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Cody Groover

Que mas me falta

Matthew 19:16-26
Cody Groover April, 24 2016 Video & Audio
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Cody Groover
Cody Groover April, 24 2016

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Hermanos, pido que abran sus
Biblias conmigo en esta mañana, Libro de Mateo, San Mateo capítulo
19. voy a comenzar a leer en el versículo
16 San Mateo capítulo 19 versículo
16 entonces vino uno y le dijo maestro
bueno que bien haré para tener la vida
eterna Marcos nos dice que este hombre
Era un hombre rico. Marcos capítulo 10. Marcos capítulo
10. Quiero establecer esto de una
vez al principio. Nos dice versículo 17. Al salir
para seguir su camino vino uno corriendo. Es el mismo hombre
vino uno corriendo. Encado la rodilla delante de
él, le preguntó, maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida
eterna? ¿Qué haré? ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué debo hacer yo? Dime lo que
debo hacer y lo hago. Dime lo que debo hacer para entrar
en el cielo, ganarme el cielo, y lo hago. Es lo que está preguntando
este hombre. Regresando allá a Mateo capítulo
19. Vino a uno y le dijo, vino uno y le dijo, maestro bueno,
qué bien haré para tener la vida eterna. Él le dijo, ¿por qué
me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno, Dios. Mas si quieres entrar en la vida,
guarda los mandamientos. le dijo, ¿cuáles? Jesús le dijo,
no matarás, no adulterarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio,
honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a
ti mismo. El joven le dijo, todo esto he
guardado desde mi juventud, ¿qué más me falta? Jesús le dijo,
si quieres ser perfecto, Anda, vende lo que tienes y dale a
los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Y ven y sígueme."
Oyendo el joven esta palabra, se fue triste porque tenía muchas
posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos,
De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de
los cielos. Otra vez os digo que es más fácil pasar un camello
por el ojo de una aguja que entraron ricos en el reino de Dios. Sus
discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo, ¿Quién,
pues, podrá ser salvo? Mirándolos, Jesús les dijo, Para
los hombres esto es imposible, imposible, mas para Dios todo
es posible. Hasta ahí vamos a llegar. ¿Qué me falta? Hizo esta pregunta
el hombre. ¿Qué más me falta? ¿Qué más me
falta? Aquí tenemos en esta mañana la
historia de un hombre que vino al Señor Jesucristo. Estaba interesado
en la vida eterna. Estas personas que están interesados
en la vida eterna son una cosa rara hoy en día. cosa rara hoy
en día que las personas estén interesados en la vida eterna. Este hombre era rico, pero no
obstante que era rico, estaba interesado en la condición de
su alma. Este hombre era joven, pero estaba
interesado en la eternidad. Era un hombre, nos dice la palabra
de Dios, que era un maestro, que era un joven rico, uno que
enseñaba Era director o dirigente, era uno que tenía cargo, pero
él vino al Señor Jesucristo para ser enseñado de él. Y nos dice,
como leímos en Marcos, que vino corriendo al Señor Jesucristo
y le dijo, maestro bueno. Nuestro Señor Jesucristo conocía
el corazón de este hombre, así como él conoce el corazón de
cada uno de nosotros. Este hombre vino al Señor Jesucristo
como maestro. Debemos tener mucho cuidado de
cómo venimos delante del Señor Jesucristo. Si venimos delante
del Señor Jesucristo como un maestro, vamos a recibir una
cátedra. Debemos tener cuidado. Él vino
a este mundo para salvar a su pueblo de sus pecados. Llamará
su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Este
hombre no tenía necesidad de un salvador, quería un maestro.
Eso es lo que él pensaba, yo no tengo necesidad de un salvador,
yo no soy tan malo. Yo lo que necesito es instrucción. Instrucción, quiero ser instruido
por el maestro. Bueno, qué mejor maestro que
este maestro, ¿verdad? Si quieres ser instruido por
Dios, Dios es el que sabe. ¿Qué es lo que tienes que hacer
para heredar el Reino de los Cielos? Para entrar al Reino
de los Cielos, pregúntaselo a Dios. Dios es el que va a calificar.
Él conocía el corazón de este hombre. Estaba seguro el Señor
Jesucristo. Él sabía que este hombre conocía
la ley de Moisés. Y sabía el Señor Jesucristo que
este hombre había tratado de cumplir, o es decir, en su pensamiento,
él pensaba que él había cumplido la ley de los diez mandamientos.
