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Cody Groover

¿Cómo salva el Señor Jesucristo a su iglesia?

Cody Groover February, 2 2014 Video & Audio
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Cody Groover
Cody Groover February, 2 2014
What does the Bible say about how Jesus saves us?

Jesus saves us from our sins through grace, mercy, and His fulfillment of the law.

The Bible teaches that Jesus Christ saves His people by humbling Himself and undergoing the penalty for sin on their behalf. In John 8, we see an example of this when Jesus interacts with a woman caught in adultery. He does not condemn her, but instead offers her mercy, highlighting the grace of God in salvation. This act demonstrates the fulfillment of the law by Jesus, who is the only one qualified to judge but chooses to extend grace instead. Hebrews 7:25 indicates that He saves completely those who come to God through Him.

John 8:1-11, Hebrews 7:25

How do we know the doctrine of salvation is true?

The truth of salvation is confirmed through Scripture and the transformative power of Christ's sacrifice.

The doctrine of salvation is rooted in Scripture, notably Romans 8:1, which states that there is no condemnation for those in Christ Jesus. The transformative power of Christ's sacrifice on the cross, evidenced by His resurrection, provides concrete assurance of this doctrine. Jesus' interaction with the woman caught in adultery exemplifies His mission: to save, not to condemn. This aligns with the promises found throughout Scripture that establish God’s faithfulness and the provision of grace for the undeserving.

Romans 8:1, John 8:1-11

Why is the concept of grace important for Christians?

Grace is foundational for Christian faith as it represents God's unmerited favor towards sinners.

Grace is central to the Christian faith because it reveals God's unmerited favor towards us, despite our sinful nature. In John 8, the woman caught in adultery receives grace rather than condemnation, illustrating how Christ fulfills the law while extending mercy. This underscores the fundamental belief that salvation is a gift, not earned through works. In Ephesians 2:8-9, we are reminded that we are saved by grace through faith, which is not our own doing, but a gift from God, ensuring that no one can boast about their own righteousness. Understanding grace deepens our appreciation for Christ's sacrifice and compels us to extend that grace to others.

