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Cody Groover

Buscando las cosas de arriba

Cody Groover • November, 6 2013 • Video & Audio
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Cody Groover • November, 6 2013

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Bueno, pido que abran sus Biblias
conmigo, Libro de Colosenses. En esta noche quiero que veamos
Colosenses capítulo 3. Los primeros versículos en Colosenses
capítulo 3. Hemos estado viendo aquí que
el apóstol Pablo está escribiendo esta carta a estos hermanos en
Colosas que nunca habían visto su rostro, que él no conocía
a ellos, pero como consideramos en las últimas semanas, el apóstol
Pablo les dijo Quiero que sepan cuán gran lucha sostengo por
vosotros y por todos los que nunca han visto mi rostro. Y
esta lucha es la lucha en que cada creyente está, la lucha
de contender ardientemente por la fe, de no ser desviados de
la sincera fidelidad a Cristo Jesús, y de regocijarnos en lo que Cristo ha hecho por
nosotros y en nosotros. No debemos dejar que alguien
nos prive, como dice allá, de nuestro premio afectando humildad,
entremetiéndose en cosas que no saben, vanamente hinchados
por su mente carnal. no están haciéndose o no están
aferrándose a Cristo Jesús. Nos dicen en Colosenses 2, en
Cristo Jesús está la plenitud, y si tú estás en Cristo Jesús
y Cristo Jesús está en ti, tú estás completo en Cristo, no
te falta nada. En Él habita corporalmente toda
la plenitud de la Deidad y vosotros estáis completos en Él. no te falta nada de la redención,
no te falta nada de la justificación, no te falta nada de la santificación. Entonces lo que vamos a ver ahora,
estamos completos en Cristo y lo que vamos a ver ahora no está
hablando de santificarte en una manera de hacerte santo, sino
porque Está hablando a creyentes. Está
hablando a personas que han sido regeneradas. Está hablando a
personas que tienen a Cristo morando en ellos. Y la regla
de vida del creyente es la fe. Puestos los ojos en Jesús, el
Autor y Consumador, como dice allá en Colosenses 2, 6, de la
manera que recibiste a Cristo, así andad en él, arraigados y
sobredificados en él. Crecer el conocimiento y la gracia
del Señor, seguir viniendo a Cristo Jesús. Ahora, la fe verdadera
es obediente. La fe verdadera es obediente. Y como leímos allá en Tito, la
gracia del Señor ha aparecido donde ha aparecido, es decir,
donde se ha manifestado la gracia de Dios, nos enseña. Es decir, esta nueva criatura
creado adentro, está en una continua lucha contra el hombre natural,
el hombre carnal. Entonces el apóstol Pablo primero
da gracias a Dios por la obra de Dios en ellos, y cita esas
tres gracias principales, la fe, el amor y la esperanza, en
el capítulo Él da gracias a Dios y luego ora a Dios que ellos
crezcan en este conocimiento del Señor, que sean más firmes,
más establecidos. Y luego les advierte en capítulo
dos de que no sean engañados por
palabras persuasivas, filosofías de hombres, según tradiciones
de los hombres, rudimentos del mundo, que no son según Cristo. que no sean engañados, no sean
desviados. Pero ahora entonces, y dice,
ustedes, nuestra esperanza, la esperanza del creyente, es que
hemos muerto. Hemos muerto en Cristo Jesús. Cuando Cristo Jesús murió en
la cruz, nosotros también morimos. Él como nuestro representante,
Él murió, la cabeza de Su pueblo, Él murió cuando Él fue hecho
pecado por nosotros, el que no conoció pecado, Él murió. Y esa
es nuestra muerte a las demandas de la santa ley de Dios que nebandaba
nuestra muerte. Ahora, estamos libres de esa
ley, la ley del Antiguo Testamento, estamos libres para poder servir
bajo un nuevo régimen. el régimen del amor a Cristo
Jesús, la fe en Cristo Jesús, como dice ya en Romanos 2. El Espíritu de vida en Cristo
Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Ese
es el régimen. Ahora, dice ya en Capítulo 3,
si pues, o es decir, esta es la verdad, si pues habéis resucitado
con Cristo. Bueno, no solamente morimos con
Cristo, Cristo no quedó muerto. Nosotros resucitamos juntamente
con Él, como nos enseña la Paz. Esa es nuestra esperanza. Si
no hay resurrección de los muertos, si Cristo no resucitó, nuestra
