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Jose Dzul

La soberania de Dios en la salvación

Luke 23:39-43
Jose Dzul September, 4 2016 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul September, 4 2016

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Es un placer en esta mañana de
tener con nosotros al pastor José Soule de Tecala, Venegas. He conocido a él desde que era
un chamaco. Y él ha sido un fiel predicador. Y él está luchando, predicando
allá en esa mala hora. Si se puede pensar, en nombre
de él, orar a Dios. que le bendiga en ese ministerio
allá. Está luchando allá en Isamal. Usted sabe que Isamal es muy
grande y muy, muy católico. Pero él está predicando allá. Hay pocas personas, pero ahora
están buscando un terreno donde pueden tener su templo. José venga y predica. Oren por mí o en la noche voy
a intentarlo, de nuevo en la noche. Muy bien. Buenos días, hermanos. Es un placer estar con ustedes hoy en esta
mañana. Es un gozo para mí estar con
vosotros. Y qué bueno que en esta mañana
estamos aquí reunidos para adorar a Dios en espíritu y en verdad. Esa es la manera de adorar al
verdadero Dios. Esa es la manera de adorar al
verdadero Dios, el Dios vivo, eterno e inmutable, el Dios de
las Escrituras. Es esa forma, es esa manera en
que podemos adorarlo en espíritu y en verdad. Hoy en esta mañana
quiero que pensemos sobre la soberanía de Dios en la salvación. La soberanía de Dios en la salvación. Dios es soberano en salvar. ¿Por qué hablamos de la soberanía
de Dios? Porque así lo dice su palabra. Porque así lo dicen las santas
escrituras. Las santas escrituras dicen que
Dios es soberano. Él hace su voluntad en el ejército
del cielo y en los habitantes de la tierra. Y no hay quien
detenga su mano y le diga qué haces. Ese es el Dios de las santas
escrituras. Ese es el Dios que debemos adorar,
creer, y seguirlo. No seguir otros dioses falsos. Otros dioses falsos necesitan
la ayuda del hombre. No puede hacer lo que quiere.
No puede hacer lo que quiere. Tiene que hacer lo que el hombre
quiere. Pero ese no es, ese es un dios falso, un dios mentiroso. Y ese dios no debe ser creído. No debe ser adorado, no debe
ser seguido por nadie. Porque todas aquellas personas
que siguen ese Dios se van a perder para siempre en el infierno.
Ahora en esta mañana vamos a pensar sobre lo que leímos en la palabra
de Dios sobre la salvación de uno de estos ladrones. Sobre la salvación de uno de
estos ladrones. Como escuchamos y vimos en la
palabra de Dios, dice que uno de los malhechores que estaba
colgado o crucificado, injuriaba a Jesús diciendo, si tú eres
el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Él se burlaba del
Cristo de Dios. Él está diciendo, demuestra que
tú eres el Cristo de Dios salvándote tú de la muerte y también salvándonos
a nosotros. Es lo que decía uno de estos
ladrones. Respondiendo el otro, le arrependió
diciendo, ni aun temes tu a Dios, estando en la misma condenación,
nosotros a la verdad justamente padecemos porque recibimos lo
que merecieron nuestros hechos, mas este ningún mal hizo. Ahora, este otro hombre está
hablando de una manera diferente, de una manera, antes este hombre
también hablaba decía las mismas cosas a Jesús como el otro se
burlaba de Jesús le injuriaba lo blasfemaba y todas estas cosas
pero ahora su actitud es otra hay un cambio en él hay un cambio
en este otro ladrón porque está diciendo nosotros merecemos lo
que estamos padeciendo pero éste no merece lo que está padeciendo
no merece nosotros lo merecemos porque somos malos somos malos
nuestros hechos son malos y merecemos esto entonces este hombre dijo
a Jesús acuérdate de mí cuando vengas en tu reino entonces Jesús