Ephesians 2:8-9, John 8:1-11

Sermon Transcript

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Nosotros consideremos esta pregunta,
¿cómo salva el Señor Jesucristo a Su iglesia? ¿Cómo salva el
Señor Jesucristo a Su iglesia? El ángel dijo, llamará su nombre
Jesús porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Salvará de sus pecados, salva
de la condenación del pecado. salva de la pena del pecado,
salva del poder del pecado, y también salva de la presencia del pecado. ¿Cómo es que el Señor Jesucristo
salva a Su pueblo de sus pecados? Esa es la necesidad más grande
que nosotros los hombres tenemos. Es el pecado que nos ha separado
de Dios. Necesitamos ser salvados de nuestros
pecados. ¿Cómo es que Él hace esto. Bueno, si quieres saber cómo
el Señor Jesucristo salva a su pueblo, pido que escuchen con
atención en esta mañana. Y esto que vamos a ver en esta
mañana sólo puede ser recibido por aquellos a quienes les es
dado entendimiento por el Espíritu Santo. Especialmente en este
pasaje en Juan capítulo 8. ¿Saben? Hay personas que se dicen
ser maestros de la Palabra de Dios y han completamente arrancado
esta primera porción de la Biblia. Versículos 1 al 11. Precisamente porque no pueden
reconciliar en su mente el mensaje que está dicho acá. No tienen entendimiento, es lo
que yo creo, yo entiendo, pero aquí en este pasaje vemos como
el Señor Jesucristo salva a su pueblo y pido que se haga su
palabra eficaz en el alma de cada uno de nosotros en esta
mañana. Bueno, en Juan capítulo ocho quiero leer desde el versículo
cincuenta y tres hasta el versículo once, versículo
cincuenta y tres de capítulo siete hasta el versículo cada
uno se fue a su casa. Y Jesús se fue al Monte de los
Olivos, y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino
a Él, y sentado Él les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos
le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en
medio, le dijeron, Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en
el acto mismo de adulterio. y en la ley nos mandó Moisés
a pedrear a tales mujeres. ¿Tú, pues, qué dices? Mas esto
decían tentándole para poder acusarle. Pero Jesús, inclinando
hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. y como insistieran
en preguntarle, se enderezó y les dijo, El que de vosotros esté
sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia
el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos al oír
esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando
desde los más viejos hasta los postreros, y quedó sólo Jesús
y la mujer que estaba en medio. enderezándose Jesús, y no viendo
a nadie sino a la mujer, le dijo, Mujer, ¿dónde están los que te
acusaban? ¿Ninguno te condenó? Y ella dijo,
Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo, Ni yo
te condeno. Vete y no pegues más. ¿Cómo salva al Señor Jesucristo
a su pueblo? Yo creo que aquí en el versículo
53 del versículo 7 y el versículo 1 del capítulo 8, podemos entender
nosotros en una como figura como el Señor Jesucristo salva a Su
pueblo. Ustedes acuerdan en el texto,
dice, Ustedes conocen la gracia de nuestro Dios, nuestro Señor
Jesucristo, que siendo ricos se hizo pobre, para que nosotros,
vosotros por su pobreza fueses enriquecidos. En el último versículo
del capítulo 7 nos dice que cada uno se fue a su casa, pero el
Señor Jesucristo se fue al Monte de los Olivos porque nos dice
la Palabra de Dios que el Hijo del Hombre no tenía donde recostar
su cabeza. Aquí lo que vamos a ver es la
humillación del Señor Jesucristo, la humillación del Eterno Hijo
de Dios. ¿Cómo salva Dios a su pueblo? Él se humilló, Dios mismo, el
creador de todas las cosas, se humilló a sí mismo y vino a hacer
la salvación por su pueblo. ¿Cómo? Vamos a verlo en un momento.
Primeramente podemos ver la humillación del creador, el que hace todas
las cosas, el que hizo todas las cosas. Él es el mundo, de
Él es el mundo. Él lo creó, fue creado por Él,
para Él. pero él no tenía dónde recostar
su cabeza. ¿Ven la humillación del eterno
Hijo de Dios que vino a este mundo y se hizo pobre? Él no
tenía dónde recostar su cabeza. Bueno, pero para salvar a su
pueblo, él no solamente vino a este mundo. Es decir, el eterno
Hijo de Dios no vino meramente a este mundo a habitar aquí en
este mundo. a vivir en este mundo, sino que
se humilló aún más. Se humilló aún más. Nosotros,
como criaturas, imagínate que Dios venga a tomar la forma de
