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Anas y Caifas - Nubes sin agua

John 18:12-14
Joel Coyoc May, 2 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 2 2021
Estudio del Evangelio de Juan

La predicación de Joel Coyoc sobre Juan 18:12-14 aborda el tema de la hipocresía religiosa a través de los personajes de Anás y Caifás, considerados "nubes sin agua". Coyoc argumenta que, a pesar de que eran sumos sacerdotes del antiguo pacto y poseían un linaje privilegiado, su fe era vacía y motivada por intereses personales, especialmente el amor al dinero. Las referencias a Isaías y la realidad de José y Judas Iscariote subrayan que la verdadera adoración no se basa en apariencias o posiciones, sino en la fe genuina en Cristo, quien es el verdadero Sumo Sacerdote. La relevancia práctica radica en la advertencia a la comunidad cristiana sobre el peligro de confiar en la carne o en prácticas religiosas vacías en lugar de la salvación mediante la fe en Cristo.

Key Quotes

“Eran agentes de un sistema religioso deteriorado, donde la apariencia prevalecía sobre la verdadera adoración.”

“La hipocresía de Anás y Caifás no solo los despojaba de su autoridad, sino que los condenaba a un estado de ceguera espiritual.”

“No se debe confiar en la carne; nadie está en el cielo por el mero hecho de ser líder religioso.”

“El tercer templo ya ha sido levantado. El Señor Jesucristo es el verdadero templo.”

Sermon Transcript

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hermanos, vamos a abrir nuestras
Biblias en el evangelio según San Juan en su capítulo dieciocho dice la palabra de Dios habiendo
dicho Jesús estas cosas salió con sus discípulos al otro lado
del en el cual entró con sus discípulos. Y también Judas, el que le entregaba,
conocía aquel lugar, porque muchas veces se había reunido allí con
sus discípulos. Judas, pues, tomando una compañía
de soldados y alguaciles de los principales sacerdotes y de los
fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas, Pero
Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir,
se adelantó y les dijo, ¿a quién buscáis? Le respondieron a Jesús
Nazareno. Jesús les dijo, yo soy. Y estaba también con ellos Judas,
el que le entregaba. Cuando les dijo yo soy, retrocedieron
y cayeron a tierra. volvió pues a preguntarles, ¿a
quién buscáis? Y ellos dijeron, a Jesús Nazareno. Respondió Jesús, os he dicho
que yo soy, pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos, para
que se cumpliese aquello que había dicho, de los que me diste
no perdí ninguno. Entonces Simón Pedro, que tenía
una espada, la desenvainó e hirió al siervo del sumo sacerdote
y le cortó la oreja derecha. y el siervo se llamaba Malco.
Jesús entonces dijo a Pedro, mete tu espada en la vaina, la
copa que el padre me ha dado no la he de beber. Entonces la
compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos
prendieron a Jesús y le ataron. Le llevaron primeramente a Anás,
porque era suegro de Caifás, que era el sumo sacerdote aquel
año. Era Caifás el que había dado
el consejo a los judíos de que convenía que un solo hombre muriese
por el pueblo. Y seguían a Jesús Simón Pedro
y otro discípulo. Y este discípulo era conocido
del sumo sacerdote y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote. Mas Pedro estaba afuera a la
puerta. Salió pues el discípulo que era
conocido del sumo sacerdote y habló a la portera e hizo entrar a
Pedro. Entonces la criada portera dijo
a Pedro, ¿no eres tú también de los discípulos de este hombre?
Dijo él, no lo soy. Y estaban en pie los siervos
y los alguaciles que habían encendido un fuego porque hacía frío y
se calentaban. Y también con ellos estaba Pedro
en pie calentándose. Y el sumo sacerdote preguntó
a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió,
yo públicamente he hablado al mundo, Siempre he enseñado en
la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y
nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta
a los que han oído qué les haya yo hablado, y aquí ellos saben
lo que yo he dicho. Cuando Jesús hubo dicho esto,
uno de los alguaciles que estaba allí le dio una bofetada diciendo,
¿así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió, si ha hablado
mal, testifica en qué está el mal, y si bien, ¿por qué me golpeas? Anás entonces le envió atado
a Caifás, el sumo sacerdote. Estaba pues Pedro en pie, calentándose,
y le dijeron, ¿no eres tú de sus discípulos? Él negó y dijo,
no lo soy. Uno de los siervos del sumo sacerdote,
pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo,
¿no te vi yo en el huerto con él? negó Pedro otra vez y enseguida
cantó el gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caipaz
al pretorio, era de mañana y ellos no entraron en el pretorio para
no contaminarse y así poder comer la pascua, entonces salió Pilato
a ellos y les dijo qué acusación traes contra este hombre, respondieron
y le dijeron Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos
entregado. Entonces les dijo Pilato, tomadle
vosotros y juzgadle, según vuestra ley. Y los judíos le dijeron,
a nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie, para que
se cumpliese la palabra que Jesús había dicho, dando a entender
de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato volvió a entrar
en el pretorio y llamó a Jesús y le dijo, ¿eres tú el rey de
los judíos? Jesús le respondió, ¿dices tú
esto por ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato le
respondió, ¿soy yo acaso judío? Tu nación y los principales sacerdotes
te han entregado a mí, ¿qué has hecho? Respondió Jesús, mi reino
no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo,
mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los
judíos. Pero mi reino no es de aquí. Le digo entonces, Pilato,
luego eres tu rey. Respondió Jesús, tú dices que
yo soy rey. Yo para esto he nacido y para
esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo
aquel que es de la verdad, oye mi voz. Le dijo Pilato, si es
la verdad. Y cuando lo hubo dicho, cuando
hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos y les dijo, yo no
hallo en él ningún delito, pero vosotros tenéis la costumbre
de que os suelte uno en la Pascua, creéis pues que os suelte al
rey de los judíos? Entonces todos dieron voces de
nuevo diciendo, no a este, sino a Barrabás y Barrabás era ladrón. Vamos a meditar esta tarde los
versículos del 12 al 14 y del 19 al 24, 12 al 14 y 19 al 24
y nuestro tema es Anás y Caifás, nubes sin agua, Anás y Caifás,
nubes sin agua, estaba a punto de finalizar el
antiguo pacto, un pacto que Dios había hecho con su pueblo y había
instituido ordenanzas de culto, incluso había instituido quienes
eran los que habían de ofrecer el culto y vemos aquí a dos personas
que son mencionados ambos como sumo sacerdote, Anás y Caifás
y dentro de la ordenanza de culto del antiguo pacto estaban en
el más alto nivel que se podía tener dentro de lo que era la
ordenanza de culto del antiguo pacto, que era el sumo sacerdote. Recuerde que en el antiguo testamento
el tabernáculo, el templo estaba dividido en diferentes secciones
y había un lugar que era el lugar santísimo. Ese lugar santísimo
era el lugar donde sólo podía entrar el sumo sacerdote una
vez al año, no sin ofrecer primeramente sacrificio por sus propios pecados.
