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Cody Groover

Como debemos venir Cristo

Matthew 8:1-4
Cody Groover February, 1 2015 Video & Audio
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Cody Groover
Cody Groover February, 1 2015

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Buenos días, hermanos. Como hemos
sabido y ahora lo anticipamos más, el día de mañana llega el
pastor David Pledger. Es mi pastor y pastor de la iglesia
que me envió a mí aquí a Mérida. Él llega con su esposa y da el caso que es mi suegro también. Da el caso que es mi suegro,
pero viene con él también una pareja de la iglesia allá en
Lincolnwood, Iglesia Bautista Lincolnwood en Houston, Texas.
Y ellos van a llegar aquí mañana en la noche y van a estar aquí
una semana. El próximo domingo, domingo en
la mañana y domingo en la tarde, el Pastor David va a predicar
aquí. Así es que hagan tengan esto
pendiente y oren, pidan al Señor, que el Señor. Él puede hablar
español. Estuvo aquí en México como, qué
habrá sido, como 10 años. 10 años como misionero. Él estuvo
aquí en Mérida. Y yo digo esta historia y ustedes
me deben creer. que desde niño Wina me conoce
y desde niño me ha estado persiguiendo y por fin caí en la trampa. Desde niños nuestras familias
estuvieron aquí y ahora él regresó a Houston hace como 40 años y
él ha estado predicando allá y el Señor ha levantado una congregación
y fue de esa congregación que yo vine aquí por segunda vez. En esta mañana pido que hagan
sus Biblias conmigo, libre de Mateo. Mateo capítulo ocho. Dice, cuando descendió, Mateo
ocho uno, cuando descendió Jesús del monte, ¿qué había estado
haciendo allá el Señor Jesucristo sobre el monte? Acabamos de ver
esto en los últimos meses. Él estaba predicando el sermón
sobre el monte que incluye los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo. Y ahora esto es inmediatamente
después habiendo concluido su mensaje. Él descendió del monte
y le seguía mucha gente. Había mucha gente allá oyendo
el mensaje y mucha gente, una gran multitud, le seguía. Y de
aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo, Señor, si
quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó,
diciendo, quiero, sé limpio." Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo, Mira,
no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta
la ofrenda que ordenó Moisés para testimonio a ellos. Los grandes milagros que hizo
nuestro Señor Jesucristo mientras Él estuvo aquí en la Son milagros que no pueden ser
confundidos. Son milagros. Dios es el que hace milagros.
Son milagros de Dios. Y los judíos que hicieron toda
clase de acusaciones en contra del Señor Jesucristo, en respecto
a dos cosas no pudieron ellos levantar ninguna acusación. Primero,
con respecto a su linaje, o sea, su descendencia. Él era hijo
de David. Y segundo, no pudieron contradecir
los milagros, aunque intentaron, pero no pudieron contradecir
o calumniar los milagros que él hizo. Estas cosas fueron hechas públicamente. Son cosas de registro público
esto. No pueden ser negados, no pueden
ser traídos a cuestión. Y el número de los milagros que
hizo nuestro Señor Jesucristo y la clase de los milagros sirven
para probar dos cosas. Primero, que Él es el Cristo,
el Hijo de Dios. Jesús de Nazaret es el Cristo,
el Hijo de Dios. Vean lo que dice Mateo capítulo
once, versículo cuatro. Las cosas que hizo el Señor Jesucristo
dieron testimonio que él era el Cristo. Aquí está el Señor
Jesucristo enviando mensajes a Juan el Bautista. Juan el Bautista
envió mensajeros al Señor Jesucristo. En versículo 3, para preguntarle
al Señor Jesucristo, ¿Eres tú el que había de venir o esperamos
a otro? Cuando lleguemos a este versículo
voy a ampliar más sobre este asunto. Pero por el momento vamos
a dejarlo así. Juan el Bautista envió a estos
