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Cody Groover

Puestos los ojos en Jesus

Hebrews 12:1-2
Cody Groover January, 6 2016 Video & Audio
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Cody Groover January, 6 2016

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Bueno, hermanos, en esta noche
pido que abran sus Biblias conmigo, Libro de Hebreos. Hebreos. El capítulo 12. El título del
mensaje en esta noche es Mira y vive. Mira y vive. O la mirada que salva. La mirada que salva. En esta
noche voy a hablar del versículo capítulo 12 de Hebreos, el versículo
1 y 2. Por tanto, nosotros también teniendo
en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos
de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia
la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. el
autor y consumador de la fe, el cual, por el gozo puesto delante
de él, sufrió la cruz, menospreciándolo propio, y se sentó a la diestra
del trono de Dios. Como acabamos de leer al comenzar
el servicio en el libro de Hebreos, en el capítulo 11, Da esa gran
lista. Alguien llamó esto la sala de
exhibición de la fe, la sala de Dios, de la exhibición de
la fe. No es un salón de fama, sino
salón de la fe, donde se ven los personajes en el Antiguo
Testamento como Abel, Enoch, Noé, Abraham, Sarah, Moisés,
José, Jacob, todos estos personajes son mencionados. Todos fueron
grandes personajes de la fe. Y esto es lo que se declara de
ellos. Todos ellos murieron en la fe. Todos ellos murieron en la fe. Todos estos hombres, todas estas
mujeres murieron en la fe. y la palabra de Dios, Dios mismo
describe la vida de ellos y lo resume con una palabra, fe. Piensa eso. Dios resume la vida
de estas personas y dice, fe. Es decir, creyeron a Dios, creyeron
a Dios. Esta es la diferencia, ¿verdad?
Esta es la diferencia. Esta es la palabra que les dio
buena esperanza. Esta es la palabra que les dio
buena esperanza de vida eterna. Ellos creyeron a Dios. Creyeron
a Dios. Esta es la diferencia entre ellos
y todas las demás personas. La palabra entonces que resume
la vida de ellos es fe. ¿Cuál es la palabra que resume
nuestra vida? ¿Creemos a Dios? ¿Creemos? No dije crees en Dios. Muchas
personas creen en Dios. Muchas personas creen en su Dios,
en un Dios de su imaginación, en un Dios de la religión, Dios
del mundo. En realidad, hay solamente un
Dios vivo y verdadero, pero eso no Eso no hace que el hombre
no se fabrique el suyo propio, que es un Dios falso. Solamente
hay un Dios. Ese Dios se revela en Cristo
Jesús únicamente. Él es el único Dios vivo y verdadero. y todos estos hombres murieron
en la fe en otras palabras son ejemplos y es lo que está diciendo
aquí por tanto teniendo nosotros en dolor tan grande nube de testigos
ellos son ejemplos a nosotros ejemplos que nosotros debemos
estudiar e imitar alguien dirá bueno yo no sigo a los hombres
bien entiendo eso no seguimos a los hombres pero el apóstol
Pablo dijo esto ser imitadores de mí así como yo de Cristo así
es que si seguimos a hombres seguimos a hombres que creen
a Dios estamos siguiendo el ejemplo de estos hombres y para esto
se nos da la vida de estas personas precisamente para que nosotros
seamos alentados en esta carrera, porque en esta carrera somos
muy propensos a decaer, a desanimarnos, a deprimirnos, es lo que dice
allá versículo 12 del capítulo 12, por lo cual levantar las
manos caídas y las rodillas paralizadas por esta razón, levanta, no te
deprimas Mira adelante, no sigas mirándote a ti mismo. La receta
segura de una depresión es mirar aquí adentro. Mirar aquí adentro
y buscar alguna razón de una esperanza. No hay. No hay. Y si encuentras una,
es una esperanza falsa. Es una esperanza falsa. La única