le dijo de cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso
que seguridad ¿Qué seguridad? El Señor Jesús
dijo, hoy vas a estar conmigo en el paraíso. Hoy mismo, no
mañana, no otro día. No vamos a esperar un tiempo
para que tú estés conmigo en el paraíso, sino hoy mismo. Hoy mismo vas a estar conmigo,
no solo, sino conmigo. Bueno, en esta mañana vamos a
pensar sobre la soberanía de Dios en la salvación. ¿De quién
depende la salvación? ¿De quién depende la salvación? ¿La salvación de un pecador depende
de sí mismo o depende de Dios? Hay personas, hoy en día, piensan
que la salvación de su alma depende de él. Depende de su voluntad,
depende de su decisión. Bueno, tales personas que dicen
esto, tales personas que creen esto, todavía están en tinieblas. Están en oscuridad espiritual. No les ha amanecido. Por esa
razón, ellos piensan así y creen de esa manera. Las Sagradas Escrituras
nos enseñan que la salvación es de Jehová. La salvación es totalmente de
Dios. Es todo de Dios. No una parte
de Dios y una parte del hombre. No es así. Toda la salvación es del Señor
y toda la gloria de la salvación es del Señor, dicen las escrituras. La salvación de cada pecador
de este mundo depende de la decisión soberana de Dios. El apóstol Pablo pregunta, ¿qué
tienes tú que no hayas recibido? Y si recibiste algo, ¿por qué
te jactas? ¿Por qué te glorías? ¿Tienes
algo? Porque Dios te lo dio. ¿Eres
salvo? Porque Dios te salvó. ¿Eres limpio? Porque Dios te limpió. ¿Eres
rico en Cristo? Porque Dios te enriqueció. Job
dijo, yo nací en este mundo desnudo, no trayendo nada, y así voy a
volver. Y así en el asunto de la salvación. No tenemos parte ni suerte en
nuestra salvación. Toda la salvación depende de
Dios. Depende de Dios. Ahora, el primer
punto de nuestra enseñanza es que Dios es soberano en salvar. Vamos a leer lo que dice la palabra
de Dios en el libro de Romanos capítulo 9. Dios es soberano en salvar. en salvar. Dice en versículo 13, como está escrito, a Jacob amé
más a Esaú aborrecí. Dice a Jacob amé y a Esaú aborrecí. ¿Por qué fue esto así? ¿Acaso
Esaú era tan malo que Jacob? No. Eran hermanos. Eran hermanos. ¿Acaso Jacob era un buen hombre? No. Era un mentiroso. Era un mentiroso. ¿Pero quién
decide aquí amar a este hombre malo? ¿Quién decide amar a este
hombre malo llamado Jacob? Dios. Dios dice, yo amé a Jacob. Yo quise amar a Jacob. Yo lo quise amar con amor eterno. Y a Esaú no quise amarlo. Muchos piensan esto es una injusticia. Es injusticia de Dios. Pero estas
personas que hablan así no piensan en la soberanía de Dios. Dios
tiene todo el derecho de hacer con lo que es suyo. Dios tiene todo el derecho de
hacer con lo que es suyo. Dios tiene derecho de hacer con
sus criaturas lo que Él quiere hacer. Si Dios hubiese querido, Él me hubiera abandonado. Si Dios hubiese querido, él te
hubiera abandonado. Pero aquí Dios muestra su misericordia
a ti, muestra su gran amor a ti, amándote con amor eterno, escogiéndote
antes de la fundación del mundo para que tú lo conozcas y seas
salvo por su gracia. Dice, a Jacob amé y a Esaú aborrecí. De Dios depende amar al que Él
quiere amar. al que quiere amar. Dice, pues
a Moisés dice, tendré misericordia del que yo tenga misericordia
y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende
del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Aquí en la lectura vemos que
hay dos hombres. Dos ladrones. Hay dos hombres,
hay dos ladrones crucificados, cada uno al lado del Señor. Al principio los dos mostraron,
mostraron qué clase de hombres son. Blasfemando al Señor, injuriendo
al Señor, criticando al Señor, burlándose del Señor. Si vemos a esos hombres, esos
dos ladrones, con esa actitud, también nosotros nos vemos así.
