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Carácter de un Pastor, Nobleza en Actitud y Conducta, Santo

Titus 1:7-8
Joel Coyoc August, 8 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc August, 8 2021
Proposito de la Iglesia

El sermón titulado "Carácter de un Pastor, Nobleza en Actitud y Conducta, Santo", predicado por Joel Coyoc, aborda la importancia del carácter cristiano conforme al mandato de Tito 1:7-8, resaltando la santidad como un atributo esencial tanto para los pastores como para todos los creyentes. Coyoc argumenta que la vida del pastor debe reflejar las cualidades de Cristo, quien es el modelo de perfección que los elegidos deben imitar, enfatizando que la santidad implica estar separado para un propósito divino y sin mancha de pecado. A lo largo del sermón, el predicador hace referencia a Romanos 8:28-29 y 1 Pedro 1:16 para ilustrar que el objetivo de la salvación es ser conformados a la imagen de Cristo, y que este proceso requiere de la gracia de Dios y el poder del evangelio. La homilía concluye con la vitalidad del evangelio como la única fuente de transformación auténtica en la vida de los creyentes y la llamada a vivir en santidad como expresión de esa transformación.

Key Quotes

“El llamado de todos los escogidos del Señor es hacer como el Señor Jesucristo.”

“La santidad que se le da es la de Cristo. Pero crecer de manera práctica en la imagen del Señor Jesucristo es nuestra responsabilidad.”

“El evangelio no ha perdido poder; todos aquellos que oyen el verdadero evangelio nacen de nuevo para vivir en novedad de vida.”

“Nuestra fe se expresa en nuestras obras. Pero es bien importante clamar al Señor, [...] para no ser hallados mentirosos.”

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Vamos a abrir nuestras Biblias
allá en Tito. Capítulo 1. Carta del apóstol
Pablo a Tito en su versículo 1. Y vamos a leer los versículos
7 y 8. ¿Por qué es necesario que el
obispo sea irreprensible como administrador de Dios? No soberbio,
no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso
de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno,
sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo. Bueno, hemos estado estudiando
acerca del carácter de un pastor y en realidad lo que estamos
estudiando es el carácter del Señor Jesucristo y en realidad
no es exclusivo del carácter de un pastor sino es el llamado
de todos aquellos que han sido elegidos por gracia El llamado
de todos los escogidos del Señor es hacer como el Señor Jesucristo. Dios está obrando en aquellos
que ha salvado, enseñándoles a decir no a la impiedad. Dios
está obrando en aquellos que ha salvado, transformándolos
a la imagen del Señor Jesucristo. hay un versículo que usamos constantemente
para consuelo y es y sabemos que a los que aman a Dios todas
las cosas les ayudan a bien esto es a los que conforme a su propósito
son llamados y muchas veces terminamos hasta allí y a veces cometemos
el error de poner el bien como algo que nosotros nos imaginamos
que es el bien pero el versículo 29 nos dice cuál es el bien Y
después de decir que todas las cosas obran para bien de aquellos
que aman a Dios, dice, porque los que antes conoció también
los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de
su Hijo. Y no hay mayor bien que se le
pueda hacer a un escogido de Dios. No hay mayor bien que se
le puede hacer a alguien que ha experimentado la salvación
del Señor, que hacerlo a la imagen del Señor Jesucristo, que conformarlo,
que llevarlo al crecimiento, a la estatura del varón perfecto. Toda la Escritura apunta a ello
y dice que toda la Escritura es inspirada por Dios y útil
para enseñar, para redaguir, para instruir en justicia a fin
de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado,
y perfecto es el Señor Jesucristo. Y todo apunta a ser conformados
al carácter del Señor Jesucristo. Y hoy vamos a estudiar una palabra
de suma importancia cuando pensamos en esto, y es la palabra Santo. Santo. Cuando pensamos en las características,
en las perfecciones, en los atributos de Dios, No hay ninguno que se
repita al tercer grado. La Biblia no dice, por ejemplo,
que Dios es amor, amor, amor. Tampoco dice la Escritura que
Dios sea justicia, justicia, justicia. Tampoco que sea verdad,
verdad, verdad. Pero la Biblia sí dice que Dios
es santo, santo, santo. Dios es tres veces santo. Y cuando pensamos en todas las
demás manifestaciones de las perfecciones de su carácter,
tenemos que pensar que su amor es santo, su justicia es santa,
su ira es santa, su verdad es santa todo con respecto a Dios
es santo porque él es tres veces santo y cuando se habla de la
descripción del carácter del pastor el apóstol Pablo aquí
dice que santo y podemos entender esta palabra
como apartado para apartado para un servicio específico También
puede significar puro, sin contaminación, libre de cualquier mancha de
pecado. Esto retorna al concepto de ser
irreprensible y parece que está siendo redundante y en verdad
es redundante porque al final es pecamos en Adán y fuimos privados
de la gloria de Dios pero habiendo nacido de nuevo en Cristo somos
capacitados, somos transformados a la imagen del Señor Jesucristo
que en verdad Él es, dice, vimos su gloria, gloria como del unigénito
del Padre lleno de gracia y de verdad. Él es la gloria del Padre
y nosotros somos transformados a la imagen del Señor Jesucristo
para ser quienes debíamos de ser, personas que reflejan la
gloria de Dios. Esto nos retorna al concepto
de ser irreprensible en cada área de la vida del pastor y,
bueno, de todos los creyentes. Lo que ves es ejemplar. ¿No hallarás
mancha de pecado allí? Tal vez te estés haciendo una
pregunta. ¿Hay en realidad alguien así? Por supuesto, nadie está
libre de pecado, pero el pecado puede ser confesado y tratado,
y no tiene que escandalizar a la Iglesia. Todos los cristianos
pueden vivir así por la gracia y misericordia de Dios en el
poder del Espíritu Santo. El pastor debe ser un recordatorio
viviente de esa gran responsabilidad, y la congregación también. no
hay dos categorías somos llamados y el llamado hermanos es bien
importante que no perdamos de vista dos asuntos importantes
uno es la norma es sumamente alta y eso nos recuerda no es
algo que podemos hacer en nosotros mismos no es algo que se puede
vivir sin creer el evangelio no es algo que el hombre puede
hacer por sí mismo sino es la obra milagrosa del poder transformador
de Dios, del poder del evangelio. Es ese evangelio que el apóstol
Pablo predicaba, que él decía, no me avergüenzo del evangelio,
pero es el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree. Y un asunto fundamental es cerciorarnos
de que en verdad estamos creyendo ese evangelio que predicaba el
apóstol Pablo. Hermano, ¿has creído el evangelio
verdadero? Un hombre dice que estudió en
uno de los mejores, más famosos seminarios de los Estados Unidos.
