Bootstrap
Cody Groover

El fruto del amor

Cody Groover • September, 1 2013 • Video & Audio
0 Comments
Cody Groover
Cody Groover • September, 1 2013
1 Juan

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
Pido que abran sus Biblias conmigo
Libro de 1ª de Juan Capítulo 4 1ª de Juan, Capítulo 4 Un día, cada uno de nosotros que está
aquí, todos los que están oyendo mi voz, los que están con nosotros
por medio de Internet, los que van a verlo en video después,
y todas las personas que viven y han existido en este mundo,
un día vamos a comparecer ante el trono de Dios. todos vamos
a comparecer ante el trono de Dios. El creyente en ese día,
en la persona que cree en el Señor Jesucristo en ese día,
no será avergonzado. Estará en la presencia de Dios
sin vergüenza, sin apenarse, confiado, confiado, porque el
amor de Dios el amor de Dios que ha sido derramado en su corazón
con el cual él ama a Dios, y el fruto de este amor es que ama
a su hermano, despeja o quita el temor, quita el temor. Es el fruto del amor. Si una
persona tiene todavía temor a la muerte, temor al juicio, temor
al castigo, es evidencia que no cree en el Señor Jesucristo. No está confiando en el Señor. ¿Temes morir? ¿Temes el juicio
en el día final? No crees en el Señor Jesucristo. Pero la persona que cree en el
Señor Jesucristo, el fruto de esta fe, Dios da la paz. Dios da paz en la conciencia.
Justificados, pues, dice Romanos capítulo 5, versículo 1, y sabemos
cuál es la base de nuestra justicia delante de Dios, la persona y
la obra del Señor Jesucristo, la sangre del Señor Jesucristo
nos ha justificado, somos resucitados con el Señor Jesucristo, justificados,
pues, por la fe tenemos paz para con Dios. y nadie debe tener
paz para con Dios si no cree en el Señor Jesucristo. La persona
que no cree y está confiando únicamente en el Señor Jesucristo
debe pensar, y puede que esté correcto, que la ira de Dios
está sobre él. La ira de Dios está sobre él. Aquí en Juan capítulo 4, versículo
7, dice, Recuerden, Dios no comienza a
amar a alguien en el tiempo. Aquellos a quienes Dios ha amado
los ha amado antes del tiempo, desde la eternidad, sin principio
y sin fin. Amados. Con amor eterno te he
amado, dice Dios, por tanto te prolongué mi misericordia. Amados. Está hablando de aquellos que
aman al Señor Jesucristo. aquellos que conocen al Señor. Amémonos unos a otros porque
el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido
de Dios, y conoce a Dios. En el conocimiento, en el nacimiento,
¿cómo nace una persona a la familia de Dios? Dios utiliza la palabra. Dios utiliza la Palabra, la Palabra
de Verdad, el Evangelio de Su Hijo, el Señor Jesucristo, y
conociendo al Señor Jesucristo conocemos a Dios. El que es nacido
de Dios conoce a Dios. Nadie es nacido de Dios que no
conozca quién es el Autor de la vida. ¿Por qué es que tiene
vida? ¿Cómo es que vino esta vida Ahora,
el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de
Dios para con nosotros, en que Dios envió a Su Hijo unigénito
al mundo para que vivamos por Él. Y en esto consiste el amor
no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a
nosotros y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado
así, si Dios, y muestra la manera que Dios nos ha, si Dios nos
ha, no estoy, no quiero repetir lo que vimos la semana pasada,
vamos a comenzar en el versículo catorce, pero estoy simplemente
recordando. Si Dios nos ha amado así, debemos
también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha visto a Dios,
nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros y Su amor se ha perfeccionado en nosotros.
