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Cody Groover

Preciosas y grandisimas promesas

2 Peter 1:2-4
Cody Groover October, 18 2015 Video & Audio
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Cody Groover October, 18 2015

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hermanos en esta noche pido que
abran sus biblias conmigo el libro de segundo de pedro segundo
de pedro capítulo 1 Segundo Pedro, capítulo uno,
dice versículo uno, Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo,
a los que habéis alcanzado por la justicia de nuestro Dios y
salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra. Gracia y paz os sean multiplicadas
en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas
las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido
dadas por su divino poder mediante el conocimiento de aquel que
nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha
dado preciosas y grandísimas promesas para que por ellas llegases
a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la
corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. En esta noche quiero tratar este
tema, las promesas preciosas de Dios, las promesas preciosas
de Dios. Y aquí en esta segunda epístola
del apóstol San Pedro nos dice en el versículo 2, gracia y paz,
o sea multiplicadas en el conocimiento de Dios y en el conocimiento
de nuestro Señor Jesús. Gracia y paz sean multiplicadas
en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesucristo, el
conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo
oró estas palabras en Juan capítulo 17 dijo. Esta es la vida eterna. Que te conozcan a ti, al único
Dios verdadero y a Jesucristo, a quien has enviado. Y esto es
exactamente lo que está diciendo aquí el apóstol Pedro. La gracia
y la paz sean multiplicadas a vosotros de Dios Padre. Y todo esto a
través del conocimiento. un conocimiento interno, un conocimiento
verdadero, un conocimiento del corazón, conocimiento del Dios,
de Dios vivo y verdadero, y de Jesucristo nuestro Señor. No
hay manera de conocer a Dios aparte de conocer al Señor Jesucristo. Y nos dice como todas las cosas
que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por
su divino poder mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su
gloria y excelencia. Noten en este texto cuántas veces
se nos dice nos ha sido dado, nos ha sido dado por su divino
poder. Él es quien da a nosotros. Él
nos da a nosotros. es don, es regalo de Dios. ¿De dónde proviene? De Dios,
Dios el que nos da a nosotros. ¿A través de quién nos es dado? A través del Señor Jesucristo,
a través del conocimiento de Cristo Jesús, quien nos ha llamado
a gloria y excelencia o su virtud, nos ha llamado a su gloria y
a su virtud, a su excelencia. Podríamos quedarnos aquí en este
texto, pero vamos a avanzar. La gracia y la paz os sean multiplicadas
a vosotros a través del conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuántas cosas nos son dadas? ¿Qué dice el texto? Todas las
cosas, todas las cosas Nada necesita ser añadido a la salvación de
la que habla este libro. Nada necesita ser añadido y nada
puede ser añadido. Todas las cosas, todo lo que
pertenece a la vida y todo lo que pertenece a la piedad se
nos da a nosotros. Se nos da a nosotros a través
del conocimiento de Cristo Jesús nuestro Señor. Y nos ha llamado,
nos ha llamado a nosotros su pueblo de las tinieblas a su
luz admirable. Nos ha llamado de las tinieblas.
Él nos ha bendecido. nos saben de si el Espíritu Santo
nos ha dado el arrepentimiento hacia Dios y la fe en nuestro
Señor Jesucristo. Él nos ha llamado a gloria, a
la gloria. Y noten lo que dice el siguiente
versículo. Por medio de las cuales nos ha
dado preciosas y grandísimas promesas para que por ellas llegases
a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la
corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Todo lo que tenemos, todo lo que tenemos nos ha dado Dios,
nos ha sido dado. El apóstol Pablo dijo esto, ¿Quién
te distingue o quién hace diferencia? Hablando a los corintios. Él
dijo, ¿Quién te distingue? ¿Quién hizo la diferencia? En
otras palabras, ¿qué tienes que no hayas recibido? ¿Tienes fe
en el Señor Jesucristo? ¿Tienes consuelo? Todo lo que
tienes. ¿Tienes justicia? ¿Tienes santidad?
¿Qué tienes que no hayas recibido? Ahora, si lo recibiste, dice
el apóstol de los Corintios, ¿por qué te jactas como si no
lo hubieses recibido? Todas las cosas nos han sido
dadas a nosotros. Este asunto, cuando nosotros
estamos predicando la palabra de Dios, cuando nosotros testificamos
el evangelio de Cristo Jesús, tenemos una responsabilidad muy
grande. Hablando primeramente a mí mismo,
y hablando a cada persona que es creyente en el Señor Jesucristo,
tenemos una responsabilidad. El apóstol Pablo dijo, ¿quién
es suficiente para estas cosas? ¿Quién es suficiente para ministrar
la palabra de Dios? ¿Quién es suficiente para hablar
en el lugar de Dios? Hablar las cosas, de entregar
el mensaje que Dios ha entregado. Es una responsabilidad muy seria
y muy grave y no ha de ser tomado a la ligera. El apóstol Santiago
dice en Santiago capítulo 3, versículo 1 dice, hermanos míos,
No os hagáis maestros muchos de vosotros sabiendo que recibiríamos
mayor condenación. Hablando de maestros, pastores,
lo que está diciendo es que somos responsables, somos responsables
de lo que decimos y enseñamos a las personas hablando de parte
de Dios. No podemos decir cosas porque
las personas están creyendo alguien. Si tú repites algo suficiente,
alguien te va a creer. No es así. Si tú dices alguna
cosa suficientes veces, alguien te va a creer. Si tú hablas mentira,
alguien te va a creer esa mentira. Tenemos la responsabilidad de
hablar lo que Dios dice. Si un hombre va a hablar de parte
de Dios, más vale que diga lo que Dios dijo. Sería mejor que
un hombre se atara a una piedra de molino y se eche en el mar,
dijo el Señor Jesucristo, a que esté parado y hablando mentiras
en el nombre de Dios. Entonces no debemos nosotros
apresurarnos a tratar de aspirar y tomar el lugar, que es una
responsabilidad muy grande. Cada uno de nosotros lo tenemos.