esperanza es la esperanza que está en Cristo Jesús. Esperanza
viva. Dice el apóstol en Hebreos 13,
acordaos de vuestros pastores que os hablaron la palabra de
Dios, considerad cuál haya sido el resultado de su cuntura y
emitad su fe. En otras palabras, si yo estoy
predicando a Cristo Jesús, si yo estoy hablando la palabra
de Dios, sigue lo que estoy diciendo. Si yo estoy siguiendo a Cristo
Jesús, sígueme. Si yo no sigo a Cristo Jesús,
no me siguen, obviamente. Seguimos a Cristo Jesús. Estos
hombres, entonces, son ejemplos. Son ejemplos de la fe. Y cuando
entra, entonces, el capítulo 12, comienza con estas palabras. El escritor, creo que es el apóstol
Pablo, Dice, teniendo nosotros tan grande nube de testigos,
hablando de estas personas, Abraham, Abel, Enoch, Noé, Abraham, Sara,
José, Jacob, Moisés, todos ellos, una gran nube de testigos. Y
por fin dijo, no me cansa el tiempo, no me cansa el tiempo. Dice, es decir, entonces nosotros,
Por tanto, viendo que nosotros, es decir, tú y yo estamos rodeados
de tan grande nube de testigos. Ahora, nadie debe pensar que
cuando dice que estamos rodeados de tan grande nube de testigos,
que ellos nos están mirando a nosotros. Ellos no nos están mirando a
nosotros. Ellos no están, los redimidos que están ahora con
el Señor Jesucristo, ellos no están mirando acá. Tus seres
queridos que han creído y han sido llevados al Señor, ellos
no están mirándote a ti. Esa es una idea del hombre. Y
no pueden representarte tampoco delante de Dios. No puedes orar
a ellos, no podemos orar a ellos. No podemos pedir que ellos hagan
intercesión o algo así. Ellos no están interesados en
lo que está pasando aquí en la tierra. Ellos están mirando al
Señor Jesucristo. Ellos no están mirando aquí abajo.
Cuando dice que tenemos esta gran nube de testigos, es testigos
a nosotros. Testigos para nosotros, no testigos
de nosotros. ¿Para qué querían vernos a nosotros
si están en la presencia del Señor? ¿Están en pleno gozo? Bueno, son testigos a o para
nosotros, no de nosotros. Cristo dijo a sus discípulos,
y nos ha dicho, seréis mis testigos. Vosotros seréis mis testigos. Y somos nosotros testigos a las
generaciones que vienen después. ¿De qué somos testigos? La gracia
de Dios es suficiente. No vemos la gracia de Dios en
la vida de estas personas. No vemos que por gracia fueron
salvos ellos. No vemos que ellos fueron salvos
por la gracia mediante la fe que el Señor Jesucristo les dio,
la fe de Dios. Ellos fueron salvos por fe sin
obras. Sin obras. Y la gracia de Dios los sostuvo
toda su vida. Es suficiente. La obra del Señor
Jesucristo es suficiente para salvar nuestras almas eternas. Ellos son testigos y los discípulos
de nuestros señores de Cristo fueron testigos de los sufrimientos
de Cristo, fueron testigos del evangelio, es decir, ellos declararon
el evangelio y nosotros creemos sobre el testimonio de los apóstoles
siendo Cristo Jesús el fundamento mismo. Pero nuestra fe, nuestra
fe está basada sobre el testimonio de los apóstoles. Ellos fueron
inspirados por Dios, el Espíritu Santo, para escribir las palabras
y la palabra. Y yo sé que la traducción muchas
veces se pierde y hay que estudiar la palabra para saber qué es. Pero la palabra de Dios es perfecta,
inspirada por Dios y es vida. Sus palabras son espíritu y son
vida. Y cuando el Espíritu Santo las
bendice, Él da vida a su pueblo. Él da vida a su pueblo. Somos
testigos de las riquezas de su gracia, de sus promesas que nunca
fallan. Dios le prometió a Abraham que
iba a tener un hijo. ¿Cumplió? Un hijo de promesa,
no un hijo de su propia hechura. Porque eso sí lo tuvo. Que le
fue jaqueca de ahí en adelante. Puro dolor de cabeza y sufrimiento.