Tenemos evidencia, tenemos evidencia de que Dios está en nosotros. Si nos amamos los unos a los
otros. En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros
en que nos ha dado de Su Espíritu. El Espíritu Santo da testimonio
con nuestro espíritu que somos hijos de Dios. y el que no tiene
el Espíritu de Cristo no es de él. El Espíritu de Cristo es
el Espíritu de adopción. Es el Espíritu por el cual clamamos
Abba, Padre. Nadie puede llamar al Señor Jesucristo
Señor y deberas creerlo en su corazón
si no es por el Espíritu Esto era una persona que está entregada
al Señor Jesucristo. Decir Señor es fácil. El Señor
Jesucristo mismo dijo, ¿por qué me llaman Señor, Señor y no hacen
lo que yo digo? Pero nadie puede decir Señor
de corazón si no es por el Espíritu Santo. El apóstol Juan dice entonces
aquí en versículo 14, donde quiero que comencemos, y nosotros hemos
visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador
del mundo. El que ha nacido de Dios conoce
a Dios. ¿Cuál es el testimonio que nosotros
sabemos de Dios que Jesucristo es Dios? Él es Dios. Ahora, Juan, cuando está hablando
aquí, nosotros hemos visto y testificamos, está hablando principalmente
de los apóstoles pero nosotros también. Nosotros hemos visto
por fe. Nosotros vemos a este hombre,
Jesús de Nazaret, y decimos, Él no es hombre solamente. Él es Dios manifestado en la
carne. Nosotros hemos visto y testificamos
que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Pero estos apóstoles, ellos vieron,
ellos presenciaron, como dice, nosotros vimos su gloria, dijo
el apóstol Juan, verdad, vimos su gloria. Llemos allá en Juan
capítulo 1. En Juan capítulo 1, versículo
13 dice, versículo 14. y aquel verbo fue
hecho carne y habitó entre nosotros. Y vimos su gloria, gloria como
del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. Nosotros
lo vimos, vimos su gloria, pero cuando Él estaba hablando de
su gloria, ellos vieron, ellos palparon, como dice allá en 1
Juan. Ellos vieron y palparon, eran
testigos presenciales, prestigios, oculares, prestigios que tocaron
al Señor Jesucristo en carne. El apóstol Pedro tocó al Señor
Jesucristo en carne, pero ¿saben qué dijo él del Señor Jesucristo? Tú eres el Cristo, el Hijo del
Dios viviente. Tú eres Dios. Otras personas vieron al Señor
Jesucristo y dijeron, ¿no es este hijo del carpintero? Pero
Él dijo, éste es Dios, manifestado en la carne. Primero de Juan, capítulo 1,
dice aquí Juan, lo que era desde el principio, lo que hemos oído
y lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado
y palparon nuestras manos tocante al verbo de vida, porque la vida
fue manifestada y la hemos visto y testificamos y las anunciamos,
la vida eterna en la cual estaba con el Padre y se nos manifestó.
lo que hemos visto y oído, éstos anunciamos para que también vosotros
tengáis comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente
es con el Padre y con Su Hijo Jesucristo. Lo que hemos visto
y lo que hemos oído, ésto es lo que estamos anunciando. Eran
testigos oculares, y nosotros somos testigos también. Dijo
el Señor Jesucristo, me seréis testigos. No podemos testificar
de algo que no sabemos. No podemos hablar de la vida
si Dios no nos ha dado. No podemos hablar de la esperanza
si Dios no nos las ha dado. No podemos hablar de la paz si
Dios nos ha dado la paz. No podemos hablar del perdón
de pecados si Dios nos ha dado el perdón de pecados. Pero si
hemos experimentado la gracia de Dios, el perdón de pecados,
la limpieza, la conciencia, entonces decimos, Él verdaderamente es
el Salvador, Él me ha salvado a mí. Y nosotros hemos visto y testificado
que el Padre ha enviado al Hijo el Salvador del mundo. Dios el Padre envió al Hijo,
al Señor Jesucristo, para ser así el Salvador del mundo, no
solamente judíos, también gentiles. En todas partes del mundo Él
tiene Su pueblo, Salvador del Está hablando de aquellos que
Dios el Padre le dio, aquellos que Él escogió, que amó con amor
eterno. Él es el Redentor de todos los
que creen en Él. ¿Crees en el Señor Jesucristo?
Esto no es un accidente. Eso no es por tu voluntad. Si
tú crees en el Señor Jesucristo, Él te dio la fe. Él te dio la
fe después de que tú oíste quién es Él y qué es lo que Él hizo.
