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Jose Dzul

La enfermedad de Naaman

2 Kings 5:1-14
Jose Dzul April, 2 2017 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul April, 2 2017

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Buenos días, hermanos. Es un gusto para mí estar con
ustedes, siempre. Es un gozo para mí verlos a ustedes
firmes en el Señor Jesucristo. Qué bueno, qué bueno. Eso es, por la gracia de Dios,
estamos firmes en la fe del Señor Jesucristo. En esta mañana quiero
que pensemos sobre la historia de un hombre. Se encuentra en
Segunda de Reyes capítulo cinco, versículo uno hasta catorce. En Segunda de Reyes capítulo
cinco, en su versículo uno hasta catorce. se trata sobre la historia de
un hombre llamado Naamán. Naamán es un gentil, es un hombre
gentil. Y el Señor Jesucristo en el Nuevo
Testamento, Él lo mencionó. Como el Señor, como el Señor
Jehová lo limpió de su lepra, siendo él un gentil, habiendo
en Israel muchos leprosos. Dios pasó en alto a los leprosos
judíos y él mostró su favor a este gentil Naamán. Eso molestó mucho
a los judíos. El Señor dijo, no tengo derecho
de hacer con lo mío. El Señor es soberano y Él tiene
todo el derecho de hacer con lo que es suyo, con lo que es
suyo. El Señor es soberano, Él tiene
misericordia de quien Él quiere tener misericordia. Él tiene misericordia de quien
Él quiere tener misericordia. Ahora, en el Antiguo Testamento
vemos la historia de este hombre, cómo fue limpiado por Dios. En esta mañana quiero que pensemos
sobre la enfermedad de Naamán. La enfermedad de Naamán. La lectura dice así, Naamán,
general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante
de su señor y lo tenía en alta estima. porque por medio de él
había dado Jehová salvación a Siria, era este hombre valeroso en extremo,
pero leproso. Y de Siria había salido bandas
armadas y había llevado cautiva de la tierra de Israel a una
muchacha, la cual servía a la mujer de Nahama, Esta dijo a
su señora, si rogase mi señor al profeta que está en Samaria,
él lo sanaría de su lepra. Entrando Namán a su señor, le
relató diciendo, así y así ha dicho una muchacha que es de
la tierra de Israel. Y le dijo el rey de Siria, anda,
ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel Salió pues él, llevando
consigo diez talentos de plata y seis mil piezas de oro y diez
muras de vestidos, tomó también cartas para el rey de Israel,
que decía así, Cuando llegue a ti estas cartas, sabe por ellas
que yo envío a ti mi siervo Nahman para que los sanes de su lepra. Luego que el rey de Israel leyó
las cartas, rasgó sus vestidos y dijo, soy yo Dios que mate
y de vida para que este envíe a mí a que sane un hombre de
su lepra. Considerad ahora y ved cómo busca
ocasión contra mí. Cuando Eliseo, el varón de Dios,
oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a
decir al rey, ¿por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí
y sabrá que hay profeta en Israel. Y vino Namán con sus caballos
y su carro y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero
diciendo, ve y lávate siete veces en el Jordán y tu carne será
restaurada y serás limpio. Y Namán se fue enojado diciendo,
he aquí yo decía para mí Saldrá Él luego, y estando en pie, invocará
el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y topará el
lugar, y sanará la lepra. Habana y Farfar, ríos de Damasco,
¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavaré
en ellos, no seré tan bien limpio. Y se volvió y se fue enojado. Mas sus criados se acercaron
y le hablaron, diciendo, Padre mío, si el profeta te mandara
alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciendo, lávate
y serás limpio? Él entonces descendió y se zambulló
siete veces en el Jordán conforme a la palabra del varón de Dios
y su carne se volvió como la carne de un niño y quedó limpio. La enfermedad de Namán. Queremos
pensar hoy en esta mañana seis cosas. Seis cosas sobre el caso de Namán. La primera cosa, el primer asunto
