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Cody Groover

El llamamiento eficaz

Cody Groover • September, 27 2009 • Audio
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Cody Groover • September, 27 2009

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Libro de Juan Capítulo 11 Y vamos
a comenzar en el versículo 33. Jesús entonces al verla llorando,
y a los judíos que la acompañaban también llorando, se estremeció
en espíritu y se conmovió, y dijo, ¿Dónde le pusiste? Hablando de
Lázaro, su hermano. Le dijeron, Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces
los judíos, mirad cómo le amaba. Y algunos de ellos dijeron, ¿no
podía éste, que abrió los ojos al ciego a ver, hecho tan bien
que Lázaro no muriera? Jesús, profundamente conmovido
otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva y tenía una piedra
puesta encima. Dijo Jesús, quitad la piedra. marca a la hermana del que había
muerto, y le dijo, Señor, quede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo, ¿no te he dicho
que si crees verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la
piedra de donde había sido puesto el muerto, y Jesús, alzando los
ojos en alto, dijo, Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía
que siempre me oías, pero lo dije por causa de la multitud
que está alrededor, para que crean que Tú me has enviado.
Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz, Lázaro, ven fuera. Y el que había muerto, salió,
atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuerto
en un sudario. Jesús les dijo, desatadle y dejarle,
desatarle, dejarle. Hasta ahí vamos a leer esta mañana.
Primeramente quiero que consideremos qué es el pecado, qué es el pecado. Nosotros somos pecado. ¿Qué es
el pecado que cause que el Señor Jesucristo llore, que el Señor
Jesucristo sea conmovido que se ha turbado, esa es la palabra.
¿Se acuerdan? El Señor Jesucristo vio a María
llorando a los pies del Señor Jesucristo. Cuando vino María,
en versículo 32, dice, María cuando llegó a donde estaba Jesús,
al verle, se postró a sus pies diciendo, Señor, si hubieses
estado aquí, no habría muerto mi hermano. Y es verdad, el Señor
Jesucristo dijo eso mismo. Él se demoró a propósito para
que Lázaro muera. Era el propósito de Dios mostrar
Su gloria, que Él es quien Él dice que es, y para que nosotros
seamos consolados. Es el propósito por el cual el
Señor Jesucristo permitió que Lázaro pasara por esta experiencia
para que nosotros, tú y yo que creemos en el Señor Jesucristo,
tengamos este consuelo. tengamos esta enseñanza. Bueno,
y cuando Marta no podía decir más, ella solamente pudo llorar,
y el Señor Jesucristo la vio a ella llorando. También vio
a los otros que estaban con ella llorando, ya sea por simpatía
o por hipofresía, los judíos que habían acompañado. Pero podemos
notar aquí que el Señor Jesucristo fue conmovido, o se turbó, esa
es la palabra. Cuando pensamos en la muerte,
¿qué es la causa de la muerte? La causa de la muerte es el pecado. La muerte entró en el mundo,
y todo dolor y todo sufrimiento, toda pena, entró en el mundo
por causa del pecado. Cuando Dios creó el cielo y la
tierra y creó el mundo, Él vio que todo era bueno. Él creó a
Adán y Eva perfectos, sin pecado, pero cuando Adán desobedeció
a Dios y trajo este pecado, entró el pecado en el mundo, y por
el pecado la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, por
cuanto todos pecan. Todos nosotros nacimos en este
mundo pecadores, por naturaleza, por nuestro Padre Adán, pero
el pecado este, podríamos decir, el abuelo de todos los pecados.
Es la incredulidad. Es la incredulidad. ¿Qué feo? Es la incredulidad. No creer
a Dios. Él se turbó. Quiero notar esta
palabra como vio, y quiero que noten allá en Juan capítulo 12,
versículo 27, cuando el Señor Jesucristo dijo, ahora está turbada
mi alma. que diré, Padre, sálvame de esta
hora, más para esta he llegado a esta hora. Mi alma está turbada,
dijo el Señor Jesucristo. El ser, el sólo considerar, el
sólo anticipar que el Señor Jesucristo sea hecho pecado. Él fue hecho
pecado por su cuerpo. Él fue hecho, el que no conoció
pecado, Él fue hecho pecado por su cuerpo. Dios tomó el pecado
de Su pueblo y lo puso sobre Su iglesia, y Él fue hecho pecado.
Él fue conmovido, Él fue turbado, esa es la palabra. Él fue turbado. Esto nos muestra que el Señor
Jesucristo fue turbado. Recuerden, Él es hombre verdadero,
pero es el santo ser, el santo ser que nació de la Vir sin pecado,
sin Padre humano. Esa es la diferencia. Todos nosotros
tenemos Padre humano, pero el Padre de nuestros señores de
Cristo es Dios. El Espíritu Santo vino sobre
María y fue formado un cuerpo en el vientre de María milagrosamente. Dios envió a Su Hijo, y recuerden,
es Dios mismo. El eterno Hijo de Dios vino aquí
a este mundo y fue hecho carne. pero es carne verdadera, es hombre
verdadero, el santo ser, el eterno Hijo de Dios, el Creador de todo
el universo. De éste estamos hablando, que
Él, cuando Él mira el pecado, Él es turbado como hombre, su
santo ser es turbado por ver el pecado. Noten aquí, y tal
nos convenía a nosotros, Noten allá en Hebreos capítulo 11.