Cuando vas a hablar a tus hijos, tienen la responsabilidad de
decir la verdad de Dios. Tienen la responsabilidad de
decirle, porque ellos están dependientes. Le dices algo, ellos te creen.
Ellos te creen. De hecho, muchas personas, dice
la palabra de Dios, dirán en el día de juicio, Señor, Señor,
no predicamos en tu nombre. Y el Señor Jesucristo les dice,
apartados de mí, hacedores de maldad. Todo lo que ustedes dijeron,
todo lo que ustedes hicieron en mi nombre fue pura obra de
maldad. ¿Por qué? Porque estaban mintiendo.
Mintiendo acerca de quién es el Señor Jesucristo, cómo salva
a Dios a un pecador. Vamos, si vamos a predicar la
palabra de Dios, si vamos a desempeñar este ministerio, si vamos a llevar
este ministerio, tenemos, si vamos a ser enseñados
por el Espíritu de Dios y aprender, tenemos que aprender a hablar
a las personas de tal manera que ellos sepan que la salvación
es de Jehová. En otras palabras, encerrar o
acorralar a las personas, no darles salida. Encerrar a las
personas a la gracia, la gracia libre, la gracia gratuita, la
gracia soberana del Señor Jesucristo. La soberana gracia de Dios que
está en Cristo Jesús. No se trata de gritar a la gente,
no se trata de aporrear a la gente, pero tenemos que decirles
la verdad. Tenemos que decir lo que Dios
ha dicho. ¿Cuántas veces se nos dice en la lectura, se nos ha
dado a nosotros? La salvación es don de Dios.
Por gracia soy salvos por medio de la fe y esta fe no es de vosotros. Aún la fe con la que tú crees
a Dios y sin la fe, escuchen, nadie es salvo. Nadie que dice
que Dios es mentiroso es salvo. Pero la fe que crea a Dios, la
fe que tiene su esperanza puesta en la fidelidad del Señor Jesucristo,
La fe que cree a Dios es don de Dios. Es don de Dios. Y la fe con la que tú crees a
Dios es don de Dios. Es dado. Tenemos que reconocer
la gracia de Dios. La salvación, dice Onás, es de
Jehová. La salvación es de Jehová. No
es algo que yo hago por Dios. No es algo que un hombre hace
por Dios. no es algo que hago por mí mismo
con tus esfuerzos vas a levantarte de entre el polvo vas a levantarte
no, no es algo que una persona hace por sí mismo no es algo
que el predicador hace por la persona la salvación es de Jehová
la salvación es de Dios perdón, Salmo 37 versículo 39
dijo pero la salvación de los justos es de Jehová, dijo el salmista. Él es su fortaleza en el tiempo
de la angustia. La salvación de los justos es
de Jehová. Los que son hechos justos es
de Jehová, es de Dios. Escuchen, cuando decimos que
la salvación es de Jehová, la palabra de Dios dice que la salvación
es de Jehová. Esto significa que la salvación
es de Jehová en su origen. Es decir, Él lo planeó. Él lo determinó antes de la fundación
del mundo. Él escogió a un pueblo. Él dio
a este pueblo a su Hijo antes de la fundación del mundo. El
Señor Jesucristo es el Cordero inmolado desde antes de la fundación
del mundo. en el pacto eterno de la gracia.