Y después que él salió de ese seminario, él se fue a un país
en Sudamérica. Y él todos los días se ponía
a predicar. Y dice que un montón de gente
se juntaba a escucharlo. Diario él predicaba en los parques,
en las calles, en los taxis, llevando a los taxistas, predicándoles.
Y dice él, un montón de gente decía que creía el Evangelio.
Pero, si sabes, ninguno llegó a la iglesia. Ninguno llegó a
mostrar el carácter del Señor Jesucristo. Y pasaron los años
y empecé a preocuparme. Y empecé a estudiar en la Escritura
y a revisar qué es el Evangelio que estaba predicando. Y al estudiar
el Epístolo Romano, se me di cuenta que el Evangelio que predicaba,
pues no es el Evangelio que el apóstol Pablo predicaba. Y dice,
estando allí, estaba estudiando la Escritura. Estaba estudiando
también la historia de la Iglesia para ver cuál era el Evangelio
que la Iglesia había predicado por siglos. Y de pronto me di
cuenta que lo que yo predicaba ni era lo que Pablo predicaba,
ni era lo que habían predicado los puritanos, ni ningún cristiano
de otro tiempo, sino era algo nuevo que yo estaba predicando
con muchos otros que lo estaban predicando y no tenía más de
200 años. Y me di cuenta que esa manera de predicar no tenía
nada que ver con la predicación de Pedro, de Pablo, ni del Señor
Jesucristo. Y dice esa noche, dice ahí postrado
delante del Señor, yo le dije, Señor, si tú no me matas esta
noche por causa del evangelio que he predicado, te prometo
que no voy a volver a predicarlo. Y el problema de toda esa gente
que decía que creía en Cristo y que nunca llegaba a la iglesia,
el problema de toda esa gente que no crecía a la cercanza del
Señor Jesucristo, es que en verdad no se les estaba predicando,
no es que el Evangelio había perdido el poder, sino no era
el Evangelio de poder que se les estaba predicando. Se les
estaba predicando cualquier otra cosa, pero que no es el Evangelio.
Y la pregunta importante es, hermano, ¿has creído en verdad
el Evangelio? No hay manera de ser lo que Dios
nos llama a ser por nuestras propias fuerzas. Y la otra cosa
importante es, se manifiesta en nuestras vidas cuando en verdad
Dios nos ha dado oídos para oír el Evangelio. Porque el Evangelio
de Dios sigue siendo poder de Dios para salvación a todo aquel
que cree. Y si en tu vida no estás experimentando
ese poder, la pregunta es, que debes hacer a tu corazón es,
¿en verdad Dios ha abierto mis oídos para oír ese Evangelio?
