigado tu pecado de
quebrantar su ley y Él ha hecho provisión para limpiarte. Ha
hecho provisión para limpiarte y el Señor te llama y me llama
y nos llama a poder mirar ¿Cuál es la realidad? La realidad no
consiste solamente de satisfacer nuestras necesidades materiales. Vivimos en un mundo que ha logrado
tantas cosas, ante lo cual la gente tiende a no pensar en lo
espiritual porque la estamos llevando demasiado bien. De repente
nos asustan algunas cosas como las de ahorita y vemos que no
lo tenemos todo en control. Sin embargo, muchas veces pasa
el susto y volvemos a lo mismo. más que un susto es el hecho
hay una realidad y es una realidad espiritual no es grave morir
de guerra, de hambre, de virus, de lo que quieras, un día vas
a morir. La realidad espiritual es que
sea sallado, no solo con vida física, sino que sea sallado
con vida espiritual porque Cristo te ha dado vida, porque Cristo
ha abierto tus ojos, porque has visto que la vida es más que
solo aquí y ahora. Está establecido un día para
que los hombres mueran una sola vez y después de esto habrá un
juicio. La única manera de... poder rendir
buenas cuentas en ese juicio es estar vestido con la justicia
de Cristo, es estar en Cristo y estar con vida espiritual,
es necesario nacer de nuevo, y solo se nace de nuevo si se
está en Cristo, de modo que si alguno está en Cristo, nueva
criatura es, las cosas viejas pasaron, y aquí todas son hechas
nuevas. Que el Señor nos recuerde cada
día. ¿Cuál es el deleite verdadero?
El deleite verdadero es hacer la voluntad del Padre. Y esa
es la voluntad del que me ha enviado, que todo aquel que vea
al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna. Y yo le resucitaré en
el día postrero, dijo Jesús. Amén.

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Joshua

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