En ese lugar estaba el Arca del Pacto, era el trono de Dios,
la misma presencia de Dios, y solamente el sumo sacerdote podía entrar.
Y cuando él entraba a ese lugar para ofrecer el sacrificio en
favor de sí mismo y del pueblo, Dios había dado ordenanzas detalladas
aún acerca de su ropa. Y él llevaba unas campanitas
cuando entraba ahí que sonaban mientras él estaba vivo. Pero
si él profanaba aquel lugar, pues Dios lo fulminaba y había
una cuerda porque no se podía entrar a sacarlo, donde había
que jalarlo para sacarlo de ese lugar. Estaba a punto de terminar,
de cerrarse y de inaugurarse un mejor pacto hecho con mejores
promesas. un pacto donde tendríamos un
sumo sacerdote que no necesitaba ofrecer por sí mismo, un sumo
sacerdote que era a la vez el altar y era el cordero, el Señor
Jesucristo. Pero algo que podemos notar en
todo esto es, en verdad, la gente que llegaba a ocupar un lugar
como sumo sacerdote eran gente que tenía un cierto linaje, eran
de la tribu de Arón, eran personas que estaban instruidas y preparadas
en la escritura desde la más temprana edad, toda la razón
de ser de esta tribu era lo que giraba alrededor de la
adoración, estaban divididos en diferentes familias y cada
uno era instruido de acuerdo a lo que les correspondía hacer
en el templo. estaban los cuatitas y unos se
encargaban, cuando era el tabernáculo, de cómo transportar el tabernáculo
y se les instruía detalladamente. Recuerde que una ocasión en que
David hizo transportar el arca del pacto y Usa tocó el arca
del pacto y Dios lo fulminó. Y este hombre había sido instruido,
al igual que Anás y Efaz habían sido instruidos, Ellos sabían, los cuatitas, que
algo que no debían hacer es nunca jamás debían tocar el trono de
Dios. Dios no quería que el hombre
inmundo tocara el arca del pacto. Sin embargo, este cuatita lo
tocó y Dios lo fulminó instantáneamente. Dios no dijo gracias porque no
permitiste que el polvo toque mi trono. No había nada mal en
que el polvo tocara el arca. Sin embargo, todo estaba mal
desde el principio. Ellos habían sido instruidos
y sabían que el arca no debía ser transportado en la manera
que lo estaban haciendo. Y luego él tocó el arca del pacto. Había instrucción. Ellos tenían
un linaje. Ellos tenían instrucción en la
escritura. Y en verdad que ellos tenían
instrucción en la escritura. Sin embargo, cuando pensamos
en estas dos personas, se nos recuerda, el Nuevo Testamento
describe en dos pasajes particulares, que más adelante vamos a ver,
que es Judas, el único capítulo, y segunda de Pedro, capítulo
2, nubes sin agua. Y esas personas, si bien eran
del linaje de Arón, porque sólo de esa manera podían ocupar ese
puesto de sumo sacerdotes, era uno de los más altos honores
que se podía conferir a un hombre. Y no obstante, sabemos que por
la historia que ellos no fueron elegidos ya por razones espirituales. De hecho, tanto Anás como Caifás
habían sido puestos en su posición de sumo sacerdotes, no por la
enseñanza precisa del antiguo pacto. Aunque se respetaba que
seguían siendo descendientes de Harón, los puso el gobernador
romano y eran las autoridades romanas que tenían ya la potestad
de colocar a los sumo sacerdotes y esas posiciones se conseguían
más bien para fines políticos y estamos empezando con Anás porque
Recuerde que ellos eran los más fervientes enemigos del Señor
Jesucristo. Eran aquellos que insistían en
preguntar al Señor Jesús, ¿cuándo nos vas a turbar si tú eres el
Cristo? Dínoslo. Y el Señor Jesús les decía, ya
se los he dicho y no creen. Y Jesús decía, y ustedes no creen
porque no son de mis discípulos, porque no son mis ovejas, porque
mis ovejas oyen mi voz y mis ovejas creen lo que les digo
y me siguen. Y ellos estaban apurados Y una
de las cosas que en especial no cuadraba en la cabeza de ellos
es que, ¿por qué tenían el alma turbada? Porque veían mucho cumplimiento
de la Escritura. Sin embargo, algo no les cuadraba.
