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La Importancia Del Servicio

John 13:13-16
Joel Coyoc January, 24 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc January, 24 2021
Estudio del Evangelio de Juan
What does the Bible say about serving others?

The Bible teaches that Jesus set an example of service by washing His disciples' feet, demonstrating humility and love.

In John 13:13-16, Jesus teaches His disciples about the nature of true service by washing their feet. He emphasizes that as their Lord and Master, He performed this humble act to illustrate the call to love and serve one another. Jesus states, 'For I have given you an example, that you should do as I have done to you' (John 13:15). This act not only reflects His humility but also signifies the importance of servanthood in the Kingdom of God. Christians are called to follow this example, serving one another out of love and for the glory of God.

John 13:13-16

How do we know that the call to serve one another is biblical?

Scripture calls believers to serve one another, following Jesus' example of humility and love.

The call to serve others is deeply rooted in the teachings of Jesus and echoed throughout the New Testament. In John 13:15, Jesus explicitly instructs His disciples to serve one another as He served them, establishing a clear mandate for all believers. Furthermore, 1 Peter 4:10 encourages Christians to use their gifts to serve others as stewards of God’s grace, showcasing that service is a central aspect of Christian life. The New Testament consistently emphasizes that true greatness in the kingdom of God is expressed through service to others, affirming the biblical foundation for this calling.

John 13:15, 1 Peter 4:10

Why is serving others important for Christians?

Serving others reflects Christ's love and fulfills our calling as His disciples.

Serving others is crucial for Christians as it embodies the love and humility of Christ, who came not to be served but to serve (Mark 10:45). This selfless love and service is a demonstration of our identity as followers of Christ. By serving others, we fulfill the commandment to love one another (John 13:34-35), which distinguishes us as His disciples. Furthermore, serving is a means of witnessing to the world, showcasing the transformative power of the Gospel in our lives. It builds community and fosters unity within the body of Christ, ultimately bringing glory to God.

Mark 10:45, John 13:34-35

What does Jesus' washing of the disciples' feet teach us?

It teaches us the significance of humility and the servant-hearted nature of discipleship.

Jesus' act of washing His disciples' feet serves as a profound lesson on humility and the essence of discipleship. By performing this servant's task, Jesus dismantled social hierarchies and demonstrated that no act of service is beneath a follower of Christ. He told His disciples, 'If I then, your Lord and Teacher, have washed your feet, you also ought to wash one another’s feet' (John 13:14). This directive not only reflects His example but also emphasizes the mandate for Christians to embody love through acts of service, no matter how humble the task may seem. It challenges believers to adopt a posture of servanthood, illustrating that true leadership in the kingdom is marked by service to others.