fe es vana. Estamos todavía en nuestros pecados,
no hay esperanza. Deja de reunirte, vamos a comer,
beber, porque no hay mañana. Si es que no, Cristo no resucitó,
pero Cristo resucitó a los muertos, y cuando Cristo resucitó a los
muertos, esa es nuestra justificación, nuestra justificación. Si habéis
resucitado con Cristo, si esa es la realidad, dice, buscad
las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de
Dios. si fuimos crucificados con Él, si fuimos enterrados
con Él en el bautismo, y eso es lo que representa el bautismo,
cuando una persona cree en el Señor Jesucristo, esa persona
se identifica con el Señor Jesucristo en su muerte, en su sepultura
y en su resurrección, y está testificando, está testificando
esto abiertamente, públicamente, que Estoy muerto al mundo. Estoy
muerto al mundo. Muerto no solamente a la ley,
sino muerto a todas las vanidades, todas las esperanzas, todos los
gozos en este mundo. Mi meta, o mi... lo que estoy buscando es esa
Patria Celestial. Lo que estamos buscando es estar
con Cristo Jesús. Es decir, si no tenemos esperanza
de estar con Cristo, y ver su rostro, entonces, ¿qué estamos
haciendo? ¿Qué estamos haciendo? Pero nuestra
esperanza es de estar en la presencia del Señor Jesucristo. Cristo
Jesús está sentado a la diestra, como nos dice acá, a la diestra
de Dios. ¿Qué nos enseña esto que Cristo
está sentado a la diestra de Dios? Esto nos enseña que Su
obra de redención está completa. Está sentado a la diestra hablando
de que Él está en toda autoridad. Dijo el Señor Jesucristo, toda
potestad me es dada en el cielo y la tierra. Él es el Rey. Dios
le ha puesto todo bajo Sus pies. Le ha dado un nombre que es sobre
todo un y todo hombre, todos van a confesar que Él es el Señor,
que Él es el Rey, para la gloria de Dios el Padre. Buscar las
cosas de arriba donde está Cristo sentado. Cuando nos dice que
está sentado nos habla de la obra perfecta. Estar sentado significa que no
está haciendo más obra de redención. La obra está Saben, cuando el
Señor Jesucristo estuvo aquí en el mundo, Él le dijo a sus
discípulos, el día tiene doce horas. Un hombre no trabaja de
noche. El día tiene doce horas. Y así también, cuando el Señor
Jesucristo estuvo aquí en la tierra, Él tuvo que acabar la
obra que el Padre le dio que Él hiciese. Él tuvo que acabar
esa obra de redención, porque la noche viene, dijo el Señor
Jesucristo, cuando nadie puede trabajar. Es decir, cuando Él
salga de este mundo, si Él no lo terminó, entonces no hay salvación. Nadie puede trabajar. Sólo Él
lo puede hacer. Sólo Él puede hacer la salvación.
Y si Él no lo hizo, entonces no hay salvación. Pero Él está
sentado, hablando de la satisfacción de Dios por ese sacrificio y
está a la diestra hablando de su poder. Está sentado a la diestra
de Dios. Y Él nos dice aquí a nosotros
que nosotros busquemos, que busquemos la patria celestial. ¿Saben? Cuando buscamos algo mejor, no
nos ocupamos de las cosas menores, ¿verdad? Si quieren ver allá
en Hebreos Hebreos capítulo 11, versículo 9. Hablando de Abraham,
y si nosotros creemos a Dios, tenemos la fe de Abraham, nos
comportamos como Abraham se comportó. Por la fe, Noten allá cuál es
su regla de vida. Por la fe. Por la fe, siendo
llamado, obedeció, para salir al lugar que había de recibir
como herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, habitó
como extranjero en tierra prometida. Nosotros habitamos, estamos como
extranjeros como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac
y Jacob, herederos de la misma promesa, por esta razón, porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto
y constructor es Dios. Pon la mirada en las cosas de
arriba, la patria celestial, el cielo, la ciudad celestial,
Cuando dice buscar las cosas de arriba, se refiere a buscar
las cosas del cielo, donde está Cristo. Buscar las cosas de arriba
significa buscar a Cristo y su justicia, no nuestra justicia. Es decir, el salmista dijo, yo
voy a hablar de tu justicia y la tuya sola. la justicia de Cristo. El apóstol Pablo dijo allá en
Filipenses capítulo 3, él dijo, yo no quiero ser hallado teniendo mi propia justicia.