Así somos antes. Así somos antes. Nos burlábamos
del Evangelio. Nos burlábamos de Dios o de Cristo. Blasfemábamos a Dios porque no
lo conocíamos. porque no lo creíamos. De igual
modo estos hombres se burlaban del Señor Jesucristo. Ahora,
en estos dos hombres no hay ninguna diferencia. Los dos son malos. Entre todos los pecadores que
somos en este mundo no hay ninguna diferencia. Todos somos pecadores
delante de los ojos de Dios. No hay ninguna cosa buena en
nosotros por naturaleza. No podemos hacer nada bueno para
que agrade a Dios sin la gracia de Dios. Todos somos inútiles
espiritualmente cuando nacimos en este mundo. Todos somos iguales,
impíos, pecadores, depravados delante de Dios. De igual modo
estos dos hombres no había ninguna diferencia. Los dos eran malos. los dos merecían la muerte la
condenación en el infierno los dos merecían esto de igual modo
cada uno de nosotros en nuestro pecado también merecíamos ser
condenados eternamente en el infierno por nuestros pecados
por nuestros hechos pero aquí vemos Aquí vemos que el Señor,
Él tiene todo el derecho de hacer con lo suyo lo que Él quiere
hacer. Él, en su voluntad soberana,
quiso salvar a uno de estos malhechores y dejar al otro morir en sus
pecados. ¿De quién depende esto? ¿Del
hombre? No. De la soberana voluntad de
Dios depende. Ahora, ¿cómo salva Dios? ¿Cómo
salva el Señor Jesucristo? El Señor Jesucristo salva únicamente
por su gracia, no por obras para que nadie se gloríe delante de
su presencia. El Señor nos salvó por su gracia,
como Pablo dijo a los efecios. Por gracia ustedes han sido salvos. Ustedes aquí en la mañana, ustedes
han sido salvos solamente por la gracia soberana de Dios. No porque hicieron algo bueno.
No porque están dedicados, no porque sirven a Dios. No, Dios
los salvó por su gracia. Dios los salvó para que cada
uno de nosotros le sirvamos a Él, le honremos a Él. Pero nuestro
servicio no es la causa de nuestra salvación. La causa de nuestra
salvación es su gracia. El efecto de la salvación es
servir a Dios, creer a Dios, honrar a Dios, seguir a Dios. Es el efecto de su gracia salvadora
en cada pecador que tiene la gracia de Dios en su corazón. Dios salva, no por dinero. no por dinero, ni por obras,
ni por algún mérito humano, ni por la religión, ni por ritos, ceremonias, sacrificios
religiosos. Dios no salva a nadie. Dios no
salva a ningún pecador por estas cosas religiosas. Todas estas cosas son trapos
de inmundicia, dice la palabra de Dios. La salvación de uno
de estos ladrones, aquí se demuestra la soberanía de Dios en su gracia
electiva. Dios en la eternidad, Él ha escogido
a las personas, a las personas que van a ser salvas. Dios escogió
las personas que van a ser salvas. ¿Quiénes son? Nosotros no lo
sabemos. Nosotros no sabemos quiénes son
las personas que Dios ha escogido para salvar. Pero todos los escogidos
de Dios están en las manos de Dios, esculpidas en las manos
de Dios. El Señor conoce a los suyos. El Señor sabe quiénes son su
pueblo, sus escogidos, dónde están esparcidos. Y donde está su pueblo escogido,