Estos fueron hombres y mujeres que caminaron sobre la tierra
en las mismas condiciones, las mismas debilidades que tú y yo
tenemos. Tuvieron las mismas pruebas,
dolores, las mismas tribulaciones. Estoy hablando de la batalla
que tienes en el interior, creyente. El credo no sabe de qué estoy
hablando. Pero el creyente sabe de esta lucha, esta batalla que
tiene en sí mismo. Ellos tuvieron las mismas, las
mismas pruebas, las mismas dificultades, dolores, tribulaciones, sufrimientos. Pero ellos vivieron, vivieron
este mundo por fe, creyeron a Dios y murieron en fe. Esto, entonces, es lo que distingue
a estas personas. Ellos creyeron a Dios. Ahora,
viendo que estamos rodeados de tan grande nube de testigos,
entonces, sea que nuestras vidas, nuestras vidas, es decir, nuestro
caminar, nuestro caminar, nuestra conversación, nuestro comportamiento,
dice aquí, por tanto, nosotros también teniendo en derredor
nuestro tan grande nube de testigos, Por esta razón, despojemos de
todo peso. Pongamos a un lado todo peso
y del pecado que nos asedia. Todo que te estorbe, venir a
Cristo Jesús. Todo que te estorbe, todo que
me estorbe en mi relación a Cristo Jesús. Todo lo que me estorbe
en poner la mirada en Cristo Jesús únicamente. todo peso,
todo peso. Está hablando aquí en manera
de hablar de una carrera como de las olimpiadas, los que van
a correr un maratón. Su ropa creo que no pesa ni 50
gramos, o sea, eso es una cosa, no pesa su ropa, sus zapatos
no pesan. ¿De dónde vas a creer que van
a correr un maratón y se ponen botas? de a kilo cada bota. No lo hacen. Se ponen ropa muy
ligera. Se quitan todo peso, no corren
con mochila, con piedras en la mochila. Se quitan todo peso,
todo peso. Y el peso, y luego dice, no solamente
despojemos de todo peso y del pecado. Y del pecado. Cada peso que nosotros
tenemos, dejemos dejar atrás. Cuando una persona sale para
correr, no está distraído, está ocupado en correr la carrera.
La persona que está corriendo la carrera, siempre tienes que
mirar dónde vas, ¿no es así? Si tú miras para acá y corres,
vas a chocar. Vas a salirte del carril. No
está corriendo, mirando las gradas, viendo a las personas. Está los
ojos adelante, los ojos adelante. No importa lo que sea que nos
estorbe, puede ser una persona o puede ser el trabajo o una
asociación con una persona o una sociedad. Si algo o alguien nos
impide o nos frena, de venir a Cristo, de poner la mirada
en Cristo y confiar únicamente debemos dejarlo, ponerlo a un
lado, nada que te estorbe. Si tu mano derecha te estorba,
córtala. Mejor es entrar con una sola
mano que tener dos manos e ir al infierno. Si tu ojo te ofende,
quítalo, sácalo. Mejor es entrar con un ojo que
con dos ojos ir al infierno. Es lo que está diciendo, no dejes
que nada te estorbe de venir a Cristo Jesús. Llevamos peso,
debemos quitar este peso. Y luego dice, el pecado que nos
asedia. Muchas personas, ¿qué es este
pecado que nos asedia? Muchas personas dicen, bueno,
para diferentes personas es diferente. Bueno, yo entiendo eso. Pero
hay un pecado que a todos nos asedia. Hay un pecado que a todos
nos asedia. Y es el pecado de la incredulidad. El pecado de la incredulidad
es el fundamento de todo pecado. No creer a Dios, es decir, no
confiar. No confiar. Y todos, todos tenemos
este problema. Tenemos que decir con este hombre,
el centurión, Señor, creo. ayuda mi incredulidad. Pero nosotros
somos tan incrédulos, porque apenas se presenta algún problema,