es ¿Quién es Namán? ¿Quién es Namán? La segunda cosa
es la enfermedad de Namán. La tercera cosa, las buenas nuevas
que recibió Namán. La cuarta cosa es el camino que
tomó Namán. El número cinco es el orgullo
de Namán. Y la sexta cosa, la obediencia
de Namán al mandato del profeta de Dios. Primero, consideremos quién es Namán. Nos dice que
Namán era un hombre muy importante. era un hombre muy importante
porque había ganado la guerra, había librado a los sirios de
los enemigos y esto hizo que este hombre, este general del
ejército de Siria fuese estimado tanto. Naamán era un hombre muy
talentoso, muy talentoso. Naamán Naamán era un hombre distinguido
entre los demás hombres del pueblo. Naamán, él tenía el respeto del
pueblo. Naamán, él tenía grandes títulos,
grandes títulos, grandes reconocimientos como el general del rey de Siria. Este hombre, Naamán, él tenía
mucha fama Era un hombre famoso. Era un hombre famoso. Era un
hombre valeroso. Todo el pueblo hablaba bien de
este hombre. Ahora, el segundo asunto es la
enfermedad de Namán. ¿Qué clase de enfermedad tenía
este hombre? A pesar de ser un hombre muy
importante del pueblo de Siria, ahora este hombre estaba enfermo. Era un hombre leproso. Tenía
lepra en su cuerpo. Tenía lepra en su cuerpo. El
pueblo que lo estimaba no pudo hacer nada. para limpiar su lepra. El sacerdote de su pueblo no
pudo hacer nada para limpiar su lepra. Sus dioses no pudieron
hacer nada para limpiar su lepra. Los ritos, las ceremonias, los
sacrificios, las buenas obras no pudieron quitar la lepra de
este hombre. La lepra estaba en su cuerpo. Namán estaba condenado para morir
con su lepra. La lepra es típico del pecado. La lepra es como el pecado. O el pecado es como la lepra. Es como la lepra. En este mundo puede haber muchas
personas con grandes cualidades, con grandes cualidades, en este
mundo puede haber personas muy importantes en este mundo, puede
haber buenos padres, buenos hijos, buenos maestros, buenos doctores,
buenos abogados, buenos vecinos, buenos esposos, buenas esposas. ¿Pero cuál es el problema? El
problema está en el corazón. El problema es el pecado. Todos somos pecadores delante
de Dios. Todos somos pecadores delante
de Dios. El hombre más famoso de este
mundo, con su sabiduría, es un pecador delante de los ojos de
Dios. Ahora, ¿qué dice Dios? ¿Qué dice
Dios de ese pecador? por cuantos todos pecaron están
destituidos de la gloria de Dios. ¿Qué dice Dios del castigo del
pecado? La par del pecado es muerte. El alma que pecare, esa morirá,
esa morirá. tanto el hombre inteligente como
el hombre ignorante, el rico, el pobre. Todos estamos enfermos de pecado. Todos estamos enfermos de pecado. El pecado lleva a una persona
a la muerte. El pecado lleva a la persona
a la separación eterna de Dios. El pecado lleva al hombre, lleva
al hombre eternamente destituido de todas las bendiciones de Dios. Es muy triste, es muy triste. El pecado está en el corazón
de cada hombre de este mundo y el pecado se manifiesta en
los pensamientos, en las palabras y en los hechos, en los hechos. Y nadie, nadie, ningún hombre,
ningún ser humano en este mundo tiene la capacidad de librarse
de sus propios pecados. Cada hombre en este mundo que
está sin Dios y sin Cristo es esclavo del pecado. Y ningún
esclavo tiene la capacidad, tiene el poder de librarse de sus propios
pecados. sólo un hombre, sólo un hombre que tiene todo el poder soberano
para liberarnos, romper las cadenas de nuestros pecados. Sólo este
hombre llamado Jesucristo puede romper las cadenas de la prisión
del pecado. el hombre no puede hacer esto
pero cristo si lo puede hacer es por esta razón es por esta
razón que el hombre pecador no ama la verdad por causa de
su pecado no ama la verdad no ama a dios no ama a dios por
causa de su pecado es un enemigo de Dios. No quiere nada con Dios
por causa de su pecado, por causa del pecado que mora en él. Es por esta razón que Dios envió
a su hijo a este mundo para que él, el hijo de Dios, tomara nuestro