Ellos eran nubes sin agua, eran ciegos. Ellos tenían luz suficiente
para ser condenados. Ellos miraban que era el Señor
Jesucristo el cumplimiento de la profecía, pero lo que no les
cuadraba era Ellos eran adoradores del dinero. La raíz de todos los males es
el amor al dinero. Una de las razones porque ellos
se encarnizaron en un odio ferviente contra el Señor Jesucristo fue
que el apóstol Juan, no es casualidad que él narra una ocasión empezando
el Evangelio en que el Señor Jesucristo limpió el templo.
Cuando él limpió el templo, él pues tiró las mesas de los cambistas
y no los dejaba atravesar el templo y les dijo, el celo de
tu casa me consume. Y lo que no le cuadraba a los
sumos sacerdotes es que ellos tenían todo un negocio en el
templo, todo un negocio de ganancias deshonestas, aprovechando de
algo que se había hecho previsión en la escritura, pero de la cual
ellos abusaban de su posición y estaban mucho más interesados
en mantener sus ganancias deshonestas, su amor al dinero y su posición. En verdad ellos sí querían un
Mesías que pateara a los romanos y los echara. Ellos querían un
Mesías que en verdad se sentara en ese momento en el trono de
David, pero ellos querían seguir manteniendo sus privilegios torcidos,
chuecos, en el templo. Querían seguir engañando a sí
mismos y a la gente, pero a Dios no lo podían engañar. El llamado
era, ¡Ey Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es, llamarás
al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con
todas tus fuerzas! Pero ellos no adoraban a Jehová
que uno es, ellos tenían un corazón dividido, ellos amaban toda la
ganancia que sacaban de manera tramposa y de una manera abusiva de las personas que iban
a adorar al templo. Era todo un negocio. Y en enojo
ellos le dicen al Señor, ¿qué prueba nos das de la autoridad
que tienes para hacer esto? Y el Señor Jesús les dijo, pues
derriben este templo y en tres días lo levantaré. A propósito
de hacer referencia de eso, hermanos, se está probando aquí algunas
cosas que después el Espíritu Santo revela a Pablo. Uno, ahí
estaban supuestos sumos sacerdotes. que en realidad no eran sumos
sacerdotes. Ahí estaban los descendientes
de Harón, que en verdad eran descendientes de Harón según
la carne, pero que no eran hijos de Abraham. Porque no todo el
que nace de Abraham es hijo de Abraham, sino el que es de la
fe del Señor Jesucristo. Porque no todo el que nace de
Abraham es Israel. Es más, Israel, cuando se le
dio la promesa, no se le dijo a tus simientes, sino a tu simiente. La simiente, dice la Escritura,
es Cristo. Cristo es el verdadero Israel. Dice el Señor de Egipto, llamé
a mi hijo. Y el Señor Jesús, por instrucción,
del ángel fue llevado para que no lo matara Herodes. Y cuando
Dios lo llamó, lo llamó de Egipto. Cristo es el verdadero Israel. Hoy, en estos últimos días ha
estado sonando una noticia por ahí y hay gente que está emocionada. Hace tiempo que estaban diciendo
que se están juntando cosas para el tercer templo. Y ahora ya
están haciendo el tercer templo. Déjeme decirle que espiritualmente
y redentoramente no significa nada. Absolutamente nada. Hay gente aún en los Estados
Unidos y en otros lugares del mundo que manda dinero para hacer
ese templo. Pero espiritualmente y redentoramente
no significa nada. El tercer templo ya ha sido levantado. Hace tiempo. El tercer templo
es el Señor Jesucristo. Destruíte ese templo y en tres
días lo levantaré. Y estaba hablando de su propio
cuerpo. El Señor Jesucristo es el tercer
templo. Él es el templo. Él es el tabernáculo
de Dios con los hombres. Y cuando pensamos en todo esto,
nos llama fuertemente la atención a no tener ninguna confianza
en la carne. Ninguna confianza en la carne.
Estos hombres estaban engañados. Estos hombres tenían la escritura.
Estos hombres confiaban que eran de la tribu de Harón. Estos hombres
le habían dicho al Señor Jesucristo, nosotros somos hijos de Abraham,
un padre tenemos. Pero Jesús les dijo, ustedes
no son hijos de Abram, si ustedes fueran hijos de Abram, harían
las obras de Abram. Abram creyó que había de ver
mi día y lo vio, pero ustedes son de vuestro padre el diablo,
los deseos de su padre quieren hacer. Y ahí empiezo a hablar
de Anás y de Caifás porque eran los enemigos de los cuales había
venido la instrucción de ir y aprender al Señor Jesucristo. eran ellos
que se habían puesto felices cuando fue Judas Iscariot y les
dijo, ¿qué me dan? y yo se los entrego. ¿Y cómo
Judas se asoció con los que tenían la misma pasión de su corazón?
