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Cody Groover

Cristo es el refugio para pecadores

Numbers 35:9-28
Cody Groover January, 25 2015 Video & Audio
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Cody Groover
Cody Groover January, 25 2015

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Buenas noches, hermanos. Estaba yo viendo las palabras
de este himno que acabamos de cantar. Mi Salvador en su bondad
al mundo malo descendió y de hondo abismo de maldad mi alma
levantó. Seguridad me dio Jesús cuando
su mano me tendió. Estando en sombra, No estábamos
en sombra, meramente, en noche. Estando en noche, en oscuridad,
en tinieblas. Yo sé que la palabra tinieblas
no le viene ya para la música, pero tal vez noche pueda ser
bueno. Estando en noche a plena luz, en su bondad me levantó. Quiero que en esta noche veamos
en nuestras Biblias, si ustedes abren conmigo en sus Biblias,
allá donde tenemos el relato de las ciudades de refugio, pero
quiero que veamos en Deuteronomio. Perdón, es en Deuteronomio, capítulo
19. Versículo 1 dice, cuando Jehová
tu Dios destruya las naciones cuya tierra Jehová tu Dios te
da a ti, y tú las heredes y habites en sus ciudades y en sus casas,
te apartarás tres ciudades en medio de la tierra que Jehová
tu Dios te da para que la poseas. Todos nosotros necesitamos, todos
nosotros necesitamos un refugio. Necesitamos un refugio. El refugio que nosotros necesitamos
necesita ser un refugio dado por Dios, un refugio seguro,
un refugio que nos libre del vengador de la sangre. Todos
nosotros somos culpables de asesinato. Todos nosotros somos culpables.
No matarás, dice la ley de Dios. Bueno, yo nunca he matado. ¿Sabías
que quebrar una ley es quebrar todas las leyes? ¿Sabías que
ser culpado de una ley es ser culpado de todas? Todos nosotros
somos culpables de haber quebrantado la ley de Dios y merecemos la
muerte y el vengador es la justicia de Dios. La justicia de Dios
está detrás de nosotros. Y hay de aquella persona que
la justicia de Dios lo alcance fuera de este refugio que es
Cristo Jesús, nuestro Salvador. Cristo Jesús es el refugio. Como hemos oído en la lectura,
Dios dio instrucciones claras a Israel de asentar estas ciudades
de refugio. Y estas ciudades de refugio son
una figura de nuestro Señor Jesucristo. Hay unas cosas que podemos nosotros
meditar y pensar cómo estas ciudades de refugio señalan a nuestro
Señor Jesucristo. Y estas fueron dadas porque la
ley demanda satisfacción. Dios dijo en su ley, si hubiera
muerte entonces pagarás vida por vida. Éxodo 21, pagarás vida
por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie
por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por
golpe. Así es que si una persona en
la nación de Israel daba muerte a otro, esa persona debía morir,
debía morir. Señala claramente entonces el
castigo que debería recibir el crimen según la severidad. Y si una persona asesinaba, si
una persona con malicia, con intención asesinaba, ponía muerte
a una persona, esa persona moría irremediablemente. y la persona que daría el golpe
de muerte sería el pariente cercano. Un hermano, un tío, un papá,
sería un pariente cercano. Él daría el primer golpe de muerte. Es por esto que Dios dio esas
instrucciones de las ciudades de refugio. Y como hemos oído
en la lectura allá en Deuteronomio, si una persona dice allá versículo
4 de Deuteronomio 19, este es el caso del homicida que huirá
allí y vivirá. Habría casos cuando un homicida,
una persona era culpable de dar muerte a otra persona, sin embargo
esa persona no moría. ¿Y cuál era el caso? Aquel que hiriera a su prójimo
sin intención y sin haber tenido enemistad con él anteriormente. No tuvo la intención. Como de
nosotros hablaríamos y diríamos un accidente. Así hablaríamos