Porque el Evangelio no ha perdido poder ni lo perderá jamás. Todos
aquellos que oyen el verdadero Evangelio nacen de nuevo. Todos
aquellos que oyen el verdadero Evangelio nacen de nuevo para
vivir en novedad de vida. Eso es lo que damos testimonio
en el bautismo. Y el llamamiento es el mismo
del Antiguo Testamento. Dice la Escritura ahí en Levíticos
11. 44 y 45 hablando de cuál es el llamado en el antiguo pacto
dice porque yo soy Jehová vuestro Dios Vosotros, por tanto, os
santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo. Así que
no contaminéis vuestras personas con ningún animal que se arrastre
sobre la tierra, porque yo soy Jehová, que os hago subir de
la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Seréis, pues, santos,
porque yo soy santo. Seréis, pues, santos, porque
yo soy santo. Y ese es el antiguo pacto. Si
vamos a 1 Pedro 1.16, el nuevo pacto dice, porque escrito está,
sed santos, porque yo soy santo. No solo es el mismo llamamiento,
sino es el propósito, es la meta, es el llamado dentro del nuevo
pacto. el versículo 15 de primera de
pedro capítulo 1 dice sino como aquel que os llamó es santo se
también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir sino
como aquel que os llamó es santo se también vosotros santos en
toda vuestra manera de vivir La meta en el nuevo pacto es
ser como el Señor Jesucristo. Porque ser como el Señor Jesucristo
es ser santo. El que dice, yo le conozco, debe
andar como él anduvo. El que dice que permanece en
él, es porque guarda sus mandamientos. Ser santos. Y hermanos, el Evangelio,
la doctrina correcta, no son simples conceptos en nuestras
cabezas, sino es vida del Señor Jesucristo que fluye. Y si estás
en Cristo, Tiene que haber una evidencia de que la vida de Cristo
fluye. Dice... Ahora, pensamos en una pregunta,
y la pregunta es, ¿cómo podemos llegar a ser como Él es? ¿Cómo
podemos llegar a ser como Él es? Y la respuesta está en la
Escritura misma. Segunda de Corintios 3, 16, 18. Me gustaría que podamos buscar
los pasajes y seguir la lectura, porque es la palabra de Dios
que necesitamos escuchar. Necesitamos que la palabra de
Dios hable a nuestro corazón. Segunda de Corintios 3, 16, 18. Dice, pero cuando se conviertan
al Señor, el velo se quitará. Antes de convertirnos al Señor,
hay un velo. Podemos oír de Cristo, podemos
hablar de Cristo, pero no ver a Cristo. Hasta que te conviertes,
justamente te conviertes porque Cristo se revela. El velo se
quitará porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu
del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando
a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la misma imagen como por el
Espíritu del Señor. Dice la Biblia, esta es la vida
eterna, que te conozcan. Y para conocer, necesitamos ver.
Y Cristo vino para mostrarnos a Dios. La pregunta es, ¿has
visto a Dios en la faz del Señor Jesucristo? ¿Estás mirando a
Dios en la faz del Señor Jesucristo? ¿Está Dios haciendo tal obra
que en la mañana, cuando no está muy claro y está a la distancia,
puedes decir como el apóstol Juan, que dijo lo que hemos visto
y oído, y Él mira y dice, es el Señor. Estamos realmente obedeciendo
cuando la escritura dice, puestos ojos en Jesús, el autor y consumador
de la fe. Mirar a Cristo es importante,
hermanos. No nos conformemos simplemente
con venir y estar tranquilos porque se supone que adoramos.
Preguntémonos, ¿en verdad he adorado? No nos conformemos con
simplemente venir y escuchar a un hombre. No estés contento
con escuchar a Joel. Haz la pregunta, ¿ha hablado
el Señor Jesucristo a mi corazón? ¿Puedo después decir lo que he
visto y he oído? Eso voy a anunciar para que otros,
dentro de ellos, mis hijos y aquellos que el Señor ha decidido salvar,
ha escogido para salvación, puedan ser salvos por mi testimonio.
Ver a Cristo es importante. ¿Cómo crecemos a la imagen del
Señor Jesucristo? Solamente si Cristo se revela. Solamente si Él hace una obra
de conversión en tu corazón. es la única manera. No hay otra
manera, aparte del Evangelio, de poder crecer a la semejanza
del Señor Jesucristo. Y el llamado es serio, hermanos. Sed santos, porque yo soy santo. Y es necesario, en medio de un
mundo de gente que está llamando hoy a lo malo bueno y a lo bueno
malo, es necesario que aquellos que están en Cristo resplandezcan
como luminares en el mundo, en medio de una generación maligna
y perversa. ver a Cristo, ver su gloria.
Y todas aquellas personas que fueron convertidas fue a partir
de ver al Señor Jesucristo. No importa cuán buenos o rectos
hayan sido moralmente. Humanamente Job, pues era alguien
recto. El Señor dijo, varón, justo,
recto, temeroso de Dios. Pero cuando él vio la gloria
del Señor, él dijo, de oídas, te había oído, pero ahora mis
ojos te ven. Después él pudo decir, yo sé
que mi Redentor vive. Él vio la gloria de Dios. Dios
hizo una manifestación de su gloria. Cuando pensamos en Isaías,
Él vio la gloria de Dios y escuchó a los querubines diciendo, santo,
santo, santo, la tierra toda está llena de su gloria. E inmediatamente
él vio el pecado en su corazón y clamó y el evangelio fue manifestado
y fue quitada su culpa y fue cubierto su pecado. Y él, debiendo
morir como todos nosotros, no murió porque la gloria de Dios
nos debe dejar en desesperación, pero la gloria de Dios da esperanza,
da fe a aquel a quien Cristo se revela. si seguimos pensando en cómo,
cómo ser, cómo llegar a ser como el Señor Jesucristo. El primer
asunto importante, hermanos, cerciorémonos que estamos en
el Evangelio. Cerciorémonos que efectivamente
hemos escuchado ese Evangelio de Dios que es poder de Dios
para salvación a todo aquel que cree. Cerciorémonos de lo que
tenemos, no son sólo conceptos en nuestras cabezas, sino que
Cristo ha tocado nuestro corazón, que Cristo nos ha dado arrepentimiento. La gravedad de la caída es tal
que ni siquiera nos podemos arrepentir. El arrepentimiento es don de
Dios. Dice, si quizá Dios les conceda
que se arrepientan y escapen de los lazos del diablo en que
están cautivos a voluntad de Él, que Él nos quiera conceder
fe para creer, porque la fe misma es don de Dios. Que el Señor
nos conceda oídos para oírle clamar que nos dé vida. Y es
un asunto importante, hermanos. Vida. El Evangelio es vida. Que nos dé vida. No que nos dé
una cabeza llena de cosas que podemos recitar, sino vida. Señor, dame vida. Y el principio es el mismo, el
Evangelio. Veas a Cristo. y continúa llegando
no sólo a ver a Cristo sino lo que dice el apóstol Juan contemplando
a Cristo. He gustado que Dios es bueno
y estoy constantemente deseando su palabra y deseando que cada
vez que haya oportunidad en mi casa leyendo la escritura, pidiendo
al Señor, ¿Quién eres? Yo quiero contemplarte en la
escritura. Yo quiero contemplarte cuando
hay escasez económica, ¿Quién eres tú? Yo quiero contemplarte
cuando Cuando me dicen las cosas que hago mal, yo quiero contemplarte.