El Señor Jesucristo tiene que ser hombre verdadero, porque
solamente un hombre puede compadecerse de nosotros, puede sentir nuestros
dolores, puede sentir nuestras penas. Y el Señor Jesucristo
dice allá en Hebreos capítulo 4, versículo 15, dice, porque
no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de
nuestras debilidades. sino que uno que fue tentado
en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Él fue tentado,
Él sintió lo que es dolor, Él sintió el cansancio, sed, hambre,
todo lo que nosotros puede venir en nuestra vida, Él sintió eso.
Y Él pudo sentir también el dolor. Bueno, ¿qué es el pecado? El
pecado es lo que nos separa de Dios. es lo que separa a su pueblo
de Dios. Por vuestros pecados, dice en
Isaías, fueron nuestros pecados los que nos separaron. El Señor
Jesucristo vino para librarnos de la maldición del pecado, para
salvarnos de nuestros pecados. Ahora, en versículo 34 nos dice,
dijo el Señor Jesucristo, ¿dónde le pusiste? Le dijeron, Señor,
Ven y ve. Notamos aquí que el Señor Jesucristo
preguntó, ¿dónde le pusiste? Pero el Señor Jesucristo sabe
todas las cosas. Pero Él dijo esto para pastrar. Él es hombre verdadero. ¿Dónde
le pusiste? Le dijeron, Señor, ven y ve.
Y Jesús lloró. Versículo 35. Jesús lloró. ¿Cuáles serían los pensamientos
del Señor Jesucristo? ¿Qué habrá sido la causa? Nuestro
Señor Jesucristo lloró. Quizás pensó en Lázaro, quizás
pensó en el dolor de sus hermanas, pero yo creo principalmente pensó
en la incredulidad del hombre. La incredulidad del hombre, la
incredulidad de esta multitud y la falta de fe de parte de
sus amigos. El Señor Jesucristo le había
dicho a sus discípulos que esto no era para muertos. Lázaro iba
a resucitar. Y le había dicho también a Marta
que Él iba a resucitar. Tres veces leemos en las Escrituras
que nuestro Señor Jesucristo lloró. Quiero que vean Lucas
capítulo 19, versículo 41. Y cuando llegó cerca de la ciudad,
está hablando de Jerusalén, al verla, lloró sobre ella, diciendo,
Oh, si también tú conocieses a lo menos en este día, tu día,
lo que es para tu paz, mas ahora está encubierto de tus ojos,
si conocieras un Salvador que puede ser conmovido. Y quiero
que noten también allá en Hebreos capítulo 5, versículo 7 nos dice, vamos a leer desde el versículo
6 porque está hablando del sacerdote que puede interceder por nosotros.
Como también dice en otro lugar, tú eres sacerdote para siempre
según el orden de Melquisedec, sacerdote que puede compadecerse
de nosotros. Siempre, eterno, y Cristo en
los días de su carne ofreciendo ruegos y súplicas con blanca
clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído
por causa de su temor reverente, con lágrimas, llorando. sus lágrimas eran de simpatía,
sus lágrimas eran de compasión, pero en todas maneras sus lágrimas
de alguna manera están conectadas con la incredulidad y el pecado. Bueno, el versículo 36 dice,
Dijeron entonces los judíos, mirad cómo le amaba. Ellos concluyeron
que el Señor Jesucristo amaba mucho a Lázaro. Y es verdad,
el Señor Jesucristo amó a Lázaro, y a Marta, y a María. Él amó
con amor eterno a su pueblo. Los ha amado con amor eterno.
Pero estos judíos no entendieron la causa de su dolor. Estos judíos no entendieron la
causa de su dolor del Señor Jesucristo. Ellos pensaron simplemente que
lo amaban. Y algunos otros cuestionaban
aún sus motivos, decían, y algunos de ellos decían, ¿no podía éste
que abrió los ojos haber hecho también que Lázaro no muriera?
Bueno, es verdad, pero esto parece tal vez la burla, eso parece
mucho la burla que hicieron ellos en la cruz del Calvario. Mucho
se parece a esa burla cuando dijeron allá al pie de la cruz,
¿a otro salvó? No puede también, no puede salvarse
a sí Siempre buscaban los lios, los incrédulos, siempre buscan
maneras de descreditar al Señor Jesucristo. Siempre buscan manera
de causar dudas para descreditarle. Y otra vez nos dice allá en versículo
38, Jesús profundamente conmovido otra vez por esta incredulidad.