nosotros. Como el que fuera con su prójimo
al monte a cortar leña y al dar su mano el golpe con el hacha
para cortar algún leño. Esto me ha pasado a mí. De repente salta del palo el hierro. Salta y se
va volando. Esto ha pasado. Saltar el hierro
del cabo y ir contra su prójimo, este muriera, aquel huirá a una
de estas ciudades y vivirá. Aquella persona que daba muerte
sin intención podía huir a una de estas ciudades. ¿Qué debía
hacer esa persona? ¿Qué debía hacer esa persona
que daba muerte sin intención a su prójimo? debía huir a una de estas ciudades
y presentar su caso ante los ancianos, porque el vengador
de la sangre no va a hacer preguntas. Él viene para vengarse, él viene
para matar. Ahora, Dios dio instrucciones
para formar estas seis ciudades y dijo también que debía quedarse
en esa ciudad. debía permanecer en esa ciudad
y no salir de esa ciudad, como también hemos oído allá en Números. Debía no salir de esa ciudad,
si el homicida salía. Si ustedes ven allá en Números,
capítulo 35, aquí está dando también este relato de las ciudades
de refugio, comenzando en el versículo 9, pero si brincan
hasta el versículo 26, Si el homicida saliera fuera de los
límites de la ciudad de refugio en el cual se refugió y el vengador
de la sangre le hallara fuera de los límites de la ciudad de
refugio y el vengador de la sangre matara al homicida, no será culpado
por ello. No se culpará por ello. Pues
en su ciudad de refugio deberá aquel habitar hasta que muera
el sumo sacerdote y después que haya muerto el sumo sacerdote,
el homicida volverá a tierra de su posesión. Debía quedarse
adentro de esta ciudad de refugio. El refugio que nosotros tenemos,
el refugio que Dios ha puesto, es el Señor Jesucristo. Nos dicen
de Autonomio 33, versículo 27, el eterno Dios es nuestro refugio. el eterno Dios en Cristo Jesús,
Deuteronomio 33, 27. Cristo es el refugio para pecadores
culpables de haber quebrantado su ley. En Salmo 62, versículo
6, esto es lo que dice, Salmo 62, versículo 6, Él, hablando
del Señor Jesucristo, Él solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio. No resbalaré. En Dios está mi
salvación y mi gloria. En Dios está mi roca fuerte y
mi refugio. Esperad en él en todo tiempo,
oh pueblos. Derramad delante de él vuestro
corazón. Dios es nuestro refugio. Dios es nuestro refugio. Y nosotros
acudimos a Él para refugiarnos en el único lugar seguro contra
la ira de Dios. Nos dice la Palabra de Dios que
Dios ha puesto a Cristo Jesús como refugio y Dios ha prometido,
Dios ha prometido que todo aquel que viene a Él será salvo. Todo
aquel que es hallado en Cristo Jesús será salvo. Y en Hebreos
capítulo 6 versículo 18 nos dice que por dos cosas inmutables
en las cuales es imposible que Dios mienta. Es imposible que
Dios mienta. Tenemos nosotros entonces un
fortísimo consuelo los que hemos acudido a Cristo Jesús para refugiarnos. Tenemos un fortísimo fortísimo
consuelo que hemos acudido para asirnos, para aferrarnos de la
esperanza que está puesta delante de nosotros. Ahora quiero que
veamos algunas maneras en las que las ciudades de refugio nos
señalan a nuestro Señor Jesucristo. Primeramente podemos notar que
estas ciudades de refugio no vinieron a a la existencia, podríamos
decir, no vinieron simplemente porque se le ocurrió a Moisés. ¿Lo pueden ver allá? Habló Jehová
a Moisés diciendo, Dios, por mandato de Dios estas ciudades
fueron puestas, es decir, Dios decretó, es por la voluntad de
Dios Por la palabra de Dios, estas ciudades fueron puestas
para seguridad y salvación de aquellas personas que huían del
vengador de la sangre. Fue por el nombramiento de Dios
también que su hijo, nuestro Señor Jesucristo, por el nombramiento
de Dios y por la voluntad de Dios. Cristo vino a ser el refugio