Yo quiero contemplarte cuando la gente me rechaza, cuando la
gente me desprecia. Yo quiero contemplarte cuando
hay enfermedad. ¿Quién eres tú en medio de la
enfermedad? ¿Quién eres tú cuando yo estoy
cansado? ¿Quién eres tú? Imagínate cualquier situación
de la vida. poder mirar qué es el Señor Jesucristo,
poder mirar cuál es la verdad de la palabra de Dios en contraste
con las mentiras y los deseos de mi corazón. Ver a Cristo,
contemplar a Cristo. No es posible crecer en santidad,
crecer en la imagen del Señor Jesucristo, crecer en la gracia
y el conocimiento de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
El que está en Cristo, el que ya ha sido salvado, No puede
ser más santo de lo que ya es, porque la santidad que se le
da es la de Cristo. Pero crecer en manera práctica
en la imagen del Señor Jesucristo es nuestra responsabilidad, no
en nuestra fuerza. Es nuestra responsabilidad, porque
implica responsabilidad de nuestra parte. No en nuestras fuerzas,
sino esforzados en la gracia, creyendo el Evangelio, viniendo
vez tras vez al Señor Jesucristo dice 1 de Juan capítulo 3 versículo
1 al 2 empieza con una expresión que
dice mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados
hijos de Dios Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que
seamos llamados hijos de Dios. Por esto el mundo no nos conoce,
porque no le conoció a Él. Amados, ahora somos hijos de
Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos
que cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él porque le veremos
tal como Él es. ¿Cómo podemos crecer a la imagen
del Señor Jesucristo? Y vuelve a repetir Juan el primer
asunto. habiendo sido objeto del amor de Dios. Mirad cuál
amor nos ha dado el Padre. El primer asunto es, hermano,
que estemos seguros que hemos sido objetos del amor de Dios,
que hemos creído en el Señor Jesucristo, clamar al Señor Jesucristo
que se nos siga revelando, que siga abriendo nuestros ojos y
sigamos mirándole, que siga dándonos oídos para en verdad escuchar
su voz. Mirad cuál amor nos ha dado el Padre. Y después dice, ahora somos hijos de Dios, no
se ha manifestado lo que hemos de ser. Y aquí está hablando
del clímax de llegar a ser como el Señor Jesucristo. Por supuesto
que en este lado de la gloria no vamos a alcanzar ese nivel. Pero aquí Pablo ha dicho antes
que es, vamos mirando como a través de un espejo, pero aquí el apóstol
Juan dice, cuando Cristo venga le vamos a ver tal como Él es
y entonces vamos a hacer hechos como Él es. Y es siempre el principio, el
principio es el amor de Dios, es oír y creer el verdadero evangelio. creer en el Señor Jesucristo,
en su obra completa en la cruz, confiar únicamente en el Señor
Jesucristo. Y llegará el momento en que Él
se va a mostrar a nosotros y vamos a ser como Él es, no como Adán. Adán podía pecar o no pecar,
sino llegar a ser como el Señor Jesucristo sin la posibilidad
de poder pecar más. Dice después, Versículo 3 al 6. Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel
que comete pecado, infrinque también la ley, pues el pecado
es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para
quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel
que permanece en él no peca. Todo aquel que peca no le ha
visto ni le ha conocido. Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él se purifica a sí mismo. Hermano, ¿dónde está tu esperanza? ¿Cuál es tu esperanza? La esperanza
es una persona. La esperanza no está en ningún
otro lugar, sino en el Señor Jesucristo. Él es nuestra esperanza. Y nuestra esperanza es ser hechos
conforme a la imagen del Señor Jesucristo. Y si tenemos esa
esperanza, ¿cómo hacemos ahora, entre tanto que llegue ese momento?
Uno es amando su venida. Siendo motivados por la esperanza.
Hay lugares donde la gente tiene que estar inventando constantemente
cosas para mantener motivada a las congregaciones. Pero si
estamos en Cristo, esa esperanza es motivadora. Es todo un motivo
el poder saber que Cristo ha vencido. Es toda una esperanza
saber que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia.