Solamente esa es la fe que salva. la fe que está puesta en el objeto
de la fe del Señor Jesucristo. Si no oíste de Él, si oíste de
un Cristo falso y tu esperanza está en un Cristo falso, hasta
ahora no eres salvo. Hasta ahora no eres salvo. Cristo,
Él es el único Salvador. Dice allá en Hechos capítulo
4, versículo 12, y en ninguno otro hay salvación. No hay salvación
en un Cristo falso, no hay salvación en los santos no hay salvación
en María. María no es la Redentora, no
es la Mediatriz. Solamente hay un Mediador entre
Dios y los hombres, Jesucristo hombre. Dice aquí en versículo
12, en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo
el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos. Solamente
en el nombre la persona y la obra del Señor Jesucristo. Solamente. La Fuerte Sangosta, ¿verdad?
Solamente Cristo. Nosotros hemos visto y testificado. En esto conocemos que permanecemos
Él y Él en nosotros en que nos ha dado Su Espíritu. Y nosotros
hemos visto y testificado, y es lo que nosotros testificamos.
Cada un hombre vino a mi puerta y
quieren discutir conmigo, quieren entrar en discusión acerca de
la persona del Señor Jesucristo, y simplemente hay que decir a esas
personas, ya vete, ya vete, porque no quieren
oír, no quieren oír. el Señor Jesucristo, Él es Dios. Ahora, dice versículo 15, Todo aquel que confiesa que Jesús
es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Nosotros somos unidos a Dios,
estamos en Dios porque estamos en Cristo Jesús. Dios el Padre ha puesto todas
las cosas en su Hijo. Toda la plenitud de la Deidad
habita corporalmente. Nuestra unión con Dios es en
Cristo Jesús. El eterno Hijo de Dios. Nosotros
no tenemos conexión a Dios de ninguna otra manera. Solamente
en Cristo Jesús. En Colosenses capítulo 2, ustedes
ya saben bien el texto, pero dice aquí que en Cristo Jesús
Él estás completo. Colosenses capítulo 2, no falta
nada a la persona que cree en el Señor Jesucristo. Estas son buenas nuevas. Un pecador
que está consciente de su maldad, de su pecado, y cuando oye las buenas nuevas
que Cristo Jesús ha hecho toda la salvación, y que en este momento
la persona que cree en el Señor Jesucristo es salvo. Ahora mismo. Si llegaste a este lugar en esta
noche y conocías al Señor Jesucristo, y Dios te da la fe en este momento,
en este momento eres salvo. Y dije si Dios te da la fe. Si
Dios te da vida. Eres salvo y eres salvo eternamente. Y no te falta nada. No es que
vas a tener que pasar por un gran proceso, o vas a tener que
vivir y empezar a tratar de mejorarte, o tratar de cumplir ciertas leyes. Hoy, ahora mismo, el que cree
en el Señor Jesucristo es salvo. Es salvo. No falta nada. En Colosenses capítulo 2, esa
es la cosa que los religiosos siempre quieren engañar a las
personas y tratar de de moverlos de esta confianza y esta certeza
que tenemos en Cristo Jesús, esta paz, y vienen y presentan
al creyente y le dicen, bueno, ya creíste en el Señor Jesucristo,
está bien, pero tienes que cumplir ciertas cosas, tienes que ir
a los diez mandamientos y tienes que empezar a vivir los diez
mandamientos para tu santificación. Eso es mentira. Eso es desviar
los ojos de Cristo Jesús y poner los ojos en ti mismo. La salvación
no es una colaboración entre lo que hizo el Señor Jesucristo
y lo que nosotros hacemos. En Cristo, dice la palabra de
Dios en 1 Corintios 1, 31, más por Él, 30. Más por Él estáis
vosotros en Cristo Jesús, quien por Dios nos ha sido hecho sabiduría,
justificación, santificación y redención. Para que como está
escrito, el que se gloríe, gloríese en el Señor. Regocíjense en el
Señor. Gózate en Él. Gózate en la salvación que es
plena y contenta. Da gracias a Dios. Regocíjate. Mirad que nadie nos engañe por
medio de filosofías y huecas sutilezas, dice versículo ocho,
según las tradiciones de los hombres conforme a los rudimentos
del mundo y no según Cristo. Porque en él, en Cristo, habita
corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis
completos en él. que es la cabeza de todo principado
y potestad. Esta es completo. Cristo Jesús es el camino, la
verdad y la vida. Y nosotros venimos a Dios por
medio de Cristo Jesús en Cristo Jesús. El que tiene al Hijo,
tiene al Padre. Dice allá en 1 Juan capítulo
5. 1 Juan capítulo 5. Este es el testimonio Oigan el
testimonio de Dios, que Dios nos ha dado vida eterna y esta
vida está en Su Hijo. El que tiene al Hijo por fe,
el que tiene al Hijo tiene la vida. El que no tiene al Hijo,
no importa qué es lo que tenga, no importa que tenga membresía,
que tenga buen nombre entre los hombres, que tenga mucho conocimiento. El que no tenga el Hijo de Dios
no tiene la vida. Es Cristo Jesús únicamente. Bueno, el que tiene el Hijo por
fe tiene entonces a Dios el Padre. Estos dos son uno. Dios el Padre, Dios el Hijo,
Dios el Espíritu Santo. En otras palabras, eso que confesamos
de Jesucristo, que Él es Dios, no es meramente una confesión
en palabra. Es lo que es nuestra esperanza. Es el creer de nuestro corazón. No es simplemente decirlo con
la boca, Jesús es el Señor o Jesús es Dios. No, Él es Dios. Eso es lo que confiesa mi corazón.