lugar en la cruz del Calvario. para que nosotros fuésemos hechos
libres de la condenación de nuestros pecados. El Hijo de Dios fue
condenado, fue condenado por el pecado de todos los escogidos
de Dios. Cristo murió, Cristo sufrió la
condenación, la ira de Dios por causa del pecado de todos los
escogidos de Dios. Él fue hecho pecado por nosotros
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él. Cada pecador, cada pecador de
este mundo, si quiere ser justo delante de Dios, tiene que ser
justo por la fe, por la fidelidad del Señor Jesucristo. Tú no puedes
ser justo por tus propias obras. Tú no puedes ser justo guardando
la ley, porque nadie puede ser justificado por las obras de
la ley. Si tú quieres ser justo, santo,
Entrar en la presencia de Dios tiene que ser por la fe, por
la justicia del Señor Jesucristo. Por medio de la fe en Él recibimos
esa justificación delante de Dios. Delante de Dios. Ahora, el tercer asunto. Naamán
estaba enfermo de lepra. la ciencia no pudo hacer nada
con su lepra, no pudo hacer nada, pero en su casa estaba trabajando
ayer una muchacha de Israel y a través de esta muchacha, esta sirvienta,
esta sirvienta fue como un testigo que declaró la verdad diciendo,
si mi señor rogase al profeta de Dios que está en Israel, el
profeta de Dios lo sanaría de su lepra. Este profeta se llama
Eliseo. Ahora, ¿quién es nuestro profeta? El Señor Jesucristo es nuestro
profeta. Es nuestro profeta. y debemos
oír a Cristo como nuestro profeta. Debemos obedecer a Cristo como
nuestro profeta. Debemos rogarle a nuestro profeta
que él nos salve, que él nos salve porque en ningún otro hay
salvación, porque no hay otro nombre. bajo el cielo dado a
los hombres en que podamos ser salvos. Sólo en este nombre bendito
y glorioso somos salvados de la ira de Dios, de la ira de
Dios. en su muerte, en la muerte de
nuestro Señor Jesucristo, somos justificados, reconciliados con
Dios, limpiados de nuestros pecados, lavados y perdonados de todos
nuestros pecados, y somos hechos aceptos delante de Dios por los
méritos de nuestro Señor Jesucristo. Hoy en esta mañana quiero decirte
que vengas al profeta de Dios, que vengas al Señor Jesucristo
en esta mañana. Debes creer en Él con todo corazón, confiar en Él de todo corazón
y serás salvo para siempre, para siempre. por su llaga. Somos curados espiritualmente
de nuestros pecados, de nuestros pecados. Ahora, la cuarta cosa. ¿Qué camino tomó Namán para ser
limpio? La muchacha había dicho que Namán
debía de ir al profeta de Dios para ser limpio de su Ahora,
este hombre, este hombre Namán, él tomó otro camino. Él tomó
otro camino. Dice que se fue al rey de Israel
para ser limpio de su lepra. En vez de ir al profeta Eliseo,
él se fue al rey de Israel. Namán no tomó el camino correcto. Naamán no hizo las cosas correctas. Naamán tomó el camino equivocado. Naamán tomó el camino equivocado. No siguió el camino correcto.
No fue al profeta de Dios, sino al Rey de Israel para buscar
la salud de su cuerpo. Cuántas personas hoy en día están
buscando la salud de su alma y lo buscan en un camino equivocado. No lo buscan en el camino correcto. No buscan la salud espiritual
en el Señor Jesucristo, sino que buscan la salud espiritual
en la religión. Muchos van a la religión para
ser limpios de pecado, para ser perdonados. Ese es un camino
totalmente equivocado. La persona que escucha estas
palabras debe saber que si así está creyendo, debe abandonar
ese camino porque es un camino equivocado. La religión no puede
salvar a nadie. La religión no puede justificar
a nadie. La religión no puede quitar el
pecado. La religión no nos hace aceptos
delante de Dios. La persona que cree que la religión
lo puede salvar está en un camino equivocado. Está en un camino
equivocado. Muchas personas van a María. Van a María para ser perdonados. para buscar limpieza, para ser
reconciliados con Dios. María es un camino equivocado
para ser salvo, para ser salvo. Muchos van al sacerdote para
que sean perdonados. Ese es un camino equivocado.