Filipenses 3, 9. Dijo, yo quiero ser hallado en
él, en Cristo. Bueno, Pablo, si has creído en
el Señor Jesucristo, estás en Cristo. Noten allá versículo 8, y ciertamente
aún estimo todas las cosas como pérdida, por la excelencia del
conocimiento de Cristo, mi Señor, por mal del cual lo he perdido
todo y lo tengo por basura para ganar a Cristo." Ven allá, él
está poniendo las cosas, los ojos en las cosas celestiales.
Poner Cristo está en el y yo no quiero ser, yo quiero ser
hallado en Cristo, dice el versículo 9, no teniendo mi propia justicia,
es decir, yo no estoy buscando mi propia justicia, estoy buscando
la justicia Suya, que es por la, yo no quiero, yo quiero ser
hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la
ley, es decir, por obediencia a la ley del Antiguo Testamento,
o los diez mandamientos, o cualquier ley. Yo no quiero ser hallado
en esa justicia. Por cierto, cualquier persona
que lee la ley, y entiende la ley, la ley es espiritual, la
ley mata. La ley mata. Si no ser, yo quiero ser hallado
en Cristo, en la justicia, que es por la fe de Cristo, la justicia
que es de Dios por la fe, a fin de conocerle. Ven como el apóstol
Pablo está diciendo a ella, yo quiero conocerle, está buscando
las cosas de arriba, yo quiero conocerle y el poder de su resurrección
y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él
en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de
entre los muertos. Buscar a Cristo entonces es buscar
a Cristo y Su justicia, y buscar en Cristo Jesús las bendiciones
que Él nos ha dado, paz, paz, paz. Él ha hecho la paz mediante
la sangre de Su cruz, pero tenemos esta bendición de estar en paz,
en la conciencia, paz los unos con los vida y la gloria. Como dice el apóstol Pablo allá
en Efesios 1, bendito sea el Dios y Padres de nuestro Señor
Jesucristo que nos bendijo con toda bendición espiritual en
los lugares celestiales en Cristo. Estas son las cosas celestiales,
las bendiciones eternas y espirituales en Cristo Jesús. La gloria. Buscamos las cosas
que son de arriba porque el Señor Jesucristo está arriba. Él está
allá. O es decir, lo buscamos a Él. Y buscándolo a Él, buscamos todas
las cosas que son de Él. Noten allá, pon la mira en las
cosas de arriba y no en las de la tierra. Saben, hace años,
hace años a mí me gustaba tirar con arco
y flecha. Arco y flecha. una cosa que aprendí cuando ya
estaba practicando tirar al arco con arco y flecha es que uno
si quiere pegarle a un punto o si esta una persona a 20 metros
y quiere pegarle a este papelito a 20 metros tiene que enfocar
su mirada a ese papelito es decir, si yo pongo este papelito allá
sobre la pared allá al fondo y una persona dice bueno, tírale
ese papelito no puedes tirar nada más en la dirección no le
vas a pegar tienes que enfocar a ese papelito si estás enfocando
a ese a ese punto si estás enfocando ese punto no vas a fallar mucho
no vas a fallar mucho En otras palabras, si nada más estás tirando
por tirar, o cuando estaba yo aprendiendo esta arte de tirar
con arco y flecha, no tenía miras, era instintivo. Una de las cosas
que leí era que el cerebro es una computadora
magnífica, que una persona calcula la velocidad, la trayectoria
de la pelota o de la flecha, lo calcula inmediatamente, pero
tienes que tener el ojo mirando, eso es lo que quieres pegarle.
Tenemos aquí a una persona que le gusta mucho el béisbol. No te asombra cuando un pelotero
allá lejos en el outfield, está allá junto a la pared y agarra
la pelota y la tira y el catcher está allá en home y la bola llega
a su a su guante ¿por qué? porque tiene puesta la mira en
ese guante porque no puede nada más tirar por tirar porque no
llega tiene que tener la mirada puesta entonces aquí está diciendo
pon la mira en las cosas de arriba y no en las de la tierra. Pon
los ojos en Cristo Jesús. Pon los ojos en Cristo Jesús.