un hombre. ¿Quién de ustedes, quién, me
hablo a mí mismo, quién de ustedes quisiera tomar el lugar de un
gusano? Piensa en el orden de la creación.
Tú eres un ser humano. Quisieras, a veces hay un gusano,
de esos feos. ¿Quién quisiera tomar el lugar,
identificarse con un gusano? Ninguno de nosotros, ¿verdad?
Quisiera ser gusano. Y aún así, eso no es un brinco
muy grande, por decir así, porque después de todos los dos, es
decir, el gusano y nosotros somos criaturas. Pero cuando estamos
hablando del Creador, de todas las cosas. Ser hecho, criatura,
ser hecho, hombre. Eso es ser hecho. Él dijo, soy gusano y no hombre. Y el gusano del que está hablando
es el gusano que sale en la carne podrida. De ese tipo de gusano
está hablando. ¡Qué humillación! Que el eterno
Hijo de Dios venga aquí a este mundo. Pero Él se identificó
con Su pueblo. Él se humilló. Él, el que siendo
rico, se hizo pobre para que su pueblo, su iglesia, sea enriquecido
en él. Bueno, nos dice en el versículo
2 que temprano por la mañana al siguiente día nuestro Señor
volvió al templo y todo el pueblo vino a Él y sentándose, esa era
la costumbre de los maestros judíos, sentándose les enseñaba. Él estaba en medio de su enseñanza. Imagínense estar allá presentes
oyendo al Creador, al Salvador. Sus palabras son llenas de gracia. Imagínate oír al Maestro. Si quieres ver a un Maestro,
todo lo que Él dice es verdad. Ustedes jóvenes, cuando oigan
a sus maestros, no todos los que le dicen es verdad. Tienen
que saber eso. Mucho de lo que les dicen es
mentira. Pero aquí está el que habla y
todo lo que él dice es verdad. Él es la verdad. Ahí está hablando
el Señor Jesucristo, y mientras Él está enseñando, Vienen entonces
estos escribas y fariseos y les trajeron a una mujer sorprendida
en adulterio. Ahora, lo que debemos entender aquí
es que esta mujer sorprendida en adulterio es cada uno que
el Señor Jesucristo por la palabra de Dios trae a los pies del Señor
Jesucristo. Cada persona que es traída a
los pies del Señor Jesucristo es traído como esta mujer adúltera. Esta mujer adúltera fue traída
a los pies del Señor Jesucristo. Estos fariseos, su intención
era mala, pero no quiero entrar en la maldad de los fariseos
que querían atrapar al Señor Jesucristo. no quiero entrar
y enredar en esto. Lo que quiero que nos enfoquemos
es que los fariseos y los escribas en este pasaje representan a
la ley de Dios. Ellos eran los campeones, por
decir así, de la ley de Dios, la ley santa, la ley justa, la
ley de Dios que demanda el alma que pecare ciertamente morirá. Dios dice en Su Palabra, el alma
que pecare ciertamente morirá. Esa ley es inflexible. Nos dice la Palabra de Dios que
de ningún modo tendrá por inocente al malvado, de ningún modo. Y la ley dice, no cometerás adulterio. Está claro. Esta mujer era culpable,
esta mujer había sido traída, había sido prendida en el acto
mismo de adulterio. La iglesia del Señor Jesucristo
es prendida por la ley de Dios. ¿Saben? Todos los que estaban
allá exceptuando al Señor Jesucristo eran culpables de quebrantar
toda la ley. Pero la única que fue traída
a los pies del Señor Jesucristo era esta mujer. Es decir, tenía
que ser descubierto, ¿verdad?, su pecado. Tenía que ella reconocer
que delante de Dios, delante de la ley, es culpable, no tiene
nada que decir. Y por cierto, en este pasaje,
ella no abrió su boca. Ella no se defendió. Ella no
dijo, bueno, pero el hombre me sedujo. o no dijo, bueno, pero
yo amo a ese hombre. Ella era culpable y nosotros,
la Iglesia del Señor Jesucristo, somos culpables. Y cuando ellos
vinieron al Señor Jesucristo y le dijeron, maestro, maestro, Él es maestro. Él es maestro. Y en este caso,
maestro de la ley. El Señor Jesucristo es Jehová
el dador de la ley. El Señor Jesucristo es el intérprete
de la ley. ¿Se acuerdan lo que dice allá
en Mateo capítulo seis? Vean allá en Mateo capítulo seis. Perdón, es Mateo cinco. versículo 27, aquí está el dador
de la ley, aquí está el intérprete de la ley, aquí está delante
de quien todos nosotros vamos a ser juzgados. Es decir, todo
hombre va a ser juzgado por el juez de todo el universo. Y aquí
está lo que él dice acerca de la santa ley de Dios. ¿Oísteis
que fue dicho, no cometerás adulterio? Eso está en Éxodo capítulo 20
versículo 14. no cometerás adulterio. Ahora
vean la interpretación de la ley, pero yo os digo que cualquiera