Es toda una esperanza y un motivo de gozo y de alegría saber que
Cristo triunfó sobre el pecado y que esta es la victoria que
vence al mundo nuestra fe. Y si tenemos esperanza, ¿qué
es lo que estamos haciendo ahora? Dice la Biblia, permanecer en
él, el que tiene esa esperanza. ¿Y cómo poder saber si esa es
mi esperanza? Hermano, ¿qué es aquello en que
tu corazón haya regocijo? Donde está su tesoro, ahí está
su corazón. En medio de todas las circunstancias de la vida,
en verdad siempre estás regocijado en el hecho de que Cristo venga
pronto, en el hecho de anhelar su venida, en el hecho de ver
a Cristo cara a cara, en el hecho de mirar a aquel que nos amó
y nos lavó de nuestros pecados con su sangre. Esa es la esperanza. Si esa es la esperanza, es que
el Señor ha hecho una obra en ti, Si esa es la esperanza, dice
la Biblia, aquí cuando está hablando de no, dice, todo aquel que permanece
en él no peca. Y aquí no está hablando en contradicción,
porque la carta del apóstol Juan ha dicho al principio, que el
que dice que no peca, hace a Dios mentiroso. Pero aquí lo que está,
el apóstol Juan no enseña el hecho de la impecabilidad del
cristiano en este lado de la gloria. Porque el mismo apóstol
Juan ha dicho que si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para
con el Padre. Pero lo que está hablando aquí
es, no es un estilo de vida constante practicando el pecado, ocultando
el pecado, justificando el pecado, tratando de que nadie lo vea
pero permanecer y permanecer y pasan los años y el pecado
está allí y está allí la idea es el que permanece en él no
peca no peca como un estilo de vida habitual no es su manera
habitual de vivir y cuando él peca el espíritu santo lo convence
de pecado, y viene al Señor Jesucristo. Cuando él peca, como ve la gloria
de Cristo, inmediatamente la gloria de Cristo hace que él
pueda ver su pecado, y él viene al Señor Jesucristo. Vamos a
leer algunos pasajes en Romanos capítulo 6, versículo 3 al 6 dice o no sabéis que todos los
que hemos sido bautizados en cristo jesús hemos sido bautizados
en su muerte porque somos sepultados juntamente con él para muerte
por el bautismo a fin de que como cristo resucitó de los muertos
por la gloria del padre así también nosotros andemos en vida nueva
porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su
muerte, así también lo seremos en la de su resurrección, sabiendo
esto que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con
él para que el cuerpo del pecado sea destruido a fin de que nos
sirvamos al pecado. Y aquí el apóstol Pablo está
explicando lo que el Señor hace de manera interna en nuestro
corazón cuando creemos el evangelio. y que luego es lo que testificamos
en el bautismo. Tan solo el hecho del bautismo
es una representación exterior, un símbolo, una manera de testificar
lo que Cristo ha hecho interiormente. Cuando somos bajados a las aguas
del bautismo es, somos muertos juntamente con Cristo. Y aquí
el apóstol está explicando muertos al pecado. Y cuando es sacado
de las aguas es que Como cuando Él te da fe, mueres al pecado
y resucitas, y resucitas para andar en vida nueva, en novedad
de vida. Por eso la Escritura dice, de
modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas
viejas pasaron, y aquí todas son hechas nuevas. Y esa es la
manera como podemos ver por la Escritura, como no es el crecer
en la imagen del Señor Jesucristo, no es algo que vamos a hacer
nosotros con nuestros propios recursos, es creyendo el Evangelio,
es viniendo al Señor Jesucristo, porque Él es el que nos libra. Él nos ha librado del pecado,
nos ha librado de la pena del pecado. nos va a llevar a ser
como Él, que es liberarnos de la presencia del pecado. Y ahora
Él nos está librando del poder del pecado. Dice, versículo 11
al 14, dice, así también vosotros considerados
muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor
nuestro. Y aquí sí implica una responsabilidad
de cosas que somos llamados a hacer, pero que no las puede hacer quien
no está en Cristo, porque se estaría engañando. Si yo no estoy
en Cristo y me considero muerto al pecado, me estoy engañando
a mí mismo. Pero si estás en Cristo, ha sido
una realidad de que estás muerto al pecado, así que considéralo
así, hermano. Consideremoslo así. Cuando la tentación venga,
tenemos que pensar, yo he muerto al pecado. He muerto juntamente
con Cristo. Dice, estoy muerto al pecado.
No puedo hacer esto porque estoy muerto al pecado. Dice, pero
vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. No reine, pues,
el pecado. Y aquí está el asunto. No es
que el creyente no peca, pero no es un servidor del pecado.
