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Cody Groover

Vivimos por fe

2 Corinthians 5:1-10
Cody Groover • November, 30 2014 • Video & Audio
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Cody Groover • November, 30 2014

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Leímos en el texto, en Juan 14,
el Señor Jesucristo ha ido a preparar lugar para nosotros. Esta es
nuestra esperanza. Nuestra esperanza no está aquí
en esta tierra. Nuestra esperanza es de estar
con Él en la gloria. Gloria inmortal allá tendré con
Cristo siempre reinaré. Gloria inmortal allá tendré con
Jesús. Es el anhelo del corazón del
creyente estar con el Señor Jesucristo. En esta noche quiero que hablemos
nuestras Biblias a 2 Corintios capítulo 5. Vamos a hablar de
este tema. Es el anhelo de cada creyente
de estar con el Señor Jesucristo. Nuestra esperanza no está aquí
en esta tierra. Nuestra esperanza está en el
cielo con el Señor Jesucristo. Y vemos allá en el capítulo 5,
el apóstol Pablo comienza en el versículo, dice, porque sabemos que si nuestra
morada terrestre, este tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios
un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. El apóstol está hablando aquí,
está continuando lo que dijo en el capítulo 4, versículo 15 dice, todas las
cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia
por medio de muchos, la acción de gracia sobreabunde para gloria
de Dios. Por tanto, no desmayamos. No
desmayamos. Antes, aunque este hombre exterior
se va desgastando, y quien no tiene evidencia de esto en su
propio cuerpo, este hombre exterior se va desgastando, el interior,
no obstante, se renueva de día en día. El creyente es una nueva
criatura en Cristo Jesús. El creyente es una persona que
ha nacido de Dios por el Espíritu Santo. Es una nueva criatura. Hay dos naturalezas en el creyente. Hay esta naturaleza pecaminosa
y hay esta nueva naturaleza. Esta nueva naturaleza es creado
por Dios en la regeneración y Dios pone su espíritu en ese nuevo
espíritu. Dios no pone su espíritu en ese
espíritu viejo, ese espíritu muerto. Dios no pone su espíritu
en un hombre muerto. Dios da vida, da vida por la
palabra, por la predicación de la palabra y Dios pone su espíritu
en ese nuevo Espíritu y ese nuevo Espíritu da testimonio, el Espíritu
Santo da testimonio a nuestro Espíritu que somos hijos de Dios. Llamamos a Él Abba Padre y dice
aquí no mirando nosotros las cosas que se ven, no mirando
es decir no poniendo nuestra esperanza, no poniendo nuestros
anhelos en las cosas que se ven sino en las que no se ven. Nuestro Señor Jesucristo dijo
que debemos poner nuestra mirada en las cosas celestiales. Donde esté tu corazón, ahí va
también está tu tesoro, ahí va también está tu corazón. Dijo
allá en Mateo capítulo 6. No mirando nosotros las cosas
que se ven, sino las que no se ven. Las cosas que no se ven
son las cosas eternas. Si las vemos, espiritualmente,
pero no se ven con estos ojos carnales, no los podemos ver
con estos ojos, se ven con ojos de fe y es por eso que se dice
no se ven, no mirando las cosas que se ven, las cosas que puedes
tocar, todas las relaciones aquí en este mundo se van a acabar,
todas las cosas se van a acabar, Dios va a quemar todo, las cosas
pues las cosas que se ven son temporales pero las que no se
ven son eternas son eternas y es entonces cuando el apóstol Pablo
dice sabiendo que hay cosas eternas nosotros dice sabemos nosotros
sabemos hay dos cosas que sostienen al creyente en las pruebas en
el sufrimiento en este mundo. Dos cosas sostienen al creyente. Uno es ver a Cristo, ver al que
es invisible. Viéndolo a Él, viendo dónde está
Él ahora. Él es el precursor. Él es el
buen pastor. Él es el que ha ido delante de
nosotros. Él ha pasado por este camino. Él ha pasado por este camino,
este mundo, y Él ha salido victorioso. En el mundo tendréis aflicción,
pero confiad, yo he vencido al mundo, dijo el Señor Jesucristo.
Y nosotros vemos al Señor nuestro Señor, el Señor Jesucristo allá
sobre el trono, y tan seguro como Él está allá, tan seguro
como Él está allá ahora mismo, todo aquel que cree en Él, un
día vamos a estar allá con Él. Vamos a estar para que donde
yo estoy, vosotros también estáis, dijo el Señor Jesucristo. Viendo
al invisible y segundo, viendo la gloria que nos espera. Viendo
la gloria que nos espera. Después de este breve tiempo
sobre la tierra, que tan breve es. cómo es la vida del hombre,
cómo se describe en la Biblia, como un vapor, como una sombra,
somos como la hierba que hoy es y mañana es cortada. Viendo la gloria, viendo la gloria
que viene Entonces esto nos sostiene en las pruebas y el sufrimiento
en esta vida. Es decir, nuestra esperanza de
la vida eterna es una esperanza segura. Es una esperanza segura. Es una esperanza bendita de estar
con Dios. Y esto entonces nos hace sobrellevar
los problemas presentes que son, como dice aquí, temporales. Y nos anima. en este tiempo a
buscar la aprobación de nuestro señor Jesucristo. Y dice aquí
sabemos. ¿Cómo lo sabemos? ¿Cómo sabemos
estas cosas? No estamos siguiendo fábulas
artificiosas como dijo el apóstol Pedro. No estamos hablando de
fábulas. No estamos hablando de cuentos.