No debemos rehusar de decir la verdad. Dile todo el consejo
de Dios a una persona. No vas a hacer que crea una persona
con suavizarlo. Y a un creyente, o sea, a un
hijo de Dios, no vas a espantarlo por decirle la verdad. Porque
es Dios el que es. En otras palabras, nosotros pensamos,
bueno, vamos a reducirlo un poco para que lo entiendan. Diles
la verdad. No rehuses de decirle todo el consejo de Dios. Es las
salvaciones de Dios en su origen. Él lo planeó. Él lo propuso en
sí mismo. La salvación, cuando decimos
que la salvación es de Jehová, la salvación es de Jehová en
su ejecución. Fue Dios quien quiso enviar a
su Hijo a este mundo. De tal manera amó Dios al mundo
que ha dado a su Hijo unigénito. Él quiso enviar a su Hijo. Jehová
quiso quebrantarlo. dice aquí en Isaías 53, sujetándole
a padecimiento. Isaías 53, 10. Jehová quiso. La salvación es la voluntad de
Dios siendo desarrollada en el tiempo y en la eternidad. La
salvación de Dios, el evangelio de Cristo Jesús es eterno. Agradó
a Dios que en el Señor Jesucristo habitase toda la plenitud de
la deidad. La salvación es de Jehová en
su origen, la salvación es de Jehová en su ejecución y la salvación
es de Jehová en su aplicación. Es decir, Él da vida. Él tiene que dar vida porque
el hombre está muerto en delitos y pecados. Él os dio vida a vosotros
cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. El apóstol
Pablo, Saulo de Tarso, hombre religioso, él dijo esto en Gálatas
1.15 cuando agradó a Dios. Eso es cuando yo fui salvo. No
cuando estuve a los pies de Gamaliel y aprendí toda esa teología.
Saúl de Tarso era un filósofo. Saúl de Tarso era un hombre estudiado. Saúl de Tarso era un teólogo.
No conocía a Dios. Hay muchos teólogos hoy día que
no conocen a Dios. No conocen a Dios. ¿Y qué dijo
Saúl de Tarso? Cuando agradó a Dios. Agradó
a Dios revelar su Hijo en mí. Dios quiso, es la voluntad, en
esa voluntad somos santificados por lo ofrende el cuerpo de Cristo
Jesús. Debemos enseñar a las personas
que es Dios el que hace la obra, no depende del que quiere. No
puedes, vamos a llegar a las preciosas y grandísimas promesas,
pero tenemos que hablar claramente a las personas. Las promesas
de Dios no son para todos. Las promesas de Dios son para
su pueblo. Me estoy adelantando, pero ahí
va. Me estoy adelantando, pero las promesas de Dios, vamos a
llegar a esto. Hay que hablar a las personas.
Hay que hablarles que no depende del que quiere, ni del que corra. ¿Cómo van a conocer a Dios si
ellos están creyendo que Dios es uno que ellos pueden manipular?
Ese es el Dios de la Biblia. Uno que tiene uno el nicho allá
y cuando quiere lo visita. Ese es el Dios vivo y verdadero.
Uno que él puede manejar, uno con el que él puede hacer trato.
Si tú haces esto, yo hago lo otro. Si tú cumples aquí, yo
cumplo esto. Ese no es el Dios de la Biblia.
No depende del que quiere, ni del que corre. sino de Dios que
tiene misericordia. Gracias sean dadas a Dios, aquellos
que le reciben son aquellas personas que Dios les ha dado vida. Más a los que le recibieron,
dice Juan 1. A los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, Dios les dio potestad. Les dio potestad
Dios de ser hechos hijos de Dios. los cuales no son engendrados
de sangre, no porque el papá cree significa que el hijo cree
automáticamente, no de voluntad de sangre, no de voluntad de
varón, de carne, ni de voluntad de varón, son engendrados de
Dios, de Dios. Es Dios, es Jehová, El que salva. La salvación es de Jehová. La
salvación es del Señor, de Jehová en su aplicación. Y es también
de Jehová en su poder sustentador. Él es el que nos guarda. Somos
guardados por el poder de Dios mediante la fe. Él comenzó la
obra. El que comenzó en vosotros la
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Si
Dios salvara simplemente, bueno de este día te salvo y ahora
depende de ti. No hay salvación. No hay buenas
nuevas. Y las personas que creen en ese
mensaje con razón están, están perdidos. Están perdidos. Están confiando en sí mismos.
Somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, no aparte. de creer en el Señor Jesucristo.
La fe es viva. La fe viene al Señor Jesucristo. Sigue viviendo del Señor Jesucristo.
No aparte de la fe. No es una experiencia en el pasado. Hice mi profesión de fe. Hice mi bautismo. Ya está todo
arreglado el asunto. Si tienes que regresar al día
de ayer para saber que fuiste salvo, te has regresado demasiado
lejos. Tienes que saber hoy. Hoy vengo
al Señor Jesucristo. Hoy es el día de salvación. Es
algo vivo. Esa fe es viva. Es Dios quien
nos mantiene. No nos mantenemos o nos sostenemos
a nosotros mismos. Y la salvación es de Jehová en
su perfección o en su consumación. Somos salvos en esperanza y vamos
a ser transformados un día a la imagen del Señor Jesucristo. Esto es de Dios también. Un día
todos los que están muertos van a resucitar. Los que creen en
el Señor Jesucristo, Él viene por ellos. Van a ser transformados
en uno abrir y cerrar de ojos los que quedan acá. Los que salen
de los sepulcros serán resucitados con un cuerpo glorioso para estar
con él en la gloria. Esto es de Dios. Vamos a contribuir
a eso en ninguna manera. No podemos ni guardar la vida
que tenemos ahora cuando seamos puestos en la tierra. A ver,
levántate. Depende de Dios. Él va, Él va
a resucitar nuestros cuerpos. Aunque dijo, como dijo Job, yo
sé que después que desecha esta mi carne, yo voy a ver a mi Redentor. Yo sé que mi Redentor vive en
su perfección. Entonces, debemos entonces predicar
el Evangelio Debemos predicarlo claramente, predicarlo de tal
manera que los hombres sean llevados a reconocer, sean reconocidos,
reconozcan que están dependiendo de la misericordia de Dios. No
es un trato que van a hacer, no le van a hacer el favor a
Dios de aceptar al Señor Jesucristo. es misericordia. Si una persona
no viene de esa manera, no va a ser salvo. Sin embargo, debemos predicar
para que los oyentes sean conducidos a buscar misericordia. Vas a
venir a buscar misericordia, pero debemos predicar a las personas
que estamos oyendo nosotros, Dios es rico en misericordia.