Él pudiera haber evitado que el ácido vino al sepulcro y era
una cueva y tenía una piedra puesta encima. No que de acá
dijo el Señor Jesús quitar la piedra. Estamos pensando qué
es el pecado, qué es el pecado que nos separa de Dios. Y aquí
vemos que el Señor Jesucristo utiliza medios para cumplir su
propósito. Dios le ha agradado por la predicación
de la palabra salvar a su pueblo. Él, Él tiene poder, Él es poderoso
para salvar a todo su pueblo, pero Él ha querido utilizar medios,
y debemos reconocer esto. Quiero que vean primer Corintios
capítulo 1, dice versículo 21, Pues ya que en la sabiduría de
Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría. ¿Qué significa
eso? Es la sabiduría de Dios que el
mundo no puede obtener el conocimiento de Dios mediante su propia inteligencia. Es la sabiduría de Dios. Es lo que dice en la sabiduría
de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría. Eso nos enseña que aprender o
conocer a Cristo no se aprende en las universidades, no se aprende
o no se conoce al Señor Jesucristo en los seminarios, y aun cuando
se esté hablando doctrina correcta, no agradó a Dios, por medio de
la sabiduría del hombre, revelarse a sí mismo. Noten lo que dice,
hay astrónomos, hay telescopios, hay telescopios en el espacio
que están tratando de mirar dónde comienza el universo para conocer
a Dios. Y allá en Europa, no sé dónde
en Europa, hay un este superconductor o no sé qué, es un túnel, un
túnel, acelerador de partículas. El propósito de los científicos
es de conocer el comienzo. y están acelerando una partícula
y luego aceleran en otra dirección para que haya un choque. En la sabiduría de Dios, el hombre
no puede conocer a Dios. Examen el hombre. Cuando él se
hace sabio, Dios lo hace necio. Dios lo hace necio. Ahora, noten
esta palabra. Subráyenlo allá. Agradó a Dios
salvar. ¡Ah, qué precioso! Agradó a Dios
salvar. Dios quiso. Primero agradó a
Dios salvar. Es gracia. Es gracia. ¿Por qué Él quiso? Agradó a Dios
salvar. ¿A quiénes? A los creyentes. Ahora, no es porque ellos creen
que Dios los salva. Dios los salva y por eso creen.
Tienen eso. No es porque ellos creen que
Dios los salva. Dios los salva, por eso creen.
Pero agradó a Dios salvar a los creyentes, y no creen acá, dice,
por la locura de la predicación. Por la locura de que el hombre,
en natural, piensa que esto que estás haciendo, viniendo aquí
para escuchar el Evangelio. Dice, ¿para qué vas allá? ¿Para
qué vas allá a perder tu tiempo? Todo el tiempo estás escuchando
el mismo mensaje. El hombre natural tiene en su
corazón y en su mente enemistad en contra de eso, de la predicación
del Evangelio, de la predicación de Cristo Jesús. Pero este es
el medio que Dios ha utilizado para dar vida a Su pueblo. Porque
los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, pero
nosotros, hablando de los creyentes, nosotros predicamos a Cristo,
la Persona, crucificado su obra. Para los judíos ciertamente tropezadero
y para los gentiles locura, mas para los llamados. Para los llamados. Dios llama a su pueblo. En un
momento vamos a ver que en figura está hablando el Señor Jesucristo
a este hombre. Para los llamados para los llamados,
así judío como creó Cristo, el mensaje de Cristo y quién Él
es, Su obra, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría. Para los llamados, para ti es
sabiduría, para ti es el poder de Dios, tú que crees, para otros
es locura. ¿Cuál es la diferencia? Agradó
a Dios. La diferencia es agradó a Dios.
Dios quiso. Regresamos allá a Juan capítulo
11. Él dijo, tenía una piedra puesta encima y el Señor Jesucristo
no utilizó de su poder como para hacer obra teatral, para llamar
la atención teatral. No era eso. El Señor Jesucristo
pudo haber quitado esa piedra, decir quítate y se fue. Pero
Él no hizo eso. Él dijo, quitad la piedra. ¿Qué ejemplo nos da aquí el Señor
Escritor? Noten aquí lo que dijo Marta.
Marta, esta es la misma Marta que dijo, Señor, aún ahora yo
sé que todo lo que tú pidas te será dado. Esta era la misma
Marta y vimos la fe de Marta. Noten allá versículo 21, Y Marta
dijo a Jesús, Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría
muerto. Mas también sea ahora que todo lo que pides a Dios,
Dios te lo dará. Y hablamos de la fe de Marta.
Ella era conocedora de las Escrituras, ella tenía fe en el Señor Jesucristo. Pero ahora vemos a Marta que
está tambaleando. Ahora vemos a Marta que está,
no está tan firme. Ahora el Señor Jesucristo dice
quita la piedra y ahora Marta dice el Señor ya viene. Ya son cuatro días que están
en el seguro. Eso nos enseña algo muy importante. Primero nos enseña esto, que
nuestra fe, la fe que Dios da, somos salvos por fe. Nadie es
salvo sin creer a Dios, sin creer el testimonio de Dios acerca
de Jesucristo. Pero debemos entender esto, que
no es nuestra fe, la fe que nos es dada, no es esta la fe la
causa de nuestra salvación. La causa de nuestra salvación
es la fidelidad del Señor Jesucristo. Somos salvos por la fe de Él.
