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Jose Dzul

El testimonio de Juan el Bautista

John 1:29
Jose Dzul June, 11 2017 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul June, 11 2017

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Buenos días, hermanos. Nuevamente es un gozo estar aquí con ustedes. Mi corazón
siente gozo al estar con ustedes, al verlos
firmes en el Señor. Es un gran gozo que yo siento
en mi alma, en tener esta comunión en el Evangelio, en el Evangelio. En esta mañana quiero hablarles
sobre el testimonio de un hombre, un hombre que Dios envió para
predicar las buenas nuevas del Señor Jesucristo. Es un hombre
que Dios escogió y lo envió para predicar las buenas nuevas del
Señor Jesucristo. Este hombre se llama Juan el
Bautista. Juan el Bautista fue un hombre
escogido por Dios y enviado por Dios. como un mensajero del Señor
Jesucristo. Él vino para preparar el camino
del Señor. Y yo quiero hablar sobre el testimonio
de este hombre, de este hombre Juan el Bautista. Así como Juan
el Bautista dio testimonio del Señor Jesucristo, es lo que quiero
hacer también en esta mañana. dar testimonio del Señor Jesucristo,
dar testimonio del Señor Jesucristo. Recordemos qué es lo que Juan
el Bautista dijo. Juan el Bautista dijo, yo quiero,
yo quiero desaparecer y quiero que todos miren al Señor Jesucristo. Es mi deseo que el Espíritu Santo Levante a Cristo y que todos
miremos al Señor Jesucristo. Bueno, vamos a ver en nuestras
Biblias en el Evangelio de Juan capítulo uno en su versículo
veintinueve. En su versículo veintinueve. Este es el testimonio de Juan
el Bautista que dio del Señor Jesucristo. Este es el mensaje
de este enviado de Dios, Juan el Bautista. Dice versículo 29,
el siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él y dijo, he aquí
el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. He aquí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. Estas son buenas nuevas. Estas son buenas nuevas. Son
buenas nuevas del Evangelio. Buenas nuevas para pecadores
que sienten su necesidad de salvación. Buenas nuevas para pecadores
que sienten, que saben que son condenados por causa de sus pecados. Yo necesito estas buenas nuevas
cada día. Quiero escuchar estas buenas
nuevas. Y usted también necesita estas buenas nuevas todos los
días, todos los días. Es muy claro el testimonio de
este hombre, Juan el Bautista. Él dice, he aquí el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo. Este fue el mensaje de
Juan a sus discípulos, a sus seguidores. Juan el Bautista
señaló a Jesús, aquí está el Cordero de Dios que quita el
pecado del mundo. Ese sacrificio que están ofreciendo
los sacerdotas en el templo no quita el pecado. Aquí está el
Cordero de Dios que sí quita el pecado del mundo. Este fue
el mensaje de Juan el Bautista. Y Juan el Bautista no cambió
de mensaje. Él no cambió su mensaje. Dice
que al otro día vio a Jesús venir y dijo lo mismo, predicó lo mismo,
testificó lo mismo diciendo aquí está el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo. Qué precioso, ¿verdad? Es muy difícil hoy en día tener
a hombres como este Juan el Bautista. hombres que no cambian su mensaje,
hombres que predican el mismo mensaje eterno, hombres que son
fieles al Señor Jesucristo y fieles a los oyentes. Es muy difícil
hoy en día encontrar a hombres como este Juan el Bautista. Pero
yo estoy seguro Que las personas que son enviadas por Dios predican
lo mismo. Predican el mismo mensaje de
siempre. Predican al Cristo, al Cristo
de Dios todos los días. No cambian su mensaje. Predican
el mismo mensaje del Señor Jesucristo. Yo quiero hacer lo mismo. quiero
predicar a Cristo y a este crucificado todos los días. ¿Por qué? Porque es poder de Dios para
salvar a todo aquel que cree en Él. Bueno, el mensaje de Juan
el Bautista no fue un mensaje divertido, ¿verdad? No fue un
mensaje largo, fue un mensaje corto, pero fue un mensaje muy
directo Él dijo, he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo. Tenemos que recordar que en el
Antiguo Testamento fue sacrificado miles y miles de Corderos. Allí vemos a Abel, el creyente