Es decir, si nuestros corazones, la mira, es el afecto, los corazones. Si nuestros corazones no están
fijados en Cristo, en las cosas de Cristo, entonces no vamos
a buscar estas cosas de una manera apropiada y no vamos a hacer
no vamos a obtener este paz, gozo, consuelo. Las cosas de
la vida proceden del corazón en Proverbios capítulo 4. En
Proverbios capítulo 4. No sé si fue muy claro mi ejemplo. El pelotero creo que sí llegó, era yo cazador de venados me
gustaba cazar venado con arco y flecha y llega el venado y
una persona si quieres si quieres matar al venado tienes que concentrarte
en un en una en una en una manchita que tiene donde está el órgano
vital no le puedes tirar al animal completo no lo vas a dar vas
a fallar tienes que poner la mira allá ¿Cómo dice ese dicho? Donde pongo el ojo, pongo la
bala, dice. Es el dicho, ¿verdad? Donde pongo
el ojo, pongo la bala. Si no pones el ojo en la marca,
no vas a darle con la bala, ¿verdad? Proverbios capítulo 4, versículo
23. Sobre toda cosa guardada, guarda
tu corazón, porque de él mana la vida. O sea, en lo que tengas
tu corazón. en lo que tengas tu corazón,
tus deseos, pon las cosas, pon tu mira en las cosas de arriba
y no en las de la tierra. No puedes estar mirando los dos. Si pones tu mira en Cristo, en
las cosas de arriba, no puedes estar mirando abajo. La persona
que quiere mirar los dos no le va a dar no va a alcanzar la
meta. Pon las cosas en Cristo, las
cosas de arriba. Romanos capítulo 8, podemos ver
allá, las cosas de las terrenales Nota en el versículo cinco, porque
los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero
los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Los que
son hombres que no han sido regenerados, naturalmente piensan en las cosas
carnales, pero las personas que son espirituales, se nos exhorta
noten allá, se nos exhorta porque todavía estamos en la carne. Pero nosotros podemos mirar las
cosas celestiales. El hombre natural no puede poner
la mira en las cosas celestiales porque ni siquiera las ve. Pero
al creyente se le exhorta, pon la mirada o pon la mira en las
cosas celestiales. El hombre carnal no puede ver
el Reino de los Cielos, como dijo el Señor Jesucristo a Nicodemo. Si un hombre no nace
de nuevo no puede ver el Reino de los Cielos, mucho menos ponerle
mira, mucho menos ponerle mira en las cosas celestiales. Pero
el hombre espiritual, el hombre espiritual se le exhorta a hacer
esto. ¿Por qué? Porque todavía estamos
en la carne. y todavía tenemos este hombre
carnal que mira las cosas de este mundo. Ahora, cuando decimos,
no mire las cosas del mundo, no significa no prestes atención
en tu trabajo. no mire las cosas de la tierra,
no mire las cosas en la tierra, no está diciendo no salgas a
trabajar, hermanas no cocinen para sus hijos, no está diciendo
eso, hay personas que se creen tan espirituales que no son de
ninguna utilidad aquí en la tierra, no está diciendo eso, pero está
diciendo no te afanes, no pongas tu afán en las cosas, es necesario
que salgamos a trabajar, que nos empeñemos, que gastemos nuestras
fuerzas trabajando para poder comer, para poder vestir, para
tener un hogar, estas cosas son necesarias. Pero el Señor Jesucristo
dijo allá, hay una diferencia, en Mateo capítulo 6, hay una
diferencia en hacer estas cosas porque son necesarias y en hacer
estas cosas porque eso es todo para nosotros. Es una gran diferencia. En Mateo capítulo seis versículo
veintiocho. Bueno, vean este versículo veinticinco. Por tanto os digo, no os afanéis. Ahí está la palabra. Este afán
es esa mira. No os afanéis por vuestra vida
que habéis de comer o que habéis de beber, ni por vuestro cuerpo
que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento
y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo que
no siembran ni ciegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre
Celestial las alimenta. ¿no valéis vosotros mucho más
que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por
mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido,
¿por qué os afanéis? Considerad los libios del campo,
cómo crecen, no trabajan ni hilan. Pero os digo que ni a un Salomón
con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la
hierba del campo que hoy es y mañana se echa en el horno, Dios la
viste no hará mucho más a vosotros, o hombres de poca fe, no os afanéis,
pues, diciendo, ¿qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan tales
cosas. Pero vuestro Padre celestial
sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas, mas buscad
primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas. Está diciendo dónde tienes la
mira, dónde tienes el afecto, dónde tienes el corazón. Es necesario
salir a trabajar, pero es otra cosa estar afanado por las cosas
de esta vida. Entonces nos dice allá en nuestro
texto pon las cosas en Cristo Jesús, las cosas de arriba y
no las de la tierra. Ahora La razón es en versículo tres,
porque habéis muerto. Habéis muerto. Para este mundo, con sus riquezas,
con su honor, o la gloria, la vanagloria de esta vida, la fama,
los placeres, habéis muerto. Cristo te redimió. Cristo murió
y tú moriste con Él. nuestra esperanza. Habéis muerto.
