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Jose Dzul

La limpieza de un leproso

Matthew 8:1-4
Jose Dzul May, 7 2017 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul May, 7 2017

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Buenos días, hermanos. Qué gusto
volver a verlos. Veo la firmeza en el Señor Jesucristo. Veo la firmeza que tienen en
el Señor Jesucristo. El apóstol Pedro dice que las
ovejas del Señor Jesucristo son guardadas por el poder de Dios
para que ellos permanezcan, sean fieles en el Evangelio. El Señor les ha hecho fiel. El Señor les está haciendo fiel. El Señor les va a ser fiel. El Señor es fiel con cada uno
de sus hijos. Él no va a dejar a ninguno de
sus hijos. Él no va a abandonar a ninguno
de aquellos por quien Cristo ha dado su vida. El Señor dice, yo le doy vida
eterna a mis ovejas y ninguna de ellas va a perecer. Ninguna. Ninguna oveja de Cristo será
arrebatada del amor eterno de Dios. del amor eterno de Dios. Bueno, en esta mañana quiero
que pensemos sobre un tema en el libro de Mateo capítulo ocho. Es algo que ustedes han oído
varias veces, muchas veces, pero yo recuerdo las palabras del
hermano Walter. Él siempre ha dicho que las verdades
son eternas Son eternas, nunca va a pasar de moda. Nunca pasa
de moda. Son eternas. Y las mismas cosas
nos hacen bien a cada uno de nosotros. Escuchar las mismas
verdades nos hace bien espiritualmente a nosotros. El bien que escuchamos
cada vez es como un clavo que nos hace más firmes en el conocimiento
del Señor. Bueno, en esta mañana quiero
que pensemos aquí en el libro de Mateo capítulo 8. Voy a hablar
sobre la limpieza de un leproso. La limpieza de un leproso. Nos dice aquí en capítulo 8 de
Mateo, versículo 1. Cuando Jesús descendió del monte,
le seguía mucha gente. Y aquí vino un leproso y se postró
ante él, diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús
extendió la mano y le tocó, diciendo, Quiero, sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo, Mira,
no lo digas a nadie, sino ve Muéstrate al sacerdote y presenta
la ofrenda que ordenó Moisés para testimonio a ellos. La limpieza de un leproso. Lo que hizo este hombre leproso,
lo que hizo este hombre leproso es lo que todos nosotros debemos
de hacer. Es lo que todos nosotros debemos
hacer. Este hombre leproso vino a Jesús
por su necesidad. ¿Sabemos de nuestra necesidad
delante de Dios? ¿Sabemos de nuestra necesidad
delante de Dios? David el Rey, él preguntó, ¿Quién
va a subir en el monte alto de Dios? ¿Quién va a estar delante
de la presencia de Dios? El limpio de corazón, el limpio
de mano, la persona limpia, santificada, justificada, es
la persona que va a estar delante de la presencia de Dios. No es
la persona que cada domingo está yendo a misa. No es la persona
que camina de rodillas para llegar al altar. La persona que va a
estar, la persona que está delante de la presencia de Dios es la
persona que ha sido limpiada de todos sus pecados. Es la persona
que es justo ante los ojos del Señor. Entonces, vemos a este
hombre que vino a Jesús por su necesidad y esto es lo que todos
nosotros debemos de hacer, venir a Jesús por nuestra necesidad. También vemos a este hombre que
este leproso vino también y se postró ante Jesús. Esto es también
lo que todos nosotros debemos de hacer. postrarnos en humildad
ante Jesús, ante el Cristo divino, ante el Cristo de Dios. El Señor
Jesucristo, Él es Dios y Él merece toda honra y gloria, toda honra
y gloria. Entonces, la actitud de este
hombre Lo debemos tomar también nosotros y hacer como este hombre,
que vino a Jesús y se arrodilló ante Él. Eso es humildad. Eso es humildad. Debemos ser
humildes delante de Dios. El Señor dice, el que se humilla
será enaltecido. El que se enaltece será humillado,
dice el Señor. También vemos a este hombre,
a este hombre leproso que vino a Jesús, él confesó. Él confesó
a Jesús como Señor. Él dijo, Señor, si tú quieres,