Abel, trayendo su cordero y lo sacrificó ofreciendo a Dios. Ese cordero de Abel está apuntando
al Señor Jesucristo. El cordero que ofreció Noé también
está apuntando al Señor Jesucristo. El cordero ofrecido por Abraham
también es figura Es figura, es sombra del Señor Jesucristo. El Cordero de la Pascua también
habla del Señor Jesucristo. Ahora, Juan el Bautista está
diciéndonos aquí, aquí está. Los Corderos, los sacrificios
ofrecidos en el Antiguo Testamento, aquí está el cumplimiento. Cristo es el cumplimiento de
todos los sacrificios ofrecidos bajo el Antiguo Testamento. Esta
es la realidad, está diciendo Juan el Bautista. Este es el
Cordero que quita el pecado. Los sacrificios bajo el Antiguo
Testamento, ningún sacrificio pudo quitar el pecado, ni un
solo pecado fue quitado por un sacrificio bajo el Antiguo Testamento. Pero Juan el Bautista nos está
diciendo, aquí está el Cordero de Dios que quite el pecado,
que quite el pecado del mundo. Ahora, quiero que pensemos tres
cosas en esta mañana. Primero, el carácter del Cordero
de Dios. El segundo es la suficiencia
del Cordero de Dios para quitar el pecado. Y lo tercero es el
mundo por el cual fue dado el Cordero de Dios. Pensemos primero
el carácter del Cordero de Dios. Nos dice Juan, nos dice la palabra
de Dios aquí. El siguiente día vio Juan a Jesús
que venía a él y dijo, he aquí el Cordero de Dios. Juan el Bautista
no está diciendo, aquí están los Corderos de Dios. Él no habló
de los Corderos de Dios, él habló del Cordero de Dios. Habló de
un solo Cordero. el Cordero de Dios. Eso nos está
mostrando que el Cordero de Dios es único. Es único, es uno nada
más. El Cordero de Dios, el Cordero
de Dios es inigualable. No hay otro igual. No hay otro
igual como el Cordero de Dios. Es único. El carácter del Cordero
de Dios es santo. Es puro. Es limpio. Es sin mancha. El Cordero de
Dios. El Cordero de Dios ha estado
con Dios y es Dios mismo. Y es Dios mismo. Cristo es el gran Cordero del libro
de Apocalipsis. El Señor Jesucristo es el Cordero
de todas las Escrituras, de todas las Escrituras. El Señor Jesucristo,
como el Cordero de Dios, es el único que satisface el corazón
de Dios. Dios el Padre dijo, He aquí mi
Hijo amado, en quien tengo complacencia. Dios el Padre solamente se complace
de su Hijo amado, el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo. El único Cordero de Dios es el
único que quita el pecado. Es el único que quita el pecado.
Es el único cordero por quien podemos acercarnos a Dios. Sin este cordero, nadie puede
acercarse a Dios. Nadie puede acercarse a Dios. Este es el cordero único por
el cual podemos conocer a Dios. Nadie puede conocer a Dios sino
por este Cordero de Dios, sino por el Señor Jesucristo. Conocemos
al verdadero Dios por el Señor Jesucristo. Vemos a Dios en la
faz del Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo dijo, el
que me ha visto a mí, el que me conoce a mí, Ya conoce a mi
padre, conoce a mi padre, yo y el padre, uno somos, uno somos,
dijo el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo es el único
Cordero de Dios. Pero vemos también el origen
de este Cordero. El origen de este Cordero. Juan
está diciendo, he aquí el Cordero de Dios. El Cordero de Dios. El origen de este Cordero es
que es de Dios. Vino de Dios. Fue dado por Dios. Fue dado por Dios. El Señor Jesucristo
fue escogido fue escogido y destinado en la eternidad para quitar el
pecado de todos los escogidos de Dios. Dios tiene muchos escogidos
en este mundo. Dios tiene muchos escogidos en
este mundo. Y el Señor Jesucristo fue escogido
por Dios el Padre para ser el sustituto del pueblo escogido
de Dios. Y el Señor Jesucristo El Señor
Jesucristo, por amor a su pueblo, él voluntariamente dio su vida
en sustitución por el pueblo de Dios también. El origen de este Cordero, este
Cordero es de Dios, vino de Dios. El Señor Jesucristo fue sacrificado
en la eternidad en el corazón del Padre. antes de que el Señor
Jesucristo viniese en este mundo, en la eternidad, Dios el Padre
ya lo había sacrificado. En la eternidad, en el corazón
