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JC

Dios Justifica al impío

Romans 4:1-8
Joel Coyoc June, 26 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc June, 26 2022
Estudios en Romanos

El sermón titulado "Dios Justifica al impío" por Joel Coyoc se centra en la doctrina de la justificación, enfatizando que Dios, en Su gracia, justifica a los pecadores a través de la fe y no por obras. Coyoc expone que Abraham es un ejemplo clave en la Escritura, mostrando que fue justificado no por sus propios esfuerzos, sino por su fe en Dios, como se ilustra en Romanos 4:1-8 y Génesis 15:6. Asimismo, el predicador utiliza el Salmo 32, donde David proclama la felicidad de aquellos cuya transgresión es perdonada, para reforzar su argumento de que la justificación es un don gratuito de Dios y no una amnistía. La importancia de esta enseñanza radica en que resalta la necesidad central del evangelio en la vida del creyente, que debe recordar constantemente que es Dios quien justifica al impío, garantizando la gloria de Dios en todo el proceso de salvación.

Key Quotes

“Dios justifica al impío, y lo hace no como se está poniendo de moda últimamente... no es una amnistía lo que el Señor hace al declarar justo al impío.”

“Abraham no fue justificado por las obras. Ni Moisés, ni nadie. Nunca nadie ha sido justificado por las obras.”

“La justificación es un regalo, es gratuitamente, siendo justificados gratuitamente por su gracia.”

“La única manera de ser declarado justo delante de Dios es creyéndole a Dios, es confiando en Dios.”

Sermon Transcript

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Romanos capítulo cuatro dice la palabra de Dios que pues
diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne porque si
Abraham fue justificado por las obras tiene de qué gloriarse
pero no para con Dios porque qué dice la escritura creyó Abraham
a Dios y le fue contado por justicia Pero al que obra no se le cuenta
el salario como gracia, sino como deuda. Mas el que no obra,
sino cree en aquel que justifica el impío, su fe le es contada
por justicia. como también David habla de la
bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,
diciendo, bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas
y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien
el Señor no inculpa de pecado. ¿Es pues esta bienaventuranza
solamente para los de la circuncisión o también para los de la incircuncisión?
porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo pues le fue contada? estando
en la circuncisión o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en
la incircuncisión. Y recibió la circuncisión como
señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún
incircunciso, para que fuese padre de todos los creyentes
no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea
contada por justicia. y padre de la circuncisión, para
los que no solamente son de la circuncisión, sino que también
siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes
de ser circuncidado. Porque no por la ley fue dada
a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero
del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son
de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada
la promesa. Pues la ley produce ira, pero
donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por
fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme
para toda su descendencia, no solamente para la que es de la
ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual
es padre de todos nosotros. Como está escrito, te he puesto
por padre de muchas gentes, delante de Dios a quien creyó, el cual
da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si
fuesen. Él creyó en esperanza contra
esperanza para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a
lo que se le había dicho, así será tu descendencia. y no se
debilitó en la fe al considerar su cuerpo que estaba ya como
muerto, siendo de casi 100 años, o a la esterilidad de la matriz
de Sara. Tampoco dudó por la incredulidad
de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe dando gloria
a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para
hacer todo lo que había prometido. por lo cual también su fe le
fue contada por justicia, no solamente con respecto a él se
escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros,
a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos, en
el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual
fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. Amén. Vamos a meditar los versículos
del 1 al versículo 8. Y en el versículo 5 dice más, al
que no obra sino cree en aquel que justifica al impío, su fe
le es contada por justicia, sino cree en aquel que justifica al
impío. nuestro tema es Dios justifica
al impío si nosotros vamos mirando el contexto en que está la expresión
y es algo de que el apóstol Pablo empieza a hablar desde los últimos
versículos del capítulo 3 pues aquel en que hay que tener fe
y que por esa fe justifica al impío pues es Dios mismo y este
es el el corazón del Evangelio. Nuestra necesidad constante es
el Evangelio. Recuerde que el apóstol Pablo
está escribiendo una carta para una iglesia. y contrario a lo
que a veces hemos imaginado, por supuesto, el evangelio hay
que predicarlo hasta lo último de la tierra, pero el evangelio
es la necesidad diaria del creyente, estar recordando, estarse predicando
a sí mismo el evangelio y asegurarnos de que estamos predicándonos
el evangelio verdadero, el evangelio que Dios le reveló al apóstol
Pablo, Él dice que si alguien predica un evangelio diferente
al que él ha predicado, sea anatema. Y Dios lo guió para que en la
epístola de los romanos, él nos dejara una exposición clara y
abundante acerca de lo que es el evangelio. Y nuestra necesidad
es que Dios obre y hacernos, para hacernos tener cada vez
un entendimiento más profundo de lo que es el evangelio y lo,
las implicaciones prácticas del entendimiento del evangelio. Podemos decir que el Evangelio
es el corazón de la Biblia. La razón misma de que la Biblia
nos haya sido dada es justamente el Evangelio. Juan dice que Jesús
hizo muchas otras cosas que no están escritas en este libro.
