La predicación de Joel Coyoc se centra en el concepto de Dios como refugio, apoyándose en el Salmo 90. Coyoc argumenta que, a lo largo de la historia, Dios ha sido un refugio seguro para Su pueblo y que, a pesar de las dificultades y brevedades de la vida, el creyente encuentra en Él protección y confort. Se hace hincapié en la soberanía de Dios, quien es eterno, en contraste con la fugacidad de la vida humana, resaltando pasajes como Romanos 8:20-22 y Salmo 90:1-2. La importancia práctica de esta enseñanza radica en que el creyente, al reconocer su necesidad de refugio en Cristo, debe vivir con sabiduría, entendiendo la gravedad del pecado y la indispensable necesidad de la gracia divina. Esto invita a una respuesta de adoración y dependencia plena en la obra redentora de Jesucristo, quien es el refugio eterno.
“El pueblo de Dios conoce el refugio y quien no es pueblo de Dios vive constantemente equivocado de dónde está el refugio.”
“En su rica misericordia nos ha dado vida juntamente con Cristo. Eso es sabiduría.”
“No hay, no son personas inocentes, no hay persona inocente. Quiero repetir eso hasta el cansancio porque es verdad de Dios, no hay, sino solamente el Señor Jesucristo es el único inocente.”
“Hoy es el día de salvación. Mañana no sabemos.”
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