Nosotros los creyentes entonces estamos muertos y nuestra vida
es Cristo. Habéis muerto y vuestra vida
está escondida con Cristo en Dios. Nuestra vida está escondida. ¿Por qué dice que está escondida?
Nuestra vida está escondida. ¿Por qué dice que está escondida? El incrédulo no te entiende.
Está escondido tu vida de él. El incrédulo no te entiende.
Tu deseo, tu amor, tu entrega, tu dedicación, tu mirar a Cristo
Jesús y hablar de Él y buscar las cosas de arriba. El mundo
está contento con darle las migajas, por decir así. a Dios. Hacen todo lo que hacen y luego,
como si le estuvieran haciendo un favor a Dios, voy a ir al
templo y voy a hacerle un favor a Dios. Pero ven al creyente
y el creyente está yendo al servicio. El creyente está buscando las
cosas de arriba, está queriendo crecer en el conocimiento y la
gracia del Señor. Asiste al templo cuando la palabra
es predicada y el incredo no te entiende porque está escondido. Tu vida está escondida en Cristo,
con Cristo, en Dios. Y también habla de esto, tu vida
está escondida, habla de seguridad. No busque las cosas de esta tierra,
busque las cosas de arriba, porque tu vida está protegida, escondida. Estás protegido. estás protegido
por Dios. Como leímos allá, el Señor Jesucristo
sabe que tenemos necesidades. Este cuerpo material tiene necesidades. Y Él protege a los suyos. Estamos
bajo protección, la protección del Todopoderoso. Noten allá
lo que dice Salmos 91. El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. La sombra es la protección, el
consuelo. El que habita al abrigo del Altísimo
morará bajo la sombra del Omnipotente. Estás protegido. Nada puede hacerte
ningún daño. Nada puede tocarte que no sea
enviado por el Señor mismo. Es por eso que tenemos este gran
consuelo, que todas las cosas ayudan a bien. A los que aman
a Dios, a los que conformen su propósito son llamados. Nada
puede ocurrir de que no venga directamente de la mano de tu
Señor, tu Salvador, el que se entregó por ti, el que te va
a llevar a la gloria. Las cosas que están pasando en
este mundo, Él las ha ordenado. para que nosotros andemos en
él. Entonces está escondida tu vida, está guardado, guardado. El mundo no te entiende y estás
guardado por Dios. Ahora nos dice versículo cuatro,
cuando Cristo vuestra vida se manifieste, entonces vosotros
también seréis manifestados con Él en gloria. el creyente ahora mismo, dice
allá en el libro de San Juan, Primera de Juan, así como el
Señor Jesucristo es ahora, así somos nosotros en este mundo.