¿Cuántas personas hoy en día conoces que creen que con cumplir
los diez mandamientos van a ser aceptados delante de Dios? Que
esa es la manera que una persona va a entrar en el cielo. Cumple
los diez mandamientos. ¿Ya sabes cuáles son? Pues cúmplelos. Piensa en las personas que cumpliendo
los diez mandamientos van a ser aceptados delante de Dios. Él
pensaba esto mismo. Con el cumplimiento, es decir,
él pensaba que lo había cumplido y externamente, podríamos decir,
podía decir como el apóstol Pablo, según la ley, nadie podía reprocharme,
nadie podía decir. Y así es que el Señor Jesucristo,
así como vino a este hombre preguntándole qué debo hacer, el Señor Jesucristo
le dijo, ¿sabes los 10 mandamientos? Pues cúmplelos, cúmplelos. Y este hombre preguntando, diciendo,
todas estas cosas las he cumplido. Noten aquí el hombre queriendo
justificarse, dice, ¿cuáles? Jesús le numeró estos mandamientos
y ustedes conocen los diez mandamientos. Los cinco primeros mandamientos
tienen que ver con nuestro deber a Dios. Los diez mandamientos
se resumen en dos mandamientos. Ustedes saben esto. Amaraza a
tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con toda
fuerza. Y el segundo es amaraza a tu prójimo como a ti mismo.
En estos dos mandamientos depende todos los diez mandamientos.
Es decir, amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu
mente, con toda tu fuerza. Ahí está, no tendrás Dioses falsos
delante de mí. No tendrás imágenes. Es decir, si una persona ama
a Dios con todo su corazón, no va a tener un Dios falso delante
de él. ¿Ven cómo se cumple? Y en el
segundo, amarás a tu prójimo como a ti mismo. si estás cumpliendo
ese ese mandamiento entonces no vas a codiciar lo que tiene
tu hermano tu prójimo no vas a matar a tu prójimo entonces
en estos dos mandamientos se cumplen todos los mandamientos
los diez mandamientos pero el señor Jesucristo únicamente le
mencionó los últimos cinco es decir amarás a tu prójimo como
a ti mismo y dice no matarás No adulterarás, no hurtarás,
no dirás falso testimonio, honra a tu padre y tu madre y amarás
a tu prójimo como a ti mismo. Le está diciendo estas cosas
que podríamos decir son nuestra relación los unos con los otros.
Y este hombre se justificó a sí mismo. Este hombre se justificó
a sí mismo. Y he hecho esta pregunta, todo
esto he guardado desde mi juventud, ¿qué más me falta? ¿Qué más me
falta? Tal vez hay algunas personas
en esta mañana que hagan esta misma pregunta, que tenga esta
misma pregunta en su mente, ¿qué más me falta? Es decir, eres
una persona moral. Es decir, la gente te respeta,
no te considera una persona inmoral. ¿Tú crees en Dios? ¿Tú crees
en Dios? ¿No eres un ateo? ¿Tú crees que
la palabra, la Biblia, es la palabra de Dios? ¿Tú crees eso? ¿Tal vez tú crees que Jesús es
el Cristo, que Él es el Señor? ¿Tal vez tengas ese pensamiento,
es decir, piensas que crees? ¿Tú crees que Dios es? ¿Tú crees
que él murió? ¿Él fue sepultado y él resucitó?
Pero con todo, tal vez te preguntas, ¿qué más me falta? ¿Qué más me
falta? ¿Qué más me falta? ¿Qué debo
hacer para heredar el reino de los cielos? Muchas personas religiosas
hacen esta misma pregunta, ¿qué más me falta? y la respuesta
es fe, fe en el Señor Jesucristo, sin la fe y recuerden la fe es
don de Dios, no es algo que tu produces es algo que Dios te
da, la fe es algo que Dios te da, la fe es don de Dios, por
gracia soy salvos por me de la fe, si tienes la fe Dios te lo
dio y la fe lo que hace es creer. La fe es activa, la fe cree. Pero si una persona no tiene
fe en el Señor Jesucristo, puede tener mucho conocimiento y preguntarse,
¿qué más me falta? Hay tres preguntas en esta lectura
que acabamos de hacer, tres preguntas, y quiero que veamos cada una
de estas preguntas. La primera, este hombre en versículo
16 dijo, ¿Qué bien haré para tener la vida eterna? Y la segunda
pregunta es, ¿Qué más me falta? En versículo 20. Y la tercera
pregunta, en versículo 25, dijeron los discípulos, ¿Quién pues podrá
ser salvo? Esas tres preguntas quiero que
veamos en esta mañana. Este hombre rico hizo esta pregunta
Y cuando vemos esta pregunta, nos parece ser una pregunta muy,
muy loable. Una pregunta que es digna de
ser hecha. Muchas veces encontramos esto
en las escrituras. ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? Por ejemplo, en el día de Pentecostés,
cuando Pedro predicó ese mensaje, ¿se acuerdan? Los hombres preguntaron,
señores, ¿qué debemos hacer? ¿Qué debemos hacer, hermanos?