Estamos hablando de algo que es certero. Sabemos. Esto lo
sabemos. ¿Pero cómo lo sabemos nosotros?
Lo sabemos porque Él nos los ha revelado. Lo sabemos porque
está en su palabra. Dios que no puede mentir, lo
ha dicho en su palabra. Sabemos. Esto que sabemos. Sabemos que si nuestra morada
terrestre, este tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios un
edificio. Sabemos que tenemos de Dios un
edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Este cuerpo en el que habita
este alma, esta alma, tiene que regresar al pueblo. No puede
heredar. Esto corruptible no puede heredar
la incorrupción. Es lo que dice el apóstol Pablo
en 1 Corintios capítulo 15. Esto mortal no puede heredar
la inmortalidad. Vean lo que dice 1 Corintios
15, versículo 53. porque es necesario que esto
corruptible, esto corruptible se vista de incorrupción y esto
mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se
haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido
de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está
escrita, sorbida es en muerte la victoria, es la muerte en
victoria. ¿Dónde está o muerte tu aguijón?
¿Dónde o sepulcro tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte
es el pecado y el poder de pecado la ley, más gracias sean dadas
a Dios que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Es necesario. Sabemos que este
cuerpo tiene, en Génesis capítulo 3, versículo 19, nos dice que
este cuerpo fue hecho del polvo y al polvo tiene que regresar. Esto lo sabemos. En Génesis 3,
19. Con el sudor de tu rostro comerás
el pan hasta que vuelvas a la tierra porque de ella fuiste
formado. Pues polvo eres y al polvo volverás. Cuando Dios creó al hombre, lo
creó del polvo, formó el cuerpo de Adán y sopló en su nariz. Y el hombre vino a ser alma viviente. Vino a ser el ser del hombre. El hombre fue creado a la imagen
de Dios en santidad y en justicia, en perfección. Y fue creado cuerpo,
alma y espíritu. Cuerpo, alma y espíritu. El hombre
murió espiritualmente. El espíritu es el que mueve al
alma. Y el alma es lo que mueve al
cuerpo. Cuando el hombre murió espiritualmente,
perdió toda habilidad para con Dios. Perdió el conocimiento
de Dios. Perdió el camino de Dios. Perdió
la vida de Dios. Perdió. En Cristo Jesús es restablecido. el camino, la verdad y la vida. Cuando Adán murió, cuando él
tomó ese fruto, el que Dios le dijo en el día que comieras ese
fruto ciertamente morirás, él murió espiritualmente. Esto es
lo que nos enseña la palabra de Dios acerca de la depravación
total del hombre, que está muerto, que no tiene habilidad, no tiene
habilidad para con el Dios vivo y verdadero. está muerto, no
quiere a Dios, no conoce a Dios, no puede venir a Dios, no puede
creer en Dios, se fabrica a Dios según su propia imaginación,
es idólatra. Pero cuando Dios, el Espíritu
Santo, por la palabra de Dios, le revela a Cristo Jesús y le
da vida, pone espíritu. Ahora esa persona entonces es
espíritu, alma y cuerpo. pero todavía tiene ese alma,
todavía tiene ese hombre natural. Entonces hay ese conflicto. El hombre espiritual anhela,
anhela estar en la gloria con el Señor Jesucristo, que es mucho
mejor. Pero todavía estamos en este mundo, dice, sabemos, y
esto lo sabemos. Sabemos que este cuerpo va a
ser puesto en la tierra. Sabemos que dice aquí este morada
terrestre. Es un tabernáculo. Es un tabernáculo,
una tienda de campaña. Si alguien ve que vienen los
soldados y ponen sus tiendas de campaña, nadie piensa es permanente,
es temporal. Se llama tabernáculo, se llama
morada terrestre. en este sentido porque es frágil
y es de corta existencia. Pronto se desgasta. Está establecido para el hombre
que muera una sola vez y después de esto el juicio. Y cuando esto
sucede, cuando el hombre muere, cuando él muere en su cuerpo,
entonces es colocado en la tierra. es colocado en la tierra y el
espíritu vuelve a Dios. Vean lo que dice Lucas, Lucas
capítulo 23. Cuando el hombre muere, el hombre
creyente muere, en ese mismo día, en ese mismo momento pasa
a estar con el Señor Jesucristo. No es una larga trayectoria. No es una larga trayectoria.