puedes limpiarme. Jesús es el Señor. Toda persona en este mundo que
no reconozca y no crea que Jesús es el Señor, en el último día
lo va a reconocer, lo va a confesar, pero será demasiado tarde, será
demasiado tarde. Hoy es cuando todos nosotros
debemos debemos reconocer, creer que Jesús es el Señor de señores,
Rey de reyes y Señor de señores. Él es el Dios soberano, el único
Dios soberano es el Señor Jesucristo. Ahora, vemos a este hombre también
reconocer el derecho de Jesús para limpiar. Él dijo, Señor,
si tú quieres. Lo que hizo este hombre es lo
que todos nosotros debemos de hacer. Reconocer la soberanía,
el derecho del Señor para salvar al que Él quiere salvar. Vemos también a este hombre Cuando vino a Jesús, Él vino
con esta confianza, diciendo, Señor, si tú quieres, puedes. Puedes limpiarme. Él vino creyendo
que Jesús lo podía limpiar de su lepra. También vemos aquí la misericordia
limpiadora de Dios, la misericordia limpiadora del Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo, cuando oyó
las palabras de este hombre, Él dijo, quiero, sé, limpio. Eso es misericordia. Eso es gracia. Eso no es por causa de obras,
sino es gracia, es algo gratuito. y vemos también el poder de Jesús
para limpiar. Cuando Jesús dijo, quiero, se
limpio, al instante la lepra de este hombre desapareció, desapareció. Ahora quiero que pensemos siete
cosas, siete cosas, no voy a tardar, solamente tengo estos números
así, siete cosas. La primera cosa es, ¿de qué nos
habla la lepra? La segunda cosa es el leproso
vino a la persona correcta para su limpieza. La tercera cosa
es la humildad del leproso. La cuarta cosa es el leproso
reconoció el derecho de Jesús para limpiar. La quinta cosa,
la confianza del leproso. La sexta cosa, la misericordia
limpiadora. Y la séptima cosa es el poder
de Cristo para limpiar. Primero, ¿de qué nos habla la
lepra? La lepra es una enfermedad. Es una enfermedad del cuerpo
humano. Y este hombre vino a Jesús. Este
hombre que vino a Jesús era un hombre leproso. enfermo de lepra,
estaba lleno de lepra este hombre. Y esa lepra que es lo que representa,
la lepra es típico, es una enfermedad típica, la lepra es típica del
pecado, así como la lepra en aquel tiempo es incurable, destruye,
mata, Así como la lepra en aquel tiempo separa al hombre de su
familia, de la sociedad. Ese hombre estaba viviendo en
el monte. De igual modo, el pecado. El
pecado está en nuestro corazón. El pecado no está en la cabeza,
está en el corazón. El centro, el centro de la maldad
es nuestro corazón. El nido el nido de toda maldad
aquí está, el corazón. Del corazón salen los malos pensamientos,
los malos, todos los malos pensamientos salen de nuestro corazón, de
nuestro corazón. Entonces la lepra del pecado
está en nuestro corazón, está en nuestro corazón y es la lepra
del pecado Lo que hace es separarnos de Dios. El pecado separa de
Dios. Separa de Dios. Separa de la
comunión con Dios. Separa de las bendiciones de
Dios. La Biblia dice, por cuantos todos
pecaron, están todos destituidos de la gloria de Dios. destituidos
de la comunión con Dios, destituidos de las bendiciones de Dios, por
causa del pecado. Ese pecado que está en nuestro
corazón, el ser humano, el hombre, no lo puede remediar con ningún
remedio humano, ni con un remedio religioso. No hay remedio religioso
No hay remedio humano que pueda remediar el pecado que está aquí
en el corazón. No hay. No hay. No hay medicamento humano que
pueda remediar el pecado que hay en el corazón. La paga del
pecado es la muerte. La paga del pecado es la muerte. El pecado es algo inmundo. Nos hace inmundo delante de Dios. Nos hace sucio. Somos sucios
de pecado delante de Dios. Somos suciedad delante de Dios
por causa de nuestros pecados. Ahora, el segundo asunto es que
este hombre leproso vino a la persona correcta para su limpieza. Ustedes se acuerdan de este hombre
Nahamán, este hombre Nahamán también era un hombre leproso, era un hombre leproso, este hombre