el evangelio verdadero va a llegar a ellos. Un predicador de Dios, un predicador
verdadero, va a ser enviado de Dios donde está el pueblo de
Dios para que predique la verdad, predique el evangelio de la gracia
de Dios. Y los que son ovejas de Cristo
van a oír la voz de Cristo. Mis ovejas oyen mi voz, yo las
conozco y me siguen, dice el Señor Jesucristo. De manera que
la salvación, la salvación de uno de estos hombres es una señal,
es una señal de la gracia electiva de Dios. ¿Quién iba a pensar? ¿Quién iba a pensar que uno de
estos malhechores, uno de estos impíos era uno de los escogidos
de Dios? ¿Quién pudo pensar esto? ¿Quién
podía? Los fariseos no podían pensar
eso, no podían creer esto. ¿Verdad? No lo podían creer. Pero Dios ha escogido a hombres
malos de este mundo. Jesús dijo que Él vino a salvar
a los pecadores. Él no vino a salvar a justos. Él vino a dar su vida por pecadores,
por gente impía, por gente mala, por gente despreciada de este
mundo. Del polvo, Dios levanta su pueblo
para hacerlo príncipe. De la muerte, espiritual, Dios
levanta su pueblo para darle vida, para hacer que esa persona
sea viva espiritualmente. Crea a Dios, crea a Dios. Venga el Señor Jesucristo. De
esta manera, podemos ver cómo el Señor, antes de la fundación
del mundo, nos escogió en el Señor Jesucristo para que seamos
santos, para que seamos un pueblo santificado, justificado, limpiado
por la sangre del Señor Jesucristo. Esto fue hecho en el pacto de
la gracia. Ahora, uno de estos malhechores
murió en sus pecados. ¿Por qué murió en sus pecados?
Porque el Señor lo dejó en su propio camino. ¿Qué hubiera pasado
si Dios nos hubiera dejado en nuestro propio camino? Nos hubiera
pasado igual como este hombre que no creyó a Dios. hubiéramos muerto todos en nuestros
pecados, separados eternamente de la presencia de Dios, sufriendo
eternamente en el infierno. Ahora, pero vemos al otro hombre,
al otro ladrón, cómo este hombre creyó en el Señor Jesucristo. creyó en el Señor Jesucristo
como su Señor y Dios. La pregunta de esta mañana es
¿Quiénes son los que van a creer a Dios? ¿Quiénes son las personas
que van a creer a Dios? Recordemos que es lo que dice
la palabra de Dios. Dice, creyeron todos los que
estaban ordenados para la vida eterna. Todos aquellos que estaban
ordenados en el propósito eterno de Dios, ellos creyeron a Dios. Ninguno faltó, todos creyeron
a Dios como su Señor y Salvador. ¿Quiénes van a creer? Todos aquellos
que Dios ha escogido para la vida eterna, ellos van a creer
a Dios. No solamente van a creer en Dios,
sino van a creer a Dios. Van a creer a Dios. Creer a Dios
es un gran milagro. Muchos tienen sus ojos en milagros
físicos. en milagros físicos. No pongamos
nuestros ojos en esos milagros físicos. Pongamos nuestros ojos
en esos milagros espirituales que Dios hace y ha hecho en nosotros. Creer a Dios es un milagro de
Dios. Un incrédulo, un hombre incapacitado
para creer a Dios Dios le hace creer a ese hombre. Dios hace
que esta persona confíe en él. Eso es un milagro de la gracia
de Dios. Es un milagro del evangelio.