Amaban la gloria de los hombres, amaban el dinero que es la raíz
de todos los males, y ahí se aliaron y le dieron 30 pies de
plata y estaban felices, porque ya sin equivocación ellos podían
agarrar al Señor Jesucristo. Recuerde que no estamos en ese
tiempo la gente no se hacía selfies y se podía identificar a una
persona rápidamente, no había fotografías o algo con qué comparar
y estaban en la Pascua donde había más de un millón de gentes,
pues era en verdad una dificultad de cómo ir y prender al Señor
Jesucristo y pues estaban felices, estaban regocijados porque la
amenaza de su negocio. En verdad, lo que ellos veían
era la amenaza de su negocio. Y la característica de la nube
sin agua es que la hipocresía llena su corazón. Y vamos a mirar
cómo ellos van apareciendo como nubes sin agua, pero la Escritura
va a ir mostrando justo el propósito por el cual el Señor, el Espíritu
Santo, guió a Juan a escribir este Evangelio. Estas cosas se
han escrito para que sepáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de
Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Llegaron,
dice el versículo, el versículo 12, entonces la compañía de soldados,
el tribuno y los alguaciles de los judíos prendieron a Jesús
y le ataron. Lo primero que vemos que fue
el resultado de algo que empezó en el corazón de hombres que
son nubes sin agua, es personas que llegan Dentro de ellos estaban
los alguaciles que estaban a su servicio, eran los guardias del
templo, pero también la autoridad romana apoyaba las cosas que
ellos impulsaban, y por eso había allí una guardia, una compañía
de soldados, que son aproximadamente, pues unos 600 soldados, bien
armados, más los alguaciles que eran la guardia del templo, y
el tribuno, y entre todos ellos agarran y prenden al Señor Jesucristo,
pero lo prendieron después de que el Señor Jesucristo había
hecho una manifestación de su gloria. El Señor, en protección
de sus discípulos, llamó toda la atención hacia sí mismo. en
protección a sus discípulos, él se adelantó y él dijo, ¿a
quién buscáis? Cuando ellos dijeron a Jesús
Nazareno y él dijo, yo soy. Y no es simplemente que él se
estaba presentando, no es que preguntaron, ¿quién es Jesús
Nazareno? Y él dijo, yo soy. Esa respuesta, yo soy, es lo
mismo que se le respondió a Moisés cuando él dijo, cuando me pregunten
quién me mandó, ¿qué voy a decir? y vas a decir, yo soy, me envió
a vosotros. Es el nombre de Dios, es el nombre
del Dios eterno, es el nombre del Dios de Abraham, del Dios
de Isaac, del Dios de Jacob. Y este, el Señor Jesucristo se
adelanta, el que sabe todas las cosas se adelanta. Quisieron
tomarlo por sorpresa, pero Él no puede ser sorprendido. Él,
Él ha decretado todo lo que ha de ocurrir. Y Él se revela a
ellos y ellos caen a tierra. Todos, hombres fuertes, caen
todos a tierra. Pero se levantan, como se levantaba
Faraón después de ver la gloria de Dios, endurecidos. Y el Señor
Jesucristo estaba dejando claro algo. El Señor Jesucristo estaba
aquí mostrando que en verdad Él es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. El Señor Jesucristo estaba dejando
aquí muy claro algo. Estaba dejando claro, yo Pongo
mi vida por mí mismo. Nadie me la quita. Yo de mí mismo
la pongo. Este mandamiento recibí de mi
Padre. El Señor Jesucristo los hizo caer a todos. Sin embargo,
Pedro sacó una espada, cortó una oreja. El Señor Jesucristo
le dijo, no creas que puedo pedir más de doce legiones de ángeles.
¿Pero cómo entonces se cumpliría la Escritura? Si tú pones tu
vida por mí, no sirve de nada que pongas tu vida por mí. Guarda
la espada. La copa que me ha dado el Padre
no la he de beber. Y el Señor Jesucristo muestra
que está cumpliendo totalmente la Escritura. Isaías escribió
500 años antes como cordero fue llevado al matadero, enmudeció
y no abrió su boca. Él tenía el poder. Es más, la
gente que estaba allí atándolo, dice la Biblia, Porque de él,
por él y para él son todas las cosas. Dice la Biblia que él
sostiene la creación. Cada uno de esos hombres que
le estaba atando su vida dependía del Señor Jesucristo. El Señor
Jesucristo que había dicho a Lázaro, ven fuera y vino fuera. El Señor
Jesucristo, Dios trino y uno. que Ananías y Zafira quisieron
engañar y cayeron fulminados a sus pies. Él pudo haber fulminado
a toda esa multitud en ese momento. Es el mismo que fulminó a Usa
cuando tocó el arca del pacto, pero sólo les mostró su gloria
y los dejó levantarse, y ellos le ataron y le amarraron. Sansón
fue atado, y iban muy contentos llevándolo atado, y él rompió
las cuerdas con que lo habían atado. El Señor Jesucristo es
mucho más que Sansón. Sansón era un tipo débil del
Señor Jesucristo, pero el Señor Jesucristo estaba ahí atado,
porque estaba atado primeramente a la voluntad de su Padre. El
hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado y tu ley está
en medio de mi corazón. El Señor Jesucristo estaba atado
como se ataba el cordero a los cuernos del altar. Es por amor
a su Padre que el Señor Jesucristo se sometió humildemente, se humilló
haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. A Él
nadie lo estaba obligando a ir. Él no murió porque no tenía otra
opción. Él no peleó porque su reino no
es de este mundo. Pero Él no necesitaba ni siquiera
pelear. Él con simplemente decir una palabra, Él podía haber derrotado
por siempre a sus enemigos. Él solo necesita hablar y todo
lo que Él habla se hace. Él es nuestro Dios que está en
los cielos y que todo lo que quiso ha hecho. Pero por amor
a su Padre y por amor a aquellos, que el Padre amó desde la eternidad
con amor eterno, Él estaba caminando allí mansamente como el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo. Lo que había proclamado
