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Cody Groover

Señor enseñamos a orar 1

Matthew 6:9-15
Cody Groover November, 16 2014 Video & Audio
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Cody Groover November, 16 2014

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Donde estamos estudiando en el
capítulo 6. Y en esta mañana. Quiero que veamos desde el versículo
9 al versículo 15. El modelo de la oración que nos
dio nuestro Señor Jesucristo. En Lucas capítulo 11. Los discípulos
pidieron al Señor Jesucristo, enséñanos a orar, así como Juan
enseñó a sus discípulos a orar. Y el Señor Jesucristo les dijo
a ellos, cuando oréis decir, Padre nuestro que estás en los
cielos, santificado sea tu nombre. Venga a tu reino, hágase tu voluntad,
como en el cielo, así también en la tierra. el pan nuestro
de cada día, danoslo hoy y perdona nuestros pecados, porque también
nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas
en tentación, mas líbranos del mal. Nuestro Señor Jesucristo
nos está enseñando, no las palabras que debemos decir, como vimos
la semana pasada, El asunto de la oración, el asunto de las
limosnas y el asunto del ayuno es cosa espiritual. Debemos orar,
es cosa espiritual. Dios mira el corazón. Y si el corazón no está involucrado,
viene a ser simplemente ruido molestoso. Simba lo que retiñe. Simba lo que retiñe. Un ruido
molestoso. Y no nos está enseñando el Señor
Jesucristo que debemos orar. Esto se da por entendido. Una persona que tiene a Dios
como su padre, que ha nacido por el Espíritu Santo, esta persona
clama a Dios. Esta persona clama a Dios. Así
como un bebé no se le tiene que enseñar a llorar, así también
el creyente, el que ha nacido de Dios, clama a Dios. Pero nos
está enseñando este modelo y quiero que lo veamos parte por parte
en esta mañana. Necesitamos esta instrucción
bíblica acerca de la oración. Y recuerden, no es una repetición. No debemos usar estas mismas
palabras como una fórmula de repetir. Eso no es lo que está
diciendo nuestro Señor Jesucristo. Mucho ha sido escrito acerca
de la oración. pero mucho ha sido escrito que
no es provechoso. Siempre tenemos que pedir al
Señor enseñarnos a orar. Muchas veces nosotros no sabemos
cómo orar o por qué orar, por qué debemos orar, sobre qué asunto. Y aquí entonces Él nos enseña
y dice en versículo nueve, vosotros pues oraréis así o en este modo. No es esta la oración del Señor. Esta no es la oración del Señor.
Es un modelo que Él nos ha dado. Si nosotros vemos la oración
en Juan capítulo 17, esta es la oración del Señor como sumo
sacerdote orando a Dios su Padre. No hay nada aquí sobre la oración del Señor
es una instrucción como debemos nosotros orar. Debemos nosotros buscar siempre
la instrucción del Señor porque no sabemos cómo orar. Necesitamos
que nos enseñen que en nuestras debilidades que nos muestre cómo
hacerlo. Y en estas pocas palabras el
Señor Jesucristo nos está enseñando cosas vitales acerca de la oración. La oración primeramente debe
ser simple. Es una oración simple, ¿verdad?
Es una oración simple. Es una oración sincera. Es una oración importuna. en Lucas capítulo
11, después de dar la instrucción de cómo orar, dio el ejemplo
de esa mujer que vino buscando, buscando pan, dije mujer, pero
este que vino buscando pan. Si quieren ver allá en Juan 11,
perdón, Lucas 11, un amigo, dije es una mujer,
pero es un amigo. Aquí está hablado de la necesidad
de orar y orar siempre, de la oportunidad. La hora de orar es el momento,
es siempre, es ahora, ahora mismo, porque siempre tenemos necesidad.
Les dijo también, quien de vosotros tenga un amigo, voy al versículo
5, Les dijo, ¿quién de vosotros que tenga un amigo va a él a
medianoche y le dice, amigo, préstame tres panes? Porque un
amigo mío ha venido a mí de viaje y no tengo que ponerle delante. Y aquí él respondiendo desde
adentro le dice, no me molestes, la puerta ya está cerrada y mis
niños están conmigo en cama, no puedo levantarme y dártelos.