Nosotros creemos a Dios. Tú que crees en el Señor Jesucristo,
Él te ha dado la fe, pero estamos llenos de dudas y de temores,
estamos llenos de ansiedades, nuestra fe está llena de agujeros,
pero no puede ser. Hay algunas personas que han
enseñado, creen, piensan esto, que como
están dependiendo de ellos mismos, ellos quieren ser, quieren que
la hora de su muerte llegue cuando estén de rodillas, quieren que
la hora de su muerte llegue cuando estén orando, quieren que la
hora de su muerte llegue cuando están leyendo la Biblia, no vaya
a ser que llegue la hora de su muerte cuando están violando
la ley y cruzando un alto, atravesando un alto, no vaya a ser que llegue
entonces, ¿verdad?, o cuando estén en pecado. Recuerden esto,
el Señor Jesucristo que salva a su pueblo, lo salva de todos
sus pecados, del primero y del último. Y no es nuestra piedra
que nos salva, es el Señor Jesucristo. Él dijo, quitar la piedra. Nuestro
Señor Jesucristo reprendió a Marta, le recordó lo que le había dicho
anteriormente. Marta le dijo, Señor, lléve ya. porque es de cuatro días. El
Señor le dijo, no te he dicho que si crees, verás la gloria
de Dios. No te he dicho que si crees,
verás la gloria de Dios. En Juan capítulo 11, versículo
27, ya le había dicho que su hermano resucitaría. Y en Juan
11, veinticinco, veintiséis, el Señor Jesucristo le había
dicho a Marta, yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí
no morirá, dice, Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá. Él ya había dicho eso. Si crees,
verás la gloria de Dios. Crees a Dios. Crees en el Señor
Jesucristo. Vas a ver la gloria de Dios.
Quiero que noten algo aquí también. Estamos hablando de la condición
del hombre por naturaleza. Y esta es una figura de la resurrección
espiritual que el Señor Jesucristo da a su pueblo. Este hombre Lázaro era uno que
el Señor amaba, el Señor amaba. Y su pueblo que él amó, lo ha
amado con amor eterno. Pero este hombre Lázaro estaba
muerto. Ahora, ¿qué calidad de muerto?
Parece extraño que yo diga qué calidad de muerto. Pero muchas
veces en la religión y el pensamiento del hombre, cuando decimos está
muerto, simplemente el hombre piensa que está de alguna manera
medio incapacitado. Piensa, de alguna manera el hombre
tiene alguna chispa de vida, de alguna manera el hombre tiene
algo de bueno en él, y muchas veces lo presentan de esta manera,
es un carbón que tiene un poquito de llama, un poquito de chispa,
y solo tiene que abanicarlo uno y entonces vuelve a tener vida. Pero eso no es lo que nos enseña
la Palabra de Dios. La Palabra de Dios nos enseña
que el hombre natural no tiene vida, está muerto en delitos
y pecados. Y esto es lo que nos figura el
hecho de que Lázaro esté muerto cuatro días y ya de día. Esto
es lo que nos enseña la Palabra de Dios, que nosotros, por nuestros
pecados, por nuestra condición natural, no podemos agradar a
Dios. De hecho, la Escritura nos dice
en Isaías, que aún nuestras obras buenas, nuestras obras de justicia
delante de Él son como trapo de inmundicia, son como trapo
de inmundicia, apesta, apesta. Y esto es lo que nos, es la verdad
de la Palabra de Dios. Quiero que vean en Efesios capítulo
2, Efesios capítulo 2 versículo 1 dice, y Él os dio vida a vosotros
cuando estábais muertos en vuestros delitos y pecados, pero no estábamos
inactivos muertos, esa es nuestra condición delante de Dios, pero
bien activos en ella. Noten que la condición y la posición
del hombre es muertos en vuestros delitos y pecados. El comportamiento
del hombre, dice, entre los cuales anduvimos en otro tiempo, siguiendo
la corriente de este mundo, conforme o según el príncipe de la potestad
del aire es de Satanás, el espíritu que ahora opera en los hijos
de desobediencia, todos los que no creen en el Señor Jesucristo,
todos los que no han sido librados del poder de Satanás, están bajo
el poder de Satanás. Manténgase en lugar ahí en Efesios
y quiero que vean primera de Juan, capítulo 5. El Señor Jesucristo
tiene que librarnos del poder de Satanás. Versículo 19 dice,
hablando de los creyentes, dice, sabemos que somos de Dios y el
mundo entero está bajo Satanás, el maligno. El mundo entero está
bajo el poder del maligno. El Señor Jesucristo dijo que
Él es el hombre fuerte que viene y captura. Uno más fuerte tiene
que venir. tiene que atar a ese hombre fuerte
que es Satanás, para que luego sea saqueado su casa. Él tiene
que atar, Él tiene que vencer, porque nosotros estamos por naturaleza,
como dice allá, otra vez en Efesios 2, el Espíritu que ahora opera
en los hijos de desobediencia, dice, entre los cuales también
todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra
carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos,
que estábamos haciendo la voluntad, lo que queríamos, estábamos haciendo
lo que queríamos, la voluntad de la carne, la voluntad de los
pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los
demás. Naturalmente nosotros estábamos
airados en contra de Dios, airados, no nos sometíamos a la voluntad
del Señor Espíritu, diciéndole no a Él. Éramos hijos de ira,
lo mismo que los demás. Pero gracias a Dios por ese versículo
cuatro, ¿verdad? Pero Dios, ahí está otra vez,
porque Dios quiso. Pero Dios, que es rico en misericordia,
rico en misericordia, inagotable en raudal, de misericordia, donde
abundó el pecado abundó más la gracia. Por su gran amor con
que nos amó, desde la eternidad, esta es la causa, por su gran
amor con que nos amó, estando aún nosotros muertos, aún estando
nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia soy salvo. ¿Dónde
está tu fe en eso? ¿Dónde está tu fe en ese versículo?