mensajeros a preguntarle al Señor Jesucristo, ¿Eres tú el que había
de venir o esperamos a otro? Y respondiendo, Jesús les dijo,
id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Y luego el Señor
Jesucristo les citó textos en la palabra de Dios. Si ustedes
ven allá en Isaías capítulo 35, la evidencia de que es Dios que
vino aquí al mundo. En el Isaías capítulo 35, versículo Versículo uno, se alegrarán el
desierto y la soledad. El yermo se gozará y florecerá
como la rosa. Florecerá profusamente y también
se alegrará y cantará con júbilo. La gloria del libro le será dada,
la hermosura del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria,
¿de quién? De Jehová. La gloria, la hermosura
del Dios nuestro. Fortalecer las manos cansadas,
afirmar las rodillas endebles, decir a los de corazón apocado,
esforzaos, no temáis. Es aquí que vuestro Dios viene
con retribución. Con pago, Dios mismo vendrá y
os salvará. Cuando Dios venga, cuando Dios
mismo venga, y cuando Dios mismo os salve, dice versículo 5, entonces
de los ojos de los ciegos serán abiertos, entonces el oído de
los sordos se abrirán, entonces el cojo saltará como un siervo
y cantará la lengua del mudo porque aguas serán cavadas en
el desierto y torrentes en la soledad. Estos son milagros que
fueron, que el Señor Jesucristo hizo en lo físico que daban testimonio
que Dios mismo vino aquí al mundo. El eterno hijo de Dios fue hecho
carne. El verbo fue hecho carne. Y los
milagros que fueron hechos en el ámbito físico tienen su correlación
en el ámbito espiritual. Es decir, todas las cosas, los
milagros, las enfermedades físicas, Son solamente una representación,
podríamos decir, de la realidad espiritual. Es decir, todo hombre
por naturaleza, tú y yo por naturaleza. Somos ciegos, no podemos ver
la gloria de Dios en la faz de Cristo Jesús. Vemos a Cristo
Jesús y decimos, es meramente un hombre, o eso a mí qué. Si puedes ver que Cristo Jesús
es Dios manifestado en la carne, es porque Dios te ha dado ojos
para ver. Ha hecho un milagro. Eres un
milagro andando. El hombre por naturaleza está
cojo. El hombre no puede venir a Dios. Ninguno puede venir a mí si el
Padre que me envió no le trajere. Pero si tú estás viniendo ahora
a Dios por medio de Cristo Jesús, estás confiando únicamente en
Él, en Su sangre preciosa para quitar tu pecado. Estás confiando
en Su justicia como tu única aceptación, tu única justicia
delante de Dios. Estás viniendo a Dios, eres un
milagro andando. Dios te ha dado pies para andar. Ciego, sordo. Ciego, cojo, sordo. Los hombres por naturaleza no
pueden oír. No pueden oír la voz de Dios.
Son sordos. Pero si tú oyes la voz del Señor,
mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Si tú puedes oír la voz del Señor
Jesucristo en su palabra, es porque eres un milagro. Dios
te ha dado oídos para oír. Dios te ha dado. Esos oídos no
son naturales, son oídos que Dios da. El oído que Dios da
hace que sus ovejas vengan a Él. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen. Muchas personas oyen, pero les
entra un oído y les sale el otro. No tiene ningún fruto. Pero sus
ovejas... todos los sanamientos en lo físico
representan una realidad espiritual en nosotros y no hay ninguna
diferencia en este hombre que vemos en esta mañana. Todos nosotros
por naturaleza tenemos una enfermedad incurable, se llama la lepra,
la lepra del pecado. La lepra del pecado, el pecado
en nosotros que recibimos de nuestro padre Adán nos constituye
inmundos delante de Dios. Esa es la palabra que nos describe. Si podríamos decir, dime una
sola palabra que describe a Dios. ¿Cuál es esa palabra? Santo. Santo. Por encima de todo, Dios
es santo. No hay otro Dios. No hay otro
como Él. Y todos sus atributos, se tiene
que decir, son atributos santos. Es decir, su amor es amor santo. Su misericordia es misericordia
santa. Su justicia es justicia santa.