Os digo que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo,
sin embargo, por la importunidad, por la importunidad se levantará
y le dará todo lo que necesite. Yo os digo, pedid y se os dará,
buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá, porque todo aquel
que pide recibe y el que busca haya y el que llama se le abrirá. Que padre de vosotros y su hijo
le pide pan le dará una piedra. O si pescado, en lugar de pescado
le dará una serpiente. O si le pide un huevo le dará
un escorpión. Pues si vosotros siendo malos,
y esa es la verdad, vosotros siendo malos sabéis dar buenas
dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará
el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Necesitamos pedir y
pedir siempre, ¿verdad? Pedir importunamente. El tiempo
de orar es ahora, es espiritual. Y no debemos hacerlo de una manera
formal o una manera de pretensión o buscando show, mucho alarde. De esta manera oraréis. No debemos usar repeticiones
vanas, sino expresiones simples. Simplemente estamos orando a
nuestro Padre. Dice, la primera cosa que nos
dice es Padre nuestro. Otra vez en Mateo 6. Padre nuestro,
que estás en los cielos. No oramos a los santos. oramos a Dios nuestro Padre. De esta manera ora, Padre nuestro. Estamos orando a Dios, no a los
santos, no a ningún hombre, no a María, sino a nuestro Padre,
Dios el Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Dios de gloria,
que está en los cielos. A Él estamos orando. A Él estamos
viniendo pidiendo. Cuando nosotros pedimos debemos
estar conscientes que estamos viniendo a aquel que puede socorrernos. No tiene caso que vayas a pedir
algo a alguien que no puede dártelo. No tiene caso que vayas a pedir
algo a alguien que no puede dártelo. Es por eso que Dios dice en Isaías,
no tienen conocimiento los que erigen del madero de su ídolo
y ruegan a un Dios que no salva. Un Dios que no puede salvar,
puede rogarle todo lo que quiera, pero no puede salvarse a sí mismo.
¿Cómo puede salvarse a otro? No puede socorrer a sí mismo.
¿Cómo puede socorrer a otro? No tiene conocimiento. El Dios
de nuestro Señor Jesucristo, el Padre nuestro Señor Jesucristo,
es también como creador de todas las cosas. Él es, Él ha de ser
orado, a Él únicamente se le debe orar. Como creador, podríamos
decir, es el Padre de todos como creador, como creador de todos. Y porque es el creador de todos
los hombres por la creación, Es propio que solamente a él
se ore. Es solamente a él se ore. Por esto no debemos nosotros
prohibir a personas que oren a Dios. Algunas personas piensan, bueno,
no se le debe enseñar a los incrédulos a orar porque Dios no oye la
oración de los impíos. Bueno, eso era lo que dijeron
los fariseos, que se creían justos a sí mismos. Es lo que vemos
allá en Juan capítulo 9. Eso es lo que una persona piensa
cuando dice no se le debe enseñar a los hombres a orar. Todos los
hombres deben orar porque todos son dependientes de este uno
solo Dios. Solo Él. Y en Juan 9, 31, estos religiosos
hipócritas estaban diciendo, sabemos que Dios no oye a los
pecadores. De hecho, Dios solamente oye
a los pecadores. ¿Quién ora que no es pecador?