No se encuentra, ¿verdad? Es por gracia. Es por gracia. Tu fe no está en ese versículo.
Te dio vida juntamente con Cristo. Por gracia eres salvo. Bueno,
esa es la condición de nosotros, cada uno de nosotros por naturaleza,
muertos. Ahora, esto nos habla de la capacidad
del hombre. No tiene caso hablar a la voluntad
de un hombre perdido y decirle, haz tu decisión por Cristo. Imagínate
que el Señor Jesucristo esté allá hablando con Lázaro, Lázaro,
ya quité la piedra, ahora depende de ti que tú salgas. Suena un poco ridículo, ¿verdad?
No un poco ridículo, suena mucho ridículo. Pero eso es exactamente
lo que hacen los hombres, que predican un mensaje, que Dios
ya hizo todo lo que puede, ahora depende de ti, hombre muerto,
que tú vengas al Señor Jesucristo. Esa es una imposibilidad. No
es posible que el hombre venga si está muerto. No entra la voluntad
del hombre. No tiene habilidad y no tiene
voluntad. Entonces, Lázaro se queda allá
en ese sepulcro todo el tiempo hasta que el Señor Jesucristo
lo llame a Él. De la misma manera, el hombre
que está muerto en delitos y pecados no puede y no quiere venir al
Señor Jesucristo hasta que Dios en Su gracia y en Su misericordia
le hable, le hable. Bueno, el versículo cuarenta
y uno dice Entonces quitaron la piedra de donde había sido
puesto el muerto, y Jesús, alzando los ojos en alto, dijo, Padre,
gracias de Dios por haberme oído. Me acuerdo que el Señor Jesucristo
dice acá, Esto lo dije para que ellos crean. El Señor Jesucristo y Dios el
Padre, Dios el Hijo, son uno. Yo y el Padre uno somos. La voluntad
del Señor Jesucristo es la voluntad de Dios el Padre. Pero Él alzó
los ojos al cielo de donde está Dios, el trono de Dios, alzó
los ojos en alto y dijo, Padre, gracias desde hoy por haberme
oído. Yo sabía que siempre me oyes,
pero lo dije por causa de la multitud para que estén alrededor,
para que crean que Tú me has enviado. El propósito, otra vez
me recuerda, me trae esto. El propósito por el cual Dios
envió a Su Hijo al mundo es para salvación. Dios no envió a Su
Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
sea salvo por Él. El propósito por el cual nosotros
traemos este mensaje de salvación por gracia es para que crean. No estamos predicando este gran
misterio, no estamos predicando esta palabra, la doctrina de
Cristo, simplemente para llenar la cabeza de información o para
hincharnos, es decir, nosotros sabemos. No es eso. Noten allá
lo que dice el 1ª de Juan, capítulo 1. Dios envió a Juan el Bautista
para que crean. Este es el propósito. En 1ª de
Juan, capítulo 1. Esto lo voy a repetir una y otra
vez. No nos vamos a cansar de oír
esto. Yo no quiero que nadie piense que yo estoy predicando
la elección divina para hincharnos. No es una doctrina que nos hincha,
no nos hincha, nos humilla, no nos eleva. El propósito por el
cual estamos predicando la doctrina de Cristo, estamos predicando
Cristo y este crucificado, es para que también ustedes crean.