Él es santo, santo, santo. Separado de los hombres. No hay
otro como Él. No te puedes imaginar a Dios. está solo, bendito para siempre,
en la eternidad, hasta la eternidad no hay otro. Él es santo. ¿Y qué es una palabra que describe
a nosotros el hombre? Si pudiéramos nosotros buscar
una palabra. Bueno, ¿qué dice la palabra de
Dios que nos califica a nosotros? ¿Quieren ustedes regresar conmigo
a Isaías? Isaías capítulo seis. Bueno, primero vean Isaías uno. Versículo cuatro. pecadora. Pueblo cargado de maldad. Generación de malignos hijos
depravados. Dejaron a Jehová. Provocaron
a ira al santo de Israel. Se volvieron atrás. ¿Por qué
querréis ser castigados aún? Todavía os rebelaréis. Toda cabeza
está enferma, todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta
la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida
llaga. No están curadas ni vendadas
ni suavizadas con aceite. Esto está describiendo a un leproso. Es la descripción de un leproso.
Y en Isaías capítulo 6. Nosotros, si nos miramos a nosotros
mismos, y si te comparas con otro hombre, siempre vas a salir
bien. ¿Verdad? Si te vas a comparar
con otra persona, no buscas a alguien mejor que tú. Buscas a alguien
que es peor que tú. Dices, bueno, yo reconozco mis
faltas, pero mira a este. Este sí tiene faltas, para que
veas. Eso equivale a un gusano comparándose
con otro gusano. Los dos son gusanos. Pero ahí
está un gusano comparándose con otro gusano. ¿Dónde vemos nosotros
lo que somos por naturaleza? A la luz de la gloria de Cristo. Mientras no tengamos luz de la
gloria de Cristo, estamos comparándonos frente a un espejo sin luz. No tenemos luz. y mientras no
tengas luz no puedes ver pero cuando la gloria de Dios es manifestado
y vemos quien es el santo el santo Dios a la luz de quien
es Cristo Jesús cuando Dios muestra esto entonces nos vemos a nosotros
mismos tal como somos vean Isaías, Isaías era un profeta de Dios
y él todo el tiempo que antes de que el señor se le manifestara
si ustedes brevemente ven allá en Isaías capítulo 5 él está
diciendo hay hay de los que hacen lo malo de los que lo malo dicen
bueno de lo bueno malo versículo 20 que hacen la luz tinieblas
y las tinieblas luz y ponen lo amargo por dulce y lo dulce por
amargo Versículo 21. Hay de los sabios en sus propios
ojos, de los que son prudentes delante de sí mismos. Versículo
22. Hay de los que son valientes
para beber vino y hombres fuertes para mezclar bebida. En otras
palabras, Isaías está antes de esto, está diciendo, hay de ti. Hay de ti. Mira cómo estás andando. Hay de ti. Hay de ti, hay de
ti, hay de ti. Está apuntando el dedo para allá.
Pero cuando el Señor se le reveló a Isaías, ya no dijo, ¡Ay de
ti! Él dijo, ¡Ay de mí! Hay una gran
diferencia. Vean Isaías capítulo 6. ¿Cuál
fue la diferencia? El año que murió el rey Usías,
vi yo al Señor. Yo vi al Señor Jesucristo. Sentado sobre un trono alto y
sublime. y sus faldas llenaban su gloria,
llenaba el templo. Por encima de él había serafines,
cada uno tenía seis alas, y con dos cubrían sus rostros, y con
dos cubrían sus pies, y con dos volaban. El uno al otro daba
voces diciendo, Santo, santo, Jehová de los ejércitos, toda
la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas
se estremecieron con la voz del que clamaba y la casa se llenó
de humo. A Isaías se le permitió mirar
en la gloria. Se le permitió mirar al Señor
Jesucristo sentado sobre el trono. y es lo que pedimos que el Señor
haga en la predicación de la palabra, que Él muestre quién
es el Señor Jesucristo. Sí, Él fue un hombre, Él es hombre. vino aquí a este mundo y murió,
estableció justicia aquí en la tierra, y él murió por el pecado
de su pueblo, pero habiendo hecho satisfacción, Dios lo resucitó
de los muertos, y él es el que está sentado sobre el trono.