Es un milagro del poder de Dios que nos hace creer a Dios. No creer solamente en Dios, pero
creer a Dios. Otro asunto que vemos aquí, en
la salvación de uno de estos ladrones. Uno de estos ladrones
que Jesús salvó, estando él en la cruz, estando este hombre
allá crucificado, ya casi muerto, ya casi muerto, estando este
hombre allá en la cruz, el Señor lo justificó. Allá en la cruz, casi medio muerto
este hombre, el Señor lo justificó, lo limpió de sus pecados, lo
lavó de todas sus iniquidades. ¡Qué maravilla! ¡Qué maravilla de la gracia,
de la misericordia de Dios! Alguien puede preguntar ¿Cómo
es que este hombre fue justificado ahí en la cruz? Este hombre fue
justificado en la cruz por medio de la imputación. Por medio de la imputación. Todos
los pecados de este impío, de este ladrón, de este pecador
Todos sus pecados fueron imputados al Santo Hijo de Dios. Todos sus pecados fue puesto
sobre el Señor Jesucristo. Todos sus pecados fue puesto
sobre el Sustituto, que es el Cordero de Dios. Ahora, La justicia, la justicia
del Cordero de Dios, la justicia del Señor Jesucristo fue imputado
en la cuenta de este hombre ladrón. Este hombre fue justificado en
la fe del Señor Jesucristo. No en su fe, sino en la fe del
Señor Jesucristo fue declarado justo. justo sin pecado delante de Dios. ¿Podemos creer esto? Un hombre
justificado delante de Dios dice, no tiene pecado. Está limpio de pecado, inocente. Por eso Pablo preguntó, ¿Quién
va a acusar a los escogidos de Dios? ¿Quién los va a condenar? Dios es quien ha declarado a
este hombre, tú eres justo delante de mis ojos. ¿Y quién lo va a condenar? Cristo
es el que murió por este pecador. Cristo pagó todas sus deudas
de pecado en la cruz del Calvario. al que no conoció pecado, hizo
pecado por nosotros para que fuésemos hechos la justicia de
Dios en el Señor Jesucristo. En el Señor Jesucristo. De manera
que este hombre ladrón, él creyó en el Señor Jesucristo y recibió
la justificación delante de Dios. La justificación delante de Dios
es por la justicia, por la fe del Señor Jesucristo. No es por
la causa de nuestra fe. Nuestra fe no es la causa de
nuestra salvación. No es la causa de ser justificado
o santificado. La fe de Jesucristo es la causa
total de nuestra salvación, de nuestra justificación, de nuestra
redención, de nuestra santificación. Cristo, su fe, es la causa. Pero este hombre fue justificado
gratuitamente mediante la redención del Señor Jesucristo. Dios es
justo en castigar a cada pecador abandonándolo en su propio pecado,
en su propio camino. Sobre la muerte sustitutiva del
Señor Jesucristo, ahora Dios muestra misericordia para todo
aquel, para todo pecador que viene al Señor Jesucristo como
aquel publicano. Dios, sé propicio a mi pecador. Señor, necesito de tu misericordia. Señor, necesito de tu justicia. Señor, necesito de tu limpieza. Señor, necesito de tu perdón. Señor, necesito de tu salvación. Si vienes con esa necesidad,
el Señor dice, todo aquel que viene a mí, no lo voy a echar
fuera. ¿Qué promesa tan grandiosa, verdad? ¿Qué promesa tan grandiosa? Ahora,
la última cosa que vemos en esta mañana sobre este caso de ladrón
es que este ladrón, este ladrón salvado por el Señor Jesucristo,
allá en la cruz, Dios, el Espíritu Santo, lo iluminó. lo iluminó. Él recibió la iluminación
de la gloria de Dios allá, cuando este hombre estaba crucificado
en la cruz. El Espíritu Santo le reveló,
le hizo la revelación para que este hombre fuera salvado, fuera
salvo. Sin la revelación del Espíritu
Santo, nunca vamos a conocer a Dios. Sin la revelación del
Espíritu Santo, no se puede conocer quién es el Señor Jesucristo,
qué es lo que ha hecho, y por quiénes lo ha hecho, y dónde
está ahora. Cuando Dios te revela, te hace
la revelación espiritual para que tú conozcas las cosas de
Dios, primero vas a conocer quién es Cristo. Él es Dios bendito. ¿Qué es lo que ha hecho? Él ha
hecho una redención eficaz. para todo aquel que cree. ¿Para
quién es esta redención? Es para el pueblo escogido de
Dios, para las ovejas del Señor Jesucristo. Él dijo, yo soy el
buen pastor y el buen pastor da su vida por sus ovejas. Usted
va a conocer dónde está Cristo. El Señor está ahora mismo sentado
a la diestra de Dios, intercediendo por su pueblo, por su pueblo
escogido. De manera que este hombre, ladrón
que fue salvado, recibió ese milagro de revelación del Espíritu
Santo. La revelación del Espíritu Santo
a nuestro corazón es un milagro de Dios. Es un milagro espiritual
de Dios. En los días de Jesús, Él preguntó
a sus discípulos, ¿Qué dicen los hombres de mí? Ellos dijeron,
Señor, unos están diciendo que tú eres Jeremias, eres Juan el
Bautista, o uno de los profetas. Eso creen de ti. Eso creen de
ti. Y ustedes, ¿Qué dicen de mí?