lo primero que hacemos es metemos la mano en la bolsa para ver
qué tenemos, con qué vamos a resolverlo. ¿Con qué vamos a resolverlo nosotros
mismos? Cuando primero debiéramos ir
al Señor, Señor, Señor. estamos contando siempre con
nuestra astucia con nuestros nuestros propios poderes o lo
que Dios nos ha dado de todas maneras debemos poner al lado este pecado
que tan fácilmente nos asedia sino creer a Dios en vez de tratar
de resolver el problema, primero ir al Señor. Primero, echando
todas nuestras ansiedades sobre Él, porque Él tiene cuidado de
nosotros. Ahora, dice aquí, corramos con paciencia la carrera que
tenemos por delante, con paciencia. Estamos en una carrera. Vamos
a correr, vamos a correr hasta que Dios diga, tu carrera se
acabó. El apóstol Pablo dijo, he corrido
una buena carrera hasta que la carrera se acabe. Hay una meta,
hay una meta. Estamos corriendo la carrera,
tenemos que correrla legítimamente, legítimamente. Pero lo que aquí
está diciendo, correrla con paciencia, con paciencia. Si vamos a correr
una carrera, vamos a correrla con paciencia, es decir, tienen
que pasar las pruebas, tienen que venir los dolores, tienen
que venir las angustias. Una persona que sale, voy a usar este ejemplo, sale
en un maratón de 26 kilómetros, tiene una pista que tiene que
correr. Para que esa persona sea galardonada, y diga y pueda
decir corrí la carrera de 26 millas, tiene que comenzar donde
se dice start, donde se dice comienzo y tiene que cruzar donde
se dice fin. Pero no puede salir esa persona
y de repente hace un atajo. y corta 10 kilómetros y otra
vez se mete a la pista y termina y todos los que lo están viendo
dicen wow qué rápido terminó la carrera pero no lo hizo legítimamente
y no corrió la carrera tenemos una carrera que tenemos que correr
y correrla con paciencia las pruebas producen paciencia Las
pruebas producen paciencia. Sabemos, sabemos que el Señor
Jesucristo es fiel y Él va a cumplir todas sus promesas. Solamente
tenemos que esperar, esperar. Bueno, ¿cómo debemos correr la
carrera? Noten allá, puestos los ojos
en Jesús. Dije al principio que el mensaje,
el título del mensaje, es mira y vive, mira y vive o la mirada
que salva. La mirada que salva es la mirada
que está puesta en Jesús. Muchas personas, muchas personas
tienen sus ojos puestos en otro, en otro. Puestos los ojos en
Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo
puesto delante de él sufrió la cruz. menospreciando lo propio
y se sentó a la diestra de Dios. Cuando miramos a Jesús, cuando
miramos al Señor Jesucristo, esa es la salvación. Mira a Jesús, mira y vive. Ese fue el mandato que Moisés
dio al pueblo de Israel cuando estaban en el desierto. cuando
estaban allá en el desierto y los habían mordido, esas serpientes,
esas serpientes venenosas habían entrado al campamento, estaban
murmurando en contra de Dios y Dios envió serpientes venenosas
en el campamento y comenzaron a morder a las personas y las
personas comenzaron a morir Estaban mordidas por la serpiente, tenían
el veneno corriendo por su sangre. Eso es muy semejante a lo que
a nosotros nos afecta el pecado. Hemos sido mordidos por la serpiente
de Satanás y el veneno del pecado corre en nuestras venas. Y si
Dios no hace algo por nosotros, vamos a morir físicamente y salir
a la eternidad muertos eternamente. Pero Dios mandó a Moisés, dice,
hazte un asta. Hazte un asta, hazte una serpiente
de bronce, semejante a esas serpientes, pero no tiene veneno la de bronce.