Isaías vio al Señor Jesucristo sentado sobre el trono, y en
la luz de la gloria de Cristo Jesús, él dijo entonces, ay de
mí, ay de mí. Ya no es hay de ti, ahora es
hay de mí. Dice, hay de mí que soy muerto, porque siendo hombre
inmundo de labios. Ahí está la palabra que estoy
buscando, inmundo. Esa es la palabra que nos describe
a ti y a mí, inmundo. Saben, esto era lo que tenía
que andar un leproso cuando era determinado que tenía lepra. se presentaba ante el sacerdote. Muy interesante la ley del leproso.
En el Antiguo Testamento, si una persona tenía una mancha
en su cuerpo, se presentaba al sacerdote y mostraba esa mancha. Y si el sacerdote determinaba
que esa mancha era lepra, era expulsado de la ciudad, tenía
que vivir fuera de la ciudad, no tenía ningún beneficio de
la ciudadanía, tenía que andar vagando solo, si entraba en presencia
de cualquier otra persona, debía cubrir su boca y clamar, inmundo,
inmundo, no te acerques a mí. Todo lo que ese leproso tocaba
se volvía inmundo. No podías tocar lo que el leproso
tocaba. Y así quedaba, el rezo subía
y moría leproso. Esa era una figura, es una figura
del pecado. Si una mancha es reconocida por
el sacerdote, en el cuerpo de ese hombre era declarado inmundo,
era expulsado. Nosotros no tenemos no solamente
una mancha, estamos podrida llaga e hinchazón desde la cabeza hasta
los pies. No hay en nosotros cosa sana.
Nuestra voluntad es contra Dios. Nuestro afecto es contra Dios. Somos enemigos de Dios naturalmente. Nuestra voluntad es hacer el
mal contra Dios. Y nuestras acciones son contrarias
a Dios. Es enemistad. Somos enemigos.
No tenemos simplemente una manchita. Estamos cubiertos de pecado. y nos hace, nos constituye inmundos. Dice Isaías, soy inmundo de labios,
inmundo de labios. ¿Saben qué es lo que sale de
los labios? Lo que está en el corazón. Dijo el Señor Jesucristo, de
la abundancia del corazón. Es decir, lo que está en tu corazón,
eso va a salir por tu boca. Si una persona ama al Señor Jesucristo,
eso va a salir de su boca. Eso va a confesar. Si una persona
es enemigo de Cristo, con sus palabras vas a poder detectarlo. Esa persona se va a delatar de
la abundancia del corazón. Si una persona está confiando
en sí mismo, en lo que él hace para ser salvo, es enemigo de
Cristo, no conoce a Cristo. Y en sus testimonios, sus palabras,
se va a declarar. Pero si una persona está confiando
únicamente en la gracia de Dios, está confiando únicamente en
el Señor Jesucristo, también sus palabras van a revelarlo. Pero aquí está diciendo, soy
inmundo de labios, habitando en medio del pueblo que tiene
labios inmundos. Han visto mis ojos al Rey Jehová
de los ejércitos. Bueno. Quiero regresar. Ya me desvié bastante, pero quiero
regresar. Estoy hablando de esta enfermedad
que es la lepra. Quiero volvernos al tema. El
Señor Jesucristo descendió del monte. El Señor Jesucristo descendió
del monte. Y enseguida, dice, he aquí. He aquí. Esta palabra, he aquí. y lleva consigo la expresión
de asombro. Mira, asómbrate, es aquí un leproso. Es aquí un leproso. Saben, había
muchos leprosos en aquellos días. Había muchos leprosos. Y había
muchas personas que subieron allá al monte a oír a nuestro