Todos somos pecadores. Pero esa actitud, esa actitud
que tiene una persona que no vamos a enseñar a los hijos a
orar porque son impíos. No, enséñales a orar porque solamente
a Dios se le puede orar, el único Dios vivo y verdadero. Así es
que él es padre de todos por creación, pero Él no solamente es el Dios de
todos por creación y padre de todos por creación, es padre
de su pueblo. El Señor Jesucristo dijo, voy
a mi padre y a vuestro padre. El creyente, aquel que ha nacido
por el Espíritu Santo, aquel que es discípulo del Señor Jesucristo,
tiene una entrada especial, podríamos decir, ante Dios el padre como
hijo de Dios. como hijo de Dios, porque hemos
sido engendrados por el Espíritu Santo. Así como yo tengo un padre,
y mi padre no es tu padre, Walter Grubbe lo conoce, no está. Ese
es mi padre aquí terrenal. Y tú no le puedes llamar padre,
es mi padre. Pero todos los que son nacidos
por el Espíritu Santo, todos los que son creyentes en el Señor
Jesucristo, tenemos acceso a Dios por el Señor Jesucristo como
nuestro Padre Celestial. Y son, nosotros tenemos acceso
a Él como nuestro Padre por la adopción, no solamente por la
creación. Si es nuestro Padre por la elección,
Él nos escogió a nosotros. por un sentido muy especial. Él es nuestro padre por la gracia
de Dios. Nuestro Señor Jesucristo es el
que hizo la paz mediante la sangre de su cruz. Nosotros éramos enemigos
de Dios por naturaleza en nuestra mente, en nuestras acciones. Pero Dios, vean lo que dice Colosenses
capítulo uno. Pero Dios mismo hizo la reconciliación. ¿Qué significa reconciliación? Dos bandos están en desacuerdo
y son conciliados. Están de acuerdo. En Colosenses
capítulo 1, Cristo Jesús, es decir, Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo. Es lo que nos dice según de Corintios. Pero aquí en Colosenses, Capítulo
1, versículo 20, nos dice, y por medio de él, de Cristo Jesús,
reconciliar, bueno, leem versículo 19, por cuanto agradó al Padre,
a Dios el Padre, que en Cristo, en él, habitase toda la plenitud. Y por medio de Cristo, reconciliar
Consigo, Dios el Padre, todas las cosas, así los que están
en la tierra como en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre
de su cruz. Y a vosotros también, que erais
en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas
obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne por medio
de la muerte para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles
delante de él. Ahora nosotros venimos a él como
hijos, hijos suyos, creados en Cristo Jesús. Como dije, somos
hijos por adopción, por la elección, por la redención, por la reconciliación,
por la regeneración. Dios nos ha dado vida y por fe. Venimos a él y le llamamos padre. Y porque él nos ha hecho nacer
de nuevo, ha enviado su espíritu en el corazón de cada creyente,
por el cual nosotros clamamos Abba Padre. Vean esto en Romanos
capítulo 8. Cuando una persona llama padre
a Dios, es correcto. Saben, en el Antiguo Testamento
había Abraham, por ejemplo. Tenía todos sus siervos, todos
sus esclavos. Y los hijos de los esclavos llamaban
a Abraham padre. Padre Abraham. Eso no es extraño. Esto lo vi
en Chiapas también. Esto lo vi en Chiapas. Estaba
un señor que tenía un gran rancho y había muchos empleados que
vivían allá en la ranchería y da el caso que los empleados tenían
sus hijos y no vas a creer cuántos, bueno no voy a decir nombres
porque van a saber a quién estoy hablando, pero voy a inventar
un nombre. No saben cuántas Silvia sabían,
porque estaban siendo nombradas después de la ama de casa. O cuántos Pedro sabían, porque
todos le llamaban padre, papi, o padre. Pero el único que tiene
derecho a llamarle padre son aquellos que son nacidos de él.
Y ahora, Él no le impedía. Decías, mi hijo, hijo mío, ven.
Y todo. Bueno. En el Antiguo Testamento,
los hijos de los esclavos llamaban a Abraham padre. Pero solamente
aquellos que son nacidos de él le llaman Abba. Abba. Ese es uno que solamente es reservado
para los que son nacidos de él. Y ahora, en Romanos capítulo
8, Versículo 15 dice, pues no habéis recibido el espíritu de
esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido
el espíritu de adopción por el cual clamamos Abba Padre. El espíritu de adopción es el
sello Es el sello del Espíritu Santo que da testimonio a nuestro
espíritu que somos hijos de Dios. Y porque Dios, el Espíritu Santo,
está morando en el corazón de cada creyente. Pondré un espíritu
nuevo y pondré mi espíritu, dice la palabra de Dios. Ese es el
espíritu que clama Abba Padre. Entonces, si tú confías en el
Señor Jesucristo, entonces tienes derecho de llamarle a Dios Todopoderoso,
tu Padre, y venir a Él en oración. Dice Hebreos capítulo 4, versículo
16, acerquémonos pues confiadamente al trono de gracia. ¿Saben qué
significa esto acerquémonos confiadamente? Una persona que tiene acceso
puede entrar confiadamente. Si pensamos en un personaje de
importancia, el presidente de la república o el gobernador
del estado, el gobernador del estado de aquí de Yucatán no
puedes entrar porque quieres entrar y vas y lo ves. No, no puedes, no tienes acceso. ¿Saben quién tiene acceso? No
sé si tiene hijos o no, pero su hijo. Su hijo, no lo para
nadie en la puerta. Es el hijo, va a pasar adelante.