Pero también nos dice que no somos lo que hemos de ser. Es
decir, No falta nada al creyente, estamos perfectos, estamos listos
para entrar a la presencia de Dios, pero todavía tenemos este
cuerpo. Todavía estamos, el pecado, los
movimientos del pecado y los deseos de la carne, todavía tienen
movimientos en nosotros. El creyente quisiera vivir sin
esos movimientos, sin el pecado. Esa es nuestra gran esperanza,
¿verdad?, de un día ser completamente libres del pecado. El Señor Jesucristo
nos libró de la pena del pecado, de la maldición del pecado, de
la pena del pecado, del poder del pecado, y un día nos librará
de la presencia misma del pecado. Cuando ese día venga, cuando
el Señor Jesucristo nos libre. Cuando el Señor Jesucristo, cuando
Cristo vuestra vida, Él es nuestra vida. Nosotros
vivimos por Él. No vivimos únicamente porque
Él es nuestra vida. Bueno, todos viven por Él. Él es el dador de la vida. Vida
que tenga una persona, la tiene por el Señor Jesucristo. Pero
está hablando de esta vida eterna, la vida espiritual. Él es nuestra
vida. Como dijo el apóstol Pablo, la
vida que ahora vivo, la vivo por la fe del que me amó y se
entregó por mí. Cuando Cristo vuestra vida se
manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con
Él en gloria. Cuando Él venga, Cuando Él venga,
cuando Él se revele, cuando Él en ese último día en la trompeta,
cuando Él se manifieste, entonces nuestra esperanza será cumplida. Nosotros seremos manifestados
con Él en gloria. Nuestra esperanza será realizada. Habéis muerto y vuestra vida
está escondida con Cristo en Dios y cuando Cristo vuestra
vida se manifieste Vosotros también seréis manifestados con Él en
gloria. Vean lo que dice 1 Juan capítulo
3. Dije este texto hace un momento,
pero quiero que lo veamos. 1 Juan capítulo 3, versículo 1.
Mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados
hijos de Dios. Por eso el mundo no nos conoce,
estamos escondidos. Porque no le conoció a Él. El Señor Jesucristo dijo, no
son del mundo, así como yo no soy del mundo. Amados, ahora
somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos
de ser. pero sabemos que cuando Él se
manifieste seremos semejantes a Él porque le veremos tal como
Él es. Cuando Él se manifieste vamos
a ser semejantes a Él en Su gloria, en Su gloria. Ahora sí, sin presencia
del pecado, sin molestia. Creyentes en este mundo estamos
acosados todo el tiempo. Momentos tenemos momentos cuando
tenemos esta comunión con el Señor y es una comunión dulce
y de repente entra un pensamiento en nuestra mente y nos arrebata
de esa dulce comunión y puede ser un pensamiento como tengo
que ponerle aceite a mi carro estamos en este mundo puede ser
un pensamiento tan sencillo como eso o un pensamiento pecaminoso,
peor pero un día no vamos a tener ninguna separación ninguna separación
y noten allá dice versículo 3 y todo aquel que tiene esta esperanza
de un día ser transformado a su imagen se purifica a sí mismo
como él es puro no está diciendo que se hace puro no está diciendo
que se hace, pero está hablando de este seguir al Señor Jesucristo,
está hablando de este poner la mirada en las cosas de arriba.
Recuerden, el creyente, como dijo el apóstol Pablo, hay de
mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Vamos a ver en un momento esto,
pero vean Romanos capítulo 8. El creyente está buscando esta herencia. Versículo 16, el Espíritu mismo
da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. La persona
que tiene al Espíritu Santo morando en Él tiene ese testimonio, da
testimonio a nuestro espíritu. Y si hijos también, herederos
de Dios y herederos con Cristo Jesús, si es que padecemos juntamente
con Él para que juntamente con Él seamos glorificados. Cuando Él se manifiesta, entonces
nosotros seremos manifestados con Él en gloria. Ahora, si esa
es nuestra mirada, si ese es nuestro deseo, y es el deseo
de todo creyente, aquí viene la exhortación, entonces, a caminar
o andar, poner la mira en las cosas de andar en Cristo. Dice, Haced morir pues lo terrenal
en vosotros. Hemos de buscar las cosas de
arriba y vivir conscientes de las cosas de arriba. Estamos
muertos a las cosas de este mundo, somos uno con Cristo, entonces
debemos mortificar, hacer morir lo terrenal en vosotros. Otra vez vamos a ir a Romanos,
Romanos capítulo 7. Esto carnal que está en nosotros,
hacerlo morir. Dice versículo 18. Yo sé que
esto es en mi carne. ¿Quién está hablando? Está hablando
un creyente. Está hablando uno que es uno
con el Señor Jesucristo. uno que tiene la mira puesta