Señor Jesucristo. Pero se nos habla aquí de este
leproso. El Espíritu Santo nos está mostrando
cómo debemos nosotros venir al Señor Jesucristo. ¿Quién puede
leer Mateo capítulo 5, 6 y 7 y no ver que en sí mismo no tiene
ningún bien? ¿Quién puede leer? Estoy hablando
de aquellos que Dios les ha dado ojos para ver a Cristo. Si Dios
te ha dado ojos para ver a Cristo y tú lees allá en Mateo capítulo
5, 6 y 7 de la santidad de aquellos que son los habitantes del reino
celestial, bienaventurados los pobres en espíritu, eso no te
describe a ti y a mí por naturaleza. Eso no te describe a ti. ¿Quién
puede leer estas cosas y no decir, ay de mí? ¿Quién puede leer estas
cosas? Vuelvan a leer Mateo 5, 6, y
7. ¿Y quién puede leer estas cosas
y no decir, ay de mí? Soy inmundo. Soy inmundo. Estas cosas no residen en mí
por naturaleza. Estas cosas no son de mí. Bueno,
este hombre, para mostrar cómo debemos nosotros venir a Dios,
este hombre vino. Aquí vino un leproso. Noten, vino cuando era leproso. Y es la única manera que una
persona va a venir al Señor Jesucristo, va a venir tal como es. ¿Cuántas
personas convencidas de su pecado piensan que van a venir a Cristo
cuando dejen este vicio o el otro? Voy a empezar a leer mi Biblia
y luego vengo a Cristo. Voy a empezar a orar y luego
vengo a Cristo. Voy a dejar este vicio o el otro
y luego vengo a Cristo. La persona que viene a Cristo
va a venir en su lepra. va a venir en su pecado. Cristo
Jesús salva a pecadores de sus pecados. Él vino tal como estaba. Es decir, nosotros no podemos
ayudarle a Dios en esta obra. El momento que trates de levantar
un dedo para ayudar al Señor Jesucristo en esta obra que solamente
Él puede hacer, ya no estás viniendo en fe. ya no es la fe de los
escogidos de Dios. Ahora piensas que vas a hacer
una colaboración con él. Este hombre vino, un leproso,
vino en esa condición. Podríamos hablar todo el día
acerca de la lepra, del pecado que nos condena, pero solamente
el Señor Jesucristo, el Espíritu Santo, con su palabra puede convencernos
de pecado. Dijo el Señor Jesucristo en Juan
capítulo seis, 16, dijo, cuando venga el Consolador, cuando venga
el Espíritu Santo, Él convencerá de pecado, de juicio y de justicia. ¿Y saben en respecto a qué cuando
dice pecado? Convencerá de pecado no porque
robaste algo, no porque mataste una persona, no porque mentiste,
convencerá pecado con respecto a este tema. No creyeron en mí. No creyeron
en mí. No están confiando únicamente
en mí. Están confiando en algo que ellos
hacen, es decir, no son tan leprosos. Puedo pensar, si pudiera yo tomar
un poco de libertad acá, puedo pensar en los otros leprosos
que estaban allá. Puedo pensar que en esa colonia
de leprosos, este hombre leproso, él oyó de la fama del Señor Jesucristo. Por esto vino. Por eso vino,
porque él oyó que el Señor Jesús, Jesús, Él puede sanar toda clase
de dolencia, toda clase de enfermedad. Él oyó esto. Pero puedo imaginar
que en esta otra, en esta colonia donde él estaba, tal vez había
otros compañeros que tenían la misma condición. Y él les decía,
mira, oigo que hay un Jesús de Nazaret que él puede sanar toda
clase de enfermedades. Él puede sanar nuestra lepra.