de su pueblo. Dice allá, en Hebreos capítulo
7. Es nuestro Cristo Jesús fue puesto
por Dios el Padre como el fiador de este pacto eterno. En Hebreos capítulo 7 versículo
22. Por tanto, Jesús es hecho. Él fue hecho fiador de este pacto
eterno. Cristo no tomó este cargo por
sí mismo. Dios el Padre lo decretó. Dios el Padre le dijo a él, tú
eres mi hijo amado, yo te engendré. Dios el Padre lo puso a él como
Cristo. Dios el Padre le dio a él. Dios
el Padre lo puso a él como sacerdote. Vean en Hebreos capítulo 5, versículo
5. Él no tomó este cargo de ser
sumo sacerdote sobre sí mismo. Dice versículo 5, así tampoco
Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino
que el que le dijo, tú eres mi hijo, yo te he engendrado, como
también dice en otro lugar, tú eres sacerdote para siempre,
según el orden de Milquisede. Cristo Jesús ha sido puesto como
nuestro fiador. Cristo Jesús ha sido puesto como
nuestro sacerdote. Cristo Jesús es nuestra justicia. Dios el Padre dijo que Cristo
Jesús, así le llamarás Jehová, justicia nuestra. Y Él es nuestro
Redentor. En Gálatas 4, 4 dicen el cumplimiento
del tiempo. Dios envió a su hijo, nacido
de mujer, nacido bajo la ley para que nos redimiese de la
ley. La ley nos maldecía, la ley nos
maldice. Y Cristo Jesús ha sido hecho
nuestro Redentor para redimirnos de la maldición de la ley. Y
en Juan capítulo 3, versículo 16, de tal manera amó Dios al
mundo que ha dado. Él dio a su hijo unigénito para
que todo aquel que en él se refugie, todo aquel que en él cree, no
se pierda, más tenga vida eterna. Ahora, primeramente entonces
vemos que estas ciudades de refugio fueron decretadas, fueron dadas
por mandato de Dios y también nuestros señores de Cristo. Nuestro
refugio, de nuestra alma eterna, Él fue dado por Dios el Padre. También podemos notar esto. Estas
ciudades de refugio estaban situadas de una manera que una persona
que era culpable de homicidio podía huir a estas ciudades. Deberían encontrarse con facilidad. No debía haber estorbos en estas
ciudades. Arreglarán los caminos en la
lectura que hicimos en Deuteronomio capítulo 19 versículo 3. Arreglarás los caminos y dividirás
en tres partes la tierra que Jehová tu Dios te dará en heredad. Quiero que vean también Josué.
Quiero que vean también el libro de Josué, porque no solamente
eran tres ciudades, sino que eran seis ciudades de refugio. Josué, capítulo 20. Habló Jehová a Josué, diciendo,
Habla a los hijos de Israel y dile, señalaos la ciudad de refugio,
de las cuales yo os hablé por medio de Moisés, para que se
acoja allí el homicida, que matara a alguno por accidente, y no
a sabiendas, y os servirán de refugio contra el vengador de
sangre. Y el que se acogiere a alguna
de aquellas ciudades se presentará a la puerta de la ciudad y expondrá
sus razones en oídos de los ancianos de aquella ciudad. Y ellos la
recibirán consigo dentro de la ciudad y le darán lugar para
que habite con ellos. Si el vengador de sangre le siguiere,
no entregarán en su mano al homicida, porque por cuanto hirió a su
prójimo por accidente y no tuvo con él ninguna enemistad antes. y quedarán en aquella ciudad
hasta que comparezca en juicio delante de la congregación y
hasta que muera, que fuera el sumo sacerdote de aquel tiempo,
entonces el homicida podrá volver a su ciudad y a su casa y a su
ciudad de donde huyó. Las ciudades de refugio eran
seis ciudades de refugio. Me parece muy interesante que
sean seis. Saben, seis es el número del
hombre. Fue en el sexto día que Dios
creó al hombre. Nuestro refugio es Dios, hombre. Nuestro refugio es el Señor Jesucristo. Deberían poder huir con facilidad. No debía haber estorbos. Arregle
el camino. Que lleguen con facilidad. No
pongas obstáculos en su camino. Deberían encontrar con facilidad