Y si bien lo hace con respecto al Evangelio de Juan, pues es
con respecto a toda la Biblia. Que las que se han escrito, se
han escrito para que sepamos que Jesús es el Cristo, el Hijo
de Dios, y para que creyendo tengamos vida en su nombre. El
evangelio es necesario. Sin el evangelio no hay salvación. Sin el evangelio puede haber
clubes religiosos, pero no iglesias. Lo que hace que exista una iglesia
es justamente el evangelio. ¿Cuál es el principio más elemental
y más básico de la justicia? Ese principio más elemental y
más básico de la justicia es un principio que Dios mismo ha
revelado. En Proverbios 17, 15 dice, el
que justifica al impío y el que condena
al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová. El que
justifica al impío y el que condena al justo, ambos son igualmente
abominación a Jehová. Y aquí está justamente el corazón
del Evangelio. Este es el más grande conflicto
y dilema que hay a resolver, y qué importante que es que los
creyentes tenemos claro que este es el asunto más trascendente. El apóstol Pablo está diciendo
que es Dios quien justifica el impío. El tema, nuestro tema
hoy es Dios justifica al impío. Dios declara justo al impío,
pero el problema es que el que justifica al impío y el que condena
al justo, ambos son igualmente abominación a Jehová. Cuando estábamos meditando los
últimos versículos del capítulo 3, vimos que el apóstol Pablo
empieza allí a presentar esta argumentación y la va presentando
y respondiendo con respuestas cortas, pero a partir del capítulo
4, él va a explicar con más detalle la respuesta a las preguntas.
La pregunta del versículo 27, donde dice, ¿dónde, pues, está
la jactancia? ¿Queda excluida? ¿Por cuál ley? ¿Por la de las
obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que
el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. Es
Dios solamente Dios de los judíos, no es también Dios de los gentiles,
ciertamente también de los gentiles, porque Dios es uno y Él justificará
por la fe a los de la circuncisión y por medio de la fe a los de
la incircuncisión. Y sea que seamos de la circuncisión
o de la incircuncisión, Pablo ya ha dicho abundantemente que
hay algo que nos hace iguales a todos delante de Dios y es
el ser pecadores o el ser impíos. la impiedad es justamente la
falta, la falta de piedad, la falta de temor de Dios, es el
hecho de fallar en vivir conforme a la ley de Dios, en vivir consistentemente
mostrando el carácter de Dios, eso es impiedad y Pablo va a
responder y va a responder utilizando personajes que son muy respetados
dentro de la del pueblo judío. Es interesante que Pablo va a
usar a Abraham, David, y bueno, también a Moisés, porque lo que
va a decir de Abraham es algo que le fue revelado a Moisés,
y si lo sabían los judíos, es porque Dios se lo reveló a Moisés,
y Moisés lo dejó escrito. Y lo primero que nos muestra
nuestro pasaje es que Dios justifica a Abraham no por el esfuerzo
humano. Contrario a lo que muchos judíos
pensaban, que ellos eran conformes a su esfuerzo. Recuerde que eso
está claro, por ejemplo, en la oración de aquel fariseo que
estaba haciendo un recuento de todo su esfuerzo. En su oración
él se jactaba. Él sí tenía lugar para la jactancia.