No sé por qué nosotros pensamos que de llegar para aquí, para
el cielo, es una larga trayectoria. El Señor Jesucristo le dijo a
ese malhechor sobre la cruz, ese malhechor que dijo, Señor,
acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. El Señor le dijo
en versículo 43, Entonces Jesús le dijo, de cierto, de cierto
te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso. Cuando el hombre,
el cuerpo va a la tierra y es desecho, en ese momento pasa,
el espíritu regresa a Dios. Regresa a Dios quien lo dio.
Sabemos entonces que si esta morada terrestre se deshiciere,
sabemos esto, sabemos que tenemos de Dios un edificio. El contraste allá
entre la morada y el edificio, uno es temporal y otro es permanente. El apóstol Pablo dijo esto es
mucho mejor. En Filipenses capítulo 1 versículo
23 dice, Versículo 22, dice más, si el
vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no
sé entonces qué escoger, dijo el apóstol Pablo, porque de ambas
cosas estoy puesto en estrecho, teniendo el deseo de partir y
estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. Muchísimo mejor. Sabemos entonces que este cuerpo
va a ser desecho. Y sabemos que tenemos de Dios,
nos dice nuestro texto en 2 Corintios, en los cielos, lo tenemos en
los cielos, no aquí. En 2 Corintios dice, sabemos
que si esta morada terrestre se deshiciere, tenemos de Dios
un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos. una morada hecha por Dios, un nuevo cuerpo. Es una morada
hecha por Dios, hecha a través de la obra de nuestro Señor Jesucristo. Saben, usted y yo no tenemos
acceso delante de Dios en nuestra persona. No podemos entrar a
la presencia de Dios así como somos. Era necesario que el Señor
Jesucristo vaya a la Cruz del Calvario. Cuando Él dijo, voy
pues a preparar lugar para vosotros. Eso es lo que Él fue a hacer
a la Cruz del Calvario. No quiere decir que está allá
en el cielo con su martillo y clavos y está construyendo edificios.
No es eso. Él preparó el lugar cuando Él
murió en la Cruz del Calvario. Eso es preparación para su pueblo. Cuando Él quitó el pecado de
su pueblo. por derramar su sangre en la
Cruz del Calvario. Él preparó lugar para su pueblo
con su obediencia, con su justicia. Y tenemos entonces, nos dice
aquí, de Dios. Es decir, es digno del autor,
es decir, digno de Dios. Nunca, nunca perecerá, es eterno. Disfrutado, entonces, inmediatamente
después de que esta casa de campaña sea puesta en la tierra, esta
casa se disuelva. Ahora regresamos a nuestro texto
allá en 2 Corintios capítulo 5. Esto nos alienta, sabemos esto,
que si nuestra morada terrestre se deshiciere, este tabernáculo,
Tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos eterna
en los cielos, y por esto también gemimos, deseando ser revestidos
de aquella nuestra habitación celestial. Por esto gemimos. El creyente gime. ¿Por qué gime
el creyente? Gime bajo esta carga en la que
está. El creyente, si pudiera, Si pudieras,
vivirías presentemente en este mundo sin pecado. Si pudieras,
vivirías sin nunca pecar. Pero tristemente decimos, eso
no es posible. El bien que quiero, dijo el apóstol
Pablo, no lo hago. El mal que no quiero, eso hago. Vean lo que dice Romanos capítulo
por eso gemimos por eso gime el creyente porque todavía está
en este cuerpo en romanos capítulo 7 estamos hartos no solamente
de las cosas alrededor más hartos de nosotros mismos ¿Cuántas veces
has dicho, no lo vuelvo a hacer? Y te encuentras haciéndolo otra
vez. Ese es arrepentimiento del que tienes que arrepentirte,
¿verdad? Ese arrepentimiento no sirve para nada. Dice allá
en Romanos capítulo 7, versículo 14 dice, porque sabemos
que la ley es espiritual, Sabemos que la ley es espiritual, mas
yo soy carnal vendido al pecado. Vendido al pecado, esclavo del
pecado. La ley es espiritual, es santa,
justa, es buena. La ley de Dios, en el hombre
interior, yo vivo la ley. Pero el hombre natural, lo único
que hace es quebrantar esa ley. Sabemos que la ley es espiritual,
mas yo soy carnal vendido al pecado, porque lo que hago no
lo entiendo. No me entiendo a mi mismo. Pues
no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco esto a. ¿Quién está hablando allá? Está
hablando el hombre interior, ¿verdad? Está hablando el creyente. Está hablando el hombre interior.