Yo voy a ir a él. Y su compañero le habrá dicho,
bueno, ¿sabes qué? Yo creo que voy a ir a él la
semana que viene. Ves, hoy no porque estoy poniéndome
esta pomada. Esta pomada me hace sentirme
mejor. Esta pomada se llama, atiende
a los servicios. Me embresí en una iglesia, así
se llama esa pomada. Y cuánta gente está simplemente
calmando su conciencia, pensando que al ser miembro de una iglesia,
tener esta cátedra o tener la otra, se están poniendo una pomada
que les hace sentirse mejor, pero el problema es que nunca
han venido a Cristo. No vienen a Cristo. El otro dijo,
¿sabes qué? Sí, yo pienso que voy a ir, pero
primero voy a lavarme, voy a bautizarme. Este bautismo me hace que me
siento yo limpio. excusas o cosas pone el hombre
y no viene al Señor Jesucristo. Como ha dicho, y la palabra de
Dios dice, nosotros va, Él vino a salvar a pecadores. Él vino
a salvar al más vil pecador. No vino a darle la ayuda, a echar
la mano. Él vino a salvar. Vino un leproso. ¿Qué cosa ¿Qué
milagro de Dios de traer a una persona? Yo veo milagro ante
milagro. ¿Qué milagro de traer a una persona
para exponerse, para confesar delante de toda esa multitud,
yo soy leproso? Yo soy leproso. Los leprosos
querían esconderse. Querían esconderse. No vayan
a decir los de la ciudad, mira, ahí está Cody el leproso. No
me vayan a reconocer, yo soy leproso. Ahí está aquí todas
mis llagas y todo, pero no vayan a decir, ahí está Cody el leproso.
Ahí está Cody el pecador. No vayan a decir eso. Pero este
hombre salió delante de todos. Delante de todos. Cuántas personas
dicen, bueno, no quiero. No quiero venir a Cristo porque
voy a exponerme que soy pecador. Una persona va a tener que exponerse,
decir, yo soy pecador. Y si nadie más es pecador en
toda esa multitud, yo sí soy leproso y yo necesito la sanidad. Es un milagro de Dios traer a
una persona. Él es el que produce en vosotros
el querer, así como el hacer por su buena voluntad. Él lo
produce y es por eso que es obra de Dios. Pero este hombre vino. Este hombre vino, este leproso.
Y noten allá, él se postró. Él vino y adoró al Señor Jesucristo. se postró, hizo reverencia a
Él. Le adoró, dice en Lucas, adoró
al Señor Jesucristo. La única manera que nosotros
vamos a adorar a Dios es si reconocemos que Él es soberano. No vas a
adorar uno con quien tengas trato. Es decir, si tú piensas que vas
a venir, alguna persona piensa que va a venir y va a hacer un
trueque o un arreglo. Mira, Dios, yo te prometo esto,
esto y lo otro si tú me salvas. Esa persona no va a adorar a
Dios. Solamente vas a adorar a uno
que es soberano, uno que tiene absoluta control sobre nuestra
vida, que no depende de nosotros. Él se postró y le adoró. Y note en sus palabras, revela
lo que estaba en su corazón. Él dijo, Señor. Él reconoció
a este hombre, Jesús de Nazaret, como Señor. Señor. No vas a venir a Dios aparte
de reconocer a Jesús como Señor. Una persona que no reconoce,
estoy hablando de Dios mi Señor. Una persona que dice, porque
después de todo muchos dicen Señor, Señor, lo acabamos de
ver en Mateo 7. Pero una persona que reconoce
que Él es el Señor dueño absoluto de mi vida, Él es Dios, Señor,
Él dijo, si quieres, puedes limpiarme. Si quieres, puedes limpiarme. Aquí este hombre está reconociendo
la autoridad del Señor Jesucristo de hacer con Él lo que Él quiere. Y noten, aunque él dudó de la
voluntad del Señor, si quieres, él no dudó de su poder. Muchas
personas, muchas personas no dudan del poder del Señor Jesucristo
de salvarlos por su sangre preciosa, de quitar todo su pecado. No
dudan, no dudan de la justicia del Señor Jesucristo que nos
justifica. que nos presenta de la no dudan
de esto pero dudan que si el señor los va a salvar a ellos
y todo tiene que ver porque ellos se consideran demasiado malos
demasiado estoy demasiado demasiado yagado pero escuchen esto el señor Jesucristo
inmediatamente que este hombre Él dijo, Señor, si quieres, si
quieres, es tu voluntad, es tu voluntad la que se va a hacer.