al principio del Evangelio, Juan el Bautista, cuando dijo, he
aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, aquel que
es todopoderoso y que sostiene la creación con su poder, estaba
sometido voluntariamente, voluntariamente, humildemente sometido y caminando. después de haberlo prendido y
haberlo atado, que era una necedad, ellos ya habían visto, pero estaban
ciegos. En realidad era un chiste tener
al Señor Jesucristo amarrado, como cordero fue llevado al matadero. Después dice la Biblia que le
llevaron, le presentaron, y le presentaron primero a Anás, y
Anás fue estábamos viendo cuando hablamos
de Judas. Judas, su nombre significa guiado
por Dios, y qué ironía que fue uno de los hombres más guiados
por el diablo. Y Anás, su nombre significa humilde
o gracia, pero en verdad que los escritos de su época lo describen
como alguien que era todo lo contrario a lo que su nombre
significaba. Era un hombre arrogante, era un hombre preocupado solamente
por sus intereses materiales, era un hombre que de gracia no
conocía absolutamente nada. se había hecho provisión para
que la gente pudiera comprar y no traer su ofrenda desde lejos
porque se podía morir, pero ellos, aunque alguien trajera un cordero
que estaba bien, si no era comprado, de los que él vendía, lo rechazaba
para la ofrenda y vendía a los precios que él quería y la gente
tenía que aguantarse y manejaba todo el sistema de cambio de
la moneda y la gente tenía que aceptar como ellos pagaran la
moneda. Era un hombre que en verdad maltrataba
al pueblo de Israel, a su pueblo. Era un hombre abusivo. Y a pesar
de que en ese año él no era el sumo sacerdote, seguía siendo
respetado como el sumo sacerdote. Todos sus hijos fueron sumo sacerdotes
y ese año su yerno Caifás era el sumo sacerdote. De Caifás
no se sabe exactamente el significado de su nombre. Hay algunas ideas
de lo que puede significar su nombre pero no hay una certeza
acerca de lo que significa el nombre de Caifás. llevan a Jesús ante Anás, diciendo
que él no era en realidad el sumo sacerdote, no obstante,
él empieza a interrogar al Señor Jesús, y una de las cosas contrastantes
es, lleva al Señor Jesús y le empieza a preguntar acerca de
su doctrina, y el Señor Jesús le contesta, porque el Señor
es la luz del mundo. Dice, Cuando empieza el Evangelio
dice que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las
tinieblas que la luz porque sus obras eran malas. Y Él es la
luz verdadera, esa luz que alumbra a todo hombre, estaba en este
mundo. El Señor Jesús, como luz que es, nunca hizo nada a escondidas.
No tenía absolutamente nada, nunca dijo nada que no tuviera
que decir. Y siempre lo que hizo, lo hizo públicamente. No había
necesidad de pararlo, interrogarlo. Jesús dijo, pregúntales a toda
la gente. Yo nunca he hecho nada en oculto.
En contraste, Anás y Caifás seguro que tenían muchas cosas que esconder. Ellos siempre pretendían aparentar
ante su pueblo, engañaban a su pueblo, pero Dios los conocía
perfectamente, porque Él es el que conoce los corazones. Estaban
allí después que el Señor Jesucristo responde este, uno de los siervos
de Anás, justamente, porque no estaba hablando todavía de Caifás,
todo lo, la mayor parte de lo que se va narrando, y Juan, el
apóstolo Juan, no narra nada con respecto a lo que ocurrió
ante Caifás, más bien lo que hizo Anás, y el Señor Jesús,
después de responder, le es dada una bofetada por un siervo del
sumo sacerdote de Anás. por un siervo del hombre humilde,
por un siervo del hombre que dice su nombre Dios es gracia
y le da una bofetada, el siervo del sumo sacerdote le da una
bofetada al verdadero sumo sacerdote. El verdadero sumo sacerdote,
el altar, el templo, el cordero estaban ahí delante y estaban
siendo menospreciados por este que se decía ser sumo sacerdote. no hubo una reprensión de este
señor a su siervo. Eso quiere decir que él estaba
feliz de lo que estaba sucediendo. Ellos estaban tanto a Nas como
a Caifás. La tercer cosa que nuestro pasaje
nos muestra es, después de llevarlo a Nas, lo llevan al... dice el versículo así, Versículo 14, dice, era Caifás
el que había dado el consejo a los judíos de que convenía
que un solo hombre muriese por el pueblo. Anás entonces le envió
atado a Caifás, el sumo sacerdote. Después de prenderle y llevarle
ante Anás, entonces ahora lo van a enviar, y yo puse ahí,
después de ser enviado a Anás, el sumo sacerdote, es llevado
a Caifás, el sumo sacerdote, que la Biblia nos muestra allí
una cosa más. el sumo sacerdote consejero,
el sumo sacerdote profeta, porque profetizó, profetizó porque era
sumo sacerdote, pero él ni siquiera sabía que estaba profetizando,
él era un hombre interesado por sus negocios, ni siquiera entendía
que es lo que estaba diciendo, él dijo conviene más que un hombre
muera y no que toda la nación sea destruida, pero él no estaba,
él no entendía, él estaba como el hazna que prendió a Balaam,
Y esto, todo esto, nos habla de lo que es nubes sin agua. Una nube sin agua es arrastrada
por el viento. Árboles soñales, dice la Biblia,
sin fruto. y es posible deslumbrar, es posible
estar en la posición más encumbrada en el Antiguo Pacto, probablemente
también en el Nuevo Pacto, porque es en el Nuevo Pacto que viene
la reprensión de Segunda de Pedro capítulo 2 y de Judas 12, porque
en el Antiguo Pacto hubo gente que llegó a las posiciones más
altas. Esta semana le preguntaron a un pastor, le hicieron una
pregunta y la pregunta es, ¿puede un pastor ir al infierno? Y este
pastor respondió y dijo, pues no es de las preguntas que me
gusta responder, porque soy un pastor, dice él. Pero lo primero
que les quiero decir es, nadie va a ir al cielo por ser un pastor.