Noten lo que dice allá, versículo 3, 1 Juan 1, 3. Lo que hemos
visto y oído, esto os anunciamos. Eso es un testigo. Eso es un
testigo. Lo que hemos visto y oído. Y
nosotros hemos visto con ojos de fe. nosotros hemos visto su
Palabra. Nosotros hemos oído por los oídos
que Él nos dio. Hemos visto y hemos oído. Esto
estamos anunciando. No podemos hablar de lo que no
sabemos. No podemos regresar de un lugar donde nunca hemos
ido. Es imposible regresar de un lugar donde nunca has estado. Y es imposible ser testigo de
algo que nunca has visto. Lo que hemos visto y oído es
que anunciamos para que también vosotros, ahí está, para que
también vosotros tengáis comunión con nosotros. Este es el propósito
por el cual testificamos. No es simplemente para hinchar
o para decirle a la otra gente que estás mal. Ahí está mala
nuestra actitud, si es simplemente para estar, tú estás mal, yo
estoy bien. Este no es nuestro motivo. La
única razón por la cual nosotros sabemos la verdad es porque Dios
nos lo reveló. Nuestro propósito es que tengan
comunión con nosotros, y aquí está nuestra comunión. Nuestra
comunión verdaderamente es con el Padre y con Su Hijo, Jesucristo. Nuestra comunión está en el Señor
Jesucristo. Somos uno en el Señor Jesucristo,
uno con el Señor y uno con Dios. ¡Qué gran bendición, verdad! Dijo el Señor Jesucristo, esto
lo dije para que también ellos crean. En el capítulo 20 de Juan
dijo, estas cosas fueron escritas para que crean, para que crean
y creyendo tengan vida eterna. Entonces decimos a la gente,
estamos hablando la palabra de Dios, cree a Dios, cree a Dios
para que tengan vida. Yo sabía que siempre me oyes,
dijo el Señor Jesucristo, pero lo dije por causa de la multitud
que está alrededor para que crean que Tú me has enviado. Y habiendo
dicho esto, clamó a gran voz, Lázaro, ven fuera. Cuando oyes
eso, ¿qué? Lázaro, ven fuera. Este es un
llamado particular. Este es un llamado particular.
Este es un llamado poderoso. El Señor Jesucristo no está intentando
resucitar a Lázaro de los muertos. Muchas personas presentan el
Evangelio como que si Dios está tratando de salvar a su pueblo. No, Dios no trata de hacer nada. Él hace. Esta es la voz del Creador. Esta es la voz del que habló
en el principio y dijo sea la luz y fue la luz. vino de existencia
todo lo que no tenía existencia. De la nada creó todo lo que existe. Esta es la voz del Hijo de Dios. Primero quiero que notemos esto.
Es una voz, es un llamamiento particular. El Señor Jesucristo
vino para salvar a Su pueblo. Vino para dar vida a Su pueblo.
No vino para dar vida a todo el mundo sin excepción. más vino
a dar vida a su pueblo, a aquellos que le fueron dados por Dios
el Padre. Esta es la elección divina. Él
tiene a su pueblo. Hablando de esto, Él vino con
ese llamamiento particular. Yo hablé de este ejemplo anteriormente,
pero quiero darlo otra vez. Es un llamamiento particular.
Estaba yo allá en Chiapas y estaban ordeñando las vacas. Y cuando
el vaquero terminó de ordeñar a la vaca, Este, soltó las piernas
traseras de la vaca y dice la vaca, ¡Mú! ¡Mú! Dice la vaca. Y habían allá unos,
unos toritos. Y habían como veinte allá. Y de los veinte, no crean que
todos los veinte vinieron. Solamente vino uno. ¿Verdad? El que fue llamado. Ese es un
llamamiento particular. Los demás oyeron, pero no vinieron. Y hay un llamamiento general
que oyen todas las personas que oyen el Evangelio. Hay un llamamiento
general. Pero cuando el Señor Jesucristo
habla, cuando el Señor Jesucristo habla, Él está utilizando instrumentos
débiles. El apóstol Pablo dijo, tenemos
este tesoro en vasos de paro. Pero, sin embargo, es Dios quien
está hablando. Dijo allá en Juan capítulo cinco,
el Señor Jesucristo, Hablando de esta voz, Él dijo, dice versículo
24, De cierto, de cierto, os digo, el que oye mi palabra,
y cree al que me envió, tiene vida eterna, y no tendrá condenación,
mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto, os digo,
viene la hora, y ahora es cuando los muertos oirán la voz del
Hijo de Dios, y los que lo oieren vivirán. está hablando de una
resurrección. Los muertos que lo oyen, ésta
es, por cierto, la primera resurrección. Ésta es la primera resurrección
que habla el Apocalipsis, cuando habla de la primera resurrección,
los que están en la primera resurrección, la segunda muerte no tiene poder
sobre ellos. Ésta es la resurrección de la
que habla. Muertos todos en Adán, resucitados vivos, él los dio
vida. los que lo hieren vivirán, porque
como el Padre tiene vida en Sí mismo, así también le ha dado
al Hijo el tener vida en Sí mismo, y también le dio autoridad al
servicio por cuanto es Hijo de hombre. Él resucita espiritualmente
a Su pueblo, pero también viene el día cuando todos los que están
en el sepulcro van a resucitar con esta misma voz. dice ya no
os maravilléis de esto porque vendrá ahora cuando todos los
que están en los reclusos oirán su voz y los que hicieron lo
bueno que es hacer lo bueno que buena cosa haremos creer en el
señor Jesucristo creer a Dios los que hicieron lo bueno recuerden
eso es cuando una persona cree a Dios La justicia del Señor
Jesucristo es imputada o expuesta a su cuenta. De tal manera que
la vida del Señor Jesucristo es mi vida. Tú crees a Dios,
la vida del Señor Jesucristo es tu vida. ¡Qué bueno es eso! ¿Verdad? Todo lo que hizo el Señor Jesucristo
es lo que tú hiciste. Los que hicieron lo bueno, saldrá
la resurrección de vida, más los que hicieron lo malo, ellos
también van a salir a resurrección, pero de condenación. Ahora, vi
otro texto que vino a mi mente cuando estaba yo hablando de
esto. Viene la hora y ahora es cuando los muertos oirán. Ah,
sí, ya acuerdo cuál es. ¿Ven lo que dice el Segundo Tesonisensis?