Tiene acceso. Y así también nosotros tenemos
acceso delante de Dios por medio del Señor Jesucristo. Dice en
versículo 16 de Hebreos 4, acerquémonos pues confiadamente. al trono
de gracia. Este es trono de majestad, es
trono de gloria, es trono de justicia, pero por Cristo Jesús
es trono para su pueblo, trono de gracia, para hallar oportuno
socorro. Necesitamos este socorro. Así
es que oramos a Dios, nuestro Padre, que está en los cielos. Qué privilegio. Qué privilegio
es llamar a Dios nuestro padre. Y luego cuando decimos padre
nuestro, qué bendición es esta. Hay una unión, hay una unión,
no es padre mío, pero aquí está hablando padre nuestro. Mi padre
celestial es tu padre celestial. Hay una unión. Hay unión, una
colectividad en la oración, en la adoración pública. Cada vez
que dos o tres congregados en su nombre oremos a Dios, oramos
Padre nuestro. Nada une o teje nuestros corazones
como orar a Dios como nuestro Padre. Mi Padre es tu Padre. Mi Padre es tu Padre. Y luego
nos dice Padre nuestro que estás en los cielos. Nos habla de la
majestad. La majestad en la que está él
y cómo debemos nosotros acercarnos a él. Debemos acercarnos con reverencia,
tenemos acceso. Pero no entramos sin reverencia. Venimos a él con reverencia. Tenemos libertad para hablar
con él, venir delante de él, pero no para, como algunas personas
hablan con tanta formalidad como si fuera su compañero. No, de
ninguna manera. Necesitamos que él, reconocer que él está en los
cielos y nosotros sobre la tierra. Ahora, segundo punto que dice
aquí, Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea
tu nombre. Su nombre significa todos sus
atributos, todos los atributos con los que Dios se revela a
nosotros. Dios es santo, Dios es justo,
Dios es misericordioso, Dios es amor. Estos son los atributos
que Dios ha dicho de sí mismo. ¿Quién es Él? Y cuando dice,
santificado sea tu nombre, está hablando, sea santificado en mí, en ti, todo lo que eres
es Dios. Es decir, su nombre representa
su ser. Su nombre es quien él es. Cuando
decimos, santificado sea tu nombre, estamos diciendo, glorifícate
a ti mismo. nosotros no podemos santificar
a Dios, Dios es santo, no puede ser más santificado, no podemos
hacerlo santo. Pero estamos diciendo, gloríficate
a ti mismo, sea manifestado que tú eres santo. Es como dijo el
Señor Jesucristo en Juan capítulo doce, Juan capítulo, cuando nosotros
pedimos Señor, santificado sea tu nombre, sea manifestado que
tú eres santo. en todos tus atributos. Glorifícate
a ti mismo. Es lo que está diciendo aquí
el Señor Jesucristo en Juan capítulo 12, versículo 28. Padre, glorifica tu nombre. Santifica tu nombre. Sea santificado. Santificado. Sea separado. Dios creó este mundo para su
gloria. Él lo creó para su gloria. Santificado
sea tu nombre. Cuando pensamos que Dios creó
el mundo para su gloria, vean lo que dice Apocalipsis capítulo
4. Apocalipsis capítulo 4. Versículo 11. Señor, digno eres de recibir
la gloria. Digno eres de recibir la gloria
y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas y
por tu voluntad existen y por tu voluntad fueron creadas. Él
lo creó para su gloria. Ven lo que dice Proverbios capítulo
16, versículo 4. todo lo que Dios creó, no sólo
el mundo, todas las cosas y nosotros fuimos creados para la gloria
de Dios. Así es que Dios va a glorificarse
a sí mismo. Dios va a recibir gloria en la
vida de todos los hombres. ¿Escucharon esto? En la vida
de todos. Si Dios ya sea en el juicio de
los impíos, él va a glorificar su santidad, su justicia, y en
la salvación de su pueblo, él va a glorificarse también en
su justicia y en su misericordia. Él va a glorificar. Fue creado
para él. En Proverbs capítulo 16, versículo
4, Todas las cosas ha hecho Jehová para sí mismo y aún ha limpio
para el día malo. Él creó todas las cosas, creó