escuchó la buena noticia de que hay un profeta de Dios que le
puede limpiar de su lepra y este hombre pidió cartas, pidió cartas
como recomendación para que sea atendido. Pero este hombre no
fue al profeta de Dios para su limpieza. Este hombre naman se
fue a otro lugar, se fue a otro camino. Este hombre tomó un camino
equivocado. Él se fue al Rey de Israel para
buscar limpieza. Este hombre en la mano tomó un
camino equivocado, no fue a la persona correcta. Aquí vemos
a este hombre leproso que vino a Jesús para su limpieza. Este hombre vino a la persona
correcta. vino a la persona correcta, a
la persona que le podía limpiar de su lepra, no solamente tocar
su lepra, no solamente mirar su lepra, pero limpiarlo de su
lepra, quitar su lepra, borrar su lepra. Este hombre vino a
la persona correcta. Hoy en día, ¿cuántas personas
han tomado un camino equivocado? Mucha gente en este mundo ha
tomado un camino equivocado para estar a la presencia de
Dios, para ser aceptado delante de Dios. Mucha gente ha tomado
un camino equivocado. Muchos van a la religión para
buscar limpieza. Muchos van a los ritos para buscar
limpieza. Muchos van a las ceremonias para
buscar limpieza. Este hombre no fue a las ceremonias.
Este hombre no fue a los ritos. No fue a los sacrificios. Este
hombre no fue al sacerdote. Este hombre no fue a la ley.
Este hombre vino al Señor Jesucristo. Y es lo que usted debe de hacer
en esta mañana. Venir al Señor Jesucristo. El
Señor dice, el impío deje su camino y vuélvase a Jehová, el
cual Dios le dará misericordia eterna. Muchas personas han tomado este
camino equivocado. Ellos piensan que por el bautismo
del agua sus pecados son quitados. Eso no es cierto, eso no es verdad,
eso es una mentira. La religión que enseña eso está
mal. La doctrina que no viene de la
Palabra de Dios es doctrina de demonio. No es doctrina de Dios. No es doctrina de Dios. Cada
doctrina que viene de la Palabra de Dios es de Dios, pero la doctrina
que no viene de la Palabra de Dios es satánico, es satánico
y no debe ser creído, no debe ser seguido esa doctrina porque
es destructora, va a destruir la persona que lo está creyendo
y lo está siguiendo. Bueno, vemos a este hombre que
vino al Señor Jesucristo, vemos también a este hombre, a este
hombre leproso tomando su lugar, tomando su lugar como un necesitado. Él vino y se postró ante el Señor
Jesucristo, rogando, Señor, si tú quieres, puedes limpiarme. Así como este hombre hizo, así
debemos hacerlo todos. Ninguno de nosotros tenemos derecho
de exigir, de pedir, Señor dame esto. El Señor no es un siervo, no
es nuestro siervo. El Señor es soberano. El Señor es soberano. Él está
reinando sobre todo este mundo. Él está reinando sobre su pueblo. en su pueblo está reinando el
Señor. La actitud de este hombre leproso
debe ser también nuestra actitud, venir a Jesús, postrarnos ante
Él en humildad, en humildad. ¿Se acuerdan de Bartimeo? Cuando
Bartimeo escuchó que Jesús ya estaba en la ciudad y estaba
saliendo de la ciudad, él comenzó a dar voces y a decir, Jesús,
hijo de David, ten misericordia de mí. Y la gente le decía, calma,
no hables, no grites. Pero este hombre siguió clamando
a Jesús, diciendo, Jesús, Hijo de David, ten misericordia de
mí. Esa oración fue escuchada por
los oídos de Dios. Esa oración fue oída por los
oídos de Dios. y el señor se detuvo y mandó
llamar al ciego y le y vinieron a llamar al ciego y le dijeron
el señor te llama que gozo había sentido en su corazón este hombre
verdad que gozo sintió en su corazón este hombre cuando escuchó
Jesús te está hablando Jesús ya te escuchó y él te llama este
hombre sintió un gran gozo en su corazón De manera que Él,
arrojando su capa, vino a Jesús. Vino a Jesús. Vino a la persona
correcta también. A Jesús. Clamó a la persona correcta. A Jesús. Debemos clamar a la
persona correcta. Al Señor Jesucristo. No clames
a otro, a otra cosa. Sólo Dios puede escucharnos.