El Señor Jesucristo dijo, el que a mí viene, no le echo fuera. animamos a los pecadores a una
persona dice bueno tú no sabes qué tan pecador soy correcto
no lo sé y no lo quiero saber tampoco una cosa sé cuando el
señor Jesucristo salvó a este pecador salvó al más vil así
que no tiene ningún problema salvarte a ti es lo que digo
el apóstol Pablo Debemos predicar para que las
personas que nos oigan sean conducidos, sean llevados a buscar la misericordia. Dios es rico en misericordia.
Él va a tener misericordia. Él lo dijo. Así como Él es Dios
santo, así como Él es Dios justo, así como Él es Dios de amor,
Dios es amor, Él también es misericordioso. y debemos predicar de tal manera
que las personas sean encerradas a la misericordia de Dios. Conducidos,
así como esa mujer fue traída en el acto mismo de adulterio
y fue arrojada a los pies del Señor Jesucristo, ella no tenía
nada que decir. Lo único que podía hacer es mirar
arriba y esperar la misericordia del Señor Jesucristo. Él es el
juez. Él es el juez. Lo que él dice
va. y el Señor Jesucristo dijo ni
yo te condeno que precioso estamos predicando la gracia gratuita
de Dios para que los pecadores huyen al Señor Jesucristo como
ese hombre que era culpable de homicidio decimos huye la ira
de Dios está sobre tus talones huye huye pies para que te quiero
pies de mi alma para que te quiero corre corre al refugio. Hoy es el día de salvación. No
esperes hasta mañana. Debemos predicar de tal manera
como es el leproso. Predicar a las personas. Ese
leproso que cuando el Señor Jesucristo descendió del monte está en Mateo
capítulo 8. Este hombre no vino haciendo
tratos con el Señor Jesucristo. Él simplemente dijo Señor Él
sabía su condición como leproso. Él dijo, Señor, si quieres, puedes
limpiarme. Reconociendo que él es soberano
y él puede hacer lo que él quiere. Él quiere. Y aún así, estando
en esa condición, él buscó la misericordia del Señor. Si una
persona dice, bueno, yo soy muy pecador. No, de veras, no reconoces
que tan pecador eres, porque si fueras pecador verdadero,
vendrías a Cristo Jesús. Alguien dijo esto, un pecador
es una cosa santa. ¿Saben por qué? Porque el Espíritu
Santo se lo dio a conocer. y todo aquel que Dios le da a
conocer su condición en su corazón que es un pecador. Ese es el
inicio. Ese es el inicio de la obra del
Señor Jesucristo. Los sanos no van a venir a buscar
un médico. Son los enfermos. Bueno, esa
es la manera de predicar la gracia de Dios, la soberana misericordia
de Dios, de tal manera que los hombres sean encerrados a la
voluntad de Dios. Si tú vas a ser salvo, si yo
voy a ser salvo, va a ser por la voluntad de Dios, por la voluntad
de Dios. Encerrados al poder de Dios,
encerrados a la misericordia de Dios, pero conducidos a los
pies del Señor Jesucristo buscando misericordia como esa mujer cananea. Esa mujer cananea que vino al
Señor Jesucristo y ella rogó misericordia y el Señor ni siquiera
le hizo caso. No le contestó. Y luego le dijo,
no está bien tomar el pan de los hijos y echar a los perros.
Él dijo, yo no vine sino a la casa, a los perdidos de Israel. Ella sabía que no era israelita,
pero ella necesitaba. Y ella rogó y dijo, sí señor,
yo soy perro, pero los perros comen de las migajas que caen.