John 13:14

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestra Biblia
en el Evangelio según San Juan en su capítulo trece. Evangelio de San Juan, capítulo
trece. Dice la palabra de Dios antes
de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado
para que pasase de este mundo al Padre. Como había amado a
los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo
ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón
que le entregase, Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas
las cosas en las manos y que había salido de Dios y a Dios
iba, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una
toalla se la ceñó, luego puso agua en un lebrillo y comenzó
a lavar los pies de los discípulos y a enjugarlos con la toalla
que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro y
Pedro le dijo, señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús
y le dijo, lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora, más lo
entenderás después. Pedro le dijo, no me lavarás
los pies jamás. Jesús le respondió, si no te
lavaré, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro, Señor, no
solo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo,
el que está lavado no necesita sino lavarse los pies, pues está
todo limpio. Y vosotros limpios estáis, aunque
no todos. Porque sabía quién le iba a entregar,
por eso dijo, no estáis limpios todos. Así que después que les
hubo lavado los pies, tomó su manto y volvió a la mesa y les
dijo, ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y
Señor y decís bien por qué lo soy. Pues si yo, el Señor y el
Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para
que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de
cierto os digo, el siervo no es mayor que su señor, ni el
enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hiciéreis. No hablo de todos
vosotros, yo sé a quienes he elegido, mas para que se cumpla
la escritura, el que come pan conmigo, levantó contra mí su
calcañara. Desde ahora os lo he dicho antes
que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. De cierto,
de cierto os digo, El que recibe al que yo enviare, me recibe
a mí. Y el que me recibe a mí, recibe
al que me envió. Habiendo dicho Jesús esto, se
conmovió en espíritu y declaró y dijo, de cierto, de cierto
os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Entonces los
discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba. y uno
de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado
de Jesús. A este, pues, hizo seña Simón
Pedro para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. Él,
entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo, Señor,
¿quién es? Respondió Jesús, a quien yo diera
el pan mojado, aquel es. Y mojando el pan, lo dio a Judas
Iscariote, hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás
entró en él. Entonces Jesús le dijo, lo que
vas a hacer, hazlo más pronto. Pero ninguno de los que estaban
a la mesa entendió por qué le dijo esto, porque algunos pensaban,
puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía, compra lo
que necesitamos para la fiesta, o que diese algo a los pobres. Cuando él, pues, hubo tomado
el bocado, luego salió y era ya de noche. Entonces, cuando
hubo salido, dijo Jesús, Ahora es glorificado el Hijo del Hombre,
y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él,
Dios también le glorificará en sí mismo y enseguida le glorificará. Hijitos, aún estaré con vosotros
un poco. Me buscaréis. Pero como dije
a los judíos, así os digo ahora a vosotros. Adonde yo voy, vosotros
no podéis ir. Un mandamiento nuevo os doy,
que os améis unos a otros como yo os he amado, que también os
améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois
mis discípulos, si tuvierais amor los unos con los otros.
Le dijo Simón Pedro, Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió,
a donde yo voy, no me puedes seguir ahora, más me seguirás
después. Le dijo Pedro, señor, ¿por qué
no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Jesús
le respondió, ¿tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto
te digo, no cantará el gallo sin que me hayas negado tres
veces. estamos estudiando este capítulo
trece del evangelio de Juan y estamos meditando en lo que dijo Jesús
y esta noche vamos a meditar en lo que dijo Jesús específicamente
acerca del servicio. El Señor Jesús dio una enseñanza,
una lección de servicio. El Señor Jesús hizo algo que
ilustraba todo lo que es su obra de redención y específicamente
lavó los pies de sus discípulos con el propósito de ayudarles
a entender la naturaleza de su reino, de ayudarles a entender
la naturaleza de su obra. Y el Señor no simplemente hizo