para su gloria. Todas las cosas que ocurren en
este mundo, toda la providencia, todo lo que nosotros, la providencia,
¿saben qué es la providencia? La providencia es el desarrollo
de la voluntad de Dios que Él determinó antes de la fundación
del mundo. La voluntad de Dios o el decreto
de Dios siendo desarrollado en el tiempo. Eso se llama providencia. Todo lo que Dios decretó y determinó
en la eternidad está siendo llevado a cabo. Eso es la providencia. La providencia. Toda la providencia
es para su gloria. Vean Romanos capítulo 11. Romanos capítulo 11, versículo
36. Porque de él, del Señor Jesucristo, que es
Dios, de él y por él y para él son todas las cosas. A él sea
la gloria por los siglos. Amén. Ahora el objeto de la salvación,
como dije, el objeto de la salvación del pueblo de Dios es la gloria
de Dios en Salmos ciento seis Salmos ciento seis versículo
ocho. Sé que estamos mirando muchos
textos, pero creo que conviene verlos. Para la gloria de su nombre,
Versículo 8 dice, pero él los salvó por amor de su nombre. ¿Por qué te salvó Dios? Porque
hay algo bueno en ti. Porque vio algo bueno en ti.
No, por amor de su nombre, para su gloria. Para su gloria. Para ser notorio su poder. el objetivo de Cristo por encima
de todos los objetivos. Sabemos que Cristo murió para
salvar a su pueblo, pero el objetivo de Cristo, por sobre todos los
demás en su muerte, era glorificar a Dios el Padre. Padre, glorifica
tu nombre. Entonces vino una voz del cielo,
lo he glorificado y lo glorificaré otra vez. es allí donde se manifiesta
la gloria de Dios en la cara de Cristo Jesús santificado sea
tu nombre sea Cristo manifestado allá en
la cruz del Calvario es donde Dios muestra por decir así la
luz y vemos allá en la Cruz de Cristo Jesús, es decir, lo que
pasó allá en la cruz. Allí vemos la justicia de Dios. ¿Alguien tiene duda de que Dios
va a castigar el pecado? Ah, seguramente no es tan severo
Dios. Seguramente no es tan severo.
¿Alguien tiene ese pensamiento? Mira allá a la cruz del Calvario. Allí Dios no escatimó ni a su
propio Hijo. Y cuando el Señor Jesucristo
fue hecho pecado, la ira de Dios cayó sobre él. Dios es justo. Cuando pecado de su pueblo fue
puesto en él, la ira de Dios cayó sobre él. Es por esto que
murió. Esos soldados romanos no tenían
ninguna autoridad, ningún poder para crucificarlo. Él fue voluntariosamente
a la cruz del Calvario. Él extendió sus brazos. Él dijo,
nadie me quita la vida. Yo tengo poder para ponerla y
yo tengo poder para tomar la otra. Para esto vine al mundo,
para dar mi vida en rescate por mi pueblo, por sus ovejas. Así
es que la gloria de Dios es manifestada en la cara de Cristo Jesús. Ahí vemos que Dios es justo.
Ahí vemos el amor de Dios. Dios es amor. Dios también es
Dios justo. y Dios no ama, es decir, no ama
a ninguna persona fuera de Cristo Jesús. El amor de Dios está en
Cristo y fuera de Cristo Jesús, Dios es fuego consumidor. Dios ha amado a Cristo, amó a
su Hijo unigénito y a los que Él escogió en Cristo Jesús y
porque Él los amó, Él dio a su Hijo. Esta es la evidencia del
amor. De tal manera amó Dios. que ha
dado a su hijo unigénito. Amó al mundo, al mundo perdido,
el mundo de su pueblo, sus ovejas que estaban descarriadas, aquellos
que Dios el Padre le había dado. Están en todas partes del mundo,
no solamente allá en Jerusalén, no solamente los judíos, también
yucatecos. De tal manera amó. ¿Y dónde se
ve, dónde es glorificado el amor de Dios, es magnificado? En la
cruz de Cristo Jesús. La ira de Dios. Todos los atributos. La misericordia de Dios. Todo
es amplificado, podríamos decir. Es como si vas algún día a ver
diamantes. Yo no compro diamantes, pero
porque falta. Pero si vas a comprar un diamante,
los que te están vendiendo diamantes, ¿sabes qué hacen con el diamante?