de la mesa del amo. Esa es la manera que venimos. Si venimos así, si viene una
persona de esa manera al Señor Jesucristo, oigan esto, el que
a mí viene, no le echo fuera, no por ningún pecado. Él se deleita
en mostrar misericordia. Que Dios como tú, que se deleita
en mostrar misericordia. Bueno, luego también tenemos
que predicar, si vamos a predicar, si vamos a desempeñar este ministerio,
tenemos que predicar la santidad, la santidad perfecta, la justicia, la justicia y la
santidad perfecta solamente se encuentran en Cristo Jesús. Somos pecadores. Necesitamos
su misericordia. Necesitamos que él nos lave en
su sangre. Y la única justicia que hay es
la justicia del Señor Jesucristo. La única santidad, sin esta santidad
nadie va a ver a Dios. Está hablando de la santidad
del Señor Jesucristo. Nos dice la palabra de Dios que
Él es nuestra justicia. Su nombre es Jehová, justicia
nuestra. Este es el problema de los hombres
religiosos, dijo el apóstol Pablo en Romanos 10. Yo les doy testimonio
de que tienen celo de Dios, pero no conforme a la ciencia. Porque
ignorando la justicia de Dios, están tratando de procurar la
suya propia. Y no se han sujetado a la justicia
de Dios, porque el fin de la ley es justicia. La fin de la
ley es Cristo para justicia a todo aquel que cree. La fe del Señor
Jesucristo, la obediencia perfecta del Señor Jesucristo, es tuya
si tú te encuentras en Cristo Jesús, si te encuentras. Nos dice en Corintios, 1 Corintios
1.30, nos dice más por Él, por Dios el Padre, en 1 Corintios
1.30. por él estamos estáis vosotros
en Cristo quien de Dios nos ha sido hecho sabiduría justificación
santificación y redención para que el que se gloríe gloríese
en el Señor toda la justicia que yo necesito es Cristo Jesús
es Cristo Jesús es Cristo Jesús. Toda mi perfección delante de
la santa ley de Dios, todo lo que la santa ley de Dios demanda
y todo lo que el cielo requiere es mío en Cristo Jesús, es mío. No le añado nada, no le añado
nada. Cristo fue hecho pecado por mí
para que yo sea hecho la justicia de Dios en él. ¿Qué clase de
justicia tiene el creyente? ¿Qué clase de justicia tiene
la persona que cree en el Señor Jesucristo? Tienes la santidad
de Dios. Tienes la justicia de Dios. Esa es la única justicia que
va a ser aceptada en el cielo. La justicia del Señor Jesucristo.
No es una justicia fabricada por el hombre. No es una santidad
vana. No es una santidad hipócrita,
falsa. No es una santidad del mundo. La santidad del mundo te mide. Te mide por lo que haces y lo
que no haces. La santidad de Dios es lo que
Cristo hizo. ya está consumado, ya está hecho. Cristo Jesús es el fin de la
ley, el propósito de la ley es Cristo
para justicia a todo aquel que cree. Él es nuestra justicia. Y debemos entonces predicar la
palabra de Dios tan claramente para que la persona sea encerrada
primero para que sea encerrado a la gracia de Dios, a la misericordia
de Dios. Segundo, para saber que la única
justicia que hay es la justicia del Señor Jesucristo y la única
santidad es la santidad del Señor Jesucristo. Debemos predicar
de tal manera que ningún hombre en sí mismo tenga confianza. El apóstol Pablo
dijo eso, nosotros somos la sinconcisión, los que a Dios, nos adoramos
a Dios en espíritu, nos regocijamos en Cristo Jesús, nos gloriamos
en Cristo Jesús y no tenemos ninguna confianza en lo que nosotros
podemos producir en nuestra carne. El profeta Isaías dijo que todos
nosotros somos como la flor del campo que se desvanece. Todas nuestras justicias, dijo
Isaías, son trapo de inmundicia. Nuestras justicias. No estamos
hablando de nuestras injusticias, si nuestras justicias son trapo
de inmundicia. Nos dice la palabra de Dios que
el hombre en su mejor estado es pura vanidad. Es nada. Nada. No hay ninguno que bueno, dice
la palabra de Dios. No hay ninguno bueno, no hay
quien busque a Dios. Ninguno que entienda. Todos se
apartaron del camino. Y nos dice el apóstol Pablo,
en la carne no mora ningún bien. Yo sé que en mi carne no mora
el bien. En la carne ningún hombre puede
agradar a Dios. Entonces, ¿cómo es que Dios está
agradado? Dios dijo esto. Este es mi Hijo
amado en quien tengo complacencia. En Él estoy agradado. En Él estoy
agradado. Él es nuestra santidad. Pero
predicamos de esta manera, predicamos que Él es nuestra única justicia,
nuestra única santidad. Pero predicamos para que las
personas entiendan que la gracia de Dios y la misericordia de
Dios y la salvación de Dios que está en Cristo Jesús produce,
oigan esto, Cristo Jesús es mi santidad, Cristo Jesús es mi
justicia, pero la gracia de Dios en el corazón de una persona
produce obras de fe, produce obras de amor, produce un andar
que glorifica a Dios. Si no lo produce, entonces no
es verdadero. Aquellas personas que conocen
al Señor Jesucristo, conocen la gracia del Señor Jesucristo,
ellos aborrecen el pecado. No están buscando licencia, permiso
para vivir en el pecado. No están buscando permiso, aborrecen
el pecado, aman la justicia. Estas personas que tienen la
gracia de Dios en su corazón adornan la doctrina de nuestro
Salvador andando en amor. andando en amor, andando en verdad,
en santidad, en integridad, en generosidad, en hospitalidad,
en gentileza, humildad, fe y amor. El fruto del Espíritu es amor,
gozo, paz, paciencia, benedad, fe, mansedumbre, templanza. Contra
tales cosas no hay ley. El Espíritu Santo morando en
el corazón va a producir esto. En un grado o otro, vamos a crecer. Escuchen, ningún hombre ha sido
salvo porque ora. Ningún hombre ha sido salvo porque
ora. Pero todos los que son salvos
oran. Todos los que son salvos oran. Ningún hombre ha sido salvo por
obras. Pero tampoco ningún hombre que
es salvo no produce obra, no tiene obras. Son los frutos del
Señor Jesucristo que obra en nosotros. Ningún hombre es salvo
por las obras, pero la persona que es salvo tiene obras de fe
y obras de amor. Otra manera de decirlo es, Dios
salva a las personas ábaras, a los ábaros. Dios salva a los
ávaros, pero no se quedan ávaros, no se quedan ávaros. Estas personas
se vuelven personas generosas, personas amables, personas que
tienen cuidado de otros. La gracia es el don de Dios.