aquello y dejó que cada quien se imaginara qué significaba
lo que Él hizo, sino que después de volver a su lugar, el Señor
Jesucristo, que es el Maestro con L, con M mayúscula, Él es
el Maestro se encargó de explicar qué es lo que significaba lo
que él había hecho a sus discípulos y el Señor dijo algunas cosas respecto
a lo que a lo que él había hecho y En realidad, llevaba el propósito
no solo de simplemente una lección de servicio, sino de poder entender
la naturaleza de su obra de redención. El Señor Jesús dice, vosotros,
versículo 13, vosotros me llamáis maestro y señor y decís bien
porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro,
he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies
los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para
que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de
cierto os digo, el siervo no es mayor que su Señor, ni el
enviado es mayor que el que le envió. si sabéis estas cosas,
bienaventurados seréis si las hicierais". Y el Señor Jesucristo
se toma el tiempo para explicar qué es lo que Él ha hecho con
ellos. Recuerde que el Señor hizo algo que todos ellos sabían
que era parte de sus usos y costumbres y que debía haber hecho antes
de cenar. El siervo de la condición más
baja debía haber lavado los pies de aquellos que estaban invitados
a la cena. Sin embargo, no se hizo. Y el Señor Jesús se levantó y
Él hizo este trabajo. Dentro de lo que eran los siervos,
había ciertas categorías de siervos, y el Señor Jesús estaba haciendo
el trabajo del siervo de menor categoría. Y el Señor primeramente
hace una declaración. ¿Qué es lo que dice el Señor
acerca de lo que Él ha hecho? El Señor dice, vosotros me llamáis
Maestro y Señor, En el versículo 12, él cierra con una pregunta,
dice, ¿sabéis lo que os he hecho? Y versículo 13, vosotros me llamáis
maestro y señor y decís bien porque lo soy. Jesús está diciendo
que decirle maestro y señor es algo correcto. En varias ocasiones
no fui exhaustivo en poner solo en Juan las veces que la gente
se refirió a él como maestro. pero nunca él corrigió a alguien
por llamarle maestro. Uno de los ejemplos que pudiéramos
ver es, por ejemplo, en el capítulo 1, versículo 38, Andrés dice,
y volviéndose Jesús y viendo que le seguían, les dijo, ¿qué
buscáis? Ellos le dijeron, Rabí, que traducido
es maestro, ¿dónde moras? Y Jesús no les llamó la atención
por eso, les dijo, venid y ved, Fueron y vieron dónde moraba
y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
Y más adelante se nos dice que Andrés era uno de aquellos dos
que había oído a Juan decir que era el Cordero de Dios y había
seguido a Jesús. En el mismo capítulo, Natanael
respondió y le dijo, Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres
el Rey de Israel. Nicodemo también lo identificó
como maestro y dice, había un hombre de los fariseos que se
llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos, este vino a
Jesús de noche y le dijo, Rabí, sabemos que has venido de Dios
como maestro porque nadie puede hacer estas señales que tú haces
si no está Dios con él. Cuando el joven rico vino y le
dijo, maestro, bueno, Y el Señor sí le llamó la atención, pero
respecto a que le decía bueno. Y el Señor quiso hacer énfasis
en el hecho de que, ¿por qué me llamas bueno? ¿Por qué estás
preguntando acerca de lo que tienes que hacer para ser salvo? A un maestro, si simplemente
lo reconoces como un maestro bueno en el sentido humano. Jesús
le dijo, solo hay uno bueno. Y Jesús está llamando la atención
hacia lo que el Espíritu Santo ha puesto como propósito en Juan
al escribir, al hecho de que Jesús no es simplemente un maestro
bueno y humano, sino que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,
que Cristo es el Verbo Eterno que ha tomado forma humana. que
se ha hecho hombre. Si el asunto era maestro bueno
en el sentido de maestro, el maestro y bueno en el sentido
absoluto, sólo Dios es bueno. Dice alabá, tachubá, porque Él
es bueno. Y el Señor dice aquí que el hecho
de que le llamaran maestro no estaba mal hecho, era correcto
llamarle maestro, era correcto llamarle llamarle señor y él
dice ustedes me llaman maestro y señor y decís bien porque lo
soy. Ahora después el maestro, el
señor Bueno, en el sentido de señor, él es el rey de reyes
y él es el señor de los señores. Él es el cumplimiento de la profecía
del Antiguo Testamento. En el Apocalipsis se le ve en
el trono y reconocido como el señor, el señor de los señores. Y él dice, después dice él, pues
si yo el maestro, dice, Versículo 14, pues si yo el Señor y el
Maestro he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros. Pues si yo el Señor y el Maestro