Sólo Dios puede escucharnos si clamamos con el corazón, si clamamos
en el nombre del Señor Jesucristo. Ahora, este hombre leproso también
reconoció que Jesús, Jesús es el único que tiene derecho para
limpiar su lepra. La actitud de este hombre, eso
debemos tomar. Jesús, Él tiene derecho, es el
único que tiene derecho para salvar al que Él quiere salvar. Vemos la soberanía de Dios en
la salvación. Dios es soberano en la salvación. Como las Escrituras lo dicen,
la salvación es de Jehová. Es de Jehová el principio y el
fin. Todo es de Jehová la salvación. Y vemos cómo el soberano Dios
del Cielo, el soberano de las Escrituras, es el único que tiene
derecho para salvar al que Él quiere salvar. Vemos la soberanía
de Dios en la salvación. Dice Dios, a Jacob amé, mas a
Esaú aborrecé. ¿Por qué lo hizo Dios así? La
gente piensa esto es injusticia de Dios. Esto no está bien lo
que Dios hizo. Porque amó a uno y abandonó a
otro. Si tienes algo, ¿quién te distingue?
¿Quién te distingue? Si tienes algo, ¿de dónde ha
venido? Lo tienes porque lo has recibido.
Lo tenemos porque lo hemos recibido, ¿verdad? Ahora, ¿Quién tiene
este derecho de amar y dejar? Dios. Dios es el único que tiene
todo este derecho de amar y abandonar al que Él quiere abandonar. La
pregunta es ¿Por qué Dios abandona a algunos? ¿Por qué Dios abandona
a muchos? Eso es la justicia de Dios. Si
Dios me hubiera Si Dios me hubiera abandonado, eso es justicia. Eso es justicia porque eso es
lo que yo merezco. Si Dios te hubiera abandonado,
eso es justicia de Dios. Si Dios nos hubiera abandonado
a todos, eso es justicia de Dios, porque es lo que merecemos por
nuestros hechos. por nuestros pecados. Pero allí está la gracia de Dios. Ahí está la gracia de Dios. Cuando Dios, en su voluntad soberana,
Él escoge a algunos para salvar y deja a otros en su camino. Ahí está la soberanía de Dios.