Todo el que va a ir al cielo, va a ir al cielo porque Dios
ha querido revelarle quién es el Señor Jesucristo. Todo el
que va a ir al cielo, va a ir al cielo porque ha confiado plenamente
en el Señor Jesucristo. Nadie está en el cielo porque
es pastor. Nadie está en el cielo en el
caso del antiguo pacto porque fue sumo sacerdote. Nadie está
en el cielo porque fue apóstol. Judas fue apóstol y está en el
infierno. dice el Señor Jesucristo, no
todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día, Señor en tu nombre profetizamos,
en tu nombre echamos fuera demonios, en tu nombre hicimos muchos milagros.
Probablemente muchas congregaciones quisieran que Judas fuera su
pastor, tuvo de maestro al Señor Jesucristo. Seguramente Judas
echó algunos demonios. Seguramente que Judas hizo algunos
milagros. Judas impresionó a muchos cuando
dijo, ¿por qué no venden esto que se está desperdiciando aquí
y se le da a los pobres? ¡Qué corazón misericordioso! Pero fue apóstol y está en el
infierno. Y probablemente muchos pastores
están también en el infierno, porque nadie está en el cielo
por ser pastor. Y Caifás aquí dio un consejo,
y el consejo, damos gracias a Dios por el consejo que dio, pero
el mérito no está en él. Él profetizó porque era sumo
sacerdote y Dios lo usó así como usó el asno. que reprendió a
Balaam. Exactamente de la misma forma.
Y Dios puede usar, dice la Biblia, si ustedes callan, las piedras
van a hablar. Dios no tiene necesidad de las
personas, pero Dios salva a un pueblo y lo privilegia. Lo hace
Real Sacerdosio, Nación Santa. Le da un privilegio, pero Noté
que las personas, cuando dice el Señor, no todo el que me dice
Señor, Señor entrará en el reino de los cielos en el que hace
la voluntad de mi padre que está en los cielos. Dice muchos me
dirán en aquel día en tu nombre profetizamos. ¿Qué es lo que
esto está mostrando? Lo que está mostrando es que
ellos tenían toda la confianza en la carne. Tenían toda la confianza
en lo que ellos habían hecho. En tu nombre profetizamos. O
sea, no estoy aquí clamando por entrar al cielo porque confié
en Cristo. Estoy aquí clamando entrar al cielo porque profeticé
en tu nombre. Estoy clamando entrar al cielo
porque echamos fuera demonios, porque hicimos muchos milagros.
Y el Señor va a decir, apartados de mí, hacedores de maldad, nunca
os conocí. Él dio un consejo y yo le dije,
gracias a Dios, porque en verdad es correcto el consejo. Era conveniente
que un hombre muriera por la salvación del pueblo de Dios
y por eso Jesús vino. Él vino a buscar y a salvar a
su pueblo de sus pecados. Llamará su nombre Jesús porque Y eso fue lo que él, sin entender,
él estaba pensando en proteger nada más la nación judía, él
dio ese consejo. Sin embargo, él no era ni consejero,
ni era sumo sacerdote, estaba envanecido, nada sabía. En verdad,
delante de él estaba el admirable consejero, el dios fuerte, el
padre eterno, el príncipe de paz. y nos gozamos. Yo quisiera que
pudiéramos leer los pasajes que les estaba comentando y es Segunda de Pedro, que va describiendo
justamente a Anás, a Caifás, a Judas. Segunda de Pedro, capítulo 2,
versículo 1, dice, Pero hubo también falsos profetas entre
el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros. que introducirán
encubiertamente herejías destructoras y aún negarán al Señor que los
rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos
seguirán sus disoluciones por causa de los cuales el camino
de la verdad será blasfemado. Y por avaricia harán mercadería
de vosotros con palabras fingidas sobre los tales ya de largo tiempo
la condenación no se tarda y su perdición no se duerme. harán
mercadería. Anás y Caifás es lo que hacían.
Con el culto del antiguo pacto, ellos lo único que les interesaba
hacer es mercadería. Palabras íntimas. ¿En verdad
que ellos no tenían muchas ganas de que Roma estuviera sobre ellos? ¿En verdad que si Jesús hubiera
dado una patada a los romanos, ellos iban a estar contentos
con Jesús así? Pero ellos le dicen a Pilato,
nosotros solo un rey tenemos, es el rey César. Y siempre distorsionaban
el lenguaje y hablaban el lenguaje a su conveniencia. Hombres que
hablan palabras fingidas, siempre con palabras fingidas, mintiendo.
Y dice, Porque si Dios no perdonó a los
ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los
entregó a prisiones de oscuridad para ser reservados al juicio,
y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero
de justicia, con otras siete personas trayendo el diluvio
sobre el mundo de los impíos, y si condenó por destrucción
las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas
de ejemplo a los que habían de vivir impiamente, y libró al
justo Lot abrumado por la nefanda conducta de los malvados, porque
este justo que moraba entre ellos afligía cada día su alma justa,
viendo y oyendo los hechos iniquos de ellos. Sabe el Señor librar
de tentación a los piadosos y reservar a los injustos para ser castigados
en el día del juicio. y mayormente a aquellos que,
siguiendo la carne, andan en concupiscencias e inmundicia,
y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen
decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que
son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicios de maldición
contra ellos delante del Señor. Pero esto es hablando de cosas
que no entienden como animales irracionales, nacidos para presa
y destrucción, perecerán en su propia perdición, recibiendo
el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el
gozar de deleites cada día. Esos son inmundicias y manchas,
quienes aún mientras comen con vosotros se regocijan en sus
errores. Tienen los ojos llenos de adulterio
y no se sacian de pecar. Seducen a las almas inconstantes.
Tienen el corazón habituado a la codicia y son hijos de maldición.