Y él se ponía a decir todo lo que él había hecho. Él decía,
yo te doy gracias porque yo no soy como los otros hombres. yo
doy diezmo de todo lo que gano, yo hago oración y iba dando la
lista de las cosas que él hacía y él pues estaba mostrando la
equivocación que él tenía de que Había lugar para el mérito
humano, lugar para la jactancia, para el esfuerzo. Pero Pablo
empieza en su primera pregunta diciendo, ¿qué pues diremos que
halló Abraham nuestro padre según la carne? ¿Qué es lo que halló
Abraham por su propio esfuerzo en su carne? Y la respuesta es,
pues nada halló Él por su esfuerzo en la carne. Nada Dios le dio
por su esfuerzo en la carne. Por lo tanto, no hay lugar para
que Abraham tenga orgullo o jactancia. Dice, porque si Abraham fue justificado
por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Pero si
Abraham fue justificado por las obras, Y la verdad es que la
verdad bíblica es, Abraham y nadie ha sido justificado jamás por
las obras. Jamás. Nunca ha habido dos opciones
para ser justificado. Nunca ha habido más de una sola
opción para ser declarado justo delante de Dios. Ser justificado
significa ser declarado justo delante de Dios. Y Abraham no
fue declarado justo delante de Dios por sus obras. ni Moisés,
ni nadie. Nunca nadie ha sido justificado
por sus obras. Ahora, la segunda cosa es lo
que vimos en el versículo 5, que Dios es quien justifica al
impío. Dios justifica al impío. Y una de las cosas que Pablo
va a mostrar aquí es que, contrario a lo que muchos pudieran pensar
que esto es un concepto del Nuevo Testamento, hay gente que tiene
conflictos, y hay gente que empieza a escoger con quién Dios quedarse,
si con el del Antiguo o el del Nuevo. No hay tal cosa como conflictos,
ni usted tiene que estar pensando con cuál Dios se va a quedar,
si con el del Antiguo o el del Nuevo Testamento. Es interesante
que Dios tiene un solo plan, y Dios es el mismo Dios del Antiguo
Testamento como del Nuevo Testamento. Él dice que Él es el mismo de
ayer, el mismo de hoy, y el mismo de siempre. Y Él tiene un único
plan a través del cual Él puede declarar justo al impío. Y no
es un concepto, Pablo está mostrando aquí que esto no es un concepto
nuevo, ni es un concepto de los cristianos, ni es un concepto
de Pablo que a Él se le ocurrió, Este es un concepto revelado
en el Antiguo Testamento, en el Antiguo Pacto. Es algo que
Dios reveló, pues a nada menos que a alguien que los judíos
admiraban mucho. Que cuando ellos hablaban con
el Señor Jesús, mostraban cuánto apego y cuánto respeto tenían
para esta persona. Y es dos personas, una Moisés
y el otro Abraham. Recuerde que ellos le argumentaban
con Jesús y le decían, nosotros tenemos, no somos nacidos de
fornicación, tenemos un padre y ese padre es Abraham. Y Jesús
les empieza a decir, bueno, si ustedes fueran hijos de Abraham,
ustedes entenderían mi lenguaje. Pero ustedes no entienden mi
lenguaje. Es que ustedes no son hijos de
Abraham. Ustedes son hijos de su padre el diablo. Ahora, ellos
tenían tanta admiración y respeto hacia Abraham. Tenían tanta admiración
y respeto hacia Moisés. Es interesante que Dios le reveló
a Moisés cómo es que él justificó a Abraham. Allí en Génesis capítulo
quince, versículo seis, que el apóstol Pablo cita aquí, dice,
porque dice la escritura, creyó Abraham a Dios y le fue contado
por justicia. ¿En cuál escritura? Lo dice en
el primer libro de la Biblia, que fue revelado a Moisés, dice
Génesis capítulo quince, versículo seis, dice, y creyó a Jehová
y le fue contado por justicia. Y está hablando, si usted lee
el capítulo 15, se va a dar cuenta que está hablando de Abraham.
Abraham creyó al Señor y le fue contado por justicia. Eso es
lo que dice la escritura, porque dice la escritura, creyó Abraham
a Dios y le fue contado por justicia. No es un concepto nuevo, no es
algo que recién se descubrió o recién a Pablo se le ocurrió
y empezó a presentarlo. Este es un concepto que estaba
desde el mismo Génesis. Abraham fue justificado porque
creyó a Dios. Y hay otros lugares en la Escritura
donde habla acerca de que el justo por la fe vivirá. Lugares en el Antiguo Testamento,
lugares en el Antiguo Pacto, y siempre la única manera de
ser declarado justo delante de Dios es creyéndole a Dios, es
confiando en Dios, es confiando Bueno, no sólo no es un concepto
nuevo, no sólo Dios se lo reveló a Moisés, también es algo que
Dios reveló a David. Pablo va a citar el Salmo 32,
en el versículo 6, dice, como también David habla de la bienaventuranza
del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras. Y este es el Salmo 32, versículos
1 y 2, donde David escribe y dice, bienaventurado aquel cuya transgresión
ha sido perdonada y cubierto su pecado. Y aquí está hablando
incluso de la figura de la propiciación, la sangre que cubría el propiciatorio. Dice, bienaventurado, Bienaventurado
aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su pecado.
Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad.
Y si no lo culpa de iniquidad es que Jehová lo ha justificado. Dios es el que justifica al impío
y lo hace no como se está poniendo de moda últimamente y es que
últimamente está habiendo de pronto gente que llega al poder
político y está haciendo amnistías para gente que evidentemente
son culpables de muchos delitos y No es una amnistía lo que el
señor hace al declarar justo al impío, porque la amnistía
es declarar inocente a alguien que en verdad es culpable, a
alguien que es un delincuente. La palabra amnistía viene de
la palabra que nos recuerda lo que es amnesia, viene de olvidar.
Y el Señor ciertamente olvida nuestros pecados, pero no es
igual que simplemente olvide nuestros pecados. ¿Qué es lo
que Dios hace cuando Dios declara justo al impío? Aquel que está
falto de conformarse al carácter de Dios, aquel que está falto
de poder vivir mostrando siempre el carácter de Dios, de vivir
siempre reflejando su gloria. En verdad, Pablo ha estado desarrollando
y dejando claro que todos somos culpables delante de Dios, y
si bien antes habló de que se justifica el circuncidado o no
al circuncidado, aquí en capítulo 4 lo resume en una sola palabra,
porque es todo lo que hay, y es impíos es todo lo que hay. Y
Dios justifica a los impíos. El Señor Jesucristo dijo, no
he venido a llamar a justos, sino a impíos, a pecadores. Porque
no se podía llamar a otros porque no hay otros. El único que no
pecó nunca es el Señor Jesucristo. Justamente el Señor Jesucristo
dice, llamará a su nombre Jesús porque Él salvará a su pueblo
de sus pecados. Por eso Dios declara justo. declara justo a los impíos. El
apóstol Pablo dice después, palabra fiel es ésta y digna de ser recibida
por todos, que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores,
a impíos, de los cuales yo soy el primero. Ahora, lo que Dios
hace es no simplemente hacer que se le olvidó, no simplemente
pasarlos por alto, Dios no comprometió su carácter. Si Él quebrantaba
el principio básico de la justicia, que es declarar justo al impío
y condenar al justo, pues Dios dejaría de ser justo. Y si Él
dejaba de ser justo, pues Él dejaba de ser Dios. Pero Dios,
en Su sabiduría, y dio un plan desde la eternidad en la cual
Dios, el Hijo, tomó forma humana. Y nosotros solemos pensar y reflexionar
y solemos decir mucho, Cristo murió por nosotros. Cristo murió
por su pueblo. Pero algo que no debemos olvidar
es que Cristo no solo murió por nosotros, Cristo vivió por nosotros. Eso es bien importante. Dios,
el Hijo, tomó forma humana. nació conforme a la ley. Él dio
cumplimiento a la ley que nadie más ha sido jamás capaz de cumplir. En lo absoluto, nadie, nadie
aparte del Señor Jesucristo pudo cumplir esa ley y Él vino y vivió
por nosotros cumpliendo esa ley. Él fue circuncidado al octavo
día. Es la razón por la cual los creyentes no necesitamos
circuncidarnos, porque estamos circuncidados en el Señor Jesucristo.