Allá en Isaías capítulo nueve. Isaías nueve versículo seis. Y como le dije a estos hombres
que vinieron a mi casa. Le dije mira esto es revelación.
No se trata de que nosotros discutamos. No se puede discutir. Porque
la persona que está. Dicen que no hay nadie más ciego
que el que no quiere ver. Pero el asunto es esto, el hombre
no puede ver si Dios no le da ojos, da ojos para ver. Y ahora es peor, porque ahora
tiene algo de conocimiento, o piensa que tiene conocimiento. Su condición es peor. En Isaías
capítulo 9 versículo 6 dice, porque un niño nos es nacido,
hijo nos es dado, El principado sobre su hombro, el gobierno
de este universo, se me llamará su nombre, admirable consejero,
Dios Fuerte. El nombre de este niño que nació
en Belén de Judá es Dios Fuerte. Su nombre es Padre Eterno. Su nombre es Padre Eterno, Príncipe
de Paz. lo dilatado de su imperio y la
paz no tendrán límites sobre el trono de David y sobre su
reino, disponiendo y confesándolo, confirmando el juicio en justicia.
Cuando nosotros oímos quién es el Señor Jesucristo, confesamos
entonces que Él es el Señor. Esta es la salvación, que Dios
te dé el conocimiento, que Dios alumbre en tu corazón el conocimiento
de la gloria de Dios en la paz de Cristo Jesús. Dios que mandó
que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que ha resplandecido
en nuestros corazones para dar el conocimiento de la gloria
de Dios. ¿Quién es Dios? En la cara de
Cristo Jesús. En Romanos capítulo 10 dice así,
¿qué dice este Evangelio? este Evangelio que nosotros predicamos. Noten versículos 6, la justicia
que es por la fe o la justicia que viene por la fe del Señor
Jesucristo, por la fidelidad del Señor Jesucristo. Él es el
autor de la fe. Nuestra fe no nos salva. Es importante, hay que creer
en el Señor Jesucristo, pero tu fe no es lo que tiene valor. lo que salva es la fidelidad
del Señor, la sangre del Señor Jesucristo, la obediencia del
Señor Jesucristo. Él como hombre creyó a Dios.
Y aun cuando estaba Él colgando en la cruz, cuando Él fue hecho
pecado, Él creyó a Dios. No dije creyó en Dios, Él creyó
a Dios. Esa es la fe del Señor Jesucristo. La fe que me es dada es un poquito,
pero mi fe está puesta en Él. Él es el autor y consumador de
la fe. Dice versículo 5, La justicia
que es por la ley de Moisés, escribe así, el hombre que haga
estas cosas vivirá por ellas. En otras palabras, la ley dice,
haz y vive. No lo haces, muere. Ahí se acaba. y ¿qué es la realidad? Bajo la
ley todos nosotros estamos condenados, porque somos quebrantadores de
la ley. La ley dice, maldito es todo
aquel que no continúa en todas las cosas escritas en la ley
para hacerlas, y nunca las hemos hecho, y nunca las vamos a hacer.