os he lavado vuestros pies. ¿Cuál fue el propósito del Señor
al lavarles sus pies? Decía yo antes que el propósito
era hacerlos entender la naturaleza de su reino. Ellos habían tenido
frecuentes discusiones acerca de quién era el mayor en el reino. La madre de algunos de ellos
había pedido que uno se sentara a la derecha y el otro a la izquierda.
Y el señor estaba mostrando la naturaleza de su reino, pero
el señor les estaba ayudando a entender la naturaleza de su
obra. el hecho de que el señor es anunciado por el profeta Isaías
como el siervo del señor. Y cuando pensamos en que hizo
el trabajo del siervo más humilde, fue un choque, por ejemplo, para
el apóstol Pedro, que él decía, señor, tú no me puedes lavar
los pies. dentro de la costumbre estaba
prohibido que un maestro exigiera que sus discípulos le lavaran
los pies y eso era muy chocante para él pensar que si ni el maestro
lo podía exigir pero ahora resulta que el maestro a quien Dios le
ha revelado a Pedro que no simplemente es un maestro Porque Dios se
ha revelado a Pedro y él ha dicho, tú eres el Cristo, el Hijo del
Dios viviente. Tú eres el Rey de Israel. Natanael había dicho, eres el
Rey de Israel, eres el cumplimiento de la profecía. Y resulta que
él está lavando sus pies. Pero esta no es la más grande
humillación del Señor Jesucristo. Hemos dicho que El hecho de que un hombre pudiera
convertirse en gusano no es una gran humillación. Y el hecho
de que como hombre él tomara el trabajo del siervo más bajo
tampoco era el mayor grado de humillación. El mayor grado de
humillación es el que está descrito en la escritura por el profeta
Isaías en su capítulo 52 de los versículos 13 en adelante hasta todo el 53,
ahí se describe lo que es la verdadera humillación del Señor
Jesucristo, el hecho de que se humilló hasta lo sumo, de que
se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Y cuando usted
piensa en lo repugnante que era el trabajo de lavar los pies,
unos pies sucios de caminos polvorientos, de sandalias en verdad que era
un trabajo que quizá pues no era muy apetecido de hacer y
era pues una tarea humillante, pero la Biblia describe allí
al Señor Jesucristo como el siervo del Señor y dice la escritura
ahí, he aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido
y exaltado, será puesto muy en alto Como se asombraron de ti
muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres, su parecer y
su hermosura más que la de los hijos de los hombres. Así asombrará
él a muchas naciones. Los reyes cerrarán ante él la
boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán
lo que jamás habían oído. ¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? subirá cual
renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca, no hay parecer
en él ni hermosura, le veremos más sin atractivo para que le
deseemos, despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,
experimentado en quebranto, y como que escondimos de él el rostro,
fue menospreciado y no le estimamos. Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos
por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue
por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo
de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros
curados. Todos nosotros nos descarriamos
como ovejas, cada cual se apartó por su camino. Mas Jehová cargó
en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él y afligido, no
abrió su boca. Como cordero fue llevado al matadero,
y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado,
y su generación, ¿quién la contará? porque fue cortado de la tierra
de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se
dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte. Aunque nunca hizo maldad ni hubo
engaño en su boca, con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándolo
a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en
expiación por el pecado, verá el linaje Vivirá por largos días
y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el
fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. Por su
conocimiento justificará mi siervo justo a muchos y llevará las
iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con
los grandes y con los fuertes repartirá despojos, por cuanto
derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores. habiendo llevado el pecado de
muchos y orado por los transgresores. Sabe, era chocante el poder pensar
que iba a lavar unos pies sucios. Pero sabe, la mayor humillación
es lo que se está describiendo aquí, de aquella limpieza que
le dijo a Pedro, el que ya está lavado no necesita sino lavarse
los pies. Habla aquí acerca de ese lavamiento