La misericordia es el don de Dios. La verdadera misericordia
y la gracia de Dios produce obras de justicia, obras de justicia. Ningún hombre es salvo por amar
a otros. Esa no es la manera que somos
salvos, por amar a otros. De todas maneras, el hombre no
puede amar. Por naturaleza, el hombre lo
que llama amor es amor a sí mismo. Yo te amo porque estoy sacando
algún provecho. Ese no es el amor de Dios desinteresado. Ningún hombre ha sido salvo que
no ama a otros. El amor de Dios derramado en
el corazón produce amor, amor a Cristo, amor a su prójimo. Por gracias sois salvos por medio
de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, no por obras
para que nadie se gloríe, porque somos hechuras suyas, creados
en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales se preparó de antemano
que anduviésemos en ellas. ¿Ven qué responsabilidad es?
predicar el consejo de Dios, la palabra de Dios. No es simplemente
pararse y recitar cosas. No es simplemente discutir doctrina,
tradiciones. La predicación, hablar a los
hombres la palabra de Dios es entregar el mensaje de Dios para
la gloria de Dios, para la gloria por el poder del Espíritu Santo.
una persona tiene que ser encerrado a la gracia de Dios, encerrado
por el Espíritu Santo, encerrado por el poder de Dios. Y luego,
si vamos a predicar el evangelio, vamos a tener compasión y afecto
a los hombres por estos religiosos falsos, estos religiosos falsos. Debemos advertir a las personas,
conocemos a personas que están en la religión falsa. Tenemos
que advertir a las personas que no se confíen en su profesión
de fe. Eso es mentira, refugio de mentiras. No confíen en ese refugio de
mentiras. Las personas presumen, yo soy
salvo, yo hice mi profesión de fe, fui bautizado. Pero no, ninguna
persona aquí ni en otro lugar debe confiar su alma eterna a
una experiencia, a una profesión que hizo en un tiempo. Deja que los, como dice la palabra
de Dios en Isaías, que el tiesto pelee con el tiesto. No te pelees
con Dios. Dios ha dicho esto, que solamente
en Cristo Jesús, solamente por la gracia de Dios, solamente
por la fe en el Señor Jesucristo, solo por la fe y la justicia
del Señor Jesucristo. Solamente tenemos una muerte
que morir, tenemos un juicio al que presentarnos, una eternidad
que tenemos que pasar. Debemos tener cuidado, hermanos. A menos a que haya, se encuentre
un corazón malo de incredulidad. Corazón malo de incredulidad.
En otras palabras, una persona no debe estar tan segura como
para decir, ¿a mí qué me importa? ¿A mí qué me importa si yo oigo
la palabra? Ten cuidado. Ten cuidado. Eso es pan. Una persona no come,
una de dos cosas, está enfermo o está muerto. ¿No es así? El que tiene vida va a comer.
Una persona que no, dice una persona, bueno, yo no tengo que
ir a la iglesia, de veras, no tienes que ir a oír la palabra
de Dios. Yo sé que no todos pueden estar en el servicio todo el
tiempo, pero si una persona no está comiendo, hay razón de pensar
o está muerto o está enfermo. No debemos pensar o dejar que
nuestra esperanza de la gloria esté descansando en una mera
profesión de fe que se hizo años atrás. debemos tener cuidado, debemos
examinar los espíritus. La salvación no está en la iglesia,
no está en una membresía de iglesia, no está en la ley, no está en
dar acuerdo mental a algunos hechos, no está en una doctrina.