Pues si lo que no quiero esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Todavía lo tengo
en este cuerpo. Yo sé que en mí, esto es en mi
carne, no mora el bien. No dice no moraba el bien. Aquellas
personas que piensan que pueden orar y orar y orar y después
de tanto orar llegan a un estado donde ya no pecan. Están engañándose
a sí mismo y se están haciendo que Dios sea mentiroso. porque
Dios dice en su palabra que somos pecadores y seguimos pecando. Necesitamos cada día venir a
Él, pedir perdón por nuestros pecados, confesar nuestros pecados. Yo sé que a mí esto es mi carne,
no moro el bien, porque el querer el bien está en mí, pero no el
hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no
quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya
no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Está hablando
de este hombre natural. Así que queriendo yo hacer el
bien, hallo esta ley que el mal está en mí. Porque según el hombre
interior, me deleito en la ley de Dios. Pero veo otra ley en
mis miembros que se revela contra la ley de mi mente y me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. Se revela. Todo el tiempo se revela. Miserable
de mí, ahí está el gemir. Miserable, ay de mí, ay de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Gracias. Gracias sea que no voy
a estar aquí para siempre. Gracias doy a Dios por Jesucristo
Señor nuestro. Así que yo mismo con la mente
sirvo la ley de Dios, más con la carne la ley del pecado. Bueno, el creyente gime bajo
esta naturaleza de pecado, esta corrupción que todavía está en
él, y desea estar libre de todo pecado y ser como Cristo. Dijo
el salmista, yo voy a estar satisfecho cuando despierte a su semejanza.
Es ahí cuando podemos decir, ahora sí estoy plenamente salvo. Estamos siendo salvados. Estamos siendo salvados cada
día. Estamos siendo salvados del poder
del pecado. ¿Qué significa eso? Que ya no
pecas. No, significa que sigues viniendo a Cristo Jesús. Sigues
viniendo a Cristo Jesús. Si no fueras librado del poder
del pecado, cuando fuimos librados primeramente del poder del pecado,
fue cuando Cristo nos dio vida y nos dio la habilidad de poder
venir a Él. librados del poder del pecado.
Significa que ya no pecamos? No. Pero significa que seguimos
viniendo a él. Somos libres. Yo voy a estar
satisfecho cuando despierte a su semejanza. Ahora, no deseamos
la muerte simplemente por morir. No es eso. No deseamos la muerte
simplemente para salirnos de las cargas y de las pruebas.
No es eso. No es nuestro deseo. En este
mundo hay muchas cosas bonitas, buenas, con todo y que está bajo
la maldición de Dios. ¿Qué será el cielo? ¿Qué será
el cielo? Lo que desea el creyente es vestirse
de la inmortalidad, de entrar en el gozo pleno de la salvación
de nuestro Señor, de estar libres de la presencia del pecado. Y
nos dice entonces en nuestro texto, por esto también gemimos
gemimos deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación
celestial. Deseamos estar revestidos de
esta nuestra habitación celestial. Pues así seremos hallados, vestidos
y no desnudos. Así seremos hallados. Esta es
nuestra confianza que tenemos delante de Dios. Vamos a ser
hallados, vestidos. Cualquier persona que se halle
delante de Dios desnudo, ¿saben qué es ser hallado desnudo delante
de Dios? Estar vestido en su propia justicia.
Es una justicia que no cubre. Es un manto que no cubre al hombre. Son como esas, ya lo dije, voy
a decirlo otra vez, son como esas batas del hospital. Entras
al hospital para un procedimiento y te dan una bata. Y te pones
la bata y dices, oh, qué bonita está esta bata. Te hacen quitarte
toda tu ropa. Y estás en esa bata y dices,
qué bonito, qué bonito está esta bata. No te atreves a salir al
pasillo con esa bata, ¿verdad? Te deja mal. ¿Por qué? Porque vas a ser hallado desnudo.
Vas a estar avergonzado. Y es así, entonces. Las obras
del hombre, las obras de una persona por naturaleza, la persona
que quiere justificarse a sí mismo delante de Dios, está,
por decir así, urdiendo un manto, así como cuando Adán trató de
urdir una vestimenta de hojas de higuera. Cuando una persona
trata de hacer para ser aceptado delante de Dios, Esa persona
está desnuda delante de Dios. Esa persona, esa manta no cubre,
esa bata no cubre, no cubre. Pero nos dice aquí, así seremos
hallados. Estaremos no solamente en un
cuerpo glorificado, no solamente un cuerpo sin pecado, estaremos
vestidos en la bata, estaremos vestidos en el manto que el Señor
Jesucristo urdió. ¿Qué es ese manto de justicia? Es esa obediencia. Esta es la
fe del Señor Jesucristo. La obediencia del Señor Jesucristo
a su Padre. Él vino a hacer la voluntad de
su Padre. Desde la cuna hasta la cruz,
Él estaba estableciendo rectitud como hombre aquí en la tierra.
La ley tiene que ser honrada. La ley tiene que ser honrada
por ti. Tú tienes que cumplir la ley
a perfección. Oye con cuidado. Tú nunca has cumplido la ley.
Nunca la puedes cumplir. Pero en Cristo Jesús, la persona
que cree en el Señor Jesucristo, ha cumplido la ley. a perfección,
lee la vida del Señor Jesucristo, en Mateo, Marcos, Lucas y Juan,
lee la vida del Señor Jesucristo, oye lo que dice Dios el Padre
al Señor Jesucristo, este es mi Hijo amado en quien estoy
complacido, en quien tengo, esa es la obediencia, esa es la vestimenta,
la justicia que es imputada, es puesta a la cuenta, de cada
uno que cree en el Señor Jesucristo. Así seremos hallados. El Señor
Jesucristo dio una historia, un ejemplo, perdón, una parábola
en Mateo capítulo 22. Las parábolas son historias terrenales
para para hablar de cosas celestiales. Y dice allá, versículo uno dice,
respondió Jesús y les volvió a hablar en parábolas diciendo,
el reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas
a su hijo. Y envió a sus siervos a llamar
a los convidados a las bodas, mas estos no quisieron venir.