Si tú quieres, tú puedes, tú tienes el poder. Él tiene el
poder y Él tiene la autoridad para hacer, dar vida a todos
los que vienen ahí, a todos los que el Padre le dio. Extendió
su mano. Jesús extendió la mano. y le tocó qué cosa tan hermosa
es eso antes que le diga palabra le tocó antes que le diga palabra
se identificó con este hombre qué cosa el santo el santo hijo
de dios tocó a un hombre leproso y él mismo no se manchó ven allá el evangelio Dios mismo,
el verbo, fue hecho carne y habitó entre este estiércol del mundo y él mismo
no se manchó. Él habitó entre nosotros y él
no fue contaminado por nosotros. Él no hizo pecado. Él se identificó con este hombre,
lo tocó. Y escuchen, el Señor Jesucristo
se ha identificado con su pueblo antes de la fundación del mundo.
Él se ha identificado con nosotros. Él es uno con nosotros. Él le tocó, extendió la mano. La única razón por la cual Él
no fue contaminado es porque Él llevó nuestros pecados en
su cuerpo y los llevó a la cruz y él murió allá en la cruz por
todo el pecado de su pueblo. Él llevó el pecado de su pueblo
en su propio cuerpo, pero él no fue pecador. Él no hizo pecado. Extendió la mano y le tocó diciendo
con su palabra, él mostró no solamente su voluntad, sino también
su poder. Primeramente dijo quiero. Quiero. Si tú quieres, puedes limpiarme. Lo tocó y dijo, quiero. Quiero. Es la voluntad del padre salvar
a pecadores. Así es que no digas que tienes
demasiado pecado. Es la voluntad de Dios salvar
a pecadores. Él vino a salvar a pecadores.
Él dijo, quiero. Mostrando su voluntad, es la
voluntad de Dios por la que somos salvos. Él de su voluntad nos
hizo nacer por la palabra de verdad. Nos dice en Santiago
1.18, de su voluntad, es la voluntad de Dios salvar. Esta es la voluntad
del que me envió, de todo lo que me diera, no pierda yo nada,
sino que le resucite en el día postrero. Somos nacidos no por
voluntad de carne y de voluntad de varón y de sangre. Somos engendrados
por la voluntad de Dios. Sí, quiero. Quiero. Y esa es la razón por la cual
somos salvos, porque Dios quiere. Porque Dios quiere. Y luego,
la palabra de poder. La palabra, una cosa es que quiera,
otra cosa es que haga. ¿Verdad? Pero en el caso de Dios,
si Él quiere, Él hace lo mismo. Cuando Él dice, quiero, va Su
palabra y dice, sé limpio, sé limpio. Cuando el Señor Jesucristo
vino a la cruz del Calvario, Él dijo, quiero. Él dijo, yo vine para esto, para
dar mi vida en rescate por mi pueblo. Él no vino para hacerse
a un lado. Padre, la hora ha llegado, ¿y
qué diré? Sálvame de esta hora, más para esta hora he venido.
Padre, glorifica tu nombre. Y Dios respondió, lo he glorificado
y lo glorificaré otra vez. Él vino para esto. Dijo, sé limpio. La manera que
Dios limpia a pecadores, ¿cómo está? Es por la voluntad de Dios,
es por la identificación del Señor Jesucristo con su pueblo. Él tomó nuestro pecado en su
propio cuerpo, y fue la cruz del Calvario. Y él murió, su
sangre fue derramada, y es la sangre del Señor Jesucristo que
quita el pecado de su pueblo. y es la obediencia del Señor
Jesucristo que nos limpia. La obediencia del Señor Jesucristo
que nos hace limpios delante de la presencia de Dios. La sangre
quita el pecado de su pueblo y la obediencia del Señor Jesucristo,
la justicia del Señor Jesucristo es imputada, puesta a nuestra
cuenta. Y es así como nosotros podemos
venir delante de la presencia de Dios. Y noten, dice, al instante
desapareció su lepra. al instante, no proceso, no hubo
una ceremonia que cumplir. Saben, estaba yo hablando de
la ley del leproso en el Antiguo Testamento. Ahí está esta persona
que tiene lepra y bueno, tiene una mancha en la piel y va adelante
del sacerdote para mostrarle esa mancha. Y ahí está el primer
caso, viene el hombre y tiene una manchita. El sacerdote lo
mira y dice, es lepra, fuera de acá, inmundo. Ahí está es
otra persona, otro caso. Viene una persona y dice el sacerdote,
mira, yo sé que tengo lepra por todas partes, pero mira, aquí
adentro, si yo abro la camisa, hay un poquito de carne sana. Así es el hombre. Es un poquito
de bueno. ¿Saben qué declaraba el sacerdote? Fuera de aquí. Estás sucio. Eres inmundo. Expulsado. Pero hay otro caso. Cuando el
sacerdote, venía este hombre delante del sacerdote y el sacerdote
lo miraba. Puedo ver al sacerdote con su
lupa. Miraba al sacerdote y miraba
su caspa y miraba debajo del cuello. Miraba todo su cuerpo.