que hizo a favor de su pueblo, de ese lavamiento que hizo al
llevar sobre sí el castigo del pecado de su pueblo. Habla de
ese, dice, cuando haya puesto su vida por expiación por el
pecado, ¿sabe? De esa sangre que era necesaria
para poder limpiar al pecador de su pecado. Dice, llamarás
nombre Jesús porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Y
lo hizo porque derramó su sangre para poder limpiar a su pueblo
de sus pecados. Y sabe, el Señor estaba dando
una lección de la naturaleza de su obra, que en ese momento
no era clara para el apóstol Pedro aún, pero damos gracias
a Dios porque Dios en un proceso fue aclarando y sabemos que se
cumplió lo que dijo Jesús. Lo que yo hago, no lo comprendes
ahora, más lo entenderás después. Y cuando leemos Primera de Pedro,
sabemos que Pedro, que lo que dijo Jesús se cumplió en el apóstol
Pedro, entendió después. Él tuvo claro algo porque él
cita al profeta Isaías y habla de ese pasaje de Isaías y él
dice a los hermanos, le dice, sabiendo que fuisteis rescatados
de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros
padres, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la
sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin
contaminación. ¿Sabe? Lo que Jesús estaba haciendo
no era claro para Pedro, pero cuando vemos Primera de Pedro,
por supuesto que lo había entendido. El Señor había prometido que
lo iba a entender y Pedro lo entendió. Y Pedro es un instrumento
del Espíritu para que nosotros podamos entender qué es lo que
Jesús hizo. ¿Sabe? no era lo más repugnante lavar
unos pies mugrosos. Lo más repugnante es lo que Jesús
hizo sirviendo a su padre por causa del pecado de su pueblo. La figura de la descripción del
pecador es más terrible que poder mirar unos pies sucios. El mismo
profeta Isaías dice, oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad,
generación de malignos, hijos depravados, dejaron a Jehová,
provocaron a ir al santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué
querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda
cabeza está enferma y todo corazón doliente, desde la planta del
pie hasta la cabeza, no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón
y podrida llaga, no está curadas, ni vendadas, ni suavizadas con
aceite. Y esta es la descripción de cómo
Dios ve al hombre en su condición natural. ¿Sabe? Esta era nuestra
condición y la única manera de que esta condición pudiera ser
cambiada era que el Señor Jesucristo hiciera el servicio de lavar
no precisamente unos pies mugrosos, sino de lavarnos a personas que
éramos repugnantes a su vista. ¿Sabe? La figura es la figura,
esta descripción es la figura de una persona leprosa. Y una persona leprosa es prácticamente
carne que se está pudriendo. ¿Sabe? Si usted la envuelve en
una ropa por muy bonita que esté la ropa, se va a contaminar la
ropa y no se soluciona, no se puede cubrir, es algo totalmente
repugnante. ¿Sabe que el Señor Jesucristo
vino en servicio, como servicio, como el siervo del Señor? Y su
mayor grado de humillación fue lo que él tuvo que pasar para
proveer limpieza, expiación del pecado, el cargar el pecado de
su pueblo sobre sí mismo, el sufrir el castigo por su pueblo,
y el proveer la única sangre que puede quitar pecados. La
sangre de Jesucristo, su hijo, nos limpia de todo pecado. ¿Sabe? el siervo del Señor. Y es interesante
que cuando pensamos Él es el siervo del Señor que vino y sirvió
al Señor. El hombre Adán fue puesto para
servir al Señor y todos nosotros ser siervos del Señor. Pero la Biblia cuando describe
al hombre caído en pecado dice, a una se hicieron inútiles. ¿Sabe la condición del hombre
en su pecado? Que es podrida llaga, hinchazón
y es un inútil. Pero sabe, Cristo es el siervo
que hizo todo lo que el pueblo de Dios fracasó en hacer, proveyó
la sangre que nos puede limpiar de la culpa por nuestro fracaso
como siervos, como siervos de Dios. Ahora, después dice el
Señor, Pues si yo el Señor y el Maestro
he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los unos
a los otros. Vosotros también debéis lavaros
los unos a los otros. Y aquí el Señor está hablando,
y está hablando como Señor y también como Maestro. Aquí está dando
una orden como Señor. Vosotros también debéis lavaros
los pies los unos a los otros. Por causa de lo que el Señor
hizo, somos llamados a obediencia y debéis lavaros los pies los unos
a los otros. Pero damos gracias a Dios porque
el Señor está haciendo una obra en nosotros. y debemos ver no simplemente como una orden
de un señor, sino como un privilegio, hay cosas que hacemos por deber
pero que no simplemente tienen que ser deber, deben ser también un deleite