que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón. El Señor Jesucristo no ve solamente
las acciones, Él ve las intenciones, los pensamientos. Por cierto,
entonces, todos nosotros somos culpables. Y recuerden, quebrar
la ley en un punto es una cadena, una soguilla que tú tienes. Si
quiebras en una de esas eslabones, quiebras toda la cadena. Y cualquiera
que es culpable de un pecado dirá a una persona, bueno, yo
no tengo conciencia de haber quebrado esa ley. Bueno, mentir,
aborrecer o odiar, decir falso, ya dije mentir.
¿Qué tal no amar a Dios con todo tu corazón? Cualquiera. Aquí está el Señor Jesucristo.
Le dijeron, maestro, esta mujer fue tomada en adulterio en el
acto omiso. Entonces ellos dijeron bien,
Él es el que interpreta la ley y Él es el juez. Dijo el Señor
Jesucristo, el Padre a nadie juzga. Todo juicio fue dado al
para que todos honren al Hijo. El que no honra al Hijo, no honra
al Padre que le envió. Bueno, pero nos dice aquí, en
la ley nos mandó Moisés a pedrear a tales mujeres, no sólo a las
mujeres, a todos los que son pescados, todos los que son cachados,
todos los que son prendidos en adulterio, también al hombre.
Pero escuchen, no trajeron al hombre, trajeron solamente a la mujer.
Y no todos son descubiertos en sus pecados aquí en este mundo.
Sólo aquellos a quienes Dios va a mostrar misericordia. Todos son pecadores, todos son
culpables, todos son dignos de la muerte, pero no todos son
pescados o atrapados en su pecado. Este hombre no fue traído. Pero
este hombre tampoco oyó de los labios del Señor Jesucristo,
yo tampoco te condeno. ¿Ven ahí entonces la misericordia
de Dios cuando Dios convence de pecado? Cuando Dios opera
en tu corazón y te muestra lo que eres, cuando Dios te desnuda,
cuando Dios te quita toda esperanza en ti mismo, cuando la ley te
cierra la boca es porque Dios va a mostrar misericordia,
porque Él vino a salvar a pecadores. La ley mandaba que el hombre
y la mujer fueran traídas y fueran apedreados, pero sólo ella fue
traído a los pies del Señor. Todos nosotros somos culpables.
En Adán todos por cuanto todos pecaron y están destituidos de
la gloria de Dios. Ven aquí cómo ésta es la iglesia
del Señor Jesucristo. La iglesia del Señor Jesucristo
es traída a los pies del Señor Jesucristo. Ahora, estos hombres
trajeron una pregunta imposible de responder para meramente un
hombre. para meramente para ser hablando
de un hombre recuerden el señor Jesucristo dijo que el no vino
para el no vino para juzgar el vino para salvar y el era amigo
de pecadores por otro lado el dijo yo no vine a abrogar la
ley esto esta en Juan capitulo 5 yo no pienso que yo he venido
a hacer un lado la ley a los profetas que dijeron, yo no vine
a poner a un lado lo que dice la ley, yo no vine a poner a
un lado los diez mandamientos, yo no vine a hacerlos a un lado,
voy a mostrar otra manera de salvación, yo no vine a abrogarla,
yo vine a cumplirlo, yo vine a cumplir la ley de Dios. Y por otro lado el Señor Jesucristo
él era amigo de pecadores. O sea, ¿quiénes eran los que
se reunían a él? Publicanos y pecadores. Y esta
era la acusación de los pariseos. Mira, se está juntando con Publicanos
y pecadores. Amigo de Publicanos y pecadores. Y estos hombres pensaron, lo
tenemos contra la pared. Tenemos aquí a este Jesús Nazareno,
lo tenemos con la espalda en la pared. Porque si dice Suéltala. Vamos a decir, ajá, mira, está
violando la ley de Moisés. No puede ser profeta de Dios.
No puede ser enviado de Dios porque está violando la ley de
Moisés. Y si dice, apedreala, entonces
vamos a descreditarlo con la gente porque la gente, él dijo
que es amigo de pecadores, venid a mí todos los que estáis trabajados
y cargados yo os haré descansar vamos a descreditarlo en esa
manera es como decir y por cierto esto es la sabiduría de Dios
únicamente en la sabiduría de Dios la salvación Cristo Jesús
es el poder de Dios y la sabiduría de Dios En la sabiduría de Dios,
Dios halló la manera en que Él puede ser justo, o sigue siendo
justo, y también puede tener misericordia de pecadores. Recuerden, ninguno de sus atributos
está en pleito. Su santidad, su justicia, su
misericordia, ninguno de sus atributos está en pleito en sí
mismo. Su misericordia es misericordia,
santa. Su justicia es justicia, santa. Ellos pensaron, bueno, tú qué
dices. Queremos oír qué dices tú. Y
aquí está la sabiduría de Dios. La sabiduría de Dios halló el