Y ponla sobre un asta, y tú levanta el asta. Y luego manda, no te,
manda. Dios manda a todos que se arrepientan. No es una sugerencia, no es una
invitación, Dios manda. Y tú manda y dile al pueblo mira
y vive, mira y vive. Y es precisamente lo que Dios
nos dice en su palabra desde el principio hasta el fin. Mirar
al Señor Jesucristo es creer a Dios. es creer en el Señor
Jesucristo, confiar en él. Estas personas que estaban mordidas
por la serpiente podían sentir el ardor del veneno en su sangre. Los efectos tal vez estaban espumando
en la boca, pero lo que tenían que hacer era mirar. Y nos dice la palabra que cuando
miraron, vivieron. no era ponerse pomadas caseras,
remedios caseros. inventos de hombres. Los que
hicieron eso murieron. El Señor Jesucristo dijo esto
en Juan capítulo 3. El Señor Jesucristo dijo, y como
Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario
que el hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que en él
crea no se pierda, mas tenga vida eterna. Lo que hizo Moisés
en el desierto fue una figura. Fue una figura, un tipo de lo
que Dios hizo con su hijo. El veneno está corriendo en la
raza humana. El pecado entró en el mundo por
un hombre y por el pecado la muerte y así la muerte pasó a
todos los hombres por cuanto todos pecaron. Y todos mueren. Diez de cada diez mueren. Todos
vamos a morir. ¿Por qué? Por el pecado. Esa
es la razón. Pero Dios ha mandado a su hijo. Dios ha dado a su hijo. Y él lo levantó sobre la cruz. Y Dios manda. Cristo dijo, si
yo fuera levantado a todos, está hablando de su pueblo, a todos
atraería a mí mismo. Todo su pueblo, en todo el mundo,
en todo el tiempo está mirando al Señor Jesucristo. Está mirando
al Señor Jesucristo. Y esta mirada es la mirada de
fe. No es la mirada física. Muchos
vieron al Señor Jesucristo cuando estuvo el Señor Jesucristo colgado
allá en el madero. Muchos lo vieron con estos ojos
carnales. Perecieron y ahora están en el
infierno. No es mirarlo con estos ojos físicos, es mirarlo por
fe, es creer a Dios, confiar en Él para la paga de todos tus,
confiar en Él para la salvación de tu alma. Sólo Dios puede hacer
esto. Moisés levantó la serpiente de
bronce y dio el mandato, mira, ve y vive. No dijo, da esto,
da lo otro y vive, sino mira y vive. No dijo, ponte de rodillas
y ora nueve horas y vas a vivir. No dijo eso. Reza tantos rezos
y vas a vivir. Dijo, mira. No dijo, trabaja,
sino mira y vive. Es la mirada de fe. Ahora, cuando una persona mira
a Cristo, Cuando una persona mira a Cristo con estos ojos
que salvan, los ojos de fe, uno mira al Señor Jesús y ve a Dios. Cuando uno está mirando a Jesús,
está viendo a Dios manifestado en la carne. La fe, la fe que
Dios da, la fe que es del Señor Jesucristo, la fe del cual Él
es el autor y consumador, Mira a Jesús y ve a Dios. Ve a Dios. Los discípulos dijeron,
muéstranos al Padre y nos basta. El Señor Jesucristo le dijo,
tanto tiempo he estado con ustedes y no me... El que me ha visto
a mí, ha visto al Padre. Yo y el Padre aún no somos. El
que ve a Jesús, ve al Creador de todas las cosas. El que sustenta
todas las cosas. Él es Dios. Él es Dios. El que tiene los ojos puestos
en Jesús, entonces está confiando en Dios. Tiene los ojos puestos
en Dios. Tiene los ojos puestos en Jesús.
Está está viendo a Dios. Y no solamente está viendo a
Jesús, está viendo la promesa de Dios. La persona que tiene
puestos los ojos en Jesús está viendo la promesa de Dios. Es decir, el pacto de Dios. Dios ha hecho un pacto. Cuando
vemos a Cristo Jesús, estamos viendo al autor, el consumador
de la fe. Él es el mensajero del pacto.