Sacan el diamante. lo empiezan a frotar, lo ponen
sobre un terciopelo negro. Y con el trasfondo tan oscuro
del terciopelo, resalta. No lo hace más brillante, porque
el brillo lo tiene en el diamante. Pero en el respaldado de ese
terciopelo negro, se muestran todas las facetas. En ese tiempo
tan oscuro de la maldad del hombre, Allá en la Cruz del Calvario,
Dios manifestó su gloria en Cristo Jesús. El objetivo de la muerte
del Señor Jesucristo era glorificar a Dios el Padre. Dios tiene que
ser justo cuando recibe a un pecador en su presencia. Y la
única manera que puede ser justo cuando Él recibe a un pecador
es si esa persona no tiene pecado. Y Cristo hizo eso en la cruz
del Calvario. Él quitó el pecado de su pueblo. Estoy viendo que no va a dar
tiempo a terminar la oración. Pero Él quitó el pecado de su
pueblo. Alejó nuestros pecados tan lejos
como el este es del oeste. Santificado sea tu nombre. Sea
glorificado tu nombre. Y es nuestro deseo, es nuestro
deseo, el deseo de cada creyente que sobre todas las cosas el
nombre de Dios sea honrado, magnificado y glorificado. Nos duele cuando alguien habla
mal del Señor Jesucristo y de lo que Él hizo en la cruz del
Calvario. Que mancha, que borra oscurece
la gloria de lo que Dios hizo allá en el cruz del Calvario.
Así es que esta es la cosa, la primera cosa que nos dice en
la oración. Siempre debemos venir a él en
reverencia. Siempre debemos tratar en reverencia. Su palabra debemos tratarla en
reverencia, su evangelio, su iglesia, sus ordenanzas. Siempre debemos nosotros tener
Respeto. Él es Dios Santo. Debemos andar
delante de él en humildad y decir, santificado sea tu nombre. Santificado. Ahora, en nuestro texto otra
vez, en Juan, perdón, en Mateo capítulo 6, la tercera cosa que
dice aquí, venga tu reino, versículo 10. Venga tu reino. Nuestro primer interés es para
la gloria de Dios. El segundo es para el reino de
Dios. Todas nuestras oraciones debemos
nosotros pedir el engrandecimiento del reino de nuestro Señor Jesucristo. Señor, lo que estamos diciendo
cuando decimos, venga a tu reino, simplemente estamos diciendo,
Señor, salva a tu pueblo. Salva a tu pueblo. Venga a tu
reino. Salva a tu pueblo. Establece
tu reino. ¿Dónde es establecido el reino
de Dios en este mundo? El reino de Dios está en ti,
¿verdad? Venga a tu reino. Nuestro señor
Jesucristo es el rey sentado sobre el trono allá en el cielo,
pero también está sentado sobre el trono de nuestro corazón. La primera cosa que Dios enseña
a su pueblo a orar es, Señor, ¿qué quieres que yo haga? Hágase
tu voluntad. Hágase tu voluntad. Él es el
rey. Nosotros los súbditos. Estamos
orando, Señor, salva a tu pueblo. llama a los tuyos, que venga
el cumplimiento de tu propósito. Él lo va a hacer. Él lo va a
hacer. Y nosotros queremos que venga.
Queremos que venga. Es el propósito de Dios. En otras
palabras, si vas a orar por algo que sabes que va a hacer, ora
por lo que Dios ya dijo que va a hacer. Que el reino de Dios el reino
de la gracia sea lleno, que sea lleno. Todo el pueblo de Dios va a ser
salvo. Dice allá en versículo 26 de
Romanos 11, luego todo Israel será salvo, como está escrito.
Vendrá de Sion el libertador que apartará de Jacob la impiedad.