Él cumplió eso por nosotros. Él vivió siempre como un hacedor
de la paz. Él siempre vivió mostrando amor
porque Dios es amor. Dios muestra su amor para con
nosotros en que siendo pecadores, Cristo murió por nosotros. Él
vivió siempre mostrando ser alguien lento para la ira y grande en
misericordia. Él consistentemente habló siempre
la verdad. Él nunca habló teniendo temor
al hombre, sino siempre actuó en temor de su padre y nunca
en temor al hombre. Él consistentemente se deleitó
en hacer la voluntad de su padre. Él vivió por nosotros. Él se
deleitaba en hacer la voluntad del Padre. Él estaba cada día
y en cada momento mostrando cómo es el Padre. Dice la Biblia,
a Dios nadie le vio jamás. El unigénito Hijo que está en
el seno del Padre, Él le ha dado a conocer. Hermano, nosotros
fuimos creados para eso y nosotros no lo podemos hacer. Hemos fracasado
en hacerlo, pero Cristo lo estuvo haciendo todos los días de su
vida, en cada minuto, en cada segundo de su existencia en esta
tierra, él hizo una cosa que después le dice a su padre, padre,
yo te he glorificado a ti, gloríficame con la gloria que tuve contigo
antes que el mundo fuese, y él estaba diciendo toda la verdad,
porque en cada segundo de su existencia, él estuvo mostrando
la gloria de su padre. Un día después, al final, le
dice, Felipe, muéstranos al padre y nos basta. Y Jesús le dice,
hace tanto tiempo que estoy contigo y no me has visto. Él vivió por
nosotros. Él estaba mostrando al Padre
a cada segundo y por eso le puedo decir a Felipe, el que me ha
visto a mí, ha visto al Padre. Yo y el Padre, uno somos. Hermanos,
en la cruz, ahí siendo insultado, menospreciado, él ahí oró por
sus enemigos. Él dijo, Padre, perdónalos porque
no saben lo que hacen. Ante las peores circunstancias
y las más grandes dificultades de su vida, siempre salió consistentemente
una cosa. el carácter de Dios, porque eso
es lo que había en su corazón. Él es el único que ha sido capaz
de cumplir toda la ley. Hermano, Cristo vivió por nosotros.
Él vivió lo que nosotros no somos capaces de vivir. Él amó a su
esposa hasta la muerte y muerte de cruz. Él amó a una esposa
que no tenía razón de amarla y, sin embargo, la amó y la sigue
amando, y él está trabajando cada día para el bien de su esposa.
Él vivió por nosotros. pero no sólo él vivió por nosotros,
sino la razón por la cual Dios declara justo al impío es porque
nuestra maldad, nuestra impiedad fue castigada en la cruz. Él
cargó nuestros pecados. Él tomó nuestros pecados sobre
sí. La Biblia dice, todos nosotros nos descarriamos como ovejas,
cada cual se apartó por su camino, pero Jehová cargó en él el pecado
de todos nosotros. Todas las veces que he mentido,
todas las veces que he experimentado enojo pecaminoso, todas las veces
que he sido impaciente, todas las veces que he sido infiel,
todas las veces que he sido que no he podido amar a mi esposa
como Cristo ama a la iglesia, todo eso no es que Dios se hizo
nada más de la vista gorda, no es que volteó la cara para otro
lado, todo eso ha sido castigado. Dios nunca va a tener de ninguna
manera por inocente al culpable. y no es que me tuvo por inocente,
es que mi pecado ya ha sido castigado. Allá en la cruz el Señor Jesucristo
cargó mis pecados, mis fracasos, mi incredulidad, mis momentos
de ansiedad, todo eso fue castigado en el Señor Jesucristo. El castigo
de nuestra paz fue sobre Él y por su llaga fuimos nosotros curados.
Algo muy distinto a lo que puede hacer un juez en la tierra. Un
juez en la tierra puede declarar justo a un criminal y puede,
después de declararlo justo, dejarlo ir y nunca más verlo
en su vida. Pero Dios declara justos a impíos y no para que
luego se vayan y nunca los vuelva a ver, sino para hacerlos sus
hijos. Dice la Biblia, más a todos los que le recibieron, a los
que confiaron en el Señor Jesucristo, en Dios que es el que justifica
Dios el Padre declara justo porque Dios el Hijo vivió por nosotros
y murió por nosotros, y es confianza en Dios el Padre y en Dios el
Hijo, confianza en el sacrificio que el Hijo realizó en la cruz,
es confianza en que Él alcanzó la justicia perfecta, es reconocimiento,
reconocimiento de que soy un fracaso, soy un pecador, soy
alguien que soy totalmente incapaz de cumplir la ley, Todo el tiempo
lo único que puedo hacer es en mí mismo. Dice la Biblia, ¿alcanzó
algo en la carne a Abraham? alcanzó algo, lo mismo que todos
nosotros, quebrantar toda la ley de Dios todos los días. Eso