¿Qué debemos hacer? ¿Saben cuál es la diferencia
entre esta pregunta que hicieron estas personas en el día de Pentecostés
y este hombre acá? Dios había obrado en su corazón
allá en el Pentecostés. Había convicción. Dios había
obrado convicción en su corazón. Ellos sabían que estaban perdidos,
condenados bajo la ley. Y es por eso que preguntaron,
¿qué debemos hacer? ¿Se acuerdan del carcelero de
Filipos? Él preguntó a Pablo, ¿qué debemos
hacer? ¿Qué debemos hacer para ser salvos?
¿Y qué le dijo? Cree en el Señor Jesucristo y
serás salvo tú y tu casa. ¿Pero cuál es la diferencia entre
esa pregunta y la de este hombre? Dios había operado en su corazón
de este hombre convicción, arrepentimiento. Y recuerden, cuando Dios opera
en el corazón de una persona, la fe y el arrepentimiento vienen
juntamente. El arrepentimiento hacia Dios
y la fe en el Señor Jesucristo. Pero cuando este hombre Este
hombre joven preguntó esta pregunta. Su corazón no había sido quebrantado
por la convicción. Él no había sido humillado bajo
la sentencia. Él no había sido humillado por
este sentir de que soy pecador. Él vino preguntando, ¿qué debo
hacer? Pensando que era justo. Pensando
que era justo. Era un hombre orgulloso. Un hombre
que se justificaba a sí mismo. Él se sintió suficiente en sí
mismo para cumplir cualquier requisito que Dios le diga. Es
más, parece que reconoció al Señor Jesucristo que era Dios,
porque cuando el Señor Jesucristo dijo, ¿Por qué me llamas bueno?
No hay uno bueno, sino solamente Dios. Él está diciendo, no me
llames bueno si no sabes que soy Dios. y el hombre no retachó
la pregunta o no le dijo bueno perdón lo dije mal no quiero
hacer de esa manera él reconoció pero estaba diciendo qué cosa
buena debo hacer era un hombre muy moral muy religioso muy orgulloso
y muy perdido había mucho de este hombre que era loable es
decir no era un hombre No era un hombre, podríamos decir, lleno de vicio. No tenía, no
era un hombre vicioso. Era un hombre moral, era un hombre
religioso, era un hombre devoto, respetado, obediente a sus padres. Ven, hay muchas cosas buenas
que se pueden decir de este hombre. Era proveedor de su familia,
un hombre trabajador, un hombre honesto, que había, por su trabajo,
había ganado mucho dinero, un hombre rico. Era un buen vecino,
respetado en la comunidad, pero lleno de incredulidad. Con todo esto, él vino al Señor
Jesucristo en toda su incredulidad, pensando, yo puedo hacer algo
para ser salvo. Él no vino como estas personas
que vinieron necesitadas. Él no vino al Señor Jesucristo
como estas personas que dijeron Señor si quieres puedes salvarme. Él en sí mismo no reconoció que
tenía necesidad. Todos los que vienen al Señor
Jesucristo reconociendo su necesidad son salvos. Salvos. Dios da vida eterna. Ese es el
don de Dios. donde Dios vive eterna. Este
hombre era sincero, tenía celo de Dios. Nos dice Marcos que
vino corriendo. Un hombre ortodoxo en su credo. Era un hombre religioso, muy
devoto, muy estricto en su práctica religiosa. Y desde los días de
su juventud había observado la ley de los diez mandamientos. Suena como Saulo de Tarso. Suena
como Saulo de Tarso. En particular yo creo que era
Saulo de Tarso, por mí mismo. Yo creo que era Saulo de Tarso. Y digo esto, les voy a decir
la razón por qué. Ven otra vez allá en Marcos. Salvo de Tarso era un hombre
joven, era un hombre rico, un maestro de los judíos. El mismo relato, ¿verdad? Vamos
a ver el versículo 18. Jesús le dijo, ¿por qué me llamas
bueno? Ninguno hay bueno, sino solo
uno, Dios. Los mandamientos sabes, no adulteres,
no mates, no hurtes, no digas falso testimonio, no defraudes,
honra a tu padre y tu madre. Él entonces respondiendo le dijo,
maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Cuál es el
testimonio de Pablo? Él dijo, según la ley, era irreprensible. Nadie podía decir, Pablo, tú
fallaste en este punto. Entonces, Jesús mirándole, noten
aquí la diferencia, le amó, le amó. ¿Hay alguno que el Señor
Jesucristo ama que por fin se pierde? El Señor Jesucristo le amó. Este
no era el tiempo en lo que yo puedo ver, este no era el tiempo
que Dios le iba a conquistar. lo conquistó después en el camino
a Damasco, ¿verdad? Pero él estaba, él tenía toda
esta posesión, tenía todo esto que era ganancia para él, como
dicen filipenses. Todo esto era ganancia para él
delante de Dios. Leando su testimonio ahí. Ustedes