Y ese será mi pacto con ellos cuando yo quite sus pecados. Todo Israel será salvo. Pero
cuando dice Israel, ¿de quién está hablando? ¿Saben quién era
Israel? ¿Cuál era su nombre antes que
Dios le diese nombre Israel? Su nombre era Jacob. Jacob luego
fue llamado Israel por Dios, príncipe. Pero su nombre que
le fue dado al principio era Jacob, suplantador, tramposo. Y así es todo hombre por naturaleza. Y así es el pueblo de Dios por
naturaleza, suplantador. ¿Saben qué significa eso? Quieres
tomar el lugar de otro. Y todo hombre por naturaleza
quiere tomar la gloria para sí mismo. Quiere tomar la honra
para sí mismo. Pero ¿saben qué dice Dios de
Jacob? Dios dice, a Jacob amé, a Esaú
abórrese. A Jacob amé. Sus amados, aquellos
que él amó con amor eterno, y todos aquellos que son el Israel verdadero
de Dios, serán salvos. Todos aquellos que son los escogidos
de Dios, los amados de Dios, desde la eternidad, estos son
el Israel espiritual. que comprende todo pueblo, toda
lengua, todo linaje y toda nación. Si ustedes ven allá en Romanos
capítulo 2, no es un judío el que lo es exteriormente. Estás
viendo allá en Israel todos los judíos que están allá. Eso no
es el Israel espiritual de Dios. Versículo 28, Romanos 2, 28.
No es judío el que lo es exteriormente. No es un judío el que lo es exteriormente. Ni es la circuncisión la que
se hace exteriormente en la carne. Sino que es judío el que lo es
en lo interior. Y la circuncisión es la del corazón. En el espíritu. No en letra. La alabanza del
cual no viene de los hombres, sino de Dios. Ese es un judío. Así es que si tú has sido circuncidado
por Dios en el corazón. Es decir, Dios te ha quitado
ese corazón de piedra. Ese corazón obstinado, ese corazón
duro. Ese corazón que no quiere y no
puede venir a Cristo. Y te ha quitado, eso es una cirugía. Sólo Dios lo puede hacer. quitarte
este corazón de piedra, poner un corazón de carne, un corazón
que late para Dios. La alabanza es solamente de Dios,
es el que la hace. Tú no lo puedes hacer, yo no
lo puedo hacer. Pero si tú crees en el Señor Jesucristo, es porque
te ha dado un corazón nuevo. Y eres un judío. Y nos dice allá
en nuestro texto que todo Israel será salvo. Todo su pueblo va
a ser salvo. Entonces hacemos esta petición,
Señor, venga a tu reino, cumple tu propósito. Y sabemos que todavía
no ha llegado el fin o la plenitud de la iglesia del Señor Jesucristo,
porque esa es la razón que el mundo continúa. Podríamos decir
que el mundo es una incubadora. Hasta que Dios saque todos los
hoyos de este mundo, este mundo va a seguir girando y el hombre
no lo va a destruir. Dios lo va a destruir. Cuando
Él saque el último, cuando el último que Él escogió, cuando
el último que Él amó, cuando el último por quien Él dio a
Su Hijo, puede que no haya nacido, puede que no haya nacido, puede
que no nazca en 200, 300, tú no sabes, yo no sé, puede que
ya nació. Y el Evangelio va a cruzar su
camino, El Evangelio y la verdad va a cruzar su camino y el Espíritu
Santo le va a dar vida y ese va a ser el último por el cual
Cristo murió. Este mundo se acaba. Viene inmediatamente
el juicio. Es que no es una cosa de alazar
a ver cuántos van a venir. Él sabe quiénes van a venir.
Están en el mundo y están donde Dios los pone. Están cuando Dios
los pone. Y nosotros simplemente estamos
pidiendo, Señor, ven a tu reino. Trae a tu pueblo, manifiestate
a tu pueblo. Tú que estás oyendo el evangelio,
te estamos diciendo a ti, ser reconciliado con Dios. Dios ya
hizo la reconciliación. Tú cree en el Señor Jesucristo
y serás salvo. Hoy es el día de salvación. Busquemos, entonces, la operación de la gracia de
Dios en el corazón de su pueblo, de pecadores, haciéndolos que
vengan a él. Su pueblo, dice la palabra de
Dios, se ofrecerá voluntariamente en el día de su poder. Toda vez que el hombre esté obstinado
en contra del Señor Jesucristo, en contra de la verdad de Dios,
todavía no ha sido conquistado por el Espíritu Santo. Pero cuando
venga el Espíritu Santo y la palabra obre con poder por el
Espíritu Santo, entonces esa persona va a venir con buena
gana. Señor, sálvame. Señor, yo soy
el pecador. Ten misericordia de mí. Mientras
no, va a ser toda clase de excusa. Hágase tu voluntad, dice. Venga
a tu reino, hágase tu voluntad. Como en los cielos, así también
en la tierra. Cuando oramos, no estamos tratando
de que Dios haga lo que nosotros queremos. No estamos tratando que Dios
haga lo que nosotros queremos. Estamos buscando la voluntad
de Dios. Esa es la voluntad que se va
a cumplir. En la oración nosotros estamos
alineándonos a nosotros mismos con la voluntad de Dios. Es poner toda nuestra voluntad
a la voluntad de Dios. Hágase tu voluntad. Nuestra verdadera
felicidad es ser sujetos a la voluntad de Dios. Queremos obedecer
la voluntad de Dios revelada. La voluntad de Dios revelada.