El pecado no es más su rey. Cristo es Señor, es nuestra confesión
de fe. Cristo es Señor. Es la vida de
aquel que la vida de Cristo está fluyendo en él. Cristo es Señor. He muerto al pecado. Ya no reina
más el pecado. Dice, considerados muertos al pecado,
pero vivos para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro, no reine
pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis
en sus concupiscencias. no reine. ¿Cuál ha sido nuestra
relación con el pecado hasta el día de hoy? Si tú has creído
en el Señor Jesucristo y tu relación no es de considerarte muerto
al pecado, si el pecado está reinando, si lo estás obedeciendo
en sus concupiscencias, en sus deseos, satisfaciendo los deseos
de tu corazón, de nuestro corazón, engañoso y perverso más que todas
las cosas, que es lo mismo que ser idólatras, La Escritura nos
llama al arrepentimiento. Arrepentámonos y vengamos al
Señor Jesucristo. Arrepentámonos y vengamos al
Señor Jesucristo. Ni tampoco presentéis nuestros
miembros al pecado como instrumentos de iniquidad. Hermano, nuestro
hablar, reflexionamos antes de sacar palabras de nuestra boca,
está siendo un instrumento de iniquidad nuestra boca. Está
siendo un instrumento de iniquidad mi mente, la manera en que utilizo
mis ojos. Poder responder ante aquel que
tiene una mirada que es como llama de fuego. Aquel que no
está la palabra en mi boca ya la sabe toda. Aquel que conoce
los pensamientos y las intenciones de mi corazón, él sabe cómo estamos
usando nuestros miembros, cómo estoy usando mi mente, mi boca,
mis manos, mis ojos. El Señor sabe. Y dice, si estás
en Cristo, no presentes tus miembros al pecado como instrumentos de
iniquidad, sino presentados vosotros mismos a Dios como vivos entre
los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia,
y para los que están en Cristo toda la esperanza, porque el
pecado no se enseñará a vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino
bajo la gracia. Y lejos de pensar que la gracia
es una licencia para pecar. La gracia se ha manifestado para
enseñarnos a decir no al pecado. La gracia es la garantía de la
victoria sobre el pecado. Y los que están bajo la ley,
tristemente, están bajo el dominio del pecado. El pecado no se enseñoreará
de vosotros. Si estás en Cristo, Dios no va
a permitir que el pecado se enseñoree de ti. Y se va a reflejar en
la manera en que estás presentando tus miembros. Versículo 19 dice,
hablo como humano por vuestra humana debilidad, que así como
para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir
a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación
presentad vuestros miembros para servir a la justicia. Hermano,
recordar aquel tiempo en que nos deleitábamos en hacer pecado
con nuestros miembros. en que teníamos placer de murmurar,
en que teníamos placer de mentir, de decir malas palabras, de herir
personas. Y Él está haciendo el comparativo.
Si estás en Cristo, ahora deleítate de que tus miembros sean para
la justicia. Versículo 22. más ahora que habéis sido libertados
del pecado y hechos siervos de Dios tenéis por vuestro fruto
la santificación y como fin la vida eterna tenéis como fruto
y hermano es otra vez el No es algo, crecer a la imagen del
Señor Jesucristo, no es algo que tú y yo podemos hacer. Es
el fruto, es la evidencia de que Dios te ha dado vida. Si Él te ha salvado, Él te está
llevando a crecer en gracia. Si Él te ha salvado, si Él te
ha puesto en la vid verdadera, Él está haciendo que fluya y
Él te está limpiando. dice, más ahora que habéis sido
libertados del pecado, o sea, ahora que estás en Cristo, que
has muerto al pecado, ahora que Cristo es Señor, ahora, ahora
dice, habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de
Dios, ya no es el pecado el Señor, Cristo es Señor, y tenéis por
vuestro fruto la santificación, porque la santificación es el
fruto del Espíritu Santo, el fruto del Espíritu Santo es la
gloria de Dios, es el carácter de Dios, Y como fin, la vida
eterna. Como fin, la vida eterna. Y el versículo 23, porque la paga
del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús, Señor nuestro. Vamos a mirar Romanos 12, capítulo
12, versículo 1 y 2. Y note que en estos pasajes,
Aunque no está implícito siempre el Evangelio, Pablo empieza diciendo,
así que hermanos, bueno si son sus hermanos es porque han nacido
en Cristo, no es posible pedir lo que está pidiendo si no estás
en Cristo, si Cristo no se te ha revelado Clama al Señor. No intentes hacer nada más que
clamar al Señor que se te rebele, que te conceda oídos para oírle,
que te conceda fe en la obra completa del Señor Jesucristo.
Dice así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios
que presentéis vuestros cuerpos el sacrificio vivo, santo, agradable
a Dios que es vuestro culto racional. No es que lo que yo voy a hacer
con mi cuerpo en sí mismo es que tienes que estar en Cristo,
sino ni siquiera lo puedes hacer. Ni siquiera lo puedes hacer.
¿Y por qué causa ese sacrificio vivo, santo, agradable a Dios?
Es porque estoy en Cristo, porque estoy vestido del Señor Jesucristo. Es porque Él me ha dado de su
espíritu, y es su espíritu que me da el poder para crecer a
la imagen del Señor Jesucristo. Y después, En el primer sentido
se nos habla a presentarnos a Dios, a presentarnos a Dios pero después
a no conformarnos. Dicen no os conforméis a este
siglo, no te amoldes, no tomes la forma. Algunas cosas que el
mundo hace es, el mundo justifica lo que está mal diciendo, la
mayoría lo hace, todos lo hacen. Si tú empiezas a decir y piensas
en tu pecado y dices, bueno, pero yo no soy el único, te estás
conformando a este siglo. No importa que tú no seas el
único. Si es pecado, es pecado. Y no hay por qué buscar otra
solución al asunto del pecado. Cristo vino a salvar a su pueblo
de sus pecados. No hace falta que su pueblo esté
diciendo, bueno, yo no soy el único. No hace falta que le echemos
la culpa al otro. hace falta venir y si él es la
propiciación por nuestros pecados, confesar nuestros pecados porque
él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, no te conformes,
renueva tu mente, renueva tu mente, dice, sino transformados
por la renovación de vuestro entendimiento. Y hermanos, hay
una batalla por nuestra mente, una fiera batalla por nuestra
mente. ¿De qué estamos alimentando nuestra
mente? desead como niños recién nacidos
la leche espiritual no adulterada para que por ella crezcáis para
salvación si es que habéis gustado la benignidad del Señor. Renovar la mente, dice, por medio
de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cuál sea
la buena voluntad de Dios agradable y perfecta. Mateo 5, 21 al 48. Recuerde que no estamos bajo
la ley, estamos bajo la gracia. Y el Señor Jesucristo va a explicar
a aquellos que creían cumplir la ley y la cumplían exteriormente. Y crecer en la semejanza del
Señor Jesucristo es Para ello es necesario estar
en Cristo. Y crecer a su semejanza es tener
el poder del Espíritu Santo, porque Él me ha dado vida y me
ha sellado de su Espíritu. Y es clamar al Señor Jesucristo
para que me permita verle, para que me permita oírle y ser transformado
a la imagen del Señor Jesucristo. Noten que el versículo 20 dice,
antes de empezar, dice, ¿por qué os digo que si vuestra justicia
no fuera mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis
en el reino de los cielos? La justicia de los escribas y
fariseos era una que podía impresionar al mundo entero. Pero nunca a
Dios que mira el corazón, porque Dios no mira lo que mira el hombre.