los señalamientos apuntando a todo lo largo del camino. Ahí está
la ciudad, en este camino, corre por este camino. Cristo, nuestro
refugio, lo que nos enseña aquí primeramente es que Él está cerca
de cada uno de nosotros. Cristo, nuestro refugio, no está
lejos. no debe haber obstáculos, no
se deben presentar obstáculos entre el pecador culpable, el
pecador digno de muerte, no debe haber obstáculos entre Cristo
y su alma. La religión falsa que presenta
obstáculos y te dice bueno eres culpable, la ley demanda tu muerte
y ahora Tienes que empezar a vivir mejor. Ese es un obstáculo. Ese es un obstáculo porque no
puedes vivir mejor. Tienes que dejar de hacer algunas
cosas para que puedas venir a Cristo. Ese es un obstáculo. La persona
que reconoce que es pecador, que es digno de muerte, ha sido
convencido por el Espíritu Santo de que es pecador, el predicador
ha de señalar a Cristo Jesús, aquí está, he aquí el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo, ven ahora mismo y ni el
mismo predicador debe meterse en el camino, no debe meterse
en el camino, quítate del camino entre el alma de un pecador y
su salvador, quítate del camino, no trates de meterte allá. dice
allá en Hechos capítulo 17. Es por eso que yo sé aquellas
personas que dicen, bueno, hay que ir por medio de María. María
es camino seguro para ir a Cristo. Esto es una mentira. Esto es
un obstáculo. La persona que va a María nunca
va a llegar a Cristo. Cristo o decir es hablar mal
del carácter del Señor Jesucristo, como si estuviera muy ocupado,
como si Dios estuviera muy ocupado para atender tu caso. Dios no
es hombre. Si vas a ir al gobernador y quieres
presentar tu caso al gobernador, él te va a echar afuera porque
tiene 20 mil cosas que hacer y no quiere oír lo que tú le
vas a decir. Pero venir a Cristo Jesús no es venir delante de
un hombre aquí en la tierra, es venir delante de Dios. Una
persona huye a Cristo Jesús y el momento que comienza a huir ya
llegó. Así de cerca está. En Hechos, capítulo 17. Hechos,
capítulo 17. Esta ciudad de refugio estaba
esparcidas por todo el terreno. Eran seis. Oigan, no hay seis
diferentes salvadores en el mundo. Aquí saben las figuras de Cristo
en el Antiguo Testamento por ser figuras no pueden representar
la realidad que es Cristo Jesús. Eran seis, si podemos hablar
de su humanidad, que él puede ser tocado con nuestras debilidades,
que él vino a dar su vida por pecadores. Él se compadeció de
nosotros. Pero escuchen, no hay seis diferentes
caminos a Dios. Hay un solo camino, Cristo Jesús. Él es el camino, la verdad y
la vida, y nadie viene al Padre si no es por él. El apóstol Pablo
está diciendo allá en Hechos capítulo 17, está hablando allá
en el aerópago, y ellos tenían miles de dioses, miles de caminos. Dicen, cada cabeza es un mundo,
y es verdad. Cada cabeza es una fábrica de
dioses falsos. Pablo vino y versículo 23 dice,
porque pasando mirando vuestros santuarios, allá también un altar
en el cual estaba esta inscripción al Dios no conocido. Estas personas
eran muy supersticiosas, no conocían al Dios vivo y verdadero, pero
por si les pasó uno, no vaya a ser que se ofenda, vamos a
poner allá al Dios no conocido. Al que vosotros adoráis pues
sin conocerle es a quien yo os anuncio. al que el hombre no
puede conocer en sí mismo. El hombre no puede alcanzar a
conocer a Dios aparte de que Dios se le manifieste. Y Dios
se le manifiesta a los hombres en la predicación de la palabra. El Dios que hizo el mundo y todas
las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra,
¿no habita en templos hechos por manos humanas? ¿No puedes
poner a Dios en un nicho? No puedes poner a Dios y encajonarlo
y aquí te vas a quedar. El universo está en Dios. Nosotros
vivimos y nos movemos en Dios. Es lo que dice aquí el apóstol.