y sólo Dios obrando, cuando Dios ha obrado nuestro corazón, cuando
el siervo del Señor ha lavado nuestro corazón y está Proveyendo
cada día para la limpieza de nuestro corazón de una manera
continua, podemos hallar el mismo deleite que él halló en hacer
la voluntad de su padre. Y es, alguien escribió y decía,
dice, darle un beso a mi esposa, dice, es algo que debo de hacer,
pero no está bien cumplido el hecho de que yo le dé un beso
a mi esposa por deber. también debe tener, debe haber
un placer en hacerlo, en amar a mi esposa. Y esa es la obra
del Señor también de poder, debéis serviros los unos a los otros,
pero no sólo el deber, sino movidos por lo que dice la Escritura,
el amor de Cristo nos constriñe. El amor de Cristo nos constriñe,
dice, que uno murió por todos y por todos murió para que los
que viven no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó
por ellos. ¿Y sabes? Servirnos los unos
a los otros es servir al Señor Jesucristo, porque somos miembros
de su cuerpo. Somos el cuerpo de Cristo y servimos
a Cristo cuando nos servimos unos a otros. Y si bien el Señor
aquí está dando un mandamiento, también después él dice, dice, si yo en el sentido de
señor, más adelante el señor dice, De cierto, de cierto os digo,
el siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor
que el que le envió. Y un asunto queda claro. Voluntariamente, el señor ha atraído a su pueblo,
así así, con lazos de amor. El señor ha dado vida a su pueblo,
y el señor se ha revelado a su pueblo, y su pueblo le ha visto
a él como maestro y como señor. ¿Sabe? Y el pueblo de Dios clama
a Él como Señor, clama a Él como Maestro. Cuando Dios quitó la
ceguera de los ojos de Tomás y Él dijo, Señor mío y Dios mío. ¿Sabe? El Señor está diciendo
aquí, ustedes me llaman Señor. Pues si ustedes me llaman Señor,
entonces ustedes no son mayores que yo. Y si no son mayores que
yo, entonces no debe haber una actitud de extrañamiento del
hecho de que es necesario servirnos por amor unos a los otros, porque
aquel que es el Señor, en su naturaleza está el hecho de servir
por amor. sirve por amor a su padre, y
como consecuencia del servicio de amor hacia su padre, pues
su pueblo es beneficiado. Y saben, mostramos su carácter
cuando nos servimos por amor los unos a los otros. Y después
dice el Señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Y me llama mucho la atención
que, en el contexto de este pasaje, es el enviado, no es mayor que
el que le envió. ¿Y a qué es que el Señor ha enviado? Cuando pensamos a qué es que
el Señor ha enviado, el Señor ha enviado, y por lo menos hay
dos ocasiones en que dice el Señor, y predicate el evangelio
a toda criatura. Y dice, por tanto, id y haced
discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles que guarden
todas las cosas que yo os he mandado. Y aquí estoy con vosotros
todos los días hasta el fin del mundo. Sabe, todo creyente es
un enviado y tampoco es mayor, no somos mayores que el Señor
que nos ha enviado, el Señor Jesucristo, pero también tiene
relación con la obra que el Señor Jesucristo hace en su pueblo,
en sus enviados. Recuerde que dice, vosotros sois
real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios para
que anunciéis las virtudes del que os llamó de las tinieblas
a su luz admirable. Y allí mismo en Isaías, versículos
antes de hablar del siervo del Señor, dice Isaías 52, 7, cuán
hermosos son sobre los montes, y hace referencia a algo interesante,
dice, los pies del que trae alegres nuevas. Y sabe, el Señor estaba
enviando y había lavado sus pies. Pero sabe, en un sentido más
profundo es que trae el que anuncia las nuevas, las buenas nuevas
del Evangelio, tiene pies hermosos porque ha sido lavado por la
sangre del Cordero. Sabe, eso es lo que hace tener
pies hermosos. y podemos escuchar otra vez al
Señor Jesús que dice ya vosotros estáis limpios y el que está
limpio no necesita sino lavarse los pies y cuando nos dice después el
Señor después de hablar como Señor toma otra vez como Maestro
y dice como Maestro os he dado ejemplo para que como yo os he
hecho vosotros también hagáis ¿sabe? cuando pensamos cómo el
Señor nos ha hecho y cómo es que nosotros tenemos que hacer.
Cuando pensamos cómo el Señor nos ha hecho, tenemos que pensar
quién es el Señor y quiénes somos nosotros. ¿Sabe? El Señor es
digno. El Señor es el Rey de reyes y
es el Señor de los señores. El Señor es santo, santo, santo. El Señor es tal que en varias
ocasiones en este Evangelio se ha parado delante de sus enemigos
y ellos lo han acusado de muchas cosas, pero Él se ha parado delante
de sus enemigos y ha dicho, ¿Quién de vosotros me redargulle de