y si estaba completamente cubierto de los pies a la cabeza, ¿saben
qué declaraba el sacerdote? Limpio. Limpio. Al momento de revisar
y ver que está completamente cundido de lepra, el sacerdote
decía limpio. Lo podía declarar limpio, pero
no lo podía limpiar. en la ley es figura nada más. Pero el Señor Jesucristo no solamente
le declaró limpio, lo hizo limpio. La ley tiene la sombra, pero
Él lo declaraba limpio. Y después de que lo declaraba
limpio, tenía que este hombre ofrecer unos sacrificios en testimonio
del Señor Jesucristo. Y es lo que dijo el Señor Jesucristo
en versículo cuatro. Entonces Jesús le dijo, mira,
no lo digas a nadie. Él estaba en Galilea. Este hombre
estaba lejos de Jerusalén. Y no le está diciendo, no le
digas a nadie. Lo hizo en presencia de una multitud. No era con un
secreto. Lo hizo en presencia de multitud. No dijo, no se lo
digas a nadie. No está diciendo eso. Está diciendo,
no te detengas en el camino. Ve inmediatamente a Jerusalén.
Muéstrate al sacerdote. Ahí tenía que ir. Y presenta
la ofrenda que ordenó Moisés. Él te va a declarar. Ahora, no
solamente limpio. El sacerdote lo había declarado
inmundo. Y ahora, estando todavía bajo
la ley, el sacerdote lo iba a declarar limpio. Pero no solamente lo
iba a declarar limpio con una declaración, sino que lo iba
a ver limpio. ¿Dónde está tu lepra? ya no está. ¿Quién hizo eso? Jesús de Nazaret. Porque todavía estaba bajo la
ley, Él ofreció ese sacrificio que era determinado en la ley
para testimonio a estos religiosos. Que el Cristo ya vino. Que vino
el cumplimiento de lo que estaba dicho en el Antiguo Testamento. ¿Cómo podemos nosotros venir
a Cristo? ¿Cómo debemos nosotros venir a Cristo? ¿Estás convencido
por el Espíritu Santo? Puedes leer Mateo 5, 6 y 7 y
decir, ¡Ay de mí! ¡Ay de mí! Si es así, yo soy
inmundo, no hay esperanza en mí. ¿Cómo debemos venir? Debemos venir como este hombre
leproso. postrarnos delante del Señor Jesucristo. Está en su voluntad. Pero gracias
sean dadas a Dios, si Él pone en nosotros, si Él nos revela
nuestra condición, de veras como somos, es porque también nos
va a revelar al Salvador. Si Dios te muestra tu miseria,
tal como verdaderamente eres, es porque Dios también te va
a mostrar al Salvador. Te está conduciendo a los pies
del Señor Jesucristo, pero vas a venir de esta manera, humillado,
vas a venir, vamos a venir, yo voy a venir, tú vas a venir humillado. No vamos a buscar guardar dignidad,
vamos a confesar lo que somos delante de todos, delante del
Señor. vamos a apostar y adorarle a
él si él quiere él puede salvarnos de todos nuestros pecados gracias
sean dadas a dios por su decreto por sus palabras quiero ten ánimo
pecador cristo quiere él vino para salvar a su pueblo que el
señor bendiga su palabra
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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