camino, halló la manera, y esta manera es por Cristo Jesús. por la obra de Cristo Jesús,
por su venida a este mundo, por su humillación. Recuerden lo
que dije al principio, que la salvación es más que Dios envía
a su Hijo al mundo. Si Él solamente envía a su Hijo
al mundo, no hay esperanza para pobres pecadores. Necesitamos
que Él quite el pecado de su pueblo. Estos hombres tuvieron testigos,
testigos necesarios para acusarla legalmente. Pero el Señor Jesucristo
dijo, no he venido para juzgar sino para salvar. Va a venir
el día que Él va a juzgar a todos los hombres. Bueno, qué locura es pensar que el hombre va a de alguna
manera frustrar la sabiduría de Dios. Nos dice aquí en nuestro
texto, versículo 6, nos dice la razón por la cual ellos dijeron
esto. Esto decían tentándole para poder
acusarle, pero Jesús hizo algo. Noten allá que Él hizo algo. ¿Qué hizo? en respuesta a lo
que ellos le preguntaban, ¿tú qué dices? Él hizo. ¿Tú qué dices? Él hizo. Inclinado
hacia el suelo, escribía en la tierra con el dedo. No se nos dice qué escribió,
pero tenemos Otro versículo en la Palabra de Dios en Éxodo capítulo
31, donde nos habla que Dios escribió
con su dedo. Y dio a Moisés cuando acabó de
hablar con él en el monte Sinai, dos tablas de testimonio tablas
de piedra escritas con el dedo de Dios. ¿Qué tenían estas tablas
escritas con el dedo de Dios? Los diez mandamientos. Cuando Él se inclinó, escribió
en la tierra con su dedo. Yo creo que lo que el Señor,
recuerden es lo que Él hizo lo que Él hizo que libró a esta
mujer de estos que la acusaban Él se inclinó y escribió con
su dedo recuerden lo que dijo el Señor Jesucristo no he venido
a abrogar la ley yo vine a cumplir la ley el primer punto para que
tú y yo seamos librados de la condenación del pecado para que
tú y yo seamos salvos de la pena del pecado, tiene que haber justicia
establecida. Y el Señor Jesucristo, cuando
Él vino aquí a este mundo, Él escribió, por decir así, con
Su vida, la ley de los diez mandamientos. Ahora sí, no solamente en palabra,
sino en hecho. Él cumplió la Palabra de Dios. Él cumplió todo lo que la ley
demanda de esta mujer. No cometerás adulterio. No cometerás
adulterio. Esta mujer es culpable. Tú y
yo somos culpables, pero Él vino para cumplir esa ley. No cometerás
adulterio. Bueno, regresamos allá a nuestro
texto en Juan capítulo ocho. Él comenzó a escribir en la tierra. Y como insistieron en preguntarle,
se enderezó el Señor Jesucristo. Le seguían preguntando. Él estaba
escribiendo en la tierra y ellos insistían. ¿Tú qué dices? ¿Tú
qué dices? No entendían lo que estaba Él
haciendo. No entendían lo que estaba Él haciendo. Los hombres
aquí en la tierra no entendían lo que estaba haciendo el Señor
Jesucristo cuando estaba aquí en la tierra. Él vino para cumplir
la voluntad de Dios su Padre. Yo tengo una comida que ustedes
no saben. El hacer lo que Dios el Padre
me envió a hacer. La obra tiene que ser terminada
cuando yo estoy aquí en la tierra. Viene la hora cuando nadie puede
trabajar. Él acabó, Él cumplió todo. Ellos
insistían en preguntarle. El Señor Jesucristo se enderezó
y les dijo, El que de vosotros esté sin pecado sea el primero
en arrojar la piedra contra ella. El único que tenía derecho de
arrojar piedra contra ella era el Señor Jesucristo. Es el único. Todos ellos eran
culpables de lo mismo, de lo mismo. el que de vosotros esté sin pecado,
sea el primero en arrojar la piedra contra él. ¿Saben allí?
Yo veo el poder de Dios. Estos hombres apedrearon a mucha
gente, tenían puntería con las piedras. Y estos hombres eran
fariseos que se confiaban en sí mismos como justos. Se confiaban en sí mismos como
¿Se acuerdan lo que dijo el apóstol Pablo? Saulo de Tarso dijo, en
lo que se refiere a la ley, irreprensible. Esto sería la oportunidad para
uno de estos fariseos, para destacarse sobre los demás. El que de vosotros
esté sin pecado, agarre piedra y arrójenselo. Esta sería su
oportunidad de, por decir así, brillar, ¿verdad? Mira a este
hombre, él no tiene pecado, arroja la primera piedra. pero yo veo
ahí el poder de Dios para librar a su pueblo de la condenación. Yo veo el poder de Dios para
librar a su pueblo de la condenación. El Señor Jesucristo no justificó
a esta no justificó a esta mujer en
su pecado. El Señor Jesucristo no dijo,
bueno, ¿saben qué? Ella es pecadora, pero también
ustedes son pecadores. Dios no justifica de esa manera.