El que hizo el mundo y todas las cosas, siendo Señor del cielo
y la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas. ni
es honrado ni impresionado por manos de hombres como si necesitase
de algo. Pues Él, Dios, es quien da vida
a todos, vida y aliento y todas las cosas. La vida que tenemos,
sea cual fuere, se la debemos al Señor Jesucristo ahora. Ya
sea que sea vida carnal, se lo debemos. El aire que estamos
respirando es de Dios. Y si tienes vida espiritual,
también Dios es el autor de esto. Y de una sangre ha hecho todo
linaje de los hombres para que habiten sobre la faz de la tierra
y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de
su habitación para que busquen a Dios y en alguna manera palpando
puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de
nosotros. Dios no está lejos. El apóstol Pablo dijo esto en
Romanos capítulo 10. Cerca de ti está la palabra que
predicamos. Está en tu boca y en tu corazón.
Está ahí o no está allí. Pero si está ahí, Dios lo puso.
Dice allá en Romanos capítulo 10. Esta es la palabra de fe que
nosotros predicamos. Versículo 5 dice, la justicia
que es por la ley, Moisés escribe así, el hombre que haga estas
cosas vivirá por ellas. ¿Quieres venir delante de Dios
por la ley? Adelante, vive la ley y hazla
perfectamente. Nunca la has hecho y no la vas
a hacer. Y es por eso que la persona que
trata de venir delante de Dios por la ley va a oír al Señor
Jesucristo decir, aparte de mí, nunca los conocí, hacedores de
maldad. Por la ley, ningún ser humano
será justificado delante de él. Pero la justicia, estamos hablando
de la justicia que Dios da. La justicia que es por la fe
de Cristo, la justicia que es por la fe en Cristo, dice así. Y lo primero que dice, noten,
no pongas obstáculos. Lo primero que dice es no pongas
obstáculos, porque muchas veces los predicadores ponen obstáculos,
pero la mente carnal de por sí pone obstáculos. Y es por eso
que dice, no digas en tu corazón quién subirá al cielo, esto es
para traer abajo a Cristo. Eso es un obstáculo. Si tienes
que subir al cielo para traer abajo a Cristo, eso es un obstáculo,
no vas a venir. O si tienes que sentir la profundidad
de tu pecado, escuchen, somos pecadores, pero yo estoy convencido
que no hemos ni visto ni un porcentaje de lo que de veras hay en nuestro
corazón. Yo creo que si nosotros viéramos
la maldad de nuestro corazón, nos volveríamos a la locura.
Todo lo que ha pasado por tu mente, eres capaz de hacerlo.
Y lo único que te ha frenado de hacerlo es la gracia de Dios.
Dios frenando esa maldad. Lo primero que dice, no pongas
obstáculos, no digas en tu corazón quien subirá al cielo, eso es
para traer abajo a Cristo. O quien descenderá al abismo,
eso es para hacer subir a Cristo dentro de los muertos. Más que
dice, cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, esta
es la palabra de fe que predicamos. Que si confesaras con tu boca
que Jesús es el Señor y creyeras en tu corazón que Dios levantó
a los muertos, serás salvo. Huye al Señor Jesucristo ahora
mismo. Huye ahora mismo. Si esperas hasta mañana, eso
es un obstáculo. Eso es un obstáculo. No pongas
en tu mente, bueno, voy a esperar la próxima semana. Voy a dejar
de hacer algunos hábitos. Voy a empezar a leer mi Biblia. Voy a hacer esto y lo otro. Ese
es un obstáculo. No tienes promesa de mañana.
¿Qué tal si viene el vengador de la sangre esta noche? ¿Qué
tal si viene la justicia de Dios esta noche? El momento de salvación
es ahora. Yo vengo al Señor Jesucristo
ahora. Y si no he venido antes, yo quiero
venir ahora. ¿Por qué quiero refugiarme en
una experiencia del pasado? Yo quiero venir a él ahora. Está cercano. El refugio estaba
situado de cierta manera que una persona podía huir sin dificultad. Y ahora, hoy, es el día de salvación. Cristo Jesús. Nosotros debemos predicar a Cristo
Jesús de tal manera que los pecadores pueden venir ahora mismo. Hoy es el día de salvación. Mientras
se dice hoy, ahora mismo, no debemos nosotros demorar. Y estoy
entrando al tercer punto, la homicida debe huir inmediatamente
a la ciudad de refugio. Demorar es una necesidad, demorar
es una necesidad. Aquellas personas que querían
refugiarse de este homicida, ¿por qué debían pararse a tomar
una taza de café? Creo que voy a agarrar una taza
de café. No, deben acudir ahora mismo. Acaba de decir esto, pero quiero
que lo vean. Hoy es el día de salvación en
Segunda de Corintios. Segunda de Corintios, el apóstol.