amando a algunos y dejando a otros. Dios dice a Jacob amé y abandoné
a Isaú. ¿Por qué lo hizo? Porque Dios
tiene derecho de hacerlo. Porque es su derecho de hacerlo. Si ama a Dios a alguno, eso es
gracia, hermanos. Eso es misericordia. Eso es amor. No lo olvides. No lo olvides
nunca. Eso es gracia. Eso es misericordia
de Dios. ¿De dónde nos sacó Dios? De la basura. De la basura. Ahí Dios nos sacó. y nos hizo sentar como príncipes. Ahora, este hombre está reconociendo
el derecho, la soberanía, el señorío del Señor Jesucristo
para limpiar. Señor, si tú quieres, Señor,
si tú quieres, puedes limpiarme, dijo este hombre. también vemos que este hombre leproso al venir a Jesús vino con esta
seguridad vino con esta seguridad de que Jesús si lo podía limpiar
limpiar que Cristo tenía todo el poder para limpiar su lepra
Él había oído cómo Jesús sana a los enfermos, cómo Jesús levanta
a los muertos. Ahora, este hombre vino creyendo
que Jesús lo podía limpiar de su lepra. Por eso este hombre
está diciendo, Señor, si tú quieres, puedes limpiarme. El Señor Jesucristo, Él es Dios
verdadero. Y Él puede limpiar el pecado
de cada persona que cree en el Señor Jesucristo. El Señor, Él
es Dios. Él es Dios verdadero. El Señor,
como dice aquí en el libro de Hebreos, capítulo 7. Leemos este
versículo de Hebreos, capítulo 7. dice el versículo veinticinco
por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él
se acercan a Dios viviendo siempre para interceder por ellos por
lo cual Jesús el hijo de Dios Jesús el bendito Cristo de Dios
puede salvar eternamente a los que vienen a Dios por medio de
Él. No por medio de María, no por
medio de la religión, no por medio de las obras, sino por medio del Señor Jesucristo. Jesús dijo, yo soy el camino,
yo soy la verdad y la vida. Nadie enviene al Padre sino por
mí, sino por mí. El Señor Jesucristo, Él es Dios. Él es Dios y es el único que
puede limpiar nuestros pecados. Uno que no es Dios no te puede
salvar. Uno que no es Dios no confíes
en Él porque nunca te puede salvar. nunca te puede perdonar, nunca
puede quitar tus pecados, nunca puede hacer esto. El Señor Jesucristo, con su muerte,
ha hecho satisfacción a la santa justicia de Dios, por lo cual,
Él puede, puede salvarnos, puede limpiarnos de todos nuestros
pecados, porque su muerte, su sangre, ha hecho satisfacción
a la santa justicia de Dios. Dios puede perdonarnos, justificarnos
en el Señor Jesucristo, porque su justicia ha sido satisfecha
por la muerte de su Hijo. La Biblia dice, sin derramamiento
de sangre no hay remisión de pecado. Sin derramamiento de
sangre, nadie puede ser perdonado. La sangre de Cristo fue el precio
de nuestra redención. La sangre de Cristo es el precio
de nuestro perdón. La sangre de Cristo es el precio
de nuestra justificación. La sangre de Cristo es el precio
de nuestra aceptación delante de Dios. Delante de Dios. De manera que este hombre leproso
vino a Jesús confiando en él que Cristo le podría limpiar
de su lepra. ¿Estás confiando en el Señor
Jesucristo? ¿O estás confiando en ti mismo?
¿Estás confiando en el Señor Jesucristo o estás confiando
en la religión? En ningún otro hay salvación. porque no hay otro nombre bajo
el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. Cristo
es el único que nos puede salvar, que nos puede salvar de la ira
de Dios por causa de nuestros pecados. Debemos saber que sólo
hay un manantial que puede quitar nuestros pecados. Ese manantial
es la sangre preciosa del Señor Jesucristo. La sangre de Cristo
nos limpia de todo pecado. De todo pecado. Ahora, la sexta
cosa, la respuesta de la misericordia de Dios. Cuando este hombre dijo,
Señor si quieres puedes limpiarme. El Señor, el Señor teniendo misericordia
de este hombre dijo, quiero, sé limpio. Quiero ser limpio. Qué precioso, ¿verdad? Escuchar
de la boca de Dios. Decir, quiero. Quiero. Eso no es por causa de obras. Eso es misericordia de Dios.