Volvió a enviar otros siervos diciendo, decidan los convidados
y aquí he preparado mi comida, mis toros y animales engordados
han sido muertos y todo está dispuesto venir a las bodas.
Oyen eso. Todo está dispuesto. Todo está
dispuesto. ¿Qué necesitas? Todo está dispuesto. ¿Qué necesitas para estar en
la presencia? Todo está dispuesto. ¿Necesitas justicia? Todo está
dispuesto. ¿Necesitas redención? Todo está
dispuesto. ¿Necesitas santidad? Todo está
dispuesto. Todo está ya hecho por el Señor
Jesucristo. venir a las bodas, mas ellos
sin hacer caso se fueron, unos a su labranza, otros a sus negocios,
y otros tomando a los siervos, los afrontaron, los mataron.
Al oír esto el rey se enojó y enviando a sus ejércitos, destruyó a aquellos
homicidas y quedó, quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos,
las bodas a la verdad están preparadas, mas los que fueron convidados
no eran dignos. Ir pues a la salida de los caminos,
llamad a las bodas cuantos haya. Anda allá a Yucatán. anda allá las partes más remotas
y saliendo los siervos por los caminos juntaron a todos los
que hallaron juntamente malos y buenos, no hay ninguno bueno
pero entre los hombres hay malos y buenos todos los que hallaron
y las bodas fueron llenas de convidados y entró el rey para
ver los convidados y vio ahí un hombre que no estaba vestido
de boda Este es ese hombre que no estaba vestido, estaba desnudo.
Es decir, estaba vestido de su propia justicia. Yo no sé ustedes,
pero yo les voy a contar algo de mí que me dio mucha vergüenza,
mucha vergüenza. Una vez fui invitado a una boda,
y yo hice la pregunta. Creo que debo estar molesto con
estos, porque me dijeron, le dije, ¿cómo debemos vestir? Me
dijeron, así como estás, estás bien. Ven así como estoy, así
estoy bien. Muy bien, les tomé la palabra
y así fui. Pero al llegar a la boda, todos
estaban de traje. Y las damas todas de vestidos
de fiesta, vestidos largos. ¿Y qué creen? Yo estaba así, se podía poner
ya toda la gente y yo resaltaba. El único que estaba mal vestido.
Fácil se me distinguía en la fiesta. Así también. Ninguno va a estar en el cielo
sin que tenga la justicia del Señor Jesucristo. Nadie se va
a colar. No van a ver paracaidistas allá. Bueno, así seremos hallados. Y le dijo, amigo, ¿cómo entraste
aquí sin estar vestido de boda? Mas él inmudeció. Entonces el
rey dijo a los que servían, atadle de pies y manos y echad en las
tinieblas de afuera. Allí será el lloro y crujir de
dientes. Bueno, seremos hallados, vestidos. Tenemos esta confianza. en el
Señor Jesucristo, que estando con Él vamos a estar vestidos
de su justicia, no vamos a entrar allá para ver cómo nos va. Tenemos esta esperanza, vamos
a estar allá en la justicia del Señor Jesucristo. Ahora dice
versículo 4, porque así mismo los que estamos en este tabernáculo
gimimos con angustia porque no quisiéramos ser desnudados sino
revestidos para que lo mortal sea absorbido de la vida. o por la vida. Mientras que todavía
estamos en este tabernáculo de carne, entonces gemimos, estando
agobiados, agobiados por el pecado que nos agobia. El cuerpo de
carne, el cuerpo de pecado deseando estar con Cristo es mucho mejor.
No deseamos dejar de existir, ni dejar de vivir en el universo
o el reino de Dios, pero verdaderamente anhelamos vivir en la gloria
con el Señor Jesucristo. Ya leímos esto en 1 Corintios,
cuando esto mortal se vista de inmortalidad, cuando se vista
de inmortalidad. Bueno, sabemos esto, que todo
alrededor de nosotros hay muerte y en nosotros mismos hay muerte
y anhelamos estar libres de ello. No debemos desear entonces la
muerte simplemente por desear la muerte. Aún aquí en esta tierra
nos regocijamos en el Señor Jesucristo. Nos gozamos en su buena providencia,
en su cuidado. Vemos la hermosura del Señor.
Vemos el cuidado del Señor. Vemos la protección del Señor. Pero la muerte es deseada por
el creyente porque conduce a esta gloria. esta gloria. Ahora, nota en versículo 5, más,
el que nos hizo para esto mismo, el que nos creó para esto mismo,
el que nos dio vida para esto mismo, es Dios, quien nos ha
dado las arras de su Espíritu. Ahí es entonces donde tenemos
el testimonio. El que te hizo para esto, el
que te hizo para estar con Él en la gloria, el que te hizo
para estar vestido de la justicia del Señor es Dios. Y como evidencia
de esto te ha dado el Espíritu Santo. Recuerden lo que dice
el apóstol Pablo Romano, si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él. Tenemos el Espíritu Santo. Dios
que nos ha preordenado para gloria eterna con Cristo, nos ha ordenado
para gloria por Cristo y a través de Cristo nos ha dado la garantía. En otras palabras, ya puedes
disfrutarlo. Lo puedes disfrutar ahora mismo.