Han dejado el camino recto y se han extraviado siguiendo el camino
de Balaam, hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad. Y
Balaam no pudo decir maldición sobre Israel porque Dios se lo
prohibió, pero él aceptó lo que le daban para ganar haciendo
que el pueblo de Israel se enamoraron de las mujeres impías y así haciendo
desviar al pueblo de Israel todo porque quería su recompensa.
Y si fue reprendido por su iniquidad, pues una muda bestia de carga,
hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Y aquí
pues no hay mucha diferencia entre la muda bestia de carga
y Caifás, que dijo algo que era correcto hacer, dice Estos son
fuentes sin agua y nubes empujadas por la tormenta, para los cuales
la más densa oscuridad está reservada para siempre, pues hablando palabras
infladas y vanas, seducen con su concupiscencia de la carne
y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de la... de los
que viven en error, les prometen libertad y son ellos mismos esclavos
de corrupción. Porque el que es vencido por
alguno es hecho esclavo del que lo venció. Y ciertamente, sabiéndose
ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento
del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellos
son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de
la justicia, que después de haberlo conocido volverse atrás del santo
mandamiento que les fue dado. Pero les aconteció lo del verdadero
proverbio, el perro vuelve a su vómito y la puerca lavada a reborcarse
en el sieno. Anás y Caifás fueron hombres
que no tuvieron temor de decir cosas, de proferir juicio de
maldición contra las autoridades superiores. Dijeron del Señor
Jesucristo, ha blasfemado y lo condenaron. Y desde que el apóstol
Juan dice ahí, el que había dado el consejo de que era necesario
que uno muriera en lugar del pueblo, él lo iba a juzgar. Y
ya de antemano, el juicio, él sabía que era necesario que Jesús
muriera, así que Jesús iba a morir. Ahora, no por él, sino porque
había sido determinado por el anticipado consejo de Dios. Él
en su maldad simplemente estaba siguiendo su corazón engañoso
y perverso, pero estaba cumpliendo todo lo que Dios ya había anticipadamente
decretado que habría de acontecer para la salvación de su pueblo.
Y Judas Amados por la gran solicitud
que tenía de escribiros, versículo 3, acerca de nuestro común salvación,
me ha sido necesario escribiros exhortándoos a que contendáis
ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.
Porque algunos hombres han entrado encubiertamente los que desde
antes habían sido destinados para esta condenación, hombres
impíos que convierten el libertinaje en la gracia de nuestro Dios
y niegan al único soberano a nuestro Señor Jesucristo. Quiero recordaros
ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado
al pueblo y sacado de Egipto, después destruyó a los que no
creyeron. Y a los ángeles que no guardaron
su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado
bajo oscuridad en prisiones eternas para el juicio del gran día.
Versículo 8. No obstante, de la misma manera,
también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad
y blasfeman las potestades superiores. Porque cuando el arcángeno Miguel
contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés,
no se atervió a proferir juicio de maldición contra él, sino
que dijo, el Señor te reprenda. y otra vez la misma característica
de Anás y Caifás. Ni siquiera Miguel dijo juicio
de maldición sobre el diablo, pero ellos condenaron al Señor
Jesucristo. Ellos le dijeron blasfemas. No
tienen temor a las autoridades superiores. En pocas palabras,
su nombre de Anás significa humilde, pero es una figura llena de arrogancia. Con Tumaces dice que rechazan
la autoridad, blasfeman de las potestades superiores. Dice,
pero estos blasfeman de cuantas cosas no conocen y las que por
naturaleza conocen se corrompen como animales irracionales. Hay
de ellos porque han seguido el camino de Caim y se lanzaron
por lucro en el error de Balam y perecieron en la contradicción
de Coré. Estos son manchas en vuestros ágapes que comiendo
impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos, nubes
sin agua, llevadas de acá para allá por el viento, árboles otoñales
sin fruto, dos veces muertos y desarraigados. Fieras ondas
del mar que espuman su propia vergüenza, estrellas errantes
para las cuales está revelada, reservada eternamente la oscuridad
de las tinieblas. El llamado es a contender ardientemente
por la fe una vez dada a los santos. Y la fe una vez dada
a los santos es la fe del Señor Jesucristo. Es esa fe que no
confía para nada en su carne. Es esa fe que puede ver, porque
ve a Cristo y ve cuán corrupto es y no puede de ninguna manera
confiar en su propia corrupción. Es aquel que es humilde porque
sabe que es incompetente, que es incapaz porque sabe que no
conoce todas las cosas para emitir juicio, que uno es el juez y
ese juez es el Señor Jesucristo. que el Señor nos guarde, que
el Señor nos guarde de ser, dice, nubes sin agua. Esas personas
podían impresionar a la demás gente, eran como nubes que apantallan,
pero no tienen agua, pura apariencia. Dice la Biblia ahí, árboles otoñales
sin fruto, y nos recuerda aquella higuera que tenía muchas hojas,
pero el Señor estaba buscando higos, y no había más que apariencia,
y el Señor maldijo la higuera. Nos recuerda el árbol bueno que
dice la Biblia, da su fruto en su tiempo y no habla primero
de la hoja. No habla primero de su fruto a su tiempo y su
hoja no cae. Porque, fruto. Dice la Biblia,
por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los
espinos o espinos de los abrojos? Hermanos, contendamos ardientemente
por la fe una vez dada a los santos. Y esa fe dada a los santos
es la fe donde no hay mérito ninguno en el hombre. La fe dada
a los santos es la fe donde la obra de salvación de un pecador
es de Dios de principio a fin. No hay lugar para la jactancia
humana. A los que antes conoció también
nos predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de
su hijo. Hermanos, clamemos al Señor que nos conceda no simplemente
estar recibiendo educación teológica, que no seamos... seguramente
Judas tenía mucha educación teológica. Seguramente Anás y Caifás tenían
bastante educación teológica. Pero estaban ciegos. El Antiguo
Testamento está llena del Señor Jesucristo y ellos no vieron
al Señor Jesucristo. Ellos no creyeron. Ellos le decían,
¿hasta cuándo nos vas a turbar? Cristo es el príncipe de paz,
no puede turbar a nadie. No hay paz para los impíos. Jesús
dice, mi paso es dejo, mi paso es doy. Ellos estaban turbados.