de Dios, en el corazón de Dios, el Señor Jesucristo había sido
sacrificado. Dios el Padre Por su gran amor
hacia su pueblo, él entregó su hijo a la muerte, porque de tal
manera amó Dios al mundo que ha dado a su hijo unigénito. para que todo aquel que en el
cree no se pierda más tenga vida eterna, más tenga vida eterna. Dios el Padre fue quien entregó
a su Hijo a la muerte, a la muerte y muerte de cruz. Dios el Padre. La segunda lección que tenemos
es acerca de la suficiencia del Cordero de Dios para quitar el
pecado. Juan el Bautista está diciendo,
he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Quita el pecado del mundo. Mis
hermanos, oyan esto. Las tradiciones, las costumbres,
los ritos, las ceremonias, los sacrificios, el lago del bautismo
no quita el pecado. No hay purgatorio que pueda quitar
el pecado, porque no existe ningún purgatorio. Los que predican
un purgatorio para quitar el pecado son mentirosos. Son engañadores. Están engañando
almas. Están llevando almas al infierno. Pero aquí está la verdad. Aquí
está el testimonio de un hombre enviado por Dios, que escuchamos
su testimonio diciendo, he aquí el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo, quita el pecado de los que creen, quita
el pecado de los que creen, porque su sangre es eficaz. porque su sangre es eficaz, porque
su sangre es de valor, de gran precio, de gran precio. Quita el pecado de todo aquel
que cree porque su sangre es poderosa, es poderosa para quitar
el pecado de toda persona, de todo pecador que cree con todo
corazón en el Señor Jesucristo. Juan el Bautista está diciendo
quita el pecado. Toda persona, toda persona, todo
pecador que estamos creyendo en el Señor Jesucristo, nuestros
pecados han sido quitados. Pecados pasados han sido quitados. pecados presentes han sido quitados,
pecados futuros han sido quitados por la sangre preciosa del Señor
Jesucristo. Dice, he aquí el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo. El sacrificio del Señor Jesucristo
quita la condenación de nuestros pecados. Si estamos creyendo
de todo corazón en el Señor Jesucristo, estamos libres de toda condenación
de nuestros pecados. Cristo, quien no conoció pecado,
Él fue hecho pecado por nosotros. Cristo que no conoció pecado
fue hecho pecado por nosotros para que nosotros pudiéramos
tener la justicia de Dios en el Señor Jesucristo. Cristo es
la justicia de Dios y todo hombre, mujer que está creyendo en el
Señor Jesucristo está vestido con la justicia del Señor Jesucristo. es justo delante de Dios. Y justo
quiere decir no tener pecado. Es estar sin pecado. Cada pecador
que está confiando en el Señor Jesucristo es sin pecado delante
de los ojos de Dios. Porque está cubierto con el manto
de la justicia del Señor Jesucristo. Dios no ve ningún pecado en su
hijo. Y el Señor ve a cada hombre redimido
por su hijo sin pecado, sin pecado. Estas son buenas noticias, buenas
nuevas para cada hombre pecador de este mundo que está escuchando
el evangelio de la gracia y de la gloria de Dios. ¿Cómo es que
Cristo quitó la condenación de nuestros pecados? El Señor lo
quitó porque su sacrificio hizo satisfacción a la santa justicia
de Dios. El Cordero de Dios, su sacrificio
hizo satisfacción a la santa justicia de Dios. Si tú estás
en Cristo, la sangre de Cristo ha limpiado tus pecados. La sangre de Jesucristo, el Hijo
de Dios, nos limpia de todo pecado. Si estás en el Señor Jesucristo
creyendo en Él, estás limpio de todo pecado. Eres justo delante
de los ojos de Dios. Estás santificado en la santificación
del Señor Jesucristo. Estás recibido delante de los
ojos de Dios por causa de los méritos del sacrificio del Señor
Jesucristo. El Señor Jesucristo vino a este
mundo para quitar los pecados de todos aquellos que están en
el Señor Jesucristo. La persona que está en Cristo
Jesús nunca vendrá a condenación. Nunca. Pablo pregunta, ¿Quién
acusará a los escogidos de Dios? Dios es quien ya los justificó. ya son justificados legalmente
en la justicia del Señor Jesucristo. Pablo pregunta ¿Quién es el que
condenará? Cristo es el que murió. La ley