Eso es gracia de Dios. Cuando Dios dice, quiero. Quiero perdonarte. Quiero justificarte. Quiero limpiarte. Quiero que
tú seas mi hijo. Parte de mi familia. Quiero que tú seas mi familia. Dios dice quiero. Eso es gracia. Eso es gracia de Dios. La palabra de Dios nos dice que
el Señor quiere que todos los hombres sean salvos. Esos todos
los hombres son judíos y gentiles, gentes que Él ha escogido entre
judíos y gentiles. El Señor no quiere que ninguno
se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento. Está hablando
de su pueblo escogido. Está hablando del pueblo que
Cristo redimió en la cruz del Calvario. No está hablando de
todas las gentes de este mundo, sino que está hablando de sus
ovejas. El Señor no quiere que ninguna
oveja suya se pierda, sino que venga al arrepentimiento. venga el arrepentimiento. El
Señor dice quiero, quiero que tú seas limpio, dijo a este hombre. Él de su voluntad nos salva. Él de su voluntad nos limpia. Él de su voluntad nos justifica. Él de su voluntad nos acepta
como hijos suyos. No de nuestra voluntad. No de
nuestra voluntad. sino de la voluntad soberana
de Dios. Él, de su voluntad, nos hizo
nacer por la palabra verdadera. Él, de su voluntad, nos redimió. Él, de su voluntad, nos escogió
para salvación. Él, de su voluntad, nos escogió
para vida eterna. Él, de su voluntad, no es de
la voluntad del hombre, sino de la voluntad soberana de Dios. Y nos dice que el Señor extendió
la mano y tocó la lepra de ese hombre. Y el Señor dijo, quiero
ser limpio. Quiero que tú seas limpio, dijo
el Señor. La última cosa es, vemos el poder
del Señor Jesucristo para limpiar esa lepra. Dice, al instante
su lepra desapareció. Cuando el Señor tocó la parte
inmuna, dijo, se limpio. Al momento esa lepra desapareció,
se fue. Se fue del cuerpo del hombre. Se fue del cuerpo del hombre. La sangre del Señor Jesucristo
es tan poderosa, hermanos, es tan poderosa, tan valiosa, tan
eficaz para quitar nuestros pecados. Juan el Bautista, cuando vio
a Jesús venir, él dijo, he aquí, aquí está el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo. Ya no sigan yendo a los sacrificios
de esos animales. Ya no sigan confiando en esos
sacrificios de animales. Ya no sigan esos ritos, esas
ceremonias. Aquí está el verdadero. Aquí está el cumplimiento. Este
Jesús es el Cordero de Dios, el Cordero prometido por Dios,
el Cordero eterno de Dios, que ha venido a este mundo para quitar
el pecado de su pueblo. ¿Quitó realmente Cristo los pecados
de su pueblo? Sí, sí lo quitó. Sí lo quitó. Cristo ha quitado
verdaderamente el pecado de todo su pueblo. ¿Cómo? ¿Cómo lo sabemos? Cuando Dios
lo resucitó dentro de los muertos. Cuando Él se levantó dentro de
los muertos. Eso es una señal. de que Cristo
quitó todos los pecados de su pueblo. El Señor se levantó vivo
entre los muertos para justificarnos, para justificarnos delante de
Dios. Somos justificados en la fe del
Señor Jesucristo. No somos justificados por medio
de nuestras obras. No, no somos justificados por
medio de nuestro servicio religioso. No somos justificados delante
de Dios por nuestra obediencia. Somos justificados por la obediencia
del Señor Jesucristo. Somos justificados en la fe del
Señor Jesucristo, en la justicia del Señor Jesucristo. ¿Cómo recibimos
estos beneficios? Creyendo en el Señor Jesucristo. Por medio de creer en el Señor
Jesucristo, recibimos todos los beneficios de la redención del
Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en lugares celestiales. Todas estas bendiciones es tuya. Si estás confiando en el Señor
Jesucristo, es tuya todas estas bendiciones. Cristo lo compró
en la cruz del Calvario con su muerte, con su sangre preciosa. ¿Estás limpio de pecado? Si no
eres limpio de pecado, ven al Señor Jesucristo. Confía en Él
de todo corazón. Volverás a tu casa justificado. limpiado, perdonado, aceptado
delante de Dios. Que Dios les bendiga.

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Joshua

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