en las cosas de arriba. Yo sé que en mí, esto es en mi
carne, no mora el bien. Presente. No mora el bien. Porque
el querer hacer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Hay
que mortificar esto. Hay que hacer morir lo terrenal
en nosotros. porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Este hombre natural,
este pecado que todavía mora en mis miembros. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley que el mal está presente
en mí. Ahora nuestro texto. Haced morir
pues lo terrenal en vosotros. Y aquí nombra nombra varias cosas
que están en mi creyente, varias tentaciones, fornicación, impureza,
pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia y avaricia que
es idolatría. Hacer morir estas cosas. Ahora,
el trabajo de mortificar estos deseos, estas pasiones, Nunca,
nunca se termina en este momento. Mientras estamos en la carne,
vamos a tener lucha contra la carne. Esas personas que hablan de que
oran, y oran, y oran, y luego llegan a un punto, después de
orar por tanto tiempo, oran, y oran, y ahora, después de que
oran tanto tiempo, ya no pecan. Esas personas están engañados. y están diciendo que Dios es
mentiroso, porque Dios ha dicho que nosotros somos pecadores,
y la persona que piensa que ya no tengo pecado está siendo engañado
por el pecado, está engañado completamente. El cuerpo de pecado y la muerte
que permanecen en nosotros debemos hacer nuestra tarea diaria, de
dejar estos deseos y pensamientos malos. Y vamos a, como dijo,
vamos a tener esta lucha en la carne todos los días de nuestra
vida. Pero debemos entender esto, el
Señor Jesucristo, Él da gracia. Él da gracia. Él da gracia para
que vengamos. Es por gracia soy salvo. Es por
gracia para que nosotros vengamos a Él. da gracia que vengamos
a Él y pidamos perdón por nuestros pecados. En Juan capítulo 1,
primera de Juan capítulo 1, Él da gracia. Es que la salvación no es por gracia
hasta el momento que crees, y después de eso te lo mereces. La salvación es por gracia. y
Dios, el Señor Jesucristo, da gracia. Noten allá versículo
7, 1 Juan 1, versículo 7. Si andamos en luz, como Él está
en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo,
Su Hijo, nos limpia de todo pecado. Es decir, si estamos andando
en la luz de la santidad, ¿quién es el Señor Jesucristo? Él está
allá en la gloria. Si estamos andando en la luz
de la verdad, de Cristo Jesús, Él es santo, Él es puro. Y sabemos
que la ley es espiritual y la ley demanda perfección. Si estamos
andando en la luz, entonces Él está en la luz. Si andamos nosotros
en la luz, tenemos comunión unos con otros. ¿Has tratado de tener
comunión con una persona que se cree mejor que tú? ¿Has tratado de tener comunión
con una persona que se cree más santo que tú? Ese no es lenguaje de los que
han sido enseñados por Dios. El apóstol Pablo dijo, yo soy
pecador y el más grande de los pecadores, de los cuales yo soy
el primero. y la Palabra de Dios nos enseña
que debemos estimarnos los unos a los otros mejores que nosotros
mismos. Es decir, yo soy pecador, y si
yo soy pecador, entonces yo no me estoy pensando que soy mejor
que tú, y todos estamos andando en esa luz, entonces tenemos
comunión. Esta es una comunión de pecadores.
Esta iglesia es una comunión de pecadores salvos por la gracia
de Dios. Si andamos en luz como Él está
en luz, tenemos comunión con unos con otros, noten, y la sangre
de Jesucristo nos limpia de todo pecado. ¿Por qué tendría que
limpiarnos de pecados si no tuviéramos nos limpia de todo pecado. Estamos
andando a la luz. ¿Qué es esa luz? Nosotros hemos
pecado. Ahora, si decimos que no tenemos
pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad, es decir,
Cristo no está en nosotros. Si piensas en una persona que
no tiene pecado, entonces no está andando en nosotros. Es
decir, está andando en tinieblas. Si me miro al espejo cuando no
hay luz, yo creo que me veo muy bonito. Pero lo único que tengo que hacer
es encender la luz y ahora sí se reflejan todas las canas,
todas las arrugas, todos los defectos a la luz. Pero si apago
la luz me veo más bonito que cualquier persona en el mundo. Ahora, si confesamos nuestros
pecados, somos pecadores. Si confesamos nuestros pecados,
gracias sean dadas a Dios, Él es fiel. Él no va a dejar esa
obra que Él comenzó. Él es fiel. Él vino a salvar
a Su pueblo. Salva completamente. Él es fiel, y Él es justo cuando
Él lo hace. Él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que
no hemos pecado, le hacemos a Dios mentiroso. Es decir, estamos
diciendo, Dios, lo que tú dices no es verdad porque yo no peco.