Acerca de oír la voz del Señor Jesucristo. Perdón, el Primero
Tesonisensis. El apóstol Pablo está dando gracias
a Dios por todos los que creen. nosotros damos gracias a Dios
también. Dice versículo 13, por lo cual también nosotros sin
cesar damos gracias a Dios. Este es el primer de los versículos
1, versículo 13. Por lo cual también nosotros
sin cesar damos gracias a Dios de que cuando recibiste las palabras
de Dios que oísteis de nosotros, la oyeron de Pablo, oyeron de
hombre. Ustedes han oído de un hombre,
así como yo he oído de un hombre, pero si solamente lo oímos como
palabra de hombre, no hay poder. La recibiste, la Palabra de Dios
que oísteis de nosotros, la recibiste no como palabra de hombre, sino
según esa verdad, la Palabra de Dios la cual actúa en vosotros
los creyentes. actúa, es la Palabra que actúa
en vosotros. Santiago 1,18 dice, Él de Su
voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad. Dios utiliza
la Palabra de verdad, Su Evangelio, para que seamos primices de Sus
criaturas, y en 1 Pedro 1,23 dice, siendo renacidos no de
simiente corruptible, sino de incorruptible por la palabra
de Dios que vive y permanece para siempre. Él dijo, Lázaro,
ven fuera. Un llamado particular, un llamado
poderoso, ¿verdad? Cuando Él dijo, Lázaro, ven fuera,
Lázaro salió. ¿Pero no ves que Lázaro ya está
muerto? Ya tiene el olor, ya está en
descomposición. Si puedes imaginarte Si puedes
imaginar, utiliza la imaginación. Imagínate, ahí está un cuerpo
cuatro días muerto y está en descomposición. Ahora, ¿puede de esa descomposición
salir un cuerpo sano? ¿Puedes ver que eso sale? No sé si estoy comunicando esto
bien. Ahí está un cuerpo en descomposición y puedes ver que de ese cuerpo
en descomposición se levanta uno sano, con piel sana, carne
sana, sangre corriendo por las venas, cuerpo perfecto. ¿Puedes ver eso? Eso es lo que el Señor Jesucristo
hace cuando estamos en descomposición, en pecado. y Él habla y da vida,
es vida eterna, es la vida de Dios. Cuando la persona cree a Dios,
esa persona es perfecta delante de Dios, no falta nada. Puedes
verlo con ojos físicos. Ese cadáver, ese cuerpo está
descompuesto. Hay habilidad en el hombre. poder
en el hombre para hacerlo? No, no hay poder, pero ve que
ese cuerpo se levanta como un cuerpo sano, es el poder de Dios,
es el poder de Dios, de dar, de poner amor en el corazón de
un pueblo que odia al Señor Jesucristo, un corazón que está en enemistad
en contra de Dios, de poner amor ¡Qué precioso es eso, verdad!
¡Lázaro, ven fuera! ¡Es el poder de Dios! ¡Lázaro,
ven fuera ahí! ¿Saben? Pisa allá, y el que había
muerto salió. ¿Tenía alguna opción, Lázaro?
¿Era una invitación para Lázaro? No, esto era un mandato para
Lázaro. Esto era un mandato. ¿Lázaro quiere salir fuera? no
una sugerencia. Dejó su viejo Lázaro que salga.
Ese era un mandato. Cuando el Señor Jesucristo habla
con poder, su voluntad es hecha. Lázaro dice, y el que había muerto
salió atado a las manos y los pies con vendas, que el rostro
envuelto en un sudario. Jesús les dijo, desatadle y dejadle
ir. Aquí hay una muy bonita figura
de lo que el Señor Jesucristo hace a su pueblo. Cuando el Señor
Jesucristo por el Evangelio levanta a un hombre que está muerto en
delitos y pecados, este lastro salió, pero estaban atadas sus
manos y sus pies. ¿Cómo salió? ¿Cómo salió del
sepulcro si está atado? Trata de caminar con tus pies
atados. Lo envolvían como momia. Está
envuelto en un sudario. ¿Cómo vas a caminar envueltos?