Hay un solo sacerdote, el que está en los cielos, el gran sumo
sacerdote, el Hijo de Dios. nuestro gran sumo sacerdote a
el debemos ir y confesarle a el todos nuestros pecados el es
fiel y justo para perdonar todos nuestros pecados todos nuestros
pecados personas van a los ritos a las ceremonias a los sacrificios
humanos, a buenas obras para buscar limpieza, para buscar
el cielo, para buscar el perdón. Ese es un camino equivocado. Ese es un camino equivocado. Buscan refugio en la religión,
buscan refugio en María, buscan refugio en las buenas obras,
ese es un refugio falso. Ese es un refugio falso. Si usted
está pensando que sus buenas obras es un refugio, debe arrepentirse,
dejar ese refugio, porque ese refugio nunca te va a servir
en el día que viene. El Señor Jesucristo es el único
camino para ser limpio de pecado. El Señor Jesucristo es el único
camino para ser reconciliado con Dios. Para ser reconciliado
con Dios. Su sangre nos limpia de todo
pecado. Dice todo pecado. No hay pecado
que la sangre del Señor Jesucristo no pueda quitar, no pueda limpiar. La sangre de Jesucristo, el Hijo
de Dios, nos limpia de todo pecado. pecado de ignorancia, pecado
de incredulidad, toda clase de pecado. El Señor vino para quitar
nuestros pecados. Juan el Bautista dijo, he aquí
el Cordero de Dios que quita el pecado. No lo tapa, sino que
lo limpia, lo quita ante los ojos de Dios, ante los ojos de
Dios. Ahora, la quinta cosa, el orgullo
de Namaan, el orgullo de Namaan, nos está diciendo aquí en versículo
ocho hasta doce. Dice, cuando Eliseo, el varón
de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió
a decir al rey, ¿por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora
a mí, y sabrá que hay profeta en Israel. Y vino Nahamán con
sus caballos y su carro, y se paró a las puertas de la casa
de Eliseo. La casa de Eliseo no era un palacio,
¿verdad? Era una casa humilde donde este
general fue a ver al profeta de Dios. Entonces, Eliseo le
envió un mensajero diciendo, el mensaje dice, ve y lávate
siete veces en el Jordán y tu carne se te restaurará y serás
limpio. Y Namán se fue enojado, diciendo,
He aquí, yo decía para mí, saldrá él luego, y estando en pie, invocará
el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano, y tocará el
lugar, y sanará la lepra. Habana y Farfar, ríos de Damasco,
no son mejores que todas las aguas de Israel. Si me lavaré
en ellos, no seré tan bien limpio. Y se volvió y se fue enojado. Lo que nos están diciendo es
que Namán no le gustó el mensaje del profeta de Dios. ¿Por qué? Porque era tan orgulloso. Él,
como hombre, él pensó, cuando yo llegue a la casa del varón
de Dios, él va a salir a saludarme. Él va a salir a verme. Soy un
hombre importante. Él debe saber quién soy y saldrá
a verme y va a poner su mano sobre mi llaga y voy a quedar
limpio. eso es lo que pensó Nahman pero el asunto fue diferente
el profeta de Dios le dijo anda en el río Jordán bájate ahí en
el río Jordán siete veces y vas a ser limpio vas a ser limpio Nahman Él creyó que merecía un
trato mejor porque era un gran hombre. Era un gran hombre. Pero ir al río Jordán y bajarse
allí y ser limpio, él pensó, esto es una locura. Lo que me
está diciendo este varón de Dios es una locura. zambullirme dentro
del lodo y ser limpio, esto es una locura. Hermanos, el mensaje
del Evangelio le parece locura al hombre natural. El Evangelio
nos dice, cree en el Señor Jesucristo y serás salvo. El hombre natural dice, esto
es una locura. ¿Cómo es? ¿Sólo creer y ser salvo? ¡Es una locura! Eso es lo que
Dios dice. Eso es lo que Dios está diciendo. Cree en el Señor Jesucristo y
serás salvo. Si puedes creer en el Señor Jesucristo,
es porque Dios te ha dado la fe. Si puedes arrepentirte de
tus pecados es porque Dios te ha dado el arrepentimiento. Si
puedes venir al Señor Jesucristo hoy en esta mañana confiando
totalmente en Él y en su obra consumada en la cruz es porque
el Señor está moviendo tu corazón. Está moviendo tu corazón. Naamán era un hombre orgulloso
y él no quería humillarse. No quería humillarse. Él fue
rebelde al mensaje del varón de Dios. Y eso es el carácter
natural de todo hombre en este mundo. Todo hombre en este mundo
es orgulloso. Es orgulloso. No quiere humillarse
delante de Dios. Es un rebelde delante de Dios. No quiere dejar abandonar su