Ya tienes la garantía. Son las arras, nos dice allá
en primera Efesios capítulo uno, perdón. Efesios uno, versículo
catorce. Versículo trece. Efesios uno
trece. En él, en Cristo. En Cristo también
vosotros, habiendo oído la palabra de verdad. Eso es muy importante.
Dios nos salva por la mentira. Hay muchos que están predicando
un Cristo falso, un Cristo falso. Y un Cristo falso pierde a una
persona tan fácil como lo pierde Buda. Un Cristo falso pierde
a una persona tan fácil como María. Un Cristo falso no puede
salvar. No tienen conocimiento los que
erigen el madero de su ido y ruegan a un Dios que no salva. Dios
se ha dado a conocer en su palabra. Dios ha enviado la verdad. Dios
no tiene que usar la mentira. Dios no es, Dios no tiene nada
que ver con la mentira. Dios utiliza la verdad, la verdad
de quien Él es, la verdad del Señor Jesucristo, la verdad de
su obra, la verdad acerca de nosotros. Dios utiliza la verdad,
el evangelio. Habiendo oído la palabra de verdad,
y no antes. El evangelio de vuestra salvación,
es decir, una persona la oye como buenas nuevas. Lo oye como
buenas nuevas. Mientras lo oye simplemente como
un discurso, no te ha llegado a ti. Pero cuando una persona
oye este evangelio y dice, esa es mi esperanza, esa es mi salvación,
Ese es el evangelio, esa es mi esperanza en Cristo Jesús. Es
el evangelio de tu salvación. Habiendo oído la palabra de verdad,
el evangelio de vuestra salvación y habiendo creído en él, creído
en el Señor Jesucristo. Fuiste sellados con el Espíritu
Santo de la promesa que es las arras de nuestra herencia hasta
la redención de la posesión adquirida para el avance de su gloria.
Tienes las arras. ¿Sabes qué son arras? Es un compromiso. Un compromiso. Un joven cuando
está enamorando a una mujer, están hablando de haciendo planes
para casarse. Y mientras no hago un compromiso,
no es serio esto. No es serio esto. Pero cuando
el hombre quiere mostrar su seriedad, cuando quiere mostrar su intención
y su seriedad, le da un anillo de compromiso. Ese anillo de
compromiso, el hombre es una figura nada más y el hombre lo
rompe todo el tiempo. Pero cuando Dios da estas arras,
nunca las, los dones de Dios son irrevocables. Cuando Dios
da las arras del Espíritu Santo en el creyente, ese es el testimonio,
esa es la garantía. La garantía de que esto que tienes
ahora, lo que Dios comenzó en ti, lo perfeccionará hasta el
día de Jesucristo. Nunca te va a soltar. Es las
arras, dice allá, de nuestra herencia, herencia hasta la redención
de la posesión adquirida, hasta que adquiramos aquello que Él
nos ha dado, hasta que recibamos la salvación entera para el avance
de su gloria. para el avance de su gloria.
Tenemos esta promesa. Entonces, la salvación es de
Dios. El que nos hizo para esto mismo
es Dios. La salvación es de Dios. Dijo
Jonás, la salvación es de Jehová. ¿Saben cuándo dijo Jonás esto? Cuando Jonás estaba en la escuela,
la universidad ballena. La universidad del mar profundo. Él estaba encerrado, no sé si
era balleno, un pez grande nos dice. Dios preparó este pez y
se tragó a Jonás. Y Jonás no tenía ninguna habilidad
de salir de allí. Y Jonás había huido. Jonás había huido porque Dios
le había enviado a predicar a los Ninivitas. Los Ninivitas eran
enemigos, era la capital de los enemigos del pueblo de Israel. Y Jonás dijo, yo voy a predicarle
a ellos, son mis enemigos, yo no voy a predicarles a ellos.
Y se iba, se estaba huyendo, estaba huyendo. Dios lo encerró
en el especie y Jonás tuvo que confesar las salvaciones de Jehová.