Debemos tener cuidado de advertir a las personas. No confíen en
eso. No confíen en eso. Gracias sean dadas a Dios. Eso
son advertencias. Pero gracias sean dadas. Alguien
dijo esto, en nuestro camino aquí en la tierra Dios nos ha
acercado, nos ha puesto murallas. El camino es Cristo Jesús y Dios
ha puesto por un lado advertencias para que nadie presuma. Si retrocedes, no agradará a
mi alma. Advertencias. dice el apóstol
Pablo hablamos de esta manera aunque estamos convencidos mejor
de ustedes así hablan advertencias no retrocedas sigue viniendo
el señor Jesucristo advertencias y por otro lado tenemos las promesas
preciosas y grandísimas del señor Jesucristo para que no desmayemos
para alentarnos en el camino Por un lado, son como por decir
así, los dos perros del Señor Jesucristo. Las ovejas, no sé
si han visto esos perros que van acorralando las ovejas para que
vayan todos alrededor. Son como los perros del Señor
Jesucristo que por un lado nos pellizcan por acá y por otro
lado nos pellizcan para que sigamos viniendo a Cristo. Gracias sean dadas a Dios que
estamos amurallados por las preciosas promesas de Dios para que un
hombre no llegue a la desesperación. Dice la salmista, si yo no creyera
que viera, no sé cómo lo estoy parafraseando,
hubiera desmayado, hubiera desmayado si no hubiera creído que vería
en la tierra de los vivientes. No lo estoy citando bien. Tengo
que mirar fuera de mí mismo y ver al Señor Jesucristo. Es por esto
que el Evangelio nunca te dice, mira aquí adentro. ¿Quieres estar
deprimido? Aquí está tu receta. Hay un doctor aquí. ¿Quieres
estar deprimido? Aquí está tu receta. Mira aquí
adentro y busca alguna razón. ahí vas a estar desesperado,
ahí vas a estar deprimido. Pero el evangelio nunca te dice
mira aquí adentro. El evangelio siempre te dice
mira a Cristo Jesús. Puestos los ojos en Jesús, el
autor y consumador de la fe. Saben, las personas que van a
arar en el campo, meten la cuchilla en la tierra, no pueden estar
mirando sus pies. Porque si miran sus pies, nunca
llegan. Van a estar dando círculos. ¿Saben qué hacen para hacer un
surco? Miran a lo lejos. Ponen su mirada
en un punto allá en la distancia. Y cuando terminen, miren atrás
en un surco recto. Ponemos la mirada en Cristo Jesús.
Ahí está él allá. Él ha entrado como un precursor.
No mires a la derecha, no mires a la izquierda, no mires atrás.
Solo mira a Cristo Jesús. Pa' Pedro dice aquí que estas
preciosas promesas, él dice que son, nos ha dado preciosas y grandísimas promesas. Preciosas y grandísimas promesas. Estas preciosas y grandísimas
promesas están en Cristo Jesús. Cristo Jesús es precioso. La
sangre del Señor Jesucristo es preciosa. Fuiste redimido no
con cosas corruptibles, sino como la sangre de Cristo Jesús,
la sangre preciosa de Cristo Jesús, como de un cordero, sin
mancha, sin contaminación. ¿Saben por qué son preciosas
las promesas de Dios? En 1 Reyes 8, 56, nos dice la Palabra de Dios que
ninguna palabra. 1 Reyes capítulo 8, versículo
56. Bendito sea Jehová que ha dado
paz a su pueblo Israel conforme a todo lo que él había dicho.
Ninguna palabra de todas sus promesas que expresó promesa
de su siervo ha fallado. Ninguna palabra de Dios. El cielo
y la tierra van a pasar, pero la palabra de Dios no va a pasar. Él tiene el poder. Eso es lo
que creyó Abraham. Dios le prometió que él iba a
tener un hijo. Y él creyó a Dios. Él creyó en
esperanza contra esperanza. Cuando no había ninguna razón
en él, su cuerpo ya estaba muerto. No había ninguna razón en Sara,
su cuerpo también estaba muerto. No podía tener hijos. Pero Dios
le dijo, vas a tener un hijo por el cual va a venir el Cristo.
Y Abraham No se debilitó al considerar su cuerpo ya muerto, sino que
se fortaleció en la fe dándole gloria a Dios. Él creyó a Dios que él era poderoso. Y cuando Dios le dijo. Que tome
su hijo, su único Isaac. Que lo lleve allá y que lo que
lo que lo mate. Él creyó a Dios, que Él podía
resucitarlo de los muertos. Él, es lo que Él dijo, es lo
que Él va a hacer. No es creer que Dios es. Yo creo en Dios. Los demonios
también creen y ellos tiemblan. Yo creo que Jesús vivió aquí
en el mundo y murió y fue sepultado y resucitó. No es eso tampoco. Satanás estuvo allá cuando Cristo
murió. Y él no es algo. Es creer a Dios,
creer a Dios. No es entonces la salvación un
mero acuerdo mental. La salvación está en la persona,
Cristo Jesús. Es una relación viva, es una
relación vital, es una unión de fe con el Señor Jesucristo. Esto es la salvación. Y las personas
que son salvas, Dios les da seguridad en él solamente, en Cristo solamente. Por la fe Él continúa. Por la
fe Él continúa. Continúa en la fe. Por la fe
del Señor Jesucristo Él continúa en la fe, creciendo en la gracia
del Señor Jesucristo. ¿Saben? Todo lo que tiene vida
va a crecer. Va a crecer. Y aún así predicamos la gracia
de Dios de tal manera que la persona reciba consuelo y confianza
para los que verdaderamente creen. Consuelo y confianza. Como dije,
Dios nos ha acercado. No queremos darle confianza y
consuelo a ninguna persona que tiene su confianza en una decisión
que hizo. Pero si tu confianza está en
Cristo Jesús hoy y solamente en Él, estás en Cristo Jesús,
tenemos la palabra de Dios. ¿Y cuál es esta promesa, principalmente? La promesa nos dice en Tito capítulo
uno, Tito capítulo uno, versículo dos. Tito capítulo uno, versículo
dos. en la esperanza de la vida eterna,
la cual Dios que no miente prometió desde antes del principio de
los siglos. Piensa en eso. Dios prometió. Ninguna palabra de él ha fallado. Ninguna palabra de él ha caído
al suelo. Y Dios prometió la vida eterna. antes que el mundo fuera hecho.