No podemos cumplir esa ley. Pero así es lo que requiere la
ley. Gracias sean dadas a Dios que el Señor Jesucristo sí cumplió
esa ley. Él estableció esa ley, estableció justicia aquí en la
tierra como hombre, agrandando a Dios en todo punto de la ley. Pero la justicia que es por la
fe del Señor, o sea, que viene a nosotros por la obediencia
del Señor Jesucristo. Este Evangelio que nosotros estamos
predicando acerca de la justicia que viene por medio de la obra
del Señor Jesucristo, dice así, Y la primera cosa que dice es
algo en el sentido negativo. Hay predicadores falsos que te
dicen, bueno, haz esto, haz esto, haz lo otro. Eso es poner tropezaderos
o poner barreras. Cuando se predica el Evangelio,
el predicador ha de quitarse del camino. Nada entre Cristo
y el pecador. El Cristo, Cristo Jesús, el Salvador
y pecadores necesitados. No te metas en el camino. Quítate
del camino. Pero no solamente predicadores
falsos meten tropiezos y estorbos. La mente carnal misma del hombre,
cuando oye aún la predicación del Evangelio, lo primero que
piensa una persona es, tengo que empezar a leer mi Biblia.
O tengo que empezar a asistir al templo. Tengo que aprender
la Biblia para que yo pueda manejarlo bien. O tengo que dejar de hacer,
dejar estos vicios. Tengo que dejar, tengo que hacer
esto, esto y lo otro. ¿Y qué están haciendo? Están
poniendo su propia ley. Como si eso los va a hacer más
aceptos delante de Dios. Y lo que dice aquí la Palabra
de Dios es no digas en tu corazón. El predicador no lo está diciendo. La Palabra de Dios nos está diciendo,
no lo digas tú en tu corazón. ¿Quién subirá al cielo? Voy a
tener una experiencia de ser arrebatado. Tengo que tener esta
experiencia de una experiencia tan hermosa de ser arrebatado
hasta el cielo. Tengo que tener esta experiencia.
Esto es para traer abajo a Cristo. Cristo ya vino. Y no digas en
tu corazón, tengo que sentir en la profundidad de mi maldad.
Yo oigo en la palabra de Dios que soy pecador, pero no lo siento. Bueno, la realidad es que ninguno
de nosotros conoce la maldad de su corazón. Pero ya sea que
lo veas o no lo veas, cree a Dios. Es lo que Dios dice. No digas
quien va a descender al abismo. Esto es para hacer subir entre
los muertos. Cristo ya fue a la cruz del Calvario.
Él ya pagó la deuda por el pecado de su pueblo. No digas en tu
corazón estas cosas. ¿Mas qué dice? Cerca de ti está
la palabra. Cristo está tan cerca. Cristo
está predicado. Está saliendo. Cristo Jesús está
presentado. ¿Quién Él es y qué es lo que
Él hizo? Está cerca de ti. Está en tu boca y en tu corazón. Oigan esto. O está allá o no
está allá. ¿Oyeron eso? O está allá o no
está allá. Porque si está allá, te va a
sorprender a ti mismo. ¿Verdad? Salvo de Tarso estaba
persiguiendo al Señor Jesucristo, queriendo atrapar a todos aquellos
que confesaban al Señor Jesucristo. La gran sorpresa que Dios le
dio a la revelación, Cristo estaba en él. Cuando agradó a Dios revelar
Su Hijo, no dijo a mí, Galatas 1, 15, reveló a Su Hijo en mí. Está en mí. cerca de ti está
la palabra y si está allá, Dios lo puso si Dios te dio la fe
es Dios, es don de Dios tú vas a creer, no Dios va a creer de
tu parte y tú vas a arrepentirte porque Dios te ha concedido el
arrepentimiento Dios no se arrepiente de tu parte Dios no tiene de
qué arrepentirse y Dios no cree de tu parte pero Él te da el
don del arrepentimiento y la fe Esta es la palabra de fe que
predicamos, que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor.
Pero de nada sirve que confieses tu boca si no crees en tu corazón.