Saben, el día de mañana, cuando piensen mañana, piensen esto, esto es en el calendario
de Satanás. Hay una multitud de personas
en el infierno que pensaron que mañana iban a venir a Cristo. Segundo de Corintios, capítulo
seis, versículo dos. Así, versículo uno dice, así
pues nosotros como colaboradores suyos os exhortamos también que
no recibáis en vano la gracia de Dios. No oigas en vano el
evangelio de la gracia de Dios. Mañana, después, no conoces qué
tan pecador soy. Dios sí lo sabe. Y Cristo Jesús
vino a salvar a pecadores. Porque dice, en tiempo aceptable
te he oído. ¿Cuál es el tiempo aceptable
ahora mismo? En día de salvación te has socorrido. ¿Cuándo es esto? Ahora mismo.
He aquí ahora el tiempo aceptable. He aquí ahora el día de salvación. Hoy, en este momento. El homicida
tiene que venir ahora. Hay una urgencia en nuestro mensaje. Ven a Cristo Jesús. Ven ahora. La persona que huía a esta ciudad
de refugio tenía que entrar a la ciudad de refugio. No era suficiente
que supiera dónde está la ciudad de refugio. Esa persona que mató
a otra persona no podía decir, bueno, yo sé que la ciudad de
refugio está aquí a 20 kilómetros. Es una ciudad amurallada. Tiene
una superficie de 53 kilómetros. a una área de 53 kilómetros. Allí habitan 5,000 habitantes. Y mientras se está recitando
todo acerca de la ciudad, le cae el hacha. Uno podía saber mucho acerca
de la ciudad y no le hacía ningún bien. Tenía que estar adentro
de la ciudad. En otras palabras, pies, ¿para
qué te quiero? Corre, corre. Tenía que estar
adentro de la ciudad, conocer detalles acerca de la ciudad,
estar parado cerca de la ciudad. Podía estar a la puerta misma
de la ciudad. Si no estaba adentro de la ciudad,
no había seguridad. Para los que se refugian en Cristo
Jesús por la fe, es necesario que entran en Cristo Jesús, que
estén en Cristo Jesús y permanezcan en Cristo Jesús. La salvación
es una experiencia del pasado. Muchas personas están confiando
en una experiencia que tuvieron cuando eran niños. Hubo una emoción,
oyeron un mensaje emotivo y estuvieron arrepentidos y Confesar y desde
ese día nunca más han pensado en cristo no están viniendo a
cristo Pero están confiando y siempre que les preguntas cómo está la
condición de su alma regresan a esa experiencia Esa experiencia
del pasado Esa experiencia del pasado no te puede salvar Cristo
hoy y hay que estar en cristo ahora Dice Juan capítulo 15,
el Señor Jesucristo habla a nosotros y nos dice que nosotros es necesario
que nosotros permanezcamos en él. Juan capítulo 15, versículo
5. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos. Los pámpanos reciben su vida
en unión a la vid. Un pámpano que está separado
de la vid no puede producir frutos, no tiene vida. Yo soy la vid,
vosotros los pámpanos, el que permanece en mí y yo en él, éste
lleva mucho fruto porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece será
echado fuera como pámpano. y se secará y los recoge y alcharán
el fuego y arden. ¿De qué sirve una persona que
dice, bueno, yo creo en el Señor Jesucristo? Y después de un año,
dos años, 20 años, 40 años, ahora lo ves y dices, bueno, ¿dónde
está tu confianza en Cristo? Ah, ya no creo. ¿Te puede servir
esa fe que tuviste el día de ayer? En ninguna manera. Solamente es importante comenzar
en la fe, pero es más importante o vital morir en la fe. Morir, es decir, continuar hasta
que el Señor Jesucristo venga por ti en el día de la muerte. Si permanecemos, el saber de
Cristo o profesar conocer a Cristo, incluso admirar a Cristo, no
puedes salvar. Puedes estar cerca de una persona
que conoce a Cristo. Tus papás, tus mamás, ellos conocen
a Cristo. Ellos tal vez conocen a Cristo
y pueden estar en consuelo y gozo, pero estar cerca de tu papá y
tu mamá no te salva. Tú mismo tienes que entrar en
Cristo para ser salvo. Ninguno va a ser salvo por la
fe de su papá o su mamá. Nosotros tenemos que entrar cada
uno de nosotros por nosotros mismos. Tenemos que dejar todo atrás.