Padre, pido que recibas a mi pueblo, sé que son pecadores,
pero no son tan pecadores como éstos. Él no justifica a su pueblo
de esa manera. Él solamente les recuerda a estas
personas que ellos también estaban condenados bajo la santa ley
de Dios y ellos también debían ser apedreados de la misma manera? La ley hace precisamente esto
cuando el Espíritu Santo, cuando el Espíritu Santo toma la ley
y la hace vivir, calla a toda persona. nos dice allá en Romanos
capítulo 3, y sabemos que todo lo que la ley dice, lo dicen
los que están bajo la ley. Estos hombres pariseos pensaron,
bueno, esta mujer está bajo la ley, nosotros no estamos bajo
la ley, nosotros no fuimos los que fuimos sorprendidos de ella,
sí. Pero ahí está el Señor Jesucristo,
el dador de la ley, el único que estableció la ley, nos dice
en versículo 19, pero sabemos que todo lo que la ley dice,
lo dicen los que están bajo la ley para que toda boca se cierre
y todo mundo quede bajo el juicio de Dios. Uno por uno nos dice
la palabra de Dios, comenzaron a salir desde los más viejos,
hasta los más ancianos, hasta los más jóvenes. no solamente vino a establecer
la ley del Señor Jesucristo, esta mujer todavía no había oído
de la boca del Señor ni yo te condeno. El único que tiene derecho
de condenar es aquel a quien el pecado es cometido contra
Dios, y el que va a condenar y el que va a juzgar es Dios
contra quien se comete el pecado. E inclinándose de nuevo hacia
el suelo, siguió escribiendo en tierra. Bueno, vemos aquí dos veces que
el Señor Jesucristo se inclinó a tierra. Y aquí podemos ver la humillación
del Señor Jesucristo. Es una gran humillación que el
Hacedor, el Creador de todas las cosas, venga a este mundo. Esa es una gran humillación.
Es una gran humillación que Él esté bajo la ley. Nos dice en el cumplimiento del
tiempo Dios envió a su Hijo nacido bajo la ley. ¿Para qué propósito? Para que redimiese los que estaban
bajo la ley. Era gran humillación que Dios
se sujete, el Señor Jesucristo se sujete a la ley que Él dio. Pero si solamente Él se sujeta
a la ley, es decir, si solamente establece justicia, no hay salvación
para su pueblo, no hay liberación de la condenación del pecado. Él se inclinó de nuevo. Se volvió
a inclinar. Vean lo que dice allá en Filipenses
capítulo 2. Vemos aquí estas dos inclinaciones,
si quieren pensarlo de esa manera, esa humillación. Y aquí está
hablando de que esto debiera ser el sentir de cada uno de
la iglesia, de misericordia, de no hacer nada
por contienda, por vanagloria, antes bien con humildad. estimando
cada uno de los demás como superiores a él mismo, no mirando cada uno
lo suyo propio, dice versículo 4, sino cada cual también lo
demás. Haya pues en vosotros, la iglesia,
este sentir que hubo también en Cristo Jesús. ¿Qué sentir
hubo en Cristo Jesús? ¿Qué sentir hubo en Él? El cual
siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa
a que aferrarse. Él siendo Dios no estimó el ser
igual a Dios como cosa a que aferrarse. Él se despojó de sí
mismo. Él se despojó de su gloria. Y vino aquí a este mundo y tomó
carne de nuestra carne y huesos de nuestro hueso. Ahí está esta
humillación. despojó a sí mismo tomando forma
de siervo, hecho semejante a los siervos. Vino a servir, no solamente vino
a ser un hombre, vino a ser siervo. Y estando en condición de hombre
se humilló a sí mismo haciéndose obediente. Ahí está, Él obedeció
la santa ley de Dios que Él dio. se hizo obediente, y aquí está
la segunda humillación, hasta la muerte. No solamente Él estableció
la ley, luego Él fue y murió bajo esa ley, la sentencia de
esa ley. Cuando Él que no cometió pecado
por nosotros, Dios lo hizo pecado, lo hizo pecado. ¿Con qué propósito? Para que nosotros seamos hechos
la justicia de Dios en él. Él se humilló hasta la muerte
y la muerte de ignominia de la cruz. Por lo cual también Dios
le exaltó hasta lo sumo. Ahora vamos a ver que esta mujer
es exaltada. Vean lo que dice allá nuestro
texto otra vez en Juan capítulo ocho. Como insistieran en preguntarles,
enderezó y les dijo al que de vosotros, versículo 7, estés
impicado, ser primero en arrojar piedra contra ella. E inclinándose
de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Ellos
al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno,
comenzando desde los más viejos hasta los postreros, y Jesús,
noten aquí la palabra, dice, quedó sólo Jesús y la mujer que