orgullo. No quiere dejar su propio camino. No quiere dejar sus ideas y pensamientos
para que pueda obedecer a Dios. El hombre natural no quiere ser
pobre en espíritu. El Señor dice, bienaventurado
a los pobres en espíritu porque de los tales es el reino de los
cielos, es el reino de Dios. El último asunto, la obediencia
de Namán al mensaje del profeta de Dios,
del profeta de Dios. Namán tenía amigos, tenía siervos. Sus siervos y sus amigos le hablaron
y le dijeron, Señor, si el profeta te pidiera otra cosa no lo harías
para que tú seas limpio de tu lepra. y este hombre dijo claro
que si y los hombres le dijeron y cuanto mas señor que tu hagas
obedezcas lo que te dijo el profeta y vayas al jordan y te metas
ahi y que seas limpio de tu lepra naman fue persuadido por sus
siervos a obedecer al profeta de dios Naamán comprendió, él
entendió que su caso no tenía otro remedio,
no tenía otro remedio, nada más tenía que ir, meterse en el río
Jordán y ser limpio. Entonces, para que él haga esto,
Él tenía que quitar su orgullo, despojarse de su orgullo, poner
a un lado su orgullo y hacer lo que el profeta de Dios le
dijo. ¿Quién es? ¿Quién es el que convence al hombre de
su pecado. ¿Quién es el que muestra al hombre
que su orgullo no es nada? Es Dios el Espíritu Santo. Dios el Espíritu Santo nos convence
de pecado, nos convence de incredulidad, nos convence de injusticia. El Espíritu Santo es el que convence
al hombre que el hombre debe poner a un lado su orgullo, humillarse
delante de Dios, venir al camino correcto, venir al Señor Jesucristo
y ser limpio. El Espíritu Santo es el que nos
convence para obedecer el mandato del Evangelio. La palabra de Dios nos dice que
el pecador, el pecador debe hacer, debe hacer lo que Namán hizo. Él obedeció al profeta de Dios. Pecador, en esta mañana lo que
debes de hacer es obedecer el mandato de Dios, el mandato del
Evangelio. Arrepiéntate de tus pecados y
cree en el Señor Jesucristo. Deja tu propio camino. Abandona
tu camino. Deja tus pensamientos y tus ideas. Eso es un camino equivocado. Hay camino que al hombre le parece
derecho, pero cuyo fin es camino de muerte. Deja ese camino de
muerte, camino de obras, camino de autojustificación, camino
de rito, abandónalo, déjalo y ven a la verdad, ven al Señor Jesucristo
quien te puede limpiar, justificar, reconciliar, perdonar de todos
tus pecados. Juan dijo, he aquí el Cordero
de Dios que quita tus pecados. Son buenas noticias para ti.
Hay buenas noticias para una persona que puede, que puede, que puede ver,
que puede ver sus propios pecados. que puede ver su condenación. Hay buenas nuevas, hay buenas
noticias para esta persona. Cristo vino para quitar, limpiar
los pecados de cada persona que está confiando en Él. El profeta Isaías, Él dice, Él
dice, Dios hablando en este hombre de Dios, Dios hablando en este
profeta, Dios dice mirad a mí, mírame a mí dice Dios y serás salvo. No mires a tus
obras. No confíes en tus obras. No mires
a los ídolos. No mires a los sacerdotes. No
mires a la religión. El Señor dice, mirad a mí y sed
salvos. Todos los términos de la tierra. Porque yo soy Dios y no hay más
Dios que yo, dice Jehová de los ejércitos. Las Escrituras nos dicen, puestos
los ojos en Jesús, porque Él es el autor y consumador de nuestra
salvación. Autor y consumador de nuestra
fe. En Él tenemos refugio seguro. En Él somos seguros, en el Señor
Jesucristo. En Él somos justificados, santificados,
perdonados y hechos aceptos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. ¿No quieres volver a tu casa
justificado hoy en esta mañana? ¿No quieres volver a tu casa
en paz con Dios? Yo quiero volver a mi casa justificada. Quiero volver a mi casa en paz
con Dios. Quiero volver a mi casa perdonada
de todos mis pecados. Vengo al Señor Jesucristo para
ser justificado. Vengo al Señor Jesucristo para
ser santificado. Vengo al Señor Jesucristo para
ser perdonado y ser hecho acepto delante de Dios. ¿No quieres
venir hoy en esta mañana al Señor Jesucristo? Ven, confía totalmente
en Él. Confía en Él de todo corazón
y serás salvo. Serás limpio de todos tus pecados. Que Dios les bendiga.

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Joshua

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