Sabemos cuál es la voluntad de Dios revelada, que creamos en
el Señor Jesucristo, que vengamos a Él, que le obedezcamos a Él. Queremos obedecer su voluntad
revelada. y queremos que todos obedezcan
la voluntad revelada de Dios. Esta es la voluntad de Dios que
creáis en el que Él ha enviado. Esta es la obra de Dios y es
la voluntad de Dios que su pueblo crea en Él. Pero lo que nos está enseñando
aquí nuestro Señor Jesucristo es de someter todos nuestros
deseos aquí en la tierra a la voluntad de Dios. Así como es
en el cielo. Que nuestra voluntad sea sujeta
a la voluntad. Sabemos que Él va a hacer su
voluntad. En Efesios capítulo uno. Fechos capítulo 1, versículo
11 dice, en él asimismo tuvimos herencia, siendo predestinados
conforme al propósito del que hace todas las cosas según el
designio de su voluntad. Cuando el Señor nos está enseñando
a orar, hágase tu voluntad, no importa cuál sea nuestra circunstancia,
No importa cuál sea lo que nosotros creemos que son nuestras necesidades,
no importa cuánto querramos algo, la sabiduría y la fe siempre
se sujeta o se somete a la voluntad de Dios. Tu voluntad sea hecha. Nosotros no sabemos cuál es lo
mejor para nosotros, pero Dios sí. Dios sí. Él sabe lo que es mejor para
nosotros. Y es por eso que el Espíritu Santo nos ayuda a nosotros. En Romanos capítulo 8, el Espíritu
Santo nos ayuda con gemidos indecibles. Romanos 8, 26. De igual manera,
el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Pues, ¿qué hemos de
pedir como conviene? no lo sabemos, pero el Espíritu
mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. No está hablando de esa chuchería
que pasa allá en la religión donde todos están hablando cosas
que nadie entiende. No está hablando de eso. Está
hablando que el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos
indecibles. ¿Quién sabe lo que es bueno para
nuestra vida? ¿Quién sabe? Dios lo sabe. No
sabemos cómo debemos nosotros orar, pero Él sí sabe. Es por eso que nosotros pedimos,
Señor, hágase tu voluntad. Sabemos que si nosotros pedimos
conforme a su voluntad, Él nos oye. Es lo que nos dice en 1
Juan capítulo 5. Por eso los discípulos pidieron,
Señor, ayúdanos a orar. El Señor Jesucristo nos enseña
entonces a orar para su gloria, nos enseña a orar para el pueblo
de Dios, nos enseña a orar para la voluntad de Dios, y nos enseña
a someternos en todas las cosas a Él. Y hasta ahí voy a llegar. Alguien dijo esto. No vamos a
terminar la Biblia. Espero que podamos nosotros aprender. Yo quiero aprender. Yo aprendo
lento. Pero no vamos a agotar todo lo
que podemos decir. Yo aprendo renglón por renglón. Quedamos allá en el pan nuestro
de cada día, dánoslo hoy. Solo voy a leerlo para seguir
el hilo. El pan nuestro de cada día, dánoslo
hoy. Y perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos metas
en tentación, mas líbranos del mal, porque tuyo es el reino,
el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis
a los hombres sus ofensas, os perdonará también vosotros, vuestro
Padre Celestial. Pero si no perdonáis a los hombres
sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.
Voy a dejar esta segunda parte para la semana que viene en ocho
días. Que el Señor bendiga su palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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