creen que tienen algo de que jactarse, yo más, dice el apóstol
Pablo. Yo tenía ganancia en lo que se
trata de la religión, salvación por obras dice aquí jesús le
amó y le dijo una cosa te falta una cosa te falta no es una cosa pequeña tampoco
pero una persona que dice que voy a voy a ser salvo por lo
que dios requiere en lo que es externo está está completamente
muerto en delitos y pecados pero es hombre religioso y el apóstol
Pablo digo yo les doy testimonio yo era uno de ellos que tienen
celo de Dios pero no conforme la ciencia porque ignorando la
justicia de Dios están tratando de establecer su propia justicia
y no se han sujetado a la justicia de Dios Cristo es el fin de la
ley para justicia todo aquel que cree bueno Dos cosas en el carácter
de este hombre nos muestra que estaba perdido. Primeramente,
era ignorante de la verdad espiritual. La verdad, la ley es espiritual. El apóstol Pablo dijo, cuando
la ley revivió, entonces yo morí. La ley me mató. ¿Y qué era lo
que dijo? Yo no sabría lo que era la ley,
y esa ley no dice no codicieras. yo no sabía yo no hubiera sabido
que es pecado si no hubiese esa ley no codiciaras y que era lo
que dijo el señor Jesucristo anda vende todo lo que tienes
y da a los pobres y se fue triste se fue triste él estaba ignorante
este hombre ignoraba era ignorante toda la verdad espiritual él
sabía mucho en lo natural pero espiritualmente Y todo lo que
tiene que ver con las cosas espirituales era un hombre ignorante. Un hombre
que nunca había oído a Dios. El hombre natural no percibe
las cosas que son del Espíritu de Dios. Para él son locura.
Es imposible para el hombre entender las cosas espirituales. Me estoy
adelantando un poco, pero los discípulos preguntaron ¿Quién
puede ser salvo? Y dijo el Señor Jesucristo, para
el hombre es imposible, pero para Dios no hay nada imposible.
Él puede hacer que una persona que no tenga educación entienda
las cosas que un sabio y entendido no puede entender nunca. con
toda su cultura, con toda su educación. Si Dios no da iluminación,
si Dios no da entendimiento, no importa cuántos títulos tenga,
cuántos diplomas tenga colgado en la pared, si Dios no da entendimiento
espiritual, esa persona está muerto. Muerto. No, en cambio,
Dios puede darle entendimiento espiritual a un niño, a un joven,
a una niña, una persona que nunca ha estudiado en las escuelas. Él sabía mucho en el sentido
natural, pero en el sentido espiritual no conocía a nadie. Nunca había
oído a Dios. Él era ignorante del carácter.
El carácter santo de Dios es lo que dice el apóstol Pablo
en Romanos 10, ignorando la justicia de Dios, ignorando el carácter
santo de Dios. Dios es santo, santo, santo. Dios no puede aceptar lo que
tú puedas hacer. Dios solamente puede aceptar
lo que Dios hace. Para que sea aceptado por Dios,
tiene que ser perfecto. ¿Y quién es el único perfecto?
Dios mismo. Dice versículo 3, ignorando la
justicia de Dios, ignorando los requisitos de Dios de la santa
ley, va más allá de lo que haces con tus manos, va de las intenciones
y los pensamientos del corazón, tus miradas, lo que pasa en tu
mente, esa es la ley. La ley es espiritual. Dios en
su carácter santo ignora eso. Ignora también, porque ignora
el carácter santo de Dios, ignora también su propia pecaminosidad. Es decir, ¿cuándo vamos a vernos
nosotros mismos por quienes verdaderamente somos? Cuando tengamos la luz,
cuando tengamos la luz de Cristo. Es decir, cuando Cristo ilumina,
entonces vemos quién somos. Pero mientras no ilumine Cristo,
mientras no veamos a Cristo, no veamos a Dios en su gloria,
en su carácter, nos miramos en la oscuridad, en un espejo y
nos vemos bien, bonitos. ¿Verdad? Pero deja que se encienda
la luz y ahora vemos quién verdaderamente somos. Era ignorante de su propia
pecomunicidad, pecaminosidad, Y era ignorante de la naturaleza
espiritual de la ley. Él pensó que podía obedecer la
ley de Dios. Era ignorante. En Efesios capítulo
2 nos dice, Por gracias soy salvos por medio de la fe. Y esto no
de vosotros es don de Dios. No por obras para que nadie se
gloríe. Nadie va a estar en el cielo.
Alabándose a sí mismo, sí se pudo. Oigan estas personas que hacen
su dedicación y corren de pueblo a pueblo y cuando entran al pueblo,
todo el tiempo están callados, pero cuando entran al pueblo
empiezan a hacer gran bulla. Empiezan a hacer gran bulla,
las sirenas, para que todos salgan a la calle a ver lo que ya hicieron.