El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el
corazón. Y ellos creían obedecer la ley y cumplían la letra de
la ley. Pero Jesús va a explicar el espíritu
de la ley. Dice el Señor, oísteis que fue
dicho a los antiguos, no matarás. y cualquiera que matare será
culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera
que se enoje contra su hermano será culpable de juicio, y cualquiera
que diga necio a su hermano será culpable ante el concilio, y
cualquiera que le diga fatuo quedará expuesto al infierno
de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda
al altar, y ahí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra
ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate
primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Ponte
de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás
con él en el camino. No sea que el adversario te entregue
al juez, y el juez algo así, y seas echado en la cárcel. De
cierto te digo, que no saldrás de allí hasta que pagues el último
cuadrante. Y ellos, Pues ellos decían, nosotros
no hemos matado a nadie. Y nosotros podemos decir que
no hemos matado a nadie. Yo podría decir, yo nunca he
dicho una mala palabra a mi esposa. Pero eso no significa que he
cumplido la ley. Con palabras de diccionario de las más elegantes,
yo he lastimado a mi esposa. Y no puedo decir que no he quebrantado
el mandamiento. No hace falta gritos. Puede ser
así, suavecito. Nuestro problema es la intención
de nuestro corazón. Es la ley, el espíritu de la
ley. Y dice después el Señor, oíste
que fue dicho, no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera
que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón.
Y el Señor empieza a hablar después de ser drástico con el pecado. Recuerde que el Padre fue drástico
con el pecado. En la cruz descargó toda su ira
sobre el único inocente y justo que ha caminado sobre esta tierra,
sobre su único hijo amado. Y dice el Señor, por tanto, si
tu ojo derecho es de esa ocasión de caer, sácalo y échalo de ti,
pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros y no que
todo tu cuerpo sea echado al infierno de fuego. Y si tu mano
derecha es de esa ocasión de caer, córtala y échala de ti,
pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros y no que
todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y el Señor aquí no
está hablando de que estemos todos mutilados, pero de tomar
seriedad con el pecado. Y el Señor está hablando a estos
que parecía que tenían una justicia muy grande. Y eran hombres que
ellos decían, ellos, hombres capaces de agarrar a una mujer
sorprendida en adulterio y llevarla para a Pedriana. Cuando ellos
le dijeron a Jesús, Señor, pues podemos dar carta de divorcio
por cualquier causa. Y el Señor les dijo, no sino
sólo por causa de adulterio. Y ellos se sentían que ellos
no adulteraban, pero ellos divorciaban a sus esposas, porque habían
visto a una mujer más atractiva, la habían codiciado en su corazón.
Entonces, de pretexto, decían, se pasó de sal a comida, carta
de divorcio. Y al día siguiente, o a los dos
meses, o cuando quiera, se estaban casando con la que les pareció
más guapa, con la cual habían adulterado antes en su corazón.
Pero ellos eran impresionantes ante la gente. La gente estaba
sorprendida. La gente los admiraba. Y Jesús
les dijo, si su justicia no es mayor que la de ellos, no tienen
esperanza. dice, también fue dicho cualquiera
que repudia a su mujer, dele carta de divorcio, pero yo os
digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de
fornicación, hace que ella adultere, y el que se casa con la repudiada
comete adulterio. Además, habéis oído que fue dicho
a los antiguos, no perjurarás, sino cumplirás al Señor tu juramento,
pero yo os digo, no juréis en ninguna manera, ni por el cielo,
porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado
de sus pies, ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran
rey, ni por su cabeza, tu cabeza curarás, porque no puedes hacer
blanco o negro un solo cabello, pero sea vuestro hablar sí, sí,
no, no, porque lo que es más de esto de mal procede. Y en
casa me gustaría que pueda terminar de leer. El Señor está explicando
lo que es el espíritu de la ley y mostrando la necesidad de una
justicia mayor. Y esa justicia mayor es la del
Señor Jesucristo. Es la que se requiere. Se requiere de ser como el Señor
Jesucristo. Porque hemos nacido por la palabra
de verdad. Porque hemos oído al Señor Jesucristo. Vamos a buscar Efesios 4, 20
al 32. Que es el pasaje que quería compartirles
el miércoles. Y quisiera que leamos desde el
versículo 17 que dice, antes pues digo y requiero en el Señor
que ya no andéis como los otros gentiles que andan en la vanidad
de su mente teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida
de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de
su corazón, los cuales, después que perdieron toda sensibilidad,
se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase
de impurezas, y el contraste de aquellos que han oído al Señor
Jesucristo, de aquellos que Cristo ha salvado, mas vosotros no habéis
aprendido así a Cristo. Si estás aprendiendo de Cristo,
no puede ser que la vida siga igual. Vosotros no habéis aprendido
así a Cristo si en verdad le habéis oído y habéis sido por
él enseñados. Conforme a la verdad que está
en Jesús, en cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del
viejo hombre que está viciado conforme a los deseos engañosos.