es lo que alcanzó Él en la carne. Y eso es lo que alcanza cada
uno de nosotros. Y por eso no hay lugar para la
jactancia. Toda la gloria es para el Señor
Jesucristo. Él, Él es el que cumplió todos
los días lo que nosotros fracasamos todo el tiempo. Él murió después
como un maldito por causa de mi fracaso. Y por eso esa es
la manera en que Dios declara justo al impío. No se violentó
su justicia. No dejó de ser su carácter santo. No quedó sin satisfacción la
demanda de su justicia. Él descargó su ira sobre su hijo,
sobre el Señor Jesucristo. Dios justifica al impío por medio
de la fe. Algunas veces uno escucha gente
que dice, yo tengo una gran fe. Hermano, lo más adecuado que
debemos decir es, como dijo aquel que le preguntó al Señor Jesús
si creía, y él dijo, creo, ayuda mi credulidad. Lo importante
no es el tamaño de tu fe, porque al final de cuentas, la fe es
solamente un medio. No es la fe que nos salva. es
el Señor Jesucristo que nos salva por medio de la fe, el Señor
Jesucristo es quien nos salva por medio de la fe y la fe en
el Señor Jesucristo es cada vez transferir mi confianza y cada
vez más y clamar al Señor para que cada vez más mi confianza
esté totalmente en lo que Cristo ha hecho, que yo sea hallado
cada vez con nada de mi confianza en la carne, el compablo, no
querer ser hallado en mi propia justicia, sino querer ser hallado
en la justicia perfecta que es la del Señor Jesucristo. Recuerde,
Él dijo, sed pues vosotros perfectos como vuestro Padre que está en
los cielos es perfecto. Y hermano, no nos consolemos
como la gente que no es creyente. La gente que no es creyente siente
consuelo de decir, no soy perfecto, pero nadie es perfecto. Y sentimos
que ya estamos consolados porque somos un montón. Eso no, ahí
no está el consuelo en que seamos un montón. No ser perfectos es
grave, gravísimo. Y eso va a atraer la ira de Dios. Pero podemos ser perfectos como
el Padre es perfecto porque en Cristo, Cristo es perfecto como
su Padre. cuando Dios el Padre ve al Hijo,
se complace porque lo ve perfecto. Y cuando estamos en Cristo, Él
nos ve en la perfección de su Hijo, el Señor Jesucristo. Él
nos ve justos porque nos ve a través de la perfección que el Señor
Jesucristo ganó para su pueblo. No solamente es que Él nos declara
justos, sino Él nos hace justos. Él nos hace justos por causa
de la justicia del Señor Jesucristo. Y un asunto importante que Pablo
está dejando claro aquí es, Dios justifica sin las obras. Dios justifica sin las obras. Él dice, dice, pero al que obra no se
le cuenta el salario como gracias, sino como deuda. Mas el que no
obra, sino cree en aquel que justifica limpio, su fe le es
contada por justicia. Al que no obra, al que obra no
se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda. Que
Dios guarde en nuestro corazón de pensar tengamos cuidado con
nuestro corazón porque nuestro corazón es engañoso y perverso
y nacemos, nacemos con una inclinación de ser ladrones de gloria y por
ser ladrones de gloria queremos tener mérito en la salvación,
queremos que nuestra obediencia tenga algún lugar en nuestra
salvación y que Dios nos guarde porque hay algo que es claro,
Abraham no alcanzó nada, no alcanzó nada, dice, según la carne, o
sea, en el esfuerzo humano, Pablo va a ser enfático y va a repetir
y algunas veces parece que está siendo redundante, pero es necesario
que sea redundante porque nuestro corazón es tentado a querer tener
algo que ver con nuestra salvación. Hay grupos religiosos donde alguna
vez participamos y uno se siente bien y uno hace cosas que muestran
esa, justamente esa tendencia del corazón y esa tendencia de
decirle a una persona cuando supuestamente toma una decisión
por Cristo y felicitarlo. Felicidades, has tomado la mejor
decisión de tu vida. Y eso es, eso es lamentable. No hay a nadie que felicitar
cuando un pecador es salvado, sino dar toda la gloria a Dios.
Él no hizo nada para ser salvado de tal forma que tengamos que
felicitarlo. Él estaba muerto en delitos y
pecados, y Dios debe ser quien tenga toda la gloria, porque
Él le dio vida. Él le dio vida por Su Palabra
y por Su Espíritu. Es que Él creyó porque el Espíritu
Santo obró en su corazón, y está el fruto del Espíritu, que es
fe. Dios le dio el don de la fe, todo el mérito es de Dios. Hermanos, recordemos constantemente,
hemos de obedecer, pero el creyente obedece por gratitud. Abraham
se circuncidó para mostrar externamente lo que Dios había hecho internamente.