Y por si no lo sabes, empiezan a cantar sí se pudo, sí se pudo. Si se puede. Esa es la religión
del hombre. Yo si puedo, yo si puedo, yo
si puedo. Piensa que puede. Segundo, este hombre rico era
un hombre que se justificaba a sí mismo. Debemos tener cuidado,
mucho, mucho cuidado de querer autojustificarnos o justificarnos
a nosotros mismos. No hay pecado más grande que
la autojustificación. No hay pecado que te prevenga
venir a Cristo Jesús que la autojusticia. ¿Ven? Lo que impide que una persona
venga a Cristo Jesús no es lo pecador que es. Lo dije claro. Personas dicen, pastor, tú no
sabes que tan gran pecador soy. Eso nunca impidió que una persona
venga a Cristo Jesús. Él vino para salvar a pecadores.
Al más vil pecador. ¿Saben qué impide que una persona
venga a Cristo? Su supuesta justicia. Se siente
algo bueno. Se siente algo bueno. Eso es
la autojusticia. Y todo hombre por naturaleza
se cree justo en sí mismo. Esa es la enfermedad que todos
los hombres tienen, se justifican a sí mismos. Adán apenas pecó,
él fue y se escondió, y luego empezó a hacerse túnicas de hojas
de higuera. Y cuando vino Dios hablando con
Adán, ¿qué empezó a hacer? Empezó a justificarse a sí mismo,
echándole la culpa a Dios mismo, diciendo, la mujer que me diste,
primero, y segundo, La mujer esta me dio y yo comí. Se está justificando así, o en
otras palabras, quitándose la culpa a sí mismo. Oír que una
persona diga, yo que culpa me tengo, Dios me hizo así. Mentira. Mentira. Dios no te hizo así. Cuando Dios creó al hombre, lo
creó perfecto. Los hombres han ido tras mil
inventos y más. Todos los hombres se han separado.
El pecado lo tenemos nosotros mismos, somos los autores de
esto. La palabra de Dios nos dice en
Santiago 3 capítulo 2 que nosotros ofendemos en muchos puntos y
debemos recordar esto que quebrar la ley de Dios con quebrar un
mandamiento. Esos son los diez mandamientos. Es una cadena. Ser culpable de
un mandamiento es ser culpable de los diez mandamientos. Dices,
yo nunca he hecho esto. Bueno, Dios no te ha permitido
que hagas eso. Pero ser culpable en uno es ser
culpable de los diez. En Santiago capítulo tres, versículo dos. Hermanos míos,
no os hagáis maestros muchos. Versículo uno, vosotros, sabiendo
que recibiremos mayor condenación, porque todos ofendemos muchas
veces. Si alguno no ofende en palabra,
éste es varón perfecto. No hay. Capaz también de refrenar
todo el cuerpo. Todos ofendemos muchas veces,
nos dice la palabra de Dios. Nos dice Ecclesiastes 7, 10,
que no hay hombre en el mundo que sea perfecto y que no peque. Todos somos pecadores. ¿Qué es
el hombre para que sea limpio? Dice Job. Y la palabra de Dios
nos concluye a todos bajo el pecado. No hay justo ni a un
uno, dice Romanos 3. Desde que el hombre vino a ser
pecador, este hombre, el hombre también ha venido a justificarse
a sí mismo. Muchos, muchos mensajes han sido
predicados en contra de la autojusticia. Pero la autojusticia viene a
ser el pecado número uno. El hombre se cree justo delante
de Dios. El hombre sigue confiando en
sí mismo. El Señor Jesucristo le dijo,
si quieres salvación por mérito, ya que viene sobre esa base,
qué buena cosa debo hacer para ser salvo. Si quieres salvación
por mérito, ¿qué dice la ley? En Romanos 10 lo leímos, ¿qué
dice la ley? El hombre que haga estas cosas
vivirá por ellas. Eso es lo que dice la ley. ¿Quieres
vivir? Hazlo. ¿Pero qué requerimientos
tiene la ley? La ley requiere absoluta perfección
todos los días de tu vida. No contiene ninguna estipulación
de misericordia. Dice haz y vive. Ninguno de nosotros
ha hecho. Por tanto la ley nos pronuncia
malditos. Pero el hombre sigue pensando
que puede de alguna manera ser salvo por la ley. La ley dice,
desde la cuna, desde que saliste del vientre hasta el día de tu
muerte, cumple los diez mandamientos. Y si lo cumples, ok, bien, entra
al cielo. El único que cumplió la ley es
el Señor Jesucristo. Esa es la justicia que Dios requiere. La justicia que Dios requiere
de ti y la justicia que Dios requiere de mí. Esa es la justicia
que es puesta a la cuenta de cada uno que cree en el Señor
Jesucristo. Si tú crees en el Señor Jesucristo, la obediencia