Que Dios le levantó de los muertos. ¿Qué significa que Dios le levantó
a los muertos? Significa que Él murió. Que Él es el Señor. Que Él es
Dios. Que Él es Dios, pero que Él murió. ¿Conoces esto? Dios no puede
morir. El Dios hombre murió. Como hombre Un hombre no puede
satisfacer las demandas de la justicia divina. Y Dios no puede
morir. Pero el Dios hombre, el Señor
Jesucristo, pudo hacer dos. Él pudo establecer justicia como
Dios y agradar a Dios, y también pudo ir a la cruz del Calvario
y dar su vida en rescate por su pueblo. Y si Dios te ha dado
la fe, para creer que Él no solamente vino, Dios envió a Su Hijo a
este mundo y Él dio Su vida en rescate por Su pueblo y Él resucitó
a los muertos. Entonces Dios te ha convencido
de pecado, de justicia y de juicio. Tú sabes que el pecado ya ha
sido pagado, el juicio de Dios ya pasó. El Espíritu Santo te
ha convencido de esto. Y lo que nosotros confesamos
entonces es del corazón. Es decir, lo hemos oído, lo entendemos
en nuestra mente, pero el corazón del hombre no es solamente la
mente, sino involucra también, es el ser del hombre, involucra
los afectos. Yo amo este Evangelio, yo amo
a Cristo Jesús. Yo sé que Él derramó su amor
en mi corazón para que yo lo ame, pero yo lo amo. Y no solamente
es el afecto, sino la voluntad. Vengo al Señor Jesucristo. Ninguna
persona ha creído en el Señor Jesucristo que no ha venido al
Señor Jesucristo buscando el perdón de pecados, buscando ser
acepto delante de Dios en él. Una persona no debe engañarse.
Yo creo en el Señor Jesucristo, pero no vengo. Esa persona tiene
un entendimiento pero todavía no ha creído con el corazón. O dice que tiene un entendimiento. Regresamos a nuestro texto ya
en Juan capítulo 4. Ahora, noten esto. Y nosotros hemos conocido y creído
el amor de Dios. En otras palabras, podría haberlo
dicho de esta manera. Y nosotros hemos creído y en
creer conocemos el amor de Dios. En otras palabras, una persona,
tú no tienes derecho, una persona no tiene derecho de pensar que
Dios le ama si esa persona no cree en el Señor Jesucristo. Una persona no tiene derecho
de pensar que Dios, el amor de Dios está en su Hijo, el Señor
Jesucristo. El Padre ama al Hijo y todas
las cosas han entregado a sus manos. Y mientras una persona
sigue obstinado y está en contra del Señor Jesucristo, esta persona
no debe pensar que Dios le ama. Y si bien le está yendo bien
en este mundo en lo que es las cosas temporales y materiales,
puede ser juicio de Dios. Puede ser juicio de Dios. No
es que sea que, bueno, cosa buena. Nosotros conocemos el amor de
Dios porque creemos a Dios. conocemos el amor de Dios porque
Él nos ha dado fe. Tal conocimiento de que Él nos
ama solamente se alcanza por la fe en el Señor Jesucristo.
Ese conocimiento. El amor de Dios está en Cristo
Jesús. Noten allá Romanos capítulo 8. Antes, en todas estas cosas somos
más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Bueno, si leemos versículo 28,
dice allá, Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas
les ayudan a bien. Estos a los que conforme su propósito
son llamados. Porque a los que antes conoció
también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen
de su para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos, y a los
que predestinó, a éstos también llamó. Y a los que llamó, a éstos
también justificó. Y a los que justificó, a éstos
también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a ésto? Si
Dios es por nosotros, aquellos que Él amó, ¿quién contra nosotros? El que no es catimón y a su propio
Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos
dará también con Él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos
de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún,
el que también resucitó, el que además está a la dieta de Dios,
el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución,
o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito,
por causa de ti somos muertos todo el tiempo. Somos contados
como ovejas de matadero antes en todas estas cosas somos más
que vencedores por medio de aquel que nos amó por lo cual estoy
seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni
lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios. ¿Dónde está el amor de Dios?