Él es el fiador del pacto. Él es el el mensajero, el fiador. Él es el que nos trae las buenas
nuevas. Todo lo que Dios ha hecho y está
haciendo lo determinó antes de la fundación del mundo. Así es
que Dios no está en su en su taller haciendo planes. Creo
que voy a hacer esto, voy a hacer lo otro. Dios no es así. Dios
no es como nosotros. Yo si voy a hacer algo, lo tengo
que pensar. Y después de que lo tengo que
pensar, lo tengo que repensar, porque siempre sale algo mal. Cuando Dios lo piensa, ya lo
hizo. Cuando Dios lo piensa, ya lo hizo. Todo esto es en la
eternidad. Él pensó y él hizo este pacto
eterno de la gracia con su hijo. Entró en este pacto donde él
dio a su pueblo al Señor Jesucristo. Así es que la persona que está
viendo a Jesús está viendo al mediador de este pacto. Está
viendo al Cordero de este pacto. Está viendo al Cordero. Es lo
que dijo Juan el Bautista. He aquí el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. Cuando una persona ve a Jesús,
está viendo a Dios, está viendo al pacto, está viendo cómo Dios
salva a pecadores. Está viendo, en otras palabras,
la gloria de Dios en la faz de Cristo Jesús. Dios que mandó
que de las tinieblas resplandeciese la luz es el que ha resplandecido
nuestros corazones para darnos el conocimiento, la iluminación
de la gloria de Dios en la faz, en la cara de Jesús, de Cristo. Entonces, en Cristo Jesús vemos
todos los atributos. La persona que tiene tiene puestos
los ojos en Jesús está viendo todos los atributos de Dios.
Conoce al Dios vivo y verdadero. conoce al Dios vivo y verdadero
nos dice allá en primera de Juan capítulo cinco y sabemos que
somos de Dios y el mundo entero está bajo el maligno versículo
veinte dice y sabemos que el hijo de Dios ha venido y nos
ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero y estamos
en el verdadero en su hijo Jesucristo este es el verdadero Dios y este
es la vida eterna La persona que tiene puestos
los ojos en Jesús está viendo todos los atributos de Dios.
Está viendo a Dios que es santo. ¿Quieres ver la santidad de Dios?
Él es el santo. Él es el santo de Israel. Él es el santo, santo, santo.
Este santo ser que nació de la Virgen María es el eterno hijo
de Dios que vino a este mundo. Él es santo. ¿Quieres ver la
santidad de Dios y cómo se expresa contra el pecado? Mira ya a Jesús. Mira a Cristo Jesús en el Calvario. Él dijo, Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has desamparado? Y la respuesta es porque tú eres
santo. Tú eres santo. Dios es tan santo
que no puede mirar la iniquidad, ni aún cuando es su hijo, su
hijo amado. Así es que cuando la iniquidad,
el pecado fue puesto sobre su hijo amado, cuando el que no
conoció pecado fue hecho pecado, Dios, y esto es algún gran misterio,
Dios desamparó a Dios. No podemos entender esto. Es
un gran misterio. Pero es lo que Dios revela. Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Vemos la santidad
de Dios. Y vemos el amor de Dios. El amor
de Dios está en Cristo Jesús. Fuera de Cristo Jesús, Dios es
fuego consumidor. El amor de Dios está en Cristo
Jesús. Vemos la justicia de Dios. Vemos cómo Dios es justo. y todo
pecado va a ser pagado. Es decir, Dios no puede barrer
debajo de la alfombra pecado o pretender como que sé que pecaste,
pero voy a pretender que no era. Así somos nosotros. Voy a dar
el visto gordo. ¿Cómo lo que hacían el visto
gordo? Voy a pretender que no lo no lo hice, no lo vi, pero
Dios no puede ser así. Dios es santo, Dios es justo,
Y donde está el pecado, el pecado tiene que ser pagado. Y en Cristo
Jesús vemos, vemos esto, vemos cómo Dios es justo y vemos la
misericordia de Dios. Vemos cómo Dios es misericordioso. Todos los atributos de Dios son
mostrados en Jesucristo. Y no te dice, Él es el autor.