¿Quién soy yo para ustedes? Y Pedro dijo, Tú, Señor, eres
el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y el Señor le dijo, bienaventurado
eres, Simón, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino
mi Padre que está en los cielos. Esto que tú crees, lo recibiste
del Espíritu Santo. Si tú estás creyendo en el Cristo
de Dios, es porque el Espíritu Santo te lo ha revelado, te lo
ha mostrado, por eso estás confiando en Él. Ahora, este hombre recibió
esta revelación estando él en la cruz y él, este hombre, confesó
su culpabilidad. Él dijo, nosotros merecemos lo
que estamos sufriendo. Cuando el Espíritu Santo viene
a un hombre pecador, viene a su pueblo y le toca, el Espíritu
Santo le va a mostrar, le va a mostrar la culpabilidad de
uno mismo. Soy culpable. Soy un pecador
culpable delante de Dios. Merezco la muerte. Merezco que
Dios me abandone. Eso es lo que una persona reconoce
primero, reconoce primero. Y este hombre también confesó
que es un mal hombre. Es un mal hombre. Los fariseos
siempre decían, nosotros somos mejores que los publicanos, que
los pecadores. Nosotros somos mejores. No somos
como ellos. Cuando Dios revela la verdad
de uno mismo, el hombre tiene que confesar, decir de sí mismo,
soy un hombre pecador. Soy un hombre malo. Soy un hombre
depravado. No merezco nada de Dios. No lo merezco. Como Pedro dijo,
Señor, apártate de mí porque soy hombre pecador. Soy hombre
pecador. Este hombre, este hombre cuando
recibió la revelación del Espíritu Santo, él pudo ver que Jesús
es Dios. Es Dios justo y santo. Toda persona que recibe la revelación
del Espíritu Santo tiene que ver que Jesús es Dios, es justo
y es santo. Cae de rodillas delante de Él,
delante de Él. Este hombre también vio a Jesús
como el Rey de reyes y Señor de señores. También este hombre
creyó que Jesús aún iba a estar en la tumba por
tres días, pero este hombre creyó que Jesús iba a resucitar. Señor, acuérdate de mí cuando
vengas de tu reino. cuando vengas de tu reino. Este conocimiento que este hombre
recibió en la cruz fue la revelación del Espíritu Santo, del Espíritu
de Dios. Los escogidos de Dios, los escogidos
de Dios van a recibir la revelación del Espíritu Santo, oyendo el
Evangelio verdadero, oyendo la palabra de verdad. Dios usa la
palabra de verdad, su palabra misma, para revelar a su pueblo
al verdadero Dios, al Salvador, al que vino a dar su vida por
aquellos que Él ama. Ahora, vemos en esta mañana a
dos hombres. Uno fue salvado por Dios, el
otro fue abandonado. Eso es una señal, una muestra
de la soberanía de Dios, de la gracia soberana de Dios, de la
misericordia soberana de Dios, del amor soberano de Dios. Si no queremos que seamos como
este hombre que murió en sus pecados, entonces debemos venir
hoy mismo al Señor Jesucristo y creer en Él con todo nuestro
corazón. Con todo nuestro corazón. Que
Dios les bendiga.

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