Pablo está causando la figura de desvestirse Pero vestirse,
y dice, y renovados en el espíritu de vuestra mente, y qué importancia
la mente, dice, y vestíos del nuevo hombre creado según Dios
en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando
la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo. porque somos
miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis. No se ponga el sol sobre vuestro
enojo, ni deis lugar al diablo. El que hurtaba no hurte más,
sino trabaje haciendo con sus manos lo que es bueno para que
tenga que compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra
corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la
necesaria edificación a fin de dar gracia a los oyentes. Y aquí
está ilustrándonos cómo presentarnos sus miembros como instrumentos
de justicia. Dice, y no contristeis al Espíritu Santo de Dios con
el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense
de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia
y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros,
misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también
os perdonó a vosotros en Cristo. Colosenses 3, Ese me gustaría que lo lea en
su casa, del 5 al 17, que es muy similar al que acabamos de
leer en Efesios. Y el que sí vamos a leer es Hebreos,
capítulo 7, versículo 26, que nos recuerda de quién es el Señor
Jesucristo. Hebreos 7.26, los pasajes fueron
Efesios 4.20-32, Colosenses 3.5-17, y Hebreos 7.26 dice, Porque tal
sumo sacerdote nos convenía, santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho
más sublime que los cielos. Ese es nuestra esperanza. Ese
es el Señor Jesucristo. Ese es nuestro sacerdote, es
nuestro cordero, es nuestro abogado. Es santo, inocente, sin mancha,
apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos. Y
vamos a mirar Romanos 8, 29. Y lo vamos a leer junto con el
28. Ese es el propósito de Dios para
su pueblo. Dice, y sabemos que a los que
aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Hermano, todas
las cosas. Cuando hay mucho calor, Dios
lo usa para nuestro bien. Cuando hay tormenta, Dios lo
usa para nuestro bien. Cuando se descompone el auto
en la hora más inesperada, es para nuestro bien. Cuando nuestras
esposas pecan, es para nuestro bien. Cuando los esposos pecan
contra sus esposas, si estás en Cristo, es para tu bien. Todas
las cosas. Dice todas las cosas. Y sabemos
que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien.
Esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque
a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen
hechos conforme a la imagen de su hijo. Para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. Para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos. Hermanos, recordemos una cosa.
Vivimos en el mejor tiempo, en el mejor lugar, con las mejores
personas. Tienes la mejor familia. Tienes
las mejores circunstancias. No para lo que tú quieres. ni
para lo que yo quiero. Yo creo que lo que usted quiere
y yo quiero es muy parecido. Queremos nuestra infatuación,
nuestra comodidad, eso es lo que queremos. Pero para lo que
Dios quiere, para hacernos conforme a la imagen de Su Hijo. Para
hacernos conforme a la imagen de Su Hijo. Dice, porque a los
que antes conoció también los predestinó para que fuesen hechos
conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito
entre muchos hermanos. Y es el propósito de Dios. Y su propósito no va a quedar
a medias. Dice el apóstol Pablo, el que
comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta
el día de Jesucristo. Pero es necesario que nos aseguremos
si el Señor ha empezado una buena obra. Si descubrimos que es algo
que nosotros hemos tratado de empezar, ven al Señor Jesucristo. Ven al Señor Jesucristo. No es
posible crecer a la imagen del Señor Jesucristo sin el Evangelio,
es un engaño, no puedes vivir como muerto al pecado si Cristo
no te ha dado vida. No somos salvos por obras, en
lo absoluto, solamente por gracia, solamente por la obra de Cristo.
Pero la Biblia dice, porque somos hechura suya creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que anduviésemos en ella. No somos salvos por obras. Es sola fe, es sola gracia, es
sola la obra del Señor Jesucristo. Pero la evidencia de que estamos
en Cristo Se ve porque tenemos como fruto la santificación y
como fin la vida eterna. Nuestra fe se expresa en nuestras
obras. Pero es bien importante clamar
al Señor, como clamaba el salmista, examíname, oh Dios, conoce mi
corazón. Estar bien seguros que estamos
en el Evangelio, que estamos en la luz. Estar bien seguros
que en verdad hemos oído y hemos visto y hemos creído en el Señor
Jesucristo, clamar al Señor que nos dé vida, que no nos conformemos
con nada más que no sea verdaderamente estar en el Señor Jesucristo
y no seamos hallados mentirosos. Lo que está en juego es eterno,
hermanos, es eterno. Vivir engañado es eterno. sola fe, solo Cristo, solo la
gracia. Esa gracia que se ha manifestado
para enseñarnos a decir no a la impiedad. Vamos a orar con nuestro
hermano José Luis.

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Joshua

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