Y su palabra no está en nosotros. Ahora, nuestro texto otra vez. Versículo 5. Haced morir, pues,
lo terrenal en vosotros, fornicación e impureza, pasiones desordenadas,
malos deseos, avaricia, que es idolatría, cosas por las cuales
la ira de Dios viene sobre los hijos, desobediencia, en las
cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivías
en ellas. O sea, esa era nuestra forma
de vivir. En eso viví, en eso estábamos,
como dice. En eso estábamos. Él os dio vida
a vosotros cuando estabais muertos en nuestros delitos y pecados.
En ese andábamos así. Pero ahora, no solamente deja
estas cosas, pero ahora deja también vosotros todas estas
cosas. Uno pensaría que, bueno, los
religiosos y aquellas personas que quieren vivir bajo la ley
ellos dicen fornicación, bueno yo no soy culpable de fornicación
sin entender que la ley es espiritual y enseña que si un hombre mira
a una mujer ya cometió fornicación con ella ya cometió adulterio
con ella pero una persona piensa bueno estos son pecados grandes
estos son pecados, bueno debemos dejar esas cosas hacerlos morir
en nuestros miembros pero también, dice aquí, deja ira, enojo, malicia,
blasfemias, palabras deshonestas de vuestra boca. El apóstol Pablo vuelve a esta
exhortación de mortificar el pecado. Él menciona en este versículo
8 y 9 seis pecados ira, enojo, malicia, blasfemia,
palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los
otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos. Los tres primeros son pecados
del corazón, ira, enojo, malicia. y nosotros lo vemos si estamos
andando en la luz. Debemos dejar estas cosas, ira,
enojo, malicia, y los otros tres son pecados de boca en nuestro
hablar. Ahora, el orden correcto de mortificar
o de mortificar estas cosas en nosotros es de comenzar primeramente
con el corazón. Del corazón proceden, dice el
Señor Jesucristo, los malos pensamientos, y luego proceder con la lengua,
y luego hacia el hombre exterior. Primero lávalo de adentro, dijo
el Señor Jesucristo, y lo de afuera va a estar limpio. Primero
lávalo de adentro. Ahora, versículo 10. Y revestido
del nuevo el cual conforme a la imagen de lo que lo creó, se
va renovando hacia el conocimiento pleno. Revestido del Nuevo está
hablando del revestido de Cristo. Revestido del Nuevo, es decir,
de Cristo Jesús, donde no hay ni griego, ni judío, ni circuncisión,
ni incircuncisión, bárbaro, ni escita, siervo, ni libre, sino
que Cristo es el todo y en todos. en las cosas naturales el hombre
piensa que el hombre va a ser aceptado por Dios por ceremonias
o por su nacionalidad o por sus obras, por su propia justicia,
cosas exteriores, el hombre natural piensa eso. También piensa el
hombre, llega a la conclusión que Dios, bueno no se va a fijar
en esto, no se va a fijar en mis pecados. Pero este versículo
nos dice, versículo 11, que no hay ni judío ni griego. No hay
griego ni judío. No hay circuncisión. No vayas
a pensar que porque eres circunciso. No vayas a pensar porque no eres
circunciso. Bárbaro ni excita, siervo ni
libre, sino que Cristo es el todo y en todos. La mira ha de
ser puesta en Cristo Jesús. Cristo Jesús. Estas otras cosas,
quién eres y de dónde vienes, eso no importa. Sino Cristo Jesús,
Cristo en ti, la esperanza de gloria. Bueno, si habéis resucitado
con Cristo, busca las cosas de arriba, donde está Cristo sentado
a la diestra de Dios, porque Cristo es todo. Cristo es todo. Eso es una exhortación para mí,
y para todos nosotros. De otra manera, no está aquí
ocupando espacio en la Palabra de Dios por nada. Que el Señor
bendiga Su Palabra a cada uno de nosotros y que podamos nosotros
poner la mirada en Cristo Jesús y no en las cosas de aquí en
la tierra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

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Joshua

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