Las personas que era culpable tenía que dejar todo atrás en
ese momento y huir a la ciudad de refugio. Y nosotros, si vamos
a venir a Cristo, vamos a tener que dejar todo atrás. Vas a tener
que, esto está hablando del arrepentimiento. Tienes que dejar tus pecados.
Tienes que dejar tu vana manera de pensar para volver a Cristo. Y el hombre debía permanecer,
debía entrar y debía permanecer en la ciudad. Salir o dejar la
ciudad significaba la muerte. Judas Iscariote tenía una profesión
de estar en Cristo. Era nombrado entre uno de los
apóstoles. Pero nunca estuvo en Cristo.
Nunca estuvo en Cristo. Y ahora está en el infierno. Ahora, aquellas personas que llegaban
a la ciudad de refugio antes de que el vengador de sangre
los alcanzaba, estaban completamente salvos y seguros, librados de
la muerte. El vengador de la sangre no los
podía tocar. Hay una razón por la cual la
justicia divina no puede tocar a aquella persona que está en
Cristo Jesús. Porque Cristo Jesús ya pagó la
deuda. Cristo Jesús ya pagó la deuda
por ese pecador. Ese pecador está salvo, sano
y salvo. Es por eso que en Romanos capítulo
uno dice, ninguna condenación, ningún juicio hay para los que
están en Cristo Jesús. Ahora mismo ningún juicio hay.
Ya no hay juicio. Ningún juicio. ¿Por qué? Porque
el juicio de Dios ya fue ejecutado sobre nuestro sustituto, Cristo
Jesús. Él sufrió la ira. Él murió en
la cruz del Calvario por su pueblo. Y ahora, he dicho que hay maneras
que las ciudades de refugio no pueden compararse con el Señor
Jesucristo, o podríamos verlo como contraste. Como he dicho
antes, habían seis ciudades de refugio, pero Cristo Jesús es
uno, uno solo. Hay un solo evangelio, hay un
solo salvador, una sola esperanza, y ese es Cristo Jesús. Cristo
Dios dijo, yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene
al Padre si no es por mí. Y estas ciudades de refugio por
fin eran solamente para seguridad aquí en esta tierra. Sólo podían
salvar a una persona en este mundo. Pero Cristo Jesús es salvador
de su pueblo eternamente. El que cree en el Señor Jesucristo
tiene vida eterna. No morirá. Ha pasado de muerte
a vida y no morirá jamás. Y ahora también estas ciudades
de refugio, hablé que si una persona matada dice, ahí está,
20 kilómetros, para que tú camines 20 kilómetros tienes que esforzarte.
Yo creo que me alcanza a mí. Yo tengo que caminar 20 kilómetros.
Yo creo que me alcanza a mí. Pero una persona tenía que esforzarse,
correr y esforzarse, sudar y correr rápido para entrar a la ciudad. Tenía que hacer un esfuerzo.
Pero en Cristo Jesús la persona se desmaya. La persona se desmaya
en Cristo Jesús. Es decir, cuando venimos a Cristo
Jesús no hacemos ningún movimiento físico. No hacemos ningún movimiento
físico. La salvación no está aquí al
frente. Nunca decimos, los que quieren ser salvos pasan aquí
al frente, vamos a orar. Aquí al frente no hay nada. Esto
no es un altar. Cristo Jesús es nuestro altar.