Él salió flotando. Él salió del sepulcro. Pero todavía
tenía estas vendas. Todavía tenía estas vendas que
lo ataban. Estas vendas de su muerte. Y
cada uno de nosotros, cada uno de nosotros cuando cree en el
Señor Jesucristo, no importa de dónde vengamos, no importa
de qué fondo vengamos. Tiene envuelto estos trapos de
muerte. Pero el mandato del Señor Jesucristo
a estos que estaban alrededor de Él es desatarlo y dejarlo
ir. Desatarlo y dejarlo ir. Déjalo
libre. Eso es lo que hace el Señor Jesucristo
a Su pueblo. Nos redime y nos suelta libres. Libres estamos. libres en el
Señor expreso. Pero todavía estamos atados.
Muchas veces estas ataduras pueden ser ataduras de tradición. Estas ataduras de tradición,
el hombre piensa que tengo que hacer esto para servir al Señor. Yo tengo que observar estos días,
porque estos días son más santos que otros días. Son ataduras
que el hombre ha puesto. La tradición La religión del
hombre, la religión no salva a nadie, la religión solo sirve
para atar a la persona. La religión, los pensamientos,
es precisamente lo que el Evangelio hace. El Evangelio, al escuchar
el Evangelio, es que estamos libres en el Señor Jesucristo.
Estamos libres en Él. Nos libera de todas estas cosas
que nos tenían atados. Y la religión ata la conciencia
por siempre. La religión ata la conciencia.
Los hombres quieren capturar a los hombres. Y es por eso que
el apóstol Pablo escribió en sus cartas a los gálatas. El hombre quiere atar con vendas. Ese no es el mandato. El mandato
es, líbralos. Dile a mi pueblo que todo ya
está pagado. Consuela a mi pueblo. Líbralo.
estamos libres para venir y servir al Señor en espíritu y en verdad,
en todo tiempo, no estamos atados, no estamos atados a días, hay
que observar esto en este día, hay que observar, siempre tienes
libertad de entrar delante del trono de Dios, por medio del
Señor Jesucristo, desátalo, desátalo de sus tradiciones, desátalo
de su religión, desátalo Y ¿saben qué? Hay un sentido en que todo
el tiempo que estamos en este mundo vamos a estar atados. Aunque somos mandados de vivir
libres. Pero hay un sentido en que todo
el tiempo vamos a estar atados. Quiero que noten esto. Estamos
atados por nuestra propia carne. En Romanos capítulo 7 el apóstol
Pablo dijo esto. esta carne, esta carne. Todo el tiempo estamos en esta
carne, estamos atados por la naturaleza, la naturaleza carnal. Un día, gracias a Dios, vamos
a ser completamente libres de esta carne. Cuando estemos completamente
libres de esta carne, ¿qué será el gozo y el regocito delante
del Señor? Apóstol Pablo dijo, voy a tener
que leer el versículo 14, porque sabemos que la ley es espiritual,
mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago no
lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco,
esto hago. Y si lo que no quiero, esto hago,
apruebo que la ley es buena, de manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Yo sé que en
mí esta es mi carne, no mora el bien, porque el querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Y así que queriendo
yo hacer el bien, hayo esta ley que el mal está en mí, porque
según el hombre interior me deleito en la ley de Dios, pero veo otra
ley en mis miembros que se revela contra la ley de mi mente y me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros, miserable
de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Hay un sentido en que el creyente
está arrastrando este cuerpo todos los días de su vida, esta
carne. Un día, gracias a Dios, dice,
gracias, doy a Dios por Jesucristo, Señor nuestro, Él me va a librar. Un día Él me va a librar de este
cuerpo del pecado. Me va a dar un cuerpo sin pecado.
Así que yo mismo con la mente sirvo la ley de Dios más con
la carne la ley del pecado. Aunque estamos libres. Aunque
estamos libres. Desátalo. Desátalo. Qué precioso
es eso, verdad. Ya vimos qué es el pecado. Vimos
el poder de Dios para resucitar a los muertos. vimos que el Señor
Jesucristo manda que seamos librados, y es lo que hace el Evangelio. Estaba yo hablando con alguien
otro día, ¿saben? En la Palabra de Dios tenemos
todo lo que necesitamos, todo lo que necesitamos. Y estaba
yo hablando con un pastor y le dije, estamos de acuerdo con
esto, que si una persona viene a escuchar el Evangelio y viene
seguido, veces que se reúnan. Van a tener todas sus preguntas
contestadas, ¿verdad? Van a tener todas sus preguntas
contestadas. Tal vez no sea en el tiempo que
nosotros querramos. Señores presos, yo tengo muchas
cosas que decirles, pero ustedes no pueden ahora recibirlas. Pero
si somos pacientes y estamos escuchando, todas nuestras respuestas
van a estar allá. ¿Y cuánto se ahorraría la persona
en ansiedad, una persona tendría que ir a los consejeros y toda
esta cosa porque la palabra de Dios nos enseña, nos libera. Bueno, que el Señor me diga su
palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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