pecado? ¿Y sabe quién lo hizo? Nadie lo hizo. Nadie lo acusó
de pecado. ¿Sabe? Él, el Señor dijo, el
que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Y él
era el único que podía tirar la piedra, pero él vino a salvar
a su pueblo de sus pecados. ¿Y sabe? Cuando pensamos en quién
es su pueblo, ¿y sabe? Su pueblo está constituido por
descendientes de Adán que cayó en pecado, Adán
que fracasó en hacer aquello para lo cual Dios le puso en
esta tierra, Adán que fue hecho a imagen y semejanza de Dios,
tenía la mayor responsabilidad de reflejar el carácter de Dios,
¿sabe qué? Cayó en pecado y con él toda
la raza humana, aborrecedores de Dios, gente en rebelión contra
Dios, Dice la Biblia, no hay quien busque a Dios. Dice, no
hay ni siquiera, no hay justo ni alguno. A unas se hicieron
inútiles. Sabe, gente que dice la Biblia,
enemiga de Dios. Y que Dios, a pesar de que éramos
enemigos, dice, Cristo murió por nosotros. Sabe, cuando pensamos
en eso, tenemos que pensar es, ¿Qué es lo que nosotros merecíamos
de parte de Dios? ¿Qué es lo que nosotros merecíamos
de parte del Señor Jesucristo? ¿Merecíamos amor? ¿Merecíamos
servicio? ¿Sabe qué? No merecíamos sino
una sola cosa. Hay una sola cosa que Dios le
debe a la humanidad. Y esa sola cosa, dice la Biblia,
por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios.
Dice la Biblia, la paga del pecado es muerte. Y eso es lo único
que Dios nos debe. Darnos muerte, condenación eterna. Su ira es lo único que merecemos. Pero, ¿sabe? Sin merecer, Dios
dice con amor eterno, te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia. Alabat Akevab, porque Él es bueno,
porque para siempre es su misericordia. Hay una traducción que dice,
alabat al Señor porque Él es bueno, su gran amor perdura para
siempre. Y sabe, mereciendo su ira, me
ha amado. mereciendo su condenación me
ha servido. Se hizo humilde al mayor grado
de humillación, obediente hasta la muerte y muerte de cruz. ¿Y
sabe qué ha provisto para hacerme limpio? Ha provisto para hacer
que pueda tener unos pies que son hermosos. Cuán bellos son
sobre los montes los pies de los que anuncian. Y si bien ha
llamado a personas que proclaman como un ministerio especial,
en un sentido, todo creyente está llamado a anunciar y el
Señor ha provisto todo para que tengamos pies hermosos. Y sabe,
así como Cristo hizo, es que somos llamados a servir. Sabe,
no tengo que pensar si mi esposa merece que le ame o no le ame.
Yo no lo merezco y Él me amó. Y así como Él hizo, soy llamado
a amar. No tengo que pensar si los hermanos
No se trata de si alguien merece o no merece. Se trata de que,
como Él hizo, y sabe cómo Él hizo, Él me amó sin que mereciera. Mereciendo únicamente que Él
me destruyera, Él me ha amado con amor eterno. Mereciendo que
Él descargara toda su ira, fue el objeto de la ira de su padre.
¿Y sabe qué? Mereciendo ser lanzado a las
profundidades del infierno, él me ha sentado juntamente con
Cristo en los lugares celestiales. ¿Y sabe? Esa es la clase de amor
que debemos tener los unos por los otros. Y cuando pensamos
en una manera práctica, podemos pensar, ya Cristo nos ha alabado. Sin embargo, seguimos caminando
en este mundo polvoriento del pecado y nuestros pies se ensucian. ¿Sabe? Algo que es común en este
mundo es señalar los pies sucios. La gente está rápida en el mundo. La prensa, por ejemplo, vive
de estar señalando y exagerando las cosas que están mal en las
personas. ¿Sabe qué? Hay algo distinto
que hizo el Señor Jesús. El Señor Jesús no se puso a decir,
qué apestosos están tus pies, Pedro, o qué sucios están tus
pies, Andrés. ¿Sabe? El Señor Jesús lavó los
pies. ¿Sabe? Leímos allá en la lectura
en Pedro, y justamente el apóstol Pedro comprendió, comprendió
acerca de la naturaleza de la obra del Señor Jesús, comprendió
lo que él proveyó para la limpieza de su pueblo, comprendió acerca
del servicio. Él dice revestidos de humildad,
revestidos de servicio, pero dice allí en el capítulo 4 que
leímos de Primera de Pedro, Versículo 7, y qué pertinente
que es, dice, mas el fin de todas las cosas se acerca, sed pues
sobrios y velat en oración. Y ante todo tened entre vosotros
ferviente amor, porque el amor cubrirá multitud de pecados.
Y habla de servicios, pedaos los unos a los otros sin murmuraciones.
Y habla de servir, y con lo que Dios nos dice, cada uno según
el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios. Y si alguno habla, hable conforme
a las palabras de Dios. Si alguno ministra, ministre
conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado
por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los
siglos de los siglos. Amén. Y que uno dice, ferviente