Él puede hacer lo que él quiere. Él puede salvarme a mí si Él
quiere. Él puede salvar a mis enemigos
si Él quiere. Él puede salvar. La salvación
es de Jehová. Pero es de Jehová en la eternidad,
cuando Él lo propuso en la eternidad. Es de Jehová en su aplicación,
en su ejecución. Cuando Dios dio a su Hijo, Dios
envió a su Hijo a dar su vida Es de Dios. Dios estaba en Cristo
reconciliando el mundo consigo mismo. Es de Jehová en su aplicación. Él es el que aplica la obra del
Señor Jesucristo al corazón de su pueblo en el tiempo. Es de
Jehová en su sustento. Somos guardados por el poder
de Dios mediante la fe. Él nos sostiene. Y es de Jehová
en su consumación. Cuando lleguemos allá, Vamos
a decir por gracia, por gracia estamos aquí. No hay nada de
colaboración, no hay nada de contribución del hombre. Es todo
para la honra y la gloria de él. Para esto mismo nos hizo
Dios y nos ha dado las arras del Espíritu Santo. Vean lo que
dice versículo seis. Así que, así que vivimos confiados
siempre. Así que vivimos confiados siempre
sabiendo. Vivimos siempre confiados. No
nosotros mismos en Dios. Nuestra confianza es Dios. Sabiendo
que entre tanto estamos en el cuerpo, estamos ausentes del
Señor, pero estamos confiados. Vivimos confiados. Esta es la
fe de los hijos. La muerte no nos puede separar
del amor de Dios. Dios nos ha preordenado para
gloria. Somos residentes temporales aquí. Un día vamos a estar en su presencia.
Dice versículo 7, porque por fe andamos, no por vista. Por fe andamos, no por vista.
Nuestra vida, es decir, nuestra conducta, nuestras expectativas,
son reguladas por la firme convicción, la creencia acerca de la misericordia
de Dios en Cristo Jesús. Él nos ha librado, nos ha salvado. Estamos convencidos de esto.
Vivimos por fe. no por vista. Lo único que vemos
aquí con este ojo, este ojo carnal, es miseria. Miseria, dolor, pecado,
muerte. Pero no vivimos conforme a lo
que vemos. Andamos por fe, andamos por fe. El ojo de fe, la fe, la fe se
le da a la fe. Se habla de la fe, de
los sentidos que tenemos. ¿Cuáles son los sentidos que
tenemos? Oír, ver, tocar, oler. Todos estos sentidos. Y uno de
estos es ver. Y vemos al Señor Jesucristo. El que ve al Hijo y cree en Él,
tiene vida eterna. Esta es la voluntad del que me
ha veado, que todo aquel que vea al Hijo y cree en Él tiene
vida eterna. Lo vemos. Vemos quién Él es. Vemos. Es la fe que Él nos ha
dado. Podemos confesar con Pedro, tú
eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Aunque otros hombres
no lo vean así. Aunque otros hombres lo vean
simplemente como un ejemplo, un ejemplo a seguir, pero un
ejemplo a seguir no te puede salvar. Un buen hombre, un buen
hombre, solo un buen hombre no te puede salvar. Él es Dios manifestado
en la carne. Vemos quién Él es. Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios. Dice versículo 8, pero confiamos
y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo y presentes con el
Señor. Estamos confiados y seguros,
estamos confiados y seguros, dispuestos, dice el filipenses,
es mucho mejor estar con el Señor. Cuando nosotros nacemos de arriba,
Dios pone en nuestro corazón el deseo de su gloria. El deseo de estar con él. Nuestro
corazón está puesto en el cielo. ¿Dónde está tu corazón? ¿Dónde
está tu tesoro? Ahí está tu corazón. Ahora dice
el versículo 9. Por tanto, procuramos también,
o ausentes o presentes, serle agradable. Este es nuestro deseo. Estando en este cuerpo o estando
en su presencia, queremos ser agradables a él. Por tanto, procuramos,
esta palabra procuramos es, estamos ejercitándonos, estamos procurando
activamente en el servicio, en el reino del Señor. ¿Cómo procuramos
activamente? Bueno, en la predicación de la
palabra, estamos procurando agradarle. diciendo lo que Dios dice en
su palabra, no diciendo otra cosa, procuramos agradarle, procuramos
testificar de él fielmente conforme a lo que está en la palabra,
procuramos serle agradable, procuramos honrarlo en nuestra vida, no
vivir de una manera que deshonre, sirviendo los unos a los otros
en el amor, esto es agradar al Señor. Y también procuramos pasivamente,
es decir, viviendo en esta vida, sometiéndonos
a la providencia de Dios, no quejándonos. ¿Cómo vamos a agradar
al Señor si estamos quejándonos? Estamos diciendo que Dios Nuestro Señor está sentado sobre
el trono, que Él hace todas las cosas según su voluntad, que
nada ocurre en este mundo sin su dirección, su permiso. Nosotros sabemos que todas las
cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que conforme
a su propósito son llamados. Y qué inconsistente entonces
para nosotros quejarnos de lo que Dios ponga en nuestro camino. Tenemos de vivir confiadamente,
procuramos agradarle, no estamos viendo con cosas que se ven sino
que no se ven. Ese es el deseo de nuestro corazón.
de ser hallado en Cristo. Ganar a Cristo y ser hallado
en Él, dijo el apóstol Pablo. Ahora, dice versículo 10, con
esto voy a terminar. Porque es necesario que todos nosotros procuramos
agradarle. porque es necesario que todos
nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada
uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo,
sea bueno o sea malo. Como he dicho en otras ocasiones,
en la palabra de Dios hay suficiente soga como para el que quiera
ahorcar que se ahorque. Aquí no está hablando de que
Dios va a galardonar por tus obras. No está diciendo eso.