¿Hasta cuándo nos vas a turbar el alma si eres el Cristo? Dínoslo.
Y dice, ya os lo he dicho y no creéis. Y no creían porque no
son de sus ovejas. Clamemos al Señor que nos dé
fe para creer. Fe para creer. No en el Cristo
que nosotros queremos ver. Es que ellos querían un Cristo
como ellos se imaginaban o les gustaba que Cristo fuera. Que
el Señor nos dé fe para creer en el Cristo tal y como se ha
revelado en la Escritura. Que el Señor nos dé fe para creer
el Evangelio que predicaba el apóstol Pablo. Porque el Evangelio
que predicaba el apóstol Pablo dice, no hay otro Evangelio. Si a un ángel del Cielo les predica
otro Evangelio, sea anatema. La Bíblia no dice que el que
predique otra escatología es anatema. Pero la Biblia dice
que el que predique otro evangelio sea anatema. Y que el Señor nos
conceda aprender en verdad el evangelio. Hermanos, oremos y
en oración leamos la epístola de los romanos y que el Señor
nos enseñe el evangelio en la epístola de los romanos. Muchas
veces pensamos que sabemos el evangelio porque lo hemos aprendido
en algún seminario, en algún folleto. Estamos seguros que
eso que está en los folletos es en verdad el evangelio que
ha predicado el apóstol Pablo. Lo que está en juego no es poca
cosa, es la salvación eterna. Dios salva a su pueblo por la
predicación del único evangelio, y ese evangelio es el evangelio
de la gracia soberana de Dios en Cristo Jesús, que vino a salvar
a su pueblo de sus pecados. Cree en el Señor Jesucristo,
clama al Señor que te conceda arrepentimiento y fe. Hermanos,
La condición del hombre es tal que ni siquiera podemos arrepentirnos. Dice la Biblia, por si quizá
Dios les conceda que se arrepientan y escapen de los lazos del diablo
en que están cautivos a voluntad de él. Clama al Señor que te
conceda arrepentimiento para vida. Clama al Señor que te conceda
el don de la fe. Por gracia sois salvos. Y esto
no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que
nadie se gloríe. Porque por gracia sois salvos,
por medio de la fe. Por medio de la fe. Y aún la
fe es don de Dios. Hermano, la fe es don del Espíritu
Santo. Recuerda que somos salvos no
por nuestra fe. La fe del creyente es preciosa.
Pero en tanto que es nuestra, está llena de debilidad. Somos
salvos por la fe del Señor Jesucristo. Él confió plenamente en su Padre,
sin nunca dudar de su Padre. Por causa de esa fe, esa es la
fe una vez dada a los santos. Clamemos que en realidad no seamos
al final de tanto privilegio. En verdad, Anásica y Faz Judas
fueron gentes de tanto privilegio y hoy están en el infierno. Clamemos que Dios nos conceda
a todos disfrutar del privilegio. y ver en verdad al Señor Jesucristo,
puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe,
no en nosotros, no en los de al lado, en el Señor Jesucristo. Padre, gracias porque hoy tenemos un
privilegio más grande que de Anás y Caifás. nos has dado un
nuevo pacto con mejores promesas, con un sumo sacerdote, con un
solo sacrificio hizo perfectos para siempre a todos los santificados.
Padre ruego que obres en nuestro corazón y guárdanos, guárdanos
totalmente de confiar en la carne, guárdanos Señor de confiar en
tener la teología correcta, señor, sino de tener la fe del Señor
Jesucristo. Señor, guárdanos. de pensar que
en nosotros hay mérito alguno. Ayúdanos a mirar a Cristo para
que en verdad veamos quiénes somos y podamos correr desesperadamente
al Señor Jesucristo y podamos ser totalmente dependientes de
su obra. Señor, yo te ruego que obres
de tal manera que podamos contender ardientemente por la fe una vez
dada a los santos. guardanos Señor de ser nubes
sin agua, guardanos Señor de ser árboles otoñales que están
llenos de hoja pero sin fruto, Señor haznos fructíferos, Señor
límpianos si estamos en Ti, límpianos para que podamos llevar mucho
fruto. porque tu palabra dice, no me
elegiste vosotros a mí, sino yo les elegí a vosotros y les
he puesto para que vayáis y llevéis fruto y vuestro fruto permanezca
para siempre. Señor clamamos que se haga evidente
en nuestra vida el fruto del Espíritu Santo, amor, gozo, paz,
paciencia, benignidad, bondad, mansedumbre, templanza, tu carácter
manifestándose Señor por la gracia tuya por la obra de Cristo en
la Cruz del Calvario. Señor, ayúdanos a no estar contentos
con nada que sea menos que eso. Le rogamos, Señor, que obres,
que no tengamos temor de decirte, examíname, oh Dios, si conoce
mi corazón, pruébame y conoce mis pensamientos, y si hay en
mi camino de perversidad, guíame en el camino eterno. Señor, que
podamos acercarnos en verdad confiadamente al trono de tu
gracia, porque Cristo ha abierto el camino para los suyos. Señor,
confirma nuestro espíritu de que somos tus hijos. Te lo rogamos
en el nombre del Señor Jesús. Amén.

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Joshua

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