ya no nos puede condenar porque Cristo con su muerte nos libró
de la maldición de la ley. Cristo con su muerte hizo satisfacción
a la ley santa de Dios. Por tanto, cada hombre y mujer
que está en el Señor Jesucristo está libre de toda condenación. El Cordero de Dios vino a este
mundo, se ofreció a sí mismo voluntariamente. No, no para
hacer posible la salvación de su pueblo. Cristo no murió para
hacer posible la salvación de su pueblo. Él murió para asegurar
la salvación de su pueblo. Señor, aquellos que tú me diste,
ninguno perdí, dijo el Señor Jesucristo. Ninguno perdí y ninguno
se va a perder. Ninguno se va a perder. Todas
las ovejas del Señor Jesucristo están en las manos del Padre
y en las manos del Hijo. Nunca serán arrebatadas de la
mano del Señor Jesucristo. Ahora, el último asunto. el mundo por el cual el Cordero
de Dios murió. Muchos creen, muchos falsos mensajeros dicen
que Cristo murió por todo el mundo. por todas las personas
de este mundo. Pero no es cierto eso. Eso no
es lo que las Escrituras enseñan. Las Escrituras no dicen, no enseñan
que Cristo haya muerto por todo hombre de este mundo. Las Escrituras dicen que Judas
se fue a su lugar. Eso quiere decir que Cristo no
murió por juras, Iscariote. Y hay muchos pecadores que mueren
de sus pecados y van al infierno. Eso quiere decir que Cristo no
murió por ellos. El mundo por el cual el Cordero
de Dios fue enviado. Este mundo por el cual Cristo
vino a dar su vida es el mundo que Dios amó con amor eterno. Es el mundo de sus escogidos. El mundo de sus escogidos es
el mundo que Dios ama con amor eterno. con amor eterno. El mundo por el cual Cristo murió
son las personas que Dios el Padre le dio en la
eternidad para que Él los salvara. Dios el Padre no dio a todas
las personas al Hijo para que Él los salvara. Él dio a su pueblo
escogido a su Hijo para que Él lo salvara. Y Él vino a este
mundo para salvar a su pueblo, para salvar a sus ovejas, para
salvar a todos aquellos que Dios el Padre le entregó en la eternidad. Por eso Dios el Hijo dice, Padre,
aquellos que me has dado, ninguno he perdido y ninguno se va a
perder. El mundo por el cual el Cordero
de Dios fue dado es el mundo que Cristo vino a representar
en este mundo. Cristo no vino a representar
a todas las gentes de este mundo. Él vino a representar a todos
los escogidos de Dios. Él es la cabeza de todos los
escogidos de Dios. De todos los escogidos de Dios.
Mira lo que nos dice el libro de Apocalipsis. Dios tiene su pueblo entre judíos
y gentiles. Mira lo que dice capítulo 5 versículo
9. Dice cantaban un nuevo cántico
diciendo digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos
porque tú fuiste inmolado. con tu sangre no has redimido
para Dios de todo linaje y lengua y pueblo y nación. Ese es el mundo, el mundo que
Dios amó. Dios tiene su pueblo en todo
linaje, en toda nación, en todo pueblo, en toda tribu. Capítulo nueve, capítulo siete,
versículo nueve. Después de esto, mire, he aquí
una gran multitud, la cual nadie podía contar de todas, de todas
naciones y tribus y pueblos y lenguas que estaban delante del trono
y en la presencia del Cordero vestido de ropas blancas y con
palmas en las manos. Dios tiene su pueblo escogido
por todo este mundo. Dios tiene su pueblo entre mexicanos,
americanos, africanos, cubanos, canadienses en todo, en toda
lengua, nación y pueblo de este mundo, Dios tiene sus escogidos. Sus escogidos es ese mundo que
Cristo amó y vino a salvar, y vino a redimir, vino a redimir. He aquí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo, el mundo que Dios amó. En esta mañana, quiero que mires
al Señor Jesucristo, lo mires con ojos de fe, lo mires con
ojos de corazón. En ningún otro hay salvación
porque no hay otro nombre bajo el cielo dado los hombres en
que podamos ser salvos. Mi deseo y mi oración es que
mires al Señor Jesucristo como tu único Redentor, como tu único
Salvador. Confía en Él de todo corazón. Míralo como tu Señor y Dios,
y serás salvo, y serás salvo. Que Dios les bendiga.

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Joshua

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