Venimos a Cristo Jesús sin mover un músculo. Venimos donde estamos
sentados, donde estamos en este momento. Señor, sálvame. Señor, yo vengo a ti. En este
momento, ten misericordia de mí. Entramos por la fe en un
instante, sin ningún movimiento físico. No es ponerte de rodillas,
quedarte allá tres horas orando, a ver si eres sincero. No. Puedes estar acostado en la cama,
puedes estar manejando tu coche, puedes estar cocinando, puedes
estar en el trabajo. cuando Dios, la ira de Dios,
cuando la justicia de Dios se presiona sobre tu mente, ven
inmediatamente a Cristo Jesús sin mover un músculo. Estas ciudades también eran solamente
para aquellas personas que cometían asesinato por accidente, es decir,
no queriendo hacerlo. Cuando entraban a la ciudad y
los ancianos juzgaban el caso, si esta persona se determinaba
que era con alevosía y ventaja y con premeditación, los ancianos
lo sacaban de la ciudad, no le daban refugio. Si era un asesinato
con premeditación, los ancianos lo sacaban de la ciudad y el
vengador de la sangre le tiraba la primera piedra y todos los
demás lo apedreaban hasta que esa persona muera. Ese era el
juicio. Pero si esa persona se determinaba
que no era culpable por homicidio con anticipación, entonces esa
persona quedaba refugiada allá en la ciudad. Ahora, por nosotros,
nosotros no cometemos pecado por accidente. Nosotros cometemos
pecado queriendo, queriendo. queriendo hacerlo. Eso es lo
que nosotros queremos hacer y lo hemos hecho. Somos culpables. Cristo Jesús, Él solamente es
el refugio para pecadores culpables. Él. Venimos a Él y miramos a
Él y confiamos en Él. Él es refugio para pecadores,
adúlteros, ladrones, aún para el jefe. de pecadores. Pablo
dijo esto, palabra fiel y digna de ser recibida por todos, que
Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores de los cuales
yo soy el jefe. Yo soy el primero. El argumento
es así. Si Cristo ya salvó al más vil
pecador, según la palabra de Dios, según lo que dijo, si Él
ya salvó al más vil pecador, entonces Él puede salvarte a
ti. Y yo sé que hay un argumento que podemos nosotros tomar con
el apóstol Pablo. Pablo, estoy de acuerdo contigo
en todas las cosas, pero en ese aspecto no estoy de acuerdo,
Pablo. Yo soy el más vil pecador. En
ese aspecto yo soy el más vil. Pero encuentra al más vil. Y
el más vil tiene esperanza. Tiene buenas nuevas porque Cristo
Jesús vino a salvar a pecadores. Él murió por los impíos. Da bienvenida
a todos los pecadores que acuden a Él buscando refugio. Cristo Jesús es nuestro refugio. Acude a Él. No esperes hasta
mañana. Solamente hay un refugio para
pecadores. Que el Señor bendiga su palabra. Vamos a cantar este himno. El 195. Pedí al hermano Enrique José
Enrique que cantemos este. Me dijo que no lo sabía. Vamos
a aprenderlo, pues. Refugio de este pecador, iré
a su padre. En las riquezas de tu amor, acuérdate
de mí. Confieso que culpable soy, confieso
que soy vil. Por ti, empero, salvo estoy,
seguro en tu redim. Auxíliame, Señor Jesús, libértame
del mal. En mi derrama de tu luz Bellísimo
raudar En toda mi necesidad Escucha mi clamor Revísteme de santidad
y cólmame de amor. Padre Santo, te damos gracias
por tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el refugio de pecadores. Padre, pedimos bendice tu palabra,
cumple tu propósito, de salvar a tu pueblo. Señor, que tu Espíritu
Santo haga la obra, Señor, de llamar a los tuyos a acudir a
Cristo Jesús, a venir ahora, en este momento. Te damos gracias por la seguridad
eterna de aquellos que están en ti, la salvación completa
y que no falta nada. Toda la provisión tú la has hecho
en tu hijo. Ayúdanos ahora, Señor. Pedimos que nos despidas ahora
con tu bendición. Guárdanos y líbranos del mal. Ayúdanos a ser testigos fieles
tuyos de tu gracia y tu misericordia que tú has mostrado a pecadores. En nombre de Cristo Jesús te
pedimos esto. Amén. Estamos despedidos.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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