estaba en medio. Quedó sólo Jesús. Sólo Jesús. Sólo Jesús puede salvarte. Jesús
más cualquier otro no puede salvarte. Jesús más tu bautismo, Jesús
más tu arrepentimiento, Jesús más tu dedicación, no puede.
Jesús sólo. Y el pecador. Aquí está esta
mujer, aquí está culpable ya ha sido expuesta por los fariseos
que representan la ley de Dios y como dije la ley de Dios cuando
viene desnuda al hombre le quita todo pretexto de tal manera que
el hombre dice yo soy el culpable yo soy el culpable yo he pecado
contra ti contra ti solo he pecado para que tu seas justo cuando
me condenas si yo voy al infierno es lo que merezco. Es justificar a Dios, tomar el
lugar de Dios en contra de nosotros mismos. Cerrar la boca. No tengo nada que decir, no hay
excusa, no es, así me crecieron mis padres, o yo nací así, no
hay excusa. Quedó solo Jesús y la mujer que
estaba en medio. Ahí estaban las demás personas
que estaba escuchando antes cuando fue interrumpido el Señor Jesucristo. Quedó sólo, sólo la mujer. El Señor Jesucristo
vino a salvar a esta mujer. El Señor Jesucristo vino a salvar
a Su pueblo. Y Él va a atraer a Su pueblo
en esta misma manera. La ley lo va a agarrar, la ley
lo va a descubrir lo que es, y lo va a atraer a los pies del
Señor Jesucristo. Es ahí donde recibe misericordia. Recuerden, la salvación es hoy.
Hoy. Cuando El Espíritu Santo toma
su palabra y te convence de pecado y te trae a los pies del Señor
Jesucristo hoy. Hoy es el día de salvación. Hoy
es el día aceptable. Cuando oyes Su voz, no endurezcas
tu corazón, no digas, yo no soy pecador, yo no necesito el Salvador.
Si la ley de Dios te desnuda, vas a estar callado. Yo necesito un Salvador. Esta mujer estaba bien enterada
que ella necesitaba un Salvador. Y ahora noten esto, quedó Jesús
y la mujer estaba sola, enderezándose Jesús. El Señor Jesucristo estaba
inclinado por la segunda vez, Él se enderezó. Ahora cuando
Él se endereza por la segunda vez, cuando Él se endereza, es
para proclamarle a esta mujer salvación. Cuando el Señor Jesucristo
resucitó de los muertos, nosotros resucitamos su pueblo, resucitó
juntamente con él. Dice Romanos capítulo 4 versículo
25 que Él fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado entregado
por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. Cuando Él fue levantado de los
muertos, esto significa justificación para todos aquellos que Él representó. Justificados. Esto significa
justo delante de Dios. No como si no hubieras pecado. La justificación es, Dios no
está pretendiendo, voy a pretender que no cometiste pecado. Así
es la sangre del Señor Jesucristo que quita el pecado de su pueblo,
de tal manera que no está presente. Dios mismo no se acuerda del
pecado de su pueblo. El Señor Jesucristo le habló
a esta mujer. Le dijo a la mujer, ¿dónde están
los que te acusaban? Ninguno te condenó, le dijo al
Señor Jesucristo. ¿Dónde están los que te acusaban?
Ninguno te condenó. Noten, la mujer, ella no hizo
nada en esto. Es decir, en su defensa no hizo
nada, ella era culpable, ella estaba ya en el polvo, descubierta,
en su vergüenza, desnuda. Ella no hizo nada. Pero después de que el Señor
Jesucristo hizo esto, cuando el Señor Jesucristo se enderezó
y le hizo una pregunta, ella le dijo, Le preguntó al Señor,
¿ninguno te condenó? Ella dijo, ninguno. Pero oigan lo que le dijo, Señor.
Señor. Cuando una persona, por la gracia
de Dios, ve lo que el Señor Jesucristo ha hecho por su pobre alma, esa
persona deja de llamarlo Jesucito. Esa persona comienza a llamarlo
mi Señor y mi Dios. Señor, ¿qué quieres que yo haga? Soy tuyo. Tú me compraste. Esto que tú acabas de hacer por
mí, yo soy tuyo. Yo soy tu siervo, Señor. Y ella dijo, ninguno, ninguno.
Imagínate el gozo de su corazón. Imagínate, eso es vida. Que no
tengas condenación, y no es que faltaba, pero es que ahora ya
no hay ninguno. El apóstol Pablo está diciendo
lo mismo allá en Romanos capítulo 8, si ustedes quieren ver allá
en Romanos capítulo 8. Ninguna condenación hay. Ningún juicio es lo que significa.
Ningún juicio hay para los que están Ahora pues, versículo 1,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,
los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
Ninguna condenación, ningún juicio, ¿por qué? Porque el juicio y
la condenación cayó sobre el Señor Jesucristo, por lo que
Él hizo. Ahora vean lo que dice allá Romanos
capítulo 8. Y sabemos, versículo 28, que