El creyente se bautiza, no para ser salvo. Si el creyente se
bautiza para que se produzca lo que la Biblia nos explica
en Romanos capítulo seis, pues no va a ocurrir eso, lo único
que va a ocurrir es que lo vamos a meter y lo vamos a mojar y
va a entrar sin ser justificado y va a salir mojado pero siempre
no justificado porque está equivocándose en querer tener como una obra
para alcanzar el favor de Dios y hermano no es por obras, no
hay lugar para las obras. El que cree que hay lugar para
sus obras, entonces lo que hay que darle es un salario, no un
regalo. Pero la justificación es un regalo, es gratuitamente,
siendo justificados gratuitamente por su gracia. Y Pablo parece
redundante, pero es necesario, porque tenemos un corazón terco
que quiere participar. Tenemos Recuerde, el joven rico
viene y pregunta, ¿qué tengo que hacer para tener la vida
eterna? Es que siempre queremos hacer, y la gente está buscando
siempre algo que tiene que hacer, y lo que tienes que hacer es
venir como un mendigo, mirando que no hay nada que puedas hacer
más que reconocer que Dios es quien justifica al impío, y que
Él lo hace por la obra que ya el Señor Jesucristo ha llevado
a cabo. y que no hay lugar para presentar nada que venga de nosotros.
Lo único que Dios acepta es lo que Dios provee. Y el creyente
después se bautiza porque es un placer obedecer al Señor,
porque Él ha hecho algo en mi corazón. Me estoy bautizando
no para ser hijo de Dios, sino porque ya soy hijo de Dios. Me
estoy bautizando no para ser salvo, sino porque Él ya me salvó.
Me estoy bautizando porque ya he muerto juntamente con Cristo.
Y lo único que voy a hacer es dar un testimonio público que
se va a representar cuando baje al agua. Pero es algo que ha
sucedido antes. Abraham fue circuncidado previamente. Perdón, él creyó previamente.
No fue justificado por circuncidarse. fue justificado porque creyó
a Dios y le fue contado por justicia. Y después él dio un testimonio
externo de lo que Dios había hecho internamente. Hermanos, cada cosa tiene su lugar adecuado. Y el lugar adecuado es, somos
salvos, dice la Biblia con toda claridad, no por obras para que
nadie se gloríe. Pero después dice, pero somos
hechuras suyas creados en Cristo Jesús para buenas obras, las
cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Hermanos, si estamos obrando para ser declarados justos, no
lo vamos a conseguir porque sin Cristo no hay capacidad para
hacer buenas obras. La Biblia no llama buenas obras
a las que hace el que no es creyente. Dice, no por obras, no dice buenas. Y cuando habla de buenas obras,
la habla de aquellos que ya están en Cristo, que han sido nuevas
criaturas, porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús
para buenas obras. Sólo puede hacer buenas obras
quien ha sido declarado justo por Dios. El impío que ha sido
declarado justo por Dios es el único que puede hacer buenas
obras. Hermanos, quiera Dios que constantemente
nos recordemos ese evangelio, que constantemente nos prediquemos
ese evangelio, y que constantemente clamemos a Dios nos dé oportunidad
para pregonar ese evangelio. Es interesante cuando usted lo
comparte, pues se lo vuelve a compartir a usted mismo. Y necesitamos
escucharlo, y que sea nuestro deleite el poder proclamarlo,
que otras personas escuchen. hermanos, lo único que nos puede
llevar a crecer en la gracia es estarnos constantemente exponiendo
al Evangelio, recordándonos este Evangelio, recordándonos que
no se hizo violencia al carácter de Dios, recordando que Él puede
declararnos justos a pesar de ser culpables solamente por la
obra del Señor Jesucristo, solamente porque Su sangre es la propiciación
por nuestros pecados, recordando que Él es el justo y el que justifica
al que es de la fe de Jesús. Yo soy culpable. pero él es justo
y él es mi justicia. Él es, él es mi santificación,
él es mi redención, él es todo para el creyente. Y hermanos,
cuando recordemos eso, vamos a estar ubicados, actuando y
andando de una manera correcta, porque vamos a andar en amor,
en humildad, sabiendo que somos todos iguales, y el único que
es distinto es el Señor Jesucristo, y es el que merece toda la gloria,
todo el honor, todo el aplauso, toda la admiración. Vamos a orar,
hermanos.

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