del Señor Jesucristo es tu obediencia. Y Dios está agradado de ti. Esa
es la fe que Dios da a su pueblo. Yo confío en la obediencia del
Señor Jesucristo como mi única aceptación delante de él. Yo
confío en el Señor Jesucristo, su sangre, para quitar todo mi
pecado. Esa es la fe de los hijos de
Dios. Ahora, Dios nunca dio la ley
para ser salvo, pero la ley nos muestra nuestra condición, es
decir, cuando Dios convence de pecado. Este hombre preguntó
al Señor Jesucristo, todo esto hecho guardado desde mi juventud,
dice versículo 20, ¿qué más me falta? Esta es la segunda pregunta,
¿qué más me falta? debiera haber sido convencido
de su inhabilidad debiera haber sido convencido de su inhabilidad
pero si Dios no convence no hay argumentos que le puedas dar
al hombre que lo convenza la convicción de la que estamos
hablando la convicción es de la convicción del Espíritu Santo
donde quiebra una persona y lo ponen en el polvo Pero mientras
tenga una esperanza, una chispa de salida el hombre, todavía
no está convencido. La ley, si es usada bien, la
ley es nuestro ayu para llevarnos a Cristo, para encerrarnos, para
quitarnos toda esperanza en nosotros mismos o ningún otro hombre,
para llevarnos a la condición de decir, Señor, si voy a ser
salvo, Tú vas a salvarme. Ten misericordia de mí. Ahí está
bien usada la ley. La ley de Dios si te pone en
el polvo reconociendo que eres, que soy yo, que necesitamos la
misericordia de Dios, está bien usar la ley. Pero hasta allá. Él debiera haber estado convencido
de su inhabilidad para producir esta justicia por sí mismo. Pero
su orgullo y su autojusticia Él comenzó a preguntar, ¿qué
más me falta? Todo esto lo he hecho, ¿qué más
me falta? Qué atrevido, ¿verdad? ¿Qué más? Todo esto lo he hecho,
le está diciendo a Dios. Pero todavía no sabe este hombre
que la ley es espiritual. Y el Señor Jesucristo no está
tratando de sacarle una decisión. El Señor Jesucristo es el buen
médico. Y el Señor Jesucristo sabe donde
tocar, y sabe donde cruzar al hombre en el punto de su rebelión.
Él diciéndole este a cualquier hombre, el hombre tendría que
decir, pues tienes razón, no has fallado en ningún punto,
hablándole a un hombre. Pero está hablando a Dios. Está hablando a Dios quien sabe
todas las cosas. Y el Señor Jesucristo le dice
esto, Dice, Jesús le dijo una cosa, si quieres ser perfecto,
y es lo que Dios requiere, requiere que seas perfecto. Recuerda,
la única perfección que hay es la perfección del Señor Jesucristo.
Y la única manera que nosotros podemos ser perfectos es si estamos
perfectos en él. Cristo Jesús es el cumplimiento
de la ley para justicia a todo aquel que cree. Él una cosa le
faltaba y que era esta cosa? La fe en el Señor Jesucristo.
La fe que es don de Dios. Somos salvos por la fe de Cristo,
es decir, la obediencia activa y pasiva del Señor Jesucristo.
Es decir, Él estableció la justicia y luego Él fue a la cruz del
Calvario y dio su vida, su sangre. Esa es la fe que nos salva. Pero
nadie es salvo aparte de creer en el Señor Jesucristo. Es decir,
la fe que Él nos da se aferra al autor de nuestra fe. La fe
que Él nos da mira al Señor Jesucristo, confía en el Señor Jesucristo. La fe que Él nos da cree a Dios. La fe que Él nos da viene al
Señor Jesucristo. Viene a Él. Y si una persona
puede tener todas estas cosas externas, Pero si una persona
no tiene fe, la fe que Dios da, entonces todo lo demás es pura
vanidad, pura religión. El hombre todavía está muerto
en pecado. Pero el Señor Jesucristo dice
la palabra de Dios en Marcos capítulo 10, 21, que el Señor
lo miró, Jesús lo miró y le amó, y le dijo una cosa de falta. se había jactado de que él amaba
a su prójimo como a sí mismo. Lo ven allá. Honra a tu padre
y tu madre, versículo 19, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Ahora, cuando vas al doctor y te sientes mal, el doctor, este,
yo le estaba describiendo algo al doctor que pues me sentía
yo mal, no sabía yo por qué. Me sentía yo mal, no tenía yo
idea. Y me dice el doctor, pues, a
ver, acuéstate. Creo que era la cabeza, me dolió,
no sé. Pero me dice, acuéstate. Le digo, estoy pensando, ¿por
qué me dice que me acueste? La cabeza es la que me está doliendo.