Que es en Cristo Jesús Señor nuestro. El amor de Dios está
en Cristo Jesús. Ningún hombre con ocio puede
estar confiado del amor y la misericordia de Dios a menos
que esa persona crea en el Señor Jesucristo. En otras palabras,
nosotros vamos de la fe al amor, y por la fe en Cristo Jesús,
entonces Dios mora en nosotros. Por la fe en Cristo Jesús, Dios
mora en nosotros, y la fe en Cristo se hace más presente Dios
en nosotros cada vez. vamos creciendo. Ahora versículo
17 de nuestro texto. Juan entonces muestra cuál es
el fruto de este amor. Y nosotros hemos conocido y creído
el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor y el que
permanece en amor permanece en Dios y Dios en él. Ahora, en
esto se ha perfeccionado el amor en nosotros para que tengamos
confianza en el Día del Juicio. Este es el fruto del amor en
nosotros, confianza en el Día del Juicio. En esto se ha madurado
el amor en nosotros para que tengamos confianza en el Día
del Juicio, pues como Él es, así somos nosotros en este mundo. ¿Cómo Él es? ¿Cómo es Él ahora? Si Dios ha derramado Su amor
en nuestro corazón y amamos al Señor Jesucristo, ¿cómo es Él
Él está sentado sobre el trono. Él está en la gloria. Él está
libre del pecado. Él murió por el pecado, pero
Él no tiene pecado. Él está sentado. Y nosotros,
así estamos nosotros ahora mismo en este mundo. No tienes que
morir para saber. No tienes que morir. Sabes ahora
mismo. sabes ahora mismo. Es el fruto. Nosotros entonces podemos venir
confiadamente a estar delante de Dios al trono de gracia. El trono de Dios es trono de
majestad, trono de justicia, trono de juicio. Es trono santo. Pero nosotros aun convencidos
de que somos pecadores Tenemos la audacia, podríamos decir,
de poder venir delante de ese trono, porque ese trono para
su pueblo es trono de gracia. Y venir es trono de gracia, es
favor no merecido para su pueblo. Nos atrevemos entonces a venir.
Ahora, un hombre por naturaleza teme la presencia de Dios. ¿Se
acuerdan cuando Adán cayó en el pecado? vino Dios en el huerto,
diciendo, ¿dónde estás? Y Él huyó, con razón. ¿Saben por qué? ¿Por qué viene
ese temor? Nuestros pecados nos hacen culpables,
nuestra conciencia, nuestra conciencia nos acusa. La condenación, el
infierno viene a nuestra mente y debemos entonces Cuando pensamos
en Dios, por naturaleza el hombre debe temer, debe tener miedo. Tiene motivos, tenemos motivos
para temer y huir de la presencia de Dios, pero el creyente en
el día del juicio viene, viene. El creyente en el día de la muerte
puede entrar confiadamente, puede mirar a la muerte y sonreírle. No es tu enemigo la muerte, no
es tu enemigo. Vas a pasar por esa puerta y
no es tu enemigo, es la entrada a la gloria, es el final de tu carrera. ¿Cuándo
has visto que una persona que está corriendo un maratón, después
de correr los veintiséis kilómetros, llega allá donde está ese listón
y le dice, uh, no quiero pasar ese listón? Oh, tengo miedo a
ese listón. No, tiene ganas de cortar ese
listón, ¿verdad? Quiero pasar ese, quiero terminar
la carrera. El creyente puede mirar la muerte
y decir, ven muerte, ven muerte. ¿Por qué? Porque Cristo Jesús
quitó el aguijón de la muerte. Cuando Él murió, la muerte del
Señor Jesucristo fue la muerte de la muerte. Él quitó la muerte. y podemos venir ante la presencia
de Dios confiadamente, porque como Cristo es, así somos nosotros. Como Él está aceptado, así somos
nosotros aceptos, dice, es decir, aceptos en el Amado, aceptados
en el Amado. Versículo 18. En el amor no hay
temor. Entonces, Amas al Señor Jesucristo,
este amor ha sido derramado en tu corazón, no hay temor, sino
que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva
en sí castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado
en el amor. La persona que teme, dice, hay
un dicho, el que teme debe, el que debe, teme, ¿verdad? Eso
es lo que dice, el que debe, teme. Pues yo creo que tal vez
vino de este versículo. Pero nosotros, nuestro aval ha
pagado la deuda que nosotros debíamos, y no debemos nada a
la ley de Dios. No debemos nada. Es no solamente
no debemos nada, Él nos ha dado santidad. No solamente que Cristo
murió, el hombre, cuando Dios lo hizo, lo hizo aquí. en perfecto, en santidad, y el