Muchas personas piensan que, bueno, estoy haciendo obras aquí
para que cuando llegue allá me va a tocar mansión. Y otras personas
van a estar allá en su choza porque no hicieron tantas obras. No. La obra en la que nosotros
estamos es la obra perfecta del Señor Jesucristo pero lo que
está diciendo aquí es que cada hombre sabemos esto aunque estamos
confiados que el Señor nos ha salvado y estamos esperando esta
no por esto entonces doblamos los brazos y decimos bueno ya
estoy salvo no importa que no por eso Sabemos que nos ha puesto
una carrera y vamos a a procurar agradarle a él en todo. Y sabemos
que todos los hombres van a compadecer. Nosotros también vamos a compadecer
ante su trono. Todo juicio ha sido dado al Señor
Jesucristo. Es lo que dijo el Señor Jesucristo
en Juan capítulo cinco. Todo juicio ha sido dado al Hijo. El Padre a nadie juzga, dice
versículo 22, sino que todo juicio dio al Hijo, al Señor Jesucristo. Y todo juicio, escuchen, todo
juicio va a ser en relación a este asunto. ¿Qué piensas de Cristo? El juicio es este, ¿estás en
Cristo Jesús o no estás en Cristo Jesús? Así está la raya. Así está la plomada, por decir
así, o la línea que está puesta. ¿Estar en Cristo Jesús o fuera
de Cristo Jesús? Si una persona está fuera de
Cristo Jesús, entonces esa persona va a responder por todas sus
obras, y todas son malas. Todos sus pensamientos. Dios va a juzgar no solamente
los pecados abiertos, sino los pecados secretos, los pensamientos,
las intenciones. Y el asunto es este, con relación
al Señor Jesucristo. Y mientras más luz haya tenido
una persona, peor le va. Dijo el Señor Jesucristo, será
más tolerable para Sodoma y Gomorra en el día de juicio que para
Capernaum. ¿Por qué? Porque Capernaum había
oído el Evangelio. Capernaum había oído las buenas
nuevas del reino. Había oído al Señor Jesucristo
mismo. Y ellos no creyeron. Por otra
parte, Sodoma y Gomorra eran muy malos. Sodoma y Gomorra estaba
lleno de mal. Dios juzgó a Sodoma y Gomorra
enviando fuego y azufre del cielo, los destruyó y hasta ahora están
en el infierno y nunca van a salir de allá. Pero dijo el Señor que
será más tolerable para ellos en el día del juicio. Es decir,
el tormento que va a tormentar el hombre, el tormento que va
a tormentar el hombre por la eternidad. es no creí al Señor
Jesucristo. El Evangelio fue predicado, las
buenas nuevas, Dios en amor dio a su Hijo y yo no creí. Ese es el gusano que nunca muere
en el infierno. Los hombres y mujeres que no
tienen ningún interés en Cristo, que no tienen la justicia de
Cristo, van a dar cuenta y serán responsables de todos sus pecados. Aquellos que creen en Cristo
Jesús, los que están confiando en Cristo Jesús. ¿Qué nos dice
la palabra de Dios? Ninguna condenación hay para
los que están en Cristo Jesús. ¿Saben qué significa ninguna
condenación? Ningún juicio. ¿Por qué? El juicio de Dios contra
sus pecados ya pasó. Cuando Dios juzgó el pecado de
su pueblo en el cuerpo de su hijo. Él fue hecho pecado por
nosotros, el que no conoció pecado. Y cuando Dios juzgó el pecado
de su pueblo, ya lo condenó, ya lo juzgó, ya extrajo toda
la paga que merecían nuestros pecados. Ya no hay ninguna condenación,
ningún juicio para los que están en Cristo. Han sido juzgados. Es lo que dicen hebreos. Hebreos
capítulo 12. Este es el último texto. Hebreos 12. Perdón, Hebreos 10, 12. Pero Cristo, habiendo ofrecido
una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se
ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando
a que sus enemigos sean puestos por estrada de sus pies. Porque
con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados,
a los que Dios escogió. Y nos atestigó lo mismo el Espíritu
Santo, porque después de haber dicho, este es el que haré con
ellos después de aquellos días, dice el Señor. Pondré mis leyes
en sus corazones y en sus mentes las escribiré. Y añade, y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Deja que eso
caiga. Dios nos acuerda. ¿Tú te acuerdas? ¿Tú te acuerdas de tus pecados?
No te olvides para que no lo vuelvas a hacer. Pero eso no
va a funcionar tampoco. Pero te acuerdas, tú puedes condenarte
a ti mismo. Satanás puede apuntar el dedo,
¿verdad? Pero ninguna condenación. Cristo
es el que murió, el que también resucitó, el que está a la diestra
de Dios, el que intercede por nosotros. Bueno, tenemos esta
esperanza. Es una esperanza segura y sabemos
esto. Vivimos por fe. Vivimos por fe
y no por vista. esperando, anhelando aquel día
cuando estemos en su presencia. Que el Señor bendiga su palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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