Pero bueno, el doctor me dijo que me acueste. Me acosté y me
empezó a empujar. Agarra su mano. Ustedes saben,
el doctor empieza a empujar acá y empieza a empujar allá. Y está
empujando hasta que oyen, ay. Y me preguntó, ¿cómo sabía dónde
empujar para que me duela? Porque yo ni sabía yo qué iba
yo a decir ahí. Porque según yo, nada de aquí
me dolía. Pero cuando él hizo así, dije,
ay, ya sé qué tienes. No tenía nada que ver con la
cabeza. Pero él sabe dónde tocar para sacar el efecto, ¿verdad? Así también
el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo sabe dónde
está el problema de este hombre. Y Él sabe dónde está el problema
de cada uno. Dónde está el punto de rebelión. Él sabe dónde está el punto de
rebelión. Y Él va a tratar allá donde está rebelde, allí te va
a tocar. Hasta que digas ahí. Ese es el
punto. Vas a tener que someterte en
ese punto o no vas a ser salvo. Él es Señor de todo o no es Señor
para nada. No es Señor parte de tu vida
y parte de tu vida no. Es Señor de todo. Él sabía, este hombre se había
jactado. Yo he amado a mi prójimo como
a mí mismo. Y el Señor Jesucristo le dijo,
vamos a poner eso a prueba. Vamos a poner eso a prueba que
tú dijiste. Amas a tu prójimo. Anda, vende todo lo que tienes,
reparte a los pobres y sígueme. Ay. Ay. Ya me tocaste donde me duele. Ya me tocaste. Le tocó donde,
¿qué dice la ley? No codiciarás. No codiciarás. Si de veras quieres ser perfecto,
anda, vende todo lo que tienes, dale a los pobres y tendrás tesoro
en el cielo y ven y sígueme. El Señor Jesucristo le está mandando
aquí. El Señor Jesucristo le está mandando
aquí de rendirse a la autoridad del Señor Jesucristo. Esto es
algo que el hombre perdido, el hombre natural no puede hacer.
De someterse al Señor y decirle Señor. Puede decirlo con su boca,
pero en su vida no se somete. Nadie puede llamarlo Señor si
no es por el Espíritu Santo. Le está diciendo que se rinda,
que se rinda a la autoridad del Señor Jesús como su Señor. Saulo de Tarso era un hombre
orgulloso. Y él, cuando fue botado a la tierra de su caballo, ¿qué
es lo que dijo? Señor. ¿Qué quieres que yo haga? ¿Qué quieres que yo haga? Él le dijo a este hombre, ven
de todo lo que tienes, ven y sígueme. Venir al Señor Jesucristo es
un hecho de la fe. El que viene a Él nos dice la
palabra de Dios en Hebreos capítulo 11, en Hebreos capítulo 11 versículos
6, hablando de la fe, Pero sin la fe es imposible agradar
a Dios. Porque es necesario que el que
se acerca a Dios crea que le hay. Y que es el galardonador
de los que le buscan. Tiene que creer que él es y él
es el galardonador. Galardonador de los que le buscan.
Es decir, la fe viene a Cristo Jesús. La fe viene al Señor Jesucristo. Y cuando el Señor Jesucristo
toma tu cruz y sígueme, dijo toma tu cruz y sígueme, lo que
le está diciendo es confiésame. Cree y confiésame. Toma tu cruz
y sígueme, está diciendo confiésame. Él entonces mandó a este joven
que le obedezca a él, sígueme a mí. Estas son las cosas que
Dios requiere de su pueblo. Dios requiere de su pueblo su
misión. Vamos a ser sumisos a él. Él
es el Señor. El Señor requiere fe en él. El Señor requiere confesión. El Señor requiere obediencia.
Él es Señor. No es Señor para nada. Él es
Señor. Rey de reyes. y Señor de señores. Es lo que Dios requiere. El hombre
natural no lo puede hacer. El hombre natural no lo puede
hacer. Pero Dios a su pueblo obra en ellos el querer como
el hacer por su buena voluntad. Este hombre, el Señor tenía buena
razón para hablarle así a este hombre. El Señor estaba, como
decir, explorando el corazón de este hombre para topar el
punto de su rebelión. Y estaba determinado que él iba
a mostrar a este hombre que eso que tú piensas, que desde tu
juventud has cumplido la ley, no es verdad. ¿Qué le está quitando
a este hombre? Le está quitando todos sus estribos.
Porque eso era lo que estaba confiando a ese hombre. Yo todo
esto lo he hecho desde mi juventud. Soy bueno. ¿Y qué dice el Señor
Jesucristo? Le quitó todos sus estribos.