El autor es uno que inicia cosas. Uno que da el inicio y el consumador
es el que lo termina. Así es que él es el alfa nos
dice y él es la omega. Alfa es la primera letra del
alfabeto y omega es la última letra. Él es primero y el último
y todo en medio. Él es el autor y consumador de
la fe. De la fe, no de una fe. Él es el autor de la la fe. Es decir, solamente hay una fe. Y es la fe del Señor Jesucristo. Esta es la fe que nos salva. La fidelidad, la obediencia,
es decir, el Señor Jesús. Como hombre, él creyó a Dios. Como hombre, él obedeció a Dios. Como hombre, él satisfizo Todo
lo que Dios demanda de su pueblo, como hombre, como representante
de su pueblo, Él lo hizo. Esa es la fe. Tu fe y mi fe,
como ya hemos dicho, estamos llenos de pecado. Por eso tenemos
que dejar este peso que nos asedia, porque estamos llenos de pecado
y seguimos pecando. ¿Y cómo es posible entonces que
Dios pueda recibir nuestra fe como la base de nuestra justificación? No. La base de nuestra justificación
está únicamente la sangre del Señor Jesucristo, la obediencia
y la justicia del Señor Jesucristo. Ahora, nosotros recibimos, es
decir, creemos en Cristo para ser justificados por la fe de
Cristo. Puestos los ojos en Jesús, el
autor el cual aquí nos está dando el ejemplo corramos con paciencia
mira la paciencia del señor Jesucristo el cual por el gozo puesto delante
de él sufrió la cruz el gozo puesto delante de él el gozo
de obedecer a su padre el gozo de poder decir he acabado la
obra que me diste que hiciera qué gozo verdad ¿Qué gozo? Oír de Dios, bien, fiel, el siervo
fiel. ¿Qué gozo es oír eso, verdad?
Que Dios te diga, mi siervo fiel, lo hiciste bien. Dios dice eso
de su pueblo, porque lo dice de su hijo. Lo dice del Señor
Jesucristo. Pero por el gozo que fue puesto
delante de él, ¿cómo sufrió el Señor Jesucristo aquí en la tierra?
Estamos rodeados de personas incrédulas, personas que te angustian. El solamente estar en presencia
de algunas personas te deprime, ¿no es así? Y es que tú y yo
somos pecadores. El santo Hijo de Dios estuvo rodeado
todo el tiempo de pecadores. Y tú y yo no podemos mirar a
la persona y saber qué es lo que piensan y saber toda la maldad
y todos los pensamientos que está en las mentes de las personas. Pero el Señor Jesucristo sí. Pero él por el gozo puesto delante
de él sufrió. Él dice sufrió la cruz menospreciando
el oprobio. Él tenía puesta la mirada en
agradar a Dios su padre, de establecer justicia aquí en la tierra y
de quitar el pecado de su pueblo. Y él no iba a permitir que ninguna
cosa se interponga, ni sus amigos. Pedro dijo, Señor, ten piedad
de ti, no lo hagas. ¿Y qué le dijo Pedro? Quítate
de mí, Satanás. Por otro lado, otros querían
crucificarlo antes de su tiempo y él no permitió eso tampoco. ni sus detractores, ni sus amigos
podían desviarlo de su propósito de ir a la cruz y salvar a su
pueblo. Y cuando él terminó su carrera,
como hombre aquí en la tierra, ¿qué dice? Se sentó a la diestra
del trono de Dios. Está consumado, ¿verdad? Consumado
es satisfecho. Y nosotros entonces tenemos,
seguimos al Señor Jesucristo. Corramos nosotros con paciencia.
Pon la mirada en Cristo Jesús allá en el cielo. Y recuerda,
ese es el fin. Esa es la meta. Sigue mirando
a Cristo. Y un día vas a abrir los ojos
y vas a estar en la presencia de Cristo. Ese es el mensaje
de esta noche.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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