amor, porque el amor cubrirá multitud de pecados. Y sabe,
sin duda vamos a ver manchas en los pies de nuestros hermanos
en Cristo, manchas en los pies de nuestra esposa, de nuestros
hijos. Y sabe, somos llamados a hacer como Cristo hizo, no
a poner y apuntar y empezar a hablar de la mancha. No está hablando
aquí que nos encubrimos los pecados, pero está hablando que el amor
cubre multitud de pecados, que siguiendo el ejemplo del Señor
Jesucristo podemos amonestarnos con amor los unos a los otros.
Dice la Escritura, Hermanos dice, si alguno de entre
vosotros se ha extraviado de la verdad y alguno le hace volver,
sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino,
salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados. No es encubrirnos. sino cubrir nuestros pecados
porque nos llamamos unos a otros al arrepentimiento, porque nos
consideramos a nosotros mismos. Dice, si alguno de vosotros es
sorprendido en una falta, dice, vosotros que sois espirituales,
restauradle con espíritu de mansedumbre. ¿Sabe? El llamado a alabarnos
Los pies los unos a los otros, no es cuando llegue la celebración
de la Semana Santa invitar a unos hermanos acá y hacer un show
acá que se quiten sus zapatos, ¿sabe? Es el hecho de poder,
estamos en este mundo y se nos ensucian los pies, ¿sabe? Y es
el hecho de considerarme a mí mismo. no sea que también sea
tentado. Es venir y con espíritu de mansedumbre
y de amor, en lugar de salir y decirle a medio mundo lo que
he visto, es poder confrontar amorosamente a mi hermano, considerando
que soy un pecador necesitado de la misma gracia, que puedo
ser un instrumento de redención en las manos del Señor Jesucristo
y de hablar la palabra porque es por la palabra. Dice ya vosotros
estáis limpios por la palabra. No hay otra forma sino en el
lavamiento del agua por la palabra. No son mis palabras sino es ante
la suciedad evidente del hermano venir y tomar la figura de lo
que hizo el Señor Jesucristo y poder considerarme y hacer
con amor un lavamiento de los pies. Sabe poder llamarlo al
arrepentimiento, poder orar por él, poder decirle a él directamente
el asunto y no a alguien más. Ese es el amor cubre multitud
de pecados. Sabe que el Señor nos ayude a
seguir ese ejemplo del Señor Jesucristo y que nos dé el tacto
cuando lavamos los pies, quizá algunas veces tengamos que cuidar
la temperatura del agua. No se trata de venir con demasiado
fervor y quemar los pies del hermano, o ser demasiado fríos
y distantes. Que el Señor nos guíe y podamos
recordar, somos llamados a tener ferviente amor. Y más, por lo
que dice el versículo 7, el fin de todas las cosas se acerca,
sed pues sobrios y velate en oración. Y sabe a poder hacer
como Cristo ha hecho. El Señor no se puso a criticar
sus pies sucios. El Señor se levantó y el Señor
lavó sus pies. Y sabe, somos llamados no a hablar
del polvo o de la mugre en los pies que se nos impregnan en
el polvo de este mundo lleno de pecado. somos llamados a hacer
como Cristo ha hecho. ¿Pero qué el Señor después habla
acerca? Bueno, que Él sabía de quienes
estaba hablando. Damos gracias a Dios porque aquellos
que hemos recibido ya una obra interna de Su gracia, aquellos
que hemos recibido la obra de humillación más profunda que
fue lo que Él hizo para proveer la limpieza de nuestras almas,
poder seguir ese ejemplo. Y sabemos que vamos a ir cada
día entendiendo, así como Pedro, leemos esta epístola y nos queda
claro que las palabras de Cristo se cumplieron. Lo que yo haga
ahora, no lo comprendes, pero lo entenderás después. Y cuando
nosotros leemos cómo él valora y habla acerca de la obra de
Cristo, de esa sangre que nos rescata de la vana manera de
vivir, Cuando vemos cómo habla acerca del Señor Jesucristo,
de la humildad, de no el temor al hombre, sabemos que lo que
Cristo hizo, aunque no lo comprendió en ese momento, después lo comprendió,
lo entendió. Y nuestra oración es que el Señor
igual cada día nos haga entender. Hay muchas cosas que en este
momento Dios hace con nosotros que no las entendemos, pero podemos
confiar. que Él nos va a hacer entenderlas
total y plenamente. Y, pues, el llamado es ven al
Señor Jesucristo. Sólo el Señor Jesucristo puede
proveerte de unos pies hermosos. Cuán bellos son sobre los montes. Y no son bellos sus pies porque
ellos hicieron algo para tenerlos bellos, ¿sabes? Son bellos porque
el Señor Jesucristo ha lavado los pies de su pueblo, pero ha
lavado algo más que sus pies. Les ha lavado el corazón engañoso
y perverso más que todas las cosas. Y les ha dado un corazón
nuevo, un corazón de carne. Amén.

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Joshua

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