Dios prometó va a haber vida eterna. Vida eterna. En Juan, primera de Juan capítulo
dos, versículo veinticinco, primera de Juan dos veinticinco. Y esta
es la promesa que él nos hizo la vida eterna. La vida eterna. Piensa en esto,
qué preciosa es esta promesa. Ninguna palabra de Dios ha fallado. Dios nos ha prometido vida eterna. Esta vida que tenemos aquí en
este mundo es muy corta, tan corta. Es como un vapor. Pero la vida que Él nos ha prometido
es vida eterna, vida eterna. Esta vida va a terminar un día. La vida que Él nos prometió nunca
tiene fin. Esta vida la que tenemos ahora
es una vida llena de dolor y tristeza. La vida que Él nos ha prometido,
la vida eterna, es vida de gozo, vida de gloria, libre de dolor. De esta vida que tenemos ahora,
es una vida de pecado. Eso es, una vida de pecado. Pero
esta vida que Él nos ha prometido, es una vida de perfección, sin
pecado. Esta vida es puro trabajo. Pero
en Cristo Jesús, nos leímos allá en Apocalipsis capítulo 21, otra
vez en Apocalipsis 21, versículo 3, Y oí una gran voz del cielo que
decía, aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará
con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos
como su Dios. Enjugará a Dios toda lágrima
de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto,
ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. Y el
que estaba sentado en el trono dijo, he aquí, yo hago nuevas
todas las cosas. Qué promesa tan preciosa. Él
hace todas las cosas nuevas. Yo quiero. Yo quiero participar
de esta promesa. Yo estoy muy interesado en esta
promesa. Yo quiero ser hallado en él.
El apóstol Pablo dijo, yo quiero conocer a Cristo y ser hallado
en él. Esta promesa de vida eterna,
¿qué podemos decir de esto? Está únicamente en Cristo Jesús. Esta promesa de vida eterna está
donde? Está en Cristo Jesús. Nos dice
en 1 Corintios 1 20 nos dice Todas las promesas de Dios en
Cristo son sí y en Cristo son amén para la gloria de Dios por
nosotros. Las promesas de Dios son en Cristo
Jesús. Dios no tiene nada bueno para
el hombre fuera de Cristo Jesús. Este es el testimonio que Dios
nos ha dado vida y la vida está en su Hijo, dijo el apóstol Juan. No podría ser más claro que esto.
Dios nos ha dado vida y la vida está en su Hijo. Fuera de su
Hijo, Dios es fuego consumidor. Ese es el testimonio de Dios. La vida no está en la ley, la
vida no está en la iglesia, no está en las ordenanzas, el bautismo
o una profesión. La vida está en Cristo Jesús. En Cristo Jesús únicamente. El
que tiene al Hijo, tiene la vida. El que no tiene al Hijo, no tiene la vida. No tiene la
vida. Dios no tiene ninguna bendición
para aquellas personas que están fuera de Cristo. Bendito sea
el Padre y nuestro Señor Jesucristo que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Tenemos en Cristo Jesús la redención,
el perdón de pecados por su sangre nos dice. Y Dios no va a hablar
a ningún hombre que no sea por el Señor Jesucristo. Hay solamente
un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, hombre. Esta es la promesa de Dios, nos
ha dado promesa en Cristo Jesús, Dios que no puede mentir. Dios que nos ha dado esta promesa
desde el fundamento de la tierra, desde la fundación del mundo. nos ha prometido vida eterna
y esta vida está en Cristo Jesús quien nos amó y se dio por nosotros. Esto es muy claro. Noé dijo va a haber un diluvio
y no le creyeron. Y el diluvio vino. La Biblia
dice esto. El testimonio de Dios dice esto.
Otro fundamento ningún hombre puede poner. Que el que está
puesto, Cristo Jesús, es el único. No hay otro nombre dado a los
hombres en que podamos ser salvos. Y Cristo dijo esto, yo soy el
camino. Yo soy la verdad, yo soy la vida.
Nadie viene al Padre si no es por mí. Es preciosa esta promesa. La palabra de Dios no puede fallar.
Ninguna promesa de la falla. La promesa de la vida eterna
está en su hijo. Que el Señor bendiga en su palabra.
Vamos a ser despedidos ahora con oración. Voy a pedir hermano
Eduardo por favor que nos despida.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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