No has hecho esto. No has hecho esto. Y es precisamente
lo que la ley de Dios hace. Cuando una persona va a la ley
de Dios, la ley de Dios dice, este no es un refugio. No vengas
aquí a refugiarte. La ley solamente te va a condenar. Este hombre no había sido humillado,
no había, no se había rendido al Señor Jesucristo. Toda persona que va a ser salvo,
su corazón tiene que ser contristado, tiene que ser quebrantado. Tienes
una deficiencia fatal, dijo el Señor Jesucristo. Tu corazón
no está bien delante de Dios. Sólo Dios va a recibir un corazón
contrito. Un hombre tiene que nacer de
nuevo. Un hombre tiene que nacer de nuevo. Dice ya, la tercera
pregunta es esta. ¿Quién puede ser salvo? ¿Quién
puede ser salvo? Versículo 25. Cuando los discípulos
oyeron esto. Bueno, quiero hacer un comentario
acerca de esto en versículo 22. Oyendo esto, el joven, esta palabra
se fue triste porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo
a sus discípulos desiertos, dijo que difícilmente entrará un rico
en el reino de los cielos. Difícilmente una persona que
confía, que confía en su propia habilidad, un hombre que confía
en su propia riquezas o lo que tiene, lo que puede venir delante
de Dios. Difícilmente, es decir, imposible
que entre el reino de los cielos. Otra vez os digo, para los hombres
es imposible. Otra vez os digo, es más fácil
pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar a un rico
en el reino de Dios. Muchas personas han dicho, bueno,
el ojo de la aguja es en las ciudades. Por ejemplo, aquí en
Mérida hay los arcos que eran los límites de la ciudad. Los
ves allá en el centro. Eran los arcos. Y en cada arco
hay una puerta chica. Cuando las puertas grandes eran
cerradas, las personas podían pasar por todo lo que era carga. No podía pasar por esa puerta
chica. Eso era llamado el ojo de la
aguja. Y el Señor Jesucristo está diciendo,
está más fácil pasar un camello por el ojo de la aguja. Y muchas
personas están pensando, ah, el camello es un animal grande
que tiene su joroba y tiene carga. Y si haces que el camello se
ponga de rodillas y le quitas la carga, entonces puede pasar
por la aguja, pero el Señor Nuestro Cristo no está hablando de esa
aguja, no está hablando de la aguja de la reja de una ciudad,
del arco de una ciudad, está hablando de la aguja con la que
coses ropa, esa aguja, y saben de lo que estoy hablando, más
chico que un milímetro, cuando estás viendo yo me pongo visco
tratando de poner una Las mujeres creo que tienen ojos
de rayos, de láser, no sé, tratando de fallo y fallo. No puedo ni
siquiera poner una hilera a través, mucho menos un camello, digo.
Pero eso es lo que está diciendo el Señor Jesucristo. Dices, agarra
un camello y ponlo a través de este milímetro. ¿Y qué dice?
¿Cuál es la conclusión que tendría todos nosotros? Ah, eso es imposible. Exactamente lo que está diciendo
el Señor Jesucristo. Exactamente lo que está diciendo
el Señor Jesucristo. Que para que una persona sea
salvo por sus propios méritos, confiando en su propia justicia,
en su propia justicia, su propia rectitud, lo que él considera
riqueza, es imposible. Sus discípulos oyendo esto se
asombraron en gran manera y diciendo, ¿quién pues podrá ser salvo?
¿Quién, pues, podrá ser salvo? Esa es la tercera pregunta. La salvación, entonces, lo que
nos está diciendo el Señor Jesucristo, para los hombres es imposible.
Para que una persona sea justo delante de Dios en sus propias
obras, imposible. Imposible. Más para Dios, la
salvación del hombre no es imposible. No solamente lo hizo posible.
El Señor Jesucristo no vino a este mundo para hacer posible la salvación. Él vino a este mundo para salvar
a su pueblo. Es una certeza. Para Dios, no
hay nada imposible. Él, Dios, fue hecho carne. Carne nuestra carne, hueso nuestro
hueso. En su humanidad, Él se humilló
a sí mismo. Él obedeció la santa ley de Dios. estableció esa rectitud. Y luego
él fue a la Cruz del Calvario y pagó la deuda que su pueblo
debía. El que no conoció pecado por nosotros, Dios lo hizo pecado.
Cuando él fue hecho pecado, él murió como el sustituto de su
pueblo allá en la Cruz del Calvario. Dios entonces en su justicia,
que demanda la ley de cada persona que quebrante esa ley, su justicia
está satisfecha de Dios. En el sustituto, Dios está satisfecho. Su ley ha sido honrada. Su justicia
ha sido vindicada. Y es así como Dios puede ser
el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús. Con
los hombres es imposible, pero con Dios nada hay imposible.
Sólo Dios puede salvar a pecadores. Él ha hallado en su sabiduría,
ha hallado la manera que él puede ser justo y el que justifica.
Con hombres es imposible, pero con Dios todo es posible. ¿Crees en el Señor Jesucristo?
Si tú crees en el Señor Jesucristo es porque Dios te ha dado fe,
Dios te ha dado la vida. Y la evidencia de esta vida es
que te ha dado fe, crees en el Señor Jesucristo. Y si te ha
dado vida y crees en el Señor Jesucristo, confiesas al Señor
Jesucristo. Y esto es obra de Dios. Que el Señor bendiga su palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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