hombre cayó en pecado, muerto en delitos y pecado. Cuando Cristo
Jesús murió por Su pueblo, no es solamente que Él pagó por
los pecados para traer al hombre aquí, sino que Él no solamente
murió por nuestros pecados sino estableció justicia es lo que
dice Isaías doble ha recibido de la mano de Jehová por sus
pecados paga completa por el pecado y justicia no solamente
para que estemos en la presencia de Dios no solamente necesitamos
tener una cuenta de cero tenemos que tener justicia delante de
Dios y cuál es nuestra justicia el Señor Jesucristo. Él es Jehová
Justicia Nuestra. Ese es su nombre. La obra que
Él, la vida que Él vivió aquí en este mundo, 33 años, la vida
que Él vivió, esa vida de santidad es imputada, puesta a la cuenta
de todos aquellos que creen en Él. Con razón dijo el apóstol
Pablo, yo no quiero ser hallado a mi propia justicia, que es
por la ley. esos son trapos de inmundicia. Yo quiero ser hallado
en la justicia de Cristo Jesús, la justicia que es por la fe
de Cristo. Yo quiero ser hallado en esa
justicia. El amor no hay temor, sino que
el perfecto amor echa afuera el temor, porque el temor lleva
en sí castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado. Si una persona teme, no está
creyendo, no está creyendo. Yo sé que el creyente tiene dudas
y temores, pero ¿qué es eso sino incredulidad? ¿Ven cómo nuestra
fe no nos puede salvar? Tenemos ansiedades, le llamamos
ansiedades. Es falta de fe. Con razón nuestra
fe no nos puede salvar, estamos llenos de incredulidad. Pero
no es nuestra fe, es Cristo Jesús, es Cristo Jesús. Y ésta, Él cuando
Dios nos da esta fe, Dios nos da paz. Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz, paz en la conciencia, paz en nuestros corazones, para
no temer la maldición de la ley. Esto, recuerden, una persona
que cree en el Señor Jesucristo quiere vivir como un quebrantador
de la ley. Nadie quiere tener licencia para
salir a darle rienda suelta a la carne. Pero no vamos a ir a la ley para
tratar de establecer una justicia. Estamos descansando en lo que
Cristo hizo. dice allá en Romanos 8, 1, ninguna
condenación, ningún juicio hay para los que están en Cristo
Jesús. Bueno, versículo 19, para que nadie piense que bueno, este
amor con el cual amamos a Dios, pues nosotros lo fabricamos.
Dicen, nosotros le amamos a Él, pero la razón es porque Él nos
amó primero a nosotros. Así es que si una persona ama
al Señor Jesucristo, la razón es porque Él te ha amado con
amor eterno. Si alguno dice, ahora, es inconsistente, es una
mentira, una completa imposibilidad. Si alguno dice, yo amo a Dios
y aborrece a su hermano. Su hermano que es, tiene la imagen
de Cristo en él. Cristo en vosotros, la esperanza
de gloria. Y yo sé que no hay ninguno de
nosotros que tiene la perfección de Cristo reflejada en nosotros. Pero si tú eres creyente, eres
nacido de Dios, entonces tú eres Cristo a mí en este mundo. Y cómo te trato a ti es como
estoy tratando a Cristo. Cuidado cómo tratas a uno de
los hijos del Señor. ¿Qué le dijo el Señor Jesucristo
a Pablo? ¿Por qué me persigues? ¿Por qué
me estás persiguiendo a mí? Así como nosotros no tomamos
a la ligera cuando nuestros hijos les hacen maldades, ¿verdad? Nosotros no tomamos eso a la
ligera. Dios tampoco toma a la ligera cuando sus hijos son maltratados. Y nosotros debemos tener mucho
cuidado. Pero si una persona dice yo amo
a Dios y aborrezco a mi hermano". Esas personas están mintiendo.
Es imposible. Es imposible. Es mentiroso. Pues el que no
ama a su hermano a quien ha visto, que tiene la imagen de Cristo,
¿cómo puede amar a Dios quien no ha visto? Y nosotros tenemos,
y además de esto hay otro argumento, y tenemos este mandamiento de
Dices que amas a Dios y tienes este mandamiento de Dios y no
lo estás obedeciendo. Dios te dijo, ama que se amen
los unos a los otros. ¿Cómo dices tú que amas a Dios
y aquí está su mandamiento que nos amemos los unos a los otros
y no lo estás obedeciendo? Se está demostrando que no los
amas.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!

Joshua

Joshua

Shall we play a game? Ask me about articles, sermons, or theology from our library. I can also help you navigate the site.