los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan. Bien, esto
es a los que conforme su propósito son llamados. Este tiempo de
la mujer delante de todas estas personas, si uno pensará, dice,
bueno, esto, ¿quieres que esto te pase? ¿Quieres que esto te
pase? Que seas desnudado, que seas
mostrado quien eres. Todos nosotros diríamos, yo no
quiero eso. yo no quiero que allá en el centro
estén anunciando todo lo que pasa por mi mente tú tampoco
quieres eso pero qué tal si diría bueno después de que se hace
eso ya no vas a tener ningún más reproche dice bueno está
bueno eso verdad todas las cosas hay una bien esto de que fue
traída esta humillación es lo que fue traída al polvo de la
tierra que fue expuesta en su pecado es para bien es para bien
Dios la va a salvar Dios no va a dar vida a ninguno antes de
que lo mate Dios primero te mata y luego te da vida Dios primero
te humilla y después te exalta porque los que antes conoció
los que antes amó también los predestinó para que fuesen hechos
conforme a la imagen de su hijo para que él sea el primogénito
entre muchos hermanos y a los que predestinó a éstos también
llamó y a los que llamó a éstos también justificó y a los que
justificó a éstos también glorificó es la salvación lo que está describiendo
ya los que antes amó los salvó y a esta mujer él las salvó y
¿qué diría ella? ¿Qué pues diremos a esto? ¿Qué
puedes decir mujer? ¿Qué puedes decir iglesia del
Señor Jesucristo? ¿Qué puedes decir acerca de esto?
Pues si Dios me amó, ¿quién contra mí? Si Dios me amó, de tal manera
me amó Dios que ha dado a su Hijo Niénito para que yo no muera
sino que tenga vida eterna. Si Dios me ha Entonces, ¿quién
contra mí? ¿Qué pues diremos a esto si Dios
es por nosotros? ¿Quién contra nosotros? El que
no es catimón y a su propio Hijo sino que le entregó por todos
nosotros, iglesia, ¿cómo no nos dará también con Él todas las
cosas? ¿Quién acusará a esta mujer? ¿Quién acusará a esta
iglesia, a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condenará ¿Satanás? Él venció sobre Satanás el mundo,
el pecado y la muerte. ¿Quién condenará? Cristo es el
que murió, más aún el que también resucitó, el que además está
a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos puede separar del
amor de Cristo? Tribulación, o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada, como está escrito,
por causa de ti somos muertos todo el tiempo. somos contados
como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos
más que vencedores por medio que nos amó, por el cual estoy
seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni
lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Ella era culpable Ella estaba
consciente de que era culpable, pero ella dijo, ninguno, ninguno,
Señor. Ahora, oigan esto. Aquí está
la salvación. No importa que ningún otro hombre
no te condene. Si Dios te condena, no hay salvación. Puede que todos los hombres piensen
bien de ti, y nadie puede decir, eres culpable en esto. Pero si
al fin de cuentas Dios dice, culpable, no hay salvación. Pero
aquí está el que vale. Aquí está el juez de todo el
universo. Nota lo que dice, ni yo te condeno. Ni yo te condeno. ¡Qué salvación, verdad! ¡Qué
salvación tan grande! Ni yo te condeno. Vete y no peques
más. Liberación del poder del pecado.
Ella no va a ser culpable de... Sabemos que los hombres en este
mundo somos pecadores hasta que seamos puestos en la tierra,
estamos asediados. Pero ella no era más culpable
de ese pecado. El Señor Jesucristo la libró
del poder del pecado. Nos libre del poder del pecado.
Y noten allá, versículo 12, otra vez Jesús les habló diciendo,
yo soy la luz del mundo. Yo soy el entendimiento de cómo
Dios hace esto, la luz del mundo. El que me sigue no andará en
tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ¿Cómo salva al
Señor Jesucristo a su pueblo? Bueno, pido al Señor que Él haga esto
a todos nosotros, ¿verdad? Y si no lo ha hecho, en su misericordia
y en su gracia que lo haga. Es cosa dolorosa, ¿verdad? Imagínate, bueno, no tienes que
imaginarte si ya lo pasaste. Solo tienes que recordar. Pero esta mujer no era nada agradable
estar allá. Pero Dios la salvó. El Señor Jesucristo la salvó.
Yo pido esto para cada uno que está aquí, para todos los que
están con nosotros. Que el Señor bendiga su palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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